La jornada de reflexión hermosea la democracia y el voto en Andalucía

Le somneil, fotografía de Man Ray en la que aparecen Consuelo de Saint-Exupéry y Germaine Huguet, 1937

Recuerdo los ojos de mi esposa otra vez. Nunca veré cualquier cosa más aparte de esos ojos. Ellos preguntan.

Antoine de Saint Exupéry, 
en Terre des Hommes, 1939

Sevilla, 18/VI/2022

Mañana, como quien espera el alba de la democracia, se votará en las elecciones al Parlamento de Andalucía. En tal sentido, hoy está declarada esta jornada antecedente como la de reflexión. Por ello, recupero lo que he escrito sobre el fondo y forma de esta jornada, en varias ocasiones, en este cuaderno de bitácora, que guardo en el cuarto de derrota personal, utilizando el lenguaje del mar, salvando lo que haya que salvar. Sobre todo, para comprender este día tan importante en democracia, viviendo en un mundo y en un país al revés. Todo tiene su tiempo y su momento, respetando el fondo y la forma de una reflexión del Eclesiastés (Qohélet), en su extraordinario capítulo 3º, al decirnos alto y claro que tenemos hasta 27 oportunidades para disfrutar de un regalo llamado tiempo a lo largo de la vida: nacer, morir, plantar, arrancar lo plantado, sanar, destruir, edificar, llorar, reír, lamentarse, danzar, lanzar piedras, recogerlas, abrazarse, separarse, buscar, perder, guardar, tirar, rasgar, coser, callar, hablar, amar, odiar, guerra y paz.

Ahora agrego dos más, el tiempo de reflexionar y el de votar en las elecciones que se celebrarán mañana. Una vez más, me detengo a leer con detalle las diferentes modalidades del lema “reflexión” y sus derivados en el Diccionario de Autoridades (RAE) que tanto aprecio y en su contexto vuelvo a valorar una palabra vinculada con el adverbio de modo “reflexivamente”, que recupero de nuevo para festejar esta jornada tan democrática. Se trata del verbo “hermosear” que vinculo hoy a la democracia porque ésta se hermosea con la reflexión que podemos llevar a cabo antes de acudir al acto de votar. Votar enriquece la democracia, la hermosea que decían los clásicos, porque mediante el voto responsable se considera y se da una segunda oportunidad a nuestro acto de decidir porque, en definitiva, se piensa más cuidadosamente todo.

Así reflexionaban nuestros antepasados del siglo XVIII en este país y así lo recogió el Diccionario de Autoridades (1734) para la posteridad, enriqueciendo ese acto tan sencillo, aparentemente, de reflexionar. La calidad intrínseca que contiene el verbo «hermosear» también lo recoge el citado diccionario con una acepción preciosa: “Hacer vistosa, perfecta y hermosa una cosa”. Quizá está ahí su encanto, porque si reflexionamos hoy sobre lo que va a ocurrir mañana a través de nuestro voto responsable, con sus consecuencias obvias, hacemos vistosa, perfecta y hermosa la democracia.

Sombra hecha de luz, / que templando repele, / es fuego con nieve / el andaluz. / Enigma al trasluz, / pues va entre gente solo, / es amor con odio / el andaluz. / Oh hermano mío, tú. / Dios, que te crea, / será quién comprenda / al andaluz (Luis Cernuda, El andaluz, en Como quien espera el alba, 1947).

Para que no se olvide a los millones de electores andaluces, ni siquiera un momento, en esta jornada tan vistosa de reflexión y a pesar de que siguiendo a Cernuda, tomemos conciencia, en una jornada como esta, que seguimos siendo un enigma al trasluz.

NOTA: la imagen se recuperó el 1 de diciembre de 2018 de http://blog.cristianismeijusticia.net/2015/04/10/inmigracion-y-nuevas-encrucijadas-como-ser-profeta-en-un-mundo-diverso

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Una campaña electoral muy particular / 9. ¿Es posible aplicar la teoría de la navaja de Ockham? y 10. ¿Qué hay de verdad en los programas políticos?

Selección, por relevancia política, de los programas oficiales de cinco partidos y una coalición, entre las veintisiete candidaturas proclamadas

Sevilla, 17/VI/2022

Finalizo esta serie dedicada a las elecciones al Parlamento de Andalucía con dos planteamientos importantes: rescatar la teoría de la navaja de Ockham (Guillermo de Ockham, (ca. 1280/1288-1349), aplicada en este momento al voto político en las próximas elecciones en Andalucía, porque hay que “rasurar las barbas de la indecencia política” que nos invade, al igual que hizo Ockham con las de Platón y su complejo mundo. La formulación sencilla de esta teoría proclama que la solución más simple sobre lo que está pasando en política es la correcta, es decir, se sabe que se están cometiendo errores concretos sobre la sana política y éstos son los que hay que erradicar, porque sabemos quiénes los cometen y, además, nos hemos quedado con la cara de sus representantes. ¿Quién lo debe hacer? Aplicando la navaja de Ockham, el partido que erradique en su programa las prácticas destructivas de la correcta política, en la que ocupa un papel estelar la corrupción.

Aporto en este artículo un dato muy importante extraído del último barómetro elaborado por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), correspondiente al mes de abril de 2022, que ha contemplado una pregunta que considero de sumo interés para su análisis y toma de consideración por quien corresponda a la hora de aplicar la navaja de Ockham en política. La formulación era la siguiente: ¿Cuál es, a su juicio, el principal problema que existe actualmente en España? ¿Y el segundo? ¿Y el tercero? (RESPUESTA ESPONTÁNEA). (MULTIRRESPUESTA). He tomado en consideración sólo las diez primeras respuestas de un total de 71, porque creo que representan bien el estado anímico de la Nación y porque porcentualmente hablando son muy significativas. Queda claro que un gran problema es el de la política actual, no sólo la crisis económica o el paro, porque de las diez respuestas, tres de ellas, referidas a asuntos políticos, suman un total del 42,9%, es decir, ocuparían el segundo puesto en esta clasificación estadística al darles un tratamiento homogéneo. Es muy significativo el resultado porque en política en este país no se salva nadie, ni el Gobierno y partidos o políticos concretos/as, ni los problemas políticos en general y, tampoco, el mal comportamiento de los/as políticos/as. La verdad es que es un resultado lamentable, que debería hacernos reflexionar ante las próximas elecciones al Parlamento de Andalucía, concretamente el 19 de junio.

El segundo artículo plantea algo sustancial con este momento político electoral: el conocimiento a fondo, antecedente al acto de votar, de los programas políticos de los partidos, federaciones y coaliciones que se presentan a estas elecciones, para conocer con detalle qué pretenden cambiar o, mejor todavía, transformar en la sociedad para que sea más justa y equitativa, respetando siempre el interés general. Parto de la aplicación en este momento electoral de un principio de realidad: estamos instalados en las falsas noticias, falsas declaraciones, acusaciones falsas y así sucesivamente sin solución de continuidad, que se amplifican en las redes sociales de cualquier marca, contaminadas por la mentira despiadada. Ante la próxima campaña electoral en Andalucía, acudo a una de mis preguntas habituales en este cuaderno digital que busca encontrar islas desconocidas en la política verdadera: ¿los programas políticos tendrían que incorporar en sus índices, la llamada de atención sobre la ficción que encierran en sí mismos? 

Si nos dijeran la verdad mentirían”, escribí después de las elecciones generales en España en diciembre de 2015 y finalizaba con una reflexión sobre la que vuelvo a hacer ahora una operación rescate para comprobar si a través de mis palabras encuentro sentido a esta verdad que nos corroe en la película real del día a día: “El problema radica también en que estamos sobrepasados por experiencias políticas pasadas, enmarcadas en mentiras que parecían en el mejor de los casos verdades a medias, muy lejos del interés general. Ahora hace falta altura de miras, sensatez extrema, diálogo donde la búsqueda de la verdad sea un esfuerzo común, guardándose cada uno la suya en aquello que no une, no toda la verdad, aunque comprendamos ahora mejor que nunca algo que experimentó en su experiencia vital el gran político canadiense Michael Ignatieff en su frustrada carrera hacia la presidencia de su nación: “Nada te va a causar más problemas en la política que decir la verdad”. Porque si no, solo nos quedará en nuestro pensamiento y sentimiento una reflexión […] que se podría convertir los próximos días en trending topic popular a todas luces: si nos dicen la verdad (algunos políticos, no todos), mentirían. Aprendiendo con humildad de la paradoja de Epiménides, cuando afirmó que todos los cretenses eran unos mentirosos, porque casualmente…, él también lo era”.

Para acabar, gracias sinceras de nuevo por haber llegado hasta aquí. Leídos por mi parte los programas citados, algunos en muy pocos minutos por su escasa consistencia, me reafirmo en algo que he manifestado ya en esta serie: los nadieslos hijos de nadie, los dueños de nada. / Los nadies: los ningunos, los ninguneados, / corriendo la liebre, muriendo la vida, a los que siempre defendió Eduardo Galeano, están siempre en su sitio y pocos partidos los representan y escriben sobre ellos, porque todos no son ni somos iguales. Tampoco lo olvidaré a la hora de votar el próximo 19 de junio, navegando en mi patera ética por la memoria histórica de Andalucía. Llegado a puerto, la amarraré al noray ético de mi vida, que también existe. Hasta el próximo viaje hacia alguna parte de la nueva política, que espero con la ardiente paciencia de Neruda a pesar de su fragilidad extrema.

Elecciones al Parlamento de Andalucía 2022 / 9. ¿Es posible aplicar la teoría de la navaja de Ockham?

Sevilla, 1/VI/2022

Instalados en el mundo de la complejidad líquida, donde todo cambia en segundos, incluso el pensamiento crítico, es conveniente rescatar la teoría de la navaja de Ockham (Guillermo de Ockham, (ca. 1280/1288-1349), aplicada en este momento al voto político en las próximas elecciones en Andalucía, porque hay que rasurar las barbas de la indecencia política que nos invade, al igual que hizo Ockham con las de Platón y su complejo mundo. La formulación sencilla de esta teoría proclama que la solución más simple sobre lo que está pasando en política es la correcta, es decir, se sabe que se están cometiendo errores concretos sobre la sana política y éstos son los que hay que erradicar, porque sabemos quiénes los cometen y, además, nos hemos quedado con la cara de sus representantes. ¿Quién lo debe hacer? Aplicando la navaja de Ockham, el partido que erradique en su programa las prácticas destructivas de la correcta política, en la que ocupa un papel estelar la corrupción. Es verdad que cualquier elector puede pensar que todos los partidos son iguales y sus representantes también, pero las hipótesis de creencias para decidir sobre la elección más justa, debe ser la más simple: votar a aquellos que practican continuamente la verdad política, porque existen, salvaguardando el interés general. Llegados a este punto, habría que seguir de cerca a Einstein sobre su posicionamiento ante la navaja de Ockham, puesto que elegir lo más simple en política no significa que haya que emitir juicios no bien informados a través del voto: “A duras penas se puede negar que el objetivo supremo de toda teoría es convertir los elementos básicos en simples y tan pocos como sea posible, pero sin tener que rendirse a la adecuada representación de un solo dato de la experiencia. Simple, pero no más simple” (1).

La situación descrita anteriormente la conocemos bien y la describí en el segundo artículo de esta serie, dedicado a las ideologías, donde afirmaba que lo que verdaderamente es un clamor popular, como analizaba recientemente a tenor de los últimos resultados del Barómetro del CIS en abril de este año, es que hay un denominador común de desconcierto ciudadano ante el desencanto por hechos irrefutables de corrupción política y por el paro galopante que sigue sufriendo esta Comunidad y que sobre todo afecta a los jóvenes. Ante este panorama tan complejo y preocupante, es necesario reflexionar en voz alta sobre las actuaciones que pueden ayudar a despejar las incógnitas electorales que nos abruman en estos días que anteceden al 19 de junio de 2022. Hay que considerar, en primer lugar, una base política, como ciudadanos de a pie, como punto de partida para preparar un voto razonable y que lo sustente. Se resume en una sola palabra, ideología, porque cuando existe la ideología, que forja siempre una creencia, la política se hace virtud ciudadana, porque es consecuente, porque somos ciudadanos políticos, en la clave que enseñó Aristóteles. Las ideologías no son inocentes, como tantas veces he explicado en este blog al acudir a lo manifestado en tal sentido por Georg Lukács. Solo me refiero en la situación actual a las ideologías democráticas, las que pueden considerarse por su contenido de respeto a las personas y a la sociedad en general, en el largo camino que existe desde la izquierda a la derecha del arco político actual. Las ideologías son soportadas por las creencias, algo simple, pero no más simple, siguiendo a Einstein.

En este contexto, el último barómetro elaborado por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), correspondiente al mes de abril, ha contemplado una pregunta que considero de sumo interés para su análisis y toma de consideración por quien corresponda a la hora de aplicar la navaja de Ockham en política. La formulación era la siguiente: ¿Cuál es, a su juicio, el principal problema que existe actualmente en España? ¿Y el segundo? ¿Y el tercero? (RESPUESTA ESPONTÁNEA). (MULTIRRESPUESTA). He tomado en consideración sólo las diez primeras respuestas de un total de 71, porque creo que representan bien el estado anímico de la Nación y porque porcentualmente hablando son muy significativas. Queda claro que un gran problema es el de la política actual, no sólo la crisis económica o el paro, porque de las diez respuestas, tres de ellas, referidas a asuntos políticos, suman un total del 42,9%, es decir, ocuparían el segundo puesto en esta clasificación estadística al darles un tratamiento homogéneo. Es muy significativo el resultado porque en política en este país no se salva nadie, ni el Gobierno y partidos o políticos concretos/as, ni los problemas políticos en general y, tampoco, el mal comportamiento de los/as políticos/as. La verdad es que es un resultado lamentable, que debería hacernos reflexionar ante las próximas elecciones al Parlamento de Andalucía, concretamente el 19 de junio.

Todo, al final, es cuestión de principios, como he manifestado en ocasiones anteriores al respecto. A diferencia de la famosa frase atribuida dudosamente a Groucho Marx, “Estos son mis principios. Si no le gustan tengo otros”, siempre escribo y no me escondo sobre mis principios éticos para vivir dignamente, interpretando la política e intentando transformar la sociedad salvando siempre el interés general. Si estos principios ideológicos no gustan a los demás, no tengo otros. Así de simple, pero no más simple. Sé que las personas que lean estas palabras pensarán con nostalgia en días ya lejanos para algunos, en los que con orgullo, conciencia y sentimiento de clase no nos importaba sentirnos parte de lo que todo el mundo conocía como “la izquierda” y que te identificaran como integrante de sus formaciones políticas que no ocultaban con actitud vergonzante sus siglas e ideologías implícitas. Tampoco importaba que los que no estaban en este espacio ético de la izquierda se burlaran de nuestras «utopías», como la de los ideólogos de siempre, porque para tranquilizar sus conciencias han llamado y siguen llamando hoy a toda pre-ocupación por los demás desde las políticas de izquierda, la de los “comunistas”, sobre todo cuando se centran en el beneficio del interés general, de los nadies de Eduardo Galeano, de los que menos tienen (por cierto, no solo en relación con el dinero). Esa ideología es la que hay que recuperar en beneficio de todos, la que permita devolver el interés de vivir a los hijos de nadie, los dueños de nada. / Los nadies: los ningunos, los ninguneados, / corriendo la liebre, muriendo la vida. Si se consigue con una ideología concreta, porque todas no son iguales, podremos ser felices por nuestra responsabilidad electoral llevada a feliz término a través del voto. Aplicando la teoría de la navaja e Ockham, es decir, decidiendo de forma responsable sobre la elección más justa el próximo 19 de junio, que debe ser la más simple: votar a aquellos que practican continuamente la verdad política, porque existen, salvaguardando el interés general en beneficio de todos. Así de simple.

(1) Einstein, A. (1934), On the Method of Theoretical Physics. Philosophy of Science, 1, 163-169.

Elecciones al Parlamento de Andalucía 2022 / y 10. ¿Qué hay de verdad en los programas políticos?

Nada te va a causar más problemas en la política que decir la verdad

Michael Ignatieff, Fuego y cenizas. Éxito y fracaso en política

Sevilla, 2/VI/2022

En el último artículo de esta serie parto de un principio de realidad: estamos instalados en las falsas noticias, falsas declaraciones, acusaciones falsas y así sucesivamente sin solución de continuidad, que se amplifican en las redes sociales de cualquier marca, contaminadas por la mentira despiadada. Ante la próxima campaña electoral en Andalucía, acudo a una de mis preguntas habituales en este cuaderno digital que busca encontrar islas desconocidas en la política verdadera: ¿los programas políticos tendrían que incorporar en sus índices, la llamada de atención sobre la ficción que encierran en sí mismos? Vuelvo a leer una obra de Vargas Llosa que leí en 2016, La verdad de las mentiras, para comprobar si a través de la palabra literaria puedo encontrar la verdad que no encuentro en la realidad política actual: la ficción literaria, dice él, es por sí sola “una acusación terrible contra la existencia bajo cualquier régimen o ideología: un testimonio llameante de sus insuficiencias, de su ineptitud para colmarnos. Y, por lo tanto, un corrosivo permanente de todos los poderes, que quisieran tener a los hombres satisfechos y conformes. Las mentiras de la literatura, si germinan en libertad, nos prueban que eso nunca fue cierto. Y ellas son una conspiración permanente para que tampoco lo sea en el futuro”. No es que Vargas Llosa sea santo de mi devoción, pero suelo separar en mi vida la paja del heno sin demonizar a nadie, porque nada humano me es ajeno. Incluso el neoliberalismo, para analizarlo y denunciar sus pies de barro cuando tiene poco que ofrecer a los que menos tienen.

Si nos dijeran la verdad mentirían”, escribí después de las elecciones generales en España en diciembre de 2015 y finalizaba con una reflexión sobre la que vuelvo a hacer hoy una operación rescate para comprobar si a través de mis palabras encuentro sentido a esta verdad que nos corroe en la película real del día a día: “El problema radica también en que estamos sobrepasados por experiencias políticas pasadas, enmarcadas en mentiras que parecían en el mejor de los casos verdades a medias, muy lejos del interés general. Ahora hace falta altura de miras, sensatez extrema, diálogo donde la búsqueda de la verdad sea un esfuerzo común, guardándose cada uno la suya en aquello que no une, no toda la verdad, aunque comprendamos ahora mejor que nunca algo que experimentó en su experiencia vital el gran político canadiense Michael Ignatieff en su frustrada carrera hacia la presidencia de su nación: “Nada te va a causar más problemas en la política que decir la verdad”. Porque si no, solo nos quedará en nuestro pensamiento y sentimiento una reflexión […] que se podría convertir los próximos días en trending topic popular a todas luces: si nos dicen la verdad (algunos políticos, no todos), mentirían. Aprendiendo con humildad de la paradoja de Epiménides, cuando afirmó que todos los cretenses eran unos mentirosos, porque casualmente…, él también lo era”.

Necesitamos leer programas que contengan verdad verdadera que emerja sobre todas las querellas más o menos criminales en torno a las personas que trabajan en política y elaboran programas electorales, porque muchas personas están convencidas de que en política se miente continuamente: “los políticos, mienten más que hablan” y sus programas, en campaña electoral, dan buena fe de ello. Es una realidad flagrante, que solo se puede combatir si el poder político en todas sus escalas se instala de una vez por todas en la verdad, teniendo una clave machadiana contundente al respecto: “¿Tu verdad? No, la verdad. Y ven conmigo a buscarla. La tuya guárdatela”. La izquierda lo sabe y en la próxima campaña debería dar ejemplo segundo a segundo de que se instala definitivamente en la verdad política, en la credibilidad, no en la ficción política, meramente literaria, de la que hablábamos anteriormente y que también existe.

En el contexto expuesto anteriormente y para que se aplique el principio de realidad sobre las verdades políticas, adjunto los programas de los cinco partidos y una coalición con más posibilidades de obtener escaños en el Parlamento de Andalucía para gobernar en la próxima legislatura, sin interpretación alguna por mi parte para no contaminar a quien lea estas reflexiones “políticas”, figurando por estricto orden alfabético de su denominación o siglas: Adelante AndalucíaCiudadanosPor AndalucíaPartido PopularPSOE-A y VOX, aunque conviene recordar que todavía quedan por conocer bien los programas de los restantes partidos federaciones y coaliciones, veintidós, que suman en total veintisiete candidaturas electorales, con diferente presencia en las ocho provincias andaluzas. De todas formas, me van a permitir que exprese algo muy claro en relación con mis principios porque, de verdad, no tengo otros, a diferencia del eufemismo de Groucho Marx: todos los programas no son iguales, ni todos respetan el interés general, con especial atención al Estado de Bienestar o, dicho de forma más cercana, a la Comunidad Andaluza del Bienestar. Por tanto, creo que es una obligación ética leerlos en todas y cada una de sus páginas para poder emitir un voto bien informado. Las razones múltiples que me llevan a esta reflexión final están expuestas en los nueve artículos anteriores.

Gracias sinceras por haber llegado hasta aquí. Leídos por mi parte los programas citados, algunos en muy pocos minutos por su escasa consistencia, me reafirmo en algo que he manifestado ya en esta serie: los nadieslos hijos de nadie, los dueños de nada. / Los nadies: los ningunos, los ninguneados, / corriendo la liebre, muriendo la vida, a los que siempre defendió Eduardo Galeano, están siempre en su sitio y pocos partidos los representan y escriben sobre ellos, porque todos no son ni somos iguales. Tampoco lo olvidaré a la hora de votar el próximo 19 de junio, navegando en mi patera ética por la memoria histórica de Andalucía. Llegado a puerto, la amarraré al noray ético de mi vida, que también existe. Hasta el próximo viaje hacia alguna parte de la nueva política, que espero con la ardiente paciencia de Neruda a pesar de su fragilidad extrema.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Una campaña electoral muy particular / 7. La corrupción de la mente daña de forma irreversible a la democracia y 8. Es hora de reivindicar el deber de los deberes humanos

Emilio LLedó

Me preocupa la corrupción mental, que un ignorante con poder determine nuestra vida, ante la que hay que vacunarse urgentemente.

Emilio Lledó

Sevilla, 16/VI/2022

Hoy, en plena campaña electoral en Andalucía, se presentan dos personas imprescindibles, como “modelos políticos” en el sentido más puro de lo que es ser político en el mundo actual. En el primer artículo, centro la reflexión en la corrupción de la mente, algo que también ocurre en política, citando al filósofo y paisano Emilio Lledó, autor de un libro, Sobre la educación, en el que figura un artículo precioso, Juan de Mairena, una educación para democracia, en el que hace una advertencia sobrecogedora sobre la corrupción de la mente: “Sorprende que con el enorme y tal vez desmesurado retumbar de las noticias sobre corrupción, no se haya entrevisto la peor de las corrupciones, mucho más grave aún que la de la supuesta apropiación de bienes ajenos o la utilización de la venta de los bienes públicos para engordar los privados. Me refiero a la corrupción de la mente, a la continua putrefacción de la conciencia debida, entre otras monstruosidades de degeneración mental, a la manipulación informativa. Estas corrupciones no son instantáneos desenfoques de la visión. Al cabo del tiempo esos manejos en nuestras inermes neuronas acaban por distorsionarlas, desorientarlas y dislocarlas. Difícilmente podrán hacer ya una sinapsis, una conexión pertinente y correcta”.

Todo lo que expresa Emilio Lledó sobre la corrupción, es aplicable a la política actual, obviamente. El contrato social de cada ciudadano con la política que impera nos recuerda la conveniencia de estar vacunados contra la epidemia de intromisión en nuestra inteligencia social, que también existe, porque la mente sufre con esta falta de ejemplaridad por la corrupción política. Comprendo mejor que nunca la reflexión de Emilio Lledó que abre estas palabras y que tampoco olvido: Me preocupa la corrupción mental, que un ignorante con poder determine nuestra vida, ante la que hay que vacunarse urgentemente. Sencillamente, porque no somos idiotas, ni nos conformamos con que nos entreguen una flor en plena discordia. Creo que ha llegado el momento de entrar con un buldócer ético en la sociedad y remover los grandes planteamientos sociales en los que estamos instalados. Es necesario, por tanto, comenzar a hablar de legalizar nuevos contratos sociales donde la responsabilidad política del Gobierno correspondiente y de la ciudadanía tengan un papel protagonista en los cambios copernicanos y prioritarios que se tienen que abordar con urgencia ética y social. Todo lo demás es seguir normalizando lo indeseable e imposible que no beneficia a nadie. Ya lo dijo el torero El Guerra: lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible.

En el segundo artículo, octavo de la serie, abordo algo que me obsesiona desde antiguo, el cumplimiento de los deberes sociales, no sólo de la exigencia de los derechos. En este caso, sabiendo que es urgente tomar conciencia de nuestros deberes políticos como ciudadanos del mundo y de esta Comunidad, en los términos propuestos de fondo y forma en la Carta Universal de los Deberes y Obligaciones de las Personas, que se cita en el artículo, porque tenemos la oportunidad en estas elecciones al Parlamento de Andalucía de tomar conciencia de que todo lo político, en el sentido más puro del término, también nos pertenece, al ser estos deberes y obligaciones políticas una dimensión humana primordial como miembros de la aldea global en la que vivimos, somos y estamos cada día de nuestra vida.

Así lo presentó José Saramago en uno de los discursos pronunciados con motivo de la recepción del Premio Nobel de Literatura en 1998, refiriéndose al 50 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, lo siguiente: “Nos fue propuesta una Declaración Universal de los Derechos Humanos y con eso creíamos que lo teníamos todo, sin darnos cuenta de que ningún derecho podrá subsistir sin la simetría de los deberes que le corresponden. El primer deber será exigir que esos derechos sean no sólo reconocidos sino también respetados y satisfechos. No es de esperar que los Gobiernos realicen en los próximos cincuenta años lo que no han hecho en estos que conmemoramos. Tomemos entonces, nosotros, ciudadanos comunes, la palabra y la iniciativa. Con la misma vehemencia y la misma fuerza con que reivindicamos nuestros derechos, reivindiquemos también el deber de nuestros deberes. Tal vez así el mundo comience a ser un poco mejor”.

El Preámbulo de la citada Carta, a título de marco reflexivo, que se desarrolla en sus veintitrés declaraciones, debería ser un horizonte por contemplar a la hora de introducir el voto en la urna el próximo 19 de junio, tan cerca ya, porque el voto debe llevar dentro una parte muy importante de responsabilidad política ciudadana, como deberes que son propios y no sólo responsabilidad política del Gobierno correspondiente. La razón es humana, personal e intransferible en su esencia y no tiene color. Sí, por el contrario, ideología y se aloja en personas. Ya ha demostrado la historia de forma suficiente que “ninguna ideología es inocente”, como señaló Lukács y tantas veces he citado en este cuaderno digital.

Elecciones al Parlamento de Andalucía 2022 / 7. La corrupción de la mente daña de forma irreversible a la democracia

Me preocupa la corrupción mental, que un ignorante con poder determine nuestra vida, ante la que hay que vacunarse urgentemente.

Emilio Lledó

Sevilla, 28/V/2022

Sigo muy pre-ocupado (así, con guion) con las próximas elecciones al Parlamento de Andalucía. En este contexto, recurro habitualmente a mi clínica del alma, es decir, a mi biblioteca, para intentar reabsorber lo que detesto, y cada día más, como corrupción de la mente y su impacto en la democracia actual. Entre mis libros más queridos en la actualidad está uno del filósofo y paisano Emilio Lledó, Sobre la educación, en el que figura un artículo precioso, Juan de Mairena, una educación para democracia, en el que hace una advertencia sobrecogedora sobre la corrupción de la mente: “Sorprende que con el enorme y tal vez desmesurado retumbar de las noticias sobre corrupción, no se haya entrevisto la peor de las corrupciones, mucho más grave aún que la de la supuesta apropiación de bienes ajenos o la utilización de la venta de los bienes públicos para engordar los privados. Me refiero a la corrupción de la mente, a la continua putrefacción de la conciencia debida, entre otras monstruosidades de degeneración mental, a la manipulación informativa. Estas corrupciones no son instantáneos desenfoques de la visión. Al cabo del tiempo esos manejos en nuestras inermes neuronas acaban por distorsionarlas, desorientarlas y dislocarlas. Difícilmente podrán hacer ya una sinapsis, una conexión pertinente y correcta” (1).

El daño al denominado principio de confianza debida en democracia representativa, es un ejemplo muy clarificador de la corrupción mental por la manipulación informativa que se pueda recoger en letra impresa en los programas políticos y en las intervenciones públicas de sus líderes en mítines, debates, tertulias, comparecencias en ruedas de prensa y en mensajes explícitos en redes sociales, como podemos constatar ya en la etapa preelectoral en la que estamos inmersos. La manipulación permanente mediante compromisos falsos acaba “distorsionando, desorientando y dislocando” las creencias de los votantes. Es por lo que en pleno retiro voluntario pido, con profundo respeto ciudadano, que se ponga una especial atención a no corromper la mente de las personas que pertenecemos al club ciudadano de las personas dignas, que somos millones en este país. Estamos acostumbrados a votar sin conocer con detalle el contenido de los programas políticos y luego vienen los escándalos farisaicos cuando denunciamos que no se cumplen determinados aspectos de los mismos, porque lo que allí se prometía no era verdad, se falseaba su auténtica razón de ser y estar en el programa político correspondiente. Es imprescindible conocerlos al detalle con anterioridad al voto, para conocer la posibilidad real de cumplimiento de su verdad o mentira intrínseca, pero también acusan un desgaste en su formulación, porque la participación real e identitaria en la redacción de los mismos, casi siempre es delegada en las siglas y en representantes que desconocemos. Las nuevas tecnologías y las redes sociales deben y pueden tener ahora un papel fundamental en estas formulaciones, es decir, en la participación real y efectiva de los militantes y de los llamados “simpatizantes” o personas en general con creencias en la redacción de los programas políticos correspondientes.

En el marco de lo expuesto anteriormente sobre corrupción de la mente, hago de nuevo una llamada de atención a los partidos de izquierda sobre todo, pero también a todos los que participen en los próximos comicios, que lo harán gracias a la democracia, porque hasta que cambien las leyes actuales hay que blindar la defensa constitucional actual de la democracia representativa que la participación de la ciudadanía debe cuidar hasta extremos insospechados. Para ello, es necesaria la educación en valores ciudadanos, que no se improvisan sino que son el resultado de una educación personal, familiar y social, constantes en el tiempo. Por extensión, educación política. La participación ciudadana, organizada, es la respuesta, pero dejando abierta la posibilidad de generar liderazgos que arrastren conciencias humanas bien informadas, a veces en minorías o mayorías silenciosas o ruidosas, que después se llamarán votos. La educación política es la única fuerza capaz de contener la corrupción política de la mente.

Comprendo muy bien por qué Emilio Lledó adjunta una referencia de Juan de Mairena, el heterónimo de Antonio Machado, al texto recogido al comienzo de estas palabras: “Por debajo de lo que se piensa está lo que se cree, como si dijéramos en una capa más honda de nuestro espíritu. Hay personas [hombres, en el original] tan profundamente divididas consigo mismo, que creen lo contrario de lo que piensan. Y casi -me atrevería a decir- es ello lo más frecuente. Esto debieran tener en cuenta los políticos. Porque lo que ellos llaman opinión es más complejo y más incierto de lo que parece. En los momentos de los grandes choques que conmueven fuertemente la conciencia de los pueblos se producen fenómenos extraños de difícil y equívoca interpretación: súbitas conversiones, que se atribuyen a interés personal, cambios inopinados de pareceres, que se reputan insinceros, posiciones inexplicables, etc. Y es que la opinión muestra en su superficie muchas prendas que estaban en el baúl de las conciencias”.

En los momentos que vivimos de tanta corrupción mental, nos hacen falta personas como Emilio Lledó, que nos recuerden que la palabra es un medio político inalienable para construir nuestras casas, nuestras ciudades, nuestras amistades, nuestras familias, nuestro trabajo, nuestra ideología, tal y como nos lo recuerda siempre Aristóteles en un texto muy querido para este autor: “Pues la voz es signo del dolor y del placer, y por eso la poseen también los demás animales, porque su naturaleza llega hasta tener sensación de dolor y de placer e indicársela unos a otros. Pero la palabra es para manifestar lo conveniente y lo perjudicial, así como lo justo y lo injusto. Y eso es lo propio del hombre frente a los demás animales: poseer, él sólo, el sentido del bien y del mal, de lo justo y de lo injusto, y de los demás valores, y la participación comunitaria de estas cosas constituye la casa y la ciudad” (2).

El contrato social de cada ciudadano con la política que impera nos recuerda la conveniencia de estar vacunados contra la epidemia de intromisión en nuestra inteligencia social, que también existe. Comprendo mejor que nunca la reflexión de Emilio Lledó que abre estas palabras y que tampoco olvido: Me preocupa la corrupción mental, que un ignorante con poder determine nuestra vida, ante la que hay que vacunarse urgentemente. Sencillamente, porque no somos idiotas, ni nos conformamos con que nos entreguen una flor en plena discordia. Creo que ha llegado el momento de entrar con un buldócer ético en la sociedad y remover los grandes planteamientos sociales en los que estamos instalados. Es necesario, por tanto, comenzar a hablar de legalizar nuevos contratos sociales donde la responsabilidad política del Gobierno correspondiente y de la ciudadanía tengan un papel protagonista en los cambios copernicanos y prioritarios que se tienen que abordar con urgencia ética y social. Todo lo demás es seguir normalizando lo indeseable e imposible que no beneficia a nadie. Ya lo dijo el torero El Guerra: lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible.

Todo lo expuesto anteriormente es válido cuando estamos convencidos de que lo más importante en la sociedad es perseguir el interés general frente al individual y que la corrupción política es el enemigo público número uno a combatir, porque cuando entra en la sociedad no deja títere con cabeza, todo se corrompe y nos lleva a un conformismo terrible. La tentación es huir hacia adelante, hacia ninguna parte, pero hay que vencerla, porque queramos o no, necesitamos defender la democracia como la mejor forma de compartir la vida. Ante la decepción por lo que ocurre con la situación política actual en el país en determinados partidos políticos de ultraderecha o liberales extremos, con sus representantes incluidos obviamente, es posible que caigamos en la tentación de acudir a Góngora para que nos explique hoy esta situación a través de su famosa letrilla rediviva, «Ándeme yo caliente, ríase la gente»: Cuando cubra las montañas / De blanca nieve el enero, / Tenga yo lleno el brasero / De bellotas y castañas, / Y quien las dulces patrañas / Del Rey que rabió me cuente, / Y ríase la gente. […] Busque muy en hora buena / El mercader nuevos soles; / Yo conchas y caracoles / Entre la menuda arena, / Escuchando a Filomena (1) / Sobre el chopo de la fuente, / Y ríase la gente. Porque lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible, por mucho que ante la falta de ética personal y colectiva, con su poso político correspondiente, determinados partidos políticos quieran normalizar lo indeseable en términos individuales y sociales, para convertirlo todo en un barrizal y en un auténtico mundo al revés sin contrato social alguno, que lleva irremisiblemente al ocaso de la democracia, sin mezcla de bien común o interés general alguno.

(1) Lledó, Emilio (2018). Sobre la educación. Barcelona: Penguin Random House Grupo Editorial, p. 127.

(2) Aristóteles (2000). Política. Madrid: Biblioteca Básica Gredos, 1253 a.

(3) “Filomena” era la denominación de “la hembra del ruiseñor” en tiempos de Góngora (ver el Diccionario de Francisco Sobrino (1705), en el Diccionario nuevo de las lenguas española y francesa. Bruselas: Francisco Foppens, p. 182,3).

Elecciones al Parlamento de Andalucía 2022 / 8. Es hora de reivindicar el deber de los deberes humanos

Saramago, megáfono en mano, se dirige a un grupo de manifestantes encerrados en 2001 en el patio de la Universidad de Sevilla en protesta por la Ley de Extranjería / EFE

Nos fue propuesta una Declaración Universal de los Derechos Humanos y con eso creíamos que lo teníamos todo, sin darnos cuenta de que ningún derecho podrá subsistir sin la simetría de los deberes que le corresponden.

José Saramago, en un discurso pronunciado con motivo de la recepción del Premio Nobel de Literatura en 1998

Sevilla, 30/V/2022

Desde la aprobación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948, han pasado 73 años de reivindicación permanente de derechos humanos, pero muy poco se ha hecho en relación con los deberes asociados a ellos como lo más íntimo de su propia intimidad, que también existen. Cuando se aproximan las elecciones generales al Parlamento de Andalucía, que se celebrarán el próximo 19 de junio, creo que también hay que tomar conciencia de nuestros deberes políticos como ciudadanos del mundo y de esta Comunidad, en los términos propuestos de fondo y forma en la Carta Universal de los Deberes y Obligaciones de las Personas que se expone a continuación, porque todo lo político, en el sentido más puro del término, también nos pertenece, al ser una dimensión humana primordial como miembros de la aldea global en la que vivimos, somos y estamos cada día de nuestra vida.

José Saramago manifestó en uno de los discursos pronunciados con motivo de la recepción del Premio Nobel de Literatura en 1998, refiriéndose al 50 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, lo siguiente: “Nos fue propuesta una Declaración Universal de los Derechos Humanos y con eso creíamos que lo teníamos todo, sin darnos cuenta de que ningún derecho podrá subsistir sin la simetría de los deberes que le corresponden. El primer deber será exigir que esos derechos sean no sólo reconocidos sino también respetados y satisfechos. No es de esperar que los Gobiernos realicen en los próximos cincuenta años lo que no han hecho en estos que conmemoramos. Tomemos entonces, nosotros, ciudadanos comunes, la palabra y la iniciativa. Con la misma vehemencia y la misma fuerza con que reivindicamos nuestros derechos, reivindiquemos también el deber de nuestros deberes. Tal vez así el mundo comience a ser un poco mejor”.

La propuesta formulada en 2016 por la Universidad Nacional Autónoma de México, la Fundación José Saramago y la World Future Society (Capítulo México) señaló, entre otras cuestiones que se pueden consultar en el documento que recoge la propuesta de aprobarse a escala mundial una Carta Universal de los Deberes y Obligaciones de las Personas, una serie de preguntas cruciales que necesitan urgente respuesta política de Estado y de cada ciudadano en particular, cada uno en su nivel de responsabilidades: “¿A qué estamos obligados para con nosotros mismos y con quienes nos sobrevendrán, los sujetos y organizaciones de nuestro tiempo? ¿Qué deben hacer además de afirmar sus innegables derechos, los grupos económico-empresariales, las asociaciones civiles, las comunidades religiosas, los medios de comunicación, los partidos políticos o los individuos concretos que habitan la tierra? Más allá de desesperanzas y posibilidades particulares de realización, ¿a qué debiéramos estar obligados cada uno de nosotros, en función de nuestras circunstancias, capacidades y posibilidades, para con nosotros mismos, con los demás, con nuestra comunidad, con nuestro sistema de gobierno o con el espacio que habitamos? Que alguien o muchos lo sepan, no es suficiente para lograr acciones en la dirección correcta. Es necesario decirlo, postularlo, comprometerlo, para que las cosas empiecen a marchar en tal sentido. Así como desde hace años se viene pregonando la necesidad de que cada cual se asuma como sujeto pleno de derechos y sea capaz de entenderlos y ejercerlos, así también se hace necesario, a través de un ejercicio de educación cívica, hablar de los deberes y las obligaciones que tales titularidades imponen. Este es, finalmente, el objeto de esta propuesta: ayudarnos a tomar consciencia de que nuestra condición humana pasa, desde luego, por la plena titularidad de los derechos que hemos admitido como innatos a todos los seres humanos, pero también por la aceptación de deberes, obligaciones y responsabilidades para con nosotros mismos y para con los demás”.

En este contexto, expongo a continuación el contenido del Preámbulo de la citada Carta, a título de marco reflexivo, con objeto de que se considere en la totalidad de sus veintitrés declaraciones a la hora de introducir el voto en la urna de las próximas elecciones generales al Parlamento de Andalucía, porque el voto debe llevar dentro una parte muy importante de responsabilidad política ciudadana, como deberes que son propios y no sólo responsabilidad política del Gobierno correspondiente. La razón es humana, personal e intransferible en su esencia y no tiene color. Sí, por el contrario, ideología y se aloja en personas. Ya ha demostrado la historia de forma suficiente que “ninguna ideología es inocente”, como señaló Lukács y tantas veces he citado en este cuaderno digital. Y la ideología simbolizada en programas políticos ha perdido su inocencia de base. Pero eso no es “malo”, para que nos entendamos. Perder la inocencia para ser responsable, es “bueno”. Y ser responsable conlleva, por un lado, conocer la “cosa” política (programa, por ejemplo…), en su doble proyección de derechos y deberes, es decir, el contenido auténtico y ético de la acción y, además, ser libre para decidir a través de unos votos y asumir “deberes políticos” como ciudadanos que cuidan la cosa pública (res publica).

Personalmente, suscribo la Carta en todos y cada uno de sus términos, con la ardiente paciencia de Neruda en la espera a que esta Carta tenga el respaldo legal suficiente para que nos comprometa a todos, después de un recorrido iniciado en 2018, cuando a través de la iniciativa descrita anteriormente, inspirada por Saramago en su discurso del premio Nobel, fue presentada al Secretario General de la ONU, António Guterres, a la Comisión de Derechos Humanos y debatida con los embajadores iberoamericanos ante la ONU, recibiendo desde entonces adhesiones internacionales de todo tipo.

Carta Universal de los Deberes y Obligaciones de las Personas

Preámbulo

Considerando que los derechos humanos son la mayor conquista jurídica y social de nuestro tiempo para garantizar la dignidad de todas las personas sin distinción alguna de sus condiciones individuales, sociales o culturales,

Considerando la necesidad de reconocer la emergencia de nuevos derechos así como de realizar una lectura actualizada, intergeneracional, relacional y solidaria de los mismos que enfatice debidamente su función social,

Reiterando que los principales obligados al cumplimiento de los derechos humanos son los Estados nacionales y los organismos internacionales y regionales,

Subrayando la importancia de que todos los individuos y las organizaciones cumplan también con tales derechos,

Atendiendo a las crecientes desigualdades y violaciones a los derechos humanos y a las dificultades de alcanzar las metas planteadas para lograr el desarrollo armónico de la humanidad en su conjunto,

Entendiendo que la Declaración Universal de los Derechos Humanos dispone en su artículo 29 que todas las personas deben cumplir con sus deberes jurídicos respecto a sus comunidades,

Asumiendo que en el cumplimiento de los deberes jurídicos no se agotan las posibilidades de alcanzar el pleno desarrollo de las personas, siendo las obligaciones éticas igualmente indispensables para el sostenimiento de las instituciones democráticas y el Estado de derecho,

Admitiendo la necesidad de que la totalidad de los individuos y organizaciones sociales en que éstos decidan participar deben cumplir sus deberes jurídicos y obligaciones éticas, sin que en ningún caso su incumplimiento pueda servir de pretexto para que el Estado se exima de sus propias obligaciones,

Reconociendo que las personas y los distintos actores sociales pueden tener por su poder, capacidad o función social, diferentes grados de responsabilidad en su contribución a las condiciones de garantía del disfrute de derechos por parte de todos.

NOTA: la imagen se ha recuperado de El diario oficial del Vaticano carga contra el «extremista antirreligioso» José Saramago (20minutos.es)

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Una campaña electoral muy particular / 5. Andalucía sufre una pobreza crónica y 6. Un excelente breviario de campaña electoral

“Cuentas con muchas personas, haz que sepan la importancia que les das. Si consigues que deseen apoyarte los que están indecisos, éstos te ayudarán mucho”

Quinto Tulio Cicerón, a su hermano Marco, en Breviario de campaña electoral

Sevilla, 15/VI/2022

Abordo hoy en esta cuenta atrás de la campaña electoral dos cuestiones sensibles y muy directas para la Andalucía: su pobreza crónica y la recomendación de un clásico popular en la literatura política de una actualidad rabiosa, el breviario de la campaña electoral escrito por Quinto Tulio Cicerón y dedicado a su hermano Marco. En el primer artículo abordo una realidad lacerante que asola esta Comunidad, con un ejemplo muy claro y que produce profunda tristeza y desazón, al comprobar, una vez más, con rigor del dato objetivo y no sólo palabras, facilitados por la publicación reciente del INE sobre el Proyecto de Indicadores Urbanos en España, edición de 2022, en el que se comprueba que Sevilla ocupa un lugar destacado en la relación de los barrios con menor renta del país, en concreto los dos primeros puestos, que corresponden a las zonas 5-A (barrio Polígono Sur del distrito Sur) y 4-E (barrios de Los Pajaritos y Amate del distrito Cerro-Amate), ambas en Sevilla capital, aunque lo verdaderamente preocupante es que en esta “lista” del INE, figuran seis barrios más de Sevilla, Colores-Entreparques, en cuarto lugar, La Oliva-Letanías, Juan XXIII y Polígono Norte, en decimotercer lugar), algo que debería movilizar con carácter de emergencia social y preferente las respuestas públicas a esta situación, teniendo en cuenta globalmente, en este listado, que de las quince localidades señaladas, once pertenecen a Andalucía. Un ejemplo vale más que mil palabras aunque el fondo y forma del artículo presenta una realidad de pobreza severa en Andalucía que debería preocupar en esta campaña electoral, porque conlleva desafección política y debilidad extrema en los procesos democráticos.

En el segundo artículo, hago referencia a un libro político que tiene más de dos mil años de antigüedad, un libro precioso que sigue vivo en su fondo y forma, salvando lo que hoy haya que salvar (mutatis mutandis) en el contexto actual de las elecciones generales de 2019. Las consideraciones que contiene son perfectamente aplicables en estos tiempos tan modernos, porque tiene un hilo conductor entretejido en tres grandes principios que debía atender el candidato Marco, que aspiraba al consulado de la república de Roma, en el año 63 antes de Cristo, que finalmente ganó compartiéndolo con Gayo Antonio, en un “gobierno de coalición” reglada y con duración de un año. Los tres principios enunciados anteriormente tenían un proyecto de campaña, con su programa dentro: era un hombre nuevo (no tenía antecedentes sociales relevantes y tenía que saber utilizar esta condición), aspiraba al consulado (cargo de la máxima excelencia para gobernar la República) y “ésta es Roma”, es decir, debía conocer bien cómo era en su esencia el Imperio Romano, la Ciudad que tendría que gobernar: “una ciudad constituida por el concurso de los pueblos, en la que abunda la traición, el engaño y todo tipo de vicios, en la que hay que soportar las arrogancias, la obstinación, la envidia, la insolencia, el odio y la impertinencia de muchos. Creo que tiene que ser muy prudente y muy hábil el que vive rodeado de tantos hombres con vicios tan diversos y tan graves, para poder evitar la hostilidad, las habladurías, la traición, y para que una misma persona pueda adaptarse a tal variedad de costumbres, de discursos y de intenciones”.

Estos enunciados, traídos al momento actual, simbolizan algo muy importante en la campaña que llega ya a sus últimos días: se necesitan en Andalucía lideres políticos “nuevos”, que aspiren a prestar un servicio público al pueblo andaluz, bajo el principio de salvaguardar el interés general ejerciendo un liderazgo honesto y que conozcan bien su situación actual: ¡ésto es Andalucía!   

Elecciones al Parlamento de Andalucía 2022 / 5. Andalucía sufre una pobreza crónica

Sevilla, 24/V/2022

El Instituto Nacional de Estadística acaba de publicar la edición de 2022 correspondiente al Proyecto de Indicadores Urbanos en España, una selección y adaptación del contenido del proyecto europeo Urban Audit, actualmente denominado “data collection for sub-national statistics (mainly cities)”, un proyecto que se inició a finales de los 90 con el fin de recopilar información estadística que permitiera comparar la calidad de vida de las principales ciudades europeas y que recoge información sobre las condiciones de vida en este país, así como en las principales ciudades de la Unión Europea y los países candidatos. Sobre este Informe se puede leer un resumen importante en la Nota de Prensa que explica sus apartados fundamentales, del que destaco alguno de ellos al abordar la subdivisión de las ciudades en barrios “SCD”: “Dado que dentro de las ciudades se dan también importantes desigualdades, el proyecto europeo Urban Audit contempló desde sus inicios la necesidad de proporcionar datos para niveles inferiores al de la ciudad en su conjunto. Este nivel, llamado “Sub-City District” (SCD), corresponde a una subdivisión de la ciudad en zonas que, en muchos casos, coincide con la división existente en distritos administrativos o barrios. En España se han definido estos niveles para todas las ciudades de más de 250.000 habitantes. Con el objetivo de que estas unidades SCD tengan un tamaño comparable y una homogeneidad interna, deben tener una población entre 5.000 y 40.000 habitantes. Otro principio que deben cumplir es el de coherencia espacial, es decir, las delimitaciones tienen que ser exhaustivas (definiendo todo el territorio del municipio) y continuas”.

En concreto, deseo señalar algo que me produce profunda tristeza y desazón, al comprobar, una vez más, que Sevilla ocupa un lugar destacado en la relación de los barrios con menor renta del país, en concreto los dos primeros puestos, que corresponden a las zonas 5-A (barrio Polígono Sur del distrito Sur) y 4-E (barrios de Los Pajaritos y Amate del distrito Cerro-Amate), ambas en Sevilla capital, aunque lo verdaderamente preocupante es que en esta “lista” del INE, figuran seis barrios más de Sevilla, Colores-Entreparques, en cuarto lugar, La Oliva-Letanías, Juan XXIII y Polígono Norte, en decimotercer lugar), algo que debería movilizar con carácter de emergencia social y preferente las respuestas públicas a esta situación, teniendo en cuenta globalmente, en este listado, que de las quince localidades señaladas, once pertenecen a Andalucía:

Fuente: Proyecto de Indicadores Urbanos en España – edición de 2022

Desde diferentes perspectivas, vengo abordando desde hace años en este cuaderno digital la realidad social de esta ciudad y de esta Comunidad Autónoma, agravada sin lugar a dudas con la pandemia desde 2020, lo que viene a confirmar estos datos correspondientes a 2019. Así lo manifesté en la última ocasión que escribí sobre esta realidad en Andalucía, en general, bajo el título Sabemos dónde están los pobres en Andalucía, donde abordaba  la realidad de la pobreza y la exclusión social en esta Comunidad Autónoma, de acuerdo con lo publicado en el Informe territorial sobre exclusión y desarrollo social en Andalucía, de 2022, llevado a cabo por Cáritas y la Fundación FOESSA, en el que destaqué algo muy importante y que, lógicamente, es el resultado de la situación social en esos barrios de Sevilla de forma más aguda y lacerante, como representación dolorosa de esta Comunidad: “en 2021, el 41,7% de la población de Andalucía se encuentra en una situación de integración plena, el 32,0% en una situación de integración precaria, el 12,4% en una situación de exclusión moderada y el 13,9% en una situación de exclusión severa. Las personas en situación de exclusión social representan el 26,3% de la población de Andalucía, lo que implica que, aproximadamente, uno de cada cuatro habitantes de la Comunidad —en torno a 2,2 millones de personas— se encuentra en 2021 en una situación de exclusión moderada o severa. Sabemos, por tanto, dónde están los pobres en Andalucía. También interesa relacionar esta situación con el impacto de la COVID-19: “La evolución, en cualquier caso, es muy distinta en función del nivel o grado de exclusión que se considere: mientras que las situaciones de exclusión moderada apenas han crecido medio punto porcentual, el porcentaje de población en situación de exclusión severa prácticamente se ha duplicado, pasando del 7,2% al 13,9%. Cabe por tanto destacar que la crisis de la COVID-19 se ha traducido en Andalucía en una reducción de los niveles generales de integración social y, sobre todo, en un incremento de la proporción de personas afectadas por las situaciones más severas de exclusión. En 2021, el número de personas en esa situación asciende a 1,1 millones de personas, frente a poco más de 600.000 en 2018. La exclusión en Andalucía se ensancha y, sobre todo, se hace más profunda”.

Junto al apartado de renta más baja de España, expuesta anteriormente, figura también otro en el que se alcanzan cotas todavía más preocupantes en el ámbito de Andalucía, en particular, el referido a las rentas medias anuales por persona en los municipios de más de 20.000 habitantes, al figurar en la lista oficial del INE doce localidades andaluzas entre las 15 más pobres del país, con un ranking muy preocupante dado que los siete primeros puestos de rentas más bajas los ocupan localidades andaluzas:Níjar (Almería), Vícar (Almería), Los Palacios y Villafranca (Sevilla), Barbate (Cádiz), Alhaurín el Grande (Málaga), Adra (Almería) e Isla Cristina (Huelva), seguidos también de cerca por Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), El Ejido (Almería), Arcos de la Frontera (Cádiz) y Lebrija y Coria del Río, ambos en la provincia de Sevilla:

Fuente: Proyecto de Indicadores Urbanos en España – edición de 2022

Un tercer dato importante es el referido a los indicadores municipales de paro y actividad, porque Indicadores Urbanos “construye tasas estimadas de paro y actividad para las 126 principales ciudades de España, utilizando valores medios del año, a partir de un modelo que combina los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) y del paro registrado. En 2021 las menores tasas de paro se dieron en Pozuelo de Alarcón (6,2%), Sant Cugat del Vallès (6,4%) y Las Rozas de Madrid (7.1%). Además, otras tres ciudades tuvieron tasas inferiores al 8%. Por el contrario, Linares (30,9%), La Línea de la Concepción (30,3%) y Alcalá de Guadaíra (26,9%) presentaron las tasas de paro más elevadas”. Otra vez Andalucía vuelve a destacar Andalucía en esta relación, como se puede observar en este listado adjunto, en el que once localidades, de quince, ocupan lugares muy preocupantes de nuevo.

Fuente: Proyecto de Indicadores Urbanos en España – edición de 2022

Son tres botones de muestra nada más, que se pueden conocer con detalle en el Informe citado, pero que en el contexto actual electoral deberían contemplarse en los diferentes Programas de los Partidos en liza, porque no son inocentes ni iguales. Es una oportunidad extraordinaria para saber quién está cerca de esta realidad y presenta la mejor forma de abordarla con carácter de urgencia y con prioridad absoluta. Son cifras que sonrojan a cualquiera que considere la dignidad humana como la representación más importante en vida, porque los nadieslos hijos de nadie, los dueños de nada. / Los nadies: los ningunos, los ninguneados, / corriendo la liebre, muriendo la vida, a los que siempre defendió Eduardo Galeano, están presentes en estas listas del INE, que a muy pocos les preocupan y que pocos partidos los representan, porque todos no son ni somos iguales. Tampoco lo olvidaré a la hora de votar el próximo 19 de junio, navegando en mi patera ética por la memoria histórica de Sevilla, con sus barrios muy pobres, de Andalucía, con tantas localidades presas de rentas muy bajas, paro galopante y barrios vergonzantes, protagonistas de unas listas que conmueven mi alma solidaria.

Elecciones al Parlamento de Andalucía 2022 / 6. Un excelente breviario de campaña electoral

Sevilla, 26/V/2022

“Cuentas con muchas personas, haz que sepan la importancia que les das. Si consigues que deseen apoyarte los que están indecisos, éstos te ayudarán mucho”

Quinto Tulio Cicerón, a su hermano Marco, en Breviario de campaña electoral.

En estos días he vuelto a leer una publicación que hice en 2019 bajo el título BREVIARIO DE ELECCIONES GENERALES 2019, una recopilación de artículos escritos en este cuaderno digital en referencia a un evento transcendental, la primera campaña de elecciones generales en ese año, para un país tan desordenado actualmente como el nuestro. El Prólogo del mismo lo traigo a colación hoy de nuevo porque nos ayudará en la antesala de las próximas elecciones al Parlamento de Andalucía, el próximo 19 de junio, para comprender en su fondo y forma la justificación de entrega a la Noosfera de estas palabras escritas con alma y porque, salvando lo que haya que salvar del texto y su contexto actual, tiene un objetivo muy claro: que el tejido crítico pre-electoral, tan dañado en la actualidad, crezca en razonamientos para participar activamente en esta campaña electoral y en su momento transcendental que es el depósito del voto responsable en la urna correspondiente. El principio de confianza que otorga cada persona a través del voto es muy importante, como le decía Quinto Tulio Cicerón, a su hermano Marco, en Breviario de campaña electoralCuentas con muchas personas, haz que sepan la importancia que les das. Si consigues que deseen apoyarte los que están indecisos, éstos te ayudarán mucho”.

Gracias anticipadas por comprender este mensaje y por navegar conmigo en la amura de babor (no inocente) de «La isla desconocida», el barco imaginario de Saramago que nos ayuda siempre a salir de nosotros mismos para compartir la vida con los demás, sabiendo que nada humano y político nos es ajeno.

BREVIARIO DE ELECCIONES GENERALES 2019

Prólogo

Hace más de dos mil años, Quinto Tulio Cicerón escribió un breviario para la campaña electoral (Commentariolum Petitionis) (1), en la que su hermano Marco aspiraba al consulado de la república de Roma, en el año 63 antes de Cristo, que finalmente ganó compartiéndolo con Gayo Antonio. Su gobierno, colegiado, duraba solo un año, alternándolo cada mes y asumiendo la más alta magistratura civil y militar. Es un libro precioso que sigue vivo en su fondo y forma, salvando lo que hoy haya que salvar (mutatis mutandis) en el contexto actual de las elecciones generales de 2019. Las consideraciones que contiene son perfectamente aplicables en estos tiempos tan modernos, porque tiene un hilo conductor entretejido en tres grandes principios que debía atender el candidato Marco: era un hombre nuevo (no tenía antecedentes sociales relevantes y tenía que saber utilizar esta condición), aspiraba al consulado (cargo de la máxima excelencia para gobernar la República) y “ésta es Roma”, es decir, debía conocer bien cómo era en su esencia el Imperio Romano, la Ciudad que tendría que gobernar: “una ciudad constituida por el concurso de los pueblos, en la que abunda la traición, el engaño y todo tipo de vicios, en la que hay que soportar las arrogancias, la obstinación, la envidia, la insolencia, el odio y la impertinencia de muchos. Creo que tiene que ser muy prudente y muy hábil el que vive rodeado de tantos hombres con vicios tan diversos y tan graves, para poder evitar la hostilidad, las habladurías, la traición, y para que una misma persona pueda adaptarse a tal variedad de costumbres, de discursos y de intenciones”.

En este marco histórico, actualizado, he recopilado unas consideraciones (en el sentido etimológico de breviario, epítome o consideraciones breves) ya publicadas en mi blog, El mundo sólo tiene interés hacia adelante, bajo el epígrafe de “Elecciones generales 2019”, una serie de once artículos publicados entre febrero y marzo de 2019, en el que he tratado a modo de breviario de campaña electoral, asuntos muy relevantes a tener en cuenta por los partidos políticos en liza y por sus líderes, con un hilo conductor ideológico y de creencia situado en la izquierda, no inocente, en la amura de babor de la embarcación imaginaria de Saramago en su Cuento de la isla desconocida. El breviario de campaña electoral que público recoge los siguientes principios: la construcción de grandes alamedas de libertad para que puedan pasear por ellas las personas libres, la dignidad de la izquierda por encima de todo y la elaboración de programas ajustados al principio de realidad; el aviso claro de que el Partido Abstencionista prepara ya su campaña, la defensa del sufragio de las personas discapacitadas y la imprescindible austeridad del gasto en las campañas electorales; la presencia en las mismas de los jóvenes como claro objeto de deseo electoral, la verdad política en los programas electorales y el aviso sobre un enemigo político que acecha siempre: la corrupción de la mente; la declaración prioritaria de políticas sociales y la ética del voto que, como la palabra, siempre nos queda.

Animo a leer estas reflexiones, a modo de breviario urgente para una campaña electoral transcendental para nuestro país, para que vuelva a normalizarse la vida “política” en el sentido más puro del término. Lo necesitamos como agua de abril, para recuperar serenidad suficiente que nos permita vivir con la libertad a la que aspiran las personas dignas. Esta es la razón que puede llevar a muchas personas indecisas a votar, como acto supremo en democracia, confiando en candidaturas dignas, porque todas no son iguales. Así lo decía Quinto a su hermano mayor Marco Tulio Cicerón en el breviario de referencia: “Cuentas con muchas personas, haz que sepan la importancia que les das. Si consigues que deseen apoyarte los que están indecisos, éstos te ayudarán mucho”. Porque los ciudadanos responsables, es verdad, importamos mucho.

[1] Cicerón, Quinto Tulio (1993). Breviario de campaña electoral. Barcelona: Quaderns Crema.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Una campaña electoral muy particular / 3. Austeridad, por encima de todo y 4. Todos los partidos políticos no son iguales

Sevilla, 14/VI/2022

Continúa la publicación de esta serie con dos artículos en los que se hace una llamada de atención a la austeridad que debe presidir siempre la campaña electoral en sí como fiel reflejo de la conducta que deben observar siempre los partidos participantes en la misma y en el desarrollo efectivo de sus programas, así como el desmontaje de un aserto que cala muy profundo en la ciudadanía y que se extiende como una mancha de aceite, cuando se dice o se comenta que «todos los partidos políticos y las personas que los representan son iguales». Lo grave es que la presunción de desconfianza integral hacia la política en general es, finalmente, hacia la democracia en sí, dejando la puerta abierta a autoritarismos que provocan el ocaso de la democracia que también he comentado en otra serie de este cuaderno digital, reflexionando sobre contrarios de la palabra ocaso, abriendo puertas al futuro político de la Comunidad mediante estas elecciones al Parlamento, con términos claves como alborada, principios, oripandó (amanecer del sol, en caló), despertar, resplandor y grandeza, términos que la democracia lleva siempre dentro, dignificándola y engrandeciéndola como merece.

Elecciones al Parlamento de Andalucía 2022 / 3. Austeridad, por encima de todo

Sevilla, 19/V/2022

El pasado 29 de abril se publicó en el Boletín Oficial de la Junta de Andalucía, la Orden de 28 de abril de 2022, por la que se fijan las cantidades de las subvenciones por gastos electorales y el límite de los mismos para las elecciones al Parlamento de Andalucía a celebrar el día 19 de junio de 2022. Es un botón de muestra de una parte del coste de este proceso electoral, pero de sumo interés general para conocer las cantidades que se destinan a “las subvenciones y los límites de los gastos electorales de los partidos, federaciones, coaliciones y agrupaciones de electores y electoras que concurran a aquellas [elecciones], según dispone la Ley 1/1986, de 2 de enero, Electoral de Andalucía, en sus artículos 45 y 47. Es importante señalar que en la citada disposición se fijan los límites de los gastos electorales que podrá realizar cada partido, federación, coalición o agrupación de electores y electoras en las elecciones al Parlamento de Andalucía del día 19 de junio de 2022, que “será la cantidad en euros que resulte de multiplicar por 0,4511 el número de habitantes correspondiente a la población de derecho de cada una de las circunscripciones donde aquéllos presenten sus candidaturas, de acuerdo con el Real Decreto 1065/2021, de 30 de noviembre, por el que se declaran oficiales las cifras de población resultantes de la revisión del Padrón municipal referidas al 1 de enero de 2021, con efectos desde el 31 de diciembre de 2021”.

En este sentido, “los límites correspondientes a cada una de las circunscripciones que integran la Comunidad Autónoma de Andalucía serán los siguientes:

Límite de gastos electorales por circunscripciones en las Elecciones Generales al Parlamento de Andalucía 2022 – Elaboración propia sobre la publicación oficial en el BOJA extraordinario núm. 16, de 29 de abril de 2022.

Hasta aquí, estos son los marcos legales y a ellos se sujeta en la actualidad el Gobierno andaluz que, al menos, ha tenido en cuenta la coyuntura actual, en un escenario de incertidumbre financiera general, por lo que ha considerado hacer un ejercicio de contención de costes, no incrementando las “cantidades correspondientes a gastos electorales” en esta convocatoria, por lo que se mantienen las cantidades establecidas en las elecciones al Parlamento de Andalucía celebradas en 2028, actualizando sólo el límite de los gastos electorales teniendo en consideración las cifras de población recogidas en el Real Decreto 1065/2021, de 30 de noviembre, por el que se declaran oficiales las cifras de población resultantes de la revisión del Padrón municipal referidas al 1 de enero de 2021.

En este contexto, he vuelto a leer con atención el artículo que escribí el pasado febrero, sobre el informe territorial de sobre exclusión y desarrollo social en Andalucía, de 2022, Sabemos dónde están los pobres en Andalucía, que recoge los resultados de la encuesta sobre integración y necesidades sociales llevada a cabo en 2021 por Cáritas y la Fundación FOESSA. Ante la situación descrita en el mismo, deseo hacer hoy una llamada de atención a los partidos, federaciones, coaliciones y agrupaciones de electores y electoras que concurran a las próximas elecciones generales al Parlamento de esta Comunidad, para que no olviden esta realidad social en Andalucía que detallo en el citado artículo, como una realidad que deberían tener presente ante estas subvenciones y límites de gasto electoral, al recibir dinero público a tal efecto. Al menos, como una muestra de sensibilidad ante esta lacerante situación.

Lo expuesto anteriormente en relación con las subvenciones y los límites de los gastos electorales de los partidos, federaciones, coaliciones y agrupaciones de electores y electoras que concurran a las elecciones citadas, son sólo un pequeño botón de muestra del gasto general que conlleva esta convocatoria. Si ya hemos reflexionado en esta serie sobre ideologías, la no igualdad en las responsabilidades políticas y sobre la evaluación de los programas de acción política como marco de referencia para una legislatura, para que se pueda emitir un voto bien informado, deseo abordar ahora el gasto de la próxima campaña electoral, que tiene un contexto público y privado de importancia extrema en tiempo de crisis, es más, ejemplarizante en el ámbito del principio de austeridad política que debería presidir estas elecciones.

En primer lugar, por responsabilidad pública y privada ejemplarizantes. La política no gana siempre por tener un partido más dinero que otros sino, , fundamentalmente, por el respeto a las ideologías cuando son consecuentes y por la forma de proceder ante la situación de contexto económico en el que se encuentra ahora la Comunidad. Sería irresponsable hacer una exhibición de medios en un tiempo revuelto por la traída y llevada crisis económica y social derivada de la pandemia y con carácter más próximo, la invasión de Ucrania, así como por la corrupción y por el gasto público no controlado ni todavía evaluado en muchos supuestos, cuando existen hoy alternativas de foros públicos y privados que con un gasto digno pueden albergar encuentros multitudinarios presenciales y, sobre todo, a través de redes sociales o alternativas gratuitas de comunicación, mensajería y wasap, por ejemplo, debiéndose eliminar el buzoneo que tan costoso es, como un gran botón de muestra.

En segundo lugar, es el tiempo de utilizar de forma genérica las tecnologías de la información y comunicación, que supone un ahorro espectacular en el poder de convocatoria de las campañas de cada partido. Es una realidad social que el analfabetismo tecnológico se ha alejado de Andalucía y solo un sector reducido de personas mayores que pertenecen a la generación atómica, no digital, podría verse más afectada, aunque siempre he pensado que todo abuelo o toda abuela siempre tiene nietos o nietas, que les pueden explicar todo lo que ocurra en la etapa de campaña electoral en Andalucía, sin que se pierdan casi nada por carencia de medios digitales. En cualquier caso, sería un detalle por parte de los partidos políticos en liza que tuvieran en cuenta los problemas de accesibilidad a la información electoral en diferentes ámbitos de población en Andalucía. Y en tercer lugar, porque la política tiene que recuperar espacios personales de encuentro, presenciales y virtuales, que se formen en la presentación en sociedad de la dignidad personal de los máximos representantes políticos que son candidatos o candidatas a entrar en el gobierno de Andalucía, donde destaque sobre todo su ilusión por regenerar la vida política con efectos ejemplarizantes y escuchando a la ciudadanía, donde una vez más las tecnologías de la información y comunicación juegan un papel esencial y estelar en términos de transparencia cuando se presenten los programas. Si se hace así, el gasto en las campañas en estas elecciones que ya están detrás de la puerta, puede ser un revulsivo para los llamados a votar de forma responsable, porque se apreciará y mucho que el poderoso caballero don dinero, «que quebranta cualquier fuero», ya no es imprescindible para ganar votos. Fundamentalmente, porque la ciudadanía dejará de ser tratada como mercancía y porque la transparencia no es un portal web sino una actitud política que se mantiene en el tiempo y respeta a las personas en derechos y deberes políticos de participación ciudadana en el gobierno de la Comunidad. Ahora, en la presentación de los programas electorales.

Defiendo, sobre todo, la regeneración en los encuentros personales, en el boca a boca celular de la realidad social en la que se mueven las ideologías de las personas que van a ser candidatos y candidatas para presidir el gobierno andaluz, de sus programas, aunque todavía tengamos que contemplar listas cerradas por imperativo categórico legal. Una buena célula hace un tejido, un órgano y un sistema. Si se respeta esta cadena política digna y ética con ayuda de las TIC, estoy seguro de que todo el mundo percibirá que la campaña electoral ha merecido la pena. Un político digno “es un ejemplo siempre de seriedad, gravedad y decoro en la manera de comportarse, es decir, manifiesta pureza, honestidad y recato; se aprecia y defiende su honra, estimación, modestia, mesura y circunspección, entendida ésta como atención, cordura y prudencia ante las circunstancias, para comportarse comedidamente”. Así lo he escrito en este cuaderno al referirme a las personas dignas, porque creo en ellas, en cualquier sitio que ocupen en la sociedad actual. Por extensión, a personas políticas austeras.

Estoy convencido de que lo que tiene más valor en una campaña electoral es la dignidad política en general, por mucho que a algunos la desprecien por el alto precio ético que hay que pagar, sin confundir, como todo necio, valor y precio. Si se une la dignidad a la austeridad, el triunfo ético de la próxima campaña electoral estará asegurado. Esa es la cuestión, porque las campañas electorales nunca son inocentes y las ideologías auténticas y democráticas no deberían olvidarlo jamás.

NOTA: la imagen de la cabecera se ha recuperado del informe Familias en riesgo, publicado en 2020 por la ONG Save the Children

Elecciones al Parlamento de Andalucía 2022 / 4. Todos los partidos políticos no son iguales

A veces, falta mar para recoger a todos los que se tiran del barco…
Después, suele faltar barco para recoger a todos los que se tiraron a ese mar…

Sevilla, 20/V/2022

Es comprensible que exista un descrédito generalizado de la política y de los políticos que la llevan a cabo, pero los árboles impiden ver a veces el bosque y no es justo generalizar sin compasión sobre la llamada “clase” política. El hartazgo es evidente, pero es imprescindible separar la paja del heno como nos enseñaron hace ya muchos años, unos en el lenguaje del campo puro y duro, otros en la doctrina oficial de la Iglesia, ahora aplicado a la política en general. Siendo una verdad incuestionable, ¿por qué es necesario acabar con análisis totalitarios y absolutistas de los casos de corrupción, en los que no se salva nada ni nadie, porque se dice que “la política es así, al final todos son iguales”. Creo que por higiene mental es imprescindible diagnosticar bien la situación y colaborar en la reconstrucción de la democracia día a día, mucho más en un país tan cartesiano y dual para todo lo que se hace visible “políticamente hablando” en el día a día. Ese ha sido mi empeño en lo que he escrito recientemente sobre la búsqueda de antónimos de la palabra «ocaso» aplicada a la democracia, teniendo muy presente una canción de Pablo Milanés, Proposiciones, en una estrofa de su letra aplicada en esta “circunstancia” que convive con “mi yo” de cada día:  Propongo compartir lo que es mi empeño / Y el empeño de muchos que se afanan / Propongo, en fin tu entrega apasionada / Cual si fuera a cumplir mi último sueño.

Vivimos unos momentos que exigen mucho rigor en la toma de decisiones que facilita la democracia y no todos los programas políticos son iguales, ni los políticos que los ejecutan tampoco. Ser de derechas, centro o izquierda, también del arriba o abajo actual, en este país, parece que imprime carácter hasta que la muerte te separe y está mal visto socialmente que haya alternancia en la pertenencia a un determinado partido o a otro. Es verdad que aparentemente parece una gran contradicción estar defendiendo un día los valores de la socialdemocracia más exigente y al otro los del liberalismo más feroz. Normalmente pasa porque las ideologías son un flanco muy débil en nuestro país dado que los partidos no han estado muy finos a la hora de aceptar militantes en sus filas y la formación en la «creencia» en sus idearios brilla muchas veces por su ausencia. Esta es una realidad que hay que aceptar pero lo que no es normal es que haya unos desplazamientos de pertenencia a partidos o de votos, tan agresivos, como a los que estamos asistiendo en la actualidad. El llamado voto de castigo existe, pero deja detrás una gran incógnita: ¿se conocían bien las ideologías y los programas de los partidos a los que se han votado con anterioridad?, ¿se puede cambiar tan fácilmente de chaqueta por los errores de determinados miembros de un partido?, ¿se conocía bien el ideario de un programa, más allá de acciones concretas de algunos representantes eximios del mismo?

Indiscutiblemente, todos los partidos no son iguales, ni tampoco las personas que los representan. Tampoco somos iguales los electores. Basta conocer la trayectoria histórica de los partidos que han existido en los más de cuarenta años de democracia en este país, para no dejar duda alguna que no es lo mismo la historia de la derecha o del centro que la de la izquierda, por mucho que se quiera generalizar sin compasión alguna en análisis que no resisten el más mínimo juicio de valor crítico. Todos no han sido iguales, luego todos no son iguales ahora si se respeta la historia y este aserto se debería defender por la militancia más activa de cada partido. Se ha tenido que hacer un camino político al andar que es de bien nacido reconocerlo y pregonarlo para que no haya duda alguna sobre su legitimidad. El tratamiento de la memoria histórica de este país es una cuestión recurrente que no sólo hay que aplicar al tiempo de la guerra civil y sus daños colaterales, sino también en cada momento actual, porque la memoria histórica integra también el ayer del país y su proyección en la vida de cada persona que lo integra. Y todos los partidos no han tratado igual a Andalucía a lo largo de su reciente historia política, cuestión que no se debería olvidar nunca.

Andalucía ha sido una experiencia especial a lo largo de esta etapa democrática. Se critica duramente que la izquierda haya estado gobernando durante treinta y siete años en esta Comunidad hasta que pasó a la oposición en las últimas elecciones,  pero fue la decisión de los andaluces, sin más paliativos. Vino la alternancia y hay que acatarla sin más porque ese es el gran secreto de la democracia, el respeto casi reverencial al voto de cada elector. En democracia éstas son las reglas del juego, aunque a determinadas personas nos duela vivir determinados triunfos políticos porque las políticas que se llevan a cabo no respetan el interés general de todos los andaluces, sin dejar a nadie atrás. Siempre recuerdo lo que viví personalmente en 2018, en la etapa previa a las elecciones en Andalucía, una sensación de deserción casi colectiva del electorado de izquierdas, lo que se llama técnicamente “abstención”, cambiando lo que haya que cambiar, a través de un aforismo personal y transferible:

Falta mar para recoger a todos los que se tiran del barco…

Anteriormente, ya lo había sufrido en las elecciones de 2012, momento crucial en el que nació este aforismo personal, aprovechando el texto dentro del contexto que se aconseja en todo aforismo: “Era objetivo, porque asistí a deserciones de todo tipo de la izquierda ante lo que podía pasar el 25 de marzo de 2012. Era inteligible, porque muchas personas que se mantenían en el puente de mando personal, político y profesional, sabían que era cierto solo con mirar a su alrededor. Y la dialéctica era obvia: o barco o mar, porque en determinados momentos se controlan por la tensión económica, política o social, correspondiente. Era verdad, desgraciadamente, que cada uno estaba al final en su sitio, porque lo que defiendo desde hace años es que no todos decimos lo mismo, ni vamos en el mismo barco. Ni hacemos la misma singladura. Ni navegamos con la misma empresa armadora, llamémosla hoy, partido. Unos en cruceros, otros, en pateras, sin quilla, pero navegando siempre hacia alguna parte, buscando islas desconocidas, que se encuentran. Y pasadas esas fechas críticas, nació un nuevo aforismo, como corolario del anterior e indisolublemente unido a él:

Falta barco para recoger a todos los que se tiraron a ese mar…

Se aproximan fechas críticas para nuestra Comunidad. Votar o no votar no debe ser la cuestión. Hay que votar, sin duda alguna y a quienes representen mejor los objetivos que tenemos como personas y como grupos insertos en una sociedad muy concreta. Todos los partidos no son iguales, ni las personas que los representan tampoco. Leamos los programas, asistamos a las presentaciones de estos, conozcamos a sus líderes, hablemos con la gente más próxima y tomemos nota. La lista de los proyectos políticos también la debemos hacer nuestra, no solo la que figura en unas siglas. Es probable que tomando conciencia de que tenemos que trabajar unidos para defender esa acción política diaria del partido al que voto, empecemos a ver las cosas de diferente forma, porque el empoderamiento, es decir, la capacidad para conocer lo que está sucediendo y participar posteriormente en las decisiones informadas para alcanzar los objetivos trazados, ya no es algo que corresponde solo a los demás sino a nosotros mismos. Es obvio que todos no somos iguales ni vamos en el mismo barco a la hora de votar. Me asombra para bien, ver todos los días a muchas personas que viajamos en la vida en patera, mientras otros nos saludan desde su crucero de lujo, saludándonos desde la popa y diciéndonos incluso adiós. La verdad es que no es lo mismo, porque todos no son ni somos iguales.

Los nadieslos hijos de nadie, los dueños de nada. / Los nadies: los ningunos, los ninguneados, / corriendo la liebre, muriendo la vida, a los que siempre defendió Eduardo Galeano, están siempre en su sitio y pocos partidos los representan, porque todos no son ni somos iguales. Tampoco lo olvidaré a la hora de votar el próximo 19 de junio, navegando en mi patera ética por la memoria histórica de Andalucía. Llegado a puerto, la amarraré al noray ético de mi vida, que también existe. Hasta el próximo viaje hacia alguna parte, a pesar de su fragilidad extrema.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Una campaña electoral muy particular / 1. Hay que votar de forma diferente y 2. Ideología, ideología, ideología

Nada te va a causar más problemas en la política que decir la verdad

Michael Ignatieff,  Fuego y cenizas. Éxito y fracaso en política

Sevilla, 13/VI/2022

Las campañas electorales ya no son lo que eran. Ya no quedan brochas, cubos y cola, ni apenas banderolas. Tampoco, ideologías convincentes que muevan por sí mismas al electorado. Entramos hoy en la recta final que culminará con el depósito del voto el próximo domingo 19 de junio y los medios digitales están haciendo su junio, con muchas mentiras políticas, medias verdades y noticias falsas. Por mi parte, en plena experiencia de jubilación, quiero seguir colaborando como ciudadano «político», sumándome día a día a esta campaña como he venido haciendo durante muchos años a través de este cuaderno digital, una pared virtual donde en principio no está prohibido fijar carteles electorales. Desde el pasado 16 de mayo, he venido publicando una serie de artículos, diez en total, centrados exclusivamente en las próximas Elecciones al Parlamento de Andalucía, desde diversas ópticas, no inocentes por supuesto, que vuelvo a publicar esta semana, en un formato de dos artículos por día hasta finalizar el próximo viernes, antes de la llamada jornada de reflexión del día anterior a la votación, que tanto aprecio, porque como tal reflexión hermosea la democracia, haciéndola más vistosa, perfecta y…, hermosa.

Es una contribución modesta a esta campaña desde mi papel actual como ciudadano que respeta la Constitución hasta sus últimas consecuencias, leyéndola cada noche, sin mirar atrás, como decía Mario Benedetti en Te quiero sin mirar atrás: Te quiero como para leerte cada noche, como mi libro favorito quiero leerte, línea tras línea, letra por letra, espacio por espacio. El compromiso “intelectual” existe y es también “político” en el más profundo sentido de la palabra relacionada con la pertenencia a una comunidad ciudadana, como tantas veces he expuesto en este cuaderno digital, porque desde que tengo uso de razón científica me he preguntado muchas veces cómo puede poner uno su inteligencia al servicio de la humanidad, de las personas y situaciones sociales que necesitan atención humana en el pleno sentido de la palabra, como puede ser en este caso unas elecciones generales. También me he preguntado muchas veces en qué consiste el compromiso de los intelectuales con esta misma sociedad, no optando por posiciones políticas de partido, con militancia expresa. La verdad es que no he encontrado mucha literatura sobre el particular y, normalmente, son discursos muy elaborados que no están al alcance de todos los españoles, como diría el título de crédito del NO+DO, al que recuerdo siempre en mis tardes de Madrid, pensando en Andalucía, de la que me sacaron sin muchas contemplaciones cuando solo tenía cuatro años.

Aproximarse a una definición de libro sobre el denominado “compromiso intelectual” es imposible. Cualquier definición solo recoge la forma de establecer defensas innatas para protegerse de los ataques del enemigo, que desgraciadamente suele verse en todas partes sin que realmente existan. Como llevo tiempo pensando en esta realidad, el compromiso intelectual, ahí van unas cuantas reflexiones. La primera nace de la suerte de que una persona pueda plantearse el dilema en sí mismo, sin calificar esta “suerte” como lujo afrodisíaco: el mero hecho de cuestionar la existencia de uno mismo al servicio estrictamente personal, es decir, el trabajo permanente en clave de autoservicio, así definido e interpretado, rompiendo moldes y preguntándonos si lo importante es salir del pequeño mundo que nos rodea y mirar alrededor, ya es un signo de capacidad intelectual extraordinaria que muchas veces no está al alcance de cualquiera, desgraciadamente. La pre-programación de la preconcepción, en clave aprendida del profesor Ronald Laing, es una tabula rasa sobre la que se elabora y encuaderna el libro de instrucciones de la vida. Y por lo poco que se sabe al respecto, quedan muchos años para descifrar el código vital, el llamado código genético de cada cual, personal e intransferible, mejor que el carnet de identidad al que lo hemos asociado culturalmente por la legislación vigente, mucho más atractivo que el de da Vinci, aunque ahora sea menos comercial. Afortunadamente. La conclusión es que estamos mediatizados por nuestro programa genético y por nuestro medio social en el que crecemos. Todos somos “militantes” en potencia, con y sin carnet, dependiendo de sus aprendizajes para comprometernos con la vida. Militar en vida, o no, esa es la cuestión.

La segunda vertiente a analizar es la del compromiso. Siempre lo he asociado con la responsabilidad social, porque me ha gustado jugar con la palabra en sí, reinterpretándola como “respuestabilidad”. Ante los interrogantes de la vida, que tanta veces encontramos y sorteamos, la capacidad de respuestabilidad (valga el neologismo temporalmente) exige dos principios muy claros: el conocimiento y la libertad. Conocimiento como capacidad para comprender lo que está pasando, lo que estoy viendo y, sobre, todo lo que me está afectando, palabra esta última que me encanta señalar y resaltar, porque resume muy bien la dialéctica entre sentimientos y emociones, fundamentalmente por su propia intensidad en la afectación que es la forma de calificar la vida afectiva. Libertad, para decidir siempre, hábito que será lo más consuetudinario que jamás podamos soñar, porque desde que tenemos lo que llamaba uso de razón científica, nos pasamos toda la vida decidiendo. Por eso nos equivocamos, a mayor gracia de Dios, como personas que habitualmente tenemos miedo a la libertad, acudiendo al Fromm que asimilé en mi adolescencia, pero que es la mejor posibilidad que tenemos de ser nosotros mismos. Esta simbiosis de conocimiento y libertad es lo que propiciará la decisión de la respuesta ante lo que ocurre. Compromiso o diversión, en clave pascaliana. Y mi punto de vista es claro y contundente. Cuando tienes la “suerte” de conocer el dilema ya no eres prisionero de la existencia. Ya decides y cualquier ser inteligente se debe comprometer consigo mismo y con los demás porque conoce esta posibilidad, este filón de riqueza. Aunque nuestros aprendizajes programados en la Academia no vayan por estas líneas de conducta. Cualquier régimen sabe de estas posibilidades. Y cualquier régimen, de izquierdas y derechas lo sabe. Por eso lo manejan, aunque siempre me ha emocionado la sensibilidad de la izquierda organizada. Por eso me aproximé siempre a ella, porque me dejaban estar sin preguntarme nada. Intuían la importancia del descubrimiento de la respuestabilidad. Había inteligencia y compromiso activo. Seguro. Pero con un concepto equivocado como paso previo: la militancia de carnet. Craso error. Antes las personas, después la militancia. No al revés, que después vienen las sorpresas y las llamadas traiciones como crónicas anunciadas.

Una tercera cuestión en discusión se centra en el adjetivo del compromiso: intelectual y, hablando del grupo organizado o no, de los “intelectuales”. De este último grupo, líbrenos el Señor, porque suele ser el grupo humano más lejano de la sociedad sintiente, no la de papel cuché o la del destrozo personal televisivo. Un intelectual es concebido como un ser alejado de la realidad que se suele pasar muchas horas en cualquier laboratorio de la vida y de vez en cuando se asoma a la ventana del mundo para gritar ¡eureka! a los cuatro vientos, palabra que no suele afectar a muchos porque nace del egoísmo de la idolatría científica. Por eso hay que rescatar la auténtica figura de las personas inteligentes que ponen al servicio de la humanidad lejana y, sobre todo, próxima, su conocimiento compartido, su capacidad para resolver problemas de todos los días, los que verdaderamente preocupan en el quehacer y quesentir diario. Cada intelectual, hemos quedado en “cada persona”, que toma conciencia de su capacidad para responder a las preguntas de la vida, desde cualquier órbita, sobre todo de interés social, tiene un compromiso escrito en su libro de instrucciones: no olvidar los orígenes descubiertos para revalorizar continuamente la capacidad de preocuparse por los demás, sobre todo los más desfavorecidos desde cualquier ámbito que se quiera analizar, porque hay mucho tajo que dignificar. Si esa militancia es independiente, otra cuestión a debatir, es solo un problema más a resolver pero no el primero. No equivoquemos los términos, en lenguaje partidista. Porque así nos luce el pelo sobre la corteza cerebral, sede de la inteligencia, nuestro domicilio de la libertad personal, de la que afortunadamente podemos presumir todos. Todavía no es mercancía clasificada, aunque todo se andará porque ya está en el mercado mundial. Al tiempo.

Finalizo este preámbulo con el hilo conductor de la serie, como compromiso intelectual y político declarado a los cuatro vientos: los nadieslos hijos de nadie, los dueños de nada. / Los nadies: los ningunos, los ninguneados, / corriendo la liebre, muriendo la vida, a los que siempre defendió Eduardo Galeano, están siempre en su sitio y pocos partidos los representan y escriben sobre ellos, porque todos no son ni somos iguales. Tampoco lo olvidaré a la hora de votar el próximo 19 de junio, navegando en mi patera ética por la memoria histórica de Andalucía. Llegado a puerto, la amarraré al noray ético de mi vida, que también existe. Hasta el próximo viaje hacia alguna parte de la nueva política, que espero con la ardiente paciencia de Neruda a pesar de su fragilidad extrema.

Elecciones al Parlamento de Andalucía / 1. Hay que votar de forma diferente

Nos vamos acercando a una fecha transcendental para la democracia en Andalucía y, probablemente, para el país. Sé que se propaga el pan y circo para todos, modernizado, incluso utilizando los medios digitales a nuestro alcance, por tierra, mar y aire, en un jiji, jajá permanente y eurovisivo, para quedarnos instalados -en la dialéctica de Blas Pascal- con el divertimento, más que con el compromiso, que en francés suena muy bien: divertissement frente a engagement. Lo que no olvido, es que el próximo 19 de junio se votará a las personas de diferentes partidos que nos representarán durante la próxima legislatura en el Parlamento de Andalucía. En este sentido, deseo tomar partido ya, nunca mejor dicho, participando activamente en este periodo preelectoral mediante el compromiso intelectual y de vida, que también existen, utilizando un medio tan maravilloso como es la palabra, en este blog, que todavía nos queda, así como el análisis de los verdaderos hechos democráticos cuando son amores y no solo buenas razones. Sobre una idea forjada en un anuncio inolvidable de Apple publicado en 1997, ante unas elecciones transcendentales en Andalucía, escribo hoy en un acto responsable como ciudadano al que preocupa la deriva política de este país tan dual y cainita, con visos de ocaso de la democracia.

Es de tanta importancia lo que va a ocurrir en Andalucía a partir del 19 de junio próximo, con la que está cayendo, que la situación me lleva a reflexionar que pensar y votar de forma responsable es a veces un asunto de locos, inadaptados, rebeldes y de problemáticos. Los que no encajan en ningún sitio. Aquellos que ven las cosas de otra manera. No siguen las reglas. Y no tienen ningún respeto por seguir pensando y haciendo solo lo establecido. Es verdad que puedes citarlos, puedes no estar de acuerdo con ellos, puedes glorificarlos o vilipendiarlos, pero la única cosa que no puedes hacer es ignorarlos. Porque ellos cambian las cosas. Ellos impulsan la humanidad hacia adelante, porque el mundo solo tiene interés cuando va así, hacia adelante. Y mientras algunos los ven como locos, nosotros vemos genios. Porque la gente que está lo suficientemente loca como para pensar que con su voto pueden cambiar el mundo, Andalucía, sin ir más lejos, es la que logra hacerlo. En beneficio del interés general, no el de unos pocos, sin dejar a nadie atrás, cuidando especialmente a los nadies, en defensa del mejor Estado de Bienestar posible, protegiéndonos del poderoso caballero Don Mercado, porque las personas no deben ser mercancía para nadie. Es lo que me lleva a pensar… y votar de forma diferente.

Espero como agua de mayo, nunca mejor dicho, la publicación de los programas políticos de los partidos con posible presencia en el nuevo Parlamento de Andalucía que salga de las urnas, con objeto de conocer bien sus objetivos y la ideología implícita o explícita en ellos, porque partimos de la base de que ninguno es inocente, pero no todos transforman de la misma forma la sociedad, porque todos no son iguales. Es la única forma que conozco de emitir posteriormente un voto responsable, bien informado y que responda a mi ideología, para no llamarme después a engaño. Recuerdo en este contexto a un político canadiense, Michael Ignatieff, que publicó un libro de lectura obligada para personas inquietas en política, Fuego y cenizas (1), cuando afirmaba algo que me parece transcendental en el acto de votar en unas elecciones: “El ideal democrático es la fe, continuamente puesta a prueba, en que los hombres y mujeres corrientes puedan elegir adecuadamente a aquellos que van a gobernar en su nombre, y en que aquellos que elijan puedan gobernar con justicia y compasión”. No he olvidado la experiencia política de Ignatieff en su país natal, Canadá, desde 2008 a 2011, liderando la oposición y con una clara opción a gobernar ese país como Primer ministro. Un profesor universitario en Harvard que fue captado para iniciar una carrera política implacable, tal y como nos la narra él en sus reflexiones cargadas sobre todo de sentimientos y emociones, éxitos y fracasos, fuego y cenizas. Sobre todo, porque expuso también una idea clave para los pesimistas en política, que siguiendo a Benedetti, suelen ser optimistas bien informados: “nada te va a causar más problemas en la política que decir la verdad. Estamos avisados.

(1) Ignatieff, Michael (2014). Fuego y cenizas. Éxito y fracaso en política. Madrid: Taurus.

Elecciones al Parlamento de Andalucía 2022 / 2. Ideología, ideología, ideología

Vuelvo hoy desde mi corazón a mis asuntos, arropado por la ideología de Miguel Hernández. He repasado apuntes en este cuaderno digital sobre las elecciones en general, tanto a nivel de Estado como de la Comunidad Autónoma, que he escrito a lo largo de dieciséis años de vida de este cuaderno de derrota, en lenguaje marino. Entre las reflexiones que he considerado de especial interés, esenciales, señalo hoy una que tiene que ver con algo que considero transcendental en este tiempo de turbación permanente y de cuestionamiento de la democracia en sí misma. Me refiero a las ideologías, porque existir existen, sobre todo con el reconocimiento de la primera vez que se recoge en un Diccionario Nacional o Gran Diccionario Clásico de la Lengua Española (1846-47), editado en Madrid-París en 1847 y elaborado por Ramón Joaquin Domínguez, en el que se desarrolla esta palabra, no circunscribiéndola exclusivamente a «la ciencia de las ideas», sino a algo muy importante: «Ciencia que tiene por objeto describir y manifestar el modo de formarse las ideas, las combinaciones que con ellas hacemos en la mente, las operaciones todas del entendimiento, en fin de las admirables facultades del alma».

Las elecciones del próximo junio suponen siempre convertirse en una prueba objetiva para medir la madurez democrática en nuestra Comunidad, en un año especialmente complejo por la situación política mundial, destacando la guerra de Ucrania y sus daños colaterales, que son muchos, junto a la lenta salida de la pandemia, así como la de nuestro país, tan dual y cainita como demuestra la historia reciente. Vuelve a ser una oportunidad para calibrar la oferta política actual ante el panorama preocupante que nos ofrecen las encuestas en relación con la fragmentación posible de los votos de la izquierda, porque la derecha de centro y extrema está convencida de que la lealtad de sus electores se volverá a demostrar con el nuevo reguero de votos provenientes de partidos en caída libre como Ciudadanos, por ejemplo y en su trabajo de zapa permanente para socavar la auténtica democracia a través de diferentes supremacías nacionalistas de nuevo cuño, tanto ideológicas, de raza o de religión. Lo que verdaderamente es un clamor popular, como analizaba recientemente a tenor de los últimos resultados del Barómetro del CIS en abril de este año, es que hay un denominador común de desconcierto ciudadano ante el desencanto por hechos irrefutables de corrupción política y por el paro galopante que sigue sufriendo esta Comunidad y que sobre todo afecta a los jóvenes.

Ante este panorama tan complejo y preocupante, es necesario reflexionar en voz alta sobre las actuaciones que pueden ayudar a despejar las incógnitas electorales que nos abruman en estos días que anteceden al 19 de junio de 2022. Hay que considerar, en primer lugar, una base política, como ciudadanos de a pie, como punto de partida para preparar un voto razonable y que lo sustente. Se resume en una sola palabra, ideología, porque cuando existe la ideología, que forja siempre una creencia, la política se hace virtud ciudadana, porque es consecuente, porque somos ciudadanos políticos, en la clave que enseñó Aristóteles. Las ideologías no son inocentes, como tantas veces he explicado en este blog. Solo me refiero en la situación actual a las ideologías democráticas, las que pueden considerarse por su contenido de respeto a las personas y a la sociedad en general, en el largo camino que existe desde la izquierda a la derecha del arco político actual.

La ideología es una proyección fantástica de la inteligencia, entendida ésta como la capacidad que tiene todo ser humano para resolver problemas, gran objetivo de la política a través de programas electorales. La inteligencia que vehiculizamos a través de la ideología podemos llamarla inteligencia social o inteligencia política, porque es evidente que ésta no es ni puede ser algo que flota por encima del desarrollo social, algo neutral o imparcial, sino que refleja lo que está pasando en el mundo que nos rodea y cómo se reacciona ante estos momentos electorales donde se decide cómo se van a abordar los problemas reales y actuales en Andalucía, a través de los programas de los partidos que participen en esta primera etapa anual de participación ciudadana. Es lo que aprendí hace ya muchos años del pensador neomarxista Georg Lukács, cuando decía que “no hay ninguna ideología inocente: la actitud favorable o contraria a la razón decide, al mismo tiempo, en cuanto a la esencia de una filosofía como tal filosofía en cuanto a la misión que está llamada a cumplir en el desarrollo social. Entre otras razones, porque la razón misma no es ni puede ser algo que flota por encima del desarrollo social, algo neutral o imparcial, sino que refleja siempre el carácter racional (o irracional) concreto de una situación social, de una tendencia del desarrollo, dándole claridad conceptual y; por tanto, impulsándola o entorpeciéndola” (1).

El cerebro necesita claridad conceptual, ideología, para comprender lo que ocurre y ahí está la clave de la no inocencia. Mientras unos o muchos entorpecen el conocimiento de la verdadera dimensión social de lo que ocurre, otros desean introducir cordura en la comprensión y vías de salida a la misma. Es decir, la ideología que está detrás de los partidos no es inocente y el cerebro necesita ordenar ideas fundamentales para llegar a caracterizar el pensamiento y proyectarlo en la realidad social económica, educativa, de salud y bienestar social que cada persona debe elegir para ser y existir todos los días, de acuerdo con el programa político que mejor responde a la ideología de cada persona, a su creencia. Así lo ha fijado, limpiado y dado esplendor a través del lema ideología, el Diccionario de la Lengua Española, en su segunda acepción (texto en cursiva). Por algo será. Y los Gobiernos, los partidos, los representantes políticos lo saben, es decir, tampoco son inocentes y no vale cualquier respuesta a las ideas fundamentales, mediante el voto, en unas elecciones, porque todos no son ni somos iguales en Andalucía. Afortunadamente.

Creo que ante la convocatoria de las próximas elecciones al Parlamento de Andalucía, estamos obligatoriamente obligados a votar, por diversas razones. La primera, porque la democracia se construye entre todos y la traducción inmediata para vivir en ella es formar parte activa de su configuración que, hoy por hoy, pasa por participar en procesos electorales y ser consecuentes con lo que cada uno vota. La segunda razón estriba en ejercer la responsabilidad activa de ciudadanía, porque ser responsable es la conjunción de conocimiento y libertad. Conocimiento, porque la inteligencia es el bien más preciado para vivir dignamente, entendida como la capacidad de resolver problemas en el día a día, considerando siempre que es lo más bello que tiene el ser humano. Guido Orefice o Roberto Benigni, tanto monta-monta tanto, el protagonista de La vida es bella, explicaba bien cómo podíamos ser inteligentes al soñar en proyectos: poniendo (creando) una librería, leyendo a Schopenhauer por su canto a la voluntad como motor de la vida y sabiendo distinguir el norte del sur. También, porque cuidaba de forma impecable la amistad con su amigo Ferruccio, tapicero y poeta. Hasta el último momento. Y la libertad, sin ira, libertad, para dar respuestas a las cuestiones cotidianas en las que estamos inmersos en el acontecer diario. Esa es la dialéctica de la responsabilidad, conocimiento más libertad, entendida como respuestabilidad (perdón por el neologismo), quedando probado que se puede librar de convertirse en mercancía cuando se sabe distinguir valor y precio. En tercer lugar, porque hay que pensar en el día después de las elecciones, porque detrás del voto debe haber siempre un compromiso activo con mi voto fiado a terceros que probablemente ni conozco, a través de un papel de color blanco, alargado como la sombra ética y decente que lo protege. Es decir, tengo que mantener activo el compromiso diario de mi opción a través de la participación activa, como ciudadano o ciudadana que vive en un ámbito local concreto, en la consecución de aquellos objetivos que me han llevado a elegir una determinada opción política volcada en un programa, que nunca se debe entender como flor de un día. El éxito político, como el campo, es para quien lo trabaja y no hay que olvidar que cuando la política se entiende así podemos ser protagonistas de la misma en mi casa, mi barrio, mi trabajo, mi ciudad, mi país o, simplemente, entre mis amigos o familia del alma. Somos, como bien decía Aristóteles, animales políticos queramos o no decirlo o sentirlo en lo más íntimo de nuestra intimidad.

Lo que no se comprende es la abstención masiva, dejar pasar una ocasión mágica de la democracia, no depositando el voto, dejando que la Comunidad Autónoma de Andalucía viaje posiblemente, de nuevo, hacia ninguna parte, como si la cosa política, la res pública, no fuera cosa de todos, a pesar de lo que muchas personas piensan en la actualidad, que la política es uno de los principales problemas de este país. El Partido Abstencionista prepara ya, apasionadamente, estas elecciones en Andalucía. Estamos avisados.

Y una cosa más. A diferencia de la famosa frase atribuida dudosamente a Groucho Marx, “Estos son mis principios. Si no le gustan tengo otros”, siempre escribo y no me escondo sobre mis principios éticos para vivir dignamente, interpretando la política e intentando transformar la sociedad salvando siempre el interés general. Si estos principios ideológicos no gustan a los demás, no tengo otros. Sé que las personas que lean estas palabras pensarán con nostalgia en días ya lejanos para algunos, en los que con orgullo, conciencia y sentimiento de clase no nos importaba sentirnos parte de lo que todo el mundo conocía como “la izquierda” y que te identificaran como integrante de sus formaciones políticas que no ocultaban con actitud vergonzante sus siglas e ideologías implícitas. Tampoco importaba que los que no estaban en este espacio ético de la izquierda se burlaran de nuestras «utopías», como la de los ideólogos de siempre, porque para tranquilizar sus conciencias han llamado y siguen llamando hoy a toda pre-ocupación por los demás desde las políticas de izquierda, la de los “comunistas”, sobre todo cuando se centran en el beneficio del interés general, de los nadies de Eduardo Galeano, de los que menos tienen (por cierto, no solo en relación con el dinero). Esa ideología es la que hay que recuperar en beneficio de todos, la que permita devolver el interés de vivir a los hijos de nadie, los dueños de nada. / Los nadies: los ningunos, los ninguneados, / corriendo la liebre, muriendo la vida. Si se consigue con una ideología concreta, porque todas no son iguales, podremos ser felices por nuestra responsabilidad electoral llevada a feliz término a través del voto.

(1) Lukács, G. (1976). El asalto a la razón. Barcelona: Grijalbo, pág. 5.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

La sonrisa roja sobre una mesa verde

Alex Katz, La sonrisa roja, 1963 (óleo sobre lienzo.  200 × 292 cm, actualmente en el Whitney Museum of American Art, en Nueva York)

Sevilla, 10/VI/2022

Mañana se inaugura una exposición temporal en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, el Museo de Todos, una retrospectiva sobre el pintor norteamericano Alex Katz (Nueva York, 1927), una de las principales figuras de la historia del arte americano del sigo XX y precursor del arte pop y del expresionismo abstracto, que todavía sigue en activo. Esta exposición “permite realizar un recorrido por los temas habituales de Katz: sus retratos en solitario, duplicados y de grupo, alternados con sus reconocibles flores y envolventes paisajes de vivos colores y fondos planos”.

De las cuarenta obras seleccionadas para la exposición, me he detenido en dos que me han impactado sobre las demás: La sonrisa roja, 1963 (óleo sobre lienzo.  200 × 292 cm, actualmente en el Whitney Museum of American Art, en Nueva York) y Mesa verde, 1996 (óleo sobre aluminio.  122 x 274 x 91 cm, perteneciente a una colección privada). Hasta aquí las reseñas oficiales, pero como ya lo expresé en relación con una obra que guardo con cuidado en mi clínica del alma, Emocionarte. La doble vida de los cuadros, Premio Espasa 2020, un premio literario otorgado desde 1984 por la Editorial Espasa Calpe para la difusión de trabajos periodísticos y sobre el que escribí un artículo publicado en 2020 durante la pandemia, Cuando un cuadro habla y nos emociona, las comento ahora porque provocan un sentimiento de plenitud en mi alma de secreto, aunque sé que la emoción es algo muy diferente del sentimiento. Es un estado afectivo pasajero pero de alcance incalculable. El sentimiento, por el contrario, nos deja con un afecto permanente hacia algo o alguien. Somos emocionentes, personas que vivimos las emociones de una forma muy especial y que intenté describir también en un relato publicado en este cuaderno digital en 2010, Emocionentes, que lo recuerdo hoy especialmente hoy porque creo que explico en él la forma de vivir plenamente las emociones en nuestra vida. Emocionarme y fijarla en mi alma como sentimiento de plenitud, es lo que me ha ocurrido hoy al descubrir la obra de Alex Katz.

En relación con La sonrisa roja, rápidamente la he asociado con la fuerza de este color base, en la impresión primera del mismo al figurar en él como un fondo plano característico en la obra de Katz, en tiempos de rictus tristes y de acromatopsia total o ceguera al color de la vida, algo que definió magistralmente Oliver Saks en su obra La isla de los ciegos al color, que tantas veces he citado en este cuaderno digital. Este país nos mostró durante la dictadura una aversión total a ese color y crecimos en mi generación con mucho cuidado de aproximarnos a él, porque más que una muestra de la escala cromática era una muestra de ideología malsana e incluso un insulto cuya derivada podía costarte la vida. Siempre recuerdo que este color fue para la dictadura el motivo de la representación social de Federico García Lorca que justificaba su asesinato. Que hoy haya descubierto esta sonrisa de Katz, proyectada en una mujer, su esposa Ada, me ha emocionado, llevándome a un sentimiento de agradecimiento anímico en tiempos revueltos. Algo muy importante a señalar es que el color rojo, junto a otros, lo representa en esta obra Ada, la compañera de vida de Katz, de la que llega a decir que como musa principal en su obra pictórica “es una de las personas más atractivas y bellas que he conocido nunca. Siempre he tratado de plasmar eso, pero me resulta imposible” (1).

Alex Katz, Mesa verde, 1996 (óleo sobre aluminio.  122 x 274 x 91 cm, perteneciente a una colección privada)

Mesa verde, me ha causado otra impresión diferente, la de estar así representadas las personas como bustos silenciosos que ante los demás son cabezas cortadas, sin nada más que decir, a modo de objetos de colección, de frente y de espaldas a la vida, aunque probablemente, para Katz, signifiquen mucho en el ámbito de su memoria histórica, presidida una vez más por Ada, en el centro de su obra y vestida de rojo.

Junto a estas impresiones que comportan emociones y sentimientos, he descubierto también algo importante en la vida de Katz, al contestar en una entrevista en 2020 a la siguiente pregunta: “Para usted qué es más importante, ¿el dinero o el respeto? El respeto, desde luego. El dinero… Si mi objetivo hubiera sido ganar dinero te aseguro que habría ganado mucho más. El precio que están pagando determina tu posición social en el mundo del arte, pero no da una indicación de lo que los demás piensan de ti”. Hoy, pienso que tiene también mi respeto como artista, porque ha logrado emocionarme y sentir algo diferente al contemplar dos de sus cuadros.

(1)  Alex Katz: el pintor contemporáneo que expondrá por primera vez en el Thyssen-Bornemisza | Vogue España

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Ante el papel pautado político, hay que escribir del otro lado

Sevilla, 9/VI/2022

En Fahrenheit 451, la novela emblemática de Ray Bradbury, leí por primera vez hace ya muchos años unas palabras de Juan Ramón Jiménez, Si os dan papel pautado, / escribid del otro lado, como epígrafe del libro, a las que en aquél momento no hice mucho caso a pesar de su mensaje revolucionario. Preocupado actualmente por las cosas de la vida política, que no por las del querer, he vuelto a encontrar esa cita, habiendo logrado localizarla en su origen juanramoniano. La verdad es que ha sido una tarea algo difícil, pero finalmente sé que figura como aforismo entre los más de cuatro mil que escribió el poeta de Moguer, al que tanto aprecio y debo. Lo que ocurre es que Bradbury interpretó ese aforismo reduciéndolo a un entendimiento humano frente al conformismo, cuando el original de Juan Ramón Jiménez no decía eso exactamente: Si te dan papel rayado, escribe de través; si atravesado, del derecho (1).

Quien frecuenta este cuaderno digital sabe que tengo bastante aprecio por los aforismos, que ya en el siglo XVIII se definían por primera vez en el Diccionario de Autoridades (RAE) como “Sentencia breve y doctrinal, que en pocas palabras explica y comprehende la esencia de las cosas” (RAE A 1726, pág. 338,1). Y vuelven a estar de moda, quizá porque la velocidad que se imprime a la vida diaria, necesita de estos “pretextos para textos fuera de contexto”, como lo definió Jorge Wagensberg en un artículo de opinión, extraordinario, Pretexto para un texto fuera de contexto, que publicó en 2012 en el suplemento Babelia, de El País (2). Esta definición, en términos de ciencia, lo fundamentaba en tres argumentos: la objetividad, la inteligibilidad y la dialéctica. Objetividad, porque el sujeto de conocimiento debe distorsionar lo menos posible al objeto de conocimiento. Mediante la inteligibilidad, porque hay que despejar a la esencia de todos sus matices, alcanzando la mínima expresión de lo máximo compartido. Ejemplo: Vivir envejece. Y, por último, la dialéctica, como tensión continua entre sujeto y objeto: La realidad es inteligible porque no hay bosques con más árboles que ramas (3).

Cuando estamos ante momentos cruciales de compromiso activo o, por ejemplo, cuando estamos en fechas próximas a las elecciones autonómicas del 19 de junio, vuelvo a tener una sensación extraña que en 2012 tuve en mi vida profesional, que traduje en un aforismo personal y transferible:

Falta mar para recoger a todos los que se tiran del barco…

Era objetivo, porque asistí a deserciones de todo tipo ante lo que podía pasar en las elecciones autonómicas de 2012. Hoy, diez años después, sigue siendo objetivo, porque hay centenares de miles de deserciones de votantes de la izquierda, lo que se llama hoy “desmovilización” o lo que es lo mismo reducido a una pregunta: ¿por qué llaman así a la pérdida absoluta de ideología, con absentismos y transfuguismos ideológicos masivos y vergonzantes, cuando lo que hacen es abandonar los barcos de la izquierda, dejándolos a la deriva, sin norte alguno? Era inteligible, porque muchas personas que se mantenían en el puente de mando personal, político y profesional, sabían que era cierto solo con mirar a su alrededor. ¿Hay alguna duda de que es esto lo que está pasando en la actualidad. Y la dialéctica era obvia: barco y mar, porque en determinados momentos se controlan por la tensión económica, política o social, correspondiente. Era verdad, desgraciadamente, que cada uno estaba al final en su sitio, porque lo que defiendo desde hace años es que no todos decimos lo mismo, ni vamos en el mismo barco. Ni hacemos la misma singladura. Ni navegamos con la misma empresa armadora. Unos en cruceros, otros, en pateras, sin quilla, pero navegando siempre hacia alguna parte, buscando islas desconocidas, que se encuentran. Es la aplicación pura y dura del principio de realidad política actual.

Y pasadas esas fechas críticas, nació un nuevo aforismo, como corolario del anterior e indisolublemente unido a él, que probablemente vuelva a repetirse en fechas próximas, porque los barcos abandonados de la izquierda se hundirán en el ocaso de la democracia:

Faltará barco ideológico para recoger a todos los que se tiraron a ese mar…

Aunque en esta ocasión, ante el voto del día 19 de junio en Andalucía, el pretexto vuelva a ser un texto dentro de contexto.

Vuelvo a mi biblioteca y consulto los dos libros que citaba al principio, con sus autores dentro: Bradbury y Jiménez, porque querían decir lo mismo: hay que revelarse ante el conformismo social, porque ante el papel rayado o pautado del pensamiento único político y desmovilizador, hay que darle la vuelta y escribir de forma libre y sin guiones preestablecidos sobre otra forma de aprehender la vida política como ciudadanos, persiguiendo sólo el interés general que está demostrado que nos beneficia a todos.

Me preocupa mucho esta situación del conformismo y desmovilización política de la izquierda en Andalucía, que se extiende como una mancha de aceite. El conformismo hace estragos allí donde nace, se desarrolla y muere, porque se instala en el confort de los tibios y tristes, alejando como por arte de magia a las personas dignas de cualquier movimiento andante. Tengo que reconocer que me dan pánico, pero crecen como por encanto, porque todos coinciden en que la cosa está fatal. Pero ¿qué es la cosa? ¿su cosa? La cosa es la vida misma, con su parafernalia personal e intransferible en cada persona que vive rodeada de cosas que cosifican, es decir, a la corta, más que a la larga, reducen a la condición de cosa a las personas. Porque ahí radica su peligro extremo: reducen a las personas a una cosificación inaceptable por medio del conformismo brutal que nos invade y que suele diseñarse muy bien por el enemigo, un artista de la mercancía política en hipermercados de la indignidad y de su economía propia y asociada. Muchas veces he ensalzado la figura de Papageno, el protagonista de la ópera de Mozart, La flauta mágica, porque su profesión es un modelo a seguir en muchas ocasiones para los inconformistas de cuna: encantador de pájaros, aunque no sepamos casi nunca a qué tipo de pájaros, con perdón, tenemos que encantar. Cada uno que lo aplique a quien corresponda.

Dice Mario Benedetti en un soneto del pensamiento, precioso, publicado en Testigo de uno mismo (4), que sin pensar uno ahorra desalientos / porque no espera nada en cada espera / si uno no piensa no se desespera / ni pregunta por dónde van los vientos, continuando después con una reflexión muy pre-ocupante, con guion: la mente se acostumbra a ese vacío / no sabe ya de nortes ni de sures / no sabe ya de invierno ni de estío. Es verdad, porque el conformismo lleva a un electroencefalograma plano de la inteligencia que inhibe para tomar conciencia de que el Sur también existe, como nos pasa con el conformismo en esta tierra de maría santísima, donde nos acaba dando igual el calor que el frío. Lo que ocurre es que cuando se decide salir del conformismo que nos invade y desmoviliza mentalmente, el pensamiento, acostumbrado al vacío, huye de ángeles y tahúres y busca desesperadamente la noche, para pensar en esta tierra…, a troche y moche. ¡Menos mal, que ante este papel pautado político, podemos escribir y votar de otro lado!

(1) Jiménez, Juan Ramón, Aforismos, 2007, edición de Andrés Trapiello, Granada: Comares.

(2) Wagensberg, Jorge (2012, 12 de mayo), Pretexto para un texto fuera de contexto, en Babelia (El País).

(3) Wagensberg, Jorge, Más árboles que ramas, 2012. Barcelona: Tusquets.

(4) Benedetti, Mario, Testigo de uno mismo, 2014, 2º ed., Madrid: Visor Libros, pág. 122.

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Necesitamos compartir un nuevo álbum cívico

Palau Vera, J. (1918). La educación del ciudadano. Barcelona: S.A.I.G. Seix&Barral Herms. Editores (edición facsímil publicada por RBA Coleccionables, 2007)

Sevilla, 8/VI/2022

En 2007 publiqué en este cuaderno digital una serie dedicada a la añorada asignatura Educación para la Ciudadanía, erradicada desgraciadamente del programa curricular educativo en años posteriores, que completé con la lectura de un libro sorprendente, La educación del ciudadano, publicado en Barcelona, en 1918, por la S.A.I.G. Seix Barral Herms. Editores (1). Lo he leído de vez en cuando, sobre todo en momentos de este país en los que la educación, en el sentido más puro del término, brilla por su ausencia. En aquella ocasión por lo controvertida que fue su entrada en vigor como asignatura, que derivó en momentos tensos de una aplicación de la Ley y disposiciones vigentes que propugnaban la impartición de una asignatura dedicada a ese claro objeto de deseo democrático. Desde este foro digital intenté, ignoro el éxito, divulgar los contenidos concretos de tres versiones de la asignatura en función de las editoriales que las publicaban, a través de diez post integrados en una publicación posterior, Educación para la Educación en Ciudadanía y Derechos Humanos, , que se pueden volver a leer enlazando la serie dedicada a una materia excelente, necesaria, deseada, deseante, urgente, imprescindible, creativa y detentadora del principio escolástico que tanto defiendo: el bien es siempre difusivo de sí mismo (bonum diffusivum sui).

Hoy, después de tantos años en los que se ha borrado del mapa educativo esta signatura y visto lo visto en este país, maleducado por definición, he entrado en mi clínica del alma, mi biblioteca, rescatando de nuevo esta joya de 1918, La educación del ciudadano, donde ya existía en su contexto histórico antecedente y consecuente, una necesidad de que las adolescentes y los adolescentes de aquella época, los llamados “jóvenes”, debían conocer la sociedad, de lo que se debe siempre a la comunidad y de cómo, prácticamente, se debe contribuir a la vida social. Para no contaminar su contenido, prefiero trasladar exactamente las palabras del Prefacio escrito por el autor del libro, Juan Palau Vera, en Barcelona, año1918, con una Nota final fantástica como idea a propagar en todos los hogares del país: Todos los datos, grabados, postales y dibujos que pueda recoger el alumno, pueden conservarse ordenados en un álbum que podría llamarse álbum cívico.

PREFACIO DEL AUTOR

Este libro tiene por objeto servir de base a una completa educación del ciudadano en el amplio sentido que debe darse a la palabra educación. La finalidad rebasa, pues, los límites de la pura instrucción cívica que se concreta a dar nociones escuetas de derecho civil, y a indicar los deberes del ciudadano en sus relaciones con los organismos oficiales.

Toda la obra tiende a ilustrar al joven de lo que es la sociedad, de lo que debe a la comunidad y del modo práctico cómo puede y debe cada ciudadano contribuir a la vida social; tiende, en una palabra, a darle la impresión de que todo lo que es lo debe a la sociedad y le enseña que su deber primordial consiste en vivir para la comunidad de que forma parte.

Pero el libro por sí mismo sería un instrumento de poca eficacia sin la labor del Maestro o del padre, los cuales en esta formación de la moral cívica tienen ancho campo donde practicar las más nobles funciones de su ministerio.

Los niños, dicen las Pedagogías, han de desarrollarse integralmente, es decir, física, moral e intelectualmente. En la práctica, los esfuerzos por conseguir este desarrollo en esos tres sentidos, son esfuerzos dispersos; para el desarrollo físico se practica la gimnasia y se organizan juegos; para el desarrollo moral se predican bellas cosas y se leen historietas; para el desarrollo intelectual se enseñan las distintas materias del programa. Aunque sea sobradamente conocida se olvida, no obstante, el mantener ante los ojos la finalidad de esos esfuerzos. ¿Para qué desarrollar el cuerpo, el carácter moral y la inteligencia? La contestación no puede ser más que ésta: para formar buenos ciudadanos, es decir, miembros sanos y útiles de la Comunidad.

Si todo en la escuela se mantiene fiel a esta finalidad, los detalles de la vida escolar y de los estudios adquieren mayor valor y sentido y aumentan la capacidad social del alumno. No obstante, hace falta algo que hable al niño o joven más directamente de la vida social, que trate ésta y los deberes y derechos que con ella se relacionan, de un modo metódico y completo. A esta necesidad obedecen los manuales de educación cívica como el presente.

Antes de terminar me permito insistir en la conveniencia de que se hagan los ejercicios prácticos que van intercalados en el texto, muchos de ellos exigen un trabajo de ligera información que han de hacer los alumnos mismos para acostumbrarse a buscar datos, cosa utilísima en todas las actividades. Una manera práctica de facilitar una información completa puede consistir en elegir parejas de alumnos inteligentes y encargar a cada pareja el trabajo de hacer determinadas informaciones. Luego en clase cada grupo aporta el fruto de su trabajo para la ilustración de todos. Estos ejercicios adquieren así un carácter moral, puesto que representan una cooperación al trabajo común de la clase con vistas a un resultado colectivo.

Con alma de niño, ávido de emociones como las que sentí el día que abrí por primera vez este precioso libro, vuelvo a compartir su lectura, dando vueltas a mi forma de comprender la vida educada, para la ciudadanía, bajándome al mundo real y entregando de nuevo a la Noosfera el Índice completo de este apasionante álbum cívico.

Fragmento (facsímil) del Libro La educación del ciudadano, 1918

Utilizando una reproducción facsímil, comienzo por recordar mediante atenta lectura la primera página real del Índice, donde la familia, la escuela, la ciudad o el pueblo y lo que debe el ciudadano a la Comunidad, es una forma de adentrarse en una forma de corresponsabilidad social que nos asombra quizá en la realidad actual, más de cien años después de su publicación. La siguiente página aborda realidades cotidianas para el bienestar personal y comunitario: la salud, la solidaridad con los más débiles o disminuidos desde la dimensión persona física, psíquica y social, respectivamente. Y la vida espiritual, donde centra la preocupación de la Comunidad (con mayúscula) respecto de la instrucción y educación del ciudadano. Recoge un ejemplo que no deja indiferente en su lectura: la importancia de los Museos: “Además del sistema escolar, la Comunidad contribuye a educar al ciudadano por medio de sus Museos. Y siempre comentando lo que “cuesta” mantener esta estructura educativa. Deliciosas las frases dedicadas a los “maestros” en la Universidad, de los que se reciben “método de trabajo, un ejemplo de conducta y un contagio de entusiasmo científico”. Y se adentra en el análisis de la estructura de la gran Comunidad nacional, estableciendo diferencias sutiles entre Nación y Estado, que haría temblar a las Cámaras actuales si se hiciera en algún momento una operación rescate para quedarnos, evangélicamente hablando, con lo “bueno”. Cito textualmente: “Es tan fuerte el sentimiento de nacionalidad, que es imposible destruirlo por medios materiales, pues resiste a todas las pruebas y resurge muchas veces cuando parecía muerto para siempre. (…) En España mismo podemos leer en la prensa y en folletos cómo algunas regiones formulan claramente sus aspiraciones nacionalistas, habiendo sido ya tratada esta cuestión en el Parlamento”. Es que estamos hablando de un gran reto: conocer e identificarse con la gran Comunidad nacional [sic] y con sus aciertos y debilidades.

Fragmento (facsímil) del Libro La educación del ciudadano, 1918

La página tercera del Índice me ofrece de nuevo grandes sorpresas: hay que defender los intereses generales contra los apetitos individuales, como una función maestra del Estado español. Y camina en terrenos difíciles definiendo, por ejemplo, la política: arte de gobernar a los pueblos. Define a los políticos, hacer política, estableciendo la diferencia clara y contundente con hablar de política: “Hay individuos que pierden horas y horas sentados en las mesas de los cafés hablando de política, pero que se retraen y no votan llegando el periodo de elecciones, que es cuando el ciudadano puede con su voto influir directamente en la vida pública y hacer política”. Votar es un “sagrado deber cívico”.

Fragmento (facsímil) del Libro La educación del ciudadano, 1918

A partir de aquí y para finalizar, comienza el sacrosanto deber contemporáneo de los deberes del ciudadano, destacando la escala gradual de los compromisos al respecto de los niños, los jóvenes y los adultos como ciudadanos con deberes muy concretos. Se define, por ejemplo, “cómo llega un joven a ser un buen ciudadano, con frases tan esclarecedoras que pueden constituir el mejor fotograma final, The End (Fin), de esta película de papel de filigrana ética impresa: “El ciudadano ideal es aquél que vive sobre todo por la sociedad, es aquel que puesto ante el dilema de tener que elegir entre su interés particular y el interés colectivo, sacrifica su interés particular en aras de la Comunidad”.

Sobran más palabras y reinterpretaciones. Sigo creyendo que es impecable en su contexto y aleccionador, hoy, para los timoratos mayores del Reino, que haberlos haylos. Como pasaba en mi niñez rediviva, antes de comenzar la proyección de películas en sesión continua y cuando se presentaban los tráiler de los próximos estrenos con una frase final rotunda: ¡próximamente en este salón!, lo expuesto anteriormente es sólo un extracto de una joya literaria que conviene leerla completa, con una recomendación añadida: ¡Acomódense bien en sus butacas, porque la palabra admiración ha sido sustituida por intrepidesssssss!, que anunciaba por megafonía el director de pista del Circo que se montaba en la parcela que ocupa hoy en Madrid el Palacio de los Deportes, cuando actuaba aquella familia portuguesa, con sus motos voladoras, que daban vueltas y vueltas en el cilindro metálico, vertical, sorprendiéndonos en nuestras almas de niñas y niños en el Madrid antiguo.

Fragmento (facsímil) del Libro La educación del ciudadano, 1918

Cuando he finalizado, de nuevo, la lectura de este libro y de determinados pasajes del mismo, me he ido a mi “ambigú” particular al igual que hacía cuando asistía a la sesión continua del cine Tívoli, en Madrid, porque ya sabía que la mejor película de vida ciudadana es la que estaba por venir. Perdón: por poner, por echar. Por vivir. Apasionadamente, con los visos de aquella educación de los años cincuenta, diferente, como ciudadano bajito (sin la locura atribuida por Serrat a los niños de aquellas épocas…) por mis pocos años de difícil existencia. Ahora sí que se puede afirmar algo muy vinculado con los títulos de crédito del cine de mi infancia: cualquier parecido de lo que se expone en La educación del ciudadano con la realidad actual es pura coincidencia.  

(1) Palau Vera, J. (1918). La educación del ciudadano. Barcelona: S.A.I.G. Seix&Barral Herms. Editores (edición facsímil publicada por RBA Coleccionables, 2007).

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Setenta y cinco años persiguiendo sueños

Luz López y Mario Benedetti / Zenobia Camprubí y Juan Ramón Jiménez / Waldo Leyva

Sevilla, 7 de junio de 2022

Hoy cumplo setenta y cinco años, mucho tiempo si lo convierto en cumpledías, aunque prefiero esta última expresión siguiendo de cerca a Mario Benedetti en su poema “Como siempre”, en su fondo y forma, sentándome junto a él y sintiendo al mismo tiempo la influencia de Luz  López, su compañera de vida, recordándome también que ya he recorrido un camino vital de novecientos meses en mi cumpledías vital, más de media vida con María José, aplicando las palabras de su poema en primera persona, porque así lo he leído una y otra vez en lo más íntimo de mi propia intimidad agustiniana, adaptándolo a mi yo  y mis circunstancias, que diría Ortega y Gasset. Es verdad, porque esta matusalénica edad que alcanzo hoy “no se me nota cuando en el instante en que vencen los crueles entro a diario a averiguar la alegría del mundo, volando gaviotamente sobre las fobias, desarbolando los nudosos rencores. He alcanzado una buena edad para cambiar estatutos y horóscopos, dejando que mi manantial mane amor sin miseria”. También vuelvo a tener presente a Juan Ramón Jiménez, tan próximo, el poeta con el que compartí su casa de juventud en Moguer durante algún tiempo, que escribió unas palabras hace más de cien años que rescato hoy en la celebración de mi cumplevidas, concretamente en una bella introducción a su querido diario (1), recogidas del sánscrito -¡ay, la influencia de Zenobia Camprubí!-, porque resumen perfectamente la atención que debemos prestar a cada día, espacio y tiempo en el que se desarrolla la vida personal e intransferible de cada uno y las compañeras de vida, por ejemplo Luz, Zenobia, Margarita y María José:

¡Cuida bien de este día! Este día es la vida, la esencia misma de la vida. En su leve transcurso se encierran todas las realidades y todas las variedades de tu existencia: el goce de crecer, la gloria de la acción y el esplendor de la hermosura.

El día de ayer no es sino sueño y el de mañana es sólo una visión. Pero un hoy bien empleado hace de cada ayer un sueño de felicidad y de cada mañana una visión de esperanza. ¡Cuida bien, pues, este día!

En este contexto he recordado hoy también al poeta cubano Waldo Leyva, porque cuando cumplió setenta y cinco años intervino en Ciudad de México, el 13 de septiembre de 2018, en un encuentro cultural bajo la denominación Setenta y cinco años de perseguir el sueño, leyendo poemas escogidos de su espléndida obra poética, de la que destaco El rumbo de los días (2), que ganó en 2010 el X Premio Casa de América de Poesía Americana y de la que escribió el poeta brasileño Ledo Ivo la siguiente semblanza a modo de sinopsis del libro: “La mirada de Waldo Leyva (Cuba, 1943) no sólo contempla. Es una mirada que escucha los rumores de la vida y del mundo. Al mismo tiempo que alcanza las noches estrelladas y los días radiantes de Cuba, se extiende más allá de la frontera insular habitada por el eterno martilleo del mar. Un sentimiento amoroso del mundo, fundado en la solidaridad y en la fraternidad guía los pasos de este gran poeta viajero. Su poesía es ora clara como el agua más lípida, ora teñida de esa oscuridad que marca al ser nocturno y solitario. Sus secretos y misterios, sus sueños y deslumbramientos jamás lo separan de los otros hombres y de los otros paisajes, de la materialidad y la trascendencia que rigen el transcurrir de la vida. ¿Quién es este Waldo Leyva, con su poesía que torna espléndidos los seres y las cosas más simples, humildes y cotidianas, pan puesto en la mesa y aura permanente de amor? Es un amigo del mundo”.

Leyendo bastantes poemas de su trayectoria vital, he escogido uno que me ha tocado el alma que sueña, titulado Contra la desmemoria, dedicado a José Omar Torres, hermano:

Cantemos la canción de los soñadores,
que no nos detengan las espaldas que se alejan
ni los oídos que sólo quieren escuchar
el repetido canto de las sirenas;
por muy sólo que se anuncie el camino,
cantemos siempre la canción de los soñadores,
que el canto nos acompañe
con su melodía incorruptible.
El fin no es tocarlo sino perseguir el sueño.
Y si algún día, no quiero pensarlo,
nadie canta la canción de los soñadores
si alguna vez, no quiero imaginarlo,
sólo se escucha el alarido de las sirenas,
entonces yo, contra esa desmemoria,
seguiré cantando con mi torpe voz
y estoy seguro, eso quiero creer,
que alguien, cuyo recuerdo ignoro todavía,
se levantará de las aguas para sumarse al coro
y descubrir conmigo la canción de los soñadores.

En este cumpleaños, cumpledías y cumplevidas, sólo sé que he perseguido sueños que hoy no quiero olvidarlos, ni siquiera un momento, porque no quiero dejarme apesadumbrar por la desmemoria. Leo una y otra vez el poema de Waldo Leyva, precioso, porque no quiero dejar de soñar despierto como tantas veces he escrito en este cuaderno digital. Hoy, cuando cumplo setenta y cinco años persiguiendo sueños, quiero cantar la canción de los soñadores (Leyva), entrando a diario a averiguar la alegría del mundo, volando gaviotamente sobre las fobias, desarbolando los nudosos rencores (Benedetti), porque sé que el día de ayer no es sino sueño y el de mañana es sólo una visión. Pero un hoy bien empleado hace de cada ayer un sueño de felicidad y de cada mañana una visión de esperanza. Por esas razones, sueños en definitiva, sé que lo que aprendí un día ya lejano de Juan Ramón Jiménez, ¡Cuida bien, pues, este día!, es lo que me permite seguir viviendo, porque un hoy bien empleado hace de cada ayer un sueño de felicidad y de cada mañana una visión de esperanza. Sé que el fin no es tocarlos sino perseguir los sueños.

(1) Jiménez, Juan Ramón, Diario de un poeta recién casado (1916-1917), 2011. Madrid: Visor Libros.

(2) Leyva, Waldo, El rumbo de los días, 2010, Madrid: Visor Libros.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

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