Ya podemos soñar sin careta y besar con los labios de siempre

Me gustan los que sueñan sin careta
Y no tienen pudor de sus tiernas arrugas
Y si en la noche miran / miran con todo el cuerpo
Y cuando besan / besan con sus labios de siempre.

Mario Benedetti, Máscaras, en La vida, ese paréntesis (1997)

Sevilla, 20/IV/2022

Llegó el día soñado. La publicación y entrada en vigor hoy del Real Decreto 286/2022, de 19 de abril, por el que se modifica la obligatoriedad del uso de mascarillas durante la situación de crisis sanitaria ocasionada por la COVID-19, nos permite dar un paso de gigante para los ciudadanos de este país, en el objetivo trazado de normalizar la vida ordinaria, aunque, como he manifestado en otras ocasiones en este cuaderno digital, no sé lo que significa esa expresión, quedando una vez más bajo la estricta responsabilidad personal utilizar o no la mascarilla, pero atendiendo siempre a las limitaciones que sigue recogiendo esta disposición, siendo como es un elemento protector que nos ha acompañado hasta ahora en la vida diaria durante el largo camino de la pandemia. En tal sentido, vuelvo a rescatar lo que he escrito anteriormente en este cuaderno digital al respecto, siguiendo sobre todo el hilo conductor del artículo que publiqué en la primera medida liberadora de esta protección, publicado en junio de 2021, Quitarse o no la mascarilla, ahora, esa es la cuestión, salvando lo que hay que salvar, porque reproduce de nuevo el momento en el que rescatamos libertad para tomar una medida relacionada exclusivamente con la modificación de los supuestos de obligatoriedad del uso de mascarillas durante la situación de crisis sanitaria ocasionada por la COVID-19 que, en febrero de este año ya se modificó de forma importante, quedando ahora circunscrita la obligación de su uso, para las personas de seis años en adelante, en los siguientes términos: “a) En los centros, servicios y establecimientos sanitarios según lo establecido en el Real Decreto 1277/2003, de 10 de octubre, por el que se establecen las bases generales sobre autorización de centros, servicios y establecimientos sanitarios, por parte de las personas trabajadoras, de los visitantes y de los pacientes con excepción de las personas ingresadas cuando permanezcan en su habitación. b) En los centros sociosanitarios, los trabajadores y los visitantes cuando estén en zonas compartidas. c) En los medios de transporte aéreo, por ferrocarril o por cable y en los autobuses, así como en los transportes públicos de viajeros. En los espacios cerrados de buques y embarcaciones en los que no sea posible mantener la distancia de 1,5 metros, salvo en los camarotes, cuando sean compartidos por núcleos de convivientes.

No obstante, la disposición recomienda “para todas las personas con una mayor vulnerabilidad ante la infección por COVID-19 que se mantenga el uso de mascarilla en cualquier situación en la que se tenga contacto prolongado con personas a distancia menor de 1,5 metros. Por ello, se recomienda un uso responsable de la mascarilla en los espacios cerrados de uso público en los que las personas transitan o permanecen un tiempo prolongado. Asimismo, se recomienda el uso responsable de la mascarilla en los eventos multitudinarios. En el entorno familiar y en reuniones o celebraciones privadas, se recomienda un uso responsable en función de la vulnerabilidad de los participantes. En el entorno laboral, con carácter general, no resultará preceptivo el uso de mascarillas. No obstante, los responsables en materia de prevención de riesgos laborales, de acuerdo con la correspondiente evaluación de riesgos del puesto de trabajo, podrán determinar las medidas preventivas adecuadas que deban implantarse en el lugar de trabajo o en determinados espacios de los centros de trabajo, incluido el posible uso de mascarillas, si así se derivara de la referida evaluación”. Es una llamada general a la prudencia porque el virus está al acecho.

En el gran teatro del mundo hemos pasado, a lo largo de la historia de la humanidad, de la utilización de máscaras exclusivamente en el teatro o en carnavales y fiestas asociadas, a los mil ochocientos millones de mascarillas al año, solo en España, con motivo del coronavirus. Ha ocurrido en este paréntesis de la vida que se llama todavía «pandemia», donde las mascarillas han desempeñado un papel muy importante y lo seguirán haciendo durante un tiempo. La palabra “máscara” viene de dos raíces distintas, del árabe masẖarah “objeto de risa” y del italiano maschera, con un significado original digno de comprenderse en su contexto histórico y social: “Figura que representa un rostro humano, de animal o puramente imaginario, con la que una persona puede cubrirse la cara para no ser reconocida, tomar el aspecto de otra o practicar ciertas actividades escénicas o rituales”. Mascarilla, se define en la segunda acepción del diccionario de la lengua española como “Máscara que cubre la boca y la nariz para proteger al que respira, o a quien está en su proximidad, de posibles agentes patógenos o tóxicos”, que es la realidad que seguimos viviendo a diario, aunque la primera acepción es la que parece que comprenden mejor los jóvenes y muchas personas desaprensivas, como se ha demostrado a lo largo de la pandemia por la inadecuada o nula colocación de la misma: “máscara que solo cubre el rostro desde la frente hasta el labio superior” o, según mi valoración actual, lo que ha querido cada uno dejada la decisión al libre albedrío de su orden y concierto.

El texto que sigue a continuación sigue el hilo conductor que he mantenido a lo largo de la pandemia, a través de mi ventana discreta, desde la que he observado con respeto reverencial a las mascarillas, como defensa numantina ante el coronavirus, la gran amenaza mundial, aunque tengo que confesar que nunca me han gustado las máscaras, tampoco las mascarillas, quizá porque tengo el sentimiento profundo de Mario Benedetti cuando escribió un poema que nunca olvido, Máscaras, que ahora intercalo en las palabras que siguen, porque Me gustan los que sueñan sin careta / Y no tienen pudor de sus tiernas arrugas / Y si en la noche miran / miran con todo el cuerpo / Y cuando besan / besan con sus labios de siempre.

No me gustan las máscaras exóticas
Ni siquiera me gustan las más caras
Ni las máscaras sueltas ni las desprevenidas
Ni las amordazadas ni las escandalosas.

Como símbolo del afianzamiento de la salida del túnel de la pandemia, se declaran en la disposición citada medidas que se ajustan “a los principios de necesidad y eficacia puesto que la propuesta se encuentra justificada en el interés general y persigue un fin claro, la adecuación del uso de las mascarillas a la evolución favorable de la situación epidemiológica actual. Además, es conforme al principio de proporcionalidad, puesto que persigue la reducción del ámbito de la obligación legal de uso de la mascarilla, siendo el único instrumento previsto para ello por la normativa. También se ajusta al principio de seguridad jurídica al perfilar y adecuar a la realidad de la pandemia los supuestos de uso obligatorio de la mascarilla. En cuanto al principio de transparencia, esta norma define con claridad sus objetivos y las razones que justifican su regulación, en función de los indicadores [sanitarios] señalados en los párrafos anteriores. Por último, en cuanto al principio de eficiencia, se señala que esta norma no afecta a las cargas administrativas de la ciudadanía”.

No me gustan ni nunca me gustaron
Ni las del carnaval ni la de los tribunos.
Ni las de la verbena ni las del santoral.
Ni las de la apariencia ni las de la retórica.

La realidad es que el diccionario de la lengua española (RAE) nos ofrece una locución derivada de las palabras máscara y mascarilla, quitarse la máscara o la mascarilla, centrándome sobre todo en la segunda, de actualidad y preocupación social plenas al referirse a “dejar el disimulo y decir lo que siente, o mostrarse tal como es”, es decir, la proliferación de personas que desoyendo lo que las autoridades sanitarias indican y obligan por ley, “dejan el disimulo de cómo actúan diariamente en sus vidas”, como metáfora real como la vida misma, importándoles nada de casi todo lo que les rodea, diciéndonos al quitarse la mascarilla, no llevarla o colgándola en el cuello o en el codo, lo que verdaderamente sienten y mostrándose como son, hechos que han ocasionado en la población de este país mucho sufrimiento que no olvido. La mercadotecnia ha hecho también el resto, porque la ha convertido muchas veces en un accesorio a consumir más allá de su fin saludable, donde el dilema ética-estética se ha servido de forma manifiesta.

Me gusta la indefensa gente que da la cara
Y le ofrece al contiguo su mueca más sincera
Y llora con su pobre cansancio imaginario
Y mira con sus ojos de coraje o de miedo.

Más de dos mil años de su larga historia no han servido a miles de personas para comprender el sentido actual de protección de algo tan maravilloso como es la vida. El gran teatro del mundo es cambiante y ahora nos toca ser protagonistas, de nuevo, de la vida personal e intransferible, de nuevo, a millones de personas cada día, al estar permitido desde hoy dejar de cubrirnos el rostro, excepto los ojos, en cada representación vital diaria al aire libre, aunque simbólicamente nos cueste reconocernos muchas veces, comenzando a disfrutar de un ritual saludable para nuestras vidas, siguiendo al pie de la letra la definición de máscara. Además, hay que tomar conciencia de lo que ha significado el problema asociado al uso intensivo de las mismas, porque es dual:  económico, por su impacto social para los que menos tienen y también, medioambiental, según los datos que se ofrecen en la actualidad a escala mundial, se están utilizando cada mes un total de 129.000 millones de mascarillas desechables, de las cuales 150 millones al mes o, lo que es igual y muy significativo, 5 millones al día, corresponden a España, con un impacto ambiental de proporciones ciclópeas, porque una vez convertidas en residuos, bastantes millones han acabado ya en el mar, siendo una fuente de contaminación muy preocupante porque pueden tardar entre 300 y 400 años en degradarse.

Me gustan los que sueñan sin careta
Y no tienen pudor de sus tiernas arrugas
Y si en la noche miran / miran con todo el cuerpo
Y cuando besan / besan con sus labios de siempre.

Sería importante que los jóvenes y los adultos que siguen siendo negacionistas o bastante descreídos sobre el uso de las mascarillas, trascendieran la raíz árabe de su etimología, “objeto de risa” y se lo siguieran tomando muy en serio en beneficio de todos, atendiendo a lo dispuesto en el nuevo real-decreto que ha entrado hoy en vigor, que nos permite, según se decía en el Diccionario de Autoridades de 1734, “quitarnos la mascarilla”. Deberían dejarse de “deponer su empacho y vergüenza, y decir con resolución su sentimiento claramente y su rebozo”. Se lo agradeceríamos millones de personas que compartimos con ellos la posibilidad que nos ofrece hoy día el simple gesto de seguir poniéndonos o quitándonos la mascarilla según marca la disposición vigente y por la dignidad intrínseca que encierra de poder ser protagonistas enmascarados, pero dignos, en el gran teatro del mundo en el que cada persona vive en su aquí y ahora, sin hacerse daño a sí mismos y, sobre todo, a los demás.

Las máscaras no sirven como segundo rostro
No sudan/no se azoran/jamás se ruborizan
Sus mejillas no ostentan lágrimas de entusiasmo
Y el mentón no les tiembla de soberbia o de olvido

Quitarse o no, definitivamente, las mascarillas, esa es la cuestión. Ha llegado el momento, metafóricamente hablando, de quitárselas cuando y donde esté permitido, “dejando el disimulo y diciendo a los demás qué es lo que sentimos interiormente, mostrándonos tal y como somos”, siendo imprescindible demostrarlo siempre a los que hacen camino al andar junto a nosotros, que va mucho más allá de respetar sólo el metro y medio de dignidad saludable, como indica la disposición que ha entrado en vigor hoy en relación con su “uso responsable”. Al igual que Benedetti, puedo gritar hoy a los cuatro vientos que no me gustan las máscaras, sobre todo las que no nos permiten ver el rostro de la dignidad humana, porque Me gustan los que sueñan sin careta /Y no tienen pudor de sus tiernas arrugas / Y si en la noche miran / miran con todo el cuerpo / Y cuando besan / besan con sus labios de siempre. // ¿Quién puede enamorarse de una faz delegada? / No hay piel falsa que supla la piel de la lascivia / Las máscaras alegres no curan la tristeza / No me gustan las máscaras, he dicho.

NOTA: la imagen se recuperó el 26 de junio de 2021 de https://elsolweb.tv/ya-son-6-los-fallecidos-en-italia-por-el-coronavirus-y-el-numero-de-afectados-asciende-a-219/

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Judas, traidor y mediocre

Leonardo da Vinci, Il Cenacolo (1495-1498), fragmento en el que aparecen por este orden Judas, Pedro y Juan

Sevilla, 14/IV/2022 (publicado anteriormente el 1/IV/2021 / actualizado)

A pesar del tiempo transcurrido, Judas, y lo que representa, sigue vivo entre nosotros y recobrando cada día que pasa más actualidad. Desde una perspectiva laica, hoy es un día para no recordar en ciertos relatos históricos sobre la vida apasionante de un líder carismático, Jesús de Nazareth, al que profeso admiración, al visualizarse también la de un traidor de nombre Judas, un enemigo contemporáneo suyo, amante de silencios cómplices como personaje miserable y mediocre, de libro, que tanto detesto. Hoy he vuelto a identificarlo para quedarme con su cara, por lo que simboliza, en una obra maestra que no olvido, La Última Cena (Il Cenacolo), pintada de forma magistral por Leonardo da Vinci, obra que se conserva con celo reverencial en la iglesia de Santa María delle Grazie en Milán desde el siglo XV.

Jesús lo dijo de forma directa y escueta, según nos lo cuenta el joven periodista Marcos (Mc. 14, 17-21) en aquellas horas previas a su detención y muerte: “Y al atardecer, llega él con los Doce. Y mientras comían recostados, Jesús dijo: “Yo os aseguro que me entregará uno de vosotros, que come conmigo”. Ellos empezaron a entristecerse y a decirle uno tras otro: “¿Acaso soy yo?”. Él les dijo: “Uno de los Doce que moja conmigo en el plato. Porque el Hijo del hombre se va, como está escrito de él, pero ¡ay de aquél por quien el Hijo del hombre es entregado! ¡Más le valdría a ese hombre no haber nacido!”.

Leonardo da Vinci captó aquellas palabras de forma magistral, pintando a dos de los apóstoles que ya habían demostrado su lealtad, Simón Pedro y Juan junto a Judas, el tesorero del grupo, que no soltaba la bolsa con el dinero por el que vendería a Jesús, teóricamente su amigo, con un gesto de cierta sorpresa, algo muy clásico en los miserables y mediocres. Lo refrendaría poco tiempo después el beso a Jesús como señal para su detención, que el joven Marcos lo narró con alma periodística (Mc. 14, 43-46): “Todavía estaba hablando, cuando de pronto se presenta Judas, uno de los Doce, acompañado de un grupo con espadas y palos, de parte de los sumos sacerdotes, de los escribas y de los ancianos. El que le iba a entregar, les había dado esta contraseña: “Aquél a quien yo dé un beso, ése es, préndedle y llevadle con cautela”. Nada más llegar, se acerca a él y le dice: “¡Rabbí (Maestro)!”, y le besó. Ellos le echaron mano y le prendieron”.

Estaban avisados y ya lo comentó Juan con detalle en su evangelio (Jn 12,1-8), cuando afirmó que Judas se quedaba con el oro destinado a los pobres: «Seis días antes de la Pascua, Jesús se fue a Betania, donde se encontraba Lázaro, a quien Jesús había resucitado de entre los muertos. Le ofrecieron allí una cena. Marta servía y Lázaro era uno de los que estaban con él a la mesa. Entonces María, tomando una libra de perfume de nardo puro, muy caro, ungió los pies de Jesús y los secó con sus cabellos. Y la casa se llenó del olor del perfume. Dice Judas Iscariote, uno de los discípulos, el que lo había de entregar: “¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios y se ha dado a los pobres?”. -No decía esto porque le preocuparan los pobres, sino porque era ladrón, y como tenía la bolsa, se llevaba lo que echaban en ella-. Jesús dijo: “Déjala, que lo guarde para el día de mi sepultura. Porque pobres siempre tendréis con vosotros; pero a mí no siempre me tendréis».

Judas es un prototipo de persona que perdura a día de hoy. Era todo un clásico, tradicional por antonomasia, conocido como Iscariote, nacido en Kariot, un entorno conservador al sur de Judea, lo que no le supuso problema alguno de conciencia en la traición a Jesús, que ya lo conocía bien por alguna que otra fechoría económica durante el tiempo que pasaron juntos y porque no supo apreciar nunca el valor de la amistad honrada y verdadera. La historia de la literatura en relación con Judas no ha perdido tampoco el tiempo, incluso para buscar una posible justificación a su infamia. Es lo que propuso Jorge Luis Borges con un cuento inquietante y metafórico, Tres versiones de Judas, donde expone lo que un autor de principio de siglo, Nils Runeberg, intentó desarrollar en una publicación de 1904, Cristo y Judas, con un epígrafe inquietante: No una cosa, todas las cosas que la tradición atribuye a Judas Iscariote son falsas. No acabó bien su autor a pesar de su esfuerzo por justificar lo que no había por donde cogerlo. Creo que el papel de Judas en la historia no merece muchas explicaciones. No supo apreciar lo que le ofreció un gran amigo y, además, no aprendió nada con él. Sólo quería mantener su puesto de tesorero del grupo de Jesús y traicionarle por treinta monedas entregadas por la Autoridad Competente de su tierra, religiosa por supuesto, confundiendo una vez -como todo necio- valor y precio. Nada más y nada menos, porque como tantas veces ha ocurrido en la historia, ocurre hoy y ocurrirá en el futuro, están más cerca de nosotros de lo que creemos. Ante las situaciones difíciles de la vida, los nuevos Judas, como salvadores mayores del Reino del Mundo y de este País, harán como el protagonista del cuento de Borges: intentar justificar lo injustificable, argumentando que no una cosa, todas las cosas que la tradición atribuye a los traidores integrales, son falsas.

Para que todo lo anterior no se nos olvide en este jueves santo y laico a la vez, cuando la dura realidad es que, a pesar de esos nuevos Judas que pululan por el mundo, seguimos teniendo muchos pobres y nadies entre nosotros, a las que personas anónimas, como casi siempre, les ofrecen en vida todo lo que tienen, sin nada a cambio, aunque sabemos que incluso llegan a entregarles sus vidas. Las palabras en clave de Jesús en Betania, ante Judas, nos lo recuerda con la calidad que nuestros mayores han protegido siempre la tradición oral hasta nuestros días. Lo que es incontestable es que los nuevos Judas están mucho más cerca de nosotros de lo que a veces pensamos. Leonardo da Vinci dio fe de ello.

¡UCRANIA, Paz y Libertad!

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Sufriendo bajo la lluvia

Fotograma con la imagen de Jesús de Nazareth, en una procesión del Lunes Santo de 2022, tomado de Lunes Santo en Sevilla – Diario de Sevilla.

Sevilla, 13/IV/2022

Sé que lo que ocurrió el lunes pasado en esta sacrosanta ciudad, día “santo” por más señas, tiene múltiples interpretaciones y lecturas, manifestando desde este momento y a modo de declaración de principios, que las palabras que siguen las escribo con un profundo respeto reverencial a este tipo de manifestaciones religiosas. A pesar del tiempo inclemente, varias procesiones salieron bajo la amenaza de lluvia, lo que finalmente así ocurrió, ofreciendo espectáculos nada edificantes. Contaba una emisora de radio que dedica mucho tiempo a estas procesiones, que una banda de música de miembros muy jóvenes estuvo tocando continuamente durante unos minutos de lluvia hasta que les dijeron que dejaran de hacerlo. Ante la pregunta de por qué lo hacían, dijeron que se temían que si no tocaban ya no los “contratarían” para próximas salidas. Otra anécdota que contó fue a la puerta de la catedral, cuando una hermandad decidió regresar a su templo con la lluvia amenazante y la madre de una nazarena pequeña manifestó a una responsable de tramo que se iba a su casa, a lo que la “tutora procesional” respondió que “tenía que quedarse” a pesar de la que estaba cayendo. La madre, ni corta ni perezosa, le entregó la papeleta de sitio y el cirio, abandonando inmediatamente su fila. La verdad es que el espectáculo continuaba y estaba servido. Figuras de Jesús, María, Apóstoles, caladas hasta los huesos, tronos empapados, mantos de vírgenes chorreando, figuras encapotadas para preservarlas como podían del agua, búsqueda de refugios próximos, costaleros sufriendo lo indecible para aligerar el paso sin chicotá alguna, desbandada general, nazarenos y penitentes calados a pesar de sus túnicas de cierto abrigo, me llevan hoy al terreno de la reflexión sobre si todo eso era necesario, cuando se sabía a ciencia cierta lo que iba a ocurrir. Quizás es que “había que salvar la Semana Santa” como fuera y a cualquier precio.

Creo que el sufrimiento bajo la lluvia estaba servido y que se podía haber evitado. Desde todos los puntos de vista posibles, religiosos y culturales sobre todo, tenía que haber cundido la sensatez y prudencia para no haber propiciado esta situación que no es ejemplar precisamente. Algunas Hermandades han dado muestra de ello y lo sucedido debería meditarse para futuras salidas procesionales con el tiempo adverso. El patrimonio cultural de las cofradías es un bien común y de gran interés artístico que se debe proteger. Esas imágenes y la parafernalia asociada, chorreando agua, sufrirán lo ocurrido sin lugar a duda, y debería conocerse el resultado final de posibles deterioros para tranquilidad de quienes aman la cultura y la tradición de esta ciudad.

Vendría bien volver a hacer una reflexión sobre el ciudadano Jesús, al que ya he dedicado muchas páginas en este cuaderno digital, porque al fin y al cabo se trata de él en el fondo y forma de estas palabras. Estas manifestaciones artísticas están basadas en una tradición histórica sobre la muerte de Jesús de Nazareth, sobre todo, su pasión y muerte. Desde el Domingo de Ramos y hasta el de Resurrección, se condensa en una semana trágica la vida y obra de uno de los personajes imprescindibles de la Humanidad, que me gusta tratar como ciudadano Jesús. Lo dije el domingo pasado, cuando me refería a él, en su ataque continuo de humanidad, recogido así por los cronistas de la época, cuando se cansaba y se dormía, porque estaba hecho polvo, en el cabezal del barco (Mc 8,23). O como Machado decía en su precioso poema La Saeta: ¡No puedo cantar, ni quiero / a ese Jesús del madero, / sino al que anduvo en el mar!. Lo digo con un gran respeto a la fe de mis mayores, porque me impactó mucho verlo correr el lunes pasado hacia un templo que lo acogía por un tiempo, huyendo de la hermana agua, a la que tanto quería, incluso hasta andar sobre ella como si no pasara nada.

En este contexto, siempre recuerdo una película clásica sobre la vida de Jesús de Nazareth, El evangelio según San Mateo (1964), dirigida por Pier Paolo Pasolini (1922-1975), que me sigue emocionando por su mensaje humano y tan cercano a la vida cotidiana de las personas, porque cuando llueve mi alma se moja como las demás. Pasolini hizo con esta película un cine diferente, singular, diverso: “Jesús (interpretado por Enrique Irazoqui) es mostrado continuamente caminando entre el desierto o entre pueblos en ruinas. Su mirada, como la de Pasolini, no evita a los leprosos ni a los cojos, sino que se detiene en ellos; la cámara, por su parte, se complace, por ejemplo, en la mano del mesías que acaricia los rostros marchitos de quienes acuden a él para encontrar salud. El contacto entre dos cuerpos alivia, de ahí la alegría del rostro de la adolescente María (Margherita Caruso) al ver regresar a José, al saber que, sin importar lo que digan los demás, él ha decidido estar con ella” (1). Me emocionó esta película cuando la vi de nuevo en Roma, sabiendo como sabía que aquella ciudad era un peligro para caminantes que hacen camino al andar. Pasolini sigue muy presente en mi pensamiento crítico y acudo frecuentemente a él. Por ejemplo, sé que una obra reciente de Miguel Dalmau Soler, Pasolini. El último profeta, ha ganado el XXXIV Premio Comillas de Historia, Biografía y Memorias 2022, en un año en el que se cumple el centenario del nacimiento del director italiano, edición que servirá para conocerlo en profundidad.

En el fondo, estas palabras son un nuevo homenaje personal al cineasta italiano, del que tanto aprendí a comprender el valor de la vida alternativa, con la pasión dentro, como él la mostró en una obra también excelente, Teorema, tan incomprendida por la autoridad competente, eclesiástica por supuesto, hasta el punto de haberse arrepentido de haberle entregado un premio por ella, en 1968, cuando descubrió cuál era su auténtico mensaje y no la posibilidad de que el Espíritu Santo entrase en cada uno de nosotros, que fue lo que constituyó el móvil del premio. Cuando se descubrió que Pasolini volaba más bajo que el espíritu, la institución se arrepintió y explicó a los cuatro vientos su voto. El anatema estaba servido. En definitiva muy poca gente había entendido el mensaje real de la película: no es necesario invocar a los espíritus para llenarse de amor en vida, cualquier amor. Desgraciadamente, no le salvó nunca su magistral interpretación laica de la vida del ciudadano Jesús de Nazareth, en su forma de leer para el siglo XX el evangelio según San Mateo. Quizás tampoco hoy día, en pleno siglo XXI, en un universo tan descreído y alejado del espíritu del bien humano, a pesar de que seguimos sufriendo mucho con la lluvia fina y pertinaz de la intolerancia y ausencia radical de valores que está cayendo, como símbolo de lo que ocurrió el lunes santo pasado, nunca a gusto de todos. Como la vida misma.

(1) https://cinedivergente.com/el-evangelio-segun-san-mateo/

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Una Semana Laica muy especial, de miradas íntimas

Jane Jacobs, 1916-2006 / Josh Cochran

Bajo el aparente desorden de la ciudad vieja, en los sitios en que la ciudad vieja funciona bien, hay un orden maravilloso que mantiene la seguridad en las calles y la libertad de la ciudad. Es un orden complejo. Su esencia es un uso íntimo de las aceras acompañado de una sucesión de miradas.

Jacobs, Jane, Muerte y vida en las grandes ciudades americanas, 1961.

Sevilla, 10/IV/2022

Utilizo muchas veces la escritura circular porque lo que escribo en este cuaderno siempre está alineado con mis principios y, a diferencia del famoso aserto de Groucho Marx. si no gustan no tengo otros. Por este motivo, hoy, cuando comienza la Semana Santa según el calendario gregoriano, suelo referirme a ella, también, como la Semana Laica, recordando de nuevo lo que varias veces he escrito en este cuaderno digital que busca «semanas desconocidas», cuando comienza hoy una semana singular en este país y, especialmente, en Sevilla. Personalmente, sigo admirando a los que leyendo a Machado comprenden bien unos versos revolucionarios, laicos: ¡Oh, no eres tú mi cantar! / ¡No puedo cantar, ni quiero / a ese Jesús del madero, / sino al que anduvo en el mar!. Soy consciente también de lo que significa para esta ciudad una Semana Santa, donde todo gira en torno a una explosión de sentimientos, afectos, olores, silencios, aceras laicas, como he escrito en diversas ocasiones sobre la realidad social de esta Semana especial, con una visión laica, en su significado más acorde con el vocabulario español: semana laica, es decir, independiente de cualquier organización o confesión religiosa (RAE). Vuelvo a leer detenidamente aquellos textos, en su contexto actual, actualizándolos en lo que considero que es necesario cambiar que, por cierto, es muy poco. O nada.

En 2006 escribí por primera vez sobre la visión laica de esta Semana Santa tan particular, en un momento especial de investigación porque estaba leyendo un libro extraordinario, “Sistemas emergentes”, de Steven Johnson (Turner-Fondo de Cultura Económica), que sigue teniendo una actualidad científica recomendable sobre todo para amantes de días y semanas laicas. Los sistemas sociales emergentes ratifican a diario, que incluso en las semanas laicas (cualquiera del año) la sociedad se organiza habitualmente en torno a lo que le interesa, es decir, dan lugar a comportamientos inteligentes. La que llaman algunos “la Sevilla de toda la vida” se organiza durante muchos días de las semanas “laicas” con las miras puestas en la “Semana Santa”, la única, la principal del año, la definitiva.

Vuelvo a constatar que el mundo solo tiene interés hacia adelante, sobre todo en semanas laicas, en las que estamos muy interesados los que no pertenecemos a lo que en esta ciudad se llama «la Sevilla de toda la vida». Los sistemas emergentes, de abajo hacia arriba, siguen marcando las pautas de comportamiento colectivo. Cada uno sabe de lo suyo. Las agencias de viaje, atómicas o digitales, han organizado tradicionalmente también las vacaciones de esta semana a lo laico, es decir, sin ferias ni festejos cristianos, judíos y musulmanes, preparando una escapada para compensar la fuerza de lo santo. La economía se adapta a esta realidad santa y hace su semana muy particular de mercado por tierra, mar y aire.

Me acuerdo también en estas fechas de las familias enteras procedentes de los barrios deshechos en Sevilla por el boom inmobiliario, que vuelven en esta Semana Santa a su lugar de origen para recuperar las señas de identidad que les arrancó la especulación y su pretendido por otros “mejor nivel de vida”, aunque hayan perdido el valor del contacto familiar y de la vida compartida en las aceras laicas, porque viven en estado de alerta en los nuevos adosados que ni siquiera tienen parroquia al lado, blindados por la inseguridad ciudadana, en una dialéctica permanente vivienda/murienda. Con la excusa de la “Semana Santa”, de su cofradía de toda la vida, de su “Señor o Señora de Sevilla”, vuelven para recuperar, aunque solo sean unas horas, sus tiendas, sus colegios, sus plazas, el uso íntimo de sus aceras de siempre, donde se hacía eso, vivir la vida dignamente. Es decir, sus días laicos, sus semanas laicas, donde solo tiene sentido ese Jesús de la agonía que era la fe de sus mayores, como decía Antonio Machado. Las aceras existen, en definitiva, para crear el “orden complejo” de la ciudad, como afirma Steven Johnson en el libro que comento más adelante.

Jane Jacobs, la autora de uno de los libros que supuso la revolución urbanística más importante en Estados Unidos, Muerte y vida en las grandes ciudades americanas (1), que falleció en 2006 en Toronto (Canadá) a los 89 años, aportó una de las teorías más alentadoras sobre cómo se vive en las aceras de las ciudades, cuestión que en días laicos y santos pasa sin pena ni gloria en la vida ordinaria de los planificadores de la vida, sea cual sea su condición, pero que su mención científica sigue siendo un contrapunto impresionante ante la especulación actual inmobiliaria y urbana a todos los niveles. Su muerte fue una noticia amarga porque dejaba de estar en el mundo una de sus defensoras acérrimas, en clave positiva, que demostraba como acción posible la de la existencia de un urbanismo humanista, defensora del diseño y la construcción de los barrios en las ciudades que obedezca siempre a leyes sociales de convivencia y relación entre personas obligatoriamente obligadas a vivir en común y ser miembros de una entidad que ha cambiado el nombre identificador obligado por el nuevo lenguaje de género: la ciudadanía.

En la Semana Santa, las aceras de Andalucía funcionan como soporte de interacciones sociales viendo y sintiendo las procesiones. No digamos en Sevilla. Aunque desde la otra acera de la inteligencia digital conectiva siempre me ha encantado saber que Jesús de Nazareth, en su ataque continuo de humanidad, se cansaba y se dormía, porque estaba hecho polvo, en el cabezal del barco (Mc 8,23). O como Machado decía en su precioso poema (La Saeta, 1914), refiriéndose a una forma muy especial del cante andaluz (RAE: acción y efecto de cantar cualquier canto popular andaluz o próximo):

¡Cantar del pueblo andaluz,
que todas las primaveras
anda pidiendo escaleras
para subir a la cruz!

¡Cantar de la tierra mía,
que echa flores
al Jesús de la agonía,
y es la fe de mis mayores!

¡Oh, no eres tú mi cantar!
¡No puedo cantar, ni quiero
a ese Jesús del madero,
sino al que anduvo en el mar!

Volveré a leer en esta semana laica, como todas las demás, el libro de Steven Johnson, recuperado de mi biblioteca de cabecera, mi clínica del alma. Se me han vuelto a ocurrir muchas cosas tras la reflexión a la que me llevaron en su momento sus primeras páginas. Y con motivo de esta cita puntual, deseo transformar esta semana santa de la fe de mis mayores (sic, según el calendario católico) en una semana normal, laica, reinterpretando -porque me duele- lo que ocurre a mi alrededor, que es bastante preocupante por los estragos humanos y económicos que está suponiendo el entorno mundial actual, incluida la trágica y dolorosa invasión de Ucrania. Considero también que el subtítulo del libro sigue sin dejar tranquilo a nadie: “O qué tienen en común hormigas, neuronas, ciudades y software”. Casi nada: la inteligencia, entendida como capacidad y adiestramiento para resolver los problemas de todos los días, compartida en un mundo laico que parece a veces diseñado por el enemigo. Inteligencia digital ahora a través de lo que se ha convertido en la gran ayuda para comunicarnos cuando en estos días de gran preocupación mundial , volvemos a pisar las aceras laicas de Jacobs, informados o no con los teléfonos inteligentes, ordenadores y tabletas, las radios y el mando del televisor o nuestra voz que, en algunas ocasiones, da órdenes a un asistente virtual que hace todo lo posible por entender lo que le estoy diciendo. Que tenga en cuenta mi dolor, ya es otra cosa, laica casi siempre, por cierto, aunque Stefan Zweig me recuerda siempre algo muy importante en el acontecer diario de esta sacrosanta ciudad: […] En Sevilla se puede ser feliz […] ¿No es una maravilla el hecho de que los hombres y el destino trabajen juntos durante siglos para construir una ciudad, y al final resulte una sonrisa en el rostro de la vida? (2). Sonrisas y lágrimas en una semana laica, paseando por sus aceras íntimas.

(1) Jacobs, Jane, Muerte y vida en las grandes ciudades americanas, 1961, pág. 50. Nueva York: Vintage.

(2) Zweig, Stefan, De viaje II: Francia, España, Argelia e Italia, 2015. Madrid: Sequitur.

NOTA: la imagen de Jane Jacobs se ha recuperado hoy de https://www.theatlantic.com/magazine/archive/2016/11/the-prophecies-of-jane-jacobs/501104/

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Palabras para Loli

Plátano de sombra – Parque del Retiro, Madrid, izqda. / Secuoya junto a la Casa de las Flores, en La Granja de San Ildefonso, Segovia, dcha.

Nos dicen: Sed alegres.
Que no escuchen los hombres rodar en vuestros cantos
ni el más leve ruido de una lágrima.
Está bien. Yo quisiera, diariamente lo quiero,
más hay horas, hay días, hasta meses y años
en que se carga el alma de una justa tristeza
y por tantos motivos que luchan silenciosos
rompe a llorar, abiertas las llaves de los ríos.

Rafael Alberti, Retornos del otoño

Sevilla, 8/IV/2022, un viernes para comprender mejor los dolores de la vida

Al igual que el dinosaurio de Monterroso, dos árboles siempre estuvieron en su vida y cuando despertó en su cielo particular le susurraron al oído que les encantaba que se quedara para siempre con ellos. Uno estaba junto al Florida Park, en el parque del Retiro, en Madrid, un magnífico ejemplar de plátano de sombra. El otro era una secuoya impresionante, que siempre desafiaba su circunferencia mediante lo que más amaba, abrazos humanos, no sólo de una sino de varias personas a la vez y que vigilaba al cabo de muchos años el parterre del Potosí, en La Granja de San Ildefonso (Segovia), cerca de la Casa de las Flores, con sus figuras geométricas de vegetación y flores que le dan una belleza especial, rodeando una fuente de nenúfares en torno a Venus.

En los dos sitios, aquellos árboles habían sido testigos de su tiempo, porque en la vida hay tiempo para casi todo, porque todo tiene su momento, y cada cosa su tiempo bajo el cielo: nacer, morir, plantar, arrancar lo plantado, matar, sanar, destruir, edificar, llorar, reír, lamentarse, danzar, lanzar piedras, recogerlas, abrazarse, separarse, buscar, perder, guardar, tirar, rasgar, coser, callar, hablar, amar, odiar, guerra, y paz.

Estaban acostumbrados a que frente a ellos, la vida de ella siempre fuera una pregunta sin respuestas en muchas ocasiones, pero sabían también que al recordarlos en momentos especiales podíamos encontrar en ellos la mejor respuesta de belleza y paz soñadas. Allí estaban los dos al borde de un camino real o imaginario, da lo mismo, pero convencidos de que con el paso de los años lo importante es respetar el tiempo que cada persona lleva dentro al caminar junto a las personas que quieres, buscando apasionadamente, como hacia Loli, la felicidad en el afán de cada día.

Ahora, con ella junto a sus raíces, nos queda hablar de las personas a las que quería con entusiasmo, también de sus cosas, de su sentido contagioso para encontrar el lado amable de la vida, de cómo nos enseñó a comprender la dureza del largo camino hacia su cielo tan particular. Y sus dos árboles queridos nos recuerdan que más valen dos personas que una sola, pues obtienen mayor ganancia de su esfuerzo, pues si cayeren, una levantará a la otra; pero ¡ay de la persona sola que se cae!, que no tiene quien la levante. Si dos se acuestan, tienen calor; pero la persona sola ¿cómo se calentará? Todo es más sencillo así, porque la amistad y el amor son como la cuerda de tres hilos, que no es fácil romper.

Lo sorprendente es que junto a sus raíces había siempre una cuerda. De tres hilos.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

¿Quién anima al animador?

Julio Numhauser & Maciel Numhauser, Todo cambia

Sevilla, 04/IV/2022

La persona que anima es una especie en extinción, porque los agoreros mayores de este reino humano están haciendo continuamente de las suyas. Animar es un verbo que admite hasta diez acepciones, según el Diccionario de la lengua española (RAE): infundir vigor a un ser vivo, infundir ánimo o energía moral a alguien, incitar a alguien a una acción, dar vida o animación a una obra de arte, comunicar a una cosa inanimada vigor, intensidad y movimiento, dar movimiento, calor y vida a un concurso de gente o a un paraje; dicho del alma, dar vida al cuerpo, vivir, habitar, cobrar ánimo y esfuerzo, decidirse, determinarse a hacer o decir algo. Son diez interpretaciones que equivalen a una sola, de las que destaco la última sobre las demás: animar es dar vida al cuerpo, vivir en definitiva. Cambiar todo lo que haya que cambiar.

Todo está cambiando en nuestras vidas porque hay muy pocas zonas que nos animen a habitar seguros y de forma estable en el microcosmos que nos rodea. La cantora Mercedes Sosa (cantante es el que puede y cantor el que debe, según Facundo Cabral), cantó Todo cambia (con letra y música del músico chileno Julio Numhauser, fundador de mi querido grupo Quilapayún) para animarnos a continuar siempre hacia adelante mediante su compromiso activo a través de la música, por ejemplo, habiéndolo grabado personalmente en la razón y en el corazón a lo largo de mi vida, en etapas que han quedado registradas en mi memoria de secreto, situada como estructura muy valiosa en una región profunda del cerebro, el hipocampo. La recuerdo en ocasiones como ésta porque era una auténtica animadora, infundiéndonos siempre ánimo o energía moral a todos: Cambia lo superficial / Cambia también lo profundo / Cambia el modo de pensar / Cambia todo en este mundo. Es bueno que como animadores hablemos de esto, por higiene mental, en el Club de las Personas Dignas, al que pertenezco, para reforzar las actitudes cotidianas en lo que vivimos, hacemos y sentimos, aunque reconozcamos que la situación de inmovilismo reaccionario nos hace daño, sabiendo que debemos compartir la realidad cambiante, por dura que sea, hasta que al animarnos y respetar a los que animan a los animadores, integremos en nuestra inteligencia de todos y en la de secreto, el hecho de que cambiar no es extraño…, porque no cambiamos el amor a lo que queremos, por mucho que nos cueste, porque somos coherentes, porque los principios permanecen, aunque tomemos conciencia plena de que para los Tristes y los Tibios, cada uno en su Club, tanto cambio no lleva a nada bueno. Y en los momentos difíciles que estamos atravesando, quizás se frotarán las manos, en su presunto triunfo anímico, porque piensan que estábamos advertidos. Me alegra pensar que así no será…, porque el cambio no es ya algo extraño en nuestras vidas: Lo que cambió ayer / Tendrá que cambiar mañana / Así como cambio yo / En esta tierra lejana // Cambia el rumbo el caminante / Aunque esto le cause daño / Y así como todo cambia / Que yo cambie no es extraño.

He dicho anteriormente que hay que respetar a los animadores frente a los agoreros mayores del reino que, instalados en su mediocridad eterna, no hacen nada más que cantar las desgracias propias y ajenas sin mezcla de cambio o progreso personal y social alguno. Es una especie en extinción, aunque el gran espectáculo del mundo continúe. Lo decía recientemente con motivo de la entrega del Óscar 2022 al mejor corto “animado”, El limpiaparabrisas, español por cierto, dirigido por Alberto Mielgo, una metáfora “animada” sobre el amor en tiempos revueltos, como primer motor que anima la vida, intentando responder en pocos minutos a la gran pregunta de la vida: ¿qué es el amor?: “La verdad es que todo se nubla en la mente y en el corazón cuando llueve y se moja el alma, que también sucede, siempre no a gusto de todos, pero tomando conciencia de que ese todo se puede limpiar también con el amor líquido del limpiaparabrisas de la vida, porque al final todo depende del color del cristal con el que se mira cada aquí y ahora de esa turbulenta forma de ser y estar en el mundo que cada uno vive. Juan Ramón Jiménez me lo enseñó hace ya muchos años, cada vez que traspasaba la cancela de su casa en Moguer, en la calle Nueva: “[…] era de hierro y cristales blancos, azules, granas y amarillos. Por las mañanas. ¡qué alegría de colores pasados de sol en el suelo de mármol, en las paredes, en las hojas de las plantas, en mis manos, en mi cara, en mis ojos! […] Yo miraba sucesivamente todo el espectáculo, el sol, la luna, el cielo, las paredes de cal, las flores -jeranios, hortensias, azucenas, campanillas azules-, por todos los cristales, el azul, el grana, el amarillo, el blanco. El que más me atraía era el amarillo. Por el cristal amarillo todo se me aparecía cálido, vibrante, rejio, infinito […] Todo allí acababa bien; era un término como el del beso en el amor, como el de la gloria verdadera e íntima en el arte; después de mirar por el cristal amarillo ya no quería yo más y me quedaba contento”. Como me pasa a mí hoy al ver en repetidas ocasiones el corto de Mielgo, con el color de cada plano, que llevan el alma dentro”.

Los animadores del reino practicamos la defensa a ultranza del “principio esperanza”, que he mantenido en mi vida y que he ido alimentando hasta hoy de lecturas ideológicas no inocentes. El éxito filosófico de Ernst Bloch, por ejemplo, con su teoría de ese “principio esperanza”, fue demostrarnos que tenemos que llegar a ser “ateos” por la gracia de Dios, es decir, hay que creer en la trascendencia de la vida sin un Trascendente alienador. Por ello, hay que rechazar de base la superstición y la mitología de la religión. Sólo así, el ser humano adquirirá su desarrollo pleno. En definitiva, permitirá regar con rocío, todos los días, las esperanzas legítimas que cada uno tiene, animarnos, en una palabra, dando respuesta a la pregunta profunda de Neruda, ¿Es verdad que las esperanzas deben regarse con rocío? (Libro de las preguntas, IV), aprendiendo a ser felices cada día, una experiencia de esperanza en el amor, entre otras, como hambre cósmica en tiempos revueltos, aprendiendo de una vez por todas que animar nuestra vida y la de los demás es cosa de cuidar el alma, dando vida al cuerpo, vivir y habitar la vida. En definitiva, cobrar ánimo y esfuerzo, decidirse, determinarse a hacer o decir algo que nos permita mantener viva la esperanza de dar respuesta a los problemas de la vida, a sus continuas preguntas. Siendo así, que yo cambie no será ya extraño y como animador…, la verdad es que, hoy por hoy, me siento animado.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Palabras para Alejandro

Caetano Veloso, Alexandre, en Livro, 1997

Sevilla, 30/III/2022

Hoy, hace tan sólo unos minutos, ha nacido en el mes del dios Marte, Alejandro, mi segundo nieto, con un nombre de raíz griega, el defensor del hombre, en mi mejor traducción a través de dos palabras que se unen para reforzar el mensaje que lleva dentro, αλέξειν (aléxein, defender, proteger, repeler, infinitivo) y ἀνδρός (andrós, del varón, genitivo). Junto a Adrián, el primero, nacido en 2020, conforman una prolongación de la genealogía del apellido Cobeña, con unas raíces profundas en Andalucía, desde Córdoba la llana, cuando en el siglo XIII, un almorávide natural de Cobeña, Álvaro Colodro, de cuyo nombre quiero acordarme hoy especialmente, se descolgó por la muralla que protegía la Córdoba mora, iniciándose con ese acto la reconquista de la ciudad por el ejército del rey Fernando III. Allí quedó para la posteridad el topónimo Cobeña y las familias de Colodro y sus acompañantes en el asalto se quedaron en la provincia y otros pueblos de Andalucía, por las regalías del rey, hasta nuestros días, pasando el apellido Cobeña de generación en generación hasta el nacimiento hoy de Alejandro, porque salvando lo que haya que salvar, ha nacido en Sevilla “Alejandro de Cobeña”, como se decía entonces. Su segundo apellido, Rodríguez de la Paz, también lleva dentro algo muy importante para su vida: transmitir la paz en su entorno, el equilibrio que siempre hay que buscar en el largo camino vital de cada persona. Al fin y al cabo, siempre recordará que su nombre significa “defensor de las personas, del ser humano”, para llevarlos a la paz, estando cerca de ella.

Si el fenómeno de la hoja en blanco es siempre una aventura hacia lo desconocido, escribir sobre el nacimiento de Alejandro me obliga a recordar una vez más las palabras que escribió Ítalo Calvino en su obra póstuma “Seis propuestas para el próximo milenio”: “…es un instante crucial, como cuando se empieza a escribir una novela… Es el instante de la elección: se nos ofrece la oportunidad de decirlo todo, de todos los modos posibles; y tenemos que llegar a decir algo, de una manera especial” (Ítalo Calvino, El arte de empezar y el arte de acabar). Efectivamente, lo que quiero decir es algo que muestre la fuerza de la palabra ante un acontecimiento de tanta belleza humana, la máxima expresión de la vida. Alejandro, al igual que pasó en 2020 cuando nació su hermano Adrián, viene al mundo en un momento muy difícil, pero con todas las oportunidades de ser feliz. Nace rodeado de afecto y cercanía familiar, en un centro sanitario público, atendido de forma especial por profesionales del Sistema Sanitario Público de Andalucía que ennoblecen mediante su trabajo serio y riguroso, el servicio que prestan a la ciudadanía presidido por la salvaguarda del interés general.

Alejandro, como nombre, tiene un recorrido histórico extraordinario, centrado en la figura del rey de reyes, Alejandro Magno, de cuna macedonia, cuya historia narra de forma especial el cantor brasileño Caetano Veloso, cuando incluyó la canción Alexandre, dedicada a Alejandro Magno, en su álbum Livro, publicado en 1997 y que hoy me gustaría susurrar al oído de Alejandro niño:

Él nació en el mes del león, su madre una bacante
y el rey su padre, un conquistador tan valiente
que el príncipe adolescente pensó que ya no quedaría nada
para, si llegara a ser Rey, conquistar por sí solo.
Pero muy pronto resultó ser un niño extraordinario:
el cuerpo de bronce, los ojos color lluvia y el pelo color sol

Alejandro,
de Olimpia y Felipe el niño nació, pero él aprendió
que su padre fue un rayo que vino del cielo

Eligió su caballo porque parecía indomable.
Y le puso el nombre Bucéfalo al dominarlo
para júbilo, asombro y escándalo de su propio padre
que contrató para su preceptor a un sabio de Estagira
cuya cabeza sostiene aún hoy Occidente.
El nombre Aristóteles – nombre Aristóteles- se repetiría
desde entonces hasta nuestros tiempos y más allá.
Él enseñó al joven Alejandro a sentir la filosofía
para que más que fuerte y valiente llegara a ser sabio también

Alejandro,
de Olimpia y Felipe el niño nació, pero él aprendió
que su padre fue un rayo que vino del cielo

De niño, sorprendió a visitantes importantes.
bienvenidos como embajadores del Imperio Persa,
pues los recibió en ausencia de Felipe con gestos elegantes
de los que el rey, su propio padre, no sería capaz.
Pronto estaría al lado de Felipe en el campo de batalla
y marcaría su nombre en la historia entre los grandes generales

Alejandro,
de Olimpia y Felipe el niño nació, pero él aprendió
que su padre fue un rayo que vino del cielo

Con Hefestión, su querido amigo,
su bien en la paz y la guerra,
corrió en honor a Patroclo
– los dos cuerpos desnudos —
junto a la tumba de Aquiles, el héroe enamorado, el amor.
En la gran batalla de Queronea, Alejandro destruía
la sagrada comisaría de Tebas, llamada invencible.
A los dieciséis años, sólo dieciséis años, así ya exhibía
toda la amplitud de la luz de su genio militar.
Olimpia incitaba al niño dorado a afirmarse
si Felipe dejaba a la familia de la madre de otro hijo de los suyos postularse.

Alejandro,
de Olimpia y Felipe el niño nació, pero él aprendió
que su padre fue un rayo que vino del cielo

Hecho rey a los veinte años
convirtió a Macedonia,
que era un reino periférico, llamado bárbaro,
en el este del helenismo y de los griegos, su futuro, su sol.
El gran Alejandro Magno, Alejandro Magno
conquistó Egipto y Persia,
fundó ciudades, cortó el nudo gordiano, fue grande;
se embriagó de poder, alto y profundo, fundando nuestro mundo,
fue generoso y malvado, magnánimo y cruel;
se casó con una persa, mezclando razas, nos cambió tierra, cielo y mar
murió muy joven, pero antes se impuso del Punjab a Gibraltar.

Alejandro,
de Olimpia y Felipe el niño nació, pero él aprendió
que su padre fue un rayo que vino del cielo

Me encantaría quedarme con palabras como “niño extraordinario, el cuerpo de bronce, los ojos color lluvia y el pelo color sol” para explicárselas una a una a nuestro nieto. Siguiendo el hilo conductor de la canción, me gustaría decirle también al oído que Alejandro tuvo un maestro de vida, el filósofo Aristóteles, del que yo aprendí lo que sé hoy para comprender la vida. Le diré, junto a su hermano, los dos sentados en mis rodillas, como hacían los abuelos en las orillas del Tigris y del Éufrates, hace ya muchos siglos, que el hombre, en el sentido global de la persona humana, es “el único ser capaz de admirarse de todas las cosas” y que ese es el fundamento de la filosofía: ”su propio padre / contrató como su preceptor a un sabio de Estagira / cuya cabeza sostiene aún hoy Occidente. / El nombre Aristóteles se repetiría / Desde entonces hasta nuestros tiempos y más allá / Él enseñó al joven Alejandro a sentir la filosofía / para que más que fuerte y valiente llegara a ser sabio también”. No se puede decir o cantar mejor. Aseguro que le enseñaré a sentir la filosofía para que llegue a entender bien qué significa ser sabio en la vida.

Le diré también que Alejandro Magno cultivó la amistad desde que era muy pequeño, con un amigo muy querido, inseparable, de nombre Hefestión, su bien en la paz y la guerra y le enseñaré que junto a la defensa de las personas, como dice su nombre, debe ser también el defensor del amor. Le contaré que con tan sólo veinte años, el rey Alejandro convirtió a Macedonia, que era un reino periférico, llamado bárbaro, en el este del helenismo y de los griegos, su futuro, su sol. Que fundó muchas ciudades, que deshizo el nudo gordiano y que fue muy grande. Que al casarse con una mujer persa, mezcló razas olvidando la hegemonía griega. Que fue capaz de cambiar la faz de la tierra, del cielo y del mar.

Tengo una cosa más que contarle y creo que fundamental: que siendo rey Alejandro, fundó la maravillosa Biblioteca de Alejandría, la ciudad en Egipto que lleva su nombre hasta nuestros días. Le explicaré con detalle cómo se creó la Biblioteca, que llegó a albergar más de 450.000 papiros, cuidados con esmero por Demetrio de Falero, Calímaco o Apolonio de Rodas y cuyo objetivo era recopilar todas las obras del ingenio humano, de todas las épocas y todos los países que debían ser incluidas en una colección inmortal para la posterioridad. Le diré que los libros serán muy importantes en su vida y que su biblioteca personal y familiar serán siempre su clínica del alma.

Alejandro, mi nieto nacido hoy, junto a su hermano Adrián, unen dos culturas milenarias, la griega y la romana. Adrián, Adriano, sabemos que fue un vecino de Itálica, majestuosa ciudad romana, hace ya muchos años y probablemente encontramos su mejor sentido de vida, su programa, cuando acudo a mi rincón de pensar y escojo un libro precioso, Memorias de Adriano, de Marguerite Yourcenar, muy bien tratado en su traducción por Julio Cortázar, en el que recorro una trayectoria apasionante de un niño de un pueblo cercano a Sevilla, que llegó a ser emperador y que entregó al mundo el espíritu de la libertad para ser diferentes en un mundo a veces diseñado por el enemigo, bellamente expresado en unas palabras llenas de encanto y de alma: “Mínima alma mía, tierna y flotante / huésped y compañera de mi cuerpo / descenderás a esos parajes pálidos, rígidos y desnudos, / donde habrás de renunciar a los juegos de antaño”. De Alejandro, macedonio y griego, rey y faraón también, ya lo hemos contado y cantado casi todo.

Finalizo estas palabras con el estribillo adaptado de la canción de Caetano Veloso, Alexandre, a la que pongo hoy música casi celestial mirando a mi nieto, un niño extraordinario, el cuerpo de bronce, los ojos color lluvia y el pelo color sol:

Alejandro,
de Vanesa y Marcos el niño nació, pero él aprenderá
que sus padres son un rayo de sol que hoy viene del cielo

Creo que he sido fiel a mi compromiso crónico con Ítalo Calvino al escribir estas palabras. Lo que les puedo asegurar es que hoy, ante la oportunidad de decirlo todo, de todos los modos posibles, sólo he intentado decir algo de Alejandro, también de Adrián, de sus padres, de la abuelidad, de una manera especial.

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El cine es ver caminar a Henry Fonda

Henry Fonda (Norman Thayer, Jr.), En el estanque dorado, 1981

Sevilla, 29/III/2022

Lo dijo el director de cine John Ford, que conocía muy bien a Henry James Fonda, respondiendo a un periodista ante la pregunta clásica de ¿qué es el cine?: «Es ver caminar a Henry Fonda». Es verdad, en los días de resaca de la entrega de los premios Óscar al mérito cinematográfico, en su 94ª edición, que pasará a la posteridad como la del guantazo del actor Will Smith al presentador del acto, Chris Rock, por un chiste de mal gusto dirigido a su mujer, presente en el patio de butacas del Dolby Theatre de de Hollywood, necesitamos recuperar la esencia del cine y quedarnos con todo lo bueno que nos viene ofreciendo desde su creación. Ver caminar a Henry Fonda es el cine, no el incidente del domingo pasado, que empaña la trayectoria de una ceremonia en la que el gran actor americano recibió su primer Óscar, en 1982, por el papel inolvidable de Norman Thayer Jr. en El estanque dorado, película dirigida por Mark Rydell, basada en la obra de teatro de Ernest Thompson y coprotagonizada junto a Katherine Hepburn, quién también obtuvo la estatuilla dorada.

Anoche tuvimos la oportunidad de ver de nuevo esta película en la segunda cadena pública de la corporación RTVE, que cuarenta años después de su estreno en España, simboliza la magia del cine en todo su esplendor, porque ambas interpretaciones, las de Fonda y Hepburn, son impecables, sin quitar mérito alguno a Jane. El guion de la película es en el fondo y forma de la misma, salvando lo que haya que salvar, parte de la vida del actor y de su hija. Se sabe que Jane Fonda adquirió los derechos de la obra teatral de Ernest Thompson para llevarla al cine, el mejor sitio para aflorar la dolorosa relación con su padre desde que era pequeña, a modo de reconciliación, con un episodio que la alejó todavía más de la frialdad y lejanía que la trató desde siempre, mucho más cuando a ella y a su hermano Peter, con doce años ella y diez él, no les dijo la verdad sobre la muerte por suicidio de la madre de ambos, Frances Ford Seymour, la segunda esposa de Fonda en su larga vida matrimonial.

El guion está muy cuidado y la interpretación de Henry Fonda y su hija Jane, no le va a la zaga, junto a la de Katherine Hepburn, siendo inolvidables las últimas escenas en las que se recoge el momento del dolor profundo en el corazón de Norman, que le provoca que se desplome en el suelo, cuando su mujer, Ethel, abrazado a él le dice al oído:  “Estás a salvo, viejo cascarrabias y definitivamente seguirás molestando al pobre Charlie. Después del almuerzo, después de haber devorado todas esas fresas, nos dirigiremos a la carretera del casco antiguo. Hemos estado allí mil veces. Mil. Y lo recordarás todo. ¡Escúcheme, señor. Eres mi caballero de brillante armadura. No lo olvides. Vas a volver a subirte a ese caballo y yo estaré justo detrás de ti agarrándote fuerte y lejos vamos a ir, ir, ir!”. Un mensaje para caminantes de la vida que no olvido.

Anoche, volví a ver la película fijándome sobre todo en los detalles de la forma de caminar del actor para comprender la magia del cine sin palabras, así como de las expresiones faciales continuas que tanto caracterizaron a Fonda en su larga trayectoria cinematográfica. Él hizo el rodaje, afectado ya por una enfermedad de la que falleció meses después por un episodio coronario, cuando tenía 77 años. Creo que podemos afirmar que esta película fue su testamento cinematográfico, que abrochó con el reencuentro con su hija durante su rodaje, sobre todo –según cuenta Jane– cuando en dos momentos álgidos de la misma pregunta junto a su madre “por qué ese hijo de su madre nunca ha sido amigo mío”, refiriéndose a Norman, su padre, al que manifiesta posteriormente “quiero que seamos amigos” y, posteriormente, cuando por primera vez le dice “¡adiós Norman…, papá!”, fundiéndose en un abrazo que da sentido pleno a la película de su vida.

¿Qué es el cine, hoy? Todavía…, es ver a caminar a Henry Fonda por los senderos inescrutables de la vida, llorando a solas ante la proximidad de su hija, junto a su querida compañera de vida, cuando ya todo suena a despedida. Por esta vez, cualquier parecido con la realidad no ha sido pura coincidencia. Esa es la verdadera magia del cine y su historia.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Un Óscar al Amor, en un corto español

Sevilla, 28/III/2022

Anoche recibió El limpiaparabrisas un Óscar al mejor corto animado, dirigido por Alberto Mielgo y producido por Leo Sánchez, a los que dediqué una palabras de reconocimiento en este cuaderno digital, el pasado martes 22 de marzo, como una auténtica premonición. Mi enhorabuena por este éxito internacional, porque como decía Luis Cernuda, “el trabajo humano, con amor hecho, merece el reconocimiento de los otros”.

Vuelvo a publicar íntegro el artículo citado, Un limpiaparabrisas para amar la vida. Es importante que este reconocimiento se divulgue en un país tan cainita y de olvidos cómplices, porque necesitamos reforzar la calidad humana y profesional de artífices diarios de la cultura como manifestación artística del conocimiento y de la esencia del ser humano. En este sentido, recuerdo siempre las palabras del cardiólogo catalán Valentín Fuster, residente durante desde hace muchos años en América, que pronunció en 2013 durante una de sus múltiples visitas a España: “Yo puedo estar hablando todo el rato del desastre que hay en España. Pero igual podemos sacar unos minutos para saber si algo funciona…” o lo que es lo mismo, puedo estar hablando todo el rato de lo que hace mal este país, pero igual podemos sacar unos minutos para saber si algo funciona…, si alguien nos representa con dignidad más allá de nuestras fronteras y alegrarnos por ello, rompiendo los silencios cómplices a los que estamos acostumbrados o a desprestigiar a quien tanto lucha por sus ideales y principios. Y comprobaremos que es verdad, que se hacen muchas cosas muy bien en este país y que aparentemente son de otro mundo pero que, gracias a un director excepcional español, junto a un productor que arriesga capital y esfuerzo humano y profesional para alcanzar un objetivo tan bello, no confundiendo nunca valor y precio, contribuimos a dignificar el país por un premio internacional de cine, un Óscar, que debería causar la admiración necesaria y justa de todos, sin excepción alguna. Por ello, desde Andalucía también, ¡enhorabuena, Alberto Mielgo y Leo Sánchez!

Un limpiaparabrisas para amar la vida

En tiempos procelosos necesitamos más que nunca descubrir islas desconocidas que nos proporcionen paz y armonía interior. Tal es el caso de una película de animación, El limpiaparabrisas, que está nominada al Mejor Cortometraje de Animación, en la 94ª edición de los Premios Óscar 2022, que se celebrará el próximo domingo 27 de marzo en el Dolby Theatre de Hollywood, escrita, dirigida y diseñada por Alberto Mielgo, con una dilatada carrera en esta forma de animar la vida real, demostrado con los premios EMMY recibidos hasta esta realización y con la coproducción de su estudio PINKMAN.tv y el de Leo Sánchez. Hay que resaltar las ayudas públicas que ha recibido esta producción, entre las que destaca el ICEX, así como la Consejería de Cultura y Turismo de la Comunidad de Madrid por medio de su oficina “Madrid Cultura y Turismo”, que ha apoyado y ayudado de una manera firme la promoción de este extraordinario proyecto.

Es un cortometraje de quince minutos de duración, con “una visión muy personal y particular sobre el Amor y las relaciones”, que arranca con una inquietante pregunta: ¿Qué es el amor? A partir de ella, un hombre, un autorretrato del director, en un restaurante y fumando de forma compulsiva, reflexiona sobre qué es el amor por medio de una sucesión de historias y situaciones personales transidas de incomunicación y silencios. En una entrevista realizada a Leo Sánchez, coproductor, se dice algo que me ha impactado porque, como tantas veces he escrito en este cuaderno digital, se observa que en cada plano del corto hay alma. A la pregunta de si se han utilizado actores reales, “porque la vida que transmiten los personajes es increíble, tienen alma…”, Leo Sánchez responde: “Depende en qué términos se vea, entiendo lo que quieres decir. Si la pregunta es que si se ha usado la técnica de “captura de movimiento” o rotoscopia o se ha grabado y se ha usado un filtro después…, rotundamente no. La película se ha animado de manera tradicional, hemos trabajado con animadores de la industria de animación tradicional del más alto nivel. Lo que pasa es que cuando estos animadores trabajan con un personaje cartoon es habitual que ellos mismos se graben para tenerlo como referencia, para observar los movimientos y expresiones. Después eso lo llevan al cartoon. Alberto Mielgo es muy meticuloso con sus referencias, él se graba y esas referencias se las pasa al animador que anima totalmente el personaje teniendo en cuenta esas referencias. La duda que te surge a ti, como a mucha otra gente, es porque hemos trabajado con personajes con proporciones humanas, porque es la estética que buscaba Alberto. Esto genera este punto muy afortunado que te lleva a preguntarte qué estás viendo realmente. Pero como te comentaba, al final ha sido un proceso muy tradicional”. Me ha quedado claro que tienen alma porque se ha intentado recuperar la vida interna de cada original humano y su circunstancia. Ese es su secreto.

Al final, pasando planos esclarecedores, suena una canción con un mensaje profundo: “Si no estás preparado para el amor ¿cómo puedes estarlo para la vida? Así que amemos libremente, amemos fuerte, amemos ahora. Porque pronto moriremos…”. A la pregunta del principio, “¿qué es el amor?”, el mismo hombre contesta con firmeza: “el amor es una sociedad secreta”. Una conversación de clientes de la cafetería, como un rumor,  cierra los planos finales del corto junto a los títulos de crédito: “te estás proyectando hacia delante, en vez de quedarte en la intersección. Sí, estoy de acuerdo, soy un desastre, porque estás en medio de la calle y cuando dejo de hacerlo, dejo de adivinar hacia dónde vamos, en lugar de vivir el momento… Las cosas se desenvuelven con mayor facilidad, es cuando realmente van como a mí me gusta”.

La verdad es que todo se nubla en la mente y en el corazón cuando llueve y se moja el alma, que también sucede, siempre no a gusto de todos, pero tomando conciencia de que ese todo se puede limpiar también con el amor líquido del limpiaparabrisas de la vida, porque al final todo depende del color del cristal con el que se mira cada aquí y ahora de esa turbulenta forma de ser y estar en el mundo que cada uno vive. Juan Ramón Jiménez me lo enseñó hace ya muchos años, cada vez que traspasaba la cancela de su casa en Moguer, en la calle Nueva: “[…] era de hierro y cristales blancos, azules, granas y amarillos. Por las mañanas. ¡qué alegría de colores pasados de sol en el suelo de mármol, en las paredes, en las hojas de las plantas, en mis manos, en mi cara, en mis ojos! […] Yo miraba sucesivamente todo el espectáculo, el sol, la luna, el cielo, las paredes de cal, las flores -jeranios, hortensias, azucenas, campanillas azules-, por todos los cristales, el azul, el grana, el amarillo, el blanco. El que más me atraía era el amarillo. Por el cristal amarillo todo se me aparecía cálido, vibrante, rejio, infinito […] Todo allí acababa bien; era un término como el del beso en el amor, como el de la gloria verdadera e íntima en el arte; después de mirar por el cristal amarillo ya no quería yo más y me quedaba contento”. Como me pasa a mí hoy al ver en repetidas ocasiones el corto de Mielgo, con el color de cada plano, que llevan el alma dentro.

NOTA: el corto que figura en la cabecera de estas palabras, es la versión censurada, sin subtítulos para su visualización en Youtube. La versión original, sin censura, se puede ver en https://youtu.be/i8MQl7vCkMQ. Para quien le interese, también se puede visualizar, doblado al castellano, hasta el 20 de abril de este año, en RTVE: Somos cine – El limpiaparabrisas (corto) (rtve.es)

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Cerca, siempre, de Miguel Hernández

SER / Podcast especial Miguel Hernández | Cuando el miedo se puede leer

Sevilla, 26/III/2022

El próximo lunes, 28 de marzo, se cumple el 80º aniversario del fallecimiento del poeta Miguel Hernández en la cárcel de Alicante. Siempre es un buen momento para recordarlo, aunque en esta ocasión sea de dolor por la forma en que ocurrió todo y cómo lo trató la dictadura hasta su muerte. En torno a su vida y obra, se publica ahora una revisión actualizada de Miguel Hernández. Pasiones, cárcel y muerte de un poeta, escrita por José Luis Ferris (Alicante, 1960), una biografía que se publicó por primera vez en 2002 por la Fundación José Manuel Lara. En ella se actualizan bastantes datos y hechos, fundamentalmente por la entrega del Tribunal Militar Territorial al Archivo General e Histórico de Defensa, de los procedimientos judiciales militares, el 24 de noviembre de 2020, entre los que se encuentran los sumarísimos llevados a cabo contra el poeta Miguel Hernández Gilabert, al finalizar la guerra civil, clasificados junto a los que figuran en más de 20.000 cajas con legajos y documentos de ese Tribunal, pudiéndose consultar algunos de ellos a través del acceso a la página principal web de Patrimonio Cultural de Defensa.

Aporto en este sentido un enlace al podcast que se puede visualizar completo y que abre estas palabras, elaborado por la cadena SER, con un título del primero que sobrecoge: Cuando el miedo se puede leer. Acceder a esta información es un privilegio para poder emitir posteriormente juicios bien informados, al habernos secuestrado la dictadura y los primeros años de transición, durante tanto tiempo, datos relevantes para conocer a fondo la figura de Miguel Hernández, que se agranda por días.

Tenemos una oportunidad ahora de rescatar información clarificadora para no olvidar al poeta, que forma parte de la memoria histórica de nuestro país, tan maltratada siempre. Creo que contribuyo con esta publicación a no participar en silencios cómplices sobre su vida y obra. Vuelvo a recordarlo hoy con unas palabras recientes mías en este cuaderno digital, que transcribo íntegramente como homenaje a su vida y obra que tanto han aportado a este país. Lo hago a través de su poema Tristes guerras, de su Cancionero de ausencias (1938-1941), que reproduzco a continuación sin más comentarios para no empañar su mensaje, que en estos momentos es imprescindible escucharlo para comprender bien su fondo y forma.

Tristes guerras
Si no es amor la empresa.

Tristes. Tristes.

Tristes armas
Si no son las palabras
.

Tristes. Tristes.

Tristes hombres
Si no mueren de amores.

Tristes. Tristes.

Ante lo que está pasando y estamos viendo de la invasión de Ucrania por parte de Rusia, no nos queda nada más que seguir luchando sin descanso por el triunfo de las palabras, que aún nos quedan, alzando la voz con ellas y siempre que lleven el amor y la paz dentro, como aprendimos de Miguel Hernández, un poeta del pueblo para el pueblo, dirigidas a Josefina Manresa y a su hijo, en Canción del esposo soldadoPara el hijo será la paz que estoy forjando. / Y al fin en un océano de irremediables huesos / tu corazón y el mío naufragarán, quedando / una mujer y un hombre gastados por los besos. Es verdad también su mensaje, que hoy resuena con más fuerza que nunca: Tristes armas / Si no son las palabras. / Tristes. Tristes. / Tristes hombres / Si no mueren de amores. / Tristes. Tristes.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.