La Fundación Dudamel cuida la utopía musical de los más jóvenes

Fundación Dudamel

Sevilla, 28/VI/2021

El director de orquesta venezolano Gustavo Dudamel creó en 2018 junto a María Valverde, su actual compañera en el gran viaje de la vida, una Fundación que lleva su apellido, con una misión que deberíamos conocer y divulgar en profundidad por su compromiso social de amplio espectro juvenil y de futuro: ampliar el acceso a la música y las artes ofreciendo herramientas y oportunidades a la gente joven para dar forma a sus futuros creativos. Su acción de desarrolla a través de cuatro áreas programáticas: conectar comunidades, la educación de músicos jóvenes, capacitar líderes globales y luchar por la justicia social a través de la creatividad, convencidos de que “las artes juegan un papel esencial en la creación de una sociedad más justa y en paz y de que la música inculca atención y disciplina, el respeto a otros, un espíritu de colaboración y el tipo de valores que nos hace mejores ciudadanos del mundo”. Impecables objetivos.

En días pasados, Dudamel ha estado desarrollando en Madrid unos encuentros y ensayos con 59 jóvenes de diferentes países, bajo la dirección de maestros de las orquestas más importantes del mundo, preparando el primer concierto que les llevó a Oviedo el pasado 25 de junio y a sus próximas actuaciones en Festival Internacional de Música Clásica de Canarias, como se puede leer con detalle en el programa de actividades del proyecto Encuentros, apadrinado por el arquitecto Frank Gehry, que desde 2018 tiene su eje central en la Fundación ayudando a jóvenes músicos a trazar su futuro por medio de este tipo de encuentros didácticos. En el concierto de Oviedo, con una crítica excelente por su fondo y forma, interpretaron dos obras muy cuidadas en su ejecución, las Variaciones Goldberg Verklärte Nacht (Noche transfigurada), op. 4 (versión del autor para orquesta de cuerda, 1943), de A. Schönberg (1874-1951) y la Serenata para cuerdas en do mayor, op. 48, de P. I. Chaikovski (1840-1893, con un detalle de Dudamel que sorprendió al auditorio con la lectura pública y coral del poema “Verklärte Nacht” (La noche transfigurada) de Richard Dehmel, que supuso la inspiración de la partitura de Schönberg, del que extraigo un mensaje especial sobre la creatividad humana:

Que la criatura que has
concebido no sea una carga para
tu alma. ¡Oh, mira, con qué
fulgor brilla el universo! En
todo hay un resplandor; estás
conmigo a la deriva en un mar
frío, mas una calidez fluye de
ti hacia mí, de mí hacia ti. Esa
llama transfigurará al niño, al
que tú le darás vida como si
fuese mío; tú me has traído la
luz, tú has hecho un niño de mi.

La Orquesta del Encuentro se presenta ahora en España, “en colaboración con el Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación del Reino de España”, siendo desde su primera presentación en 2018 como “una forma de explorar la unidad cultural y celebrar la armonía, la igualdad, la dignidad, la belleza, y el respeto a través de la música. Con esta visión, Encuentros inspira y enseña a una nueva generación de jóvenes líderes a construir un mundo mejor”, porque en ese espíritu, “la Fundación reúne a estudiantes de las Américas – México, Estados Unidos, Bolivia, Chile, Argentina, Venezuela, Colombia, Perú, Uruguay y Nicaragua – con estudiantes de España y Portugal para trabajar lado a lado en la Orquesta del Encuentro”.

El gran legado de Dudamel es su entrega generosa de lo que él ha recibido en su trayectoria vital y musical: “Este compromiso se alimenta por su propia experiencia transformadora en El Sistema, un programa venezolano iniciado en 1975 por José Antonio Abreu con el objetivo de promocionar el desarrollo social a través de la educación musical. Más de cuarenta años más tarde, los programas creados a partir de la visión del Maestro Abreu están activos en más de 100 países, y brindan a millones de jóvenes alrededor del mundo el acceso gratuito a educación musical intensiva y de calidad. Inspirado por estos ejemplos, Dudamel ha hecho que su misión central sea ampliar el acceso al arte a jóvenes y a la vez brindar oportunidades para el empoderamiento individual y la integración social. Gracias al trabajo con socios musicales, educativos y filantrópicos internacionales a través de los proyectos de la Fundación Gustavo Dudamel, continúa ampliando el alcance y la relevancia de la música y el arte como fuerzas para la transformación social positiva, para el presente y para las generaciones futuras”.

He escrito varias veces sobre Dudamel  en este cuaderno digital, recordado la lectura de un artículo precioso sobre él, porque me sorprende siempre por lo que aporta de bienestar a este loco mundo al revés: “Gustavito se ponía a dirigir con un palito en la mano cada vez que su padre hacía girar los vinilos de Karajan, bucle premonitorio en la ejecutoria de quien se define a sí mismo como un cumplidor de utopías, un hacedor de imposibles. Dudamel pone como ejemplo el Coro de Manos Blancas […] Una dimensión espiritual que redunda en la devoción de Gustavo a la Divina Pastora de Barquisimeto”. Su compromiso social activo a través de la música es variopinto, como se demuestra por su proyección tan humana a través del citado Coro de Manos Blancas, “niños sordos y mudos de Venezuela que interpretan música “porque la llevan dentro”: “[…] integrado por 120 niñas, niños y jóvenes, quienes están distribuidos en las dos secciones que conforman el coro: la Vocal, dirigida por el profesor Luis Chinchilla, integrada por niños y jóvenes con déficit visual, cognitivo, impedimento motor, dificultades en el aprendizaje, autismo, así como también aquellos que no tienen ninguna discapacidad; y la Gestual, dirigida por la profesora María Inmaculada Velásquez, constituida por niños y adolescentes con déficit auditivo, a quienes a través del canto coral se les estimula la oralidad”. Siempre que puedo, los escucho con emoción y con atención reverencial. Necesitamos estos estímulos humanos para comprender la maravilla de la creación del ser humano. A pesar de todo.

Recuerdo ahora una frase suya sobre la “perfección imperfecta” que pronunció unos días antes de dirigir el Concierto de Año Nuevo, en Viena, el 1 de enero de 2017, después de un ensayo de la Suite Escita, opus 20, de Serguéi Prokófiev, con la Filarmónica de Los Ángeles: “No se trata solamente del performance perfecto. Les estaba diciendo que quería una perfección imperfecta. El riesgo, aquel punto donde tú miras y da vértigo, donde tienes el control de todo y al mismo tiempo, no lo tienes. E inspirar a los demás. Porque, fíjate, tú técnicamente puedes conocerlo todo, pero si no inspiras al grupo no vas a hacer nada especial. Nadie quiere escuchar algo completamente limpio, perfecto, pero que no tenga ningún tipo de alma”. Sigo y persigo de cerca a Dudamel en su periplo mundial anual y en su constante presencia en España, por ejemplo cuando estuvo en el Festival de Perelada (Girona) en 2019, en un proyecto musical y didáctico al que había incorporado a su pareja actual, la actriz española María Valverde, presentando junto a la Mahler Chamber Orchestra (MCO) una versión de “El sueño de una noche de verano”, de Mendelssohn, en la que Valverde recitó pasajes de la obra de Shakespeare.

Las experiencias de generosidad humana y profesional de Dudamel en su vida profesional ordinaria y a través de su Fundación, me llevan a reconocer hoy que son un ejemplo precioso de dignidad humana en un mundo que diseñan muchas veces nuestros enemigos, insensibles al dolor ajeno de los más jóvenes y de los que menos tienen, mientras que otras personas, entre las que me encuentro, estamos interesados en cumplir utopías y hacer cosas imposibles trabajando siempre en la utilidad de lo mal llamado “inútil”. Lo dijo hace ya muchos años Antonio Machado. “Todo necio confunde siempre valor y precio”. O como sueña Dudamel a diario como “cumplidor de utopías y como hacedor de imposibles”. Un gran ejemplo.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada