Otra Andalucía es posible (III). Recuperar valores éticos.

SOLERIA

Siempre me ha gustado asimilar la ética a la solería de nuestras casas. Así lo aprendí del profesor López-Aranguren hace ya muchos años, cuando comparaba la ética al suelo firme que justifica todos los actos humanos a lo largo de la vida: es la “raíz de la que brotan todos los actos humanos, o todavía mejor, el suelo firme que justifica dichos actos, en definitiva, una forma de vida”. Y es verdad, porque la ética no debería estar sometida a la moda o al mercado, como una mercancía más, como sucede ahora, porque bien entendida es una actitud permanente ante la vida personal y social, pública y privada, sostenida en el tiempo que corresponda vivir a cada uno, es decir, una forma de vida.

Hay que recuperar la ética con urgencia vital, porque es la única forma de establecer cauces de comprensión humana y de solidaridad ante un mundo que está a veces diseñado por el enemigo. El hartazgo que vivimos en la actualidad está fundamentado en el fracaso de la sociedad española y, lógicamente, andaluza, para abordar el sentido de la vida personal y común. Ha fallado un modelo del capital, de mercado puro y duro, que ahora no sabemos qué hacer con él, porque los gobiernos no saben qué hacer tampoco, dando muchas veces palos de ciego y obedeciendo a las grandes fuerzas políticas europeas y mundiales que se arrogan el papel de salvadores de esta situación, con modelos basados en una austeridad monetaria para los demás y no para todos.

Hemos perdido el norte ético y existen muchas razones para demostrarlo, pero como estoy empeñado en una tarea de contribuir a crear masa crítica sobre la realidad de que otra Andalucía es posible, en convivencia plena con otros pueblos de España, Europa y los diversos mundos que existen sin orden alguno establecido, debemos hablar más de recuperar la ética como suelo firme de la Comunidad Autónoma que de analizar permanentemente las razones del fracaso en el que estamos instalados.

La ética exige una trazabilidad en la historia de cada persona. Esta es la razón de por qué hay que recuperarla en el tiempo didáctico que sea oportuno, en todos los niveles de la enseñanza pública. No hay otra solución, porque la ética no se improvisa como una mercancía más, ni se puede comprar al peso, es decir, hay que sacarla urgentemente del mercado en el que a veces se instala. Por esta razón he defendido tantas veces en este blog la permanencia de educación para la ciudadanía en la enseñanza pública, porque he entendido que la ética de los valores personales y sociales hay que desarrollarla en ciclos formativos diferentes y progresivos, desde las escuelas infantiles, inclusive, para que aprendamos qué significa y porque la solería de la vida ética es contemporánea con el crecimiento de cada persona.

Además, hay que completar esta inmersión en la ética con diseños curriculares en formación profesional y universitaria, incluso en formación postgraduada y máster de todo tipo, para reforzar continuamente la importancia de la conducta humana forjada en valores éticos, que se desarrollarán más tarde de forma práctica en la ocupación o profesión que ejerza cada persona. Así hasta llegar a las personas mayores, alumnos y alumnas de la Universidad de la vida, que también necesitamos volver a recordar principios éticos de solidaridad, respeto y convivencia con los demás.

Estas reflexiones deberían incorporarse en los programas políticos concretos y factibles de los próximos comicios que se inician el año próximo, también en Andalucía, para que podamos elegir aquellos que se comprometan con la ética en todo sus niveles, porque todos los partidos políticos no son iguales. Quien defiende el mercado puro y duro, la austeridad y abrocharse permanentemente el cinturón, defiende normalmente las mercancía en todos los niveles de la vida y la ética no suele aparecer por ningún sitio, porque compromete y mucho. Además, suele convivir mal con el capital. Es más, no se pueden diseñar programas políticos éticos, si no se conoce qué significa esa palabra en las vidas de los que los diseñan.

Ética no es doble moral, por ejemplo. Y esta dualidad en política es muy peligrosa porque casi siempre acaba en corrupción de todo calibre y en todas sus acepciones posibles. El “tú más” debe desaparecer de todo planteamiento político, porque no conduce a sitio alguno y genera hartazgo hasta unos límites insospechados. El éxito de Podemos, por ejemplo, refleja el fracaso de los demás, porque aunque sea con una sola palabra, podemos, ya es una forma de aunar voluntades, en aquella expresión preciosa que aprendí en su día en la Cantata de Santa María de Iquique: “con el amor y el sufrimiento se fueron aunando las voluntades”. Porque son dos valores éticos que llevados hasta su última expresión son capaces de revolucionar el aquietamiento ético mundial en que estamos instalados…

Para empezar esta gestión de lo posible en Andalucía, hay que hacer borrón y cuenta nueva utilizando principios éticos de honestidad y transparencia. En los partidos políticos hay que hacer un inventario radical de miembros activos y pasivos para identificar a quienes no saben lo que es la ética, afecte a quien afecte y caiga quien caiga, aunque los que queden quepan solo en un taxi. Es mejor ir solos en clave de ética ejemplar que mal acompañados. Creo que es un clamor popular esta reflexión. Respecto de la ciudadanía, hay que hacer también inventario y erradicar conductas que no llevan a ningún sitio, como es el fraude fiscal permanente. A quienes defraudan en todos los órdenes, hay que señalarlos públicamente y denunciarlos mediante la inspección pública legalmente constituida, por el daño que hacen. No debemos estar esperando siempre a que los periódicos o los jueces, actúen en consecuencia. Alguna vez tendremos que hablar de un gran valor ético, la responsabilidad personal, profesional o política, por acción u omisión, que hay que reivindicar en todo los órdenes sociales. El fraude sistemático, no solo económico, por el incumplimiento de programas políticos o el abandono de atención a derechos subjetivos fundamentales, como en la educación, salud o políticas sociales, es una de las actitudes que más daño hacen a la sociedad en su conjunto, porque los bienes y servicios públicos no están en el mercado como mera mercancía, sino que son el resultado de compras y generación de servicios con dinero de todos, convirtiéndose en muchos casos en derechos subjetivos de la ciudadanía. Vuelvo a recordar como hice el primer día de esta serie, que los presupuestos de la Comunidad Autónoma de Andalucía, son ya un reflejo de la gestión ética de los poderes públicos y creo que, en general, no estamos muy encima de su elaboración, aprobación y ejecución final.

Creo que existe también una ética andaluza, muy arraigada en los estilos árabes, donde la verdad histórica es irrenunciable y compatible con visiones modernas del bien hacer y mirando a quién, con una espera en la verdad y en lo bello y sabiendo que como las alas de las mariposas, que van por el mundo volando, con trajes de fiesta, puede permitir a los ciudadanos de bien de este país considerar la posibilidad de que otro Estado es posible, de que otra Andalucía es posible, en una nueva visión de utopía alcanzable de las nuevas ideologías cargadas de ética, tan maltrechas en los tiempos que corren. Es una magnífica ocasión que se nos ofrece para buscar horizontes de salud mental, que necesitamos con urgencia, como ética andaluza que permite pisar suelo firme en nuestras convicciones más íntimas y en aquellas que acompañamos al voto que depositamos en la urna que corresponda, reflexionando al mismo tiempo en una verdad ética irrefutable: todos debemos compartir las actitudes éticas siendo conscientes de que todos somos iguales ante la ley y el derecho, no ante el mercado, afortunadamente. Recordarlo, se convierte en un refuerzo para nuevas creencias, fundamentalmente porque necesitamos la ética como una nueva forma de vida, tal y como la definió excelentemente el profesor López-Aranguren en su famoso tratado de Ética, publicado en 1958, como raíz de la que brotan todos los actos humanos. Ahora, como solería hecha en Andalucía.

Sevilla, 17/IX/2014

NOTA: solería árabe con Estrella 8 puntas + crucetas con estrella vidriada. La imagen está tomada de la siguiente URL: http://www.expoalhambra.com/producto.php?a=216

2 comentarios en “Otra Andalucía es posible (III). Recuperar valores éticos.

  1. daniel dijo:

    Felicidades Jose Antonio por la belleza del artículo, su contenido y su profundidad. Y sobre todo por recordarnos que otro mundo es posible comenzando por los cimientos, tu dirías “la solería”, y para ello nunca más acertado decir que empecemos a construir personas éticas para que mañana puedan actuar personas éticas, si, personas éticas, aunque tengamos que remontarnos a la frase de Sócrates, “Aquel que quiera cambiar el mundo debe empezar por cambiarse a si mismo”.

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