Almodóvar alza su voz en Venecia

Sevilla, 5/IX/2020

Jean Cocteau ha estado siempre en el imaginario de Pedro Almodóvar aunque no de forma tan manifiesta hasta llevarlo de forma indubitada al cortometraje de 30 minutos, La voz humana, rodado íntegramente en inglés y protagonizado por Tilda Swinton, que ha presentado en los pases fuera de concurso de la Bienal de Cine de Venecia 2020. La actriz ha recibido también este año el León de Oro honorífico de la Mostra en su 77ª edición, hecho que demuestra la sabia elección por parte de Almodóvar de su musa actual. El guion es un texto adaptado hasta límites insospechados del monólogo que Cocteau estrenó en París en 1930, protagonizado por una mujer que habla por teléfono con el amante que la ha abandonado. En Mujeres al borde de un ataque de nervios ya estuvo presente Cocteau, así como en La ley del deseo. Es un clásico popular en el cine almodovariano.

El gran cambio sobre el relato original del autor francés se produce en relación con la actitud que adopta la mujer en su corto de forma progresiva, que se separa mucho del original, pasando de la sumisión a la venganza, según las propias palabras del director. Para comprender mejor el hilo conductor del cortometraje, recojo exactamente las palabras que figuran en la presentación oficial de la película en el portal de la Mostra y que traduzco personalmente del italiano: “Una mujer contempla cómo pasa el tiempo junto a las maletas de su antiguo amante (se espera que el hombre vuelva a buscarlas, pero nunca llegará) y a un perro inquieto que no comprende por qué ha sido abandonado por su amo. Dos seres vivos se enfrentan al abandono. En los tres días de espera, la mujer sale a la calle una sola vez, a comprar un hacha y una lata de gasolina, y pasa de un estado de ánimo a otro: de la impotencia a la desesperación y la pérdida de control. Se maquilla, se viste con ropa elegante como si fuera a una fiesta, piensa en tirarse por el balcón, hasta que su antiguo amante la llama. Ella pierde el conocimiento, porque ha tomado una mezcla de trece pastillas y no puede responder. El perro le lame la cara hasta que la mujer se despierta. Después de una ducha fría, vuelve en sí gracias a un café tan negro como sus pensamientos, el teléfono vuelve a sonar y esta vez se atreve a contestar. La única voz, sin embargo, es la de ella: la del hombre nunca se escucha. Al principio la mujer finge estar tranquila y comportarse de forma normal, pero siempre está a punto de estallar contra la hipocresía y la mezquindad del otro. La Voz Humana es una lección moral sobre el deseo, aunque la protagonista está justo al borde del abismo. El riesgo es una parte fundamental de la aventura de vivir y amar. El dolor está muy presente en el monólogo; como decía al principio, la película describe la pérdida y la angustia de dos seres vivos atormentados por la ausencia de su amo”.

También he descubierto la utilización no inocente en este cortometraje,  por parte de Almodóvar, de un cuadro de una pintora italiana, Venus y Cupido, de Artemisia Gentileschi, que figura en la pared del comedor de la imagen que he reproducido en la cabecera de este artículo, que admiro desde que la conocí, a quien he dedicado unas palabras especiales en este cuaderno digital destacando su inmensa obra pictórica llena de mensajes de liberación para la mujer en un tiempo barroco muy complicado. Quizás vea en la protagonista del monólogo a una mujer melancólica, esa expresión femenina que reflejó Artemisia en una obra duplicada, María Magdalena como la melancolía (Ca. 1622, Museo de la Catedral de Sevilla) y en la que se considera la obra cumbre de la reivindicación femenina en su contexto histórico del siglo XVII, Judit decapitando a Holofernes, la que se considera más icónica de la venganza que quiso expresar por la violación que sufrió por parte de su mentor cuando sólo tenía 17 años. Junto a esta obra, en muchas otras figura siempre el protagonismo de la mujer a través de acciones y expresiones muy sorprendentes para la época en las que las pintó. Mujeres, siempre, que actúan solas o en común reivindicando su papel en la historia, alejadas de elementos sacros y con un viso laico de pintura reivindicativa rompiendo el canon de la época. Si tuviera la oportunidad algún día me gustaría conversar con Almodóvar sobre la vida y obra de Artemisia Gentileschi. Estoy convencido de que escribiría un guion fascinante, adaptado al tiempo actual, sobre la inquietante y perturbadora vida de esta mujer. Le contaría lo que me pasó a mí al descubrir una obra suya titulada María Magdalena en éxtasis, sola, sin ropajes especiales ni ungüento divino, de la que se ha conocido su existencia hace muy poco, concretamente en 2014, ya que solo se tenía una referencia de ella por una fotografía en blanco y negro tomada a principios del siglo XX que se conservaba en el fondo artístico de un marchante de arte italiano. El mensaje del cuadro no deja duda alguna sobre la autoría de Gentileschi y puedo dar la razón en este momento a una expresión muy querida por mí de Víctor Hugo: la melancolía es la felicidad de estar triste, porque no creo tanto en la situación de éxtasis de la Magdalena como en la de su auténtica melancolía, es decir, un estado de soledad y tristeza que puede inundar el alma humana y recrearnos en él porque siempre queda la esperanza de la espera de algo o alguien que estuvo o que llegará a tiempo para hacernos felices. Como la espera perturbadora de la protagonista de Almodóvar.

Vuelvo a escuchar al director manchego explicando el hilo conductor de su “pequeña” obra para comprenderla mejor: “Siempre me planteé esta adaptación como un experimento, un capricho en el que mostraría lo que en teatro se llama la cuarta pared, y en cine sería mostrar la parte de atrás, es decir, estructura de madera que sostiene las paredes del decorado realista, la realidad material de lo ficticio. La realidad de esta mujer es el dolor, la soledad, la oscuridad en la que vive. He tratado de que todo esto sea evidente, emocionante y elocuente a través de la interpretación (sublime) de Tilda Swinton, mostrando muy pronto que su casa es una construcción dentro de un plató cinematográfico. Al mostrarlo por todos los lados, saliendo del decorado realista y aprovechando el espacio del estudio en su totalidad, he ampliado, digamos, el tamaño del escenario donde se lleva a cabo el monólogo. He mezclado lo cinematográfico y lo teatral combinando sus esencias. Por ejemplo, cuando Ella está en la terraza, esperando y mirando la ciudad, lo único que vemos es una pared (la pared de la nave) que conserva manchas de otros rodajes. No hay un skyline, no existe el paisaje urbano, Ella solo encuentra vacío, desnudez y oscuridad. Lo cual me permite acentuar la sensación de soledad y de oscuridad en la que el personaje vive. La nave del estudio donde hemos rodado se convertía así en el escenario donde trascurría toda la acción, y la construcción del decorado realista donde vive y espera la protagonista en una parte del decorado, por dentro y por fuera. Mostrar la estructura de madera que sostiene el decorado realista es como mostrar la piel del decorado” (1).

Este corto es la crónica de una Trilogía anunciada por el propio Almodóvar, al referirse en sus últimas intervenciones para medios de comunicación a dos proyectos cinematográficos en marcha, Extraña forma de vida, y una distopía sobre un posible mundo sin cines: “El confinamiento nos ha hecho ver la casa como un lugar de reclusión, donde podemos trabajar, comprar, encontrar el amor y pedir comida. Lo podemos hacer absolutamente todo de un modo sedentario. Eso me parece peligroso”, expresó. “Yo propongo, en contraposición a eso, el cine. Ir al cine es iniciar una aventura, elegir una película y reír, aterrorizarse y llorar con desconocidos. A nivel humano, me parece una experiencia esencial”, apuntó Almodóvar. “Mi mayor ilusión es seguir vivo y haciendo cine” (2). Que así sea y nosotros podamos admirarlo sobre todas las artes que no están en los cielos.

NOTA: la imagen se ha recuperado de https://www.labiennale.org/it/cinema/2020/fuori-concorso/human-voice

(1) https://macguffin007.com/2020/09/03/la-voz-humana-cortometraje-almodovar/

(2) https://elpais.com/cultura/2020-09-03/el-capricho-de-almodovar-llega-a-venecia.html

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.