Dolores Montoya, Lole, nos indicó el camino

HOMENAJE A LOLE

Sevilla, 9/III/2020

Ayer se celebró un homenaje a Lole, aquí en Sevilla, con motivo del Día Internacional de la Mujer, con un título emblemático para esta efeméride: “Mujeres cantan a Lole”, “concierto homenaje a Lole Montoya, mujer, gitana y madre de una generación, indudablemente una de las pioneras de la renovación del flamenco. Reconocimiento a la trayectoria vital y profesional de una mujer que, en el ámbito de la música en España, se atrevió a romper viejos esquemas para tender nuevos puentes” (1).

Asistí con la idea de que necesitamos celebrar estos homenajes, en vida, de mujeres y hombres de este país que trajeron viento fresco de libertad a la España que tenía helado el corazón en las postrimerías del franquismo. Creo que comprendí bien qué significaba el flamenco cuando conocí a Manuel Gerena en los años finales de la dictadura, sobre todo en una frase dedicada por el poeta Rafael Alberti a este cantor (cantante es el que puede y cantor el que debe, según Facundo Cabral),que todavía recuerdo como si fuese ayer: “Te llamas Manuel Gerena, qué bien consuena tu nombre con la pena”. Es verdad porque la pena siempre es un trasunto en el flamenco. Ayer lo volví a comprender en muchas intervenciones, excelentes y llenas de sentimiento, de las mujeres que dedicaron lo mejor de su arte a Lole: Alba Molina, Angelita Montoya, Diana Navarro, Estrella Morente, La Mari de Chambao, María Toledo, Niña Pastori, Pasión Vega, Pastora Galván y Rocío Márquez, aunque me voy a detener en esta última, a quien quería escuchar por su trayectoria de cante flamenco transgresor y siempre lleno de sorpresas agradables e innovadoras en este arte de cantar la pena.

Rocío Márquez cantó a capella, sola ante el peligro de llevar en volandas su dedicatoria personal a Lole. No logro recordar todas las palabras que dejó en el ambiente tan próxima a la protagonista del evento, aunque sus palabras estaban hilvanadas de textos del poeta moguereño, Antonio Orihuela, con su tiempo y compás dentro, sobre dos composiciones que hay que interiorizar bien para dar el valor a la cotidianidad de lo que en verdad interesa saber por qué nos pasa lo que nos pasa: “Entre los momentos buenos del día” (La piel sobre la piel, 2005, Ed. La mano digital) y “Cómo se puede en comer bien” (Narración de la llovizna, 2003, Ed. Baile del Sol).

Entre los momentos buenos
de este arte del no hacer
destacaría el primero:
el despertar a tu lao
mientras aún profundo duermes,
mirando al techo, al regalo
que fue un mandala de plumas
que evitan los sueños malos,
en él giran fotos tuyas
disfrutando del verano.
Libros de derviches suman.
El silencio no es alerta.
Días de fuerte tormenta
y el río que cruza el patio.
Corazón fuera de venta
lo estremece el calorazo.
Qué feliz, no siento losa
y a mi lao respiras mientras
y a los pies la perra goza
y tumbá se despereza
y nada quiebra.

Y es porque nada está herío,
todo vive dentro casa,
peces, pájaros y hormigas
y hasta el cactus de la casa
ha sido siempre uno más
y por más que miro y miro
me parece puro y limpio,
sin heridas está el nío,
o son heridas pequeñas.
Que me cuesta a mí entender
qué tan difícil saber
Qué hacen hombres y mujeres
negándose a conquistar
estos plácidos quereres.
Vaya coche, vaya casa,
cómo se puede pensar
en una autocontención,
sobriedad y austeridad
con tanta plata,
con tanta plata en acción.

Cómo se puede pensar
en conversar y en hablar
si ahora todas las palabras
son de la publicidad.
Cómo se puede pensar
en confiar en los sueños
si hace tiempo que los sueños
dejaron de ser ya nuestros,
y cómo se puede pensar
en poner las flores en alto
si las pobres siempre están
escondidas en el asfalto,
Cómo se puede pensar
que es igual bajo que alto,
pues ya ves,
si todo sigue un precio por día,
cómo se puede pensar
en ser uno mismo
si nadie hoy reconocería
quién se esconde en cada papelón.
Cómo se puede pensar
hasta en el comer bien
si los transgénicos reinan
de la cabeza a los pies.
El agua ya es de botella
y el animal vive en jaulas
y los bebés en las aulas
durmiendo sobre carpetas.

Cómo se puede pensar
en disfrutar de la paz
si caen tres cada segundo,
pensar en filosofar
sin un sustento seguro.
Cómo se puede intentar
admirar alguna estrella
si su luz no va a llegar
con tanta bombilla intensa
rompiendo la oscuridad.
Cómo se puede pensar
en ser feliz algún día
si el capital en la brecha
no para de provocar
más almas insatisfechas.
Cómo se puede pensar
en pensar y hacer conciencias
si es frenético el andar,
si no importa el caminar,
solo llegar a la meta.

Sabía que el poeta Orihuela, nacido en Moguer, lugar que tanto aprecio, estaba detrás de la última canción, Llegar a la meta, que aparece en el disco de Rocío Márquez publicado recientemente y de tanto sabor sevillano: Visto en El Jueves.

Lole cantó de forma prodigiosa con la calidad de lo que siempre quiso transmitir, las respuestas a la pena a través de la belleza de la vida en su acontecer diario. Sola o acompañada en el acto de ayer, Lole sigue siendo Lole, flotando en el ambiente la presencia de Manuel, al que dedicó el acto porque aquello era un asunto de los dos. Con elegancia y sensibilidad en estado puro, nos invitó a acompañarla en canciones básicas de su repertorio que, en mi caso, sonaron mejor que nunca: Río de mi Sevilla, Romero verde o Todo es de color: Todo el mundo cuenta sus penas / pidiendo la comprensión / quien cuenta sus alegrías / no comprende al que sufrió // Señor de los espacios infinitos / tú que tienes la paz entre las manos / derrámala Señor te lo suplico / y enséñales a amar a mis hermanos.

Lole nos regaló el triunfo de pensar y hacer conciencias a través de espacios infinitos en su forma de cantar, aunque para el mundo que la rodea todavía hoy sea frenético el andar y no le importe el caminar sino solo llegar a la meta. Ella nos indicó el camino.

(1) https://cartujacenter.com/show/mujeres-cantan-a-lole-homenaje-a-lole-montoya/

NOTA: la imagen ha sido recuperada hoy de https://cartujacenter.com/show/mujeres-cantan-a-lole-homenaje-a-lole-montoya/

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.