De ómicron a Omega

Primer carril bici fluorescente del mundo, en Nuenen. El cielo estrellado de Van Gogh sobre el asfalto.

Aquella luz que iluminaba todo
lo que en nuestro deseo se encendía
¿no volverá a brillar?

Ángel González, Aquella luz

Sevilla, 24/I/2022

Creo que en la actual pandemia el alfabeto griego llegará de un salto a su última palabra, Omega, una vez superada esta sexta ola de nombre ómicron y que llegó arrasando todos los continentes del planeta, con una “o” pequeña, la de ómicron, y una “O” grande, la de Omega, la última letra de ese alfabeto tan aleccionador, con un significado histórico y cultural de gran valor, tan próximo al valor del fin de todas las cosas y de todo lo que se mueve en el mundo. Lo escribo de esta forma porque el director regional de la Organización Mundial de la Salud en Europa, Hans Kluge, afirmó ayer en una entrevista a la agencia AFP, que “es “plausible” que la región [Europa] se esté acercando al final de la pandemia”, no al final de la COVID-19, aunque señaló también que hay que ser muy prudentes todavía ante la forma en que se han desarrollado las sucesivas olas de la misma: “Una vez descienda la ola de ómicron, habrá durante bastantes semanas y meses una inmunidad global, ya sea gracias a la vacuna o porque la gente será inmune debido a la infección y también a la disminución de la estacionalidad”. También explicó la diferencia entre entrar o no en una fase de endemia, cuando se está ante un periodo de certeza en el que se sabe qué va a pasar, pero con el coronavirus actual no ocurre así porque ya nos ha sorprendido más de una vez. En la región europea de la OMS, que incluye 53 países, se calcula que el 60% de sus habitantes “podrá contagiarse por Ómicron de aquí a primeros de marzo”. La variante actual es la que está afectando mayoritariamente a los 27 Estados miembros que componen la Unión Europea.  

Los más optimistas, al fin y al cabo pesimistas bien informados, dicen que estamos en la recta final de la pandemia, un acontecimiento mundial que nos está dejando una estela de dolor y sufrimiento, por el fallecimiento en nuestro país de 91.741 personas (5.591.195, en el mundo), con una cifra sorprendente de 8.975.458 de personas contagiadas (351.148.275, en el mundo), según datos oficiales a 21 de enero de 2022. A esta realidad numérica hay que agregar los daños colaterales de todo tipo, físicos, psíquicos y sociales, que deja la pandemia en su recorrido mundial. Aplicando el principio de realidad, es decir, aceptando que las cosas son como son y que contra hechos no valen argumentos, también es verdad que tenemos derecho a pensar en este último viaje en el túnel de la pandemia, que nos permita pasar de ómicron a Omega, como punto final de esta experiencia tan traumática, aunque tengamos que aprender a convivir con el virus como con con otras enfermedades a las que ya casi ni les prestamos atención. De ahí que estemos muy atentos a las noticias de la ciencia y de las organizaciones que tienen responsabilidades directas sobre lo que está pasando con la COVID-19, escuchando lo que manifiestan a diario a través de los medios de comunicación solventes. Ahora, en este tramo final, hay que centrarse en la vacunación y en las pautas que marquen las autoridades sanitarias. En España, los últimos datos son alentadores también para reforzar la idea expuesta por el Dr. Kluge: tras el comienzo de la inmunización en diciembre a los niños de entre cinco y once años, ya hay más de 40,7 millones de personas, el 86 % de la población, con al menos una dosis. De ellas, algo más de 38,2 millones, un 80,7 %,  tienen la pauta completa y 19,1 millones, el 40,3 %, han recibido una dosis de refuerzo. Ante esta legítima expectativa de salida de la crisis, hay que seguir este camino por ahora como garantía de protección e inmunización completa ante este virus tan resistente y dañino.

Buscando siempre el punto Omega de la vida, como vengo haciendo desde que tengo uso de razón, reflexión a la que dediqué una larga serie en 2006, escribí en ella una frase final que traigo hoy a colación por su significado: “El punto omega sigue construyéndose. Esa era la gran aportación de la creencia en el ser humano. Algunos científicos trabajan sobre el punto alfa, el origen de la vida […] Sólo queda que el siglo del cerebro nos depare descubrimientos importantes sobre las claves de la inteligencia. Nos aproximará a la referencia de omega como fin simbólico de la existencia humana. Entenderemos por qué nos preocupa saber el origen y final de nuestras vidas. Llevaba razón Teilhard de Chardin en dos grandes asertos suyos que nunca olvido: El mundo sólo tiene interés hacia adelante (el título de este blog) y El pasado me revela la construcción del futuro (a bordo del “Cathay”, 1935).

Esas son las razones de por qué me refugio con inusitada frecuencia en la poesía de Ángel González, como puede comprobar cualquier compañero o compañera de viaje en este camino digital. Vuelvo a leer con atención reverencial un poema suyo, Aquella luz, precioso, que nos anima a ver el mundo brillar como nunca ha sido, cuando veamos aparecer en nuestro horizonte la letra Omega, ya no como variante sino como el fin de este largo camino.

¡Volver a ver el mundo como nunca
había sido…!

En los últimos días del verano,
el tiempo detenido en la gran pausa
que colmaría septiembre con sus frutos,
demorándose en oro
octubre,
y el viento de noviembre que llevaba
la luz atesorada por las hojas
muertas hacia más luz,
arriba,
hacia
la transparencia pálida de un cielo
de hielo o de cristal
cuando diciembre
y la luna de enero
hacían palidecer a las estrellas:
altas constelaciones ordenando
la vida de los hombres,
el misterio tan claro,
la esperanza aún más cierta…

Aquella luz que iluminaba todo
lo que en nuestro deseo se encendía
¿no volverá a brillar?

Es verdad que esta pandemia lo ha cambiado todo y creo que tenemos una oportunidad de experimentar una nueva forma de situarnos en el nuevo mundo, cuando finaliza enero de 2022, dejando pasar los días, los meses, hasta que las altas constelaciones ordenen nuestra nueva vida, que nos permitan vislumbrar la claridad en medio de poderosos misterios y con un objetivo claro: mantener intacta la esperanza. Porque necesitamos creer que la luz que tiempos atrás nos iluminaba incluso en los momentos más difíciles, la que se encendía siempre en nuestros legítimos deseos, volverá a brillar creando un efecto halo a la letra Omega, aunque el mundo ya no sea el mismo. ¿Por qué no? Porque creo, sinceramente, que algo hemos aprendido.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Los escuchaores del dolor de Andalucía

Antonio López Sancho, Caricatura del Concurso de Cante Jondo, organizado por Falla y García Lorca en Granada, 1922.

Sevilla, 23/I/2022

En el primer centenario del Concurso de Cante Jondo, “canto primitivo andaluz”, tal y como rezaba en el cartel promocional del evento, celebrado en Granada en los días 13 y 14 de junio de 1922, organizado por Federico García Lorca y Manuel de Falla, en nombre y representación del Centro Artístico de la ciudad, deseo hacer un pequeño homenaje a una experiencia sentida por el público asistente al mismo, que García Lorca llevó a versos nacidos en su alma de secreto por el placer de convertirnos en “escuchaores” de esa forma de cantar tan arraigada en el dolor del pueblo andaluz. Las palabras que siguen lo demuestran de forma fehaciente. En el concurso no podían participar profesionales del cante, solo aficionados, para promocionar esta forma de expresarse el pueblo andaluz desde su base popular.

Federico García Lorca hizo la presentación oficial del Concurso el 19 de febrero de 1922 en nombre del Centro Artístico de Granada, al que la prensa conocía también como la “Simpática Sociedad”, en el que figuraban también otros escritores y poetas contemporáneos, mediante una Conferencia que llevaba por título “Importancia histórica y artística del primitivo canto andaluz llamado cante jondo”, cuyas palabras finales no olvido: “A todos los que a través de su vida se han emocionado con la copla lejana que viene por el camino, a todos los que la paloma blanca del amor haya picado en su corazón maduro, a todos los amantes de la tradición engarzada con el porvenir, al que estudia en el libro como al que ara la tierra, les suplico respetuosamente que no dejen morir las apreciables joyas vivas de la raza, el inmenso tesoro milenario que cubre la superficie espiritual de Andalucía y que mediten bajo la noche de Granada la trascendencia patriótica del proyecto que unos artistas españoles presentamos”. Sé que mi deber como andaluz es convertirme en “escuchaor” de lo que Andalucía canta a través de su dolor, de su quejío.

La palabra “escuchador” ya figuraba en el Diccionario de Autoridades (RAE A, 1732), en el siglo XVIII, tan querido por mí en el trabajo diario de escribir con alma, para encontrar sentido a las palabras que utilizamos en nuestra forma de escribir y hablar a diario, con la siguiente definición: “El que oye con atención y escucha lo que otros hablan y dicen”. Ya se hace la observación no inocente de que “tiene poco o raro uso”, porque escuchar, lo que se dice escuchar, es una práctica poco común desde el principio de los siglos. En la actualidad, la Real Academia de la Lengua (Edición del Tricentenario, actualización de 2021) recoge este lema con la siguiente descripción, muy escueta por cierto, como si no tuviera la mayor importancia: “Que escucha”. Lo más curioso es que en Andalucía sí ha tenido siempre un sentido muy especial, vinculada al flamenco, porque una cosa es cantar y tocar la guitarra, cantaores y cantaoras, así como guitarristas y, otra, escuchar, por parte de los escuchaores o escuchaoras, como le gustaba decir a Antonio Mairena: ¨[…]  la actitud experimental , la búsqueda, la inquietud y la curiosidad, son cualidades imprescindibles para ser y hacer flamenco. La cantaora y el bailaor, la guitarrista o el fotógrafo que intenta captar el duende inaprensible, así como el oyente o escuchaor -que diría Antonio Mairena- buscan -o deberían buscar- no salir indemnes de la experiencia. Quiero decir con ello que el flamenco no resbala por la piel, sino que la modifica para siempre. Es un elogio de la caricia o, si quieren, una exaltación del impacto” (2).

Me ha emocionado redescubrir esta palabra de la mano y voz del flamenco, que desde la reforma aprobada en 2007 del Estatuto de Autonomía para Andalucía, recoge en su Artículo 68, que “corresponde a la Comunidad Autónoma la competencia exclusiva en materia de conocimiento, conservación, investigación, formación, promoción y difusión del flamenco como elemento singular del patrimonio cultural andaluz”. Asimismo, el Artículo 37, 18.º, reconoce que el flamenco es uno de los principios rectores de las políticas públicas en Andalucía: “La conservación y puesta en valor del patrimonio cultural, histórico y artístico de Andalucía, especialmente del flamenco. Tres años más tarde, la UNESCO catalogó en 2020 el flamenco como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Es evidente que reconocer la profundidad de lo expresado por Antonio Mairena nos debe llevar a reflexionar que el arte de escuchar tiene una sede importante en Andalucía. Federico García Lorca lo expresó maravillosamente en su Conferencia de presentación del Concurso de Cante Jondo, en Granada, en 1922: “Es, pues, señores, el «cante jondo», tanto por la melodía como por los poemas, una de las creaciones artísticas populares más fuertes del mundo y en vuestras manos está el conservarlo y dignificarlo para honra de Andalucía y sus gentes”.

Lo he expresado en diversas ocasiones en este cuaderno digital: los que vivimos en Andalucía y respetamos su identidad, que llevamos la luz con el tiempo dentro, como Juan Ramón Jiménez entendía su pueblo y las personas que vivían en él, hemos aprendido a escuchar la vida de nuestro alrededor y llevarla al cante. Luis Cernuda hizo un retrato precioso del andaluz porque somos un enigma a pesar de la luz interior que el dolor de nuestra historia no olvida, siempre con el tiempo dentro, amor desbordante, pasión en nuestra música que acompaña siempre la alegría y calma el dolor, que compartimos hasta buscar la luz con el tiempo fuera, como escuchaores y escuchaoras de todo lo que se canta con el dolor de esta tierra. Nos tratamos como hermanos, cuando a veces no sabemos si somos amigos o seres lejanos, aunque lo único que sabemos, en tiempos políticos, es que unos de otros -no inocentes- lejos estamos.

Sigo viviendo con la esperanza de que el dios que corresponda comprenda qué significa hoy ser andaluz o andaluza en Andalucía, más allá de los que nos llevan al diccionario de uso del andaluz corriente como una sola palabra, cuando lo que necesitamos es una definición urgente como personas con luz interior, pero con un enigma de fuego y nieve dentro, escuchaores y escuchaoras por definición cuando el pueblo canta y clama a través de sus “palos”, como palabras hilvanadas en la melodía del dolor diario. Como Cernuda soñó un día esperando el alba de su tierra que, muchos años después, seguimos esperando para todos, sobre todo para los que menos tienen y no pueden salir a día de hoy de las jaulas de pobreza en que viven. Casi un millón de parados y otro millón de pensionistas en el umbral de pobreza, sin ir más lejos, que están entre los andaluces que llevan la soledad dentro, tal y como lo expresó Cernuda, nuestro paisano, que siempre soñó con el despertar del alba de la libertad y dignidad en Andalucía: “Sombra hecha de luz, / que templando repele, / es fuego con nieve / el andaluz. // Enigma al trasluz, / pues va entre gente solo, / es amor con odio / el andaluz. // Oh hermano mío, tú. / Dios, que te crea, / será quién comprenda / al andaluz. Con las letras de su cante jondo, desgarrado, al que escucho hoy con atención reverencial para seguir luchando y viviendo en pleno siglo XXI: no te creas si te dicen que ya no sufre [Andalucía], mi pueblo, porque aunque los pobres reímos y algunas veces cantamos, la procesión va por dentro (Ricardo Cantalapiedra), porque el quejío del flamenco, como escuchaor, no resbala por mi piel, sino que la modifica para siempre. He comprendido bien que escuchar el dolor actual de esta tierra es un elogio de la caricia o, si quieren, una exaltación de su impacto en mi alma de secreto, para honra de Andalucía y sus gentes, tal y como lo aprendí de las palabras de García Lorca pronunciadas en Granada hace tan solo cien años.

Me retiro ahora a mi rincón de pensar, acompañado por Federico García Lorca y La Argentinita, como escuchaor de la Nana de Sevilla, para que siga muy pendiente de la exclusión de los más débiles y la pobreza infantil en nuestra tierra.

NANA DE SEVILLA: canta Las Argentinita y toca el piano Federico García Lorca. Disco en La Voz de su Amo, 1931.

(1) En escena el cantaor Diego el Tenazas acompañado por el guitarrista Ramón Montoya, a la izquierda en primer plano La Niña de los Peines. Entre los caricaturizados: Manuel de Falla, Ignacio de Zuloaga, García Lorca, Santiago Rusiñol, Andrés Segovia, Fernando de los Ríos, Miguel Cerón. Imagen y texto recuperados de El Concurso de Cante Jondo de Granada, de 1922, organizado por Falla y Lorca, en la Biblioteca Nacional – Generación del 27 – Diputación de Málaga (malaga.es)

(2) Ordóñez Eslava, Pedro, Flamenco y vanguardia. En un instante, un quejío y un anhelo, en Andalucía en la historia, 74, 2022, p. 41.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Las claves de la televisión pública

Las claves del siglo XXI

Sevilla, 22/I/2022

Anoche tuve la oportunidad de seguir el nuevo programa de RTVE, Las claves del siglo XXI, presentado por el periodista Javier Ruiz, de trayectoria ética reconocida, que comenzó con una clara declaración de principios: “Bienvenidos a un espacio de información, de análisis y de opinión que pretende respetar, estrictamente, ese orden. Partir de los hechos, de los datos y las cifras, para santificarlos y respetarlos. Los hechos son los que son, no están a debate. Pero las opiniones sí son libres y las van a escuchar aquí». Efectivamente, así fue, con un formato muy diferente al de las tertulias y tertulianos de turno, opinadores mayores del Reino, porque los allí presentes eran personas que a través de sus profesiones han dado señas de identidad de rigor técnico y buen hacer público. La sinopsis oficial del programa no deja tampoco lugar a dudas: “Análisis en profundidad de los temas que marcan la actualidad informativa, con la participación de expertos, para que la audiencia tenga todos los elementos necesarios para formarse su propio criterio. Cada semana, Las Claves del siglo XXI tratará dos temas en profundidad con una mesa de expertos y reconocidos especialistas en los asuntos que se aborden. Profesionales que saben de lo que hablan y que hablan de lo que saben. En cada programa participarán los directores de periódicos, que irán rotando cada semana, y habrá además una entrevista en profundidad con un personaje destacado de la actualidad”.

El programa acompañará cada tema de reportajes para ilustrar y contextualizar, es decir, aportará información antes de analizarlo con los especialistas. Habrá, además, conexiones en directo con redactores y corresponsales.

Se trataron asuntos de gran interés social, comenzando por el problema actual de los negacionistas de la vacuna de la COVID-19, con una pregunta que está en el sentir de la mayoría de la población española: «¿Qué prima, su libertad individual, su derecho individual o la salud pública? ¿Hemos de hacer obligatoria la vacuna?». Lo importante es que la distribución de los participantes en el plató dejó claro que una cosa es la realidad técnica y científica de lo que pasa en la sociedad y otra cómo se traslada a la población a través de los medios de comunicación, representados allí por los directores de El País y La Vanguardia, Pepa Bueno y Jordi Juan, respectivamente. Los datos fueron bien tratados y representados gráficamente en un esfuerzo de síntesis y claridad expositiva absolutamente encomiable. Personalmente, me quedó claro que sí hay instrumentos jurídicos para obligar a la vacunación general, mediante una Ley Orgánica y que es preferible que sobre el 10% de la población española que actualmente manifiesta su posición contraria a vacunarse, con varios matices,  se utilicen todos los medios posibles educativos y persuasivos antes de recurrir a la ordenación jurídica tan taxativa ante derechos fundamentales.

De los restantes asuntos tratados, la exclusión social, el conflicto entre Rusia y Ucrania y el negocio de la desinformación, quiero hoy hacer especial hincapié el que siguió a continuación de la vacunación, que se centró en el impacto que ha tenido la pandemia en la sociedad española en función de la renta, apoyado por el informe de Cáritas-FOESSA,  Sociedad expulsada y derecho a ingresos, que personalmente traté en este cuaderno digital en octubre de 2021, fecha en que se presentó a la sociedad española. El editorial de aquél informe no dejaba duda alguna sobre la gravedad de la situación actual de la pobreza severa en España, con el agravante de la pandemia: “Esta crisis sanitaria ha dejado tras de sí una profunda huella. Más allá del esperable incremento de la exclusión y la pobreza, el resultado más grave se traduce en el ensanchamiento de la exclusión social, sobre todo entre aquellas personas y familias que acumulan más dificultades de integración. Este proceso supone un vertiginoso incremento de la exclusión social más severa en un periodo de poco más de un año y medio. Este considerable aumento del segmento más grave de la exclusión supone que dos millones de personas se han sumado a los cuatro millones que habitaban este espacio social antes de la llegada de la pandemia. Esta tendencia nos advierte de que, aunque durante las crisis se produce un rápido incremento de la exclusión, la posterior llegada de periodos de recuperación y crecimiento económico no suponen un rápido descenso de dichos niveles de exclusión. Por lo que en las últimas décadas se ha constado que la facilidad para caer en la exclusión cuando hay crisis se transforma en dificultad para salir de ella incluso en los periodos de bonanza. Una realidad que nos recuerda la necesidad de repensar el modelo social y relacional, el modelo económico y de redistribución, así como los valores sobre los que asentar nuestra convivencia, de forma que podamos evitar la cronificación de las situaciones de pobreza y exclusión social”. El dato más claro es que 11 millones de personas se encuentran en situación de exclusión social en España, de las cuales seis millones de ellas se encuentran ya en exclusión severa, lo que ocasiona un empeoramiento generalizado de los niveles de integración para el conjunto de la población”.

Creo, en esta ocasión, que lo allí expuesto se podía haber tratado de forma más profunda, a pesar de la presencia del presidente de Cáritas, al que entrevistó el presentador, porque los datos son exhaustivos y de una dureza digna de que se le preste con urgencia la máxima atención, en un debate que siempre deberíamos abrir al aproximarnos a esta realidad: la dialéctica entre lo que debe hacer el Estado de Bienestar y lo que deben atender las Organizaciones No Gubernamentales en el mismo sentido. En este momento, además, con una oportunidad de ética pública excepcional como es la extensión masiva del Ingreso Mínimo Vital, con resultados decepcionantes a la fecha en que escribo esta líneas y tal como he expuesto recientemente en este medio, en el artículo ¿Qué pasa con el Ingreso Mínimo Vital?, con datos que revelan que algo no funciona bien en la atención pública a la exclusión y a la pobreza severa: “Más de dos tercios de los hogares en pobreza severa no lo han solicitado (el 67,8%). Es importante resaltar también que un 6,2% de hogares lo han intentado, pero han encontrado barreras para realizar el trámite de forma presencial o telemáticamente. Finalmente, tan solo el 25,9% de los hogares en pobreza severa han conseguido realizar el trámite con éxito. Un 15,6% lo ha solicitado telemáticamente y un 10,3% de forma presencial. Es preciso y urgente corregir las principales trabas del acceso al Ingreso Mínimo Vital, que excluye a determinados hogares y personas que mejorarían sus condiciones de vida si tuviesen esta prestación, siendo introducidas algunas modificaciones en su normativa actual, y reconociendo que este instrumento de protección social constituía una necesidad y una demanda previa a la llegada de la crisis sanitaria”.

Bienvenido sea este programa y su futuro inmediato. Necesitamos que la radiotelevisión pública haga un esfuerzo para que la información de lo que pasa en este país se pueda tratar de forma sosegada y con datos y profesionales que avalen lo que se trate cada semana. Los medios de comunicación no son inocentes y ante tanta noticia falsa y periodismo ramplón, es una bocanada de viento fresco que lleguen a nuestros hogares programas como el de anoche. Además, la radiotelevisión pública cuenta con profesionales muy cualificados, como se pudo comprobar anoche en las conexiones con los reporteros y corresponsales en el país y fuera de él, que ofrecen garantías plenas de su calidad informativa. Creo que no hay que estar tan preocupados y obsesionados por el share (la cuota de pantalla) , que también, sino por alcanzar resultados de dígitos éticos en la prestación de servicio público que atienda el mayor interés general y posible de la ciudadanía en su necesidad de conocer bien y debatir lo que le pre-ocupa [sic] y en cuidar el entretenimiento digno y responsable, así como la educación integral que siempre debe estar presente en cada actividad pública y en la cultura individual o colectiva que la sustenta.

Creo que la sociedad española merece una televisión diferente, empezando por la televisión pública, cuyo Código Ético (28 de agosto de 2019) deberíamos conocer todos los ciudadanos de este país, con una misión, visión y unos valores que se deberían divulgar al máximo y defender hasta sus últimas consecuencias por parte de las personas que no queremos aceptar los principios de la telebasura, ni los que dicta la dictadura de Mercado en determinadas televisiones privadas. Una Misión, en la que “RTVE responde al carácter de empresa de servicio público, por lo que debe ofrecer una información rigurosa, independiente y plural, así como un entretenimiento de calidad; fomentar el debate, la innovación y la creación; y apoyar la difusión de las artes, la ciencia y la cultura. Todo ello bajo las premisas de cohesionar y dar cauce a la participación. Una Visión que Desde su función de servicio público, RTVE tiene siempre como horizonte ser el medio de comunicación de referencia en España. Para ello, acerca las identidades nacional y autonómica a todos y cada uno de los españoles. Desde una visión global, realiza el trabajo con un criterio estrictamente profesional y difunde los valores constitucionales. Y, finalmente, unos Valores mediante los queRTVE defiende y promueve en su programación los valores constitucionales, especialmente los de libertad, igualdad, pluralismo y tolerancia, sobre los que se asienta la convivencia democrática. Sus valores los marca la Ley y se reflejan en su actividad.

A lo anterior hay que agregar los “principios de conducta” porque ante lo que está pasando en la realidad, “RTVE considera que la confianza de los ciudadanos, clientes, proveedores y colaboradores externos, así como del entorno social en el que desarrolla su actividad, se fundamenta en la integridad y responsabilidad en el desempeño profesional de cada uno de sus empleados. La integridad se entiende como la actuación ética, honrada y de buena fe. La responsabilidad profesional se entiende como la actuación proactiva, eficiente y enfocada a la excelencia, la calidad y la voluntad de servicio”. Excelente reflexión televisiva de carácter público.

Estoy convencido de que tenemos con este programa una oportunidad de reinterpretar de forma más amable unas palabras de Lope de Vega que nunca he olvidado: «Si el vulgo es necio, es justo hablarle en necio para darle gusto”, que leí en una ocasión en una obra de Gustavo Bueno sobre la televisión basura, porque hoy, con una televisión pública y digna, respetando los principios de conducta enumerados más arriba, podríamos afirmar que «Si el vulgo es digno, es justo hablarle y contarle cosas sobre lo que está pasando de forma digna para darle gusto”.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

“Archivo de creadores” o cuando nada da igual en la cultura

Sevilla, 21/I/2022

Creo que en un país como el nuestro, con la memoria frágil y de piel muy fina, descubrir una isla desconocida en el mar proceloso de la cultura, como misión clara de este blog y de cuyo nombre quiero acordarme ahora, Archivo de creadores, me permite decir que es un proyecto precioso de La Fábrica, que se debe divulgar a los cuatro vientos: “un proyecto documental ideado para conservar y transmitir el legado de las personas más valiosas de la cultura española. Artistas, cineastas, escritores, actores, arquitectos, cocineros o filósofos, a través de su propia imagen y con sus propias palabras. En esta primera temporada nos acompañan los cineastas Isabel Coixet y Fernando Trueba, el artista plástico Antonio López, el cocinero Juan Mari Arzak, los arquitectos internacionales RCR Arquitectes y Patricia Urquiola, el fotógrafo Alberto García-Alix o el escritor Antonio Muñoz Molina, donde nos hablan de sus experiencias vitales, sus procesos creativos y su visión del mundo”.

¿Cuál es la idea original de La Fábrica?: “La Fábrica desarrolla, desde la iniciativa privada, proyectos culturales contemporáneos vinculados a la creatividad, el diseño y las artes que aportan valor a la sociedad. Desde el rigor y el humanismo de un equipo de profesionales que desarrollan proyectos experienciales que atraen cada año a más de dos millones de personas. Con la implicación de creadores de todas las disciplinas artísticas y la colaboración de decenas de instituciones y marcas. Me interesa destacar que es un proyecto que desde 1995 manifestó su compromiso de crear también una editorial que reuniera a los mejores artistas de la historia y de nuestro tiempo: “Movidos por nuestro lema, Nada da igual, publicamos -obsesionados con la calidad- libros y revistas singulares que conforman un fondo editorial de pequeños ensayos, grandes catálogos de arte y exquisitos libros de fotografía. La Fábrica edita más de 40 títulos anuales dedicados a la fotografía, el arte, la literatura, las ideas y la creación. También publica las obras de centros de arte como el Museo Guggenheim de Bilbao o el Museo Picasso de Barcelona, y realiza libros por encargo para fundaciones, instituciones y empresas comprometidas con la cultura, la creatividad y el diseño. Asimismo, edita la revista Matador, una de las publicaciones más exquisitas del mundo. Un objeto de culto para el público interesado en la creación, las artes y las tendencias”.

En el proyecto Archivo de Creadores, se dice que el legado de las personas que intervendrán en él será “un testimonio para nuestro tiempo y para el porvenir”. Creo que es importante conocer este proyecto, que comienza con ocho documentales de las personas citadas, creadores por excelencia en diversa ramas del arte que, según Antonio López, es lo que queda. Tengo debilidad por su pintura, como se puede demostrar a lo largo de los años en mis artículos sobre él en este cuaderno digital, que La Fábrica lo presenta como “pintor y escultor, un artista trascendental en el arte español del último siglo. Fiel a su propio mundo y alejado de las modas, su arte forma parte de las colecciones de los grandes museos del planeta -entre ellos el MoMA de Nueva York, el Pompidou de París o el Reina Sofía de Madrid- y atrae a un público que conecta con su sensibilidad para reflejar una realidad desnuda, quieta y silenciosa”.

Voy a seguir el proyecto con detalle. Me quedo con la reflexión de Antonio López en el tráiler de presentación: “el arte está por encima de todo, de las creencias; el arte es algo sagrado, es lo que queda”. La realidad que pinta maravillosamente Antonio López es terca cuando la situamos en el marco de la temporalidad, porque es verdad que todo fluye y nada permanece, porque cada cosa tiene su tiempo y cada tiempo su momento. Incluso en el arte. En el caso de Antonio López, como su propio nombre anuncia, todo es sencillo en él, tal y como ya he hablado de él en este cuaderno digital: su pintura realista, la escultura viva hasta la muerte, inacabadas, los dibujos en blanco y negro, gracias a su tío maestro de Tomelloso. Su forma de ver la vida a través del color del membrillo, paciente hasta la extenuación para que no se escape nada de lo rutinario, de lo cotidiano que verdaderamente es porque está ahí, pendiente de que alguien lo capte. Un trabajador del arte, que se siente ahora más libre que cuando era joven, que le ha costado mucho llegar a algo parecido a la estima por la vida y por él mismo, que el camino ha sido complicado y que ha sido doloroso hacerse a sí mismo. Una persona de alma grande, en un modo de vivir y ser muy sencillo. Como una pintura inacabada para mí, que inicié en 2005, una copia de sus lirios y hojas verdes en un patio muy particular, que no pretenden decir nada más que sus pinceles pintan la vida con un realismo mágico que no te permiten perder detalle alguno de lo que pasa, de lo que ocurre, de lo que las personas sienten. Sencillez y maestría en estado puro. En mi caso, en los lirios citados, inacabados hasta hoy, esperando que algún día, como Schubert en su famosa Sinfonía nº 8, D.759, «Inacabada», pueda expresar en trazos de color lo que llevo dentro de mi persona de secreto.

Es verdad que nada me da igual en la cultura y recoger en este cuaderno digital el proyecto Archivo de creadores, con Antonio López dentro, lo demuestra de forma fehaciente. Su arte es lo que me queda, al igual que su palabra.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Un cerdo en el Jardín de Epicuro

Augusto Monterroso (Tegucigalpa, 21 de diciembre de 1921- Ciudad de México, 7 de febrero de 2003)

Sevilla, 20/I/2022

Llevamos más de tres semanas en las que los cerdos son los grandes protagonistas de este país, sin olvidar a otros animales compañeros de su triste viaje vital, por su hábitat indeseable en las macrogranjas, no en las dehesas de encinas de toda la vida, aunque ellos, según me cuentan, están muy interesados con el debate, porque bastante sufren con su trato industrial, a veces inhumano, gracias al todopoderoso Mercado y a su Industria. Lo que verdaderamente desean es que los dejen en paz en su territorio natural, tratados como se merecen, como los vi una vez revolcarse y hozar en una pequeña dehesa de la sierra de Huelva, ante la mirada de su dueño, que vareaba las encinas con sumo cuidado para que tuvieran la alimentación adecuada. Si los cerdos hablaran otro gallo cantaría, por seguir fabulando, que algo queda.

Estando en estas cuitas, he recordado una fábula de Augusto Monterroso, El cerdo de la piara de Epicuro (1), porque he encontrado en ella una clave para comprender mejor al ganado porcino, en general y a cada cerdo en particular. Dice así Monterroso:

En una quinta de los alrededores de Roma vivía hace veinte siglos un Cerdo perteneciente a la famosa piara de Epicuro.

Entregado por completo al ocio, este Cerdo gastaba los días y las noches revolcándose en el fango de la vida regalada y hozando en las inmundicias de sus contemporáneos, a los que observaba con una sonrisa cada vez que podía, que era siempre.

Las Mulas, los Asnos, los Bueyes, los Camellos y otros animales de carga que pasaban a su alrededor y veían lo bien que era tratado por su amo, lo criticaban acerbamente, cambiaban entre sí miradas de inteligencia, y esperaban confiados el momento de la degollina; pero entre tanto él de vez en cuando hacía versos contra ellos y con frecuencia los ponía en ridículo.

También se entretenía componiendo odas y escribiendo epístolas, en una de las cuales se animó inclusive a fijar las reglas de la poesía.

Lo único que lo sacaba de quicio era el miedo a perder su comodidad, que tal vez confundía con el temor a la muerte, y las veleidades de tres o cuatro cerditas, tan indolentes y sensuales como él.

Murió el año 8 antes de Cristo.

A este Cerdo se deben dos o tres de los mejores libros de poesía del mundo; pero el Asno y sus amigos esperan todavía el momento de la venganza.

En el debate actual, donde la inteligencia porcina brilla por su ausencia, hemos olvidado que el ejemplo del cerdo de Epicuro debería enseñarnos a mantener los silencios necesarios cuando no conocemos su vida interior, porque demostraba ante el mundo que era bastante más inteligente que sus adversarios y detractores. Todo estribaba en que su amo lo trataba muy bien, cosa que hoy es una asignatura pendiente en determinadas experiencias industriales con ellos, lo que los lleva a hozar en terreno propicio, alimentados por las barbaridades que tienen que escuchar a su edad y a esta altura de la historia. Aquél cerdo se entretenía escribiendo poesías, una antítesis aparente del mundo porcino y cuidaba mucho que no le sacaran de su zona de confort, es decir, tenía muy claro que de macrogranjas ni hablar. Por algo la historia nos recuerda una frase antológica de Horacio (65 a. C.) en su Epístola (carta) a Alpio Tibulo (Ep. I 4, 16), para los que aman la vida y el placer de ser felices: soy “un cerdo de la piara de Epicuro” (Epicuri de grege porcum), es decir, los que frecuentaban el jardín de su casa en Atenas, donde él enseñaba a sus alumnos la doctrina del placer austero, un lugar al que asistían también mujeres y esclavos, un auténtico escándalo para su época, convirtiéndose en auténticos cerdos en la granja-jardín de su maestro. 

Creo que todo se ha confabulado para demostrar ante el mundo que con este tipo de animales no hay que tener consideración alguna. El Mercado tiene la palabra. Ha llegado el día de la gran venganza de las Mulas, los Asnos, los Bueyes, los Camellos que nos rodean y, eso, el ministro de consumo lo sabe.

(1) Monterroso, Augusto, Cuentos, fábulas y lo demás es silencio, 2003, Madrid: El País.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

La igualdad no es inocente: transforma la sociedad para alcanzar la libertad

Sevilla, 19/I/2022

Lo he leído recientemente en una entrevista al economista francés en pleno auge, Thomas Piketty (Clichy, Francia, 1971), publicada en elDiario.es: ya no hay ideologías, sólo hay mercados, en la que se cita una tesis de Francis Fukuyama (Chicago, Illinois, 1952) sobre el fin de la historia en clave hegeliana (1), a la que Piketty responde lo siguiente haciendo una defensa numantina sobre su supervivencia en relación con la lucha por la igualdad humana, frente a esa corriente de que el liberalismo económico y político, la gran tesis de Occidente, finalmente se ha impuesto en el mundo, por el colapso y agotamiento de ideologías alternativas: “Creo que las personas que hablan del fin de la historia están completamente equivocadas. No se dan cuenta de que vivimos en un mundo en el que las instituciones y las normas se han transformado permanentemente durante los últimos siglos. Y, en particular, que ha habido un movimiento a largo plazo hacia una mayor igualdad desde finales del siglo XVIII, desde la Revolución Francesa. Este movimiento igualitario viene de una posición política muy profunda con una fuerte demanda social que ha traído más prosperidad. Así que, históricamente, la verdadera fuente de prosperidad económica es este movimiento hacia la consecución de más igualdad, tanto política, como social y económica. Este movimiento va a continuar, así que cuando hablamos del fin de la historia o de que el capitalismo nunca cambiará es que se está completamente perdido”.

Piketty ha publicado recientemente un libro de ensayo, Breve historia de la igualdad (2), una versión resumida de su obra anterior, Capital e Ideología, en el que expone una historia comparada de las desigualdades entre clases sociales: “el camino hacia la igualdad es fruto de luchas y rebeliones contra la injusticia, y resultado de un proceso de aprendizaje de medidas institucionales y sistemas legales, sociales, fiscales y educativos que nos permitan hacer de la igualdad una realidad duradera. Desafortunadamente, este proceso a menudo se ve debilitado por la amnesia histórica, el nacionalismo intelectual y la compartimentación del conocimiento”. Frente a las tesis sobre la desaparición de las ideologías, el libro de Piketty es un balón de oxígeno para recuperar el sentido de la tendencia histórica de la igualdad como una realidad que se ha consolidado desde finales del siglo XVIII. Con una exposición muy amena, Piketty propone una alternativa basada en diversas propuestas concretas: el socialismo democrático, participativo y federal, ecológico y con mestizaje social, sobre la base de la fiscalidad progresiva, el reparto del poder de las empresas, las reparaciones poscoloniales y la lucha contra la discriminación, la igualdad educativa y el sistema de herencia universal, la reducción drástica de las desigualdades monetarias y un sistema electoral al margen de las influencias del dinero. Las ideologías seguirán marcando el curso de la historia, tal y como lo expresó de forma excelente el filósofo George Lukács en El asalto a la razón: “[…] no hay ninguna ideología inocente: la actitud favorable o contraria a la razón decide, al mismo tiempo, en cuanto a la esencia de una filosofía como tal filosofía en cuanto a la misión que está llamada a cumplir en el desarrollo social. Entre otras razones, porque la razón misma no es ni puede ser algo que flota por encima del desarrollo social, algo neutral o imparcial, sino que refleja siempre el carácter racional (o irracional) concreto de una situación social, de una tendencia del desarrollo, dándole claridad conceptual y; por tanto, impulsándola o entorpeciéndola” (3).

Quien siga de cerca las páginas de este cuaderno digital sabe que existe un hilo conductor en ellas, porque ocurre igual con lo que escribo: las ideologías, cualquiera de ellas no son inocentes para el bien o para el mal, que atraviesan en la actualidad una crisis importante, aunque estoy convencido y lo defiendo con ardor guerrero y con ardiente impaciencia, que nunca son inocentes y cualquiera no sirve para transformar el mundo y hacerlo más habitable, más amable y más confortable para todos. Sé que cuando se habla de esta realidad interior, personal o colectiva, rápidamente se nos tacha de utópicos equivocados de siglo. No lo percibo así, más aún cuando defiendo una ideología de marcado carácter social que ayuda a transformar, más que a cambiar, ese mundo que no nos gusta, a veces tan próximo que incluso nos asusta. Navegando en esta patera frágil de la vida, en la que suelo embarcar a diario, suelo recurrir a un recurso barato (no está en el mercado), que es soñar despierto, creando historias imaginables e incluso reales como la vida misma. Vivo rodeado de personas que sueñan con un mundo diferente, porque no les gusta el actual, porque hay que cambiarlo. A mí me gusta ir más allá, es decir, el mundo hay que transformarlo. Pero surge siempre la pregunta incómoda, ¿cómo?, si las eminencias del lugar, cualquier lugar, dicen que eso es imposible, una utopía, un desiderátum, como si ser singular fuera un principio extraterrestre, un ente de razón que no tiene futuro alguno. Esos pensamientos son ya historia dicen economistas de renombre mundial. No me resigno a aceptarlo y por esta razón sigo yendo con frecuencia de mi corazón y sueños a mis asuntos, del timbo al tambo, como decía García Márquez en sus cuentos peregrinos, buscando como Diógenes personas con las que compartir formas diferentes de ser y estar en el mundo, como en el caso que nos ocupa hoy, investigadores de la desigualdad humana para contrarrestarla, como Thomas Piketty, que sean capaces de ilusionarse con alguien o por algo. De soñar creando, porque los ojos, cuando están cerrados, preguntan.

Frente a estos planteamientos llenos de esperanza para vencer las desigualdades, escucho a diario que ya no se puede hacer nada, que todos los políticos son iguales, que al final lo que vale es el dinero que tengas a mano, que el mundo no tiene solución, que la crisis actual motivada por la pandemia va a acabar con las ilusiones legítimas de todos. Conformismo puro y duro que detesto. Y no es verdad que tengamos que estar en actitud paciente o conformista sobre estos juicios de valor, que tengamos que resignarnos a renunciar a ideologías que permiten a personas dignas estar cerca de los demás, de aquellos que menos tienen, de los que luchan por el estado del bien-ser y del bien-estar, por el trabajo bien hecho, el diario, el que puede ser más gris en determinados momentos; por ejemplo, por los que defienden que el trabajo en la Administración Pública tiene que respetar el tiempo, el espacio y el dinero público de principio a fin de jornada, pensando siempre en la persona como ciudadano al que se debe orientar todo lo que se hace en la Administración como acción basada estrictamente en el interés público.

Porque nada ni nadie es inocente. Todo tiene una razón de ser y ahora es necesario subir a cubierta y al cielo abierto para gritar a los cuatro vientos que somos necesarios para transformar el mundo, cada uno donde está en la actualidad, con un trabajo celular, ejemplar, allí donde vive o trabaja cada uno o cada una, porque la solución no viene solo de la Unión Europea, o del Banco Central Europeo, o de la presidenta Úrsula von der Leyen (presidenta de la Comisión Europea), por poner un ejemplo muy actual. Es más probable que la salida a la crisis actual que arrastramos desde hace ya muchos años y agudizada ahora por la pandemia, sea una realidad si prosperamos en plantar cara a la desazón que embarga a muchas personas, porque a las personas que pertenecemos al Club de las Personas Dignas nos interesa ahora dejar temporalmente esas salas de máquinas en las que hemos trabajado durante tanto tiempo o en las contraminas de la sociedad, de los trabajos o de las familias, para gritar a los cuatro vientos, a cielo abierto, que tenemos que seguir luchando para recuperar la dignidad de personas en el silencio o ruido de cada día, el de cada uno, el de cada una, y que sabemos dónde está la clave: en el trabajo serio y callado, coherente, de principio a fin, ejemplar, sobre todo, que acabe con las desigualdades.

También, en descubrir y desenmascarar las maniobras oscuras de los conformistas y mediocres, sin esperar que vengan los demás a solucionarnos los problemas que nos rodean y, para decirlo bien alto y claro, porque todos no somos iguales. Porque solo debe existir esta igualdad ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social [ante la crisis… de la pandemia (el corchete es mío)], como dice el Artículo 14 de la Constitución. Aunque dentro de unos días, cuando la mar esté en calma y la dirección de la mina no tenga más sobresaltos, tengamos que volver con la cabeza bien alta a la contramina o a la sala de máquinas en la que tanto nos gusta trabajar, para seguir navegando y cavando en la igualdad que tanto necesitamos todos para alcanzar la libertad, sin excepción alguna. De lo contrario sucederá lo que ya nos advirtió Benedetti sobre los peligros del conformismo y la mediocridad: sin pensar uno ahorra desalientos / porque no espera nada en cada espera / si uno no piensa no se desespera / ni pregunta por dónde van los vientos // la mente se acostumbra a ese vacío / no sabe ya de nortes ni de sures / no sabe ya de invierno ni de estío (4).

(1) rev37_fukuyama.pdf (cepchile.cl)

(2) Piketty, Thomas, Breve historia de la igualdad, 2021. Bilbao: Deusto.

(3) Lukács, G, El asalto a la razón, 1976. Barcelona: Grijalbo, pág. 5.

(4) Benedetti, Mario (2014, 2º ed.). Soneto del pensamiento, en Testigo de uno mismo. Madrid: Visor Libros, pág. 122.

NOTA: la imagen de thomas Piketty se ha recuperado hoy de Thomas Piketty propone un impuesto del 90% a los más ricos (maslibertad.com.co)

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

No matar a los ruiseñores (ni a los gorriones)

Matar a un ruiseñor, 1962

Sevilla, 18/I/2022

La noticia ha saltado a todos los medios de comunicación: Matar a un ruiseñor ha sido elegido, por parte de los lectores y críticos de The New York Times, como el mejor libro escrito de los últimos 125 años. La novela de la escritora americana Harper Lee ha resultado elegida entre 125 libros de todos los géneros, con motivo del aniversario del suplemento Book Review del citado periódico. Una vez más, esta novela muestra que a pesar del paso de los años desde su publicación en 1960, no ha perdido interés por su contenido plagado de matices éticos, sociales y humanos. Lo demuestra el hecho de que en esta convocatoria se han propuesto hasta 125 libros de todo tipo de géneros, ensayos, biografías o novelas, participando 67 países y más de 50 estados (América). La obra obtuvo el Premio Pulitzer en el año siguiente de su publicación. Como anécdota interesante en su forma, que no en el fondo de la novela, es que la traducción del título de la obra “Matar a un ruiseñor” (To Kill a Mockingbird) no es correcta, porque el pájaro que trata en ella es concretamente un cenzontle común o sinsonte, un ave nativa de América del Norte, América Central y el Caribe, pero no un ruiseñor. Ambas aves cantan especialmente bien, son de tamaño parecido aunque de costumbres diferentes y quizás sea el canto en ambas una de sus señas de identidad más reconocible.

El argumento de la novela es de suma importancia para comprender el hecho de que todavía se siga reconociendo su estela como obra que tuvo un valor incalculable en el continente en que se situó su hilo conductor, Estados Unidos. La historia nace en un pueblo ficticio de Maycomb, Alabama y se conocen estos detalles por una narradora de ocho años, Scout Finch, que vive junto a su hermano Jem y su padre Atticus, un abogado viudo de mediana edad: “Jem y Scout entablan amistad con un niño llamado Dill que está de visita en Maycomb durante el verano y que se hospeda en la casa de su tía. Los tres niños están aterrorizados y a la vez fascinados por su vecino «Boo» Radley, quien posee un carácter huraño. […] Tras dos veranos de amistad con Dill, Scout y Jem comienzan a recibir pequeños regalos que alguien coloca en un árbol próximo a la casa de Radley. Varias veces, el misterioso Boo les hace pequeños presentes a los niños, pero para desengaño de ellos, nunca aparece en persona. A Atticus le encargan la defensa de un hombre de raza negra llamado Tom Robinson, acusado de violar a una joven mujer blanca llamada Mayella Ewell. Aunque muchos de los pobladores de Maycomb no están de acuerdo, Atticus acepta defender a Tom de la mejor manera posible. […] Dado que Atticus no desea que los niños presencien el juicio de Tom Robinson, Scout, Jem y Dill lo observan en secreto desde el balcón destinado a los negros. Atticus logra probar que tanto Mayella como su padre Bob Ewell, el borracho del pueblo, mienten en sus acusaciones. […] Aunque existe una evidencia considerable sobre la inocencia de Tom, el jurado lo encuentra culpable. La fe que Jem tenía en la justicia se ve sacudida cuando Tom, condenado y desesperado, intenta escapar de la prisión y recibe un tiro. Humillado por lo que se ha revelado durante el juicio, Bob Ewell jura vengarse. Bob se encuentra con Atticus en la calle y le escupe a la cara, trata de irrumpir en la casa del juez que presidió el juicio y amenaza a la viuda de Tom Robinson. Finalmente, ataca a los indefensos Jem y Scout cuando se dirigían caminando a su casa de regreso de una feria de Halloween en la escuela. En la reyerta Bob Ewell le rompe un brazo a Jem, pero en el medio de la confusión aparece alguien que rescata a los niños. El hombre misterioso lleva a Jem a su casa y Scout se da cuenta de que el hombre que los ayuda no es otro que el huraño Boo Radley. El sheriff de Maycomb descubre que Bob Ewell ha muerto durante la riña. Atticus considera que es un homicidio justificado y que Boo Radley será declarado inocente sin problemas. Sin embargo, la niña, Scout, le dice a su padre que exponer a Boo al escrutinio público de un juicio le causaría gran perjuicio, algo que «sería como matar un ruiseñor», haciendo referencia a un consejo dado por el mismo Atticus en el que decía que matar ruiseñores, que solo cantan y no hacen daño, es un acto malvado” (1).

Cualquier parecido con la realidad actual social en muchas de sus manifestaciones no es pura coincidencia. Lo anteriormente expuesto es un resumen de la obra en la que entrecruzan varias tramas de indudable interés. Su trazabilidad ética sigue manteniendo su interés en relación con posturas actuales frente a los juicios precipitados que hacemos a diario, matando a ruiseñores a diestro y siniestro. Comprendo perfectamente que Matar a un ruiseñor siga siendo elegida como una obra extraordinaria. La película que se hizo sobre su fondo argumental tampoco la olvido. Tampoco la escena en que Atticus (Gregory Peck) explica a su hijo Jem a Scout y un amigo, Walter, que no se deben matar a los ruiseñores porque “no hacen otra cosa que cantar para regalarnos el oído, no picotean en los sembrados, no entran en los graneros para comerse el trigo, no hacen más que cantar con todas sus fuerzas para alegrarnos”. El que quiera entender que entienda, aunque yo lo comprendí muy bien el día que conocí a Pardal, un niño-gorrión, pequeño como el ruiseñor, que estaba asombrado con su profesor republicano porque un día le dijo que podría ver la lengua de las mariposas con el microscopio que esperaban con ardiente impaciencia de los de la Instrucción Pública, con la voz inconfundible de Fernando Fernán Gómez en el papel de su maestro, Don Gregorio: “[…] una trompeta enroscada como un muelle de reloj. Si hay una flor que la atrae, la desenrolla y la mete en el cáliz para chupar. Cuando lleváis el dedo humedecido a un tarro de azúcar, ¿a que sentís ya el dulce en la boca como si la yema fuese la punta de la lengua? Pues así es la lengua de la mariposa” (2). Y aquel niño, como un gorrión, tuvo siempre envidia de las mariposas: “Qué maravilla. Ir por el mundo volando con esos trajes de fiesta…”. Así, ensimismado con la vida, hasta que un día el maestro, Don Gregorio, desaparece en una cordada de presos durante la guerra civil española, a los que incluso él insulta y tira piedras por el sinsentido de la vida, por tanto silencio cómplice que nos asola ¡Qué paradoja tan cercana!

Hoy comprendo mejor que nunca que no hay que matar a los ruiseñores, ni a los gorriones. Se llevan bien con las mariposas, esas que vuelan por el mundo con traje de fiesta. Me retiro a mi rincón de pensar y escucho la canción de Serrat, Como un gorrión, que tanto me aportó en mi vida joven, porque soy consciente, todavía hoy, lo que significaba aquello que cantaba para quien lo quisiera escuchar: “nació libre como el viento, / no tiene amo ni patrón / y se mueve por instinto / como un gorrión”. Con el estribillo de la vida que cada uno pone a su verdad verdadera. Por ejemplo, la de Papageno, el protagonista de La flauta mágica” de Mozart, encantador de pájaros, sin ir más lejos o… sí, para tutearnos con las nubes mientras lo permita el cambio climático. Como un ruiseñor o como un gorrión.

Canto del ruiseñor

(1) Matar un ruiseñor – Wikipedia, la enciclopedia libre

(2) Rivas, Manuel, La lengua de las mariposas, en ¿Qué me quieres, amor?, 1999. Madrid: Alfaguara.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

El drama humano en las listas de espera de la dependencia

Paco Roca, Mural en el Metro de Madrid (estación Plaza de Castilla), en homenaje a las personas mayores en tiempos de COVID, 2020

Sevilla, 17/I/2022

Escribo de nuevo sobre una realidad lacerante en este país. Me refiero al llamado “limbo de la dependencia”, que traduce la situación en la que se encuentran centenares de miles de personas en lista de espera, pendientes de recibir la prestación correspondiente al derecho ya reconocido, tal y como prevé la Ley 39/2006, de 14 de diciembre, de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las Personas en situación de Dependencia (LAPAD), conocida vulgarmente como Ley de Dependencia. El pasado 14 de enero, la Asociación Estatal de Gerentes y Directores en Servicios Sociales publicó una Nota de Prensa que no deberíamos pasar por alto, por la gravedad de lo que allí se manifiesta en titulares que sobrecogen por su dureza:

  • Fracasa el objetivo de reducir la lista de espera del plan de choque de la dependencia.
  • Tres Comunidades Autónomas impiden cumplir el objetivo del plan de choque del Ministerio de Derechos Sociales.
  • Solo 38.807 personas menos en lista de espera frente a las 60.000 que planteaban como objetivo.
  • Constatamos que aumentan los beneficiarios en 97.912 (+8,71%). A este ritmo se tardaría un lustro en lograr la plena atención.
  • 46.671 personas fallecieron el año pasado en las listas de espera de la dependencia.
  • Se está abandonando sin atenciones a las 392.690 personas que están a la espera de un procedimiento.
  • El tiempo de espera medio es de 421 días, 128 personas fallecen al día en el laberinto burocrático de la ley (una cada 11 minutos).

La lectura detallada de esta Nota refleja la situación en la que se encuentra en la actualidad la aplicación efectiva de la llamada Ley de Dependencia, con datos que son razones más que suficientes para que se estableciera una evaluación y control urgente de lo que se refleja en ellos y para actuar en consecuencia. Lo más llamativo son, sin lugar a dudas, los datos oficiales del Ministerio de Derechos Sociales, sobre las 46.671 personas que fallecieron en 2021 y que estaban en las listas de espera de la dependencia (28.192 dependientes con derecho pendientes de prestación y 18.479 pendientes de resolución de grado), parte de un limbo descarnado y de difícil comprensión humana, lo que se traduce en que 128 personas fallecen al día en el laberinto burocrático de la ley (una cada 11 minutos).

Como se puede observar en la tabla siguiente, la desigualdad en el territorio español es verdaderamente alarmante en el caso de fallecimiento en lista de espera, debido a múltiples causas que ya abordé en un artículo del pasado año, en el que traté del impacto de la pandemia en las personas mayores de acuerdo con el informe anual correspondiente del IMSERSO, que este año ya se ha publicado también y que arroja bastante luz sobre la situación en el país desde el inicio de la pandemia.  

A pesar del carácter escueto de la citada Nota, los datos que ofrece son muy importantes y significativos, resaltando que la aplicación de la Ley sigue teniendo un impacto desigual en el país, como se puede apreciar en el detalle siguiente, utilizando los datos del Instituto de Mayores y Servicios Sociales (IMSERSO), a través del Sistema para la Autonomía y Atención a la Dependencia (SISAAD), respecto de la Monitorización de la Mortalidad y la Información Estadística General, cerrados a 31 de diciembre de 2021:

  1. Las Comunidades con mayor “limbo de la dependencia”, personas pendientes de recibir prestación, son Cataluña (32%), La Rioja (31,53%) y Canarias (27,08%); y las que menos Castilla y León (0,17%), Castilla La Mancha (4,51%) y Galicia (5,82%).
  2. Madrid (-62,9%), Aragón (-42,2%), Castilla La Mancha (-38,8%), Asturias (-32,2%) y Andalucía (-32,2%) han cumplido el objetivo de reducción de la lista de espera del Plan de Choque. Las tres comunidades con mayor limbo de la dependencia, a pesar de haber recibido el incremento presupuestario, han aumentado la lista de espera en este año: Canarias (+23,1%), La Rioja (16,4%) y Cataluña (+7%).
  3. Las Comunidades que más han aumentado las personas beneficiarias con prestación el pasado año han sido la C. Valenciana (+14,9%), Asturias (+14,5%) y Madrid (+14,4%). Por el contrario, en País Vasco ni siquiera se ha mantenido la tasa de reposición disminuyendo el número de beneficiarios.
  4. Las Comunidades que más han aumentado las personas con derecho a prestación en 2021 han sido: C. Valenciana (+11,8%), Canarias (+10,8%) y Asturias (+9,2%). Por el contrario, en Cantabria el número de personas con derecho se redujo el año pasado en un 10,9%.
  5. Estos datos parecen indicar que el SAAD se reactiva, pero ha sido en gran medida a base de servicios de bajo coste dirigidos a los dependientes con Grado I. Las prestaciones y servicios son cada vez de menor intensidad, y a todas luces insuficientes para las necesidades de las personas en situación de dependencia. Pasados casi dos años de la pandemia no se ha logrado recuperar las plazas residenciales y de centros de día, – 1.129 plazas residenciales y -4.732 plazas de centros de día, respectivamente.
  6. A este ritmo se tardaría un lustro en lograr la plena atención. Lejos de nuevos discursos, fotos e intenciones, son necesarias medidas urgentes para evitar el sufrimiento y abandono de las personas más vulnerables de nuestro país. El Gobierno de España y los Gobiernos Autonómicos deben acometer reformas que agilicen los trámites. Es necesario simplificar los procedimientos y aplicar medidas de suspensión y flexibilidad del servicio o prestación sin necesidad de resolución de un nuevo procedimiento.
  7. Hay que avanzar hacia la prescripción social del profesional de referencia como único requisito para la ejecutividad y puesta en marcha de las prestaciones. Además, debe incluir la transparencia del Sistema de Información de la Dependencia. Hay que recordar que cada 11 minutos en España fallece una persona en el laberinto burocrático de la Ley y que, desgraciadamente, a las 46.671 personas que fallecieron este pasado año, el plan de choque no les llegó a tiempo.

En el punto sexto anteriormente expuesto, se hace un planteamiento de emergencia social que se debería atender sin más dilación: El Gobierno de España y los Gobiernos Autonómicos deben acometer reformas que agilicen los trámites. Es necesario simplificar los procedimientos y aplicar medidas de suspensión y flexibilidad del servicio o prestación sin necesidad de resolución de un nuevo procedimiento. Como manifestaba en mi artículo de febrero de 2021, lo que se desprende de estos datos es la urgente necesidad de evaluación de lo ocurrido, con objeto de que el Estado y las Comunidades Autónomas tomen con urgencia legal, económica, evaluadora, ética y pública las medidas necesarias para erradicar las situaciones de gran vulnerabilidad que se ha observado en el tiempo transcurrido y donde los datos pueden ayudar a esclarecer la situación y devolver la dignidad necesaria a las personas mayores que pueden verse afectadas por su situación tan precaria en muchas residencias y domicilios del país. Sirvan estas palabras como acicate para corresponsabilizarnos todos en la llamada de atención al Estado sobre la situación actual de las personas mayores.

Espero con la ardiente paciencia aprendida de Neruda que nuestros gobernantes trabajen sin descanso sobre un Pacto de Estado de Atención Integral a las Personas Mayores, en beneficio de todos pero, sobre todo, de los que más siguen sufriendo la pandemia en su pasado, presente y futuro si no se pone antes remedio público: las personas mayores. Lo decía también en el artículo de la serie que bajo la pregunta genérica ¿Es España un país para personas mayores?, publiqué en febrero de 2021, centrado en el ámbito de la pandemia: “Es alarmante constatar que todavía no se sabe a ciencia cierta el número de víctimas mortales que el coronavirus ha dejado en las aproximadamente 5.457 residencias de ancianos españolas, ya sean públicas, concertadas o privadas. Creo que ha llegado el momento, por transparencia y dignidad pública, que se sepa la verdad de lo ocurrido desde el principio de la pandemia hasta el momento actual, a la mayor brevedad ética posible”.

Una de nuestras obligaciones como ciudadanos es emitir juicios bien informados, dado que la transparencia pública de la información veraz es donde radica el gran secreto de la evaluación pública y personal, como es ahora mi caso. Escribir hoy esta reflexión forma parte de mi compromiso intelectual en este cuaderno digital, poniendo en común mi conocimiento compartido, el que nos permite resolver problemas de todos los días, los que verdaderamente preocupan en el quehacer y quesentir diario. Lo entiendo así porque cada persona que toma conciencia de su capacidad para responder a las preguntas de la vida, desde cualquier órbita, sobre todo de interés social, tiene un compromiso escrito en su libro de instrucciones: no olvidar los orígenes descubiertos para revalorizar continuamente la capacidad de preocuparse por los demás, sobre todo los más desfavorecidos desde cualquier ámbito que se quiera analizar, porque hay mucho tajo que dignificar. Hoy, las personas dependientes, para que antes de fallecer puedan recuperar la capacidad de vivir dignamente con el tiempo que les corresponda disfrutar en su persona de todos y, sobre todo, en la de secreto. La dignidad humana lleva siempre el tiempo dentro.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Una eterna pregunta entre diciembre y enero

Pablo Neruda

¿Y cómo se llama ese mes
que está entre diciembre y enero?
¿con qué derecho numeraron
las doce uvas del racimo?
¿por qué no nos dieron extensos
meses que duren todo el año?
¿no te engañó la primavera
con besos que no florecieron?

Pablo Neruda, Libro de las preguntas, XLVI

Sevilla, 16/I/2022

Ya lo pensé también el verano pasado cuando dediqué una serie de artículos a preguntas inquietantes de Pablo Neruda. Es verdad que la vida está sujeta a un calendario inexorable: días, meses y años, uno tras otro, sin parar y sin caminos intermedios. Horas, minutos y segundos, uno tras otro también, perfectamente organizados y sincronizados. Me vuelve a sorprender la primera pregunta del capítulo 46 (XLVI) de la obra de Neruda Libro de las preguntas, porque plantea una cuestión íntimamente relacionada con el tiempo y sus circunstancias: ¿Y cómo se llama ese mes / que está entre Diciembre y Enero? Quizás fue un día ya lejano, leyendo a Benedetti, cuando descubrí que él hablaba de cumpledías al referirse al consabido cumpleaños, como siempre, a modo de combate cuerpo a cuerpo con la vida ordinaria, con lo consuetudinario, porque ese cumpledías tiene lugar en un tiempo y en un momento particular de cada uno, “cuando en el instante en que vencen los crueles se entra a averiguar la alegría del mundo y mucho menos todavía se nota cuando volamos gaviotamente sobre las fobias o desarbolamos los nudosos rencores”.

Neruda hace una pregunta inquietante, hilvanada con otras a cual de ellas más interesante, cuando descubrimos que el calendario de nuestra vida es lo más íntimo de nuestra propia intimidad, sin casi nada que ver con el almanaque gregoriano que nos invade a través del Mercado, tan medido, tan tirano, aunque todo se presente a veces como las doce uvas de un racimo para simbolizar un año y que tomamos sin sentido durante la ceremonia anual de comer (con perdón) meses:

¿Y cómo se llama ese mes
que está entre Diciembre y Enero?
¿Con qué derecho numeraron
las doce uvas del racimo?
¿Por qué no nos dieron extensos
meses que duren todo el año?
¿No te engañó la primavera
con besos que no florecieron?

Todo es tiempo y ya lo he analizado en varias ocasiones en este cuaderno digital. Casi siempre he enmarcado mis reflexiones en torno a un tratado existencialista, Qohélet (Eclesiastés), donde se detallan veintisiete momentos cruciales del ciclo vital de cualquier persona y su entorno desarrollado con un denominador común llamado “tiempo”, en una dialéctica permanente de contrarios: nacer, morir, plantar, arrancar lo plantado, sanar, destruir, edificar, llorar, reír, lamentarse, danzar, lanzar piedras, recogerlas, abrazarse, separarse, buscar, perder, guardar, tirar, rasgar, coser, callar, hablar, amar, odiar, guerra y paz. Es muy importante destacar que en las diferentes formas de vivir expuestas anteriormente, existen muchas realidades positivas, catorce concretamente: nacer, plantar, sanar, edificar, reír, danzar, abrazarse, buscar, guardar, coser, callar, hablar, amar y vivir en paz. Comprobamos de esta forma que la historia de las experiencias vitales humanas obedece a la búsqueda de un sano equilibrio con los tiempos difíciles de las restantes experiencias que podríamos calificar como negativas (con matices).

Quizás ha llegado el momento de interpretar el tiempo fuera de su encorsetado cronograma y primar esta búsqueda de razones positivas para vivir cada segundo de cada día, de cada mes, para que parezca que el tiempo se detiene en un ciclo que sólo tiene un nombre: felicidad, porque hay que sacar tiempo para disfrutar lo que dice Qohélet (una persona que le gusta vivir en comunidad, compartir), porque era la experiencia de sus antepasados a lo largo de los siglos, aunque para que no se nos suban los humos a la cabeza (todos podemos ser histéricos, palabra derivada de la griega “ústéra”, útero, que explica que los humos se nos suben a la cabeza y así nos va…), él nos dice que seamos prudentes a la hora de valorar las 27 experiencias de los tiempos de cada uno, de cada una, en su totalidad y entender qué significado tiene vivir, aunque sea de forma temporal propia, apasionadamente. Más allá de ese tiempo que se prolonga entre diciembre y este mes de enero, que tiene su propio nombre: felicidad, una supuesta prolongación de la navidad y reyes dirigida por el Mercado, con el tiempo dentro.

Con esta perspectiva, lo de menos es cuantificar el tiempo en horas y días, por ejemplo, cuando parece que se detiene “como si no pasara o se nos fuera casi sin darnos cuenta” en nuestra realidad más próxima. Comprenderemos mejor las preguntas restantes de Neruda, porque cuando somos felices, durante un tiempo, creemos que los meses duran a veces años y que la primavera de besos y abrazos necesarios puede aparecer en cualquier estación del año. O no. De ahí sus inquietantes preguntas para este mes de enero. La respuesta no está en el viento, que diría Bob Dylan, sino en la forma que tiene cada persona de interpretar el tiempo que nos pertenece y atrapa sine die casi sin darnos cuenta. Lo de menos es el mes que pasó y en el que ahora vivimos.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Ser consumidores o personas, esa es la cuestión

El rey lo gobierna todo,
el clérigo reza por todo,
el abogado aboga por todo,
el labrador lo paga todo
y alimenta a todos

El buen hombre paga por todo, canción recogida en Ciudades hambrientas, de Carolyn Steel.

Sevilla, 15/I/2022

Hamlet vuelve cada día a la escena, en el gran teatro del mundo. He leído recientemente una entrevista con la arquitecta Carolyn Steel (Londres, 1965), que sobrecoge en su contenido, porque llega a manifestar que “elegir ser consumidor por encima de persona es la muerte en vida”. Me ha interesado mucho leerla y compartirla con la Noosfera, por mi vocación de antropólogo y persona que admira la reflexión humana que ayuda a construir un mundo mejor, para convertirnos también en mejores personas con “la que está cayendo”, dicho de forma directa y convincente. Es maravilloso encontrarnos con estas personas, porque nos ofrecen la oportunidad de retirarnos por un momento al rincón de pensar y evaluar cómo estamos viviendo en este mundo tan complejo y lleno de sobresaltos diarios, donde estamos situados, estamos y, en la medida de lo posible, somos.

Carolyn Steel es autora de dos ensayos, Ciudades hambrientas (1), en el que explica cómo la forma de las urbes depende de la manera en que nos alimentamos, “al igual que las personas, las ciudades son lo que comen”, y Sitopia. en el que aborda cómo la comida puede salvar al mundo, porque gran parte de él está hambriento. En la primera obra citada, la autora afirma en su prólogo que “Ciudades hambrientas se ocupa de dos grandes temas, la comida y las ciudades, pero su verdadero centro de atención no reside en ninguno de los dos. Reside en la relación entre ambas, algo que ningún otro libro ha abordado nunca directamente”, o que hay que hablar de ello porque […] “las ciudades engullen ya el 75 por ciento de los recursos de la Tierra, y se espera que en el año 2050 la población urbana se haya duplicado, así que no cabe duda de que el tema está de actualidad”. En Sitopia, la autora afirma que “vivimos en un mundo moldeado por la comida, una Sitopia (sitos, comida; topos, lugar). La comida, y cómo la buscamos y la consumimos, ha definido nuestro viaje humano. Desde nuestros antepasados cazadores-recolectores en busca de alimento hasta los enormes apetitos de las ciudades modernas, la comida ha dado forma a nuestros cuerpos y hogares, nuestra política y comercio, y nuestro clima. Ya sea la decisión diaria de qué comer o el monopolio de la producción industrial de alimentos, la comida toca cada parte de nuestro mundo. Pero al olvidar su valor, nos hemos desviado hacia una forma de vida que amenaza a nuestro planeta y a nosotros mismos. Sin embargo, la comida sigue siendo fundamental para abordar los problemas y las oportunidades de nuestra era digital urbana. Basándose en ideas de la filosofía, la historia, la arquitectura, la literatura, la política y la ciencia, así como en las historias de los agricultores, diseñadores y economistas que están rehaciendo nuestra relación con la comida, Sitopia es una visión provocativa y estimulante para el cambio y cómo prosperar en nuestro superpoblado y recalentado planeta. En su nuevo libro, inspirador y profundamente reflexivo, Carolyn Steel, señala el camino hacia un futuro mejor”.

En la entrevista, Carolyn Steel aborda problemas que perduran a lo largo de los siglos, con comportamientos bastantes irracionales cuando vemos lo sucedido hasta hoy día, tal y como lo demuestra desde la primera pregunta y respuesta (las respuestas van en cursiva):

¿Por qué pagamos más por la plata si necesitamos más el trigo?

La gente que paga por la plata ya tiene el trigo. Hace 10 años me pregunté qué es una buena vida. Me obsesionaba averiguar qué nos hace felices y por qué nuestra economía se dirige en la dirección opuesta.

¿Qué encontró?

Nuestra idea de una buena vida es un concepto del siglo XIX. La vida de cualquier agricultor era dura. De modo que si alguien le decía: “Ya no tendrás que trabajar a la intemperie, lo harás bajo el techo de una fábrica”. ¿Cómo rechazar esa promesa de futuro?  

Más adelante, aborda el origen de nuestros problemas actuales:

¿Los problemas de la humanidad comenzaron cuando dejamos de compartir el bosque o cuando dejamos de cultivar lo que comemos?

Algunas sociedades de cazadores nómadas tenían una aspiración material tan baja que conseguían lo que se proponían y la gente se sentía rica.

¿Cómo lo sabe?

Leyendo a historiadores como Marshall Sahlins [autor de Economía de la Edad de Piedra] entiendes cómo les costó cambiar porque estaban felices viviendo en la naturaleza. Trabajaban para sobrevivir. Entendían la naturaleza como un lugar de abundancia, no como un medio del que protegerse. No temían las malas cosechas: cuando no había, se trasladaban. Desde que nos convertimos en sedentarios vivimos con sensación de escasez.

Y llega a una conclusión de por qué hemos llegado hasta lo que nos está sucediendo ahora:

Controlar el alimento es poder. Muchos problemas históricos explotaron cuando los responsables de alimentar al pueblo no conseguían hacerlo. Los políticos de hoy no quieren ese problema, dedican su energía a ser reelegidos. Y el poder de alimentar queda en manos de otros.

De cada vez menos: los supermercados están en manos de pocos grupos.

Vivimos la ilusión de la diversidad. Los supermercados tienen miles de productos. Pero, en realidad, muchos son repeticiones de distintas formas realizados por la misma marca. Parece que podamos elegir, pero lo realmente distinto es mucho más caro porque cuesta más producirlo. La alimentación del planeta está en manos de apenas cinco marcas. Los colmados y las fruterías de barrio no pueden competir con eso. Comemos lo que quieren que comamos. Amazon ha empezado a servir comida a domicilio. No tienen bastante con una parte del pastel, lo quieren todo. Y nosotros se lo permitimos a cambio de una cierta comodidad y una pequeña rebaja en el precio.

No quiero detallar más lo que debe leerse en la totalidad de la entrevista para comprender el pensamiento de la autora y, si nos gusta, quedarnos con sus publicaciones para comprenderla mejor. De cualquier forma, rescato dos puntualizaciones, porque una de ellas es la que me ha llevado a escribir estas palabras:

¿Hasta dónde se puede llegar?

Al final todo remite a lo mismo: ¿cuál es nuestra idea de una buena vida? Y parece que esforzarse lo mínimo lleva las de ganar: no cocinar, no limpiar y ver Netflix toda la noche. Es una podredumbre global. No lleva a una vida mejor.

¿Usted ve Netflix?

Sí. Claro que necesito relajarme en casa. Pero intento que eso no decida todo lo demás, como comer bien, ser justa o sentirme bien.

¿Qué hace para sentirse bien?

Cocino. Cultivo verduras. Escribo, investigo, denuncio… El circo romano entretenía y alimentaba a la población. Y algo parecido tenemos hoy. Estamos pagando un precio muy alto por tener comida y entretenimiento baratos. Elegir ser consumidor por encima de persona es la muerte en vida.

Leyendo esta entrevista he recordado a la urbanista americana Jane Jacobs, que he citado en varias ocasiones en este cuaderno digital. Lo que ocurre en las ciudades nunca nos es ajeno. Existen patrones escritos desde hace millones de años y las ciudades se reinventan permanentemente: “¿por qué ha triunfado el superorganismo de la ciudad sobre otras formas sociales? Como en el caso de otros insectos sociales, hay varios factores, pero uno crucial es que las ciudades, como las colonias de hormigas, poseen una inteligencia emergente: una habilidad para almacenar y recabar información, para reconocer y responder a patrones de conducta humanos. Contribuimos a esa inteligencia emergente, pero para nosotros es casi imposible percibir nuestra contribución porque vivimos en la escala incorrecta” (3). La escala incorrecta es que no somos conscientes de que en ese aquí y ahora en el que nos toca vivir a cada una, a cada uno, se están produciendo movimientos ciegos en nuestras casas, barrios, mercados de alimentación, pueblos y ciudades, ajenos a nuestro control inteligente, pero que están condicionando la vida de los más próximos, quizás hoy lejanos y muy desconocidos, aunque es posible, real, que con las decisiones urbanísticas de hoy, no dejemos vivir a los que queremos por la degradación de un hábitat propicio y que hoy decimos que “disfrutamos” como eslogan aprendido en la cartelería de la usura enladrillada.

Biomímico. Proyecto del artista mural Eric Okdec, en Sevilla / JA Cobeña

Las personas que habitan una ciudad crean barrios siempre. Ahí están. El software aprende a reconocer patrones siempre que se le den las instrucciones precisas. La inteligencia está en la base de los cerebros humanos, los que permiten hacer más simple la vida para vivir mejor. Y emergen hacia el exterior, naciendo, saliendo y teniendo principio siempre de otra cosa, en la interpretación que la Real Academia da a estos vocablos construidos de la misma forma. Con la inteligencia creadora de Jane Jacobs: que se respeten planes urbanísticos en los que las manzanas de casas sean más pequeñas, en aceras más vitales, en zonas de uso múltiple por doquier y sistemas de transporte público que siempre piensen en las personas. Para que el viaje de la vida sea siempre a alguna parte. Para que los mercados sacien el hambre de todos, como urgencia planetaria, porque nuestros antepasados salieron de África hace millones de años para ser felices con lo que conseguían a diario, cazando, pescando y recolectando. Nada más. Nuestros antepasados, como afirma Carolyn Steel, eran felices viviendo en y de la naturaleza. Lo descubrí hace años cuando en el paseo de un amanecer claro y luminoso de esta ciudad leí unas palabras inolvidables en una pintura mural del Polígono de San Pablo, una obra esplendorosa del artista Eric Okdec: biomímico no es cosechar los recursos de la naturaleza, pero el sentarse a sus pies como estudiantes. Así escrito, sin modificar palabra alguna. Junto a este lema tan sorprendente, descubrí otra acepción no menos aleccionadora: biomímica, es la práctica de pedir prestados los diseños principales de la naturaleza para crear más productos y procesos sostenibles. Maravilloso.

(1) Steel, Carolyn, Ciudades hambrientas, 2020, Madrid: Capitán Swing.

(2) Steel, Carolyn, Sitopia, 2020, London: Penguin (Shatto & Windus).

(3) Johnson, Steven, Sistemas emergentes, 2003, Madrid: Turner-FCE, p. 90.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.