Ángeles Alvariño, una científica imprescindible y precursora del feminismo activo

Ángeles Alvariño, Serantes (Ferrol, Galicia), 1916 / La Jolla, (San Diego, California), 2005

Sevilla, 14/VI/2021

En estos días se ha pronunciado miles de veces el nombre de Ángeles Alvariño, el buque oceanográfico que ha estado trabajando y lo sigue haciendo en la actualidad en la búsqueda de Olivia y Anna, las niñas desaparecidas en Tenerife, que ha conseguido localizar el cuerpo de una de ellas, Olivia y que prosigue sus tareas de localización de la más pequeña. Creo que es justo detallar quién era Ángeles Alvariño, en un país descreído y muy poco dado a reconocer el éxito de los demás, todavía peor si se refiere a mujeres de tanto prestigio como ella. Lo destaco como seña de identidad en el fondo y forma de estas palabras, porque sólo pretendo que sea un homenaje a una persona que aportó mucho al mundo de la oceanografía y que hoy la podemos reconocer por dar nombre a un barco especializado en tareas de investigación marina, con la vertiente humana que todos reconocemos ahora por su esfuerzo en localizar los cuerpos de las dos niñas en las profundidades del océano que ella conocía a la perfección.

Nuestra protagonista, nacida en Serantes (Ferrol, Galicia) en 1916, fue una prestigiosa investigadora, oceanógrafa, zoóloga, bióloga y profesora universitaria, “precursora en la investigación oceanográfica mundial. En 1953-54 fue la primera mujer científica en un buque oceanográfico británico, el Sarsia. A partir de 1956 realizó sus investigaciones en Estados Unidos. Descubrió 22 especies de organismos marinos. Ángeles Alvariño fue la figura elegida en 2015 por la Real Academia Gallega de Ciencias (RAGC) para celebrar el 1 de junio el «Día de la Ciencia en Galicia», en el que por primera vez se homenajeó a una mujer investigadora”.

Gran parte de su recorrido en la investigación oceanográfica se desarrolló en Estados Unidos, donde falleció en 2005 en La Jolla, EEUU, destacando los veinte años en los que trabajó en el Centro Científico de las Pesquerías del Sudoeste, una división del Servicio Nacional de Pesca Marítima de Estados Unidos, hasta su jubilación en 1987. He sabido que fue una activista reconocida en la lucha por la no discriminación por razón de género, siendo reconocido su trabajo en defensa de los derechos laborales de las mujeres. Así se recogía en un artículo publicado en 2018 por elDiario.es, con un título y subtítulo esclarecedores: “Una pionera española en la lucha contra la desigualdad laboral. La bióloga gallega Ángeles Alvariño denunció en 1977 al Gobierno de los Estados Unidos que sufría discriminación por razones de género”.

En el citado artículo se expone que “Alvariño inició la carta declarando que sufría discriminación y que escribía porque pensaba que una nueva y progresista administración debería saber cuáles eran las condiciones reales de trabajo en las dependencias oficiales. En el escrito hizo referencia a que en los siete años que llevaba en la SWFC [Southwest Fisheries Center, integrado en el National Marine Fisheries Service y, a su vez, en la National Oceanic and Atmospheric Agency (NOAA)]. se había comprometido en la defensa de los derechos laborales de las mujeres, fuera representante de sus compañeras y realizara un estudio en 1974-75 en el que se demostraba la discriminación femenina en el Laboratorio de La Jolla. La científica subrayó la circunstancia que determinaba allí una injusta promoción profesional: el género. Todos los que ocupaban las categorías profesionales superiores eran hombres”. A pesar de su lucha incansable, el resultado final fue decepcionante porque no se llegó a emitir informe oficial alguno, probablemente porque se enfrentaban a una situación de múltiples silencios cómplices machistas: “Alvariño entendía que también las minorías eran discriminadas y explicó que ella había sido objeto de persecución personal y obligada a trabajar en unas inadecuadas condiciones. En ese punto dejó sentado que no era de las que aceptaban las situaciones injustas: “No fui de las que se inclinaron y aceptaron en silencio la situación”. Asimismo, explicó que se le denegó el ascenso profesional sin razones objetivas, por un sistema de supervisión de hombres que constituían una mafia. Sí, esa fue la palabra que usó; la científica gallega hablaba claro y alto. Le dijo a la ministra [Juanita Morris Kreps] que intentó cambiar las cosas siguiendo los procedimientos establecidos, pero sus propuestas no se tuvieron en cuenta”.

Creo que es justo reconocer su obra científica, yendo más allá de la mera denominación de un buque especializado. Creo que en estos momentos Ángeles Alvariño se emocionaría al conocer que gracias a sus trabajos científicos, la oceanografía cumplía también con una misión humana de un calado excepcional, utilizando un robot con tecnología muy avanzada para investigar las profundidades submarinas por un hecho inhumano. En esta inquietante paradoja, era imprescindible reconocérselo como mujer y como madre.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.