La nueva ley de protección de la infancia aúna voluntades políticas

Hay que “alzar las palabras, no la voz, porque es la lluvia lo que hace crecer las flores, no los truenos.

Sevilla, 13/V/2021

Sucedió ayer aunque parezca imposible. En el Senado se aprobó por una mayoría casi absoluta, el proyecto de ley de protección de la infancia, con un sí mayoritario con excepción de VOX, 259 votos a favor y tres en contra, que ha respaldado lo que ya se había conseguido también en el Congreso de los Diputados, el pasado 15 de abril, antes de pasar el proyecto de ley al Senado mediante un trámite de urgencia. Un éxito en democracia que demuestra lo importante que es aunar esfuerzos y voluntades políticas en el poder legislativo cuando se trata de defender el interés general, en este caso el de la infancia en nuestro país. Se la conoce popularmente en España como la ley Rhodes, por la alta implicación en el desarrollo de la misma por parte del pianista británico James Rhodes (1975), que reside en Madrid, agredido sexualmente por su profesor de gimnasia de su colegio desde los 5 años y con graves secuelas psíquicas y físicas que sólo ha podido superar poco a poco y gracias a su esfuerzo personal por confiar en el piano su recuperación paulatina, teniendo presente el gran aserto de la historia de la música clásica, que siempre ha sido, es y seguirá siendo compañera en la alegría y medicina para el dolor (musica laetitiae comes, medicina dolorum).

Según recogía ayer tarde en su edición digital el diario El País, “El proyecto de ley incorpora un amplio paquete de medidas de prevención, detección y protección y pretende acabar con la impunidad de los delitos graves contra menores, entre ellos la pederastia, dando más tiempo a las víctimas para poder denunciar: el plazo de prescripción comenzará a correr cuando cumplan 35 años, frente a los 18 actuales. Para la aprobación definitiva de la ley ya solo falta que el Congreso vuelva a dar su visto bueno, algo que sucederá en las próximas semanas. En el Senado, donde se presentaron 409 enmiendas, se han introducido mejoras técnicas y cambios como la creación, en el plazo de seis meses, del Consejo de Participación de la Infancia y la Adolescencia. O el refuerzo del respeto al honor, la intimidad y la imagen del menor víctima de violencia y sus familiares, incluso tras su fallecimiento, con la exigencia de la autorización de los padres o herederos para poder difundir fotografías o vídeos suyos. Y se ha aprobado una enmienda que reconoce la competencia de las comunidades autónomas en materia de política familiar, asistencia social y deporte y de ocio, un aspecto que había generado suspicacias de partidos nacionalistas en el Congreso. De hecho, el PNV, que entonces votó en contra, ha pasado a votar a favor, mientras que Junts per Catalunya y EH-Bildu, que se abstuvieron, han dado el ‘sí’ este miércoles”.

Ante lo sucedido en el Senado, recuerdo ahora lo que un día manifestó hace años el eminente cardiólogo español Valentín Fuster, residente en Estados Unidos, porque en cierta ocasión, en una visita que hizo a España en 2013, dijo algo verdaderamente deslumbrante para nuestro país, tan amigo de cainismo, pecados capitales y falta de ejemplaridad política, que necesita ahora, urgentemente y más que nunca, transmitir altura de miras y positividad: “Yo puedo estar hablando todo el rato del desastre que hay en España. Pero igual podemos sacar unos minutos para saber si algo funciona…”, si “algo” se hace bien, o lo que es lo mismo, puedo estar hablando todo el rato de lo que no nos gusta de España y Andalucía, pero igual podemos sacar unos minutos para saber si algo funciona… Y comprobaremos que es verdad, que funcionan muchas cosas en esta este país, incluso en las altas instancias de la democracia elegida, votada y volcada en la Constitución, como ha sido ahora el ejemplo del Senado con la tramitación de amplio consenso del proyecto de ley de defensa de la infancia.

Necesitamos creer en ello, potenciarlo, expandirlo y comunicarlo a los cuatro vientos, empezando por nuestro entorno más cercano, siendo altavoces cada uno en su sitio de lo que este país también hace bien incluso en política. Lo necesitamos, porque se ha demostrado que cuando todo va mal hay que “alzar las palabras, no la voz, porque es la lluvia lo que hace crecer las flores, no los truenos”, por los niños de este país, por todos. Cuando, muy pronto, se apruebe definitivamente la ley de protección de la infancia, empezará una nueva forma de esperanza de vida digna para los niños y niñas de este país. Celebremos este acuerdo.

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de Mio figlio ha qualcosa che non va: sono io la causa? – Fabio Salomoni

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.