Elecciones generales 2019 / 8. Un enemigo político que acecha: la corrupción de la mente

EMILIO LLEDÓ

La política es la administración de la justicia, de la educación y de la cultura con generosidad

Emilio Lledó

He leído recientemente un artículo precioso de Emilio Lledó, Juan de Mairena, una educación para democracia, en el que hace una advertencia sobrecogedora sobre la corrupción de la mente: “Sorprende que con el enorme y tal vez desmesurado retumbar de las noticias sobre corrupción, no se haya entrevisto la peor de las corrupciones, mucho más grave aún que la de la supuesta apropiación de bienes ajenos o la utilización de la venta de los bienes públicos para engordar los privados. Me refiero a la corrupción de la mente, a la continua putrefacción de la conciencia debida, entre otras monstruosidades de degeneración mental, a la manipulación informativa. Estas corrupciones no son instantáneos desenfoques de la visión. Al cabo del tiempo esos manejos en nuestras inermes neuronas acaban por distorsionarlas, desorientarlas y dislocarlas. Difícilmente podrán hacer ya una sinapsis, una conexión pertinente y correcta” (1).

El daño de la corrupción política se puede convertir en un daño irreparable en la mente de las personas. La ciudadanía es cada vez más consciente de este grave problema y así lo ha manifestado en el último barómetro del CIS de febrero de 2019, que he citado ya en esta serie y en relación con la pregunta respecto de los principales problemas que existen en España, en respuesta espontánea con prelación de los tres principales problemas: “En tercer lugar, en el ranking de problemas en España, está “la corrupción y el fraude”, con un porcentaje del 23,1%, con una distribución entre primer y tercer problema del 9,3%, 9,2% y 4,6%, respectivamente”, unido íntimamente al segundo problema recogido en el mismo: “los/as políticos/as en general, los partidos y la política”, con un total del 29,4%, con la correlación 15,1%, 9,0% y 5,3%, respectivamente.

El daño al denominado principio de confianza debida en democracia representativa, es un ejemplo muy clarificador de la corrupción mental por la manipulación informativa que se pueda recoger en letra impresa en los programas políticos y en las intervenciones públicas de sus líderes en mítines, tertulias, comparecencias en ruedas de prensa y en mensajes explícitos en redes sociales. La manipulación permanente mediante compromisos falsos acaba “distorsionando, desorientando y dislocando” las creencias de los votantes.

Con profundo respeto ciudadano pido que se ponga una especial atención a no corromper la mente de las personas que pertenecen al club ciudadano de las personas dignas, que son millones en este país. Estamos acostumbrados a votar sin conocer con detalle el contenido de los programas políticos y luego vienen los escándalos farisaicos cuando denunciamos que no se cumplen determinados aspectos de los mismos, porque lo que allí se prometía no era verdad, se falseaba su auténtica razón de ser y estar en el programa político correspondiente. Es imprescindible conocerlos al detalle con anterioridad al voto, para conocer la posibilidad real de cumplimiento de su verdad o mentira intrínseca, pero también acusan un desgaste en su formulación, porque la participación real e identitaria en la redacción de los mismos, casi siempre es delegada en las siglas y en representantes que desconocemos. Las nuevas tecnologías y las redes sociales tienen ahora un papel fundamental en estas formulaciones, es decir, en la participación real y efectiva de los militantes y de los llamados “simpatizantes” o personas en general con creencias.

En el marco de lo expuesto anteriormente sobre corrupción de la mente, hago de nuevo una llamada de atención a los partidos de izquierda sobre todo, pero también a todos los que participen en los próximos comicios, sobre la defensa constitucional actual de la democracia representativa que cuida hasta el extremo la participación de la ciudadanía. Para ello, es necesaria la educación en valores ciudadanos, que no se improvisan sino que son el resultado de una educación personal, familiar y social. Por extensión, educación política. La participación ciudadana, organizada, es la respuesta, pero dejando abierta la posibilidad de generar liderazgos que arrastren conciencias humanas bien informadas, a veces en minorías o mayorías silenciosas o ruidosas, que después se llamarán votos. La única fuerza que es capaz de contener la corrupción política de la mente.

Comprendo muy bien por qué Emilio Lledó adjunta una referencia de Juan de Mairena, el heterónimo de Antonio Machado, al texto recogido al comienzo de estas palabras: “Por debajo de lo que se piensa está lo que se cree, como si dijéramos en una capa más honda de nuestro espíritu. Hay personas [hombres, en el original] tan profundamente divididas consigo mismo, que creen lo contrario de lo que piensan. Y casi -me atrevería a decir- es ello lo más frecuente. Esto debieran tener en cuenta los políticos. Porque lo que ellos llaman opinión es más complejo y más incierto de lo que parece. En los momentos de los grandes choques que conmueven fuertemente la conciencia de los pueblos se producen fenómenos extraños de difícil y equívoca interpretación: súbitas conversiones, que se atribuyen a interés personal, cambios inopinados de pareceres, que se reputan insinceros, posiciones inexplicables, etc. Y es que la opinión muestra en su superficie muchas prendas que estaban en el baúl de las conciencias”.

Creo que la opinión de la ciudadanía recogida en el último barómetro del CIS muestra lo que está detrás de esas opiniones sobre los principales problemas de España. Es un atentado contra la ética individual y colectiva hacer caso omiso de lo allí expuesto. Si no se tienen en cuenta estas opiniones, es probable que la corrupción mental crezca de forma bidireccional y el país se sitúe en un disparadero nada recomendable para garantizar la convivencia ciudadana, porque lo que se quiebra directamente es la razón de ser y existir la democracia: la participación en la gestión diaria, conjunta, ordenada y organizada de las cosas de la ciudad, del pueblo.

En los momentos que vivimos de tanta corrupción mental, nos hacen falta personas como Emilio Lledó, que nos recuerden que la palabra es un medio político inalienable para construir nuestras casas, nuestras ciudades, nuestras amistades, nuestras familias, nuestro trabajo, nuestra ideología, tal y como nos lo recuerda siempre Aristóteles en un texto muy querido para este autor: “Pues la voz es signo del dolor y del placer, y por eso la poseen también los demás animales, porque su naturaleza llega hasta tener sensación de dolor y de placer e indicársela unos a otros. Pero la palabra es para manifestar lo conveniente y lo perjudicial, así como lo justo y lo injusto. Y eso es lo propio del hombre frente a los demás animales: poseer, él sólo, el sentido del bien y del mal, de lo justo y de lo injusto, y de los demás valores, y la participación comunitaria de estas cosas constituye la casa y la ciudad” (2).

#IzquierdaJamásVencida

Sevilla, 24/III/2019

NOTA: la fotografía de Emilio Lledó se ha recuperado hoy de https://www.bing.com/search?q=la+corrupci%c3%b3n+mental&form=EDGEAR&qs=HS&cvid=c232b8c26add461b8ed3becd47cd30c3&cc=ES&setlang=es-ES

(1) Lledó, Emilio (2018). Sobre la educación. Barcelona: Penguin Random House Grupo Editorial, p. 127.

(2) Aristóteles (2000). Política. Madrid: Biblioteca Básica Gredos, 1253 a.