Curso de verano para entender el mundo al revés / 3. El insultante turismo espacial y la imprescindible perspectiva orbital

Sevilla, 21/VII/2021

Ayer fue una día muy interesante en este Curso de verano. Siempre iniciamos la clase con la elección de una noticia actual que, de una forma u otra, pueda interpretarse en la esfera del mundo al revés y rápidamente se alzó una voz para comunicar una propuesta que a todos pareció muy interesante: el insultante turismo espacial a tenor de las últimas noticias de los vuelos al espacio que se están llevando a cabo este mes por parte de multimillonarios de fama mundial. Richard Branson, el dueño de Virgin Group y Jeff Bezos, de Amazon, rivalizan en estos momentos por llegar el primero a la frontera de la tierra con el espacio, habiendo ganado el pulso por ahora Branson, pero sin dejar atrás, aunque a mayor distancia temporal el proyecto de Elon Musk, con las dudas que se establecen en la demarcación del territorio espacial, la llamada línea Kármán, situada a 100 kilómetros de la Tierra.

En principio y a modo de declaración de principios, pedí intervenir en este foro virtual para aclarar que no estaba en contra, ni mucho menos, de la investigación aeroespacial de carácter público y al servicio del interés general, por su aportación a la investigación mundial en las más diversas ramas científicas, pero la de estos vuelos “turísticos” orientados al mercado y sus mercancías, en estos momentos tan delicados para la economía mundial, me parecen insultantes, como un auténtico ejemplo del mundo al revés. Esa es la razón de por qué apoyé la iniciativa que presentó en este sentido una alumna del Curso. Recordé en ese momento a Ron Garan, astronauta de la NASA, cuando publicó en su libro “The Orbital Perspective” (2015), que no podía evitar pensar, al contemplar este “paraíso” [del espacio], en “los casi 1.000 millones de personas que no tienen agua potable para beber, el incontable número de personas que se acuestan con hambre cada noche, la injusticia social, los conflictos y la pobreza que siguen siendo omnipresentes en todo el planeta”.

Las noticias son un tráfico de dinero que marea en todos los sentidos. Gasto en el desarrollo de estas experiencias y reservas multimillonarias para dar estos paseos espaciales, donde hay incluso cola para hacerlas. Para aseverarlo, basta con reproducir los datos que facilitan los propios protagonistas. En el caso del viaje de Branson, en nombre de su compañía Virgin Galactic, ha supuesto alcanzar la altura desde la tierra de 88 kilómetros, para disfrutar de tres minutos de ingravidez, en un vuelo de 15 minutos de duración total un vuelo en el avión espacial Unity, siendo los primeros de la larga fila de más de 600 candidatos de 28 países a hacer este tipo de vuelo, que ya han efectuado la oportuna reserva de su plaza a un precio de entre 200.000 y 250.000 dólares el asiento, lo que supone un importe total de alrededor de 135 millones de dólares. En el caso de Bezos, ayer llevó a cabo su “hazaña”, volando en su nave espacial New Shepard, junto a su hermano y dos pasajeros más, habiendo puesto a la venta un asiento de los cuatro que tiene la nave, que se adjudicó mediante subasta a un precio de 28 millones de dólares. Se ha escogido esta fecha, 20 de julio, porque se cumplieron ayer 52 años desde que el ser humano pisó por primera vez la luna. Un matiz también interesante en el caso de Bezos es que uno de esos cuatro asientos de su nave, que ha traspasado los cien kilómetros de la llamada línea Kármán, de separación de la tierra del espacio, lo ocupó la astronauta Wally Funk, que por razones estrictas de género, ser mujer, no pudo participar en el programa espacial americano en los años sesenta.

Es muy difícil conocer con exactitud el gasto real de estos proyectos al estar enmarcados en una actividad estrictamente privada, respetable pero creo que cuestionable en estos delicados momentos que atraviesa la Humanidad. Incluso es para mí de una dudosa ética pública que programas de la Administración espacial americana, la NASA, tengan un presupuesto para este año de más de 25 mil millones de dólares, heredado de la era Trump, con un incremento del 12% sobre el del año anterior, cuando se sigue discutiendo la financiación del Obama Care, por ejemplo, con una anotación curiosa de la propia Agencia oficial: “Lo más notable es la financiación directa del Presidente [Trump] de más de 3 mil millones de dólares para el desarrollo de un sistema de aterrizaje humano. Esta es la primera vez que tenemos financiación directa para un módulo de aterrizaje humano desde el Programa Apolo. Nos tomamos en serio nuestros objetivos para 2024, y el presupuesto del Presidente respalda nuestros esfuerzos para hacer el trabajo”.

La perspectiva orbital del astronauta Garan, es fiel reflejo de la contradicción en la ética espacial expuesta anteriormente, que también existe, siendo la sinopsis de su publicación un bello planteamiento para el momento actual de deslumbramiento fácil ante el éxito de multimillonarios de pro: “Para el astronauta Ron Garan, vivir en la Estación Espacial Internacional fue una experiencia poderosa y transformadora, que él cree que es la clave para resolver nuestros problemas aquí en la Tierra. En paseos espaciales y a través de ventanas, Garan quedó impresionado por la asombrosa belleza de la Tierra desde el espacio, pero le preocupó saber cuánto se necesitaba hacer para ayudar a este atribulado planeta. Y, sin embargo, en la Estación Espacial Internacional, Garan, un ex piloto de combate, trabajaba codo con codo con los rusos, que solo unos años antes eran “el enemigo”. Si quince nacionalidades pudieran colaborar en una de las empresas más ambiciosas y tecnológicamente complicadas de la historia, seguramente podremos aplicar ese tipo de cooperación e innovación para crear un mundo mejor. Ese espíritu es lo que Garan llama la “perspectiva orbital”. Garan transmite vívidamente lo que fue aprender a trabajar con un grupo diverso de personas en un entorno que solo un puñado de seres humanos ha conocido. Pero lo que es más importante, describe cómo él y otros están trabajando para aplicar la perspectiva orbital aquí en casa, adoptando nuevas asociaciones y procesos para promover la paz y combatir el hambre, la sed, la pobreza y la destrucción del medio ambiente. Este libro es una llamada de atención y de acción para que cada uno de nosotros cuide de la estación espacial más importante de todas: el planeta Tierra. No es necesario ser astronauta para tener la perspectiva orbital. El mensaje de gran empatía de Garan es una inspiración para todos los que buscan un mundo mejor”.

Con este contexto, venía ahora el momento mágico de cada clase, interrelacionar lo expuesto anteriormente con el planteamiento del mundo al revés de Galeano en este ámbito. Dicho y hecho. Alcé la mano y propuse un texto corto pero elocuente y muy próximo a la realidad actual del desempleo masivo, escogido de las páginas dedicadas a las lecciones contra los vicios inútiles: “Cada vez hay más desocupados en el mundo. Al mundo le sobra cada vez más gente. ¿Qué harán los dueños del mundo con tanta humanidad inútil? ¿La mandarán a la luna? A principios del 98, las gigantescas manifestaciones en Francia, Alemania, Italia y otros países europeos ganaron los titulares de la prensa mundial. Algunos desempleados desfilaron metidos dentro de las bolsas negras de la basura: era la puesta en escena del drama del trabajo en el mundo actual. En Europa, todavía hay subsidios que alivian la suerte de los desocupados; pero el hecho es que uno de cada cuatro jóvenes no consigue empleo fijo. El trabajo en negro, al margen de la ley, se ha triplicado en Europa en el último cuarto de siglo. En Gran Bretaña, son cada vez más numerosos los trabajadores que permanecen en sus casas, siempre disponibles y sin cobrar nada, hasta que suena el teléfono. Entonces trabajan por un tiempo, al servicio de una agencia contratista. Después, vuelven al hogar, y sentados esperan que el teléfono suene nuevamente”.  Se trataba entonces de analizar la dialéctica de mandar al espacio o la Luna a la llamada “humanidad inútil” o frecuentar ese espacio o la Luna, si hace falta, para divertimento de los ricos. Esa era la cuestión.

Nos pusimos a trabajar en este ejercicio y salvando lo que haya que salvar nos dimos cuenta de que lo expuesto era algo más que una metáfora: esta pandemia ha dejado al descubierto los agujeros de la indignidad en el planeta Tierra, algo parecido a lo que le ocurrió a Aristipos de Cirene hace ya muchos siglos.  Cuentan que Diógenes de Sínope, aquel filósofo que también “buscó un hombre”, prototipo de la escuela cínica y que aspiraba a ser él, casi sólo él, todo un hombre, estaba un día en los baños al mismo tiempo que Aristipos de Cirene, el cirenaico. Éste, al salir, cambió su vestidura purpúrea por la túnica desgarrada de Diógenes. Y cuando Diógenes se dio cuenta, se puso rabioso y de ninguna manera quiso ponerse el vestido purpúreo. ¿Por qué? En definitiva se podría observar la vanidad de Diógenes a través de los agujeros de su túnica, dejaba de ser él al vestirse de púrpura y esto constituía un grave problema de representación, cara a los espectadores. Creo que es algo parecido a lo ocurrido con los multimillonarios que han buscado el espacio, probablemente porque vemos a través de los agujeros de sus propias túnicas digitales, compradas con el poderoso caballero don dinero, una nueva y atrevida perspectiva orbital que nos ayuda a dar la vuelta a este preocupante mundo atómico al revés.

NOTA: la fotocomposición de la imagen está realizada por el autor de este artículo y recoge la portada del libro de Ron Garan (izquierda), una imagen del interior de la nave espacial VSS Unity 22 de Galactic con Richard Branson durante el vuelo del pasado 11 de julio (arriba) y el momento de la salida de Jeff Bezos (abajo) de su nave New Shepard (nombre puesto en homenaje al primer astronauta americano en el espacio, Alan Shepard), después del aterrizaje ayer en el desierto de Texas.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.