El arte de Dalí y las teorías de Freud

Metamorfosis de Narciso, 1937 – Salvador Dalí (1904-1989)

Sevilla, 3/II/2022

Gala, la compañera excelsa de Salvador Dalí, hizo una foto al pintor durante una excursión por el Cap de Creus, en el que se veía su rostro reflejado en un charco. Muchas personas dicen que proyectó esta experiencia psíquica de egolatría elevada a su máxima expresión, en su obra Metamorfosis de Narciso, pintada en 1937, que siempre se debe contemplar -haciendo caso de la recomendación expresa de su autor- leyendo un poema que compuso expresamente junto a esa obra, admirada por el surrealismo de la época y, sobre todo, por Sigmund Freud, que reproduzco a continuación:

Fuente de vida
de noches sin mañanas
yo puedo llegar al surtidor
donde he visto súbitamente
la imagen tan amada
que llevaba grabada
en el fondo de mis entrañas.

Yo sé dónde está
el pan de vida
tan blanco es
que cerrando los ojos
lo continuo a ver por transparencia
pan de vida
yo sé dónde está el horno
en las llamas del cual
he visto prefigurada
la imagen tan amada
de Gala tan amada
horno que las totémicas guirnaldas
le sirven de adorno.

Yo sé dónde está
en el fondo de la tierra
el bloque de mármol
donde está contenida
la imagen de Gala tan amada.
Cuatro elementos obsesionan mi Gala
aire, agua, fuego y tierra
que corresponden a mi Gala
que conocí antes de nacer.
¡Aire, aire! es el que respiro

de noche y de día
veo sin cesar la imagen de mi Gala tan amada
el recuerdo de mi Gala tan amada
donde respiro sin cesar
de noche y de día
¡el aire, el aire!
de mi Gala tan amada.

En el fondo sin mañanas
el agua se vierte sin fin
en el surtido del jardín
donde he visto detalladamente
el rostro de mi Gala
tan poco amada.

Salvador Dalí llevó esta obra a Londres en 1938, para que la contemplara Freud. En estos días, en la galería Belvedere en Viena, figura en un mural, que no la obra original, en una exposición que lleva por título, Dalí-Freud. Una obsesión, según lo recoge un artículo muy interesante en el diario El País, La obsesión fanática de Dalí con Freud conquista Viena. La galería Belvedere reúne un centenar de piezas, entre lienzos, dibujos, filmes y cartas, para exponer la influencia del padre del psicoanálisis en el trabajo del artista catalán, que me ha recordado mi visita en 2007 al fundador del psicoanálisis en su casa de la calle Berggasse, en el número 19, que tuve la oportunidad de recorrer detenidamente. Allí desarrolló su práctica médica desde 1891 y hasta 1938, y también se forjó en ella la base de todos los trabajos en torno a La interpretación de los sueños y los estudios de caso. El Museo actual es una mezcla de recuerdos entrañables de una experiencia física de habitabilidad en una ciudad que no tuvo reparos en colocar la cruz gamada en el dintel de su casa y que propició su exilio a Londres en el verano de 1938, hasta una colección de fotografías y algunos objetos y bienes muebles personales que puedan alumbrar determinadas características de la casa-consulta. Me impresionó mucho el fondo científico que posee en la actualidad, así como las actividades que desarrolla la Fundación para seguir explorando las diversas manifestaciones del psicoanálisis en el mundo actual.

En la exposición citada, situada en los bajos del palacio Belvedere, comisariada por Jaime Brihuega, se muestra “el arte de uno (Dalí) y las teorías del otro (Freud)”, intentando demostrar que “Dalí estaba fascinado, incluso obsesionado, por las enseñanzas de Freud. Durante años quiso conocer de forma obsesiva a su gran ídolo. Esto falló varias veces. En abril de 1937, el artista probó suerte en Viena, sin éxito. La reunión finalmente tuvo lugar en julio de 1938 en Londres, mediada por Stefan Zweig y Edward James. Esta completa exposición muestra cómo esta obsesión se refleja en la obra del surrealismo y cómo se revela en los mundos pictóricos surrealistas de Dalí”.

Según se anuncia en el programa oficial de la exposición, “El 19 de julio de 1938, Salvador Dalí conoció en Londres a Sigmund Freud, que había huido de Viena; fue el primer y único encuentro del artista con su ídolo. Las altas expectativas de Dalí quedaron incumplidas: su ambicioso deseo de obtener el reconocimiento de Freud por su método paranoico-crítico «desde un punto de vista científico» no se cumplió. Sin embargo, el fundador del psicoanálisis quedó posteriormente más impresionado de lo esperado y se inclinó a reconsiderar su actitud previamente distanciada hacia el surrealismo. Con alrededor de 100 obras -entre pinturas, objetos surrealistas, fotografías, películas, libros, revistas, cartas y otros documentos- el Belvedere ilumina a la persona Dalí en el contexto de su complejo universo familiar y lo acompaña desde el descubrimiento de los escritos de Freud hasta el encuentro con el psicoanalista exiliado en Londres en 1938. Para el joven artista, la lectura de La interpretación de los sueños se convirtió en uno de los descubrimientos más importantes de su vida. A través de los escritos de Freud encontró la clave de los miedos, deseos y obsesiones ocultos que lo habían acompañado desde la infancia. Influenciado por esto, abordó la poética del surrealismo a partir de 1926 y desarrolló un nuevo lenguaje visual que hace que su obra sea única hasta el día de hoy. Además de los encuentros de Dalí con Freud, la exposición se centra en otros encuentros pioneros del artista, como los que tuvo con el poeta Federico García Lorca y el cineasta Luis Buñuel en la Residencia de Estudiantes de Madrid. Al igual que sucedió con el Histólogo y Premio Nobel Santiago Ramón y Cajal y sus dibujos de tejido nervioso, que se convirtieron en la inspiración de su obra surrealista”.

He tratado varias veces en este cuaderno digital de la relación del psicoanálisis con diversas artes. En ese sentido deseo resaltar el artículo que publiqué en 2020, La amistad del psicoanalista Ángel Garma y Federico García Lorca, poeta, en la Residencia de Estudiantes (Madrid), en el que citaba la presencia también de Salvador Dalí en este círculo virtuoso de artistas, según se desarrollaba en un interesante artículo publicado por Iñaqui Márquez, La Residencia de Estudiantes. Garma, García Lorca y la homosexualidad, en la Revista Norte de Salud Mental, en el que describían “los amores sucesivos de Lorca, Rafael Rodríguez Rapún, Emilio Aladrén, Salvador Dalí, Sánchez Mejías, Eduardo Rodríguez Valdivieso y el que se cree que fue el último amor en vida: Juan Ramírez de Lucas: “Se separaron en Julio de 1936 días después el golpe militar, para ver a sus familias en Albacete y Granada”. Puede que en la cajita que legó a su hermana antes de morir, se encuentren claves para comprender muchas cosas de la relación con Lorca que nos permitan profundizar en su forma de ser y existir, singulares, en su trayecto final de vida.

En el encuentro de Londres, Freud pensó que Dalí, “ese chico”, era un fanático, aunque días después de la visita le comentó a Zweig en una carta que “Me inclinaba a considerar a los surrealistas, quienes aparentemente me han elegido como su santo patrón, como unos excéntricos incurables. El joven español, sin embargo, me ha hecho reconsiderar mi opinión. Sería muy interesante investigar analíticamente cómo una imagen como esta llegó a ser pintada”. Nunca ocurrió, porque Freud falleció el año siguiente sin haber podido analizar a fondo el alma de Dalí que cada obra suya llevaba dentro.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

No todo es cuestión de dopamina

Portada de “Dopamina” / Daniel Z. Lieberman

Sevilla, 2/II/2022

Daniel Z. Lieberman, profesor y vicepresidente del departamento de psiquiatría y ciencias del comportamiento de la Universidad George Washington, plantea en su libro Dopamina, junto a Michael E. Long, cuestiones que nos pre-ocupan [así, con guion] a diario: “¿Por qué nos obsesionamos con las cosas que queremos y nos aburrimos cuando las conseguimos? ¿Por qué la adicción no es una cuestión moral? ¿Por qué el amor pasional se convierte tan rápidamente en desinterés? ¿Por qué casi todas las dietas fracasan? ¿Por qué vivimos pegados a las redes sociales? ¿Por qué algunas personas son liberales acérrimos y otras, conservadores extremos? ¿Cómo logramos mantener la esperanza, incluso en los tiempos más oscuros? La respuesta reside en una simple sustancia química de nuestro cerebro: la dopamina. La dopamina es la sustancia que permitió que nuestros ancestros pervivieran. Hoy en cambio, es la responsable de nuestro comportamiento, adicciones y del progreso humano. Es la molécula del deseo, la que controla nuestros impulsos y la que nos incita a buscar siempre nuevos estímulos. La dopamina es la causante de que un trabajador ambicioso lo sacrifique todo en pos del éxito, o que pongamos en riesgo nuestra relación más preciada por una noche de sexo con un desconocido. Por un lado nos sirve de motivación para superarnos a nosotros mismos. Por el otro, nos lleva a arriesgarlo todo y fracasar en el intento. Para la dopamina lo importante es conseguir algo, cualquier cosa, con tal de que sea nueva. Una vez tenemos claro el papel que juega en nuestra vida, podremos entender de una manera revolucionaria por qué nos comportamos como lo hacemos en el amor, los negocios, la política o la religión. Entender la dopamina nos ayudará a predecir nuestro comportamiento. Pero también el de los demás”. Si unimos a estos párrafos introductorios el subtítulo del libro, tenemos garantizado un interés nuevo por conocer la dopamina, un aparente motor de la vida, aunque aseguro que nunca actúa en solitario, como explico más adelante: “Cómo una molécula condiciona de quién nos enamoramos, con quién nos acostamos, a quién votamos y qué nos depara el futuro”. Francamente, creo que la dopamina necesita ser estudiada con una visión más holística y con menos titulares sensacionalistas, porque la verdad científica es que del cerebro sabemos todavía poco, aunque vivimos en un siglo en el que se lograrán avances espectaculares.  

Ante este panorama, vuelvo a repasar las estructuras del cerebro, a las que dediqué bastantes artículos en este blog cuando inicié este largo camino digital, para localizar bien esta molécula que está en el cerebro y para considerar de nuevo la importancia que tiene en un mundo que está presidido por lo inmediatez de todo, con un aserto que mueve la vida a diario: quiero lo que me interesa, lo quiero ya y lo conseguiré como sea. O no. De ahí el sufrimiento humano por tanta frustración diaria. Efectivamente, la dopamina juega un papel transcendental en el cerebro, pero nunca actúa sola sino siempre acompañada de otras moléculas que dan vida a determinadas estructuras cerebrales, que las “alojan”, tales como el hipocampo, el tálamo, el hipotálamo o la amígdala, entre otras. Un botón de muestra puede ayudarnos a conocer la importancia de la interrelación de la dopamina con otras sustancias hormonales. Lo escribí hace ya muchos años pero mantiene toda su vigencia en el mundo actual, cuando me refería al papel del “cableado” del cerebro, que se produce por la íntima conexión de las sustancias blanca, gris y negra allí alojadas, fundamentalmente porque este cableado es el que proporciona las conexiones de las estructuras cerebrales y donde actúan algunos neurotransmisores de la importancia de la glándula pituitaria (del latín “pituita”: secreción, fluido, moco, flema, formando parte de la medicina tradicional junto a los tres “humores” restantes: sangre, bilis amarilla y bilis negra), por ejemplo, del tamaño de un guisante, dejando muy claro cómo la dopamina corona siempre el placer de cualquier actividad humana: “El lóbulo posterior de la glándula pituitaria es el productor por excelencia de la oxitocina, llamada también la “hormona de las relaciones”, encontrándose tanto en el hombre como en la mujer. La realidad de las relaciones a largo plazo juega una baza muy importante para el equilibrio de la oxitocina (omnipresente en la mujer) junto a la vasopresina, característica del cerebro masculino. Cuando ambas se complementan, el equilibrio emocional y sentimental de las personas que conforman una pareja liberan en momentos justos estas dos hormonas, obligatoriamente obligadas a entenderse. Una caricia a tiempo libera oxitocina en la mujer y el bienestar en ella está garantizado. Igualmente, en el cerebro masculino se libera vasopresina, como buscadora insaciable de retroalimentación. A partir de aquí la cascada de emociones es un juego reservado al conocimiento de uno mismo y de su pareja, de sus amigos. Es lo que ocurre cuando imaginamos aquello que queremos o vemos en una foto a la persona que amamos: mujer, hijos, amigos íntimos. La oxitocina está detrás. La glándula pituitaria es la responsable de este equilibrio hormonal, en el que los aprendizajes y comportamientos adquiridos “neutralizan” en muchas ocasiones la forma de ser de cada una y cada uno. Cuando la oxitocina y la vasopresina se desarrollan con la normalidad programada en el cerebro individual, la dopamina juega su papel estelar de proporcionar placer, en un triángulo amoroso descifrable”.

En el ejemplo anterior hemos visto que estos neurotransmisores necesitan interactuar para alcanzar sus objetivos, pero se lleva a cabo siempre a través del cableado del cerebro, con millones de interacciones todavía indescifrables. Es verdad que nacemos con determinación sexual y con componentes que están asociados a una configuración corporal derivada de sustancias químicas que llegan a conformar una forma de ser en el mundo. Pero la necesidad de mantener en buen estado el cableado del cerebro es fruto de la conjunción indisoluble e interactiva de la sustancia gris y blanca en cada ser humano, con posibilidades ingentes de que la vida proporcione o no las posibilidades ocultas del carné genético. Y de ello sabemos todavía más bien poco. Ahí radica la belleza de la investigación: porque sabemos que está todo en la sede de la corteza cerebral, aunque todavía no lo hayamos descubierto. Y eso que todavía no hemos explicado la función de una tercera sustancia de funciones atractivas: la sustancia negra. Para algunos, “la que faltaba”, porque sabemos que como parte de la sustancia gris, con aspecto de media luna, contiene melanina que le proporciona el color oscuro, siendo responsable de neuronas donde juega un papel fundamental un neurotransmisor, la dopamina, cuyo déficit o hiperactividad nos hace enfermar siendo jóvenes o mayores, a través de la esquizofrenia o el Parkinson”.

La dopamina juega un papel transcendental en la vida humana, para el bien o para el mal, pero siempre en interrelación con sustancias humorales, hormonales y estructuras cerebrales, porque nunca actúa de forma independiente. Aporto en este sentido algo muy interesante que descubrí en la investigación que durante años realicé sobre las estructuras del cerebro, donde la dopamina, efectivamente, jugaba un papel esencial: “En los laboratorios de la vida se han estudiado a fondo estos comportamientos, especialmente en los ratones de la pradera que son grandes amantes, a los que gusta la pareja vitalicia: “Como los humanos, esos ratones están llenos de pasión física cuando se encuentran y pasan dos días concediéndose un sexo prácticamente ininterrumpido. Pero a diferencia de los humanos, los cambios químicos en los cerebros de dichos ratones pueden ser examinados directamente en el curso de ese regocijo. Dichos estudios muestran que el acoplamiento sexual libera grandes cantidades de oxitocina en el cerebro de la hembra y de vasopresina en el del macho. Esas dos neurohormonas, a su vez, aumentan los niveles de dopamina –el ingrediente del placer- la cual hace que los ratones queden locos de amor el uno por el otro. Gracias a este vigoroso pegamento neuroquímico, la pareja queda unida para toda la vida” (1).

En 2006 escribí un artículo sobre el fascinante mundo comparado del cerebro humano y del ratón y al conocer mejor a estos pequeños ratones de pradera, en cuyos cerebros se experimenta la base de la interrelación real del placer compartido, me vuelve a enamorar su legado genético que me permite hoy escribir de forma “placentera” sobre el respeto a nuestra forma de ser cerebral sexuada: ”Cuando era pequeño crecí cerca de Mickey Mouse, Minnie Mouse, Pluto y Goofy. Los dibujé mil veces. Me parecían muy humanos e inteligentes, porque vivían como yo, más o menos. Además, hablaban, lloraban y amaban. Pero nunca supe que no me separaba mucho de la forma de ser de Mickey en el mundo, porque la ciencia ha alcanzado resultados muy brillantes en esta etología cerebral: ya se sabe que el 99% de los 28.000 genes humanos tiene su homólogo en el genoma del ratón. Y poco a poco nos vamos adentrando en el conocimiento aplicado del cerebro humano. Los científicos se tienen que acercar también por caminos facilitadores de la biotecnología y de las neurociencias, como fue el caso del anuncio efectuado en ese año 2006 por el Instituto Allen de Ciencias del Cerebro, donde se confirmó que se había completado el estudio genético del cerebro del ratón, a través de un atlas tridimensional, de utilización gratuita en Internet, en el que se muestra qué genes se activan en las neuronas en cada área del cerebro. Como decía entonces, “somos, en definitiva, más libres, porque nos conocemos mejor, a través de la verdadera causa de la salud y la enfermedad, gracias a proyectos cuya base científica nace en un pequeño ratón de la factoría Allen, que siempre estará cerca, paradojas de la vida, de la humanidad y de la genética del que conocí hace muchos años, de nombre Mickey”. Entonces, en la factoría Disney, no inocente. Hoy, en la factoría de la vida, sola y compartida por la oxitocina y vasopresina. Con la compañía inseparable de la dopamina que recompensa siempre a esta pequeña central del bienestar personal y social, que tiene como misión posible invadir de “pituita” nuestras vidas.

En el prólogo de mi libro Origen y futuro de la ética cerebral (2014), decía que siempre hay razones de la razón, mucho más que del corazón, para reflexionar sobre el fundamento de las razones éticas que justifican las decisiones humanas, sobre todo en una época histórica en la que los llamados “valores” están en entredicho o simplemente arrinconados por la sociedad que nos ha tocado vivir. También, porque todas las religiones, sin excepción alguna, están pasando una factura a la historia en plena crisis de sus fundamentalismos, que intentaban e intentan justificar la razón última de todas las cosas, de todos los actos humanos. Y cuando se habla de valores hay que acudir irremediablemente a la razón de esos actos humanos, la que los justifica, en una búsqueda que tenga sentido. No hacemos nada porque nos da la gana o porque hemos nacido así, sino porque siempre hay una causa, consciente o inconsciente, que nos lleva a actuar de una determinada forma o de otra, desde la perspectiva ética de cada uno. No quise escribir un tratado de ética, pero sí ensayar una reflexión compartida de la razón y del corazón, que siempre coexisten, para abordar una tesis que me acompaña en mi persona de secreto desde hace ya muchos años. Se trata, nada más y nada menos, de intentar descubrir que los actos humanos nacen siempre de la solería que hemos ido instalando a lo largo de la vida en nuestro cerebro, es decir, el suelo firme que hemos construido en la vida diaria, que justifica todos los actos humanos, en frase muy feliz del Profesor López-Aranguren, que aprendí hace también muchos años, pero que nunca logré comprender bien hasta que descubrí qué es el cerebro y qué papel juega en nuestras vidas y en su proyección ética.

La razón de por qué publiqué ese libro, sigue vigente hoy: entregar a la Noosfera, a la malla pensante de la humanidad, es decir, a aquellas personas que lo quieran leer con pre-ocupación [sic] e interés social, unas reflexiones que demuestran que el cerebro es la base donde residen todos los actos humanos, el lugar donde se forja la historia de cada uno, su intrahistoria, en una estructura cerebral que se llama hipocampo o de un neurotransmisor de nombre dopamina, por ejemplo, y entre muchas otras como podrán comprobar, que trabajan incansablemente con independencia de lo que queramos hacer y entender cada día. Creo que consultarlo es útil. Cada capítulo engloba una serie de reflexiones, con formato de artículo y con base científica en su mayor parte, para que no se convierta en un libro de autoayuda al uso, sino de conocimiento de lo más preciado que tenemos como seres humanos: la inteligencia que se desarrolla a lo largo de la vida en nuestro cerebro, que es único e irrepetible y que nos juega siempre buenas y malas pasadas, a través de unas estructuras cerebrales que condicionan la amplitud de nuestro suelo firme en la vida, lo que llamaba anteriormente «solería” de nuestra vida, o lamas de parqué en términos más modernos, puestas una a una a lo largo de nuestra existencia, dependiendo de cada experiencia construida en el cerebro individual y conectivo, que es la razón que nos lleva a ser más o menos felices. Además, con proyección específica en el mundo real en el que vivimos, en la inteligencia digital. Al fin y al cabo, es lo que pretende el cerebro siempre: devolver en su trabajo incansable, porque nunca deja de funcionar, ni de noche ni de día, es más, durante la noche sobre todo, la razón lógica del funcionamiento de las neuronas, un trabajo maravilloso que intenté desarrollar y explicar en el libro citado. El resultado pretendido con ese libro y con el artículo de hoy es ayudar a conocernos mejor, con base científica, que nos permita justificar nuestro origen y futuro humano, el comportamiento de género, la influencia diaria y constante del cerebro en la inteligencia y en el compromiso para que el mundo propio y el de los demás merezca la pena vivirlo, compartirlo y habitarlo.

Hoy en día, sólo sé que no sé casi nada de cómo funciona el cerebro. Ni tampoco por qué enferma en determinadas ocasiones, cuestión que lleva a sufrir mucho al género humano. Esa es la razón de por qué me entusiasma conocerlo cada día mejor, porque lo que sí sé es que en él están alojados todos los actos humanos, pasados, presentes y futuros. También, que todo lo que nos pasa no es cuestión de dopamina.

(1) Brizendine, L. (2007). El cerebro femenino, Barcelona: RBA, p. 93s.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Maya, la nieta de Salvador Allende, ministra de Defensa Nacional

Salvador Allende y su esposa, Tencha Bussi, en 1971 junto a sus nietas Marcia Tambutti (izquierda de la imagen) y Maya Fernández (derecha)

Sevilla, 1/II/2022 (actualizado a las 13:00 CET)

La noticia ha dado la vuelta al mundo: Maya Fernández Allende, nieta de Salvador Allende y símbolo del nuevo Chile, con una larga trayectoria política como militante del Partido Socialista Chileno, ha sido nombrada ministra de Defensa Nacional en un acto oficial celebrado el pasado 21 de enero, en un país con un pasado triste y doloroso por la dictadura impuesta por el general Augusto Pinochet desde el golpe de estado de 1973, en la que el ejército desempeñó un papel crucial. Tomará posesión de su cargo el próximo 11 de marzo, en lo que representa un símbolo del poder democrático en un país, después de las elecciones generales celebradas recientemente, en las que resultó vencedor Gabriel Boric. En el acto de anuncio del nuevo Gobierno, compuesto por 14 mujeres y 10 hombres, el nuevo Presidente dijo a los elegidos, que “[…] Necesitamos que dialoguen, que escuchen mucho, que escuchen el doble de lo que hablen, que preparen sus agendas con dedicación, que visiten los barrios y las regiones, que estén en las calles y construyan soluciones en conjunto con la gente de Chile». Asimismo, en el primer encuentro con su nuevo Gobierno, afirmó que “sentirnos parte de un mismo proyecto y recordar permanentemente que nos debemos al pueblo de Chile, genera una ética colectiva que nos va a permitir tener un buen Gobierno”.

Maya Fernández Allende no ha tenido una vida fácil. Ha vivido la dureza del exilio en Cuba, tierra muy querida en su familia por ser su padre natural de la isla, así como la muerte por suicidio de su madre, cuando ella sólo tenía seis años, hasta el regreso a su país natal en el año 1990, cuando comenzó a estudiar biología y medicina veterinaria. La imagen que ilustra estas palabras recoge un momento entrañable, en el que Salvador Allende, abraza a sus nietas, Marcia Tambutti y Maya Fernández, bajo la atenta mirada de su esposa, Tencha Bussi. Me parece que, una vez más, una imagen vale más que mil palabras, porque adivino en la mirada de Allende una honda preocupación por el futuro de sus nietas, así como un cariño profundo. Cincuenta y un años después, aquél abrazo simboliza algo muy importante. Maya Fernández Allende dirigirá a partir del próximo 11 de marzo, el ejército que derrocó a su abuelo, como mensaje de que el mundo al revés a veces se muestra al derecho y aquella preocupación que refleja su mirada se torna ahora en un mensaje de la libertad que proclamó  Allende desde el Palacio de la Moneda en la capital, horas antes de su fallecimiento el 11 de septiembre de 1973, que sigo leyéndolo e interiorizándolo en muchas ocasiones en su sentido más positivo, a pesar de la tragedia popular que supuso el sangriento golpe militar dirigido por el general Pinochet: “Tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo en el que la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor”.

No he olvidado nunca estas palabras de Allende y con esta breve reflexión quiero contribuir a no participar en los silencios cómplices de los olvidos, a respetar su memoria y las de miles de chilenos desaparecidos y torturados en la larga dictadura de Pinochet, sobre todo porque paseamos hoy en muchos lugares del mundo, también en España, por grandes alamedas de libertad en las que él soñó, aunque quede mucho por hacer y conseguir. Como decía en 2013, en un post que aprecio y que escribí con ocasión del 40 aniversario del golpe de estado chileno, Ardiente im-paciencia, estas palabras suyas las he seguido sabiendo y practicando, sin ninguna duda. Es mi pequeño homenaje a Salvador Allende y al pueblo chileno, hoy y siempre.

Con el nombramiento de Maya Fernández Allende como ministra de Defensa Nacional, la fe de su abuelo en Chile y su destino alcanza un momento álgido, porque Maya permitirá que las grandes alamedas en las que soñaba Salvador Allende, por las que se pasean ya en Chile en plena democracia las personas libres, seguirán abiertas también a las Fuerzas Armadas Democráticas, aquellas que bajo el mandato de Augusto Pinochet cerraron toda posibilidad de vivir en libertad en aquél país. ¡Qué gran lección del valor histórico de la Democracia!, a pesar del dolor inmenso que durante tantos años de dictadura, diecisiete, sufrió aquél país, al que admiro, respeto y recuerdo especialmente cada 11 de septiembre.  

NOTA: la imagen de cabecera se recuperó el 11/IX/2016 de: http://allendemiabueloallende.cl/

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.