¿Quién va a negar que es difícil caminar por la calle de la dulzura, cuando lo habitual, en el callejero ético de la vida, es hacerlo frecuentemente por la de la amargura? Lo digo hoy porque los medios de comunicación, en su gran mayoría, aunque con honrosas excepciones, van saltando últimamente de noticia en noticia, a cual más desagradable o, al menos, turbadora para almas inquietas. Por esta razón he buscado de nuevo en este cuaderno digital un artículo que escribí en 2017, La calle de la dulzura, para leerlo de nuevo y actualizarlo en su contenido, por necesidad, no por azar. Decía en aquella ocasión que “las personas que pertenecemos al Club de las Personas Dignas, con militancia virtual activa como credencial de pertenencia al Club, por creencia en la dignidad, deberíamos hablar más a menudo de la calle de la dulzura, ante las oleadas de propaganda sobre la calle de la amargura que no localiza con facilidad el callejero más sofisticado del mundo, porque solo existe en lo más recóndito del alma humana. La dulzura refuerza la dignidad, entendida como seriedad, gravedad y decoro en la manera de comportarse una persona, es decir, manifestando pureza, honestidad y recato, de la que se aprecia y defiende su honra, estimación, modestia, mesura y circunspección, entendida ésta como atención, cordura y prudencia ante las circunstancias, para comportarse comedidamente. Con dulzura”.
Al igual que hice en aquella ocasión, hoy deseo hablar de esta realidad, como un nuevo homenaje a la psicoanalista y filósofa francesa Anne Dufourmantelle, que falleció en el mes de julio de 2017 en una playa cercana a Saint Tropez intentando salvar a dos niños, hijos de unos amigos, consiguiéndolo, pero cuya acción le costó la vida. Fue en ese delicado momento y lo sigue siendo hoy un símbolo, porque Anne era una defensora a ultranza de saber convivir con el riesgo, porque es lo que daba sentido a su vida. También, de la necesidad de vivir unidos a la dulzura, habiendo escrito un libro, Puissance de la douceur (1), de gran interés sobre esta realidad esencial de la vida, que es un enigma en principio pero que, cuando se experimenta como poder de transformación de personas y cosas se vislumbra como una realidad necesaria. Su enfoque es muy práctico huyendo de la sensiblería que suele adornar este término, llegándolo a definir incluso como un acto político ante las violencias de la vida en todos los ámbitos posibles que podamos imaginar.
Recurro también en estos momentos de trasiego ético yendo del timbo al tambo, que decía Gabriel García Márquez en sus cuentos peregrinos, al gran filósofo Aristóteles, nada pasado de moda, al revés, porque nos aportó hace ya muchos siglos una reflexión muy interesante sobre la dulzura. Se encuentra en La gran moral, libro I, capítulo 21: “[…] Digamos ante todo que la dulzura es un medio entre el arrebato, que conduce siempre a la cólera, y la impasibilidad que no puede nunca llegar a sentirla. […] El hombre irascible es el que se irrita contra todo el mundo, en todo caso y más allá de los límites debidos. Es una disposición muy reprensible, porque no conviene irritarse contra todo el mundo, ni por todas las cosas, ni de todas maneras, ni siempre; lo mismo que no conviene tampoco no irritarse jamás, por ningún motivo, ni contra nadie. Este exceso de impasibilidad es tan reprensible como el otro. Pero si uno se hace reprensible por incurrir en exceso o en defecto, el que sabe permanecer en el verdadero medio es a la vez dulce y digno de alabanza. No es posible aprobar el carácter del que experimenta muy vivamente el sentimiento de la cólera, ni el del que apenas lo siente; pero se llama verdaderamente dulce al que sabe mantenerse en lo justo entre estos dos extremos. Así pues la dulzura es el medio entre las pasiones que acabamos de describir”.
Cualquiera de las acepciones de dulzura, según el diccionario de la RAE, simboliza muy bien qué intentamos comprender en relación con su significado: cualidad de dulce, suavidad, deleite, afabilidad, bondad, docilidad y palabra cariñosa, placentera. En tiempos modernos, es imprescindible organizar una operación rescate de la dulzura y una vez construida su calle en la vida, de la que todos podamos hablar, podremos pensar que un día se pueda convertir en las grandes alamedas que citaba Allende: “[…] Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor”. Con dulzura, como acto político, que también es posible frente a la amargura de vivir.
Avanzando en el texto del artículo citado, decía que en ese día en que me enfrentaba una vez más a la página en blanco había leído en el diario El País una noticia sobre la calle de la amargura: “Diga su edad y Google responderá qué le lleva por la calle de la amargura”, que me sorprendió por su mezcla de frivolidad y notaría virtual de lo que parece que hace sufrir mucho a las personas. Son proposiciones digitales, nada más, pero también comentaba que para hacer las comparaciones oportunas había buscado la “calle de la dulzura”, en Google también, con una gran sorpresa: solo aparecían 29 resultados en la búsqueda, en 39 segundos, centrados en una calle de Madrid que tiene el honor de llevar ese nombre. Por el contrario, la búsqueda de “calle de la amargura” arrojó un dato demoledor: 1.950.000 resultados, en solo 0,74 segundos. Sin comentarios. Hoy he vuelto a repetir esta operación y el resultado ha sido el siguiente: respecto de la “calle de la dulzura”, ha devuelto el dato de 50 50 resultados, en un tiempo de respuesta de 0,42 segundos. De la misma forma, escribiendo exactamente “calle de la amargura”, el dato ha sido más “optimista” que en 2017: 334.000 resultados (0,42 segundos). Más allá del este resultado global por la aplicación de nuevos algoritmos de búsqueda, no deja de ser tan sólo una metáfora que he querido utilizar de nuevo para reflexionar sobre la necesidad de caminar más a menudo por la calle de la dulzura en la vida, salvando lo que haya que salvar, porque la de la amargura ya se transita con una frecuencia inusitada.
Acabo con la última reflexión de 2017: queda un trabajo arduo, por delante, en el Club de las Personas Dignas, para construir teoría crítica sobre la calle de la dulzura, con objeto de que millones de personas podamos transitar por ella. Probablemente, tendremos que formarnos en el conocimiento de qué significa ese nombre tan atractivo para convertirlo en creencia. Es el mejor homenaje que podemos hacer hoy de nuevo a la psicoanalista y filósofa Anne Dufourmantelle, defensora a ultranza de esta forma de ser en el mundo. Pongámonos a ello. Hoy, a leer su libro de impecable contenido para los tiempos modernos, instalados en la amargura dialéctica de vivir apasionadamente pero sin poder hacerlo con la dignidad que requiere la existencia de un mundo diferente, con calles y alamedas de la dulzura para que puedan pasear por ellas las personas libres.
(1) Dufourmantelle, Anne (2013). Puissance de la douceur. París: Payot.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.
La vida es un camino muy largo en el que necesitamos pertrechos de aciertos para vivir con prudencia, a modo de guía del alma, tal y como lo aprendí en su día de Baltasar Gracián (Belmonte de Gracián, 8 de enero de 1601 – Tarazona, 6 de diciembre de 1658), en el prólogo de su afamado Oráculo Manual y el Arte de la Prudencia (1): “Ni al justo leyes, ni al sabio consejos; pero ninguno supo bastantemente para sí. Una cosa me has de perdonar y otra agradecer. El llamar Oráculo a este epítome de aciertos del vivir, pues lo es en lo sentencioso y lo conciso. El ofrecerte de un rasgo todos los doce Gracianes, tan estimado cada uno que el Discreto apenas se vio en España cuando se logró en Francia, traducido en su lengua, e impreso en su Corte. Sirva este de memorial a la razón en el banquete de sus sabios, en que registre los platos prudenciales que se le irán sirviendo en las demás obras, para distribuir el gusto genialmente”.
La verdad es que este libro que todavía alcanza éxito mundial de ventas en momentos delicados de la sociedad, sirve platos de prudencia, hasta trescientos exactamente, con el que hacer un menú casi a diario para aprender a vivir con acierto. A Gracián lo recordamos siempre por su famoso aforismo sobre la brevedad, “lo breve, si bueno, dos veces bueno”, aunque ignoramos su texto real y contexto, como aprendí también de un autor dedicado en cuerpo y alma a este género literario, Jorge Wagensberg, un divulgador de la ciencia muy necesario para este país, al que he seguido de cerca en una tarea muy inteligente de aprehender el mundo a través de los aforismos. Me gusta comprenderlos en el sentido que ya se definió por primera vez, en el siglo XVIII, en el Diccionario de Autoridades, tan querido por mí: “Sentencia breve y doctrinal, que en pocas palabras explica y comprehende la esencia de las cosas” (RAE A 1726, pág. 338,1). Y vuelven a estar de moda, quizá porque la velocidad que se imprime a la vida diaria necesita de estos “pretextos para textos fuera de contexto”, como lo definió Jorge Wagensberg en un artículo de opinión, extraordinario, que se publicó en el suplemento Babelia, de El País, en 2012 (2).
En relación con el aforismo anterior o acierto para vivir, en referencia a la brevedad, Gracián lo une al “plato prudencial” de no cansar, concretamente en el que ocupa el número 105 de su obra: “No cansar. Suele ser pesado el hombre de un negocio, y el de un verbo. La brevedad es lisonjera, y más negociante; gana por lo cortés lo que pierde por lo corto. Lo bueno, si breve, dos veces bueno, y aun lo malo, si poco, no tan malo. Más obran quintas esencias que fárragos; y es verdad común que hombre largo raras veces entendido, no tanto en lo material de la disposición cuanto en lo formal del discurso. Hay hombres que sirven más de embarazo que de adorno del universo, alhajas perdidas que todos las desvían. Escuse el Discreto el embarazar, y mucho menos a grandes personajes, que viven muy ocupados, y sería peor desazonar uno de ellos que todo lo restante del mundo. Lo bien dicho se dice presto”.
Cumplo con la indicación de Baltasar Gracián y finalizo hoy esta reflexión breve, tomando conciencia de que su libro de la prudencia es más necesario que nunca, a pesar de que contiene trescientos aciertos para vivir dignamente y uno final que no deja títere con cabeza en un mundo descreído como el nuestro, cuando lo resume todo en una solo plato, como postre espiritual para alcanzar el cénit de la prudencia: “En una palabra, santo, que es decirlo todo de una vez. Es la virtud cadena de todas las perfecciones, centro de las felicidades. Ella hace un sujeto prudente, atento, sagaz, cuerdo, sabio, valeroso, reportado, entero, feliz, plausible, verdadero y universal héroe. Tres eses hacen dichoso: santo, sano y sabio. La virtud es el sol del mundo menor, y tiene por hemisferio la buena conciencia; es tan hermosa, que se lleva la gracia de Dios y de las gentes. No hay cosa amable sino la virtud, ni aborrecible sino el vicio. La virtud es cosa de veras, todo lo demás de burlas. La capacidad y grandeza se ha de medir por la virtud, no por la fortuna. Ella sola se basta a sí misma. Vivo el hombre, le hace amable; y muerto, memorable”.
(1) Gracián, Baltasar, El arte de la prudencia, 2012, Barcelona: Ariel (Planeta), edición de Emilio Blanco.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.
Por eso debemos estar atentos, listos para el cambio, preparados para toda circunstancia porque la vida es como es, no como debería ser.
Facundo Cabral, en No estás Deprimido, estás Distraído
Navegando por el mar proceloso de cada día, he descubierto un libro para llevar en la mochila virtual, mental por supuesto, para guiar los pasos a la próxima isla por descubrir en nosotros mismos, tantas veces recordada gracias a Jose Saramago en su Cuento de la isla desconocida. Se trata de una obra publicada hace tan solo unos días, en la editorial Península, con un título atractivo en sí mismo: El valor de la atención. Por qué nos la robaron y cómo recuperarla, escrito por Johann Hari, cuya sinopsis oficial nos orienta en su contenido: “La atención ha entrado en una profunda crisis. ¿Cuáles son los motivos?, ¿quién nos la está robando?, y, más importante aún, ¿cómo podemos recuperar nuestra capacidad de concentración? Un demoledor ensayo que indaga en una de las grandes epidemias del momento y en sus posibles soluciones.Según algunos de los últimos estudios publicados, los adolescentes solo son capaces de concentrarse en una tarea durante sesenta y cinco segundos, mientras que los adultos apenas pueden aguantar tres minutos. Como muchos de nosotros, Johann Hari es consciente del peligro que supone la omnipresencia de las pantallas, así como de esa imperiosa necesidad que nos asalta de pasar constantemente de un dispositivo a otro sin levantar la vista. Hoy en día, lograr el estado de concentración necesario para acometer labores intelectualmente complejas y exigentes es casi una quimera. Hari decidió entrevistar a los principales expertos en concentración humana para identificar las causas de esta crisis. En El valor de la atención desglosa los doce factores que la generaron –desde nuestra incapacidad de dejar fluir la mente hasta la contaminación en las ciudades–, y denuncia a las poderosas empresas que nos están robando el foco. Además, nos da las herramientas para entender la situación, defendernos y recuperar nuestra capacidad de vivir con atención”.
Tengo que reconocer que la atención es algo que, me preocupa dese hace ya muchos años, quizás porque estoy educado en la necesidad de admirarme de las personas y de casi todas las cosas, como tantas veces he explicado en este cuaderno digital. Siempre he sentido curiosidad por todo, en un mundo plagado de cotilleo y cotillas, aunque bautizado últimamente como “el universo del entretenimiento” donde todo cabe y en el que la cultura digna brilla por su ausencia. Siempre he sentido la necesidad de comprender qué es admirarse ante lo que ocurre en nuestras vidas, prestándole mucha atención, por muy intranscendente que sea o supuestamente inútil, algo que solo se consigue a través de la admiración, actitud que simbolizó para Aristóteles el comienzo de la filosofía, entendida como la capacidad que tiene el ser humano de admirarse de todas las cosas, de las personas, de sentir curiosidad diaria de por qué ocurren las cosas, de cómo pasa la vida, tan callando. Mi profesor de filosofía lo expresaba en un griego impecable, con un sonido especial, gutural y sublime, que convertía en un momento solemne de la clase esta aproximación a la sabiduría en estado puro: jó ánzropos estín zaumáxein panta (sic: anímese a leerlo conmigo tal cual y pronunciarlo como él). Es uno de los asertos que me acompañan todavía en muchos momentos de mi vida, en los que la curiosidad sigue siendo un motivo para la búsqueda diaria del sentido de ser y estar en el mundo, de admirarme todos los días de él.
El placer de la atención, de la curiosidad sabia, no es transmisible automáticamente a los demás, sino que es imprescindible adquirir el conocimiento liberador, trabajarlo internamente a través del esfuerzo de cada persona a la hora de plantearse gozar de los que algunos llaman placeres inútiles para alejarlos del poderoso caballero don dinero. Así lo reconocía hace ya muchos siglos Sócrates en su diálogo Banquete: “Estaría bien, Agatón, que la sabiduría fuera una cosa de tal naturaleza que, al ponernos en contacto unos con otros, fluyera del más lleno al más vacío de nosotros. Como fluye el agua en las copas, a través de un hilo de lana, de las más llena a la más vacía”, porque siempre está presente en almas atentas, curiosas, la dialéctica del valor y precio de lo que se descubre, de lo que se admira y de lo que se goza a cambio de nada. Es lo que Hari ha manifestado para un artículo reciente, publicado en elDiario.es, en torno a su nueva obra: “Hay que entender que no tenemos que sentirnos mal porque nos cueste prestar atención. Tampoco si le ocurre a nuestros hijos. Ni ellos ni nosotros tenemos nada malo, tiene que ver con la forma en que vivimos. Si lo comprendemos, podemos empezar a reordenar las cosas”, anima, “hemos llegado hasta aquí sin ser conscientes de cómo nos iba a afectar”. Por ello, insiste en aprovechar la oportunidad que se abre: “Tenemos que decidir qué queremos y luchar por ello. Podemos hacer muchas cosas para defendernos”. “La atención es nuestro superpoder”.
Este mundo en el que vivimos, diseñado a veces por el enemigo, me recuerda una canción que recupero ahora de la banda sonora de mi vida, El tiempo que te quede libre, como homenaje a la atención que puede ser de aplicación selectiva para aquellas personas a las que queremos y que a veces hemos plagado de ausencias múltiples en la vida compartida, como el mejor ejemplo de la necesaria atención que debemos recuperar en nuestras vidas, de la que nos alejan intereses mercantiles no inocentes. Para devolverles, si es posible, la dedicación que merecen siempre durante todos los días y meses del año, durante toda la vida, conjugando todos los tiempos posibles del tiempo que nos queda libre para dedicarlo a la atención plena de él, de ella, de vosotros y… de ellos, de los que sabemos que más lo necesitan, porque muchas veces nos han pedido la atención, el tiempo al que se refiere la canción, a veces solo dos minutos o un minuto nada más: El tiempo que te quede libre / si te es posible, dedícalo a mí / a cambio de mi vida entera / o lo que me queda y que te ofrezco yo. // Atiende preferentemente / a toda esa gente que te pide amor; / pero el tiempo que te quede libre / si te es posible, dedícalo a mí. // No importa que sean dos minutos / o si es uno sólo, yo seré feliz; / con tal de que vivamos juntos / lo mejor de todo dedicado a mí. / El tiempo que te quede libre / si te es posible, dedícalo a mí.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.
Caballito de mar en el Acuario de Sevilla / JA COBEÑA
Sevilla, 16/I/2023
Hace ya más de quince años que dediqué muchos artículos de este cuaderno digital a divulgar las estructuras del cerebro, convencido plenamente de que en él reside el suelo firme de nuestra vida a través de estructuras maravillosas que expliqué, una a una, para general conocimiento de la malla pensante de la humanidad, lo que se conoce también como Noosfera. Ayer, en una visita al Acuario de esta ciudad, me detuve un tiempo a contemplar a los caballitos de mar y pensé cómo proporciona datos a diario en mi cerebro una estructura llamada hipocampo, que significa caballo de mar, en su etimología más pura, sin agregarle toda la carga mitológica que también contiene el vocablo. Imaginé mi memoria por unos segundos viajando por el mar proceloso de la vida, agarrándose a veces a ramas del fondo de ese mar pero con el encanto con que los vi ayer ir del timbo al tambo de su ecosistema, en un entorno que no es el suyo por definición, como nos suele ocurrir a veces en la vida ordinaria.
Cuando regresé a casa, volví a leer el primer artículo que escribí en este blog sobre esta estructura maravillosa, que ocupa un lugar muy importante en el cerebro, El caballo encorvado, fundamentalmente porque ella guarda toda mi memoria histórica y me ayuda a vivir con datos almacenados de conocimiento, sentimientos y emociones, al galope que marcan los dos corceles anatómicos que poseo, para garantizar la identidad en mi acontecer diario, la que justifica todos mis actos. Si aquél artículo supuso una aproximación de base científica a esta estructura cerebral tan maravillosa, me alegra saber que se ha elaborado recientemente, por parte de unos científicos australianos (1), Marshall A Dalton, Arkiev D’Souza, Jinglei Lv, y Fernando Calamante, el mapa más detallado jamás realizado de los enlaces de comunicación entre el hipocampo y el resto del cerebro. Los hallazgos de este mapa pueden cambiar nuestra forma de pensar sobre la memoria humana”, utilizando resonancias magnéticas de una base de datos de neuroimagen creada para el Proyecto Conectoma Humano.
En el citado estudio, se ha descubierto que “contrariamente a lo esperado, las conexiones de algunas regiones del cerebro con el hipocampo eran sustancialmente más altas (en el caso de las regiones de procesamiento visual) o mucho más bajas (en el caso de las áreas corticales frontales). Esto podría indicar que aunque algunas vías se conservaron a medida que los humanos evolucionaron, los cerebros humanos también pueden haber desarrollado patrones de conectividad únicos diferentes de otros primates. Se necesita más investigación para desmenuzar esto con más detalle. “Aunque hemos logrado este mapeo de alta resolución del hipocampo humano, el método de rastreo de vías realizado en primates no humanos, que pueden ver hasta el nivel celular, puede ver más conexiones de las que se pueden discernir con una resonancia magnética”, sostuvo Dalton. Y concluyó: “O podría ser que el hipocampo humano tenga un número menor de conexiones con las áreas frontales de lo que esperamos y una mayor conectividad con las áreas visuales del cerebro . A medida que la neocorteza se expandió, quizás los humanos desarrollaron diferentes patrones de conectividad para facilitar las funciones de memoria y visualización específicas de los humanos que, a su vez, pueden sustentar la creatividad humana. Es un poco un rompecabezas, simplemente no lo sabemos. Pero nos encantan los acertijos y seguiremos investigando”.
En mi artículo de 2007 expliqué esta estructura con profunda admiración hacia la anatomía humana: “Se trata de una circunvolución (elevación redondeada) que se encuentra en la región anteromedia del lóbulo temporal del cerebro, que “resulta de la internalización en los mamíferos, de un córtex arcaico desarrollado en reptiles y mamíferos primitivos” (2). Esta corteza primitiva, ¿paleocorteza?, que forma parte de la alocorteza, integra tres estructuras: giro o fascia dentada, el cuerno de Ammon y el subiculum. Y lo sustancial: forma parte del sistema límbico, como estructura fundamental de diferentes tipos de memorias y almacén de las emociones por su proximidad con la amígdala. Vamos por partes. Hay que empezar por la estructura más antigua, no se sabe si de vital importancia para guardar “grabaciones” vitales, denominada “alocorteza”, una parte muy profunda del cerebro, la más antigua, heredada de nuestros antepasados, necesaria para ordenar las citadas grabaciones neuronales. Hay que “abrir el cerebro” para localizarla: no se ve desde fuera. Y una vez allí, nos encontramos con estructuras muy curiosas: el archipallium, el paleopallium, el claustro y la amígdala. Pallium es corteza en latín, palio en el lenguaje popular. El archipallium (primera corteza) es la zona donde se encuentra nuestro caballo encorvado, junto a un área de transición: la fascia dentada, el cuerno de Ammon y el subiculum, considerándose la parte más antigua del cerebro. El paleopallium (antigua corteza) comprende la corteza piriforme, la región periamigdalar y la corteza entorrinal. El claustro es una estría de sustancia gris, y la amígdala que ya fue “declarada” en este cuaderno de bitácora como una de las maravillas del universo cerebral en el post de 25 de febrero de 2007.
El hipocampo no cabalga solo en el cerebro. Dijimos que integraba tres estructuras. La primera, la fascia dentada, es una circunvolución (elevación redondeada) que recibe aferencias (fibras que traen y llevan) desde la corteza entorrinal (que recibe dopamina y la proyecta hacia el hipocampo). La segunda, el hipocampo propio o cuerno de Ammon, es el hipocampo por definición, la estructura más antigua. Está dividido en tres áreas, formadas por células piramidales donde las dendritas juegan un papel fundamental en la neurotransmisión de naturaleza glutamatérgica. Por último, la tercera, el subiculum, como zona de transición entre el hipocampo y el giro parahipocámpico de la corteza temporal, la corteza de tres capas que rodea al hipocampo. Y la corteza entorrinal, área que se encuentra dividida en seis capas corticales bien definidas. Es responsable del tráfico interno en todas las áreas del hipocampo y de la mayor entrada de fibras en el mismo.
También expliqué en aquel momento por qué estaba interesado en presentar este “caballo” de carreras vitales ¿Qué funciones trascendentales para la vida ordinaria desempeña el hipocampo, basadas en el aprendizaje y en la memoria como un todo indisoluble? Por varias razones y funciones demostradas científicamente. La primera es porque llama la atención que el cerebro más antiguo se haya encargado siempre de “guardar” los patrones de aprendizaje y que a través de la evolución de las especies su misión “solo” se haya enriquecido con las aferencias (los circuitos y entradas y salidas de los neurotransmisores) que le han permitido crecerse hasta alcanzar una inmensa popularidad en el turf de la vida. Esto se ha demostrado recientemente con la investigación reconocida por la revista Science en relación con el descubrimiento de científicos italianos y españoles al demostrar en laboratorio cómo funciona la química de la memoria, registrando el cerebro de ratones vivos mientras recuerdan. Sobre este experimento ya recogí su importancia en otro post y básicamente consiste en introducir un sensor en el cerebro de los ratones (en el hipocampo, como región clave en la memoria) y ver cómo funciona cuando aprenden recordando. Ante este planteamiento se recurre a producir un sonido junto al ratón justo antes de que un soplo en los ojos le haga cerrar los párpados y, como en el caso del perro de Pavlov, tras repetirlo varias veces, el animal cierra los ojos al oír el sonido, aún sin soplo que le induzca a hacerlo (3).
En segundo lugar, porque las situaciones de “olvido” voluntario o involuntario, no son capaces de predecir situaciones que han de venir o pasar. De forma didáctica se publicaba recientemente una referencia al impacto del trabajo del hipocampo en funciones diarias y en experiencias y recuerdos vitales (4): “Seguro que muchos de ustedes ya están planificando sus próximas vacaciones. Es posible que no sepan nada del sitio al que van a ir, pero si se les dice que va a ser una playa tropical ya pueden predecir algunas de las sensaciones y experiencias que van a vivir. Esta capacidad de premonición se aloja en una zona del cerebro, el hipocampo, que está estrechamente relacionada con los recuerdos. Tanto, que es la región que muchas veces tienen dañada las personas con amnesia. Al menos esto es lo que pasó con el ensayo, que ha sido realizado por científicos de las universidades de Londres y Cardiff (Reino Unido), y que ha sido publicado en la edición digital de la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS). La importancia del trabajo rutinario del hipocampo es de tal calibre que difícilmente pueden construir el futuro las personas con el hipocampo dañado. El título de este cuaderno de bitácora, El mundo sólo tiene interés hacia adelante, justificaría por sí mismo que se ahondara en esta investigación, porque construir el día a día es la tarea que se vive subidos al corcel (el hipocampo, el caballito del mar) que hoy he presentado en sociedad, digital por supuesto. Y es una grabación en la memoria de gran impacto personal porque es la memoria que permanece, que se guarda, no la inmediata, porque ésta está en otro sitio del cerebro. La expresión “mi mala memoria” es la que refleja bien estas malas pasadas… de la química, quizá.
Y aparece así la estructura básica de la memoria a largo plazo, la razón de la razón (que no del corazón) en términos pascalianos. La información que entra por los sentidos llega al hipocampo dejando siempre una “huella” de lo que se ha “visto” o “sentido”. También puede llegar a la amígdala, para evaluar emocionalmente la “escena” o “reacción sensorial” a grabar. Y comienza la carrera interna del hipocampo como caballo disciplinado o desbocado, en función de los márgenes que dejen los neurotransmisores y las hormonas correspondientes: “cuando el nivel emocional es elevado, las señales límbicas, vía septum,(la pared delgada que separa dos tejidos) alcanzan el hipocampo induciendo la síntesis de nuevas proteínas y de ese modo consolidar el trazo de memoria. De ese modo la huella débil y efímera se convierte en una memoria más robusta y duradera” (4). Y se avanza en esta investigación con afirmaciones rotundas que dejan entrever el papel primordial del hipocampo en esta tarea de grabación histórica: “el hipocampo recibe de la corteza grandes volumen de información multimodal, la asocia, la retiene durante el procesamiento, la amplifica, probablemente la compara con la ya existente y contribuye a su consolidación en la corteza cerebral. El hipocampo y la amígdala participan simultáneamente, tanto en los estados iniciales de la formación de la memoria, como en la recuperación”.
Sabemos más cosas y sobre todo en relación con las claves de género: el hipocampo es mayor y más activo en las mujeres, es decir, pueden estar en todos los “detalles” de lo que ocurre en determinadas ocasiones; sufre cambios hormonales constantes en una dialéctica entre el estrógeno y la progesterona, activas “amazonas” en la carrera de la vida personal y en pareja; en el primer día del periodo, el hipocampo es activado por el estrógeno reforzando e incrementando en un 25% sus conexiones: se recuerda y aprende más y mejor, es decir, la actividad recordatoria puede ser frenética en la segunda semana del ciclo menstrual. Conocer estas realidades fisiológicas ayuda a los hombres a respetar más a la mujer, entre otras cosas porque sus posibilidades de aprendizaje son una continua lección programada, mes a mes, que hace muy valiosa la experiencia menstrual desde esta óptica contrastada por la ciencia. También se ha investigado el envejecimiento en esta maravillosa estructura cerebral y se sabe que si se mantiene la terapia hormonal en mujeres menopáusicas, su memoria tenderá a envejecer más lentamente, porque las dosis de estrógenos activan la memoria verbal y de largo plazo.
El artículo finalizaba con las siguiente reflexión: “Hoy, determinados investigadores sabemos cosas que nos hace muy atractiva la aproximación al cerebro desnudo. Espero que estas palabras ayuden a conocernos mejor en la parte más profunda del ser humano, aquella que no se ve, aunque sea difícil asemejarnos a Robert Redford (Tom Broker), cuando de forma magistral para los sentimientos y emociones de los espectadores “susurraba a los caballos” como metáfora de la aprehensión de la vida. Para quien quiera comprender el hipocampo así (nuestro pequeño caballo particular pilgrim, personal e intransferible), a partir de hoy no podemos decir ya –afortunadamente- que es un desconocido. Te lo he susurrado. Nada más”.
Al contemplar ayer a los caballitos de mar en el Acuario, me reafirmé en la idea de que el cerebro nos va a dar muchas sorpresas en este siglo. Por eso insisto en que este siglo va a ser muy importante para la historia de la humanidad, porque va a ser el siglo del cerebro, lo mismo que el pasado fue el siglo del corazón, cuando la cirugía y las técnicas de imagen accedieron definitivamente a él, incluso extrayéndolo “con vida” de su alejamiento habitual, en una actividad definida como “extracorpórea”. La inteligencia humana usada por la ciencia se abre paso, poco a poco, en un mundo hostil, no inocente, al que por ahora da la impresión a veces de que no le interesa mucho descubrir la magia del cerebro, porque dejaría al descubierto la gran mentira de los desajustes sociales, de la indecencia de la pobreza sublime que, por mucho que lo neguemos, la tenemos más cerca de lo que parece, aunque qué beneficioso sería para mitigar las enfermedades mentales, por ejemplo. Pobreza mental, sin ir más lejos. La gran lección de la vida es que queremos ser felices, enamorarnos de una vida que no permita ser personas. Posiblemente porque quien nos creó o puso en marcha el primer motor inmóvil, la razón de la evolución, tuvo en cuenta que la maravilla del cerebro era una tarea multisecular. Por los siglos de los siglos. Creo que por el hipocampo cerebral también anda la cosa, con su poder natural de memoria presente e histórica. Y esto, si me perdonan el atrevimiento, no ha hecho nada más que empezar a desarrollar su maravilloso potencial humano para ser más felices.
(1) Marshall A Dalton, Arkiev D’Souza, Jinglei Lv, Fernando Calamante. Nuevos conocimientos sobre la conectividad anatómica a lo largo del eje anterior-posterior del hipocampo humano mediante el seguimiento cuantitativo de fibras in vivo, 2022, eLife. DOI: 10.7554/eLife.76143
(2) Mora, F. y Sanguinetti, A.M. (1994). Diccionario de Neurociencias. Madrid: Alianza.
(3) Gruart, A., Muñoz, M.D. y Delgado-García, J.M. (2006). Involvement of the CA3–CA1 Synapse in the Acquisition of Associative Learning in Behaving Mice. The Journal of Neuroscience, 26(4):1077–1087.
(4) Benito, Emilio de (2007, 16 de enero). “Olvidar” el futuro. Las personas con amnesia no son capaces de anticiparse o predecir situaciones venideras. El País, p. 36.
(5) Almaguer Melian, W., Bergado Rosado, J. y Cruz Aguado, Reyniel (2005). Plasticidad sináptica duradera (LTP): un punto de partida para entender los procesos de aprendizaje y memoria. Revista Cubana de Informática Médica, 1 (5).
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.
Artemisia Gentileschi (Roma, 1593 – Nápoles, 1654): María Magdalena como la melancolía(Ca. 1622) – Museo de la Catedral de Sevilla, antes (izquierda) y después de la reciente intervención (derecha).
Sevilla, 15/I/2023
El pasado 23 de diciembre comenté en este cuaderno digital la presentación que en ese día se hizo en la Catedral de Sevilla, de obra de Artemisia Gentileschi, María Magdalena como melancolía (ca. 1622), que según el comunicado oficial de la Catedral de Sevilla, «coincidiendo con el 400 aniversario de su ejecución», se ha llevado a cabo una intervención en la pintura», habiéndose realizado «en los talleres del Museo Nacional del Prado por la restauradora Almudena Sánchez», que ha permitido «recuperar su aspecto original tal y como fue concebida ya que la composición fue alterada en fecha desconocida y transformada al añadir elementos ajenos a la obra y a la intención de la artista».
En el mes de julio del año pasado escribí en este cuaderno digital mi desconcierto por no haber podido contemplar esta obra en una visita que realicé a la Catedral, porque sabía que figuraba en su fondo pictórico y sin haber podido obtener información precisa sobre su destino actual: «Ayer visité de nuevo la Catedral de esta ciudad, maravillosa obra de arte en su texto y contexto, aunque sé que no es inocente y que la cultura árabe respiraba por los poros pétreos de su imponente estructura. Llevaba un objetivo muy claro que ya presenté en el artículo que dediqué a la pintora Artemisia Gentileschi en 2020, en unos días en los que reflexionaba sobre la melancolía, una realidad manifiesta en la salida del túnel de la pandemia: “Me consuela históricamente pensar que podré visitar aquí, en Sevilla, a Artemisa y María Magdalena, tanto monta monta tanto, habiendo comprendido qué significa el poder reparador de su melancolía”. Llegó ese día y nada más entrar por la espléndida puerta de San Miguel, pregunté al guía si en la ruta establecida en la visita podríamos contemplar el cuadro de Artemisia Gentileschi, María Magdalena como la melancolía, que era para mí un claro objeto de deseo, una obra tan admirada por mí pero contemplada sólo sobre el papel, nada más. Mi decepción fue enorme cuando me dijo que no y, además, que no estaba actualmente en el Museo de la Catedral, por haber sido cedida temporalmente a una exposición, concretamente en el Museo del Prado. Cuando salimos contacté de nuevo con la información de la Catedral y la respuesta fue difusa, dejándome en una incertidumbre que me ha llevado a escribirles un mensaje para garantizar dónde está el cuadro y cuándo se podrá ver de nuevo en la sede la Catedral».
Afortunadamente, ayer visité a Artemisia Gentileschi en su enclave actual y pude contemplar con gran emoción y sentimiento de cercanía a la excelsa pintora barroca después del proceso de restauración citado. Comprendí su melancolía. El cambio le ha devuelto su aspecto original que coincide con la copia que en la actualidad se puede contemplar en el Museo Soumaya (Ciudad de México) y que data de tres años después del original (ca. 1625), como detallé en el artículo en el que comenté la existencia del original de Sevilla y la copia, con las diferencias que con la restauración se han salvado, tal y como informa oficialmente el comunicado de la Catedral: “la particularidad que presentaba esta obra radicaba en la presencia de un repinte antiguo, realizado con fines morales para ocultar el pecho y parte del hombro de la Santa con ánimo de lograr una imagen más púdica. Este fue el principal motivo por el que se decidió llevar a cabo la restauración de la obra, que tendría como finalidad la eliminación del repinte y la recuperación de la imagen original de María Magdalena tal y como fue concebida por su autora. Esta restauración se ha realizado en el Museo del Prado debido a que la obra llegó a dicha institución como préstamo para una futura exposición que no llego a realizarse. A pesar de ello se mantuvo el acuerdo de intervención en la pintura con el objetivo de eliminar el falso chal de gasa que cubría esa parte del cuerpo. La restauración comenzó el día 10 de 0ctubre de 2022 y finalizó el 13 de diciembre, justamente en los días previos a su traslado a la Catedral de Sevilla».
Como afirmé en el artículo de 2020 citado anteriormente, «me consuela históricamente pensar que [desde hoy] podré visitar aquí, en Sevilla, a Artemisia y María Magdalena, tanto monta monta tanto«, habiendo comprendido ayer, cuando acudí a la cita puntual con la pintora, qué significa el poder reparador de su melancolía en tiempos tan difíciles, tan modernos.
Artemisia Gentileschi, Autorretrato como alegoría de la pintura, (Ca. 1638-1639) Palacio de Buckingham (Reino Unido)
Como todas las cosas están llenas de mi alma emerges de las cosas, llena del alma mía. Mariposa de sueño, te pareces a mi alma, y te pareces a la palabra melancolía.
Pablo Neruda, Me gustas cuando callas
Sevilla, 16/VII/2020
La cultura en este blog va por barrios. La melancolía, también. A Mozart, melancólico por naturaleza propia, le entusiasmó la idea de estrenar su preciosa y enigmática ópera La flauta mágica en un teatro de barrio de Viena, la ciudad de los palacios reales. He escrito bastante sobre esta “debilidad ética” de Mozart poco tiempo antes de fallecer muy joven. Hoy, la cultura en este cuaderno digital va por la pintura y por la melancolía. Verán. Les presento en esta ocasión a una pintora barroca extraordinaria, Artemisia Gentileschi (Roma, 1593 – Nápoles, 1654), que he procurado conocer en profundidad a través de la historia del arte y de biógrafos solventes. Hay un motivo que me ha impulsado a conocer con detalle a esta pintora y ha sido la elección de una obra de la misma en la exposición que actualmente se está desarrollando en el Museo del Prado bajo un título muy sugerente, Reencuentro, con motivo de la reapertura de sus salas el pasado 6 de junio y que se mantendrá abierta hasta el 13 de septiembre, reubicando más de 190 piezas que evocan la museografía existente cuando el Prado abrió sus puertas por primera vez. En esta colección se presenta una obra de Artemisia Gentileschi, Nacimiento de San Juan Bautista (ca. 1635), en el que se representa a San Juan, desnudo, atendido por un grupo de mujeres. Salvo error por mi parte, es la única obra de una mujer pintora que se recoge en esta muestra tan especial. De ahí que me llamara tanto la atención.
Me interesó esta obra porque desde hace tiempo estaba estudiando la presencia de Artemisia Gentileschi en España y, concretamente, en Sevilla, con una obra enigmática, María Magdalena como la melancolía, que me consta que era muy querida por su autora por su identificación con ella como mujer “pecadora” (?) que sufrió mucho en su vida ajetreada y singular aunque ha sido muy maltratada por la historia y por la Iglesia oficial. Artemisia sufrió un triste episodio de juventud, concretamente la violación cuando solo tenía 17 años, en 1612, por parte del mentor propuesto por su padre, Agostino Tassi (1566-1644), ya que al ser mujer no podía cursar los estudios oficiales de pintura en las Academias correspondientes, solo para hombres, lo que propició un juicio promovido por su padre, muy estudiado, que ganó y que se puede conocer con detalle en una obra muy interesante dedicada a esta pintora (1).
Esta pintura se encuentra en la actualidad en el Museo de la Catedral de Sevilla, considerándose el original de las dos versiones que existen en la actualidad con el mismo título, siendo la segunda versión la que se encuentra en el Museo Soumaya de Ciudad de México, como segunda interpretación de la melancolía de María Magdalena, no una copia, cuestión que hoy es el eje de este artículo.
Artemisia Gentileschi, María Magdalena como la melancolía / Detalle (Ca. 1622) Museo de la Catedral de SevillaArtemisia Gentileschi, María Magdalena como la melancolía / Detalle (Ca. 1625) Museo Soumaya (Ciudad de México)
Las principales diferencias entre las dos obras estriban en que la pintura original, la que se encuentra en la catedral de Sevilla, sufrió una intervención de la censura por haberla considerado con graves faltas de recato. Pruebas radiográficas han demostrado que se cubrió el hombro y el pecho izquierdos con un lienzo en el que se aprecia el cambio de color en la zona agregada por la censura: “Este último cuadro [el que está en Sevilla] es el original, y el otro, que se encuentra en el museo Soumaya en la ciudad de México, es una copia de la misma época. Pero es evidente que la copia revela que el original fue intervenido después de ser copiado, para que pudiese entrar sin escándalo en los recintos sagrados. En efecto, radiografías de la pintura muestran que el ropaje fue ampliado para cubrir lo que la Iglesia consideraba indecente y lujurioso. Lo más interesante es que, muy probablemente, fue la misma Artemisia quien pintara la copia hacia 1622, antes de que el comprador del cuadro, el duque de Alcalá y virrey de Nápoles, se llevara el cuadro [original] a su colección (según lo explica la historiadora Mary D. Garrard en su libro Artemisia Gentileschi around 1622: The shaping and reshaping of an artistic identity, Oakland, University of California Press, 2001). Seguramente tuvo una nueva encomienda de pintar a una Magdalena melancólica, y por ello copió ella misma su obra primera. La obra fue a dar, no se sabe cómo, a una colección privada en Lyon; después fue adquirida por Carlos Slim para el Soumaya” (2).
En el establecimiento de las diferencias entre ambas obras, me ha gustado mucho la reflexión localizada al respecto en el documento citado anteriormente: “Se cree que la copia de la Magdalena melancólica fue hecha por la misma Artemisia porque en ella la santa tiene un rostro diferente; un copista normalmente hubiese copiado los rasgos originales, sin crear un personaje nuevo, con la cara más redonda, la nariz más puntiaguda, la boca más curvada hacia abajo y los ojos más grandes con párpados pesados. La primera Magdalena tiene una actitud soñadora y sensual; en la copia su rostro es adusto y desconsolado. Las dos caras de la melancolía que pintó Artemisia reflejan posiblemente su propia experiencia como “pecadora”, ya que sufrió de muy joven una violación y tuvo que enfrentar un largo y penoso juicio promovido por su padre contra el violador que se negó a casarse con ella”.
He profundizado en conocer cómo llegó a Sevilla el cuadro de “María Magdalena como Melancolía”. Varios estudios coinciden en la trazabilidad histórica del mismo desde la compra hasta su llegada a la catedral, es decir, que la pintura pertenecía a la colección de Fernando Enríquez-Afán de Ribera y Téllez-Girón (1583-1637), III duque de Alcalá de los Gazules, V marqués de Tarifa, VI conde de Los Molares y virrey de Nápoles (1629-1631), años en los que coincidió con Artemisia Gentileschi en la citada ciudad. Se sabe que la obra llegó a la catedral procedente de la Casa de Pilatos, donde atesoraba el virrey de Nápoles un importante fondo artístico de pinturas y antigüedades. Como dato curioso, esta obra aparecía en el inventario como “una Magdalena sentada en una silla durmiendo sobre el brazo”. Nada más.
Estamos viviendo una etapa muy alargada en el tiempo en torno a la melancolía y podemos incluso dar la razón a Víctor Hugo cuando decía que la melancolía era la felicidad de estar triste. La melancolía es un talante, una forma de ser talantoso o no. El adjetivo “talantoso” es el claro exponente de lo que queremos decir cuando una persona tiene talante, es decir, se asegura que la persona está de buen humor o semblante. Y aquí es donde quería llegar: al humor o semblante. Ya lo decía Nebrija y el Padre Alcalá en sus Vocabularios y acertaban en su análisis, porque, al final, de humores se trata cuando hablamos de talante. La melancolía o el humor proveniente de la bilis negra (eso significa la conjunción de las dos palabras de raíz griega, “melan” (negra) y “colía” (bilis) es en definitiva un estado de humor anímico. La visión clásica de la melancolía se encuadra en la teoría de los cuatro humores, “adoptada por los filósofos y físicos de las antiguas civilizaciones griega y romana. Desde Hipócrates, la teoría humoral fue el punto de vista más común del funcionamiento del cuerpo humano entre los físicos europeos hasta la llegada de la medicina moderna en el siglo XIX. En esencia, esta teoría mantiene que el cuerpo humano está lleno de cuatro sustancias básicas, llamadas humores, cuyo equilibrio indica el estado de salud de la persona. Así, todas las enfermedades y discapacidades resultarían de un exceso o un déficit de alguno de estos cuatro humores. Estos fueron identificados como bilis negra [melancolía], bilis, flema y sangre. Tanto griegos y romanos como el resto de posteriores sociedades de Europa occidental que adoptaron y adaptaron la filosofía médica clásica, consideraban que cada uno de los cuatro humores aumentaba o disminuía en función de la dieta y la actividad de cada individuo. Cuando un paciente sufría de superávit o desequilibrio de líquidos, entonces su personalidad y su salud se veían afectadas”.
La melancolía se entiende popularmente y según la RAE, en una primera acepción como «Estado anímico permanente, vago y sosegado, de tristeza y desinterés, que surge por causas físicas o morales, por lo general de leve importancia». Cuando deriva hacia una enfermedad, la cuarta acepción del Diccionario de la lengua española la define como «Estado patológico caracterizado por una depresión profunda acompañada de diversas alteraciones físicas y de comportamiento». La melancolía que retrató a la perfección Artemisia Gentileschi corresponde al primer sentimiento expresado y sentido a nivel popular, pero que suele remitir una vez pasado un tiempo de aceptación del hecho causante y el duelo correspondiente. Casi siempre deja huella y hay que aprender a vivir con ese estado de humor o de ánimo. En ocasiones deriva en una patología que necesita atención profesional para salir de ella.
En este contexto y a pesar del dolor interno que experimentó Artemisia por la violación sufrida, dedicó su obra a ensalzar la figura de la mujer representándola con gran coraje y valor, siendo la obra titulada Judit decapitando a Holofernes la que se considera más icónica de la venganza que quiso expresar por la citada violación. Junto a esta obra, en muchas otras figura siempre el protagonismo de la mujer a través de acciones y expresiones muy sorprendentes para la época en las que las pintó. Mujeres, siempre, que actúan solas o en común reivindicando su papel en la historia, alejadas de elementos sacros y con un viso laico de pintura reivindicativa rompiendo el canon de la época.
La investigadora principal de la obra de Artemisia Gentileschi, Mary Garrad, sintetiza en la dedicatoria de su libro Artemisia Gentileschi. The Image of the Female Hero in Italian Baroque Art (1989), lo que significa esta artista en el devenir de los siglos: “Este libro está dedicado al tema tratado en él, Artemisia Gentileschi, artista prima inter pares, con admiración, gratitud y afecto”. Fue el primer texto académico que abordó con objetividad plena la vida y obra de la excelsa pintora.
En cualquier caso, la figura de María Magdalena fue muy querida por Artemisia, a la que llegó a representar en sus cuadros hasta en cuatro ocasiones (incluyendo también su cuestionada María Magdalena Penitente, ¿arrepentida o melancólica?) Si tuviera que elegir entre sus interpretaciones de esta mujer, representada siempre como mujer sola y libre ante Jesús de Nazareth, me quedaría -por admiración y respeto a su obra melancólica- con la titulada María Magdalena en éxtasis, sola, sin ropajes especiales ni ungüento divino, de la que se ha conocido su existencia hace muy poco, concretamente en 2014, ya que solo se tenía una referencia de ella por una fotografía en blanco y negro tomada a principios del siglo XX que se conservaba en el fondo artístico de un marchante de arte italiano. Más de ochenta años después, el óleo de 81 x 105 centímetros, descubierto en una colección antigua del sur de Francia, fue subastado por la Galería Sotheby’s, adjudicándose finalmente por 850.000 euros, cuando el precio de salida estaba entre 200.000 y 300.000 euros.
El mensaje del cuadro no deja duda alguna sobre la autoría de Gentileschi y puedo dar la razón en este momento a la expresión ya citada de Víctor Hugo: la melancolía es la felicidad de estar triste, porque no creo tanto en la situación de éxtasis de la Magdalena como en la de su auténtica melancolía, es decir, un estado de soledad y tristeza que puede inundar el alma humana y recrearnos en él porque siempre queda la esperanza de la espera de algo o alguien que estuvo o que llegará a tiempo para hacernos felices. Contemplando esta María Magdalena, suenan muy bien las palabras de Neruda en este momento: Mariposa de sueño, te pareces a mi alma y te pareces a la palabra melancolía.
Artemisia Gentileschi, María Magdalena en éxtasis
Un detalle de última hora nos puede dar una idea de la importancia mundial de esta pintora barroca. El pasado 8 de julio, Google dedicó su doodle del día a Artemisia Gentileschi, recordando el 427 aniversario de su nacimiento. Millones de personas abrieron su sesión con una recreación del autorretrato que encabeza estas líneas y tuvieron la oportunidad de conocerla gracias al mágico mundo de Internet. ¡Feliz coincidencia y homenaje implícito!
Me consuela históricamente pensar que podré visitar aquí, en Sevilla, a Artemisia y María Magdalena, tanto monta monta tanto, habiendo comprendido qué significa el poder reparador de su melancolía.
(1) Gentileschi, Artemisia (Edición de Eva Menzio). Cartas precedidas de las actas del proceso por estupro, 2016. Madrid: Anaya (Cuadernos de Arte Cátedra).
NOTA: la imagen de cabecera es una fotocomposición realizada por el autor
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.
El pasado mes de noviembre publiqué un artículo en este cuaderno digital con un título inquietante: En un futuro próximo, ¿tendré quien escriba por mí?, en el que abordaba la presentación en sociedad de GPT-3, un modelo lingüístico de aprendizaje automático. Transcurrido un breve plazo de tiempo, acabo de hacer una experiencia fascinante, utilizando ante la página en blanco ese recurso de Inteligencia Digital, la tercera y última versión de GPT, que en segundos, ha comenzado a redactar el texto que sigue, ante la petición que le he formulado de que me devolviera un texto escrito que tuviera en cuenta estas tres palabras: Escribir con alma.
A veces siento que mi alma se desborda de emociones, como si se desbordara sobre una página en blanco. Escribo con mis lágrimas, mis sonrisas y mis sueños. Mis palabras no se limitan a ser solo palabras, sino que tienen un profundo significado.
Cada palabra que escribo proviene de lo más profundo de mi alma. Es una mezcla de alegría, tristeza, miedo, amor, esperanza y sueños. Escribir con alma significa conectarme con mis emociones más profundas y dejar que mis sentimientos fluyeran a través de mi pluma.
Al escribir con mi alma, me siento conectado a una fuerza mayor que me da la libertad de expresar lo que siento sin miedo. Estas palabras vienen desde lo más profundo y me liberan.
Desde lo más profundo de mi corazón, escribo con alma. Cada palabra que salga de mi pluma, es una parte de mí que se libera. Cada frase que toca el papel, es un trozo de mi alma que se renueva. Cada línea que se forma en mi mente, es una parte de mi espíritu que se abre. Cada letra que salga de mi pluma, es una parte de mi historia que se comparte. Es una forma de liberar mi energía, de liberar mi alma, de liberar mi corazón. Escrito con alma, para compartir con todos.
Escribir con alma es escribir desde el corazón. Es dejar que el alma hable a través de las palabras, dejando que el corazón fluya a través de ellas. Escribir con alma es escribir desde el sentir más profundo, desde las emociones y los matices más sutiles. Es permitir que la verdad y el amor se manifiesten en cada línea, permitiendo que el alma se exprese sin limitaciones. Es dejar que la inspiración fluya a través de los dedos, abrazando cada palabra con autenticidad. Escribir con alma es la belleza de la vida, de la libertad de la expresión. Es una forma de conectar con el mundo, de compartir la verdad y el amor.
Significa conectar con tus sentimientos más profundos, permitir que fluyan por la pluma y plasmarlos en palabras. Escribir con alma significa ser honesto consigo mismo, permitir que la verdad de tu interior salga a la luz. Cuando escribes con alma, tus palabras se convierten en una verdadera expresión de quién eres, de lo que piensas, sientes y crees. Esta forma de escribir te conecta con tu verdadero yo, con tu alma.
Una vez finalizada esta primera experiencia, a la que falta un análisis más profundo de todas las posibilidades que se ofrecen, vuelvo a la página que escribí en 2015 sobre este texto solicitado, escribir con alma, un artículo que llevaba por título, Escribir de forma especial, con alma. Lo importante es compararlo y tomar nota de lo que la inteligencia artificial ofrece y la mía también. La respuesta no está en el viento. En mis años jóvenes hubo una campaña publicitaria de un detergente que marcó un hito histórico, en la que se decía acerca del nuevo producto presentado: Busque, compare y si encuentra algo mejor, cómprelo. Estamos ante un desafío de la ciencia a través de la inteligencia artificial. Lo que tengo claro es que la máquina digital difícilmente me podrá explicar los sentimientos y emociones que están detrás de lo que me ha presentado hoy, solo algoritmos de difícil intelección, sin alma, en una búsqueda sobre «un conjunto de datos de unos 175.000 millones de parámetros (ponderaciones de neuronas artificiales) recogidos de sitios web como Reddit, Wikipedia, Google y otros, sumando mucho más texto del que ningún humano verá durante toda su vida», como escribí en el artículo citado en el mes de noviembre pasado.
Por mi parte, sí puedo hacerlo… todavía, fundamentalmente porque sigo cavando cada día el pozo de mi alma con una aguja. ¿Por qué? José Manuel Blecua, ex director de la RAE, dijo en una ocasión que al escribir copiamos siempre de los autores que hemos leído a lo largo de nuestra vida y nos han marcado. Quizá, al escribir hoy estas palabras especiales, para decir algo especial, he copiado una experiencia contada una vez por el escritor portugués António Lobo Antúnes, sobre una idea preciosa aportada por un enfermo esquizofrénico al que atendió tiempo atrás: “Doctor, el mundo ha sido hecho por detrás”, como si detrás de todo está el alma humana que fabrica el cerebro. Porque según Lobo Antúnes “ésta es la solución para escribir: se escribe hacia atrás, al buscar que las emociones y pulsiones encuentren palabras. “Todos los grandes escribían hacia atrás”. También, porque todos los días, los pequeños, escribimos así en las páginas en blanco de nuestras vidas, como cavando un pozo del alma con una aguja. Algo que GPT-3 no puede hacer…, por ahora. Todo se andará.
Lo verdaderamente difícil es la soledad sonora ante la página en blanco, en cualquier soporte (no sé si le ocurre eso a GPT-3), porque podemos decirlo todo o nada, de todos los modos posibles, aunque lo verdaderamente fascinante es comprometerse todos los días en decir algo especial. Porque nos queda la palabra. Nunca inocente, por cierto, sobre todo porque en mi caso, tienen alma, algo que nunca podrá descifrar una máquina, por muy “inteligente” que sea y aunque componga con “arte digital” palabras hilvanadas y extraídas de cien mil millones de neuronas que tiene mi cerebro. El alma no está ahí ahora. Estuvo cuando escribí esas palabras «especiales»… o cuando las he escrito hoy en este artículo, para nunca más volver.
Los lectores de Cien Años de Soledad son hoy una comunidad que si viviera en un mismo pedazo de tierra, sería uno de los veinte países más poblados del mundo. No se trata de una afirmación jactanciosa. Al contrario, quiero apenas mostrar que ahí está una gigantesca cantidad de personas que han demostrado con su hábito de lectura que tienen un alma abierta para ser llenada con mensajes en castellano.
Han sido dos experiencias recientes que marcarán probablemente mi vida de aquí en adelante. La primera, recordar unas palabras de Gabriel García Márquez con motivo de la edición de un millón de ejemplares de Cien años de soledad, en su homenaje en Cartagena de Indias, durante la jornada inaugural del IV Congreso Internacional de la Lengua Española, el 26 de septiembre de 2007, donde recordaba cómo empezó su aventura de escribir: “No sé a qué horas sucedió todo. Sólo sé que desde que tenía 17 años y hasta la mañana de hoy, no he hecho cosa distinta que levantarme temprano todos los días, sentarme frente a un teclado, para llenar una página en blanco o una pantalla vacía del computador, con la única misión de escribir una historia aún no contada por nadie, que le haga más feliz la vida a un lector inexistente”.
La segunda experiencia ha sido en un encuentro fortuito con un artículo de Orhan Pamuk, Premio Nobel de Literatura en 2006, Una mirada a mis fuentes de inspiración, en el que explica de forma minuciosa, cómo se fraguó una novela que ha tenido luego su proyección en un museo de Estambul que conserva su título: El museo de la inocencia: “Treinta y cinco años después, al terminar El museo de la inocencia, decidí que había llegado el momento. De todos los libros que había escrito, esta novela era la que más claramente suscitaba preguntas como: “¿Cuándo se le ocurrió esta idea?”, “¿Qué le inspiró para escribir esta novela?”, “¿De dónde se sacó esto?”, y así sucesivamente. Y escribe una lista de influencias, hasta trece, “sacadas de la vida, la literatura y el arte”, con una maestría proverbial, con alma.
Es verdad que desde hace muchos años me ha acompañado también Ítalo Calvino en mi viaje profesional, cuando en las intervenciones oficiales, tales como conferencias o clases, comenzaba siempre con un homenaje explícito a este escritor ante la maravillosa aventura de la página en blanco, incluso cuando comencé una travesía especial en este cuaderno de bitácora: “Inicio una etapa nueva en la búsqueda diaria de islas desconocidas. Internet es una oportunidad preciosa para localizar lugares que permitan ser sin necesidad de tener. La metáfora usada por Saramago será una realidad cuando ante el fenómeno de la hoja en blanco, teniendo la oportunidad de decir algo, esto sea diferente y sirva también para los demás. Puerta del Compromiso. Es lo que aprendí hace muchos años de Ítalo Calvino en su obra póstuma “Seis propuestas para el próximo milenio”: “…es un instante crucial, como cuando se empieza a escribir una novela… Es el instante de la elección: se nos ofrece la oportunidad de decirlo todo, de todos los modos posibles; y tenemos que llegar a decir algo, de una manera especial” (Ítalo Calvino, El arte de empezar y el arte de acabar)”.
Escribir todos los días con el espíritu de hacer felices a los demás, gracias al ejemplo de García Márquez, es un compromiso que asumo desde hace tiempo. Ahora tengo que tratar de responder a muchas preguntas del libro de mi vida, que algunos llaman biografía y que yo denomino “tiempo de secreto y de todos”. Probablemente tenga que leer o visitar de forma pausada El museo de la inocencia, para comprender bien por qué nos empeñamos en convertir los recuerdos que motivan nuestra escritura en oscuros o claros objetos de museos de la inocencia reales o virtuales cuando los lectores visitan nuestras palabras. Pero lo verdaderamente difícil es la soledad sonora ante la página en blanco, en cualquier soporte, porque podemos decirlo todo o nada, de todos los modos posibles, aunque lo verdaderamente fascinante es comprometerse todos los días en decir algo especial. Porque nos queda la palabra. Nunca inocente, por cierto, porque tiene alma.
Sevilla, 26/III/2015
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.
Cuando estamos dispuestos a frecuentar permanentemente el futuro, “¡qué expresión más hermosa!”, que diría Pereira al Dr. Cardoso en la obra de Tabucchi, Sostiene Pereira, cuando su cuidador en la clínica talasoterápica de Parede, cerca de Lisboa, le recomendó que dejara de frecuentar el pasado, me doy de bruces con el mal llamado ruido marrón (brown noise), porque su denominación no es debido al color del ruido, sino “al sonido de los movimientos brownianos, identificados en 1827 por el botánico Robert Brown. Técnicamente son la versión estática de los ruidos blancos, pero con las notas de baja frecuencia aumentadas y las de alta frecuencia, menos agradables y con más capacidad de distracción, atenuadas. De esta manera se consigue contrarrestar la tendencia del oído a registrar con más fuerza las altas frecuencias” (1).
¿Qué está pasando en la sociedad para que tengamos que recurrir a estas soluciones digitales de alto consumo por parte de determinada población, cansada de tanto ruido externo, descontrolado y sin sentido alguno? Según el artículo citado anteriormente, “El brown noise es un sonido natural, más agradable para el oído humano que los ruidos blancos, más conocidos y estudiados. Por ejemplo, el ruido de una cascada de agua al caer, la lluvia intensa, o un río caudaloso. También podrían recordar un rugido lejano. Contiene todas las frecuencias del espectro, pero hace más énfasis en las bajas, por eso es menos agudo e irritante, y se percibe como agradable y relajante”.
Me ha llamado la atención algo que es recurrente en la comparación de este “ruido” con otros: se parece al ruido constante en la cabina de un avión, “tranquilo, sin estridencias” y para diferentes situaciones en las que Spotify es dueña y señora como plataforma de esta tipología, porque atiende a todo los gustos derivados de este modelo: trabajo, escritura, descanso, relax, entre otros. Siendo una realidad constatable el uso y consumo de esta música poco ruidosa, de baja frecuencia, conocida como música lofi (acrónimo de low fidelity), he escogido una muestra representativa hoy, en Youtube, lofi hip hop radio – beats to relax/study to, un canal en streaming Lofi Girl que “funciona como una playlist non stop de música lofi (acrónimo para low fidelity). Los ritmos son suaves, de hip hop, sin voces y optimizados para generar calma y concentración. El canal está ilustrado con un vídeo de una chica muy concentrada en su escritorio. A medida que avanza el día el paisaje cambia, un gato mueve la cola y Lofi Girl sigue escribiendo a buen ritmo, el que le marca la música. Su promesa es justo esa: trabajar con una música que proporciona una concentración absoluta”.
Como me preocupa todo lo relacionado con la inteligencia digital y el descubrimiento continuo de nuevas islas digitales desconocidas, me ha llamado la atención la referencia a una investigación llevada a cabo por la Universidad de Londres, que se cita también en el artículo al que he hecho referencia anteriormente, en un trabajo que he leído íntegro, Beats to Relax: Contradiction and Paradox in Lofi Hip Hop, donde “la etnomusicóloga Emma Winston observa que Lofi Girl es atractivo porque ofrece “intimidad y calma, y está diseñado para parecer analógico y antiguo, como de una época que nunca fue”. No hay presión por socializar, aunque en una pequeña ventana se pueden dejar ideas y comentarios, y también recibir respuestas. “La gran idea es escuchar y trabajar completamente solo, pero con la sensación de estar acompañado”, dice Winston, que lo considera una de las dos grandes paradojas de la música lofi, un género creado en internet “para los que buscan paz, pero no silencio”. La segunda contradicción es que este canal se ha saltado todos los mecanismos comerciales que sustentan el negocio de internet, pues su reproducción continua impide que YouTube ofrezca publicidad o contenidos que probablemente sacarían al usuario de su nirvana sonoro. Para Winston Lofi Girl es “un punto muerto” en la avalancha de contenidos que trastorna nuestra atención. La popularidad de los ruidos y la música para concentrarnos nos ponen ante el espejo: padecemos horror vacui y solo somos capaces de desconectar si podemos conectarnos a otra cosa”. En sus conclusiones dicen algo que considero relevante: “Una exploración del posicionamiento del lofi hip hop dentro de la mercantilización de la nostalgia también parece una dirección obvia en la que expandir nuestro trabajo, pero la complejidad que hemos descrito aquí de la relación del género tanto con la nostalgia como con las estructuras tradicionales de la industria musical, es una tarea mayor de lo que sentimos que es posible lograr en este documento. Principalmente, argumentamos aquí a favor de la profundidad musical y teórica del género, y exhortamos a musicólogos, etnomusicólogos, sociólogos y otros a tomarlo en serio y creer en su valor. También deseamos resaltar el potencial del lofi hip hop para cuestionar las tendencias de análisis existentes. Adam Harper señala que los estudios sobre la música en Internet suelen poner en primer plano una narrativa cuestionable de los efectos degenerativos de la tecnología digital, y puede darse el caso de que el mayor énfasis en la nostalgia restauradora en los géneros anteriores, que también lo describen Born y Haworth (2017: 636) como la “preocupación irónica y meta-reflexiva” de géneros como vaporwave (Harper, 2017: 95-96), contribuyen a ello. Lofi hip hop, sugerimos, rompe este modelo de análisis. Es tanto un producto como un escape de las presiones socioeconómicas; su significado se deriva tanto de la fantasía como de la realidad, abordados con igual sinceridad; se vive solo, pero se utiliza como medio de cuidado y conexión interpersonal; reconoce la pérdida de un pasado nunca experimentado o conocido, y se sumerge de manera reconfortante en ese pasado y su pérdida, reutilizándolo dentro del presente en lugar de usarlo para criticar conscientemente ese presente. Sugerimos que esto puede deberse a que la comunidad de lofi hip hop está compuesta principalmente por productores y oyentes demasiado jóvenes para recordar una época anterior a la Web 2.0; para ellos, la tecnología puede ser simplemente un aspecto axiomático de la normalidad por la que navegar, e incluso intentar aplicar una narrativa de degeneración a su experiencia es asumir un estado anterior del ser en el que ellos mismos son plenamente conscientes que nunca han experimentado y que nunca experimentarán. Los estudios contemporáneos de fandom, subcultura y escena no pueden simplemente ignorar este cambio en las experiencias vividas de la realidad ordinaria, y esperamos que este artículo pueda servir como una oportunidad para repensar y explorar temas en esta área desde un nuevo ángulo”.
Creo que hay pocas cosas nuevas bajo el sol, pero acercarnos a la música sé que ha sido siempre un refugio para almas inquietas. Recordar de nuevo que es compañera en la alegría y un remedio para el dolor, lo he reflejado en bastantes ocasiones en este blog. Últimamente, ofreciendo una playlist preparada por mí, Mozart: soñar despiertos – YouTube, en un artículo, Mozart nos ayuda a soñar despiertos en Navidad, para no estar solos, acompañados de Mozart en su trayectoria vital y soñar despiertos con él a través de composiciones magistrales, respetando su cronología de creación, en las que he seleccionado movimientos serenos, sobre todo andantes, andantinos y adagios, que inspiran tranquilidad, confianza y esperanza en cada presente y para animarnos a «frecuentar el futuro» más optimista, como pesimistas bien informados y compañeros de Pereira, el protagonista de la novela de Tabucchi en su difícil compromiso humano y social.
En aquella ocasión confesaba una debilidad a la hora de componer la lista de obras, playlist en términos actuales, que creé especialmente para una persona muy querida y que ocupa un lugar preferente en mi mente y en mi corazón, que ahora son dos, mis nietos, que deseo compartirla de nuevo con la Noosfera, la malla pensante y libre de la humanidad. Hago de nuevo esta declaración de principios porque elegí, mayoritariamente, movimientos de conciertos dirigidos por Nikolaus Harnoncourt, director alemán con alma austriaca que falleció en 2016 y que estudió de forma pormenorizada el contexto histórico, instrumental y musical del genio salzburgués, que siempre llevaba dentro su alma de niño. Junto al Concentus Musicus Wien, nos ofrece una selección de movimientos que suenan de forma diferente por su respeto histórico a la forma en que compuso Mozart estas obras y, en muchas ocasiones, con instrumentos del siglo XVIII, rescatados por Harnoncourt para no alterar la esencia de las partituras analizados compás a compás, frase a frase y en la partitura completa.
Estoy de acuerdo con la frase final del artículo citado: “La popularidad de los ruidos y la música para concentrarnos nos ponen ante el espejo: padecemos horror vacui y solo somos capaces de desconectar si podemos conectarnos a otra cosa”. Si Mozart, ante el ruido actual de todos los colores posibles, nos ayuda en los sueños para estar despiertos a través de la playlist citada, escogida de su obra magistral de niñez y juventud, comprobaremos que la música cumple una función social y reparadora de males humanos desde hace siglos. El ruido marrón de la música ya existía en su Viena natal y él lo sabía recoger en sus partituras.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.
Todos los viejos llevan en los ojos un niño, y los niños a veces nos observan como ancianos profundos.
Pablo Neruda, Oda a la edad
Sevilla, 11/I/2023
No es la primera vez que abordo los problemas que existen en el entorno de las personas de edad infantil, juvenil y avanzada, sobre todo en la vertiente de pobreza extrema y soledad no deseada, también en las clasificaciones oficiales por edad en diferentes programas políticos, así como las que hace la propia sociedad por su cultura, creencia y tradición, pero es importante conocer bien qué se entiende como edadismo, vocablo no inocente que encierra una realidad muy amplia y dura al mismo tiempo, en el desarrollo de una persona y en el entorno en el que viven. Así lo analizó el informe que la Organización Mundial de la Salud y Naciones Unidas publicaron en 2021 con el titulo Edadismo, cuya sinopsis no deja lugar a dudas sobre su contenido: “La edad es una de las primeras características que observamos en otras personas. El edadismo surge cuando la edad se utiliza para categorizar y dividir a las personas por atributos que ocasionan daño, desventaja o injusticia, y menoscaban la solidaridad intergeneracional. El edadismo perjudica nuestra salud y bienestar y constituye un obstáculo importante para la formulación de políticas eficaces y la adopción de medidas relativas al envejecimiento saludable, tal como reconocieron los Estados Miembros de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en la Estrategia y plan de acción mundiales sobre el envejecimiento y la salud, y en el Decenio del Envejecimiento Saludable (2021-2030). En respuesta a ello, se pidió a la OMS que pusiera en marcha con sus asociados una campaña mundial de lucha contra el edadismo, en la que se inscribe este informe. Este informe, elaborado por la OMS, la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, el Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas y el Fondo de Población de las Naciones Unidas, está dirigido a los encargados de formular políticas, profesionales, investigadores, organismos de desarrollo y miembros del sector privado y la sociedad civil. Después de definir la naturaleza del edadismo, se resumen las mejores pruebas sobre la escala, los efectos y los determinantes del edadismo, y las estrategias más eficaces para reducirlo. Concluye con tres recomendaciones de actuación basadas en pruebas científicas para crear un mundo para todas las edades”.
Para comprender bien qué significa el término “edadismo”, la OMS define con exactitud a qué nos referimos al pronunciar esta palabra tan desconocida: “La edad es una de las primeras características (junto con el sexo y la raza) que notamos sobre las personas cuando interactuamos con ellas. El edadismo surge cuando se utiliza la edad para clasificar y dividir a las personas de una forma que comporta un daño, desventaja o injusticia, y que erosiona la solidaridad intergeneracional. El edadismo adopta muchas formas a lo largo de nuestra vida. Imagine que es ignorado sistemáticamente por sus compañeros y supervisores en el lugar de trabajo, tratado con condescendencia por su familia en casa, que le niegan un préstamo en el banco, que es insultado o evitado por la calle, acusado de brujería, que se le niega el acceso a su propiedad o a su tierra, o que no se le ofrece tratamiento en un consultorio, todo ello simplemente a causa de su edad. Estos son algunos ejemplos de cómo el edadismo impregna nuestras vidas, desde la edad más temprana hasta la más avanzada. El edadismo es un fenómeno social polifacético que la Organización Mundial de la Salud (OMS) define como los estereotipos, los prejuicios y la discriminación contra otras personas o autoinfligido por razones de edad”. El edadismo tiene varios aspectos interrelacionados que se analizan en el informe citado a través de sus tres dimensiones principales: estereotipos (pensamientos), prejuicios (sentimientos) y discriminación (acciones o comportamientos), lo que permite “concientizar a las personas y asegurar la uniformidad en la investigación, las políticas y las prácticas aplicadas”. A continuación el informe describe “las intersecciones entre el edadismo y otros “-ismos”, como el sexismo y el capacitismo, y se muestra cómo se acumulan sus respectivas repercusiones. La edad y la etapa de vida son determinadas en parte socialmente Si bien la edad está correlacionada con los procesos biológicos, se configura también socialmente. Considerar a determinadas personas jóvenes o mayores es algo que depende en parte del contexto, el propósito y la cultura. A la edad de 18 años es posible que le consideren demasiado mayor para llegar a ser un pianista profesional, pero también demasiado joven para entrenar en un equipo de fútbol profesional. Las distintas culturas difieren en su forma de delimitar a qué edad se es mayor, de mediana edad o joven, y también en las normas y expectativas existentes para cada una de estas etapas de la vida, que pueden cambiar con el transcurso del tiempo. Los distintos entornos configuran también la forma en la que envejecemos. Las inequidades vinculadas, por ejemplo, al sexo, el origen étnico y los ingresos económicos determinan nuestro acceso a la atención de salud y a la educación a lo largo del curso de vida, e influyen en el estado en que nos encontramos a la edad de 50, 60, 70 u 80 años. Una gran parte de la diversidad que observamos en las personas mayores es consecuencia de la repercusión acumulada de estas inequidades en materia de salud a lo largo del curso de vida”.
El informe es muy interesante y recomiendo leerlo, comenzando por su resumen oficial, porque sitúa perfectamente el problema y las diferente formas de erradicarlo, con una propuesta firme para los Estados, a modo de recomendaciones, donde “Su aplicación requiere un compromiso político, la participación de diferentes sectores y agentes, y adaptaciones específicas para cada contexto. Cuando sea posible, deben aplicarse conjuntamente para maximizar sus efectos en el edadismo.
Invertir en estrategias basadas en pruebas científicas para prevenir y combatir el edadismo. Es necesario dar prioridad a las tres estrategias respaldadas por las mejores pruebas científicas: formulación de políticas y promulgación de leyes, y ejecución de intervenciones educativas y de contacto intergeneracional. Para lograr un cambio real a nivel de las poblaciones, estas estrategias deben ampliarse. En los casos en que esas intervenciones no se hayan llevado a cabo anteriormente, deberían adaptarse y probarse, y posteriormente ampliarse una vez que se haya demostrado su eficacia en el nuevo contexto.
Mejorar los datos y las investigaciones para comprender mejor el edadismo y la manera de reducirlo. Mejorar nuestra comprensión de todos los aspectos del edadismo ―su escala, sus efectos y sus determinantes― es un requisito previo para reducirlo, tanto cuando se manifiesta contra los jóvenes como contra las personas mayores. Es necesario recopilar datos en todos los países, especialmente en los países de ingresos bajos y medianos, utilizando escalas de medición del edadismo válidas y fiables. Ahora bien, debería darse la máxima prioridad a la elaboración de estrategias para reducir el edadismo. Las pruebas científicas sobre la eficacia de las estrategias van en aumento, pero aún no están a la altura de lo que se necesita. Convendría optimizar las estrategias existentes, calcular su costo y costo/eficacia, y, posteriormente, ampliarlas. Es necesario seguir elaborando y evaluando estrategias prometedoras, como las campañas para reducir el edadismo.
Crear un movimiento para cambiar el discurso sobre la edad y el envejecimiento. Todos podemos contribuir a afrontar y eliminar el edadismo. Los gobiernos, las organizaciones de la sociedad civil, los organismos de las Naciones Unidas, las organizaciones de desarrollo, las instituciones académicas y de investigación, las empresas y las personas de todas las edades pueden unirse al movimiento para reducir el edadismo. Al unirnos en una amplia coalición podemos mejorar la colaboración y la comunicación entre las diferentes partes interesadas en la lucha contra el edadismo”.
Finalmente, las conclusiones son obvias con los antecedentes expuestos, que se resumen en una frase, diciendo no al edadismo: “Si los gobiernos, los organismos de las Naciones Unidas, las organizaciones de desarrollo, las organizaciones de la sociedad civil y las instituciones académicas y de investigación aplican estrategias eficaces e invierten en nuevas investigaciones, y si las personas y las comunidades se unen al movimiento y afrontan cada caso de edadismo, crearemos entre todos un mundo para todas las edades”.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.
El pasado 1 de noviembre publiqué un artículo en este cuaderno digital, Los Presupuestos Generales del Estado para 2023, al alcance de todos, utilizando un excelente recurso digital puesto a disposición pública por parte de la Fundación CIVIO, a la que admiro y respeto por su excelente trabajo profesional de divulgación y transparencia, cuando con tal motivo facilitó su plataforma digital para comprender en su justa dimensión el proyecto de los citados Presupuestos, poniéndolos al alcance de todos. Así me lo manifestaron como socio de la citada entidad, invitándome a que mientras pasaba el filtro de las Cortes, pudiera consultar la citada propuesta de ingresos y gastos del Gobierno y comparar con presupuestos anteriores. Es por ello por lo que decidí participar en la campaña de divulgación auspiciada por CIVIO para general conocimiento de esa realidad económica, como instrumento que hacen viables la políticas públicas que, además, no son inocentes, porque todas no son iguales.
Los Presupuestos Generales del Estado aprobados definitivamente para 2023 y con entrada en vigor desde el pasado 1 de enero, parten de una complejidad técnica que no es asumible sin ayuda como la que ofrece la Fundación a través de su plataforma digital, donde el acceso visual ayuda de forma determinante a entrar partida a partida en función de los intereses de cada persona interesado en ello: “Y, como año tras año, su complejidad y el formato de publicación no facilitan que cualquiera pueda explorarlos para hacerse una idea propia (más allá de las interpretaciones de los medios, según su tendencia editorial)”. Esa es la razón de por qué se ha actualizado por parte de CIVIO su herramienta ¿Dónde van mis impuestos? con los presupuestos generales definitivos y aprobados para 2023, en vigor desde el 1 de enero, para que se puedan explorar fácilmente de forma visual e interactiva.
La Fundación CIVIO actualiza este proyecto año tras año, desde 2011. Como en ocasiones anteriores, extraen los datos y los convierten a formatos reutilizables (se pueden descargar y toquetear aquí) para facilitar al máximo la consulta y comprensión de una información esencial que nos atañe a todos: «Pero, también, para poner en contexto las grandes y pequeñas cifras de ingresos y gastos, mostrar la evolución de cada una de ellas y ayudar a encontrar partidas concretas. Por ejemplo, la de gastos electorales de partidos políticos«.
CIVIO lo dice siempre, aunque suene a algo repetitivo: «esto es una previsión del gasto, y no se corresponde con lo que finalmente se acabará gastando. Eso último se denomina ejecución presupuestaria, y es uno de nuestros campos de batalla en lo que a transparencia se refiere. Hace años que pedimos a Hacienda que facilite los datos de ejecución de forma completa y con la misma estructura que los presupuestos. La ejecución sigue siendo un gran punto ciego, como no nos cansamos de repetir. Si tuviéramos acceso a los datos de ejecución bien desglosados, podríamos exigir más transparencia sobre los desvíos presupuestarios. Por ejemplo, los del Ministerio de Defensa, que todos los años gasta millones por encima de lo presupuestado. O los asignados a I+D, que no siempre se ejecutan del todo». Más claro, imposible.
Siguiendo sus indicaciones, animo a quien lea este artículo a que explore y comparta esta iniciativa. Es recomendable que se preste especial atención a la visita guiada y a los errores más comunes que se cometen cuando se bucea en las partidas: «Como por ejemplo, pensar que las partidas de Educación o Sanidad de los presupuestos reflejan todo el año en España. Y no: eso es lo que gasta el Gobierno, pero el gasto más relevante en Educación o Sanidad está en las comunidades autónomas, que tienen transferidas esas competencias. Pero hay más confusiones habituales«. Finalmente, insisten en su comunicado en que «En 2023 no dejaremos de esforzarnos para democratizar el acceso y la comprensión de información clave como esta y lograr más rendición de cuentas sobre el gasto público para conocer exactamente cuánto y cómo se gasta. Es decir, para lograr los avances reales que hasta ahora la Administración se resiste a dar». Es una actividad encomiable digna de nuestra admiración y respeto.
Una vez más, recomiendo el acceso a estos presupuestos de forma visual e interactiva, para que se puedan explorar fácilmente, donde no hacen falta conocimientos previos. Aquí no solo se puede explorar en detalle cada partida de la propuesta de ingresos y gastos del Gobierno, sino también comparar con todos los presupuestos anuales desde 2007, para comprobar la evolución de cada programa de gasto y de cada partida. Por ejemplo, para saber si las prestaciones a desempleados suben o bajan. La plataforma ofrece información exhaustiva a través de las tres políticas de Estado en estos Presupuestos: la de ingresos, en qué se gasta y cómo se gasta el dinero público.
Como en años anteriores, vuelvo a expresar mi reconocimiento a la Fundación y a su codirector, David Cabo, así como a todos los miembros de la misma, que es continuo, público y notorio desde que tuve la oportunidad de entrar en contacto con él en 2013 para preparar la transparencia del presupuesto de la Comunidad Autónoma de Andalucía para el año siguiente y la accesibilidad digital al mismo, preocupado como administrador público por la transparencia pública digital. Lo he manifestado en muchas ocasiones a lo largo de mi vida profesional como administrador público: la transparencia es el resultado siempre de una estrategia digital que nace de una política digital adecuada de las Administraciones Públicas. La política digital transparente es aquella que transmite las acciones de gobierno de forma “clara, evidente, que se comprende sin duda ni ambigüedad”, tal y como define la Real Academia Española la cualidad de transparente, es decir, la transparencia. Es verdad, porque el marco en el que se tiene que desenvolver la política digital de los Gobiernos progresistas que la desarrollen, es el de la transparencia que se comprende en sí misma, que algunos viven (sin hacer esta política) como un castigo divino, cuando debía ser la quintaesencia de cualquier acción política democrática. No solo es el resultado final de un camino legal, que también lo es, sino una actitud política de gobernanza que ampara los datos públicos masivos que posee en sus servidores gracias a la interrelación con la ciudadanía, a quien sirve y de la que se retroalimenta. La transparencia no es solo el objeto de una ley o un portal específico, sino una actitud pública mantenida en el tiempo, para que la accesibilidad a los datos digitales sea una constante en alta disponibilidad, gracias a una clara y rotunda política digital de carácter sustantivo, con visión de Estado y con una proyección hacia el Estado de las Autonomías, cruzada permanentemente por una transversalidad digital de amplio espectro que solo se consigue con políticas y estrategias digitales progresistas, avanzadas, que trabajan siempre en clave de interoperabilidad integral, sin fronteras atómicas que lo impidan.
La situación actual en nuestro país es una muestra de que el acceso al conocimiento real y sustantivo de lo que nos ocupa hoy, los Presupuestos Generales del Estado para 2023, no es tarea fácil, es más, la considero de una dificultad extrema. Es sorprendente constatar que la infraestructura digital instalada en la actualidad a lo largo y ancho del país, que no implantada, por las diferentes Administraciones, con idénticas finalidades aunque no es lo mismo, forman a veces una torre de babel digital de imposible interrelación y acceso. No solo es un claro derroche de dinero público, sino algo mucho peor. Se dilapida cada segundo la interrelación e interoperabilidad de datos masivos compartidos y transparentes que podrían suponer una información y servicios a la ciudadanía de un valor incalculable y solo porque no se toman medidas de política digital compartida, sustantiva, desde la perspectiva legal de Estado. Es lo que permitiría llevar a cabo la evaluación de las políticas públicas por parte de la ciudadanía, entendida como la capacidad que tiene y se le transfiere mediante empoderamiento digital para emitir juicios bien informados. Así aprendí de Carol Weiss (1) la importancia y transcendencia de la evaluación de los programas y las políticas públicas cuando tienen un marco de transparencia esencial que se encuentra en los datos públicos masivos que obran en su poder, llamado “servidores oficiales”.
Lo manifesté en 2016 en este cuaderno digital y lo reitero hoy con ocasión de la transparencia que nos ofrece CIVIO para comprender bien los Presupuestos Generales del Estado para 2023: “Un ejemplo de transparencia que tiene el sustento de los datos públicos masivos, vale más que mil palabras. Sé que los Presupuestos del Estado y los de las Comunidades Autónomas manejan términos diseñados a veces por el enemigo, pero conozco casos muy emblemáticos y didácticos para comprenderlo. Pongo el ejemplo del trabajo que realiza actualmente en España la Fundación CIVIO con algunas Comunidades Autónomas que se están situando cada vez más en clave de Gobiernos abiertos y transparentes, a través de la herramienta basada en la aplicación de los Presupuestos Abiertos de Aragón que Aragón Open Data ha abierto al uso público y que recomiendo analizar con detalle respecto de Andalucía, por ejemplo, donde se muestra y demuestra con creces que cuando hay voluntad política de difundir un Presupuesto es posible hacerlo”. Conozco a David Cabo, trabajador incansable a favor del conocimiento accesible y libre, Patrono Fundador y codirector de la Fundación, porque como manifesté anteriormente, en 2013 trabajé con él con mucha ilusión por incorporar esta herramienta en Andalucía, solución que finalmente no se llevó a cabo, con gran decepción por mi parte.
Entren y vean, porque ya están los datos oficiales en el salón virtual de la Noosfera sin tener que esperar nada más, una vez aprobados estos Presupuestos Generales para 2023 por las Cortes de este país. Les aseguro que les encantará haberlo hecho. Comprobarán a partir de ahora que los Presupuestos de este país, así como el de la Comunidad en la que cada uno reside, pueden y deben ser cosa de todos. Gracias CIVIO, gracias a David y a su equipo profesional, por hacerlo posible con vuestro esfuerzo encomiable y digno de alabanza pública.
(1) Weiss, C.H., Evaluation. Methods for studying programs and policies, 1998. New Jersey: Prentice Hall.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.
Dedicado a Marcos, Vanessa, Adrián y Alejandro, porque este libro ha sido para mí un regalo con estela
Leyendo una obra de Hans Magnus Enzensberger, Las reflexiones del señor Z. o migajas que dejaba caer, recogidas por sus oyentes, pensador alemán al que profeso admiración y respeto tal y como lo he demostrado en este cuaderno digital al referirme a él en determinadas ocasiones, a modo de aforismos llenos de contenido en su texto y contexto, he localizado unas “migajas” que me parecen de interés sumo, sin alterar su contenido original:
2. “Si logran dar con algo”, dijo Z., que despierte su admiración, no escatimen ese impulso tan agradable”.
3. Dijo Z.: “Contradíganme, pero sobre todo contradíganse ustedes mismos. Uno solo debe mantenerse fiel a aquello que no se dice”.
Me ha parecido una reflexión extraordinaria del señor Z, aplicable hoy a nuestra vida ordinaria por dos razones. Las primera, porque habla de algo que me llama siempre poderosamente la atención: la capacidad del ser humano de admirarnos de todas las cosas, porque siguiendo a Aristóteles es el único ser que lo puede hacer, iniciándose así la mejor filosofía de vida. Lo aprendí siendo un joven avispado que sobrevolaba los secretos de la felicidad humana, para buscar un sentido a la vida. Siempre he sentido la necesidad de comprender qué es asombrarse o admirarse ante lo que ocurre en nuestras vidas, por muy intranscendente que sea, algo que solo se consigue a través de la admiración, actitud que simbolizó para Aristóteles el comienzo de la filosofía, entendida como la capacidad que tiene el ser humano de admirarse de todas las cosas, de las personas, de asombrarse, de sentir curiosidad diaria de por qué ocurren las cosas, de cómo pasa la vida, tan callando. Mi profesor de filosofía lo expresaba en un griego impecable, con un sonido especial, gutural y sublime, que convertía en un momento solemne de la clase esta aproximación a la sabiduría en estado puro: jó ánzropos estín zaumáxein panta (sic: anímese a leerlo conmigo tal cual y pronunciarlo como él). Es uno de los asertos que me acompañan todavía en muchos momentos de mi vida, en los que el asombro y la curiosidad siguen siendo un motivo para la búsqueda diaria del sentido de ser y estar en el mundo, de admirarme todos los días de él.
En segundo lugar, el elogio del silencio que hace el autor como acción impecable de la dignidad humana, sobre todo cuando uno se calla porque no tiene que decir algo más importante que el silencio, que aprendí del abad Joseph Antoine Dinouart, en un libro suyo precioso, El arte de callar (1), recordando el primer principio de ese arte, Sólo se debe dejar de callar cuando se tiene algo que decir más valioso que el silencio, y el decimocuarto: “El silencio es necesario en muchas ocasiones, pero siempre hay que ser sincero; se pueden retener algunos pensamientos, pero no debe disfrazarse ninguno. Hay formas de callar sin cerrar el corazón; de ser discreto, sin ser sombrío y taciturno; de ocultar algunas verdades sin cubrirlas de mentiras”. En definitiva, ética cerebral y social del silencio y preparación para el diálogo, en una actitud donde hablar ocupa su auténtico lugar, preguntando primero y escuchando después hasta el momento en que rompamos ese silencio porque lo que tenemos que decir es mucho más valioso que mantenernos callados.
La maravilla de las migajas de Enzensberger es que añaden algo muy importante: es bueno que rompamos las falsas seguridades que arrastramos a lo largo de la vida, que mantenemos muchas veces en la memoria de secreto por fidelidad absurda con uno mismo y que debemos exponer ante los demás, saliendo al exterior, cuando se valora lo expuesto por el abad Dinouart: Sólo se debe dejar de callar cuando se tiene algo que decir más valioso que el silencio.
El libro es muy recomendable en tiempos de turbación y mudanzas del alma. Su sinopsis oficial es clara al respecto: “¿Quién es ese tipo con bombín y nombre enigmático que, a lo largo de casi un año entero, se presenta todas las tardes en el mismo rincón del parque para enzarzar a los transeúntes en animadas discusiones? ¿Un sabio? ¿Un charlatán? ¿Un filósofo a la antigua usanza? ¿Un cascarrabias y polemista impenitente? ¿Un predicador? ¿O simplemente, como afirma uno de sus oyentes, un jubilado que se aburre? Todo eso es el señor Zeta, un Sócrates moderno o un trasunto de aquel señor Keuner de Brecht, con quien comparte estoicismo y excentricidad a partes iguales. Muchos paseantes se detienen un instante, menean la cabeza y pasan de largo. Otros le escuchan, le replican y vuelven día tras día al punto de encuentro. El señor Z. no escribe, pero algunos de sus oyentes toman notas de lo que dice y, gracias a ellos, nos llega esta especie de diario que recoge sus ideas y provocaciones. Nada escapa al espíritu crítico y subversivo del señor Z., evidente álter ego del propio Enzensberger: la arrogancia, las instituciones, la religión –pero también el ateísmo–, los totalitarismos –pero también la democracia–, el arte, la poesía, la economía neoliberal, la educación, internet y un largo etcétera. Sus dardos son implacables, pero también caprichosos y contradictorios como la vida misma. Como siempre en Enzensberger, toda afirmación está imbuida de socarronería y del más puro escepticismo, entendido en el mejor sentido. Dicho en palabras de Z.: Uno sólo debe mantenerse fiel a aquello que no dice”.
Recientemente, he escrito sobre Hans Magnus Enzensberger con motivo de su fallecimiento, en noviembre del año pasado, en su país natal, Alemania, a los 93 años de edad. Lo descubrí hace ya muchos años en su vertiente crítica del mundo digital, pero cargado de razones existenciales para desarrollar tejido crítico necesario en la revolución digital, tan controvertida hoy. Siempre le admiré en mi caminar diario como maestro intelectual y en 2015 le dediqué un artículo en este cuaderno digital, Los ciudadanos no son ignorantes molestos, que resume bien esa admiración aristotélica que citaba anteriormente, sobre una persona enciclopédica, extraordinaria e imprescindible, que tanto ha entregado al mundo de la cultura y del ensayo.
Ahora, leyendo Las reflexiones del señor Z. o migajas que dejaba caer, recogidas por sus oyentes y publicando las mías, cumplo una misión importante: acercarme al señor Z. para intentar comprender el pensamiento de su persona de secreto a través de las 259 “migajas” que recojo de su precioso libro. Nada más, en este tiempo tan complejo y convulso, en el que sigo defendiendo a capa y espada que aun admirándome de todas las cosas, de las personas imprescindibles y de las que quiero sobre todo, sigo muy fiel a lo que no digo y solo cuando entro en contradicción ética con la vida propia y la de los demás, me atrevo a hablar, porque estoy convencido que lo que digo es más importante que el silencio, sobre todo cuando si callo sé que participo del silencio cómplice ante la indignidad humana que nos asola día a día.
(1) Dinouart, A. (2003). El arte de callar. Madrid: Siruela (4ª ed.).
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.