El pensamiento se puede pintar

Vittore Carpaccio, Joven caballero en un paisaje (detalle de la restauración: antes (izquierda) y después (derecha)

Sevilla, 14/V/2021

Estoy convencido de que el pensamiento se puede pintar. Me lo ha recordado una exposición que se inaugura el próximo 17 de mayo en el Museo Thyssen-Bornemisza, en Madrid, El Caballero de Carpaccio: Restauración y estudio técnico, dedicada a una obra emblemática del fondo pictórico del Museo, con motivo de la presentación de su restauración y el ciclo completo de la misma. Se trata de una obra compleja, Joven caballero en un paisaje, del pintor Vittore Carpaccio  ¿Venecia?, 1460/1466 – 1525/1526), que no pasa inadvertida en la visita a este extraordinario Museo, aunque por su obra contemporánea con la de Leonardo da Vinci, Miguel Ángel, Rafael o Tiziano, quede ensombrecida para la historia de la pintura. Los trabajos realizados permiten hacer una lectura más cercana a la identidad de la obra, que ha recuperado luz y color: “Esta ha consistido, en primer lugar, en la estabilización del soporte del cuadro, consolidando zonas frágiles de la capa pictórica. Se ha eliminado también la capa de barniz envejecida y amarilleada que cubría la superficie, alterando por completo el efecto lumínico y las combinaciones cromáticas creadas por el pintor. Además, se ha llevado a cabo la restauración del marco que realza y protege a la pintura. Todo ello ha permitido recuperar la correcta lectura del cuadro, tal y como fue concebido por su autor, y ayudar a que esta obra maestra de la pintura perdure en el tiempo en las mejores condiciones de conservación posibles”.

Que el joven está pensando no hay duda alguna. Lo verdaderamente sorprendente es que no sabemos qué es lo que está ocupando en ese momento su mente, aunque atendiendo a la sinopsis oficial del Museo sobre esta obra, podemos concluir que todo gira en torno a las múltiples alegorías de la profusión de símbolos que pueblan la obra, aunque la pregunta principal, ¿quién es él?, sigue todavía hoy sin respuesta: “[…] En casi todas sus obras aparece el busto del personaje representado ligeramente girado en tres cuartos, como en Retrato de dama con libro (c. 1495) del Denver Art Museum; sin embargo Joven caballero en un paisaje es una excepción donde la identificación del retratado ha generado numerosas hipótesis. Para unos era la imagen de un santo, tal vez san Eustaquio o san Jorge, para otros se trata del retrato del duque de Urbino, Francesco María delle Rovere. Algunos identifican al caballero con Fernando II de Nápoles o el humanista Ermolao Bárbaro. Si se confirmara la identidad del personaje nos encontraríamos, posiblemente, ante uno de los primeros retratos de cuerpo entero de la pintura italiana. […] Los numerosos animales, plantas y elementos que pueblan el paisaje llevan a realizar una lectura simbólica del mismo. Algunos resultan evidentes en la tradición iconográfica occidental, como es el caso del ciervo, símbolo de la prudencia y de san Eustaquio; o el pavo real, alegoría del carácter eterno del alma, o el de algunas flores relacionadas con el culto a María. Todo ello nos podría llevar a pensar que la obra es una clara composición alegórica que nos habla de los atributos del caballero representado”.

Lo que no hay duda alguna es que todo lo expuesto anteriormente gira en torno a una inscripción que aparece entre la vegetación pintada en esta obra tan sugerente: “MALO MORI / QUAM / FOEDARI”, es decir, Antes morir que ser deshonrado, que correspondía a la Orden del Armiño, correlación que no sorprende al figurar también en el cuadro una imagen de este animal. En cualquier caso, la representación por primera vez de una persona de cuerpo entero, no ha podido ser atribuida con seguridad a personaje alguno, sólo el pensamiento de alguien, aunque anónimo, que está convencido de que la honra es lo más importante en la vida, valiosa representación de lo que significa la dignidad humana de cualquiera de nosotros, que Vittorio Carpaccio ha cuidado pintando los símbolos que la acompañan: la prudencia (el ciervo), el carácter eterno del alma humana (el pavo real) o las necesarias creencias de todos y de cada uno (las flores relacionadas con el culto a María).

Una lección profunda de la historia del arte para el alma humana que, al igual que ocurre en la vida ordinaria de cada uno y de todos, necesita restaurar día a día la luz que lleva dentro.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.