Resurrección Laica

LA OVEJA NEGRA

Augusto Monterroso escribió una fábula reveladora del modo de ser y estar en el mundo de los salvadores recurrentes (1), de los que explican de forma directa el misterio de la muerte y resurrección en la vida actual de las personas que vivimos en una Selva llamada Mundo. He vuelto a leerlo hoy y me parece maravilloso descubrir que todavía aparecen, resucitados, Cristos de carne y hueso, jamás comprendidos y que acaban muriendo todos los días de múltiples formas, mucho más allá de la que conocemos casi todos en el llamado orbe católico.

Recomiendo hoy su lectura (lo breve si bueno dos veces bueno), porque es verdad que necesitamos seguir descubriendo con el espíritu de Brecht, en este Domingo de Resurrección Laica en particular y todos los días, en general, personas no sólo buenas, mejores, muy buenas, sino las que luchan toda la vida, es decir, las imprescindibles recurrentes:

El salvador recurrente

En la Selva se sabe, o debería saberse, que ha habido infinitos Cristos, antes y después de Cristo. Cada vez que uno muere nace inmediatamente otro que predica siempre lo mismo que su antecesor y es recibido de acuerdo con las ideas imperantes en el momento de su llegada, y jamás comprendido. Adopta diferentes nombres y puede pertenecer a cualquier raza, país, e incluso religión, porque no tiene religión. En todas las épocas son rechazados; en ocasiones, las más gloriosas, por la violencia, ya sea en forma de cruz, de hoguera, de horca o de bala. Consideran esto una bienaventuranza, porque abrevia el término de su misión y parten seguros del valor de su sacrificio. Por el contrario, los entristecen los tiempos de “comprensión”, en los que no les sucede nada y transcurren ignorados. Prefieren el repudio decidido a la aceptación pasiva, y el patíbulo o el fusilamiento al psiquiatra o el púlpito. Lo que más temen es morir demasiado viejos, ya sin predicar ni esforzarse en enseñar nada a quienes ni lo desean ni lo merecen; abrumados porque saben que como ellos en su oportunidad, alguien, en alguna parte, espera ansioso el instante de su muerte para salir al mundo y comenzar de nuevo.

Sevilla, 16/IV/2017

(1) Monterroso, Augusto (2000). El salvador recurrente, en La oveja negra y demás fábulas. Madrid: Suma de Letras, p. 55.

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