Howard Gardner y la inteligencia digital, una de las inteligencias múltiples del ser humano

Sevilla, 19/X/2021

Hoy se inaugura en Madrid la cuarta edición del foro Enlighted, una conferencia mundial sobre educación, tecnología e innovación, con el patrocinio de Fundación Telefónica, IE University y South Summit, que reunirá a 150 expertos mundiales en educación y tecnología y donde participarán profesionales de la talla de Vinton Cerf, considerado como uno de los padres de internet; Howard Gardner, profesor de la Universidad de Harvard y autor de la teoría de las inteligencias múltiples, que he estudiado a lo largo de muchos años profesionales; Kiran Bir Sethi, fundadora de Design for Change y The Riverside School en India; Rafael Nadal o Linda Liukas, fundadora de Rails Girls, un movimiento de programación para adolescentes y niñas, que participarán en talleres, conferencias y charlas combinando tanto el formato presencial como el virtual.

De todos los conferenciantes confirmados quiero destacar hoy al Profesor Gardner, que intervendrá el próximo jueves en una “conversación” sobre “La generación de las aplicaciones: Cómo la tecnología está perfilando nuestra juventud”, que estoy convencido será de interés extremo porque abordará un hilo conductor de actualidad plena en el mundo digital: resolver la falta de competencias digitales para recuperar la conexión con los jóvenes y promover un cambio positivo. En conjunto, en este día en el que interviene el profesor Howard Gardner, los ponentes “evaluarán las diferentes maneras en las que la generación de aplicaciones interactúa con los medios digitales, así como lo que podemos hacer para ayudarles a superar la brecha digital, pero también cómo podemos asegurarnos de que la tecnología se convierta en una fuerza de cambio positiva que nos permita desarrollar relaciones sociales significativas y contribuir a la creación de una mejor sociedad en general”.

Hace quince años inicié una incursión científica en el constructo inteligencia digital, que propuse definir como “capacidad de las personas para resolver problemas utilizando los sistemas y tecnologías de la información y comunicación cuando están al servicio de la ciudadanía”. Al pertenecer a la escuela del profesor Howard Gardner, sobre quién construí mi Tesis doctoral en Psicología, quise llevar a cabo en este cuaderno digital un proyecto de divulgación científica sobre el constructo citado con objeto de hacer accesible a muchos usuarios de la red, las posibilidades que nos ofrecen hoy los sistemas y tecnologías de la información para ser más inteligentes. He construido esta teoría científica de la inteligencia digital creadora como agradecimiento a años de lectura y estudio de los ensayos del profesor José Antonio Marina, de quien aprendí muchos fundamentos científicos en su construcción de la teoría de la inteligencia creadora. Como alumno agradecido e estos investigadores citados, quise destacar siempre la aplicación de sus teorías a esta investigación de la inteligencia digital, de raíz popular y entregada al ser humano, en clave de “empoderamiento compartido” (empowerment). Además, he escrito siempre sobre este tipo de inteligencia, una más de las múltiples definidas por Gardner a lo largo de sus investigación, desde una perspectiva positiva, dado que a la negativa ya se le ha dedicado mucho tiempo y esfuerzo desde la psicopatología, investigación necesaria por otra parte. Si además, incorporamos la necesaria habilidad social construida sobre esta inteligencia (digital) se habrá aportado a la sociedad una interpretación para ser en el mundo en un terreno de felicidad lógica.

Este proyecto de creación de la teoría científica sobre la inteligencia digital, tuvo su refrendo en la publicación en mayo de 2007 de mi libro Inteligencia digital. Introducción a la Noosfera digital. En esa publicación desarrollé el constructo de” inteligencia digital” sobre la base de lo aprendido de las inteligencias múltiples de Howard Gardner. En tal sentido partía de la definición propuesta de “Inteligencia”, en sus dos acepciones: 1. capacidad para resolver problemas o para elaborar productos que son de gran valor para un determinado contexto comunitario o cultural. 2. factor determinante de la habilidad social, del arte social de cada ser humano en su relación consigo mismo y con los demás. De ahí, se obtenía la definición de Inteligencia digital, en cinco acepciones, que tantas veces cito en mi cuaderno digital: 1. destreza, habilidad y experiencia práctica de las cosas que se manejan y tratan, con la ayuda de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación, nacida de haberse hecho muy capaz de ella. 2. capacidad que tienen las personas de recibir información, elaborarla y producir respuestas eficaces, a través de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación. 3. capacidad para resolver problemas o para elaborar productos que son de gran valor para un determinado contexto comunitario o cultural, a través de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación. 4. factor determinante de la habilidad social, del arte social de cada ser humano en su relación consigo mismo y con los demás, a través de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación. 5. capacidad y habilidad de las personas para resolver problemas utilizando los sistemas y tecnologías de la información y comunicación cuando están al servicio de la ciudadanía, es decir, cuando ha superado la dialéctica infernal del doble uso.

Howard Gardner, el precursor de las inteligencias múltiples que nos abrió en aquellos momentos las puertas a un nuevo planteamiento de inteligencia digital, de gran impacto social, hizo una manifestación en su presentación de la teoría científica de las inteligencias múltiples en los siguientes términos, a través de sus publicaciones maestras en los años ochenta y noventa del pasado siglo, que no he olvidad: “Es de la máxima importancia que reconozcamos y alimentemos toda la variedad de inteligencias humanas y todas las combinaciones de inteligencias.  Somos tan diferentes entre nosotros, en gran parte, porque todos tenemos diferentes combinaciones de inteligencias.  Si llegamos a reconocer esto, pienso que, como mínimo, tendremos una oportunidad mejor de enfrentarnos adecuadamente a los muchos problemas que se nos presentan en el mundo.  Si podemos movilizar toda la gama de habilidades humanas, no sólo las personas se sentirán más competentes y mejor consigo mismas, sino que incluso es posible que también se sientan más comprometidas y más capaces de colaborar con el resto de la comunidad mundial en la consecución del bien general.  Tal vez, si podemos movilizar todas las inteligencias humanas y aliarlas a un sentido ético, podamos ayudar a incrementar la posibilidad de supervivencia en este planeta, e incluso contribuir a nuestro bienestar”.

Espero expectante su intervención en la Conferencia Enlighted del próximo jueves. Le debo mucho en mi aprendizaje sobre las inteligencias múltiples y su proyección en la inteligencia digital de la ciudadanía y en la inteligencia pública digital de los Gobiernos y de las Administraciones Públicas, que también existen. Le debía, una vez más, palabras de agradecimiento, reconocimiento profesional y respeto magistral.

NOTA: la imagen de Howard Gardner que figura en la fotocomposición de cabecera, se ha recuperado hoy de https://www.howardgardner.com/about

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Amartya Sen, alumno de Tagore y maestro imprescindible

Hay hombres y [mujeres] que luchan un día y son buenos, otros [y otras] luchan un año y son mejores, hay quienes luchan muchos años y son muy buenos, pero están los [hombres y mujeres] que luchan toda la vida, y esos son los imprescindibles.

Adaptado de un texto de Bertolt Brecht en Elogio a los combatientes

Sevilla, 18/X/2021

Una persona que conoció a Tagore es difícil que no transmita su sabiduría humanista a raudales. Es lo que le ocurre a Amartya Sen, premio Nobel de Economía en 1998, un economista y filósofo, sobre todo un intelectual que logró humanizar la economía, algo que sigue pareciendo imposible sabiendo lo importante que es el poderoso caballero Don Dinero y su capilaridad social hasta las últimas consecuencias por su impacto en el ser humano. Acabo de leer un artículo magnífico en el diario El País, Amartya Sen, el niño bengalí que vio el hambre de cerca y acabó humanizando la economía, que hace un recorrido muy interesante de su vida con motivo de la publicación de su ultimo libro  Un hogar en el mundo,  unas memorias inacabadas al tratar sólo de su juventud pero que simbolizan quién es en la actualidad, en las que Tagore está presente desde el título como él mismo reconoce, al estar inspirado en La casa y el mundo, obra que ejerció una gran influencia en Sen, así como por el tiempo en el que asistió a sus clases en Santiniketán, durante diez años, donde Tagore había fundado una escuela experimental.

Me ha interesado su relación con Tagore, que cita el artículo:  “Dos años antes de aquella tragedia [la hambruna bengalí de 1943] había muerto el poeta Rabindranath Tagore, con el que el pequeño Sen tuvo una relación familiar estrecha. Su madre era amiga suya y bailó en varias de las obras dramáticas del escritor, que incluso se inventó un nombre para él: Amartya sale en sánscrito de añadir a Martya (muerte) una “A” que convertía al recién nacido en un enviado “de un lugar donde las personas no mueren”. Tal vez por eso ha pasado el año y medio de la pandemia sin cederle demasiado espacio al miedo. “Tengo un largo historial de enfermedades que incluyen dos cánceres”, recordó en la entrevista. “El primero, con 18 años. Me dijeron: ‘Hay un 15% de posibilidades de que sobrevivas cinco años’. Eso fue hace 70″. El segundo fue en 2018, de próstata”. Igualmente, Sen se refiere a Tagore en la citada entrevista en términos algo más que elogiosos: “Es una pena que en Occidente se le haya reducido a su imagen mística, cuando tiene mucho que decir sobre historia, política, economía y equidad social”.

Lo importante de la anécdota vital anterior es la importancia de que sus teorías no mueran en un interés general y legítimo para la sociedad, porque es una bocanada de aire fresco ante tanta mediocridad galopante política y económica. Creo que así lo ha reconocido el acta del jurado que le ha otorgado el premio Princesa de Asturias de ciencias sociales 2021, que se le entregará el próximo viernes, 22 de octubre, en un acto al que probablemente no podrá asistir por una lesión reciente en la espalda: “Desde una perspectiva cosmopolita e interdisciplinar, las múltiples investigaciones de Sen incluyen aportaciones a las teorías de la elección pública y del desarrollo, la economía del bienestar y otras dirigidas a descubrir las raíces de la pobreza y las hambrunas. Su enfoque de las capacidades de las personas se ha extendido al conjunto de las ciencias sociales. Toda su trayectoria intelectual ha contribuido de manera profunda y efectiva a promover la justicia, la libertad y la democracia. Su continuada y excelente labor ha influido de manera decisiva en los planes de desarrollo y en las políticas de las más relevantes instituciones mundiales. Además, ha fundado una escuela universal comprometida con la defensa de los derechos humanos, que ha hecho del profesor Sen una figura clave del pensamiento actual y un maestro de maestros”.

La sinopsis de Un hogar en el mundo no deja lugar a dudas sobre la calidad de su vida y obra humanista: “Para Amartya Sen, la palabra «hogar» evoca muchos lugares: la ciudad de Daca, en el actual Bangladés, donde creció; el pueblo de Santiniketan, donde fue criado por sus abuelos y sus padres; Calcuta, donde inició sus estudios de Economía y participó activamente en movimientos estudiantiles; y el Trinity College, en Cambridge, al que llegó a los diecinueve años. Sen recrea con brillantez la atmósfera de cada uno de esos lugares. En el centro de su formación estuvo la escuela intelectualmente liberadora en Santiniketan, fundada por Rabindranath Tagore (quien le dio su nombre, Amartya), y las apasionantes conversaciones en el famoso Coffee House de College Street, en Calcuta. Como estudiante universitario en Cambridge, se relacionó con muchas de las principales figuras de la época. En un capítulo memorable, recuerda los «ríos de Bengala» por los que viajó con sus padres entre Daca y sus pueblos ancestrales. Además, transmite con gran maestría la inflamación política que llevó a la hostilidad entre hindúes y musulmanes, así como la resistencia a ella. En 1943, Sen fue testigo de la hambruna de Bengala y de su desastroso resultado. Por supuesto, la relación entre Reino Unido e India es otro tema principal del libro. Cuarenta y cinco años después de que llegara a la que sin duda es una de las mayores fundaciones intelectuales del país británico, Sen se convirtió en Master del Trinity College. Este es un maravilloso libro de personas y lugares, pero también de ideas, las que dieron forma a una visión del mundo justa, amplia y necesaria hoy”.

Recomiendo la lectura de estas memorias de juventud, donde forjó su forma de ser y estar en el mundo que a mí tanto me fascinan de los demás, de los imprescindibles, a los que así calificó Bertolt Brecht en una cita inolvidable: Hay hombres y [mujeres] que luchan un día y son buenos, otros [y otras] luchan un año y son mejores, hay quienes luchan muchos años y son muy buenos, pero están los [hombres y mujeres] que luchan toda la vida, y esos son los imprescindibles (adaptado de un texto de Bertolt Brecht en Elogio a los combatientes, dado que los corchetes son míos en una lectura renovada desde la perspectiva de género en el lenguaje actual). Si a los imprescindibles uno la defensa de los nadies de Galeano desde la ética social, los hijos de nadie, los dueños de nada. / Los nadies: los ningunos, los ninguneados, / corriendo la liebre, muriendo la vida, creo que a Amartya Sen lo podemos encumbrar al Olimpo de las personas a las que tenemos el deber de escuchar atentamente para que el Estado del Bienestar se consolide en beneficio del interés general de la sociedad. Todas las teorías económicas y sociales no son iguales y eso se ha encargado Sen de demostrárnoslo a lo largo de su trayectoria intelectual, un niño bengalí que llegó a interpretarnos la vida de la forma más digna posible, sobre todo para los nadies, los hijos de nadie, los dueños de nada, los que probablemente más son pero menos tienen por culpa de los opulentos vestidos de negro, los más despiadados del mundo.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Bach y su música circular

Bach en Köthen

Sevilla, 17/X/2021

El miércoles próximo la Fundación Juan March ofrecerá una nueva sesión del ciclo dedicado a Johann Sebastian Bach (1685-1750) a lo largo de este mes y con un hilo conductor específico, Bach en Köthen, que ayuda a comprender bien la dialéctica luterano-calvinista a lo largo de su obra y donde se resalta un concepto que estimo como admirable en la obra de cualquier artista, la obra circular, es decir, a la que cualquier artista recurre a lo largo de sus vida utilizando pasajes que ya se han vivido, escrito, pintado, representado, compuesto y así de forma interminable en la acción de cada autor: “Entre 1717 y 1723, Bach permaneció como Kapellmeister al servicio del Príncipe Leopoldo de Anhalt-Köthen, quien, en palabras del propio compositor, amaba y entendía la música. Este contexto favorable le eximía de componer música religiosa de manera regular, al tiempo que le permitió centrarse en el repertorio instrumental de cámara. De estos años datan algunas de las cimas compositivas que dejarían huella indeleble en la historia de la música: las Partitas para violín, las Suites para violonchelo, las Suites inglesas y francesas, el primer volumen de El clave bien temperado y la Fantasía cromática y fuga, además de los Conciertos de Brandeburgo. También en esta ciudad sajona alcanzaría Bach la felicidad emocional al contraer nupcias con su segunda esposa Ana Magdalena el 3 de diciembre de 1721”.

En el concierto del próximo miércoles, Luis Gago, crítico musical y traductor, autor en este caso del excelente programa de mano de este ciclo, afirma en ese sentido circular que en relación con las dos suites de Bach, Johann Sebastian Bach (1685-1750), la Suite francesa nº 6 en Mi mayor BWV 817 (Concierto para dos claves en Do menor BWV 1060) y la Suite francesa nº 5 en Sol mayor BWV 816 (Concierto para dos claves en Do mayor BWV 1061, interpretados por Alexander Melnikov y Olga Pashchenko, “Bach, amén de un creador supremo de nueva música, fue un constante reciclador o adaptador de piezas ya compuestas. Hay casos extremos de metamorfosis, como la “Sinfonía” inicial de la Cantata BWV 29, construida toda ella a partir del “Preludio” de la Partita nº 3 para violín solo, que cumple las veces de célula a cuyo alrededor va creciendo el tejido orquestal. En el ánimo de Bach debían de pesar tanto consideraciones puramente prácticas, o la simple premura de tiempo para terminar una composición a tiempo, como el aprecio que sentía por páginas concretas y que, por tanto, no quería relegar al olvido. Hay que tener siempre muy presente que, en vida del compositor, solo se imprimió una parte ínfima de su producción, por lo que muchas de sus partituras nacían condenadas a interpretaciones casi siempre únicas o coyunturales. Pensemos, por ejemplo, en los Conciertos de Brandeburgo, uno de los frutos señeros de sus años de Köthen”. Esta afirmación la hace, en el caso de la Suite nº 6, cuando se refiere a la Giga: “La ligereza es aplicable incluso a la “Gigue”, en la que Bach no renuncia a la imitación a la octava entre ambas manos, pero sí a las respuestas fugadas y los juegos contrapuntísticos en espejo de muchas de las gigas de las dos colecciones. Años después, Johann Philip Kirnberger citaría esta “Gigue” como un ejemplo de cómo componer el movimiento de una sonata concebido como la variación de una pieza ya existente”.

Me he detenido expresamente en este “detalle” de la “composición circular” de Bach, porque aprecio mucho este fenómeno en todas las artes, tal y como lo he escrito en diversas ocasiones en este blog: “Mirando por el retrovisor de este cuaderno digital, tomo conciencia de que llevo más de quince años escribiendo artículos, con paciencia turca, unos detrás de otros, ya camino de dos mil, a veces copiando lo que ya he dicho, reafirmando mi pensamiento circular que lo envuelve todo. Siempre vuelven a mi inteligencia particular unas palabras del Premio Nobel de Literatura en 2006, Orhan Pamuk, cuando nos explicó qué significaba en su vida un dicho de su tierra con un valor especial: “escribir es como cavar un pozo con una aguja”, expresión fantástica a la que dediqué un artículo con motivo de la celebración del Día Internacional del Libro en el año 2017. En aquella ocasión dediqué aquellas palabras a las personas que desde que abrí por primera vez este cuaderno digital, en diciembre de 2005, se acercan a este cuaderno de inteligencia digital para buscar islas desconocidas, a cuantos sienten el placer de leer libros y palabras unidas en otros formatos, que dan sentido a sus vidas; a quienes descubren el sentido de la existencia a través de autores concretos, a las personas que se sienten acompañadas por libros de cabecera que nunca les abandonan, a quienes confían en que quienes escriben tienen la paciencia turca de cavar pozos con una aguja, porque solo desean transformar la realidad poco a poco para poder soportarla. Hoy, sigue teniendo el mismo valor esta dedicatoria, que reafirmo en todos sus términos. Después de muchos años de oficio vital, creo que comprendí qué significa escribir cuando leí a Pamuk en su memorable discurso en el acto de recepción del premio Nobel: “[…] el secreto del escritor no es la inspiración, pues nunca se sabe de dónde viene, sino la obstinación y la paciencia. Hay una hermosa expresión turca, “cavar un pozo con una aguja”, y a mí me parece que fue inventada pensando en nosotros, los escritores. Para mí, ser un escritor significa observar con atención las heridas que llevamos dentro, sobre todo las heridas secretas de las que no sabemos nada o casi nada, descubrirlas con paciencia, estudiarlas y sacarlas a la luz para luego asumirlas y hacer de ellas una parte consciente de nuestra escritura y nuestra identidad. Ser escritor es hablar de cosas que todos conocen sin saberlo. Descubrir este conocimiento, desarrollarlo y compartirlo, ofrece al lector el placer del asombro en el recorrido de un mundo que le es familiar”.

Con el hilo conductor de transmitir una idea circular en este blog desde su primer día de vida literaria, vuelvo a utilizar aquellas palabras cuando escribo hoy sobre Bach y su “aprovechamiento” continuo de retazos de sus obra escrita en otras composiciones, salvando lo que debo salvar simplemente por la actualización temporal, aspecto de forma que no de fondo, recordando a José Manuel Blecua, ex director de la RAE, cuando dijo en una ocasión que al escribir copiamos siempre de los autores que hemos leído a lo largo de nuestra vida y nos han marcado. En esta ocasión, lo hago copiando de mí mismo, porque estos siguen siendo mis principios y, si no gustan, no tengo otros, separándome por un momento de mi admirado Groucho Marx. En un tiempo en el que se arrojan valores por la ventana desde nuestro vehículo vital, vuelvo a hacer una declaración de principios sobre por qué escribo en este blog, en una etapa de jubilación en la que sigo asumiendo, cada día que pasa, que lo nuestro es pasar, con ardiente impaciencia personal y social, sabiendo que ahora tengo un compromiso intelectual con la sociedad en la que vivo».

Volviendo de mi corazón a mis asuntos de hoy, estimo que la exposición de Luis Gago sobre este ciclo es una mezcla de erudición y reconocimiento explícito de la gran obra de Johann Sebastian Bach, a pesar de la carencia de fuentes documentales sobre este autor. De ahí el interés de la carta que da comienzo al programa, dirigida por Bach a su “Muy Distinguido Señor” y amigo por encima de todo, Georg Erdmann, el 28 de octubre de 1730, desde Leipzig, porque resalta en ella la trazabilidad auténtica de la vida del extraordinario compositor, al que podremos escuchar el próximo miércoles en Fundación Juan March. Es un acontecimiento cultural extraordinario y no olviden, por favor, la lectura de la carta citada. Es una joya bibliográfica para conocer la vida y obra, en síntesis, del gran compositor alemán, autor también de una obra que conservo en mi mente y en corazón, Los conciertos de Brandenburgo, que ya he citado en diversas ocasiones en este cuaderno digital. Escúchenlos también, porque no les defraudarán y porque en ellos también se hizo patente su composición circular en tiempos de Köthen.

NOTA: la fotocomposición de cabecera está realizada sobre dos imágenes tomadas hoy del programa de mano del ciclo Bach en Köthen, organizado por la Fundación Juan March para este mes de octubre de 2021.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

El otoño de Luis Cernuda abre sueños

Sevilla, 16/X/2021

Suelo refugiarme en la poesía en este equinoccio de otoño, tan equitativo entre el día y la noche. Lo vuelvo a afirmar sin ambages: para Cernuda el otoño era un sentimiento que se debe escuchar siempre mucho más fuerte que el viento porque, siguiendo a Alberti, si el otoño no tiene sentimiento es sólo eso, una palabra de cinco letras: Sentimiento, pensamiento. / Que se escuche el corazón más fuertemente que el viento. / Libre y solo el corazón más que el viento. / El verso sin él no es nada. / Sólo verso. Además, había nacido en esta estación. Recuerdo ahora que el año pasado, por estas fechas, se difundió una noticia paradójica sobre el descubrimiento de tres proyectiles de la guerra civil en su casa natal, aquí en Sevilla, en la calle Acetres, en las tareas de limpieza que se estaban llevando a cabo después de muchos años de abandono desde que, finalmente, fue adquirida por el Ayuntamiento de Sevilla, salvándola de la especulación inmobiliaria y del olvido, entregándola a la ciudad para un fin estrictamente cultural y vinculado con el autor. Todo un símbolo. Una casa que siempre la pensó y sintió Cernuda para la paz, nunca para la guerra. En ella vivió hasta 1914, año en que se trasladó la familia a una casa en el Porvenir tras el fallecimiento de su padre y, posteriormente, a la de la calle Aire, última residencia del poeta.

Si vuelvo de nuevo a encontrarme con Luis Cernuda en esta estación es para conocer mejor qué pensaba de ella y a través de ella. En Ocnos, título que encontró en Goethe, como “un personaje mítico que trenza los juncos que han de servir como alimento a su asno”, como símbolo del tiempo que todo lo consume, o del público igualmente inconsciente y destructor”, dedica una reflexión intimista, la tercera, al otoño en su tierra, que la vuelvo a leer de forma pausada con la ilusión y expectativa de la primera vez, porque me aporta otra forma de vivir con encanto esta estación tan mágica y controvertida:

Encanto de tus otoños infantiles, seducción de una época del año que es la tuya, porque en ella has nacido.

La atmósfera del verano, densa hasta entonces, se aligeraba y adquiría una acuidad a través de la cual los sonidos eran casi dolorosos, punzando la carne como la espina de una flor. Caían las primeras lluvias a mediados de septiembre, anunciándolas el trueno y el súbito nublarse del cielo, con un chocar acerado de aguas libres contra prisiones de cristal. La voz de la madre decía: “Que descorran la vela”, y tras aquel quejido agudo (semejante al de las golondrinas cuando revolaban por el cielo azul sobre el patio), que levantaba el toldo al plegarse en los alambres de donde colgaba, la lluvia entraba dentro de casa, moviendo ligera sus pies de plata con rumor rítmico sobre las losas de mármol.

De las hojas mojadas, de la tierra húmeda, brotaba entonces un aroma delicioso, y el agua de la lluvia recogida en el hueco de tu mano tenía el sabor de aquel aroma, siendo tal la sustancia de donde aquél emanaba, oscuro y penetrante, como el de un pétalo ajado de magnolia. Te parecía volver a una dulce costumbre desde lo extraño y distante. Y por la noche, ya en la cama, encogías tu cuerpo, sintiéndolo joven, ligero y puro, en torno de tu alma, fundido con ella, hecho alma también él mismo.

Al igual que el año pasado y el otro y el otro, cuando finalizo su lectura, recupero el sentimiento de otoño que tenía Cernuda, expresado también en otro poema con palabras bellas: Llueve el otoño aún verde como entonces / Sobre los viejos mármoles, / Con aroma vacío, abriendo sueños. / Y el cuerpo se abandona. Me consuela saber que puedo abrir sueños, abandonando todo lo que hoy nos sobra para comprenderlos este otoño, porque el tiempo consume todo lo que ocurre y hay que saber alimentarlo, como sabía hacer Ocnos, el personaje mítico De Goethe que hace muchos años entusiasmó a Cernuda.

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Saramago vuelve para animarnos a vivir a pesar de todo

Sevilla, 15/X/2021

«Hay que vivir aunque sea de cualquier modo, siempre que sea vivir»

Al igual que Terencio decía que nada que fuera humano le era ajeno, ahora me atrevo a decir que todo lo que ha escrito Saramago me entusiasma porque da sentido a mi vida y siento que me pertenece, fundamentalmente porque todos sus escritos, como la ideología que llevan dentro, no son inocentes, sintiéndome muy cerca de ellos. Hago esta reflexión con motivo de la publicación ayer y por primera vez en castellano (como acto previo del centenario de su nacimiento, que se celebrará el año próximo), de la novela iniciática del premio Nobel portugués, La viuda (1), una obra de ficción escrita con 24 años, que el autor califica como “sedimentaria”, cuya sinopsis nos abre interrogantes profundos sobre una realidad de la mujer que, pasados los años desde su concepción, no ha perdido la frescura de sus palabras: “Tras la muerte de su marido, Maria Leonor, madre de dos hijos, se siente abrumada ante las dificultades para administrar su hacienda en el Alentejo, las expectativas de la sociedad y el férreo control de su entorno. Después de unos meses sumida en una profunda depresión, decide finalmente afrontar su responsabilidad como propietaria de las tierras, pero su corazón está atormentado por un pecado secreto: a pesar del duelo, su deseo no se ha apagado. Entre cavilaciones sobre la esencia del amor, el paso del tiempo y los deslumbrantes cambios en la naturaleza, la joven viuda pasa las noches en vela, espiando los amores de sus criadas y padeciendo la soledad. Hasta que dos hombres muy distintos irrumpen en su vida y su destino se tambalea inesperadamente. Escrita en 1947, La viuda es la primera novela del autor, que vio la luz en Portugal con el título de Terra do pecado por decisión del editor. Hoy, cuando se cumple el centenario del autor, se publica por primera vez en español, respetando su título original, esta historia escrita por un joven José Saramago, que anticipa el gran escritor que todos conocemos. En ella está ya presente su personal forma de mirar el mundo y algunas de las características de sus novelas más aclamadas: la extraordinaria fuerza narrativa y un personaje femenino inolvidable”.

Esta novela, según cuenta el propio autor a título de “advertencia”, no le proporcionó derecho alguno y tuvo que aceptar que le cambiaran el nombre propuesto, La viuda, por Tierra de pecado, con el que finalmente se publicó: “el título del libro, sin atractivo comercial, sería sustituido. Tan poco acostumbrado estaba nuestro autor a tener unos cuartos de sobra en el bolsillo y tan agradecido a Manuel Rodrigues por la arriesgada aventura en la que se iba a meter que no discutió los aspectos materiales de un contrato que nunca fue más allá de un simple acuerdo verbal. En cuanto al título rechazado, consiguió susurrar que buscaría otro, pero el editor se adelantó, que ya lo tenía, que no pensase más. La novela se llamaría Terra do pecado. Aturdido por la victoria de ser publicado y por la derrota de ver cambiado el nombre de ese otro hijo, el autor bajó la cabeza y se fue de allí a anunciar a la familia y a los amigos que se le habían abierto las puertas de la literatura portuguesa. No podía adivinar que el libro acabaría su poco lustrosa vida en parihuelas. Realmente, a juzgar por lo visto, el futuro no tendría mucho que ofrecer al autor de La viuda”.

El futuro sí le ofreció un reconocimiento humano y profesional a José Saramago, simbolizado con la entrega del premio Nobel de Literatura en 1998. Muchos años después, María Leonor, la viuda, nos enseña a vivir aunque sea de cualquier modo, siempre que sea vivir dignamente. Necesitamos, ahora más que nunca, recordar esta máxima, cuando estamos saliendo, afortunadamente, de un túnel que nos dejaba, hasta hace muy poco, ciegos ante la vida.

(1) Saramago, José, La viuda, 2021. Madrid: Alfaguara.

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CIVIO y la transparencia de los Presupuestos Generales del Estado para 2022

Fundación CIVIO

«Cuanto vale se ignora y nadie sabe / ni ha de saber de cuánto vale el precio»

Antonio Machado (1875-1939), Nota manuscrita en unos papeles perdidos

Sevilla, 14/X/2021

La verdad es que ignoramos cuánto valen las cosas públicas, mucho más por los años que llevamos instalados en la corrupción pública a todos los niveles, donde todo necio confunde valor y precio. También, por la falta de transparencia real y efectiva para conocer el recorrido completo del presupuesto, gasto y evaluación del dinero público, una tríada capitolina para el empoderamiento auténtico de la población. Una vez más acudo a la Fundación CIVIO, que ya he citado en diversas ocasiones en este cuaderno digital, para intentar comprender bien que significa el Proyecto de Presupuestos Generales del Estado para 2022: “Como pasa cada año, su complejidad y el formato de publicación no facilitan su consulta. Por eso, mientras el proyecto pasa el filtro de las Cortes Generales, te lo mostramos de forma visual e interactiva para que puedas explorarlos fácilmente, incluso sin conocimientos previos. Como hacemos desde 2011. Aquí no solo podrás explorar en detalle cada partida de la propuesta de ingresos y gastos del Gobierno de coalición. También comparar con todos los presupuestos anuales desde 2007, para comprobar la evolución de cada programa de gasto y de cada partida. Por ejemplo, para saber si las prestaciones a desempleados suben o bajan”.

Mi reconocimiento a la Fundación y a su co-director, David Cabo, así como a todos los miembros de la misma, es continuo, público y notorio desde que tuve la oportunidad de entrar en contacto con él en 2013 para preparar la transparencia del presupuesto de la Comunidad Autónoma de Andalucía para el año siguiente y la accesibilidad digital al mismo, preocupado como administrador público por la transparencia pública digital. Lo he manifestado en muchas ocasiones a lo largo de mi vida profesional como administrador público: la transparencia es el resultado siempre de una estrategia digital que nace de una política digital adecuada de las Administraciones Públicas. La política digital transparente es aquella que transmite las acciones de gobierno de forma “clara, evidente, que se comprende sin duda ni ambigüedad”, tal y como define la Real Academia Española la cualidad de transparente, es decir, la transparencia. Es verdad, porque el marco en el que se tiene que desenvolver la política digital de los Gobiernos progresistas que la desarrollen, es el de la transparencia que se comprende en sí misma, que algunos viven (sin hacer esta política) como un castigo divino, cuando debía ser la quintaesencia de cualquier acción política democrática. No solo es el resultado final de un camino legal, que también lo es, sino una actitud política de gobernanza que ampara los datos públicos masivos que posee en sus servidores gracias a la interrelación con la ciudadanía, a quien sirve y de la que se retroalimenta. La transparencia no es solo el objeto de una ley o un portal específico, sino una actitud pública mantenida en el tiempo, para que la accesibilidad a los datos digitales sea una constante en alta disponibilidad, gracias a una clara y rotunda política digital de carácter sustantivo, con visión de Estado y con una proyección hacia el Estado de las Autonomías, cruzada permanentemente por una transversalidad digital de amplio espectro que solo se consigue con políticas y estrategias digitales progresistas, avanzadas, que trabajan siempre en clave de interoperabilidad integral, sin fronteras atómicas que lo impidan.

La situación actual en nuestro país es una muestra de que el acceso al conocimiento real y sustantivo de lo que nos ocupa hoy, el Proyecto de Presupuestos Generales del Estado para 2022, no es tarea fácil, es más, la considero de una dificultad extrema. Es sorprendente constatar que la infraestructura digital instalada en la actualidad a lo largo y ancho del país, que no implantada, por las diferentes Administraciones, con idénticas finalidades aunque no es lo mismo, forman a veces una torre de babel digital de imposible interrelación y acceso. No solo es un claro derroche de dinero público, sino algo mucho peor. Se dilapida cada segundo la interrelación e interoperabilidad de datos masivos compartidos y transparentes que podrían suponer una información y servicios a la ciudadanía de un valor incalculable y solo porque no se toman medidas de política digital compartida, sustantiva, desde la perspectiva legal de Estado. Es lo que permitiría llevar a cabo la evaluación de las políticas públicas por parte de la ciudadanía, entendida como la capacidad que tiene y se le transfiere mediante empoderamiento digital para emitir juicios bien informados. Así aprendí de Carol Weiss (1) la importancia y transcendencia de la evaluación de los programas y las políticas públicas cuando tienen un marco de transparencia esencial que se encuentra en los datos públicos masivos que obran en su poder, llamado “servidores oficiales”.

Lo manifesté en 2016 en este cuaderno digital y lo reitero hoy con ocasión de la transparencia que nos ofrece CIVIO para comprender bien el Proyecto de Presupuestos Generales del Estado para 2022: “Un ejemplo de transparencia que tiene el sustento de los datos públicos masivos, vale más que mil palabras. Sé que el Presupuesto del Estado y de las Comunidades Autónomas maneja términos diseñados a veces por el enemigo, pero conozco casos muy emblemáticos y didácticos para comprenderlo. Pongo el ejemplo del trabajo que realiza actualmente en España la Fundación CIVIO con algunas Comunidades Autónomas que se están situando cada vez más en clave de Gobiernos abiertos y transparentes, a través de la herramienta basada en la aplicación de los Presupuestos Abiertos de Aragón que Aragón Open Data ha abierto al uso público y que recomiendo analizar con detalle respecto de Andalucía, por ejemplo, donde se muestra y demuestra con creces que cuando hay voluntad política de difundir un Presupuesto es posible hacerlo”. Conozco a David Cabo, trabajador incansable a favor del conocimiento accesible y libre, Patrono Fundador y co-director de la Fundación, porque como manifesté anteriormente, en 2013 trabajé con él con mucha ilusión por incorporar esta herramienta en Andalucía, solución que finalmente no se llevó a cabo, con gran decepción por mi parte.

Es muy importante entrar en esta página web de la Fundación CIVIO para comenzar a comprender bien las bases presupuestarias que asientan o no la democracia en este país y los pilares económicos, no inocentes por cierto, que la sustentan a partir de una pregunta transcendental, ¿Dónde van mis impuestos?, con tres proyecciones políticas esenciales, Ingresos, ¿Cómo se gasta? Y ¿En qué se gasta? Acceder a todos los datos es posible y CIVIO nos ofrece esta oportunidad de emitir juicios bien informados, la base de toda evaluación que debemos hacer como ciudadanos responsables. Creo que se comprende bien por qué la transparencia basada en los datos públicos masivos correctamente utilizados, como este Proyecto de Presupuestos Generales del Estado para 2022, se convierte en un claro objeto de deseo que se puede alcanzar si se implantara en este país una política digital con visión de Estado y con una proyección democrática y de coparticipación en el ecosistema público digital de las Comunidades Autónomas.

Entren y vean. Le aseguro que les encantará haberlo hecho. Comprobarán a partir de ahora que el Presupuesto de este país, como el de la Comunidad en la que cada uno reside, puede y debe ser cosa de todos. Gracias CIVIO, gracias David, por hacerlo posible.

(1) Weiss, C.H. (1998). Evaluation. Methods for studying programs and policies. New Jersey: Prentice Hall.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Las diez y ocho minutos: «carpe diem», hoy comienza todo

Carpe Diem: Vivid el momento. Coged las rosas mientras aún tengan color pues pronto se marchitarán. La medicina, la ingeniería, la arquitectura son trabajos que sirven para dignificar la vida pero es la poesía, los sentimientos, lo que nos mantiene vivos.

Sevilla, 13/X/2021

Es sólo una curiosidad que encierra un mensaje. Los relojes que vemos en los anuncios europeos y japoneses, sobre todo, marcan siempre cuatro horas “comerciales”, aunque hay alguna más que explico a continuación: las diez y diez, como “la hora feliz” en el mundo de la publicidad y la posición más extendida en el mundo de la relojería, porque no interfiere marcas, calendarios ni señales adicionales en las esferas de cada reloj y en sus diferentes formatos; las diez y nueve minutos (en algunas marcas, a modo de rebeldía o signo de identidad comercial exclusivamente), las diez y ocho minutos o diez y cincuenta y ocho minutos, según sean en este último caso relojes analógicos o digitales, respectivamente, europeos o japoneses, que para mí reflejan en los dos últimos casos el mejor homenaje a la cultura de un pueblo, el japonés, por el simbolismo que encierra el número ocho (hachi / yattsu), que significa “el comienzo”, siendo para ellos en su cultura milenaria el número de la buena suerte. Y una cosa más, que diría Steve Jobs y todavía hoy sigue diciendo Tim Cook, su sucesor en la presidencia de Apple, en los actos de presentación de las novedades de Apple cada año en el mes de septiembre: los teléfonos de Apple marcaban en su primera andadura las 9:42, porque en ese instante temporal Steve Jobs anunció y presentó al mundo en 2007 el teléfono iPhone en la primera generación de su larga historia. Cuando se presentó el iPad en 2010, se adelantó un minuto esa hora, dejándola en las 9:41. Así hasta hoy en sus últimas versiones. En fechas más recientes, Apple ha asumido en sus campañas publicitarias y en las imágenes de promoción el concepto de “hora feliz”, las 10:09 en su caso, al incorporar esferas analógicas a sus icónicos Watch, presentados por primera vez el 9 de septiembre de 2014, dejando en el olvido aquel homenaje a Steve Jobs, simbólico, en los relojes, pero conservándolo en los iPhone, iPad y demás familia. Una vez más, las leyes del mercado no perdonan.

Los que hemos crecido en torno a unas películas de culto como El último tren de Gun Hill y Solo ante el peligro, recordamos con precisión de reloj suizo, la de las diez y diez exactamente, las esperas interminables de Gary Cooper y Kirk Douglas en escenas de cuenta atrás horaria de estación de tren, que nunca he olvidado. Cuando cada día vuelvo de mi corazón a mis asuntos y salgo del andén de espera vital donde siempre me acuerdo de relojes famosos, sigo buscando las razones que todos deseamos tener para escudriñar mejor el revés y el derecho de nuestras vidas, solos muchas veces ante el peligro y con el riesgo de que llegue a hora exacta el último tren de Gun Hill… o Hadleyville, que siempre llega, gracias a personas que como Matt Morgan o Will Kane saben esperar horas interminables para levantarse ante el silencio cómplice de determinadas personas (todos no somos iguales) en las diferentes situaciones de Estado que estamos atravesando, cuando ese famoso tren de la esperanza después de la pandemia sale del largo túnel que todos hemos atravesado. Salvando lo que haya que salvar, al buen entendedor con pocas palabras basta.

Pongo ahora mi despertador vital a las 10:08, cuando escribo estas líneas, sobre la página en blanco como el color de mi esfera, porque sé que el número ocho es el símbolo del comienzo de todo, en el sentido que ya he expresado en este cuaderno digital en muchas ocasiones al referirme a una película que guardo en mi filmoteca de secreto, Hoy comienza todo, dirigida por un gran maestro del cine francés, Bertrand Tavernier, sobre un guion de Dominique Sampiero, que leí completo en su día para comprender bien su hilo argumental. El cine de calidad nunca es inocente, porque es la interpretación de una realidad más próxima de lo que parece. Cuando vemos una película contenemos la respiración, al igual que en mis años jóvenes en Madrid, cuando vi las dos citadas anteriormente, El último tren de Gun Hill y Solo ante el peligro. Todos nos enfrentamos a este momento en un cuerpo a cuerpo. Cuando encontramos las mejores historias, un gran corazón late, se alarma, va más despacio, sale de la sala cinematográfica con el deseo de seguir creyendo en un mundo diferente que todavía es posible. Todos los rostros miran en la misma dirección. Este impulso es el que aspiramos a que nos acompañe siempre, porque es el que nos permite descubrir y alimentar cualquier microhistoria saludable. ¿Saben por qué? Porque como decía el autor de la obra sobre la que está basada la película de Tavernier, aunque hoy comience todo, en verdad, todo se parece al amor digno que nos conmueve, es decir, que nos perturba, inquieta, altera, que nos provoca situaciones placenteras que consuelan a nuestra persona de secreto con fuerza y eficacia, afectando de lleno los sentimientos y emociones. Al fin y al cabo, porque aspiramos siempre a descubrir nuestra mejor historia que siempre lleva su tiempo dentro, quizás a las diez y ocho minutos de una mañana especial de mi vida, la “hora feliz” de aquel día inolvidable para mi alma de secreto.

He jugado hoy con el símbolo del tiempo que se fija en los relojes, casi siempre de la misma manera, aunque la realidad es que siempre huye, tempus fugit. Cuando el actor Robin Williams subió a su cielo particular en 2014, escribí unas palabras que estoy seguro que podría compartir hoy con Tavernier hablando de su película Hoy empieza todo, porque cuando todo comienza cada día estamos dando rienda suelta a cada “carpe diem” particular, que nunca se refleja en las esferas de los relojes de nuestra vida: “[Carpe diem] Era lo que John Keating/Robin Williams intentaba transmitir a sus alumnos desde la primera clase: que amaran el tiempo real de cada uno, cada momento, porque nada se repite, porque nadie se baña dos veces en el mismo río. A través de la poesía, porque siempre que se crea y piensa en algo, se puede dar el énfasis que cada persona necesita en su momento personal e intransferible y así se rompen esquemas. Esa es su verdadera razón, que Juan Ramón Jiménez también nos transmitió de forma excelente: amor y poesía, cada día. Además, la libertad debe estar presente en esta acción poética. Él se lo enseñó a los cuatro alumnos que copiaron su experiencia vital: crear un nuevo Club de los poetas muertos, amando la transgresión de la vida cuando sus pilares se tambalean, tal y como está sucediendo en la actualidad. Ellos decidieron apostar por la libertad personal y colectiva frente a los cuatro pilares de su colegio: tradición, honor, disciplina y excelencia. El desenlace de la película es conocido y doloroso. Al final, como a casi todas las personas que introducen cambios en la vida, en la sociedad, se las expulsa de la misma, con silencios cómplices. No es de extrañar que todos los alumnos firmaran la expulsión del profesor Keating. Un final, salvando lo que hay que salvar, que tiene un parecido extraordinario con los planos finales de La lengua de las mariposas, en el momento que los alumnos tiran piedras a su profesor, D. Gregorio, que tanta felicidad les había proporcionado, en un silencio cómplice desolador ante la cordada de presos”.

Les aseguro que hoy ha comenzado todo, también, a las 10:08 horas que marcaba mi reloj Casio, con su esfera blanca como la nieve, como mi página en blanco antes de escribir estas líneas, recordándome Tavernier las palabras del profesor Keating y la ardiente impaciencia de Matt Morgan y Will Kane, mirando todos el reloj que marcaba a cada uno la hora más importante y feliz en sus vidas.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Luis de Pablo puso música a la Gruta de las Maravillas

Lo que hacemos, bueno o malo, es representativo, y no hay que ir más allá. Los artistas proponen espejos a los hombres, grandes o pequeños, y un código ético distinto. Por eso somos a veces, en frase de León Felipe, «el payaso de las bofetadas».

Luis de Pablo, en un acto de presentación de un libro dedicado a él, en Madrid, en 1980

Sevilla, 11/X/2021

Desde mis años jóvenes, siempre me acompañó en sucesivas visitas a la majestuosa Gruta de las Maravillas, en Aracena (Huelva), una sonorización continua que compuso expresamente para este enclave el compositor Luis de Pablo, que falleció ayer en Madrid y al que quiero dedicar estas palabras como un sencillo homenaje póstumo y por lo que ha supuesto en mi vida. En el año 1977, se publicó en el diario El País, una entrevista al compositor, en la que detallaba cómo había llevado a cabo la sonorización de la Cueva de las Maravillas [sic] por encargo del Ayuntamiento que pensaba convertirla, además, de una original creación electrónica para la cueva en una obra orquestal.: “[…] Es una obra sobre la cual he trabajado con ganas porque, primero, es bastante distinto a lo corriente, hacer música con destino a una cueva, para acompañar la visita turística a la misma y, segundo, porque cuando yo era mucho más joven hice bastante espeleología. Y me interesaba mucho. Por eso, lo de hacer música para una cueva me parece muy bien. La obra se titula La cueva de Aracena y yo la subtitulo Tinieblas del agua, ya que, en realidad, eso es prácticamente la base sonora de la obra. A su vez, esta obra que es de una cierta envergadura—pasa de los 40 minutos, más o menos, lo que viene a durar el paseo— me ha sugerido una idea, digamos un tanto extraña, pero que voy a llevar a cabo”.

Continuaba exponiendo en la citada entrevista que la citada transcripción de una obra electrónica a orquesta sinfónica tradicional, que según él era algo así como hacer la cuadratura del círculo, se había convertido en algo bastante difícil de componer. La obra entregada al Ayuntamiento de Aracena, la composición electrónica, se resumía en lo siguiente: “Entrego dos cintas, original y copia para que tengan dónde disponer. En una cinta lo más sólida posible para que admita audiciones indefinidas. Además, en el caso de que hubiera algún accidente siempre me podrían pedir a mí una copia. La música está realizada en mi propio estudio. Yo tengo un pequeño estudio de música electrónica, aunque la última mezcla, el master, suelo realizarla en los estudios de Hispavox, que, claro, dan una calidad como para hacer un disco”.

Luis de Pablo estaba muy contento con su obra final orquestal inspirada en el encargo para la Gruta de las Maravillas: “[…] porque he empleado una serie de artilugios técnico-musicales, o técnico-expresivos nuevos para mí, y que creo pueden tener consecuencias interesantes en lo referente a la transcripción de orquesta”. Esta obra se ha interpretado en el mundo y la Cueva de las Maravillas ha sido conocida a nivel mundial por la sinfonía orquestal que finalmente se estrenó en Metz (Francia) en 1978 (1), derivando posteriormente en el Concierto nº 1 para piano y orquesta, estrenado en 1980 por Claude Heiffer y la Orquesta de la RTVE dirigida por Jacques Mercier.

Hoy he recordado a Luis de Pablo por esta experiencia musical que guardo en la banda sonora de mi vida. A Aracena, su Gruta y a Fuenteheridos, los llevo siempre en el corazón. Gracias, Luis de Pablo, por haber musicado una parte de mi vida. Desde tu cielo particular, sé que recuerdas también aquella conversión musical electrónica a orquestal para que todo el mundo pudiera disfrutar tus Tinieblas del Agua, porque al igual que la luz de Moguer, según Juan Ramón Jiménez, llevaba su tiempo dentro, en Aracena sigue estando aquella oscuridad acuática en lo más profundo de la Gruta de las Maravillas.

(1) López Estelche, Israel, Luis de Pablo: vanguardias y tradiciones en la música española de la segunda mitad del siglo XX, 2013, Tesis doctoral: Universidad de Oviedo: Oviedo, p. 107.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Daños de la pandemia: sociedad expulsada y derecho a ingresos

Sevilla, 9/X/2021

El pasado miércoles, 6 de octubre se presentó en Madrid, por parte de Cáritas y la Fundación FOESSA (Fomento de Estudios Sociales y de Sociología Aplicada), el informe Sociedad expulsada y derecho a ingresos, donde se analiza el alcance de la pandemia en la cohesión social en España, con datos bastante preocupantes que se resumen en una frase: 11 millones de personas se encuentran en situación de exclusión social en España, seis millones de ellas se encuentran ya en exclusión severa, lo que ocasiona un empeoramiento generalizado de los niveles de integración para el conjunto de la población.

En su editorial se señala que “Esta crisis sanitaria ha dejado tras de sí una profunda huella. Más allá del esperable incremento de la exclusión y la pobreza, el resultado más grave se traduce en el ensanchamiento de la exclusión social, sobre todo entre aquellas personas y familias que acumulan más dificultades de integración. Este proceso supone un vertiginoso incremento de la exclusión social más severa en un periodo de poco más de un año y medio. Este considerable aumento del segmento más grave de la exclusión supone que dos millones de personas se han sumado a los cuatro millones que habitaban este espacio social antes de la llegada de la pandemia. Esta tendencia nos advierte de que, aunque durante las crisis se produce un rápido incremento de la exclusión, la posterior llegada de periodos de recuperación y crecimiento económico no suponen un rápido descenso de dichos niveles de exclusión. Por lo que en las últimas décadas se ha constado que la facilidad para caer en la exclusión cuando hay crisis se transforma en dificultad para salir de ella incluso en los periodos de bonanza. Una realidad que nos recuerda la necesidad de repensar el modelo social y relacional, el modelo económico y de redistribución, así como los valores sobre los que asentar nuestra convivencia, de forma que podamos evitar la cronificación de las situaciones de pobreza y exclusión social”.

Creo que en la transformación del país auspiciada por la salida del túnel de la pandemia, hay que fijar prioridades en la atención a los daños colaterales que ha producido durante este año y medio último, atendiendo a los datos escalofriantes del informe citado y con un impacto directo en la cohesión social del país que hay que atender como emergencia política, en el sentido más puro del término y no confiarlo nada más que a las organizaciones no gubernamentales que vienen atendiendo esta situación desde el comienzo de la crisis sanitaria en este país. En tal sentido, el Informe presenta un avance de resultados en los siguientes ámbitos: un balance general en el que la exclusión social se ensancha, especialmente en su manifestación más severa, generando más desigualdad; el empeoramiento generalizado para el conjunto de la población, con un resultado evidente: menos empleo y más pobreza, la constatación de que ante la crisis, la existencia de un sistema de protección amortigua el impacto y la ausencia de este lo amplifica y que la pandemia tensa las relaciones y las lleva al límite; los impactos de la pandemia y factores novedosos de exclusión social, donde la diferencia no es solo contar o no con empleo, sino la calidad de este, agregando el sempiterno problema, con crisis o sin ella, del derecho a la vivienda que no se cumple, retroalimentándose al mismo tiempo la crisis sanitaria y social. En este contexto, los hogares viven con más tensión desde la pandemia, agregándose una constatación evidente y de la que personalmente soy más sensible: la brecha digital, como un nuevo elemento exclusógeno.

El informe trata también de los colectivos más afectados por el “virus” de la crisis social: familias con menores de edad a cargo, que se convierte en una carga si no hay apoyos, los trabajadores más mayores están más que nunca en la cuerda floja, constatándose de forma evidente que la educación protege, pero cada vez menos, produciéndose también otros impactos, como el de la población de origen inmigrante que ahora, más que nunca, viaja en el último vagón del tren social que sale del túnel de la pandemia y sus consecuencias.

También se aborda unas cuestión que aun habiendo sido vivida en 2020 como una solución bastante justa para evitar la exclusión social, se ha evidenciado que la burocracia ha impedido que miles de familias obtengan los beneficios esperados. Me refiero al Ingreso Mínimo Vital (IMV, establecido por el Real decreto 20/2020 de 29 de mayo), que en el Informe ocupa un lugar destacado como alternativa real y que se mantiene en el tiempo como un sistema de garantía de ingresos, por su constitución como prestación no contributiva que garantiza un nivel mínimo de renta a quienes se encuentren en situación de vulnerabilidad, como son los casos que trata de forma objetiva y veraz este informe. Es muy importante resaltar una vez más en este cuaderno digital, cuando se trata el IMV que se crea como un derecho subjetivo, avalado constitucionalmente (artículo 41), que se convierte a su vez en una prestación más dentro del Sistema de Garantía de Ingresos y en una medida complementaria de la política de lucha contra la pobreza y la desigualdad.

En este contexto y como de lo que se trata no es de radiografiar solo la realidad, que también hay que hacerlo, sino de transformarla, recojo textualmente los datos recogidos en el informe en tal sentido: “Desde que se puso en marcha el Ingreso Mínimo Vital, en junio de 2020, la evolución de las prestaciones que han sido tramitadas muestra una eficacia muy relativa tomando como referencia la provisión inicial de potenciales beneficiarios/as. En su presentación oficial por el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, la cifra de potenciales beneficiarios/as ascendía a 2,3 millones de personas, procedentes de 850.000 hogares, que cumplían con los requisitos de acceso preestablecidos. Desde entonces esta cobertura prevista está aún lejos de su cumplimiento. En total se ha recibido, hasta septiembre 2021, según últimos datos oficiales disponibles, un total de 1.322.904 millones de solicitudes válidas (91,0%), de las que 1.244.029 millones han sido tramitadas (el 94,0%). Del total de expedientes tramitados, tan solo el 27,1% de las solicitudes han sido aprobadas (336.933), frente a siete de cada diez que han sido denegadas (888.458). El 1,5% restante está en proceso de subsanación pendiente de completar alguna información (18.638). Con estos antecedentes, “El total de prestaciones concedidas, según nómina de septiembre de 2021, asciende a 799.203 personas, beneficiando a 315.913 hogares, el 37,2% de los previstos inicialmente, llegando la cuantía media a los 436€ por hogar. La ratio de beneficiarios por prestación es de 2,53 personas”.

Como una imagen vale más que mil palabras, reproduzco a continuación el gráfico que indica la proporción de personas beneficiarias del IMV sobre la población en pobreza severa según comunidad autónoma, donde se puede comprobar que la Comunidad Autónoma a la que pertenezco, Andalucía, sólo alcanza en la actualidad la obtención del IMV a un 20% del total de prestaciones solicitadas en relación con la pobreza severa, porcentaje que se comenta por sí sólo y que debería llevar a al Gobierno a una reflexión sobre las condiciones de solicitud de las mismas, cuestión que aborda el informe en el apartado dedicado al análisis de IMV en la actualidad, al constatarse una cobertura insuficiente y con lagunas específicas entre perfiles, tipos de hogares y situaciones de exclusión social, un desconocimiento muy alto de la existencia de este derecho subjetivo, como bien lo trata el informe: “A la vista de los datos de solicitantes, podemos afirmar que la respuesta social a la medida es, efectivamente, mayor desde el público al que estaba destinada, si bien, por desinformación, frenados por no cumplir los requisitos tan específicos a priori, o por otras cuestiones relacionadas con las dificultades burocráticas y tramitación, solo una cuarta parte de las familias en pobreza severa son solicitantes”.

Por último, se abordan unas conclusiones de las que destaco sobre todo las siguientes:

  • Después de un año y medio, un primer impacto de esta crisis es un empeoramiento generalizado de los niveles de integración para el conjunto de la población. Se está produciendo un deslizamiento de los diferentes estratos de la sociedad hacia situaciones de mayor precariedad y exclusión social. Podríamos describir la situación actual del eje integración-exclusión como una sucesión de estanques y cascadas donde ha habido un trasvase desde la integración plena, que pierde caudal, a la integración precaria, de ahí a la exclusión moderada y, por último, a la exclusión severa, que es el que más crece en volumen. La consecuencia directa de esto es que 11 millones de personas en nuestro país viven en situaciones de exclusión social; son 2,5 millones más que en 2018. Una primera factura en forma de exclusión social y de empeoramiento de las condiciones de vida que están pagando muchas personas con las que convivimos a diario (familiares, vecinos y vecinas) y con las que compartimos sociedad y futuro.
  • El espacio de exclusión social se ha incrementado, donde lo que más ha crecido es el último estanque, el de aquellas situaciones más críticas. Una realidad de exclusión severa que, fruto de la pandemia, ha pasado de afectar a 4 millones de personas en 2018 a los más de 6 millones de la actualidad.
  • El empleo y la de la vivienda, se evidencian como dolencias estructurales de nuestra sociedad y como derechos vulnerados para un gran número de personas independientemente de que el contexto económico sea de crecimiento o de crisis.
  • La dimensión de la salud también ha empeorado tanto en el bienestar y en la exposición a la dependencia, como en la falta de capacidad económica para afrontar las necesidades médica.
  • Si bien el nivel de estudios continúa siendo un elemento protector contra la exclusión cada vez lo es menos, tal y como demuestra el hecho de que la exclusión que más crece es la que se da entre los hogares encabezados por una persona con estudios universitarios.
  • La pandemia sí está erosionando con fuerza la calidad de las relaciones en los hogares, duplicándose el número de aquellos cuyo clima de convivencia presenta dificultades serias.
  • La brecha digital está suponiendo una pérdida de oportunidades en diversos ámbitos como el empleo, la educación, las ayudas de la administración pública o las propias relaciones sociales. Esta situación de desigualdad conlleva la perpetuación y profundización de situaciones de desventaja preexistentes, pero, además se ha impuesto como un nuevo factor de exclusión social causando incluso el alejamiento la posibilidad de una participación plena en la sociedad para las personas y familias que la sufren.
  • La pandemia ha intensificado unas situaciones de exclusión críticas para la población de origen inmigrante, cronificando una clara posición de desventaja que se evidencia en una clara sobrerrepresentación de este grupo en el espacio de la exclusión (38%), y que es aún más marcada en el de la exclusión severa (65%).
  • Más de dos tercios de los hogares en pobreza severa no lo han solicitado (el 67,8%). Es importante resaltar también que un 6,2% de hogares lo han intentado, pero han encontrado barreras para realizar el trámite de forma presencial o telemáticamente. Finalmente, tan solo el 25,9% de los hogares en pobreza severa han conseguido realizar el trámite con éxito. Un 15,6% lo ha solicitado telemáticamente y un 10,3% de forma presencial.
  • Es preciso y urgente corregir las principales trabas del acceso al Ingreso Mínimo Vital, que excluye a determinados hogares y personas que mejorarían sus condiciones de vida si tuviesen esta prestación, siendo introducidas algunas modificaciones en su normativa actual, y reconociendo que este instrumento de protección social constituía una necesidad y una demanda previa a la llegada de la crisis sanitaria.

Creo que desde este cuaderno digital se puede expresar lo que significa el compromiso intelectual escribiendo sobre estas realidades sociales como la desarrollada hoy en este artículo, algo necesario e imprescindible. El citado compromiso al escribir hoy lo entiendo como el cuestionamiento de la existencia de uno mismo al servicio de lo estrictamente personal, es decir, el trabajo permanente en clave de autoservicio, así definido e interpretado, para romper moldes y preguntarnos si lo importante es salir del pequeño mundo de confort que nos rodea y mirar alrededor, como signo de capacidad intelectual extraordinaria que muchas veces, desgraciadamente, no está al alcance de cualquiera. La pre-programación de la preconcepción, en clave aprendida del profesor Ronald Laing, es una tábula rasa sobre la que se elabora y encuaderna el libro de instrucciones de la vida. Y por lo poco que se sabe al respecto, quedan muchos años para descifrar el código vital, el llamado código genético de cada cual, personal e intransferible, mejor que el carnet de identidad al que lo hemos asociado culturalmente por la legislación vigente, mucho más atractivo que el de da Vinci, aunque ahora sea menos comercial. Afortunadamente. La conclusión es que estamos mediatizados por nuestro programa genético y por nuestro medio social en el que crecemos. Todos somos “militantes” en potencia, con y sin carnet, dependiendo de sus aprendizajes para comprometernos con la vida. Militar en vida, esa es la cuestión.

La segunda vertiente a analizar es la del compromiso. Siempre lo he asociado con la responsabilidad social, porque me ha gustado jugar con la palabra en sí, reinterpretándola como “respuestabilidad”. Ante los interrogantes de la vida, que tanta veces encontramos y sorteamos, la capacidad de respuestabilidad (valga el neologismo temporalmente) exige dos principios muy claros: el conocimiento y la libertad. Conocimiento como capacidad para comprender lo que está pasando, lo que estoy viendo y, sobre, todo lo que me está afectando, palabra esta última que me encanta señalar y resaltar, porque resume muy bien la dialéctica entre sentimientos y emociones, fundamentalmente por su propia intensidad en la afectación que es la forma de calificar la vida afectiva. Libertad, para decidir siempre, hábito que será lo más consuetudinario que jamás podamos soñar, porque desde que tenemos lo que llamo uso de razón científica, nos pasamos toda la vida decidiendo. Por eso nos equivocamos, a mayor gracia de Dios, como personas que habitualmente tenemos miedo a la libertad, acudiendo al Fromm que asimilé en mi adolescencia, pero que es la mejor posibilidad que tenemos de ser nosotros mismos. Esta simbiosis de conocimiento y libertad es lo que propiciará la decisión de la respuesta ante lo que ocurre. Compromiso o diversión, en clave pascaliana. Y mi punto de vista es claro y contundente. Cuando tienes la “suerte” de conocer el dilema ya no eres prisionero de la existencia. Ya decides y cualquier ser inteligente se debe comprometer consigo mismo y con los demás porque conoce esta posibilidad, este filón de riqueza. Aunque nuestros aprendizajes programados en la Academia no vayan por estas líneas de conducta. Cualquier régimen sabe de estas posibilidades. Y cualquier régimen, de izquierdas y derechas lo sabe. Por eso lo manejan, aunque siempre me ha emocionado la sensibilidad de la izquierda organizada. Por eso me aproximé siempre a ella, porque me dejaban estar sin preguntarme nada. Intuían la importancia del descubrimiento de la respuestabilidad. Había inteligencia y compromiso activo. Seguro. Pero con un concepto equivocado como paso previo: la militancia de carnet. Craso error. Antes las personas, después la militancia. No al revés, que después vienen las sorpresas y las llamadas traiciones como crónicas anunciadas.

Una tercera cuestión en discusión se centra en el adjetivo del compromiso: intelectual y, hablando del grupo organizado o no, de los “intelectuales”. De este último grupo, líbrenos el Señor, porque suele ser el grupo humano más lejano de la sociedad sintiente, no la de papel cuché o la del destrozo personal televisivo. Un intelectual es concebido como un ser alejado de la realidad que se suele pasar muchas horas en cualquier laboratorio de la vida y de vez en cuando se asoma a la ventana del mundo para gritar eureka a los cuatro vientos, palabra que no suele afectar a muchos porque nace del egoísmo de la idolatría científica. Por eso hay que rescatar la auténtica figura de las personas inteligentes que ponen al servicio de la humanidad lejana y, sobre todo, próxima su conocimiento compartido, su capacidad para resolver problemas de todos los días, los que verdaderamente preocupan en el quehacer y quesentir diario. Cada intelectual, hemos quedado en “cada persona”, que toma conciencia de su capacidad para responder a las preguntas de la vida, desde cualquier órbita, sobre todo de interés social, tiene un compromiso escrito en su libro de instrucciones: no olvidar los orígenes descubiertos para revalorizar continuamente la capacidad de preocuparse por los demás, sobre todo los más desfavorecidos desde cualquier ámbito que se quiera analizar, porque hay mucho tajo que dignificar. Si esa militancia es independiente, otra cuestión a debatir, es solo un problema más a resolver pero no el primero. No equivoquemos los términos, en lenguaje partidista. Porque así nos luce el pelo sobre la corteza cerebral, sede de la inteligencia, nuestro domicilio de la libertad personal, de la que afortunadamente podemos presumir todos. Todavía no es mercancía clasificada, aunque todo se andará porque ya está en el mercado mundial. Al tiempo.

Las razones de mi razón y de mi corazón, expuestas anteriormente, son las que me llevan a hablar hoy de sociedad expulsada y derecho a ingresos en mi ámbito de compromiso intelectual, entre otros, que también existe. . No me deja tranquilo el Informe citado y por ese motivo lo comparto.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Los papeles de Pandora: vicios privados, públicas virtudes

Sevilla, 5/X/2021

¡Dios mío, si tuviéramos un poco de honradez!

Bernardo de Mandeville (1670 (?)-1733), El panal rumoroso: o la redención de los bribones

Se está convirtiendo en un clásico popular la recurrencia de trabajos periodísticos de ámbito internacional, llevados a cabo con rigor, en los que saltan a la luz pública los desmanes de los “poderosos” en relación con la evasión de impuestos, socavando continuamente los cimientos del estado de bienestar sostenido con los impuestos de la ciudadanía. Es el caso ahora de lo que ya se conocen como los papeles de Pandora, en los que se destapan los negocios opacos de 600 españoles y 35 mandatarios internacionales. Hace tanto daño público la corrupción fiscal de reyes desnudos, gobernantes, políticos, deportistas, artistas y la ejercida por personas conocidas y anónimas, más cerca de nosotros de lo que a primera vista parece, que acusamos cansancio ético porque estamos rodeados. Hace más de diez años que escribí el post que sigue, con un título aparentemente cinematográfico, Vicios privados, públicas virtudes, aunque ya advierto que en este caso cualquier parecido con la realidad de lo allí expuesto y hoy vivido y sentido, incluidos los papeles de Pandora, no es pura coincidencia. Cuando vivía en Roma, ciudad que siempre es un peligro para caminantes sensatos, vi durante muchos meses el cartel de la película con este título y no lo he olvidado: Vizi Privati, Pubbliche Virtú. Tal cual.

El hartazgo de determinadas actitudes políticas y de líderes sociales de todo tipo hace estragos en democracia y no me resisto a seguir defendiendo a capa y espada la honradez de miles de personas que ejercen la política y sus profesiones dignamente, aunque la condición humana, que no me es ajena, se aproxima con demasiada frecuencia a estos precipicios de indignidad. Todas las personas que ejercen la política o profesiones que les proporcionan mucho dinero, no son iguales. No hace falta dar nombres, porque nos hemos quedado con la cara de los que ocupan el desgraciado ranking de la indignidad. Pero necesitamos protegernos de este maremoto político, deportivo, artístico y literario, con olas de corrupción, que nos sobrepasan en el acontecer diario.

Vuelvo a publicar aquellas palabras, a las que no quito punto o coma de la época en que se escribió, porque es también lo que sucede en la actual, salvando lo que haya que salvar. La última frase, mezcla de enigma y desasosiego social, sigue teniendo gran valor en el momento actual: «Es probable que el conocimiento nos permita comprender entonces que los vicios son públicos cuando personalmente ya no sabemos vivir con nosotros mismos, porque hemos perdido el espacio privado y necesario de la virtud en un panal social que nos desborda, aceptando desgraciadamente el principio del conformismo cómplice e impresentable del manual ético de Bernardo de Mandeville: “Dejad, pues, de quejaros: sólo los tontos se esfuerzan por hacer de un gran panal un panal honrado«.

Al fin y al cabo, mientras que el mundo siga por los derroteros actuales, muchas personas acaban mirando sin pestañear a la mujer del César: ¿hay que ser honestos o sólo parecerlo? Esa es la cuestión, aunque personalmente defiendo, con ardor guerrero, que entre todos nos debemos esforzar en hacer de este mundo un gran panal honrado. Aunque siempre tenemos a Benedetti y Luis Pastor para recordarnos que podemos hacer muchas cosas con el “tu puedo y mi quiero” de todos los días. Sobre todo, si vamos juntos, compañeras, compañeros.

Audio de Mario Benedetti recitando Vamos juntos

Luis Pastor, Vamos juntos

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VICIOS PRIVADOS, PÚBLICAS VIRTUDES

Para los que pertenecemos a la generación en la que sabemos que todavía, en tiempo de crisis, nos queda la palabra, escribo este post como micro acto solidario para romper silencios cómplices, conformistas, acerca de personas y situaciones que sufren en democracia: niños amenazados por la larga sombra de la pederastia en la Iglesia y fuera de ella, personas que ejercen la política y son honrados, porque no todos son iguales, jueces dignos como Garzón y otros muchos como él preocupados para que no que pase sin pena ni gloria el dolor que perdura por los efectos de la Guerra Civil, y mujeres al borde de la muerte física, psíquica y social porque existen hombres e instituciones que no aceptan que desarrollen su inteligencia en libertad.

Un gran panal, atiborrado de abejas
que vivían con lujo y comodidad,
más que gozaba fama por sus leyes
y numerosos enjambres precoces,
estaba considerado el gran vivero
de las ciencias y la industria.

Bernardo de Mandeville (1670 (?)-1733), El panal rumoroso: o la redención de los bribones

Desde la ventana del autobús 881, en Roma, veía en 1976 el cartel de la película de Miklós Jancsó que llevaba este título. El cine que la proyectaba estaba a solo unos metros de la Ciudad del Vaticano (¡qué paradoja!) y, una y otra vez, la he recuperado en mi memoria de hipocampo en estos últimos días de desasosiego ético nacional e internacional, con las noticias de la pederastia en la Iglesia, la trama de corrupción Gürtel, el proceso abierto contra el juez Garzón y el azote de la violencia de género, por poner ejemplos reales. La tentación inmediata es agregarnos inmediatamente al grupo de opinión mayoritaria de este país alejado de la teoría crítica constructiva y ver siempre en los otros lo que no somos capaces de integrar como una realidad de la condición humana que hay que saber enjuiciar con frialdad para no cometer errores dogmáticos e inquisidores, y para no caer, obviamente, en el determinismo cruel del mal y del bien necesarios, propugnado ya en el siglo XVIII por Bernardo de Mandeville, en un poema “anónimo” que publicó en 1714 (1), que formaba parte de un libro titulado The Fable of the Bees: or Private Vices, Public Benefits (La fábula de las abejas: Vicios Privados, Públicos Beneficios):

… empeñados por millones en satisfacerse
mutuamente la lujuria y vanidad.
… Los abogados, cuyo arte se basa
en crear litigios y discordar los casos,
… Deliberadamente demoraban las audiencias,
para echar mano a los honorarios;
… Los médicos valoraban la riqueza y la fama
más que la salud del paciente marchito
… Y la misma Justicia, célebre por su equidad,
aunque ciega, no carecía de tacto;
su mano izquierda, que debía sostener la balanza,
a menudo la dejaba caer, sobornada con oro
… El curioso resultado es que mientras
cada parte estaba llena de vicios,
sin embargo todo el conjunto era un Paraíso.

Este espectáculo, al que asistimos como testigos de cargo casi siempre, al grito de los tahúres de Mandeville, «¡Dios mío, si tuviéramos un poco de honradez!», traduce la realidad cruel de una sociedad que está tocada en su alma. No nos engañemos. Mientras que la preocupación social más extendida del triunfo a toda costa y la exigencia de la felicidad como derecho constitucional siga campando en el terreno de la violencia reactiva, porque la llamada crisis de valores, de la que todo el mundo habla pero que casi nadie concreta (le verdad es que no interesa resolverla), no acaba de analizarse con el rigor y urgencia que necesita, es muy difícil exigir de los demás la ejemplaridad, sin que empiece la auténtica conversión por uno mismo.

Vicios privados y públicas virtudes, es una expresión que va más allá del título de una película, porque la trasciende y recoge una realidad notoria en la sociedad actual. En un Estado de derecho debemos confiar siempre en la Justicia para abordar los delitos privados y públicos. Pero la solución está también y, básicamente, en otro ámbito: en la generación de responsabilidades públicas y privadas, individuales y colectivas, basadas en dos grandes principios, el del conocimiento y el de la libertad. Conocimiento, para saber por qué ocurren las cosas, por qué debemos recurrir siempre a la inteligencia para resolver conflictos, con su gran carga de sentimientos y emociones a la que siempre está ligada. Y, por supuesto, la libertad para educarla en el sentido más pleno del término. Educación y saber ser y estar en clave de ciudadanía, son dos grandes principios que necesitan ser reforzados y blindados a marchas forzadas en nuestro país, en todos los niveles sociales posibles. De esta forma, sabremos analizar mejor, con humildad, por qué el ser humano es capaz de practicar la violencia con los niños, robar dinero público, quitar legitimidad a un juez o hacer daño a una mujer, de muchas formas, sin caer tampoco en el diseño de un mundo feliz que no existe de forma global, aunque sí individual para quien se lo propone, sin necesidad de dioses o de la fatal aceptación del mal como “semilla” necesaria del bien, volviendo a Mandeville, al intervenir esos dioses salvadores (de cualquier tipología) que citaba anteriormente, para poner orden en un mundo tan enloquecido:

Pero, ¡oh, dioses, qué consternación!
¡Cuán grande y súbito ha sido el cambio!
Los tribunales quedaron ya aquel día en silencio,
porque ya muy a gusto pagaban los deudores.
… Quienes no tenían razón enmudecieron,
… con lo cual nada podía medrar menos
que los abogados en un panal honrado.
… La Justicia, no siendo ya requerida su presencia,
con su séquito y pompa se marchó.
Abrían el séquito los herreros con cerrojos y rejas,
luego los carceleros, torneros y guardianes.
… Todos los ineptos, o quienes sabían
que sus servicios no eran indispensables se marcharon;
no había ya ocupación para tantos.
… ¡Contemplad ahora el glorioso panal, y ved
cómo concuerdan honradez y comercio!

Es probable que el conocimiento nos permita comprender entonces que los vicios son públicos cuando personalmente ya no sabemos vivir con nosotros mismos, porque hemos perdido el espacio privado y necesario de la virtud en un panal social que nos desborda, aceptando desgraciadamente el principio del conformismo cómplice e impresentable del manual ético de Mandeville: Dejad, pues, de quejaros: sólo los tontos se esfuerzan por hacer de un gran panal un panal honrado.

Sevilla, 11/IV/2010

(1) García-Trevijano, Carmen (1994). El reverso de la utopía. Actualidad de «la fábula de las abejas» de Bernardo de Mandeville. Psicología Política, 9, 7-20.

NOTA: La imagen utilizada en este post fue recuperada el 10 de abril de 2010 de: http://www.infoagro.com/noticias/2008/5/1458_agricultura_abre_plazo_solicitar_ayudas_al_fomento.asp

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.