¡Qué solos están en Madrid!

Sevilla, 3/X/2020

Mi infancia son recuerdos de Madrid, una ciudad amable, acogedora, a la que llegué cuando sólo tenía cuatro años. No tenía mi casa natal de Sevilla, ni huerto alguno en el que madurara el limonero; mi juventud también se inició allí. Ahora, cuando ya dejé allí las cosas de niño y juventud, regreso mentalmente a Madrid y me encuentro con una ciudad en estado de sitio por el coronavirus, con un sentimiento -que intuyo- de soledad institucional de salud pública cuando amanece todos los días. En este sentido he recordado una canción emblemática de Hilario Camacho, Madrid amanece, que dibujó también una ciudad preocupante y que hoy, salvando lo que haya que salvar, nos puede servir para contar a los cuatro vientos esa soledad que embarga a sus millones de habitantes por la mala gestión política del gobierno correspondiente. Fundamentalmente, a los que menos tienen y sobre los que se han centrado en una primera fase las medidas restrictivas por la segunda ola de la pandemia, cuando de todos es sabido que las condiciones de hábitat en los primeros barrios confinados, hasta un cierto punto, son en muchos casos donde más se muestran los estragos de la pobreza absoluta.

Hilario Camacho escribió la letra de la canción en 1981, tomando conciencia de lo que ya se constataba como una amenaza a la naturaleza y al ser humano en toda regla. Ahora, esa letra nos ayuda a comprender bien qué significa la orfandad de la ciudadanía por no respetarse la correcta política en defensa del interés general, cuyo resultado es, digámoslo sin remilgo alguno, de muerte. Aquella letra resuena ahora en mi mente de forma especial, a modo de denuncia ética:

Madrid amanece
con ruido, con humo
y oscuros borrones
flotando entre nubes.
Madrid amanece
entre sueños perdidos,
confusión y sorpresa
latiendo en las venas.
Y entre tinieblas de fiebre,
se abre paso la luz,
es como una resaca
contagiosa y común,
que te vuelve a recordar,
qué solo estás,
qué solo estás,
qué solo estás,
en medio de tanta gente
una vez más,
una vez más,
una vez más,
qué solo estás,
en medio de tanta gente,
qué solo estás.

Todavía hay más en su canción protesta:

Madrid amanece
con miradas de odio
egoísmo y desdicha,
corriendo sin meta.
Madrid amanece
entre amorosas cadenas,
amarga desidia
y lágrimas ácidas
Y ese llanto salado,
moja tu paladar.
Madrid amanece a través del cristal
que te vuelve a recordar,
qué solo estás,
qué solo estás,
qué solo estás
en medio de tanta gente,
una vez más,
una vez más,
una vez más,
qué solo estás,
en medio de tanta gente,
qué solo estás.

Se despide con tristeza después de contarnos esa realidad de Madrid, que puede ser la de hoy mismo entre amargas desidias y lágrimas ácidas: una vez más, una vez más, una vez más, qué solos están en medio de tanta gente, qué solos están.

Apago el tocadiscos que reproduce de vez en cuando mi banda sonora vital, pongo el brazo en su sitio y me pregunto dónde están las fuerzas progresistas en Madrid para denunciar tanta dejadez, tanta estulticia y tanta mediocridad política, dejando en la orfandad más absoluta a la ciudadanía en general y al personal sanitario y de múltiples servicios esenciales, en particular, que han dado muestras en la llamada primera ola de una profesionalidad y generosidad sin límites. Aunque ahora vivo a más de quinientos kilómetros, siento que mi infancia sigue siendo recuerdos de una ciudad amable, acogedora, a la que llegué cuando sólo tenía cuatro años, donde nunca me sentí extraño o extranjero. No tenía mi casa natal de Sevilla, ni huerto alguno en el que madurara el limonero; pero mi juventud también se inició allí y la ciudad me educó como ciudadano en la dignidad de lo que Antonio Machado sentía como ser un hombre bueno, más que un hombre al uso que sabe su doctrina. Y Madrid me duele en el alma cuando veo a sus millones de ciudadanos solos, entre sueños perdidos, confusión y sorpresa, mientras amanece / con miradas de odio / egoísmo y desdicha, / corriendo sin meta… / entre amorosas cadenas, / amarga desidia / y lágrimas ácidas / Y ese llanto salado, / moja tu paladar. Una soledad sonora en medio de tanta gente: qué solos están, qué solos están, qué solo están…, en medio de tanta gente, qué solos están.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Mafalda se quedó con nosotros

Sevilla, 2/X/2020

Mafalda eligió Oviedo para quedarse con nosotros. Quino se fue el miércoles pasado a su cielo particular sabiendo que ella no se quedaba sola sino acompañada por millones de personas. Él pensaba que su hija más querida, una niña eterna, estaba muy a gusto en su parque de Oviedo, sentada, pensativa y deseando que quien la viera se sentara un ratito para acompañarla, aunque a veces no dijera nada porque casi todo estaba dicho en sus tiras famosas. 

Joaquín S. Lavado Tejón, Quino, hijo de emigrantes andaluces, obtuvo el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en 2014, donde el jurado destacó que: “Quino alcanzó fama internacional con la creación del universo de Mafalda, una niña que percibe la complejidad del mundo desde la sencillez de los ojos infantiles. Mafalda, la principal protagonista del trabajo creativo de Quino, es inteligente, irónica, inconformista, contestataria y sensible. Sueña con un mundo más digno, justo y respetuoso con los derechos humanos. Al cumplirse el 50 aniversario del nacimiento de Mafalda, los lúcidos mensajes de Quino siguen vigentes por haber combinado con sabiduría la simplicidad en el trazo del dibujo con la profundidad de su pensamiento. La obra de Quino conlleva un enorme valor educativo y ha sido traducida a numerosos idiomas, lo que revela su dimensión universal. Sus personajes trascienden cualquier geografía, edad y condición social”. Así era el universo de Mafalda, su sempiterno globo terráqueo que intentaba comprender a diario, sin éxito, por más vueltas que le diera a su pequeña cabeza todos los días. Una metáfora espléndida.

Mafalda nació el 29 de septiembre de 1964, cuando se publicó la primera tira en el semanario Primera Plana, de Buenos Aires. A sus cincuenta y seis años todo el mundo dice que sigue siendo una niña rebelde, “inteligente, irónica, inconformista, contestataria y sensible”, entusiasta de los Beatles, los panqueques y el Pájaro loco, que odió la sopa, amiga de sus amigos, Felipe, Manolito, Susanita, Miguelito y Libertad, con una relación con sus padres de contestación permanente en el mejor sentido de la palabra, siempre atenta a las ocurrencias de su hermano Guille y muy próxima al micromundo de ensoñación política de su amiga Libertad. También, su tortuga “Burocracia”, que lo decía todo con su ironía impecable. Es importante resaltar que la última tira de Mafalda se publicó el 25 de junio de 1973, abierta a todo tipo de interpretaciones. A continuación, recojo la primera y última tira en la vida de Mafalda, que sintetizan casi nueve años de su profunda memoria histórica:

Quino lanzó mensajes al mundo de una calidad extraordinaria porque sus tiras nunca fueron inocentes, como las ideologías. Como homenaje a su visión del papel a desempeñar por la mujer en su presente y futuro, al fin y al cabo el de su querida Mafalda, finalizo esta pequeña semblanza con una tira inolvidable e impensable hace tan solo cincuenta y seis años. Juzguen ustedes.

¡Gracias, Quino, porque Mafalda se ha quedado con nosotros, en una pequeña parte del mundo al revés, como nos explicó ella! No lo olvido.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.