Lectura infinita, libertad asegurada

Sevilla, 9/II/2022

Somos seres entretejidos de relatos, bordados con hilos de voces, de historia, de filosofía y de ciencia, de leyes y leyendas. Por eso, la lectura seguirá cuidándonos si cuidamos de ella. No puede desaparecer lo que nos salva.

Irene Vallejo, en Manifiesto por la lectura

La Dirección General del Libro y Fomento de la Lectura, dependiente del Ministerio de Cultura y Deportes, presentó el 23 de diciembre del año pasado el nuevo Plan de Fomento de la Lectura 2021- 2024, con un lema, Lectura infinita, que tiene como principal objetivo “incrementar los índices de lectura en nuestro país y contribuir a resituar el hecho lector más allá de un instrumento de ocio, reconociendo la lectura como un vehículo fundamental para la salud, el aprendizaje, la cohesión social y la economía digital”. El documento, de 61 páginas, aborda en su prólogo qué significa la necesidad de leer, con una frase de José Jiménez Lozano, ganador del Premio Cervantes 2002, en la que se explica en pocas palabras la urgencia de la lectura: “Se puede tener gusto por la lectura o no, pero leer no es una cuestión de gusto o afición, sino una necesidad verdadera y solo necesitamos percatarnos de ella”. Continúa expresando que la lectura “completa la vida de las personas por tratarse de un acto que proporciona un espacio personal para la evasión, la transformación y el enriquecimiento del individuo, aportándole paz mental y abriéndole la puerta a nuevos mundos, personas e ideas con los que poder crear un diálogo íntimo. La lectura agiliza además la actividad cerebral, puesto que requiere de una concentración y atención que estimula la capacidad cognitiva del individuo, creando nuevas conexiones neuronales y contribuyendo a prevenir enfermedades degenerativas. Lo defiende así Irene Vallejo, en su obra Manifiesto por la lectura, que ya he comentado en este cuaderno digital: “los libros ofrecen un gimnasio asequible y barato para la inteligencia en todas las edades, y tan solo por ese motivo sería aconsejable incluirlos desde la más temprana infancia y mantenerlos a lo largo de la vida” o cuando hace un canto precioso a la lectura: “Somos seres entretejidos de relatos, bordados con hilos de voces, de historia, de filosofía y de ciencia, de leyes y leyendas. Por eso, la lectura seguirá cuidándonos si cuidamos de ella. No puede desaparecer lo que nos salva. Los libros nos recuerdan, serenos y siempre dispuestos a desplegarse ante nuestros ojos, que la salud de las palabras enraíza en las editoriales, en las librerías, en los círculos de lecturas compartidas, en las bibliotecas, en las escuelas. Es allí donde imaginamos el futuro que nos une”.

¿Cómo se va a abordar este Plan? El documento responde a esta pregunta con 12 desafíos, que enumero a continuación sin dejar ninguno atrás: Pacto por la Lectura, Hacia una nueva narrativa. También eso es lectura, Redefinir el Observatorio de la Lectura y el Libro, Mejorar los índices de lectura. Aquí se lee, Promover la igualdad en el acceso a la lectura. Lectura al alcance de todos, Dotar de prestigio a la lectura. ¿Por qué leer?, Mostrar la bibliodiversidad. Mil lecturas, un lector, Dotar de prestigio a la creación literaria. ¿De dónde salen los libros?, Visibilizar la lectura como motor para la innovación y el conocimiento, Comunicar para fomentar, Internacionalización: traspasar fronteras y La lectura y la Agenda 2030.

Asimismo, estos desafíos se desarrollarán a través de 11 programas y líneas de actividades, que abordan acciones concretas: Pacto por la lectura, Leer es crecer, Leo porque quiero, Leo contigo, Dime qué lees, Quiero más libros, Lectura sin fronteras, Aprendo leyendo, Creo lectores, Leo donde quiero,  Lectura sostenible. A partir de aquí, el Plan incorpora algo que valoro mucho, la evaluación del mismo, que permitirá el análisis y mejora continuada del proyecto. 

Este Plan cuenta también con un incremento de 4,9 millones de euros anuales en el Presupuesto de 2022, que se suman a las líneas preexistentes y que alcanzan una cifra global de 39,6 millones de euros hasta el año 2024. Finalmente, en el Epílogo, ofrece diez claves a modo de acróstico del Plan. PACTAS LEES: Pacto. El fomento de la lectura como un empeño colectivo que contribuya a resituar al hecho lector más allá de un instrumento de ocio; Aproximación a un nuevo concepto de lectura. Elaboración de una nueva narrativa sobre qué es lectura y su impacto en la vida de las personas y en la sociedad; Contamos con lectores en nuestro país. En España sí se lee. Fomentar la lectura en positivo; Toda lectura comienza en la creación. Estatuto del artista; Alianzas múltiples que vinculen a organizaciones y empresas que no estén especializadas en este campo y multipliquen el impacto de la actividad de fomento de la lectura; Sin fronteras en la lectura. Proyección internacional, con especial atención a América Latina; La investigación y el estudio generadores del capital de conocimiento sobre la lectura. Redefinición del Observatorio de la Lectura y el Libro; Especial apuesta por la innovación. Laboratorios ciudadanos; Extender la lectura en el campo. Afrontar el reto del fomento de la lectura en la España vaciada; Sostenibilidad y lectura. Leer para cumplir con 2030.

Como símbolo de la velocidad que se quiere imprimir a este Plan para huir de los miedos característicos de este tipo de abordajes administrativos, se recogen diez desafíos rápidos para dar inmediata visibilidad al mismo: Diseño de la identidad corporativa, el espacio web 3.0 y puesta en marcha de las redes sociales, Definición de la figura de la Adhesión, Redacción del Decálogo de la Lectura, Redefinición del Observatorio de la Lectura y el Libro, Desarrollo de laboratorios ciudadanos, Desarrollo de un Plan de Evaluación, Firma de convenios con instituciones colaboradoras para el establecimiento de alianzas, Inclusión en el Foro «Cultura y Ruralidades» de una convocatoria específica de fomento de la lectura, Organización de un congreso anual sobre fomento de la lectura y, por último, Establecimiento de Puntos para el reciclaje de libros.

Animo a leer el Plan y a divulgarlo. Los libros tienen algo especial, estremecen el alma. Me lo ha recordado recientemente la escritora Irene Vallejo (anteriormente citada) en un libro que es una pequeña joya literaria, Manifiesto por la lectura (1), en uno de sus capítulos caligráficos dedicado al estremecimiento de agua, trayendo a colación unas palabras de Federico García Lorca en el contexto de la alocución al pueblo de Fuente Vaqueros, un discurso leído por la inauguración de la biblioteca pública de Fuente Vaqueros en el mes de septiembre de 1931, sobre el que ya he tratado algunos de sus párrafos, en varias ocasiones, en este cuaderno digital: “Nadie se da cuenta al tener un libro en las manos, el esfuerzo, el dolor, la vigilia, la sangre que ha costado. El libro es sin disputa la obra mayor de la humanidad. Muchas veces, un pueblo está dormido como el agua de un estanque en día sin viento. Ni el más leve temblor turba la ternura blanda del agua. Las ranas duermen en el fondo y los pájaros están inmóviles en las ramas que lo circundan. Pero arrojad de pronto una piedra. Veréis una explosión de círculos concéntricos, de ondas redondas que se dilatan atropellándose unas a las otras y se estrellan contra los bordes. Veréis un estremecimiento total del agua, un bullir de ranas en todas direcciones, una inquietud por todas las orillas y hasta los pájaros que dormían en las ramas umbrosas saltan disparados en bandadas por todo el aire azul. Muchas veces un pueblo duerme como el agua de un estanque un día sin viento, y un libro o unos libros pueden estremecerle e inquietarle y enseñarle nuevos horizontes de superación y concordia” (2).

(1) Vallejo, Irene, Manifiesto por la lectura, 2020. Madrid: Siruela.

(2) Alocución al pueblo de Fuente Vaqueros. Discurso leído por la inauguración de la biblioteca pública de Fuente Vaqueros (septiembre, 1931) / Federico Garcia Lorca | Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes (cervantesvirtual.com)

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Creemos las nuevas personas, cantando

Pascual González

Al alba de la mañana / campanea la giralda / y el giraldillo despierta / oliendo a olivo y a palma, / oliendo a olivo y a palma.

Huele a pasión y devoción / de primavera, / huele a azahar y a chicotá / campanillera, / huele a Sevilla.

Cantores de Híspalis, Aromas de Sevilla

Sevilla, 7/II/2022

En memoria de Pascual González, compositor y fundador del grupo musical Cantores de Híspalis, que ayer subió a su cielo particular.

Quienes amamos la música en todas y cada una de sus manifestaciones, sabemos valorar lo que ha hecho Pascual González (Sevilla, 1950) por promocionar la música andaluza y su expresión genuina a través de las sevillanas y de otras canciones que han dado la vuelta al mundo, llevando siempre un mensaje de alegría y una forma de entender la vida con un sabor amable para caminar a diario por senderos complejos. Ese es el motivo que me lleva hoy a expresar la necesidad de que creemos en la forma de ser nuevas personas en España cantando, como decía Rafael Alberti: Creemos el hombre nuevo cantando, / el hombre nuevo de España cantando, / el hombre nuevo del mundo cantando. / Canto esta noche de estrellas / en que estoy solo y desterrado. / Pero en la tierra no hay nadie / que esté solo si está cantando. […] Nada hay solitario en la tierra / creemos el hombre nuevo cantando. También, porque la música es compañera en la alegría y medicina para el dolor (Musica laetitiae comes, medicina dolorum).

Pascual González tenía una última ilusión, mostrar al mundo junto a su grupo Cantores de Híspalis, el valor de la cultura andaluza a través de un nuevo espectáculo, Cristo, Pasión y Esperanza, un concierto-ópera que narra la vida de Jesucristo en un lenguaje musical, audiovisual y lírico, mediante un libreto “realizado a través de la suma o fusión de drama litúrgico, música sacra procesional, cultura popular, folclore y tradición”. Me ha recordado a tal efecto el que en 1982 presentaron Manolo Sanlúcar, Juan Peña “El Lebrijano” y Rocío Jurado, Ven y Sígueme, con un subtítulo sugerente: Un gitano llamado Mateo, del que recojo la última composición, Mandato para el Nuevo Hombre, porque vuelve a insistir en la importancia de creer en nuevas personas, cantando, respetando la cultura popular del cante flamenco en una fusión posible, como quería mostrar al mundo entero Pascual González, por la conjunción de creencias, cultura popular y expresión de la necesaria transformación de la sociedad, con especial atención a los nadies:

El Señor decía, el Señor decía:
“Vosotros sois testigos de estas cosas,
vosotros id por el mundo dando estas noticias
y quitarles las espinas a las rosas”.

¡Alegría, alegría!
Que todos se enteren que ya viene el día
.

Como amanece cada vez que Dios te sonríe,
no le niegues tu amor
a quien ruega de Dios, caridad,
dale amor
.

Tú tienes que ser
pan de amor para el pobre mendigo,
libertad para el triste cautivo,
tú tienes que ser
.

Tú tienes que ser
agua fresca para el peregrino,
luz que al ciego le marque el camino,
tú tienes que ser.

Como amanece cada vez que Dios te sonríe,
no le niegues calor
a quien viene a nacer, protección,
dale amor.

Tú tienes que ser
esa frase de amor que no llega,
y el perdón de una larga condena,
tú tienes que ser.

Tú tienes que ser
la caricia que valga una pena,
el abrazo que rompe cadenas,
tú tienes que ser.

Mandato para un Hombre Nuevo. Ven y Sígueme. Un gitano llamado Mateo. El Lebrijano, Rocío Jurado y Manolo Sanlúcar

Gracias, Pascual González, gracias, donde quiera que estés, porque hiciste siempre un esfuerzo por presentar al mundo el folklore andaluz, como bien explicó un día ya lejano, un paisano de los dos, Luis Cernuda, cuando también mostró al mundo qué significa ser andaluz, un enigma al trasluz: Sombra hecha de luz, / que templando repele, / es fuego con nieve el andaluz. / Enigma al trasluz, / pues va entre gente solo, / es amor con odio / el andaluz. // Oh hermano mío, tú. / Dios, que te crea, / será quién comprenda al andaluz (Luis Cernuda, El andaluz, en Como quien espera el alba, 1947).

Sé que Pascual González, junto a su inseparable grupo Cantores de Híspalis,  sabía que si se calla el cantor calla la vida, como escribió un día Horacio Guaraní, porque la vida, la vida misma es todo un canto. Que muere de espanto la esperanza, la luz y la alegría, también la rosa sin el canto. De qué sirve la rosa sin el canto, porque debe ser luz sobre los campos, iluminando siempre a los nadies, a los de abajo. Si se callaba Pascual González, callaba la vida… que siempre es un canto.

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de Hoy en día despide al miembro de Cantores de Hispalis, Pascual González (canalsur.es).

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Conduce mi coche, quizás descubra mi vida

Sevilla, 6/II/2022

El estreno de una película en este país, de título aparentemente simple, Drive my car (Conduce mi coche), nos ofrece desde esta semana una oportunidad para reflexionar aspectos muy importantes de la vida, tales como el amor, la incomunicación y la soledad que nos invade cuando perdemos el sentido del viaje humano en cada existencia humana, utilizando la metáfora del coche, a través de personas que no vuelven a estar junto a nosotros en la aventura de hacer camino al viajar hacia alguna parte de nuestra vida. Además, la película se centra concretamente en la pérdida de la mujer amada por parte de un hombre, aunque creo que sólo es una metáfora del director para llevarnos a un terreno complejo de la ausencia del amor verdadero en la vida de cualquier persona, con independencia del género de la persona afectada, cuando además la persona amada desaparece o muere para siempre. O no. Es introspección, en el sentido más puro del término.

Esta película está dirigida por Ryūsuke Hamaguchi, el cineasta japonés que tiene ya una estela de reconocimientos cinematográficos muy importantes, tales como el Gran Premio del jurado en la Berlinale 2021 por La rueda de la fortuna y de la fantasía y ahora, por Drive My Car, donde obtuvo en en el Festival de Cannes 2021 el premio al mejor guion, así como el Globo de Oro 2022, en Los Ángeles, encaminándose a los Oscar 2022 al estar preseleccionada representando a Japón. El premio al mejor guion es muy importante, porque la película trata de lo narrado por Haruki Murakami (Kioto, 1949) en el primer relato de su novela Hombres sin mujeres (1), aunque hay cambios simbólicos en el color del coche descapotable y protagonista de la película, de marca SAAB, amarillo en el original de Murakami, no rojo, y en el que el protagonista, Kafuku, viajaba siempre en el asiento junto a la conductora, no en el de detrás. También, en determinados momentos, en el contenido de los diálogos originales del relato, del que recuerdo expresamente un pasaje en el que la conductora pregunta a Kabuku, actor profesional, por qué se hizo actor, si le hacía feliz convertirse en alguien diferente o si nunca se le había pasado por la cabeza no querer volver a ser quien era, a lo que Kafuku responde con una afirmación muy concreta: actuar es siempre algo transitorio, porque su felicidad estaba en tener la certeza de que siempre podía volver a ser quien era, “ser yo mismo”. Metáforas sorprendentes que se pueden dar en nuestras vidas a diario en el gran teatro del mundo.

He escogido una aproximación a la sinopsis oficial de la película en la 47ª edición del Festival del Cine Independiente de Seúl, donde se presentó esta película el 25 de noviembre de 2021, por respetar el intramundo asiático que se abre paso en otros mundos con esta película, donde se explica que “Yusuke Kafuku, actor de teatro y director, está felizmente casado con Oto, guionista. Sin embargo, Oto muere repentinamente después de dejar atrás un secreto. Dos años más tarde, Kafuku, aún incapaz de hacer frente por completo a la pérdida de su esposa, recibe una oferta para dirigir una obra de teatro en un festival de teatro y se dirige a Hiroshima en su automóvil. Allí conoce a Misaki, una mujer reticente asignada para convertirse en su chofer. Mientras pasan tiempo juntos, Kafuku se enfrenta al misterio de su difunta esposa que lo persigue en silencio”. En la página oficial de la película, el director profundiza en las razones de haber abordado este relato de Murakami: “Hay tres razones por las que quería hacer una película basada en el cuento de Haruki Murakami, “Drive My Car”. Una es que presenta a Kafuku y Misaki y describe las interacciones entre estos dos personajes intrigantes. Y estas interacciones tienen lugar dentro de un automóvil. Estas representaciones revivieron mis propios recuerdos de conversaciones íntimas que solo nacen dentro de ese espacio cerrado y en movimiento. Porque es un espacio en movimiento, en realidad no está en ninguna parte, y hay momentos en que ese lugar nos ayuda a descubrir aspectos de nosotros mismos que nunca le hemos mostrado a nadie, o pensamientos que antes no podíamos expresar con palabras. Lo siguiente es que el cuento se ocupa de la actuación como tema. Actuar es tener múltiples identidades, lo cual es una forma de locura socialmente aceptada, por así decirlo. Hacerlo como un trabajo obviamente es agotador y, a veces, incluso provoca colapsos. Pero conozco gente que no tiene más remedio que hacerlo. Y estas personas que actúan para ganarse la vida son, de hecho, curadas por esa locura, que les permite seguir viviendo. Este tipo de actuación realizada como una “manera de sobrevivir” es algo que me ha interesado durante mucho tiempo. El último factor es el personaje ambiguo llamado Takatsuki y la forma en que se representa su «voz». Kafuku está bastante seguro de que Takatsuki se acostó con su esposa antes de que ella falleciera, y considera que el hombre «no es un actor especialmente hábil». Pero un día, Takatsuki descubre el punto ciego de Kafuku. «Si esperamos ver verdaderamente a otra persona, tenemos que empezar por mirar dentro de nosotros mismos», dice, y la razón por la que este comentario bastante estereotipado devasta a Kafuku es que él siente intuitivamente que es una «verdad» que nunca podría haber descubierto por su cuenta: “Sus palabras fueron claras y cargadas de convicción. No estaba actuando, eso es seguro”.

Misaki, interpretada por la actriz Toko Miura, se convierte en un determinado momento de la película y, nunca mejor dicho, por exigencia del guion, en la conductora del coche en el que en el asiento de atrás viaja siempre Kafuku (Hidetoshi Nishijima), en innumerables viajes por Hiroshima, con su intrahistoria profunda y con múltiples aspectos sin resolver. Es verdad que lo manifestado por el director de la película es una realidad diaria en el viaje hacia alguna o ninguna parte en nuestra vida y en el que siempre está presente la persona de secreto de cada uno, de cada una, en un ejercicio permanente de introspección. Quizás necesitamos que alguien ocupe el sitio de conductor o conductora de nuestra vida, para ayudarnos a descubrir quienes somos en realidad desde el asiento de atrás o al lado del conductor, a pesar de que sea un momento crucial que no nos gustaría que ocurriera, o sí, que muchas veces nos lleva a solicitar que ese conductor o conductora pare para bajarnos de ese coche metafórico en cualquier sitio y seguir caminando a pie hacia alguna parte. O hacia ninguna, porque a pesar de todo la soledad es siempre mala consejera cuando se pierde el norte del amor. Esa es la cuestión.

(1) Murakami, Haruki, Hombres sin mujeres, 2015. Barcelona: Tusquets Editores.

NOTA: la imagen de Haruki Murakami en la fotocomposición, se ha recuperado de Haruki Murakami y la música en sus obras (radionacional.co).

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

En desagravio del pintor Antonio López

Antonio López, La familia de Juan Carlos I

Sevilla, 4/II/2022

Hemos conocido a través de los medios de comunicación un cruce de información sobre la situación actual del famoso cuadro La familia de Juan Carlos I, pintado por Antonio López a lo largo de veinte años, en el sentido de que en numerosas ocasiones ha sido cubierto por un tapiz en diferentes actos oficiales y, como aseguraba esta mañana a primera hora elDiario.es en su edición digital, había sido descolgado del lugar que ocupaba en el Salón de Alabarderos del Palacio Real de Madrid, en los primeros días de la pandemia, marzo de 2020, con nocturnidad y alevosía, al parecer por orden de la dirección de Patrimonio Nacional. Horas más tarde se ha desmentido esta noticia y el cuadro sigue colocado a estas horas en el sitio de siempre, en el Salón de Alabarderos, según he verificado en la consulta realizada en la página oficial de Patrimonio Nacional: “En este salón también se puede contemplar el retrato «Familia de Juan Carlos I», obra del pintor Antonio López. El artista comenzó a trabajar en ella en 1993 y la concluyó dos décadas más tarde”.

Detrás de esta noticia hay una polémica acerca de si ese cuadro debe estar donde está. En este país, tan dado al cainismo con sus símbolos personales e históricos, todo está en peligro de ser removido de su sitio, tal y como hemos podido ver en relación con rotulación de calles, escudos y esculturas del dictador Franco, desmontaje de memoriales en favor de las personas fusiladas durante la Guerra Civil, medallas y distinciones varias. Antonio López, el autor de este retrato de la familia real, consciente de la polémica del retrato en un momento en el que había explotado de forma manifiesta la conducta inapropiada del rey emérito, manifestó en septiembre de 2020 lo siguiente, en el acto de presentación de la exposición retrospectiva suya en la Fundación Bancaja de Valencia, al ser preguntado por la «polémica» sobre la ubicación de la pieza, en el Palacio Real, debido a la situación que estaba atravesando la Corona en general y el rey emérito en particular: “Que hagan lo que quieran, yo no voy a decir nada. Yo creo que el cuadro está bien donde está», ha comentado, al tiempo que ha planteado «qué pasaría si ese problema» se trasladara al Museo del Prado: «¿Habría que quitar “La familia de Carlos IV”, que eran unos sinvergüenzas todos? «¿O quitar al papa Inocencio X de Velázquez porque es feo? ¿Por qué no vemos la pintura, el arte? ¿Qué más da que los dioses egipcios no sean reales y hayan sido cambiados por otros? El arte nos ayuda de otra manera y hay que respetarlo fuera de todas esas incumbencias temporales», ha defendido”. Nunca había pintado ante a una familia y recibió este encargo con mucha ilusión personal y profesional. Antonio López pensaba en ese acto que “La familia de Juan Carlos I” estaba bien donde estaba, pidiendo, asimismo, respeto por el arte.

Me quedo con el sentir de Antonio López sobre su obra en danza, tan discutida en estos momentos, tal y como afirmaba recientemente en la presentación del proyecto “Archivo de creadores”: “el arte está por encima de todo, de las creencias; el arte es algo sagrado, es lo que queda”. La realidad que pinta maravillosamente Antonio López es terca cuando la situamos en el marco de la temporalidad, porque es verdad que todo fluye y nada permanece, porque cada cosa tiene su tiempo y cada tiempo su momento. Incluso en el arte. En el caso de Antonio López, como su propio nombre anuncia, todo es sencillo en él, tal y como ya he hablado de él en este cuaderno digital: su pintura realista, la escultura viva hasta la muerte, inacabadas, los dibujos en blanco y negro, gracias a su tío maestro de Tomelloso. Su forma de ver la vida a través del color del membrillo, paciente hasta la extenuación para que no se escape nada de lo rutinario, de lo cotidiano que verdaderamente es porque está ahí, pendiente de que alguien lo capte. Un trabajador del arte, que se siente ahora más libre que cuando era joven, que le ha costado mucho llegar a algo parecido a la estima por la vida y por él mismo, que el camino ha sido complicado y que ha sido doloroso hacerse a sí mismo. Una persona de alma grande, en un modo de vivir y ser muy sencillo. Como una pintura inacabada para mí, que inicié en 2005, una copia de sus lirios y hojas verdes en un patio muy particular, que no pretenden decir nada más que sus pinceles pintan la vida con un realismo mágico que no te permiten perder detalle alguno de lo que pasa, de lo que ocurre, de lo que las personas sienten. Sencillez y maestría en estado puro. En mi caso, en los lirios citados, inacabados hasta hoy, esperando que algún día, como Schubert en su famosa Sinfonía nº 8, D.759, “Inacabada”, pueda expresar en trazos de color lo que llevo dentro de mi persona de secreto. Es verdad que nada me da igual en la cultura y recoger en este cuaderno digital el proyecto Archivo de creadores, con Antonio López dentro, lo demuestra de forma fehaciente. Su arte es lo que me queda, al igual que su palabra”.

Creo, al igual que Antonio López, que el cuadro debe permanecer donde está y, al menos, que ofrezca la oportunidad de que, en mi caso, pueda contar un día a mi nieto que el rey emérito era un “rey desnudo”, algo muy profundo en el imaginario de este país, que le explicaré a la luz de lo expuesto por Hans Christian Andersen en su cuento “El traje nuevo del emperador”. Sobre Antonio López, le contaré que es un pintor especial y que, como su nombre, todo es sencillo en él: su pintura realista, la escultura viva hasta la muerte, los dibujos en blanco y negro, gracias a su tío maestro de Tomelloso. Su forma de ver la vida a través del color del membrillo, paciente hasta la extenuación para que no se escape nada de lo rutinario, de lo cotidiano que verdaderamente es porque está ahí, pendiente de que alguien lo capte. Le diré que Antonio López, trabajador del arte, sabe que a su edad avanzada es ahora más libre que cuando era joven, que le ha costado mucho llegar a algo parecido a la estima por la vida y por él mismo, que el camino ha sido complicado y que ha sido doloroso hacerse a sí mismo. Una persona de alma grande, en un modo de vivir y ser muy sencillo. Es lo que le explicaré también a Adrián cuando contemple el cuadro de la familia real de Juan Carlos I.

Estas palabras quieren ser un pequeño homenaje de desagravio a Antonio López, porque me consta que sufre con estas actitudes de este país tan dual y cainita con sus artistas y con la cultura en general. En este sentido vuelvo a publicar el artículo que dediqué en 2014 a Antonio López en este cuaderno digital, un pintor especial,  el día anterior a la presentación oficial de su retrato “La familia de Juan Carlos I”, en el Palacio Real de Madrid, junto a 113 obras dentro de la exposición El retrato en las colecciones reales. De Juan de Flandes a Antonio López. Para lo que valgan.

Antonio López, un pintor especial

Siento que Antonio López tenga que justificarse tantas veces sobre su obra inacabada. Lo sigo de cerca desde hace muchos años y siempre me ha sorprendido su realismo mágico a la hora de llevar al lienzo sus impresiones de la vida, tal y como es. Lo ha dicho recientemente con cierta sorna: “No piensen que soy un vago”, refiriéndose a los veinte años que ha empleado (nunca diría “tardado”) en finalizar un cuadro de la familia real, por encargo de Patrimonio Nacional.

El cuadro inacabado, como casi toda la pintura de Antonio López, según su concepción del arte, se presenta hoy oficialmente en el Palacio Real de Madrid y a partir del jueves 4 de diciembre podrá ser contemplado por el público junto a 113 obras dentro de la exposición El retrato en las colecciones reales. De Juan de Flandes a Antonio López. Es muy sugerente la situación, porque cuando contemplamos a esta familia según Antonio López, ya no es la misma que posó, dando razón al filósofo presocrático que afirmó que nadie se baña dos veces en el mismo río. Es lo que pensará Juan Carlos I al contemplarlo por primera vez, una vez finalizado, con un detalle pictórico que no se le debería pasar por alto. En los últimos momentos, Antonio López ha incorporado un reflejo solar que entra por la izquierda del retrato de medidas considerables (3 por 3,39 metros), dándole una fuerza especial con el paso del tiempo.

He escrito sobre Antonio López varias veces en este cuaderno digital y siempre recordando su obra inacabada, porque me ha pasado lo mismo con un dibujo que inicié en 2005 y sobre el que el 3 de julio de 2006 escribí lo siguiente: “Ayer sentí la necesidad de retomar la copia que estoy haciendo de un dibujo de Antonio López que me fascinó desde que conocí su existencia. Es una instantánea de la casa de su tío Antonio López Torres, en Tomelloso (Ciudad Real), que juega admirablemente con la luz a pesar de los claroscuros del conjunto y que está fechada en 1972-1975, como muestra de su laborioso realismo onírico. Trabajé mucho las tulipas de la lámpara, el cableado difuso de la pared, la puerta abierta, el negro distante del mueble platero y la difícil composición geométrica de la solería de las habitaciones contiguas. Desde hace un año y tres meses no he vuelto a coger el lápiz, la regla para medir las proporciones de cada loseta, la goma impertérrita, el papel de seda que cubre el dibujo en potencia, hecho con dedicación para mi hijo Marcos, al que quiero ofrecerle un trabajo concienzudo, serio, trazado en horas de dedicación a él, como símbolo de una vida llena de contrapuntos diarios por la propia contradicción de vivir contracorriente, pero con pasos hacia delante, tal y como los dibuja Antonio López en el paso firme de su tío Antonio” (1).

Miguel Delibes le dedicó en cierta ocasión unas palabras llenas de ternura, en torno la figura de su tío, el del dibujo mío inacabado: “¿Qué admirar más en Antonio? ¿Su persona o su obra? Su bondad, la modestia machadiana de su aliño indumentario, su humildad creadora, su absorbente profesionalidad, el afán de apartarse, de desplazar sobre otros su valía.

«Mi tío Antonio, el de Tomelloso, ese sí que sabe».

Tenía esta obsesión. Los elogios dedicados a él los aplicaba a su tío, con quien de niño mezcló los primeros colores. Él era solamente un copiador, un aprendiz. No era tarea fácil sacarle de su juicio. Él pintaba, sí, pero el genio era su tío. Y su tío, el de Tomelloso, era realmente un talento natural, pero Antonio era el maestro”.

Antonio López es un pintor especial, refugiado siempre en su forma de comprender el tiempo. Así lo definí en alguna ocasión, en una carta que guardo con especial aprecio, refiriéndome también a otra obra inacabada por mi parte: “Como su nombre, todo es sencillo en él: su pintura realista, la escultura viva hasta la muerte, los dibujos en blanco y negro, gracias a su tío maestro de Tomelloso. Su forma de ver la vida a través del color del membrillo, paciente hasta la extenuación para que no se escape nada de lo rutinario, de lo cotidiano que verdaderamente es porque está ahí, pendiente de que alguien lo capte. Antonio López, trabajador del arte, ha dicho en esta etapa de su vida que ahora es más libre que cuando era joven, que le ha costado mucho llegar a algo parecido a la estima por la vida y por él mismo, que el camino ha sido complicado y que ha sido doloroso hacerse a sí mismo. Una persona de alma grande, en un modo de vivir y ser muy sencillo. Como una pintura inacabada para mí, que inicié en 2005, una copia de sus lirios y hojas verdes en un patio muy particular, que no pretenden decir nada más que sus pinceles pintan la vida con un realismo mágico que no te permiten perder detalle alguno de lo que pasa, de lo que ocurre, de lo que las personas sienten. Sencillez y maestría en estado puro».

A día de hoy, con unos retoques para perfeccionar el resultado final, el dibujo del tío de Antonio López ya está colgado en la casa de Marcos, sin finalizar, casi en borrador, aunque con los trazos ya definidos en la composición final. He preferido que sea así, porque el alma de este dibujo ya no es la misma que cuando se inició esta maravillosa aventura de copiar a un maestro. El cuadro de los lirios, siguen en trazos con apenas color. Antonio López, un pintor inacabado, me lo ha recordado en el silencio muchas veces. No es que seamos vagos, es que el tiempo huye irremediablemente a veces (tempus fugit), se lleva el alma de un determinado día y ya no podemos detenerlo para aprehenderlo y llevarlo a una paleta de colores.

Volviendo a Miguel Delibes, me ha fascinado siempre la anécdota sobre su busto en bronce que realizó Antonio López y le entregó en octubre de 2011, que él contó con el gracejo que siempre le acompañaba en recuerdos íntimos. Como también tardaba, estaba ávido de la última noticia sobre su busto. Encontrándose con un amigo común de Valladolid, Antonio Piedra, le sonsacó información, para que le informara de alguna forma cómo estaba en las manos de Antonio López, cuándo podría ver “su cabeza”, si se parecía, si era un trabajo importante para Antonio López, etc. y cuándo la podría ver finalizada. Ante tanta insistencia y después de varios rodeos, “Antonio Piedra, que mantenía una actitud reverencial, de respeto hacia el pintor-escultor, emitió un levísimo cloqueo y se diría, por sus ademanes y la exageración de su rostro, por la manera de abrir la boca, un poco exagerada, que iba a pronunciar un largo discurso, pero dijo simplemente:

-Estás hablando, la verdad”.

Hoy, salvando lo que hay que salvar, ante el cuadro ya finalizado de la familia real, quizá podríamos decir: “Están unidos…”, aunque con la socarronería típica de los borbones, Juan Carlos I ya ha dejado clara su valoración: “Estamos todos como éramos hace 20 años». Es verdad, aunque no quiero olvidar la luz especial que entra por la izquierda del cuadro…, la que a última hora ha incorporado Antonio López, el pintor sin prisas, atento a lo que pasa en la sociedad actual.

Sevilla, 3/XII/2014

(1) Cobeña Fernández, J.A. Antonio López

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

El arte de Dalí y las teorías de Freud

Metamorfosis de Narciso, 1937 – Salvador Dalí (1904-1989)

Sevilla, 3/II/2022

Gala, la compañera excelsa de Salvador Dalí, hizo una foto al pintor durante una excursión por el Cap de Creus, en el que se veía su rostro reflejado en un charco. Muchas personas dicen que proyectó esta experiencia psíquica de egolatría elevada a su máxima expresión, en su obra Metamorfosis de Narciso, pintada en 1937, que siempre se debe contemplar -haciendo caso de la recomendación expresa de su autor- leyendo un poema que compuso expresamente junto a esa obra, admirada por el surrealismo de la época y, sobre todo, por Sigmund Freud, que reproduzco a continuación:

Fuente de vida
de noches sin mañanas
yo puedo llegar al surtidor
donde he visto súbitamente
la imagen tan amada
que llevaba grabada
en el fondo de mis entrañas.

Yo sé dónde está
el pan de vida
tan blanco es
que cerrando los ojos
lo continuo a ver por transparencia
pan de vida
yo sé dónde está el horno
en las llamas del cual
he visto prefigurada
la imagen tan amada
de Gala tan amada
horno que las totémicas guirnaldas
le sirven de adorno.

Yo sé dónde está
en el fondo de la tierra
el bloque de mármol
donde está contenida
la imagen de Gala tan amada.
Cuatro elementos obsesionan mi Gala
aire, agua, fuego y tierra
que corresponden a mi Gala
que conocí antes de nacer.
¡Aire, aire! es el que respiro

de noche y de día
veo sin cesar la imagen de mi Gala tan amada
el recuerdo de mi Gala tan amada
donde respiro sin cesar
de noche y de día
¡el aire, el aire!
de mi Gala tan amada.

En el fondo sin mañanas
el agua se vierte sin fin
en el surtido del jardín
donde he visto detalladamente
el rostro de mi Gala
tan poco amada.

Salvador Dalí llevó esta obra a Londres en 1938, para que la contemplara Freud. En estos días, en la galería Belvedere en Viena, figura en un mural, que no la obra original, en una exposición que lleva por título, Dalí-Freud. Una obsesión, según lo recoge un artículo muy interesante en el diario El País, La obsesión fanática de Dalí con Freud conquista Viena. La galería Belvedere reúne un centenar de piezas, entre lienzos, dibujos, filmes y cartas, para exponer la influencia del padre del psicoanálisis en el trabajo del artista catalán, que me ha recordado mi visita en 2007 al fundador del psicoanálisis en su casa de la calle Berggasse, en el número 19, que tuve la oportunidad de recorrer detenidamente. Allí desarrolló su práctica médica desde 1891 y hasta 1938, y también se forjó en ella la base de todos los trabajos en torno a La interpretación de los sueños y los estudios de caso. El Museo actual es una mezcla de recuerdos entrañables de una experiencia física de habitabilidad en una ciudad que no tuvo reparos en colocar la cruz gamada en el dintel de su casa y que propició su exilio a Londres en el verano de 1938, hasta una colección de fotografías y algunos objetos y bienes muebles personales que puedan alumbrar determinadas características de la casa-consulta. Me impresionó mucho el fondo científico que posee en la actualidad, así como las actividades que desarrolla la Fundación para seguir explorando las diversas manifestaciones del psicoanálisis en el mundo actual.

En la exposición citada, situada en los bajos del palacio Belvedere, comisariada por Jaime Brihuega, se muestra “el arte de uno (Dalí) y las teorías del otro (Freud)”, intentando demostrar que “Dalí estaba fascinado, incluso obsesionado, por las enseñanzas de Freud. Durante años quiso conocer de forma obsesiva a su gran ídolo. Esto falló varias veces. En abril de 1937, el artista probó suerte en Viena, sin éxito. La reunión finalmente tuvo lugar en julio de 1938 en Londres, mediada por Stefan Zweig y Edward James. Esta completa exposición muestra cómo esta obsesión se refleja en la obra del surrealismo y cómo se revela en los mundos pictóricos surrealistas de Dalí”.

Según se anuncia en el programa oficial de la exposición, “El 19 de julio de 1938, Salvador Dalí conoció en Londres a Sigmund Freud, que había huido de Viena; fue el primer y único encuentro del artista con su ídolo. Las altas expectativas de Dalí quedaron incumplidas: su ambicioso deseo de obtener el reconocimiento de Freud por su método paranoico-crítico «desde un punto de vista científico» no se cumplió. Sin embargo, el fundador del psicoanálisis quedó posteriormente más impresionado de lo esperado y se inclinó a reconsiderar su actitud previamente distanciada hacia el surrealismo. Con alrededor de 100 obras -entre pinturas, objetos surrealistas, fotografías, películas, libros, revistas, cartas y otros documentos- el Belvedere ilumina a la persona Dalí en el contexto de su complejo universo familiar y lo acompaña desde el descubrimiento de los escritos de Freud hasta el encuentro con el psicoanalista exiliado en Londres en 1938. Para el joven artista, la lectura de La interpretación de los sueños se convirtió en uno de los descubrimientos más importantes de su vida. A través de los escritos de Freud encontró la clave de los miedos, deseos y obsesiones ocultos que lo habían acompañado desde la infancia. Influenciado por esto, abordó la poética del surrealismo a partir de 1926 y desarrolló un nuevo lenguaje visual que hace que su obra sea única hasta el día de hoy. Además de los encuentros de Dalí con Freud, la exposición se centra en otros encuentros pioneros del artista, como los que tuvo con el poeta Federico García Lorca y el cineasta Luis Buñuel en la Residencia de Estudiantes de Madrid. Al igual que sucedió con el Histólogo y Premio Nobel Santiago Ramón y Cajal y sus dibujos de tejido nervioso, que se convirtieron en la inspiración de su obra surrealista”.

He tratado varias veces en este cuaderno digital de la relación del psicoanálisis con diversas artes. En ese sentido deseo resaltar el artículo que publiqué en 2020, La amistad del psicoanalista Ángel Garma y Federico García Lorca, poeta, en la Residencia de Estudiantes (Madrid), en el que citaba la presencia también de Salvador Dalí en este círculo virtuoso de artistas, según se desarrollaba en un interesante artículo publicado por Iñaqui Márquez, La Residencia de Estudiantes. Garma, García Lorca y la homosexualidad, en la Revista Norte de Salud Mental, en el que describían “los amores sucesivos de Lorca, Rafael Rodríguez Rapún, Emilio Aladrén, Salvador Dalí, Sánchez Mejías, Eduardo Rodríguez Valdivieso y el que se cree que fue el último amor en vida: Juan Ramírez de Lucas: “Se separaron en Julio de 1936 días después el golpe militar, para ver a sus familias en Albacete y Granada”. Puede que en la cajita que legó a su hermana antes de morir, se encuentren claves para comprender muchas cosas de la relación con Lorca que nos permitan profundizar en su forma de ser y existir, singulares, en su trayecto final de vida.

En el encuentro de Londres, Freud pensó que Dalí, “ese chico”, era un fanático, aunque días después de la visita le comentó a Zweig en una carta que “Me inclinaba a considerar a los surrealistas, quienes aparentemente me han elegido como su santo patrón, como unos excéntricos incurables. El joven español, sin embargo, me ha hecho reconsiderar mi opinión. Sería muy interesante investigar analíticamente cómo una imagen como esta llegó a ser pintada”. Nunca ocurrió, porque Freud falleció el año siguiente sin haber podido analizar a fondo el alma de Dalí que cada obra suya llevaba dentro.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

No todo es cuestión de dopamina

Portada de “Dopamina” / Daniel Z. Lieberman

Sevilla, 2/II/2022

Daniel Z. Lieberman, profesor y vicepresidente del departamento de psiquiatría y ciencias del comportamiento de la Universidad George Washington, plantea en su libro Dopamina, junto a Michael E. Long, cuestiones que nos pre-ocupan [así, con guion] a diario: “¿Por qué nos obsesionamos con las cosas que queremos y nos aburrimos cuando las conseguimos? ¿Por qué la adicción no es una cuestión moral? ¿Por qué el amor pasional se convierte tan rápidamente en desinterés? ¿Por qué casi todas las dietas fracasan? ¿Por qué vivimos pegados a las redes sociales? ¿Por qué algunas personas son liberales acérrimos y otras, conservadores extremos? ¿Cómo logramos mantener la esperanza, incluso en los tiempos más oscuros? La respuesta reside en una simple sustancia química de nuestro cerebro: la dopamina. La dopamina es la sustancia que permitió que nuestros ancestros pervivieran. Hoy en cambio, es la responsable de nuestro comportamiento, adicciones y del progreso humano. Es la molécula del deseo, la que controla nuestros impulsos y la que nos incita a buscar siempre nuevos estímulos. La dopamina es la causante de que un trabajador ambicioso lo sacrifique todo en pos del éxito, o que pongamos en riesgo nuestra relación más preciada por una noche de sexo con un desconocido. Por un lado nos sirve de motivación para superarnos a nosotros mismos. Por el otro, nos lleva a arriesgarlo todo y fracasar en el intento. Para la dopamina lo importante es conseguir algo, cualquier cosa, con tal de que sea nueva. Una vez tenemos claro el papel que juega en nuestra vida, podremos entender de una manera revolucionaria por qué nos comportamos como lo hacemos en el amor, los negocios, la política o la religión. Entender la dopamina nos ayudará a predecir nuestro comportamiento. Pero también el de los demás”. Si unimos a estos párrafos introductorios el subtítulo del libro, tenemos garantizado un interés nuevo por conocer la dopamina, un aparente motor de la vida, aunque aseguro que nunca actúa en solitario, como explico más adelante: “Cómo una molécula condiciona de quién nos enamoramos, con quién nos acostamos, a quién votamos y qué nos depara el futuro”. Francamente, creo que la dopamina necesita ser estudiada con una visión más holística y con menos titulares sensacionalistas, porque la verdad científica es que del cerebro sabemos todavía poco, aunque vivimos en un siglo en el que se lograrán avances espectaculares.  

Ante este panorama, vuelvo a repasar las estructuras del cerebro, a las que dediqué bastantes artículos en este blog cuando inicié este largo camino digital, para localizar bien esta molécula que está en el cerebro y para considerar de nuevo la importancia que tiene en un mundo que está presidido por lo inmediatez de todo, con un aserto que mueve la vida a diario: quiero lo que me interesa, lo quiero ya y lo conseguiré como sea. O no. De ahí el sufrimiento humano por tanta frustración diaria. Efectivamente, la dopamina juega un papel transcendental en el cerebro, pero nunca actúa sola sino siempre acompañada de otras moléculas que dan vida a determinadas estructuras cerebrales, que las “alojan”, tales como el hipocampo, el tálamo, el hipotálamo o la amígdala, entre otras. Un botón de muestra puede ayudarnos a conocer la importancia de la interrelación de la dopamina con otras sustancias hormonales. Lo escribí hace ya muchos años pero mantiene toda su vigencia en el mundo actual, cuando me refería al papel del “cableado” del cerebro, que se produce por la íntima conexión de las sustancias blanca, gris y negra allí alojadas, fundamentalmente porque este cableado es el que proporciona las conexiones de las estructuras cerebrales y donde actúan algunos neurotransmisores de la importancia de la glándula pituitaria (del latín “pituita”: secreción, fluido, moco, flema, formando parte de la medicina tradicional junto a los tres “humores” restantes: sangre, bilis amarilla y bilis negra), por ejemplo, del tamaño de un guisante, dejando muy claro cómo la dopamina corona siempre el placer de cualquier actividad humana: “El lóbulo posterior de la glándula pituitaria es el productor por excelencia de la oxitocina, llamada también la “hormona de las relaciones”, encontrándose tanto en el hombre como en la mujer. La realidad de las relaciones a largo plazo juega una baza muy importante para el equilibrio de la oxitocina (omnipresente en la mujer) junto a la vasopresina, característica del cerebro masculino. Cuando ambas se complementan, el equilibrio emocional y sentimental de las personas que conforman una pareja liberan en momentos justos estas dos hormonas, obligatoriamente obligadas a entenderse. Una caricia a tiempo libera oxitocina en la mujer y el bienestar en ella está garantizado. Igualmente, en el cerebro masculino se libera vasopresina, como buscadora insaciable de retroalimentación. A partir de aquí la cascada de emociones es un juego reservado al conocimiento de uno mismo y de su pareja, de sus amigos. Es lo que ocurre cuando imaginamos aquello que queremos o vemos en una foto a la persona que amamos: mujer, hijos, amigos íntimos. La oxitocina está detrás. La glándula pituitaria es la responsable de este equilibrio hormonal, en el que los aprendizajes y comportamientos adquiridos “neutralizan” en muchas ocasiones la forma de ser de cada una y cada uno. Cuando la oxitocina y la vasopresina se desarrollan con la normalidad programada en el cerebro individual, la dopamina juega su papel estelar de proporcionar placer, en un triángulo amoroso descifrable”.

En el ejemplo anterior hemos visto que estos neurotransmisores necesitan interactuar para alcanzar sus objetivos, pero se lleva a cabo siempre a través del cableado del cerebro, con millones de interacciones todavía indescifrables. Es verdad que nacemos con determinación sexual y con componentes que están asociados a una configuración corporal derivada de sustancias químicas que llegan a conformar una forma de ser en el mundo. Pero la necesidad de mantener en buen estado el cableado del cerebro es fruto de la conjunción indisoluble e interactiva de la sustancia gris y blanca en cada ser humano, con posibilidades ingentes de que la vida proporcione o no las posibilidades ocultas del carné genético. Y de ello sabemos todavía más bien poco. Ahí radica la belleza de la investigación: porque sabemos que está todo en la sede de la corteza cerebral, aunque todavía no lo hayamos descubierto. Y eso que todavía no hemos explicado la función de una tercera sustancia de funciones atractivas: la sustancia negra. Para algunos, “la que faltaba”, porque sabemos que como parte de la sustancia gris, con aspecto de media luna, contiene melanina que le proporciona el color oscuro, siendo responsable de neuronas donde juega un papel fundamental un neurotransmisor, la dopamina, cuyo déficit o hiperactividad nos hace enfermar siendo jóvenes o mayores, a través de la esquizofrenia o el Parkinson”.

La dopamina juega un papel transcendental en la vida humana, para el bien o para el mal, pero siempre en interrelación con sustancias humorales, hormonales y estructuras cerebrales, porque nunca actúa de forma independiente. Aporto en este sentido algo muy interesante que descubrí en la investigación que durante años realicé sobre las estructuras del cerebro, donde la dopamina, efectivamente, jugaba un papel esencial: “En los laboratorios de la vida se han estudiado a fondo estos comportamientos, especialmente en los ratones de la pradera que son grandes amantes, a los que gusta la pareja vitalicia: “Como los humanos, esos ratones están llenos de pasión física cuando se encuentran y pasan dos días concediéndose un sexo prácticamente ininterrumpido. Pero a diferencia de los humanos, los cambios químicos en los cerebros de dichos ratones pueden ser examinados directamente en el curso de ese regocijo. Dichos estudios muestran que el acoplamiento sexual libera grandes cantidades de oxitocina en el cerebro de la hembra y de vasopresina en el del macho. Esas dos neurohormonas, a su vez, aumentan los niveles de dopamina –el ingrediente del placer- la cual hace que los ratones queden locos de amor el uno por el otro. Gracias a este vigoroso pegamento neuroquímico, la pareja queda unida para toda la vida” (1).

En 2006 escribí un artículo sobre el fascinante mundo comparado del cerebro humano y del ratón y al conocer mejor a estos pequeños ratones de pradera, en cuyos cerebros se experimenta la base de la interrelación real del placer compartido, me vuelve a enamorar su legado genético que me permite hoy escribir de forma “placentera” sobre el respeto a nuestra forma de ser cerebral sexuada: ”Cuando era pequeño crecí cerca de Mickey Mouse, Minnie Mouse, Pluto y Goofy. Los dibujé mil veces. Me parecían muy humanos e inteligentes, porque vivían como yo, más o menos. Además, hablaban, lloraban y amaban. Pero nunca supe que no me separaba mucho de la forma de ser de Mickey en el mundo, porque la ciencia ha alcanzado resultados muy brillantes en esta etología cerebral: ya se sabe que el 99% de los 28.000 genes humanos tiene su homólogo en el genoma del ratón. Y poco a poco nos vamos adentrando en el conocimiento aplicado del cerebro humano. Los científicos se tienen que acercar también por caminos facilitadores de la biotecnología y de las neurociencias, como fue el caso del anuncio efectuado en ese año 2006 por el Instituto Allen de Ciencias del Cerebro, donde se confirmó que se había completado el estudio genético del cerebro del ratón, a través de un atlas tridimensional, de utilización gratuita en Internet, en el que se muestra qué genes se activan en las neuronas en cada área del cerebro. Como decía entonces, “somos, en definitiva, más libres, porque nos conocemos mejor, a través de la verdadera causa de la salud y la enfermedad, gracias a proyectos cuya base científica nace en un pequeño ratón de la factoría Allen, que siempre estará cerca, paradojas de la vida, de la humanidad y de la genética del que conocí hace muchos años, de nombre Mickey”. Entonces, en la factoría Disney, no inocente. Hoy, en la factoría de la vida, sola y compartida por la oxitocina y vasopresina. Con la compañía inseparable de la dopamina que recompensa siempre a esta pequeña central del bienestar personal y social, que tiene como misión posible invadir de “pituita” nuestras vidas.

En el prólogo de mi libro Origen y futuro de la ética cerebral (2014), decía que siempre hay razones de la razón, mucho más que del corazón, para reflexionar sobre el fundamento de las razones éticas que justifican las decisiones humanas, sobre todo en una época histórica en la que los llamados “valores” están en entredicho o simplemente arrinconados por la sociedad que nos ha tocado vivir. También, porque todas las religiones, sin excepción alguna, están pasando una factura a la historia en plena crisis de sus fundamentalismos, que intentaban e intentan justificar la razón última de todas las cosas, de todos los actos humanos. Y cuando se habla de valores hay que acudir irremediablemente a la razón de esos actos humanos, la que los justifica, en una búsqueda que tenga sentido. No hacemos nada porque nos da la gana o porque hemos nacido así, sino porque siempre hay una causa, consciente o inconsciente, que nos lleva a actuar de una determinada forma o de otra, desde la perspectiva ética de cada uno. No quise escribir un tratado de ética, pero sí ensayar una reflexión compartida de la razón y del corazón, que siempre coexisten, para abordar una tesis que me acompaña en mi persona de secreto desde hace ya muchos años. Se trata, nada más y nada menos, de intentar descubrir que los actos humanos nacen siempre de la solería que hemos ido instalando a lo largo de la vida en nuestro cerebro, es decir, el suelo firme que hemos construido en la vida diaria, que justifica todos los actos humanos, en frase muy feliz del Profesor López-Aranguren, que aprendí hace también muchos años, pero que nunca logré comprender bien hasta que descubrí qué es el cerebro y qué papel juega en nuestras vidas y en su proyección ética.

La razón de por qué publiqué ese libro, sigue vigente hoy: entregar a la Noosfera, a la malla pensante de la humanidad, es decir, a aquellas personas que lo quieran leer con pre-ocupación [sic] e interés social, unas reflexiones que demuestran que el cerebro es la base donde residen todos los actos humanos, el lugar donde se forja la historia de cada uno, su intrahistoria, en una estructura cerebral que se llama hipocampo o de un neurotransmisor de nombre dopamina, por ejemplo, y entre muchas otras como podrán comprobar, que trabajan incansablemente con independencia de lo que queramos hacer y entender cada día. Creo que consultarlo es útil. Cada capítulo engloba una serie de reflexiones, con formato de artículo y con base científica en su mayor parte, para que no se convierta en un libro de autoayuda al uso, sino de conocimiento de lo más preciado que tenemos como seres humanos: la inteligencia que se desarrolla a lo largo de la vida en nuestro cerebro, que es único e irrepetible y que nos juega siempre buenas y malas pasadas, a través de unas estructuras cerebrales que condicionan la amplitud de nuestro suelo firme en la vida, lo que llamaba anteriormente «solería” de nuestra vida, o lamas de parqué en términos más modernos, puestas una a una a lo largo de nuestra existencia, dependiendo de cada experiencia construida en el cerebro individual y conectivo, que es la razón que nos lleva a ser más o menos felices. Además, con proyección específica en el mundo real en el que vivimos, en la inteligencia digital. Al fin y al cabo, es lo que pretende el cerebro siempre: devolver en su trabajo incansable, porque nunca deja de funcionar, ni de noche ni de día, es más, durante la noche sobre todo, la razón lógica del funcionamiento de las neuronas, un trabajo maravilloso que intenté desarrollar y explicar en el libro citado. El resultado pretendido con ese libro y con el artículo de hoy es ayudar a conocernos mejor, con base científica, que nos permita justificar nuestro origen y futuro humano, el comportamiento de género, la influencia diaria y constante del cerebro en la inteligencia y en el compromiso para que el mundo propio y el de los demás merezca la pena vivirlo, compartirlo y habitarlo.

Hoy en día, sólo sé que no sé casi nada de cómo funciona el cerebro. Ni tampoco por qué enferma en determinadas ocasiones, cuestión que lleva a sufrir mucho al género humano. Esa es la razón de por qué me entusiasma conocerlo cada día mejor, porque lo que sí sé es que en él están alojados todos los actos humanos, pasados, presentes y futuros. También, que todo lo que nos pasa no es cuestión de dopamina.

(1) Brizendine, L. (2007). El cerebro femenino, Barcelona: RBA, p. 93s.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Maya, la nieta de Salvador Allende, ministra de Defensa Nacional

Salvador Allende y su esposa, Tencha Bussi, en 1971 junto a sus nietas Marcia Tambutti (izquierda de la imagen) y Maya Fernández (derecha)

Sevilla, 1/II/2022 (actualizado a las 13:00 CET)

La noticia ha dado la vuelta al mundo: Maya Fernández Allende, nieta de Salvador Allende y símbolo del nuevo Chile, con una larga trayectoria política como militante del Partido Socialista Chileno, ha sido nombrada ministra de Defensa Nacional en un acto oficial celebrado el pasado 21 de enero, en un país con un pasado triste y doloroso por la dictadura impuesta por el general Augusto Pinochet desde el golpe de estado de 1973, en la que el ejército desempeñó un papel crucial. Tomará posesión de su cargo el próximo 11 de marzo, en lo que representa un símbolo del poder democrático en un país, después de las elecciones generales celebradas recientemente, en las que resultó vencedor Gabriel Boric. En el acto de anuncio del nuevo Gobierno, compuesto por 14 mujeres y 10 hombres, el nuevo Presidente dijo a los elegidos, que “[…] Necesitamos que dialoguen, que escuchen mucho, que escuchen el doble de lo que hablen, que preparen sus agendas con dedicación, que visiten los barrios y las regiones, que estén en las calles y construyan soluciones en conjunto con la gente de Chile». Asimismo, en el primer encuentro con su nuevo Gobierno, afirmó que “sentirnos parte de un mismo proyecto y recordar permanentemente que nos debemos al pueblo de Chile, genera una ética colectiva que nos va a permitir tener un buen Gobierno”.

Maya Fernández Allende no ha tenido una vida fácil. Ha vivido la dureza del exilio en Cuba, tierra muy querida en su familia por ser su padre natural de la isla, así como la muerte por suicidio de su madre, cuando ella sólo tenía seis años, hasta el regreso a su país natal en el año 1990, cuando comenzó a estudiar biología y medicina veterinaria. La imagen que ilustra estas palabras recoge un momento entrañable, en el que Salvador Allende, abraza a sus nietas, Marcia Tambutti y Maya Fernández, bajo la atenta mirada de su esposa, Tencha Bussi. Me parece que, una vez más, una imagen vale más que mil palabras, porque adivino en la mirada de Allende una honda preocupación por el futuro de sus nietas, así como un cariño profundo. Cincuenta y un años después, aquél abrazo simboliza algo muy importante. Maya Fernández Allende dirigirá a partir del próximo 11 de marzo, el ejército que derrocó a su abuelo, como mensaje de que el mundo al revés a veces se muestra al derecho y aquella preocupación que refleja su mirada se torna ahora en un mensaje de la libertad que proclamó  Allende desde el Palacio de la Moneda en la capital, horas antes de su fallecimiento el 11 de septiembre de 1973, que sigo leyéndolo e interiorizándolo en muchas ocasiones en su sentido más positivo, a pesar de la tragedia popular que supuso el sangriento golpe militar dirigido por el general Pinochet: “Tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo en el que la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor”.

No he olvidado nunca estas palabras de Allende y con esta breve reflexión quiero contribuir a no participar en los silencios cómplices de los olvidos, a respetar su memoria y las de miles de chilenos desaparecidos y torturados en la larga dictadura de Pinochet, sobre todo porque paseamos hoy en muchos lugares del mundo, también en España, por grandes alamedas de libertad en las que él soñó, aunque quede mucho por hacer y conseguir. Como decía en 2013, en un post que aprecio y que escribí con ocasión del 40 aniversario del golpe de estado chileno, Ardiente im-paciencia, estas palabras suyas las he seguido sabiendo y practicando, sin ninguna duda. Es mi pequeño homenaje a Salvador Allende y al pueblo chileno, hoy y siempre.

Con el nombramiento de Maya Fernández Allende como ministra de Defensa Nacional, la fe de su abuelo en Chile y su destino alcanza un momento álgido, porque Maya permitirá que las grandes alamedas en las que soñaba Salvador Allende, por las que se pasean ya en Chile en plena democracia las personas libres, seguirán abiertas también a las Fuerzas Armadas Democráticas, aquellas que bajo el mandato de Augusto Pinochet cerraron toda posibilidad de vivir en libertad en aquél país. ¡Qué gran lección del valor histórico de la Democracia!, a pesar del dolor inmenso que durante tantos años de dictadura, diecisiete, sufrió aquél país, al que admiro, respeto y recuerdo especialmente cada 11 de septiembre.  

NOTA: la imagen de cabecera se recuperó el 11/IX/2016 de: http://allendemiabueloallende.cl/

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Rafael Nadal es uno de los imprescindibles de Brecht

Rafael Nadal

Sevilla, 31/I/2022

Hay hombres y [mujeres] que luchan un día y son buenos, otros [y otras] luchan un año y son mejores, hay quienes luchan muchos años y son muy buenos, pero están los [hombres y mujeres] que luchan toda la vida, y esos son los imprescindibles.

Adaptado de un texto de Bertolt Brecht en Elogio a los combatientes

Creo que se agotan los adjetivos que califican la trayectoria del tenista Rafael Nadal y el éxito obtenido ayer en el Open de Australia, en Melbourne, coronando una carrera extraordinaria en todos los sentidos. Lo digo bien alto y claro: es imprescindible, un adjetivo que nos reafirma en algo muy evidente: es una persona de la que no debemos ni podemos prescindir para seguir construyendo el país. Lo he manifestado en muchas ocasiones en este cuaderno digital: en España también se hacen muchas cosas bien, a pesar de los estereotipos que arrastramos desde hace siglos, junto a los pecados capitales en su intrahistoria, que desarrolló en su momento Fernando Díaz-Plaja. A mí me fascina el comportamiento de estas personas a las que considero imprescindibles, a los que así calificó Bertolt Brecht en una cita inolvidable: Hay hombres y [mujeres] que luchan un día y son buenos, otros [y otras] luchan un año y son mejores, hay quienes luchan muchos años y son muy buenos, pero están los [hombres y mujeres] que luchan toda la vida, y esos son los imprescindibles (adaptado de un texto de Bertolt Brecht en Elogio a los combatientes, dado que los corchetes son míos en una lectura renovada desde la perspectiva de género en el lenguaje actual). Si a los imprescindibles uno la defensa de los nadies de Galeano desde la ética social, los hijos de nadie, los dueños de nada. / Los nadies: los ningunos, los ninguneados, / corriendo la liebre, muriendo la vida, abrocho una dialéctica social que no olvido en mi acontecer diario, porque estos nadies son los imprescindibles en el Estado de Bienestar. No paran de luchar todos los días para encontrar sentido a la vida.

Nuestro país no suele cuidar a las personas que triunfan porque siempre afloran en estas circunstancias sus sempiternos pecados capitales, entre los que destaca la envidia, entendida como tristeza o pesar del bien ajeno o «dolor concebido en el ánimo del bien y de la prosperidad ajena» (RAE A, 1732), unido al olvido casi inmediato y a los malos pensamientos en una frase tipo: «por algo será…», donde el presagio del «algo» nunca es bueno y cumple su misión como la mancha de aceite. Con este triunfo de Rafael Nadal en el Abierto de Melbourne, he recordado una vez más las palabras del cardiólogo Valentín Fuster, residente durante muchos años en América, que pronunció en 2013 durante una de sus múltiples visitas a España: “Yo puedo estar hablando todo el rato del desastre que hay en España. Pero igual podemos sacar unos minutos para saber si algo funciona…” o lo que es lo mismo, puedo estar hablando todo el rato de lo que hace mal este país, pero igual podemos sacar unos minutos para saber si algo funciona…, si alguien nos representa con dignidad más allá de nuestras fronteras y alegrarnos por ello, rompiendo los silencios cómplices a los que estamos acostumbrados o a desprestigiar a quien tanto lucha por sus ideales y principios. Y comprobaremos que es verdad, que funcionan muchas cosas que aparentemente son de otro mundo pero que gracias a un deportista de élite como Rafael Nadal contribuimos a dignificar el país en el deporte internacional, que debería causar la admiración necesaria y justa de todos, sin excepción alguna.

Lo que hizo ayer Rafael Nadal en su vibrante partido final ante el ruso Medvedev, ha sido épico. Cobra hoy un sentido casi “olímpico” en un mundo al revés de superestrellas del deporte, de sueldos millonarios y hasta casi insultantes, de apuestas deportivas con publicidad no controlada, de jugadores de todo tipo que se convierten en mercancía pura y dura en el gran Mercado del Deporte. En ese espíritu tengo que reconocer que todo no consiste para Rafael Nadal, al igual que para millones de personas que poblamos este planeta Tierra, en ser Citius (el más rápido), Altius (el más alto), Fortius (el más fuerte) en la Olimpiada de la Vida. Ese es el gran ejemplo para quienes lo admiramos y, sobre todo, para la juventud de este país. Sus manifestaciones públicas en una entrevista al finalizar el partido así lo atestiguan, al responder a la pregunta de qué significaban para él los 21 títulos de Grand Slam:Para mí es sumar uno más. Al final es que no hemos terminado y lo lógico es que 21 pues no sean suficientes para ser el que termine con más Grand Slam de la historia. Lo digo sinceramente y como dije en rueda de prensa, y lo mantengo, no se puede estar siempre mirando al lado. Para mí, conseguir el 21 es algo inolvidable, y la manera de hacerlo lo convierte en mucho más especial. Yo seguiré haciendo mi camino, disfrutando del tenis. Me gustaría llegar preparado a la temporada de tierra”. Ahí está su secreto, hacer camino al andar y disfrutar de lo que hace, quitando importancia al efecto halo de los premios y… no mirar siempre al lado para ver dónde está mi compañero de viaje y cuánta ventaja le saco.

Ayer dijo algo muy importante en la rueda de prensa oficial y posterior al partido: “No me importa mucho si soy o no el mejor de la historia”. Para mí, sé que es un modelo a seguir, un imprescindible, una de esas personas a las que elogiaba Bertolt Brecht. Muchos niños y niñas de este país que lo vieron ayer, han soñado ya con seguir su estela y con una raqueta de tenis que les permita ser personas de bien como él. A todos nos entregaste felicidad a raudales. Es algo extraordinario para nuestro país. Por ello, gracias, Rafael.


CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Cuando el diablo no se aburre, toca el violín

Sevilla, 30/I/2022

Hoy he tenido la oportunidad de regresar a la levedad profunda de mi violín, recordando una obra fantástica, El trino del diablo (Sonata para violín en sol menor), compuesta por Giuseppe Tartini (Piran, República de Venecia, 1692-Padua, 1770), probablemente una de las que exija mayor virtuosismo en su interpretación. La versión que más aprecio es la de la violinista Anne-Sophie Mutter, junto a la Filarmónica de Viena dirigida por James Levine, por su forma de atacar cada movimiento de esta Sonata no inocente. La historia que hay detrás de esta composición la detalla el astrónomo francés Joseph Jérôme Le Français de Lalande (1770) en su obra Voyage d’un françois en Italie, de acuerdo con el contenido de una carta que Tartini le había enviado en cierta ocasión: “Una noche, en el año 1713 soñé que había hecho un pacto con el diablo a cambio de mi alma. Todo salió como yo deseaba: mi nuevo sirviente anticipó todos mis deseos. Entre otras cosas, le di mi violín para ver si podía tocar. ¡Cuán grande fue mi asombro al oír una sonata tan maravillosa y tan hermosa, interpretada con tanto arte e inteligencia, como nunca había pensado ni en mis más intrépidos sueños! Me sentí extasiado, transportado, encantado: mi respiración falló, y desperté. Inmediatamente tomé mi violín con el fin de retener, al menos una parte, la impresión de mi sueño. ¡En vano! La música que yo en ese momento compuse es sin duda la mejor que he escrito, y todavía la llamo el Trino del diablo, pero la diferencia entre ella y aquella que me conmovió es tan grande que habría destruido mi instrumento y habría dicho adiós a la música para siempre si hubiera tenido que vivir sin el goce que me ofrece”.

Son dieciséis minutos prodigiosos, que nos acompañan casi en un éxtasis rodeado de melancolía. Para comprender bien la intrahistoria de esta partitura, he recurrido a conocer a fondo al autor, a través de una obra del escritor Ernesto Pérez Zúñiga, La fuga del maestro Tartini, ganadora del XXIV Premio Torrente Ballester. En ella “traslada al lector a los lugares sagrados de la memoria y su incisiva nostalgia a través de la vida de Giuseppe Tartini, uno de los más importantes músicos del siglo XVIII, y autor de la sonata conocida popularmente como El trino del diablo. Una aventura física y espiritual, en busca de una armonía repleta de dificultades, en la que el lector se encontrará con valiosos personajes de aquella época, y otros tantos del mundo mítico, capaces de anular el tiempo y fundir lo clásico con lo contemporáneo. En una entrevista al autor, que recomiendo leer atentamente, se introduce la misma explicando una breve sinopsis de esta obra: “Año 1769, el maestro Tartini rememora su vida cuando presume que el tiempo se le agota. Recuerda su infancia, en la que se forma tanto su sensibilidad musical, como la rebeldía que le acompañará durante toda su existencia al rechazar la educación eclesiástica que su padre le tenía reservada. Tras múltiples aventuras con la espada, encuentra cierto sosiego en el arco del violín, el “instrumento del diablo” del que se convertirá en un virtuoso, y en Elisabetta Premazore, una mujer de clase humilde con la que mantuvo un amor prohibido. Su carrera como músico parecía seguir el camino trazado cuando conoce a un violinista extraordinario. Comienza entonces un viaje a través de los secretos de la naturaleza humana que le llevan a enfrentarse, de manera cruel y destructiva, con su lado más oscuro”. Más adelante justifica Pérez Zúñiga la razón de escribir sobre Tartini: “Me enamoré de su música. Esa música movió los hilos dentro de mí, y los fui siguiendo hacia los lugares donde Tartini vivió en Italia y en Slovenia. Lugares que siguen casi intactos. Algunos han cambiado de nombre, eso es todo, nombres secundarios. Lo importante para mí era ir imaginando ser alguien ya perdido en el tiempo. Resucitarle, prestarle mi cuerpo, mi mente que se iba llenando de lo que iba descubriendo sobre su vida y, sobre todo, de sus sonatas y conciertos. Luego le iba a prestar yo mi escritura y parte de mi propia biografía”.

En esta entrevista, Pérez Zúñiga nos ofrece una clave de su novela, para comprender bien la actualidad de su obra magna, a pesar de los saltos históricos en su narración: “No tiene sentido resucitar a Tartini si no es un personaje del presente. Del pasado me interesa lo que sigue vivo, y Tartini es interesante en cuanto se comunica con la conciencia del lector. Esto vale también para los espacios, para la propia calle donde vivió Tartini, y que decidí mantener con el nombre que tiene hoy. La ventana de su casa es la conciencia que une espacio pasado y presente. Quiero que el lector pueda encontrar esa calle y mire a Tartini en su ventana (en un edificio que hoy no existe). Hay otro intento más: descubrir la interconexión de los tiempos, cómo se afectan entre ellos, como las relaciones cronológicas que nosotros entendemos como causa y efecto pueden tener una relación de simultaneidad, por lo menos desde el punto de vista psicológico. Cómo la mente se mueve en el tiempo. Cómo el tiempo de los sueños puede incluir el futuro. Mi interpretación libre de la ciencia contemporánea planea en distintos pasajes de la novela. Añado algo más: me interesa que la belleza de la música de Tartini anule de alguna manera el hecho irremediable de su muerte. La belleza vence al tiempo, y lo reinterpreta. Es un hecho cotidiano, demostrado una y otra vez en las obras de arte”.

Durante estos últimos años he seguido de cerca la recomendación de Shakespeare, en El mercader de Venecia, ¡Atiende la música!, aprendiendo a tocar el violín, el piano y el clavecín, compañeros inseparables en cada curso académico que he podido seguir hasta la llegada de la pandemia, intentando aprender la técnica depurada que hay detrás de cada instrumento: “El hombre que no tiene música en sí mismo y no se mueve por la concordia de dulces sonidos está inclinado a traiciones, estratagemas y robos; las emociones de su espíritu son oscuras como la noche, y sus afectos, tan sombríos como el Érebo: no hay que fiarse de tal hombre. ¡Atiende a la música!”. La obra de Shakespeare es un tratado contra la usura y una ardiente defensa de los valores humanos. Repasando con atención este cuaderno digital, se puede comprobar que en numerosas ocasiones hago referencia a la música como una proyección de la inteligencia que cuida, sobre todo, el alma humana. También sus sueños, sabiendo que el Diablo siempre está cerca, asumiendo la arrogancia de Lucifer, el ángel caído de determinados cielos, inteligente y necio al mismo tiempo.

Escuchando hoy atentamente El trino del diablo, comprendo perfectamente el simbolismo de la música. Cada día descubro un mundo nuevo al aproximarme al teclado o al arco y mástil del violín, para conocer mejor su alma. Es una experiencia única que me regala la vida y en la que estoy inmerso por los sentimientos y emociones que me ofrece. He descubierto la riqueza sonora del clave, el instrumento tan querido por Bach y Mozart en sus años de éxito sonoro, asimilando a diario algo que ha perdurado a través de los siglos: Musica laetitiae comes, medicina dolorum, es decir, la música es compañera en la alegría y medicina para el dolor. También la del violín. Ha sido un descubrimiento especial. Mi violín es una maravillosa caja de sorpresas o de sueños, según se contemple, aunque lo que más me llama la atención es su levedad cuando lo tengo en mis manos. La historia le ha sustraído peso, sabiamente, en la clave que aprendí un día de Ítalo Calvino: “he tratado de quitar peso a las figuras humanas, a los cuerpos celestes, a las ciudades; he tratado, sobre todo, de quitar peso a la estructura del relato y al lenguaje” . Como él, doy un gran valor a la levedad, aunque junto a Kundera, en su obra “La insoportable levedad del ser”, tenga que admitir la realidad de la Ineluctable Pesadez del Vivir, como condición humana que nos es común, porque estamos rodeados de constricciones públicas y privadas que terminan por envolver toda existencia. Incluso cuando el diablo tiene algo que hacer y se aproxima en los sueños tocando una obra muy hermosa, lejos de la figura que conocí de niño, porque me decían que cuando se aburría y no tenía nada que hacer, sólo sabía matar moscas con el rabo. Cuando el sueño se despierta, soy consciente de que la belleza sólo corresponde a la inteligencia humana y que sabe vencer al tiempo y a la sabiduría de los enemigos del alma.

Voy ahora a mi rincón de pensar, rodeado de música, donde comienzo a escuchar también una obra de la excelente violinista canadiense Angèle Dubeau, con un título premonitorio, Violines Infernales, que interpreta obras inspiradas en el diablo, junto al grupo La Pietá, formado exclusivamente por mujeres violinistas, tomando el nombre de la orquesta y coro del Convento-Orfanato de la Pietá, en Venecia, de los que era el director, donde se recogían “niñas y mujeres descarriadas”. Podemos escuchar obras asombrosas tales como Los trinos del diablo, de Tartini, hasta los torbellinos infernales de la Danza Macabra de Saint-Saëns y Las Bellezas del Diablo, de François Dompierre. Sobre todo, hoy, escucho varias veces esta última porque me parece una interpretación que sobrecoge por el virtuosismo de los violines, que me devuelve paz para comprender la belleza de la vida y me aleja de los diablos aburridos que siempre están al acecho.   

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Un retrato inhumano

Retrato de René Robert / Frisca Briquet

Sevilla, 28/I/2022

El fotógrafo de doble nacionalidad, suiza y francesa, René Robert, falleció el 20 de enero en París, como consecuencia de la hipotermia que sufrió al caer en una calle del centro de la ciudad de la luz, perder el conocimiento y permanecer durante nueve horas en una acera sin ser atendido por nadie, a pesar de que la hora en que se produjo la caída era en torno a las nueve y media de la noche del día 19. Fue una mujer sin techo, durante la madrugada, la que llamó a los servicios de emergencia, aunque ya no pudieron hacer nada por salvarle la vida. Creo que es un retrato inhumano y descarnado que refleja determinados comportamientos sociales en la actualidad. Surge una pregunta: ¿qué hubiéramos hecho nosotros al verlo así? No sé, probablemente pasar de largo también, como hacemos muchas veces al pasar por aceras de nuestras ciudades donde se refugian personas en condiciones inhumanas, en una negación del principio de realidad que es muy terco. Al menos, en esta ocasión, nos queda la pregunta, más que la palabra.

Robert era muy conocido en nuestro país por ser un fotógrafo del flamenco, en blanco y negro, con una dilatada trayectoria que se prolongó más allá de cincuenta años. Fue el bailaor Manolo Marín (Sevilla, 1936) el que en el año 1967 le mostró la belleza que el flamenco lleva dentro, tal y como la ha mostrado Robert a lo largo de su vida profesional, fotografías que se realizaron en la casa de René Robert. He leído con suma atención una entrevista realizada para Musique Alhambra, que nos ofrece una muestra interesante de su arte fotográfico: “Descubrí el flamenco por casualidad, alrededor de los 30 años. Fue una mujer sueca quien me lo hizo descubrir en un tablao llamado «LE CATALAN» que existía en los años 50 y estaba situado al otro lado del Sena, rue des Grands Augustins. Picasso lo había frecuentado, sobre todo porque su estudio estaba situado en esa calle. Este tablao era el lugar de encuentro de algunos españoles de París, pero también de todas las personas interesadas en el Flamenco. Se benefició de una época extraordinaria, porque era el franquismo, y el dueño, que tenía buen “olfato”, traía artistas de España. Al pesar de que se les pagaba relativamente mal, a estos artistas se les pagaba más que en España. Tenía habitaciones en el edificio donde los alojaba. Había un restaurante en el primer piso, un bar en la planta baja. Íbamos principalmente al bar, a escuchar a los artistas, y asistíamos a veladas extraordinarias”. Más adelante, afirma que “El cante es lo que más me ha emocionado después [después del baile y de la guitarra], es la base del flamenco y me toca especialmente”. Allí nació la pasión por el mundo mágico del flamenco, que pudo comprobar y fotografiar por continuos viajes a nuestro país.

Lo verdaderamente sorprendente y mágico en los trabajos desarrollados en torno al flamenco por René Robert es por la utilización del blanco y negro de forma exclusiva en este arte, que muestra en todo su esplendor en su obra “Flamencos. La rabia o la gracia” (1993): “Trabajé el 95% en color en mi trabajo habitual como fotógrafo. Para el Flamenco, al principio, traté de hacer color y encontré que era demasiado turístico. Elegí el blanco y negro porque tiene mayor fuerza expresiva que el color. Quizás sea el hecho de que el color le da un aspecto más natural, más cercano a la realidad, a veces inocuo. El blanco y negro traspone la imagen, le da un impacto. También hay, en blanco y negro, un lado trágico que me parece que corresponde más al flamenco que el color, y el lado de los contrastes entre el blanco y el negro se corresponde mejor con sus diferentes matices”. Avanzando en su conocimiento del flamenco le llevó a publicar su segunda obra, La Rabia & la Gracia (2001), en la que ya no había duda alguna en el título, porque había desaparecido la duda de lo que significaba para él: “La rabia y la gracia, tienen dos connotaciones: la rabia obviamente evoca el aspecto enojado, pero también ese lado desesperado: la rabia de vivir. En la gracia existe tanto el lado gracioso como el estado de gracia que puede asimilarse al duende”.

Quizás nos ayude hoy a comprender bien el trabajo de René Robert cuando conocemos su forma de entender el flamenco: “El flamenco es la expresión de una forma de ser. Es una forma de vida que no existe en otras artes. Soy un poco escéptico sobre aprender flamenco cuando no vives en su contexto. Se puede aprender, claro, pero a la hora de tocar me parece difícil cuando no se vive en este ambiente, y en tierra flamenca. Estos artistas “ajenos” a menudo carecen de “el acento”, como diría un amigo. Es mérito de los artistas flamencos que practican este arte en Francia por ejemplo, porque les resulta mucho más difícil. En lo que a mí respecta, no practico flamenco, solo lo recibo, soy espectador”. Explica también que la técnica fotográfica que utiliza es muy simple, que observa durante mucho tiempo antes de efectuar la toma correspondiente: “Intento conseguir la imagen más real posible, con el menor número de efectos y, sobre todo, que el artista no se fije en mí. Los observo primero, me dejo penetrar por la especificidad de cada uno, trato de ver qué da y cuándo es particularmente expresivo. De hecho, trato de tomar una foto que le corresponda, que lo represente”.

La vida es algo más que el blanco y negro, que los grises, donde la belleza de las imágenes desean trascender siempre la propia realidad “porque el cerebro está preparado para interpretar todos los matices cromáticos de la vida en libertad, sin dejar ninguno atrás”, como reflexionaba en un post que escribí en 2009, Nuevas sonrisas, nuevas lágrimas, dedicado al fotógrafo Erick Lessing: la vida de cada una, de cada uno, que es lo más parecido a una película en blanco y negro, con la acromatopsia ética que corresponda, permite descansos, para recuperar esos momentos que tanto nos reconfortan y que nos devuelven felicidad. Pero también sabemos que la dialéctica de las sonrisas y las lágrimas permite apartarnos junto a una pared de la vida personal e intransferible, sentir el abrazo de los que nos quieren, aunque inmediatamente nos llamen mediante megafonía para seguir rodando, viviendo, en definitiva, en la filmación en color jamás contada.

Un especialista en los cuidados del ojo, del siglo XIII, Pietro Spanno, que llegó a ser Papa bajo el nombre de Juan XXI dijo en cierta ocasión algo que no he olvidado: “El ojo es un miembro noble, redondo y radiante. Ver es el paraíso del alma”. Ese es el secreto y la magia del ojo humano cuando ordena el clic que fija momentos especiales de la vida para la posteridad. Igual que cuando se fotografía el dolor o la muerte, muchas veces con alto riesgo personal de profesionales excelentes, comprometidos, facilitando imágenes recientes que desgraciadamente ya son habituales para el procesamiento en nuestra retina y que tanto nos hacen pensar, cumpliendo su función.

Miguel Poveda / René Robert

Las palabras de René Robert creo que nos ofrecen un retrato humano y profesional para comprender su obra. Su lenta agonía en una acera de París, no ha sido en blanco y negro, sino en color aunque todo se convierte en un fundido en negro, con la acromatopsia que la sociedad actual observa la vida, porque los retratos que hacemos a diario de lo que está ocurriendo cerca de nosotros, son muchas veces inhumanos. Hoy, con estas palabras, le hago un pequeño homenaje desde Andalucía y Sevilla, porque amó nuestra tierra y nuestras formas de expresarnos a través del flamenco. Manolo Marín, Chano Lobato, Paco de Lucía, Vicente Amigo, Mayte Martín, Miguel Poveda, Belén Maya y “muchos nuevos talentos, hay muchos”, que decía él y entre otros muchos representantes de este arte que ya es patrimonio de la humanidad, lo recordarán en sus personas de secreto. Algunos, desde su cielo particular que también existe. Todos, ofreciéndole ahora simbólicamente el respeto y el calor que necesitó siempre para seguir viviendo.

NOTA: la imagen de Miguel Poveda se ha recuperado hoy de Musique Alhambra.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.