Ucrania sigue representando hoy el miedo global

Ustedes que nunca hicieron nada / excepto construir para destruir, / ustedes juegan con mi mundo / como si fuera juguetito de ustedes, / ponen un arma en mi mano / y se esconden de mis ojos / y se dan la vuelta y corren alejándose / cuando vuelan rápidas las balas

Bob Dylan, Masters of War

Sevilla, 19/Ii/2023

El próximo viernes se cumple un año de la guerra invasora de Ucrania. Dos días después de haber comenzado este despropósito humano, escribí el año pasado un artículo que simboliza algo que el mundo oculta en actitud vergonzante, el miedo global, a pesar de seguir viviendo todos como si nada pasara. La verdad es que ha afectado ya a miles de millones de personas y lo sigue haciendo, sin que veamos una solución en el horizonte.

Vuelvo a publicarlo, sin cambiar nada, porque como decía mi admirado Eduardo Galeano en un poema que no olvido, las armas tienen miedo a la falta de guerra. Es el tiempo del miedo. Tengo que confesar que yo también lo tengo y sigo soñando en la paz y libertad que merece el pueblo ucraniano y, por extensión, la Humanidad.

Ucrania representa hoy el miedo global

Sevilla, 26/II/2022

Lo que está ocurriendo en Ucrania es un aviso para navegantes. Es tan grande el despropósito de Putin, porque tiene nombre y apellidos, que en este contexto he acudido de nuevo a un consultor de cabecera, Eduardo Galeano, a través de un poema dirigido a almas inquietas, El miedo global (1), fundamentalmente porque en él se dice algo verdaderamente sobrecogedor y porque reconozco que lo que está pasando y estamos viendo en Ucrania da miedo, sintetizado en uno de sus versos: Las armas tienen miedo a la falta de guerra, porque la realidad es que estamos viviendo en un mundo al revés:

Los que trabajan tienen miedo de perder el trabajo.
Y los que no trabajan tienen miedo de no encontrar nunca trabajo.
Quien no tiene miedo al hambre, tiene miedo a la comida.
Los automovilistas tienen miedo a caminar y los peatones tienen miedo de ser atropellados.
La democracia tiene miedo de recordar y el lenguaje tiene miedo de decir.
Los civiles tienen miedo a los militares. Los militares tienen miedo a la falta de armas.
Las armas tienen miedo a la falta de guerra.
Es el tiempo del miedo.
Miedo de la mujer a la violencia del hombre y miedo del hombre a la mujer sin miedo.
Miedo a los ladrones y miedo a la policía.
Miedo a la puerta sin cerradura.
Al tiempo sin relojes.
Al niño sin televisión.
Miedo a la noche sin pastillas para dormir y a la mañana sin pastillas para despertar.
Miedo a la soledad y miedo a la multitud.
Miedo a lo que fue.
Miedo a lo que será.
Miedo de morir.
Miedo de vivir.

El año pasado escribí en una serie dedicada al futuro imperfecto sobre lo que vendría después de la pandemia, que necesitamos ahora más que nunca: seríamos capaces de superar el miedo. Cuando estamos saliendo poco a poco y con mucho sufrimiento de esta cruzada pandémica, decía algo también que hoy rescato en su fondo y forma, cambiando lo que hay que cambiar en referencia a la guerra en Ucrania, porque en este tiempo de miedo existencial, a lo que fue, a lo que será, a lo que ahora mismo está pasando y estamos viendo, creo que Galeano lo resume todo en un futuro imperfecto que supone tomar conciencia del miedo a la libertad de asumir o no lo que será después de esta guerra y a lo que será de y en nuestras vidas, si el espíritu imperialista de Rusia sigue por estos derroteros. En el fondo, es el miedo legítimo a la libertad del día después de un acontecimiento de la magnitud que nos está tocando vivir. He vuelto a buscar razones de la razón humana en la clínica del alma cercana a mí y he leído palabras que tengo grabadas en mi persona de secreto, que también rescato ahora junto a las de Galeano, en un esfuerzo por encontrar sentido a la vida. Cuando leí por primera vez El miedo a la libertad, de Erich Fromm, recuerdo que lo que más me impactó fue su página de presentación anterior al prefacio, que me ha acompañado a lo largo de mi vida, siendo uno de los libros que llevo siempre en mi búsqueda permanente de islas desconocidas viajando en patera, en mar abierto, como tantas veces he descrito en este cuaderno de derrota, en el lenguaje del mar:

No te di, Adán, ni un puesto determinado ni un aspecto propio ni función alguna que te fuera peculiar, con el fin de que aquel puesto, aquel aspecto, aquella función por los que te decidieras, los obtengas y conserves según tu deseo y designio. La naturaleza limitada de los otros se halla determinada por las leyes que yo he dictado. La tuya, tú mismo la determinarás sin estar limitado por barrera ninguna, por tu propia voluntad, en cuyas manos te he confiado. Te puse en el centro del mundo con el fin de que pudieras observar desde allí todo lo que existe en el mundo. No te hice ni celestial ni terrenal, ni mortal ni inmortal, con el fin de que —casi libre y soberano artífice de ti mismo— te plasmaras y te esculpieras en la forma que te hubieras elegido. Podrás degenerar hacia las cosas inferiores que son los brutos; podrás —de acuerdo con la decisión de tu voluntad— regenerarte hacia las cosas superiores que son divinas”.

Este texto, presentado bajo el epígrafe de “El discurso de Dios al hombre”, corresponde a la Oratio de hominis dignitate, un texto introductorio de Giovanni Pico della Mirandola (1463-1494) a las 900 Tesis (Conclusiones Filosóficas Cabalistas y Teológicas) que presentó a la Iglesia de Roma en 1486, en las que buscaba una confluencia sincrética entre diversas creencias y postulados religiosos de la época, con una trazabilidad importante de filósofos y teólogos latinos y árabes. Es importante conocer este contexto histórico, que le costó finalmente la excomunión al poner al hombre (como ser humano primigenio) en un puesto muy importante en la vida humana gracias a su libertad. Tras este breve análisis, comprendo mucho mejor por qué Fromm lo eligió como texto introductorio de su libro, de su miedo personal a la libertad y por qué ha pasado a la posteridad como el Manifiesto del Renacimiento.

Repasar palabra a palabra el texto expuesto nos puede dar una idea de lo que se llegó a pensar de la libertad humana en tiempos en los que lo más importante que había que hacer, visto cómo estaba la sociedad en general, era reforzar al ser humano por encima de todas las cosas: Te puse en el centro del mundo con el fin de que pudieras observar desde allí todo lo que existe en el mundo. No te hice ni celestial ni terrenal, ni mortal ni inmortal, con el fin de que —casi libre y soberano artífice de ti mismo— te plasmaras y te esculpieras en la forma que te hubieras elegido. Se comprende perfectamente que el miedo a la libertad estriba en la decisión de abordar el futuro imperfecto actual como brutos (no hacen falta muchas explicaciones) o hacer “cosas superiores” que nos devuelvan la alegría de vivir despiertos y libres en el nuevo Renacimiento del Mundo, que algunos llaman ahora “Reconstrucción Mundial”, que nadie entiende ahora con guerras como la de Ucrania. Ese es el gran reto para saber qué significa tener miedo a la libertad de querer vivir con dignidad en un mundo que las guerras ponen otra vez al revés, como si no supiéramos lo que son.

(1) Eduardo Galeano (1998). Patas arriba. La escuela del mundo al revés. Madrid: Siglo XXI Editores de España.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

La crisis sanitaria pública actual, ¿es de modelo estratégico o de ideología?

Paulo Freire [el educador que murió aprendiendo] fue un hombre que creyó, como yo creo, en la contradicción, en la duda, en el movimiento. Dijo la frase más bonita de todas, la que yo recuerdo dicha jamás por un latinoamericano a lo largo del siglo XX: “somos andando…”, es perfecto.

Eduardo Galeano

Sevilla, 18/II/2023

Sigo muy pre-ocupado (con guion), es decir, muy ocupado de forma prioritaria, en tratar de averiguar qué está pasando en la sociedad actual con la crisis de la sanidad pública en este país y, por aproximación, con la de Andalucía. Es cierto que el estrés que ha sufrido la Sanidad Pública durante la pandemia por la COVID-19, ha sido algo excepcional y mantenido en esta travesía tan difícil, que ha supuesto poner al límite al Sistema y que ha dado muestras de sus fisuras a pesar del trabajo excepcional de sus profesionales, sin dejar a ninguno atrás y que nunca les reconoceremos de forma suficiente, digna y justa. Pero a través de esas fisuras hemos visualizado también problemas estructurales que han llevado a esta Sanidad Pública, enferma de financiación y de falta de profesionales, junto a graves problemas organizativos, a una situación límite que exigiría en estos momentos un Pacto de Estado, en el que se debería partir del reconocimiento de la salud como pilar básico del llamado Estado de Bienestar, como derecho fundamental que es en este país, donde se deberían abordar los problemas sustantivos de presente y futuro, así como las peculiaridades del Estado de Autonomías y de los Sistemas de Salud descentralizados, para finalizar en una legislación de rango sustantivo para todo el país. Este Pacto de Estado debería evitar discriminaciones de todo tipo y salvaguardar exclusivamente el interés sanitario general, basado en el principio de equidad, como precepto constitucional que no se debería olvidar nunca, teniendo siempre en mente la realidad flagrante de la pobreza severa en el país, donde cualquier enfermedad hace siempre especial mella.

Las personas que defendemos el llamado Estado de bienestar desde la perspectiva socialdemócrata, no liberal ni conservadora a ultranza, por reducir a tres la actual lucha de modelos sociales de hacer política, aunque hay más modelos posibles, tenemos la ob-ligación (seguimos con los guiones, que marcan prioridades), de unirnos en el análisis didáctico de lo que está pasando, porque si no lo hacemos es probable que solo sepamos que lo que pasa es que no sabemos lo que nos pasa.

Parto de la base de que es imprescindible seguir defendiendo los principios del Estado de bienestar, con el determinante económico que lo sostiene, sin lugar a dudas, porque no se alimenta del aire ni del espíritu en sentido más literal, sí del ideológico, nunca inocente, porque no debe serlo dado que todos no somos iguales ni los Gobiernos tampoco, sobre todo del que piensa en todos los seres humanos sin excepción alguna y dando prioridad absoluta, proporcional y progresiva, a los que menos tienen. Pero al tener que optar por un modelo, no pienso en el conservador ni en el liberal, que existen y campan a sus anchas, con horizontes anclados en el vencimiento del comunismo en su retorcida interpretación actual, sabiendo que el capitalismo es su benefactor máximo, el que está detrás de todo lo que se mueve.

Sentados estos principios, parto de la base de algo que ya presenté en este cuaderno digital en el curso de verano que hice en la imaginaria escuela del mundo al revés, en el mes de julio pasado, según el modelo de Eduardo Galeano, en su segunda edición. Como somos andando en esta realidad actual de crisis de modelos, opto por el que propicia la democracia económica que puede sustentar ese Estado de bienestar tan deseado por los demócratas de pro, como teoría científica que inspira un modelo revolucionario, el socialismo participativo, liderado por ejemplo por Thomas Piketty, que se presentó el año pasado en la Fundación Sistema, de inspiración profundamente socialista, no inocente tampoco, en el último número (331) de su revista Temas, de julio de 2022, dedicado a Thomas Piketty y el socialismo participativo, en el que su editorial situaba muy bien la dialéctica de fondo de este nuevo constructo junto al de socialismo participativo.

La revista incluía artículos de sumo interés actual para comprender bien estos conceptos, que derivan en nuevos paradigmas para la transformación ordenada de la sociedad, en los nuevos tiempos líquidos (Zygmunt Baumann) en los que todo se mueve y casi nada permanece, algo que no es especialmente novedoso si nos acordamos de los presocráticos que hace ya muchos siglos lo presentaron en sociedad ante una sociedad convulsa. Precisamente, en su editorial, abordaban una realidad social y económica muy preocupante: “Las crisis más recientes que hemos y estamos viviendo –Gran Recesión, Gran Reclusión, guerra en Europa– han puesto sobre la mesa diferentes formas de afrontar las consecuencias sociales y económicas que se derivan de esos conflictos. Si durante la Gran Recesión, las políticas de austeridad –con el Estado más distante que presente– fueron el frontispicio a partir del que se produjo el despliegue de toda una serie de iniciativas de impactos letales para la sociedad, como fueron los recortes en los servicios públicos, el mantenimiento a toda costa de las reglas de equilibrio, la contracción del crédito o el forzado retorno de deudas públicas, en las dos últimas crisis –la Gran Reclusión y la guerra abierta en Europa desencadenada por la agresión rusa en Ucrania– el papel de los Estados se ha revelado crucial. Todo en un sentido: la importancia del Estado social y la necesidad de una fiscalidad progresiva, herramientas imprescindibles para la construcción de una economía más justa y eficiente. Lo cual supuso una reivindicación en toda regla de las economías públicas, frente a los profetas acríticos de los equilibrios innatos del mercado”.

Thomas Piketty, al que he dedicado ya diversas reflexiones en este cuaderno digital, a título indicativo dos, La igualdad no es inocente: transforma la sociedad para alcanzar la libertad y II Curso de verano para entender el mundo al revés / 6. La economía democrática es un camino que se hace andando, transformando la sociedad, viene siendo un ardiente defensor del socialismo participativo, pero la situación económica que estamos atravesando, de urgente revisión científica, técnica y su correlato político imprescindible por parte de los Gobiernos de una determinada ideología de izquierda, le llevan en la actualidad a armar, con teoría económica científica y aplicando el principio de realidad, una democracia económica, ante los signos de ocaso que acusa, en beneficio del interés general de la sociedad en general y no sólo de su élite inmune e impune ante cambios drásticos en la economía, que ahora se siente perjudicada por los derroteros económicos actuales: “Para armar la democracia económica que reclama actualmente Piketty, su propuesta se funde en la idea del socialismo participativo. Visión que se alinea con un federalismo europeo, que defiende la mancomunidad de la deuda soberana de los países de la Unión Europea, la urgencia para que paguen más los que más tienen –y que suelen eludir su responsabilidad fiscal evadiendo capital hacia paraísos fiscales, tal y como han constatado las investigaciones de Gabriel Zucman–. Y, a la vez, se hace una seria advertencia: sólo con fórmulas de gobernanza pero, al mismo tiempo, de contundencia política, los más ricos –ese uno por ciento que se detalla en las estadísticas oficiales, que detenta el grueso de la riqueza mundial (esto no es una opinión: son datos)– se avendrán a pagar lo que les corresponde por justicia social”.

En el segundo artículo citado destaqué que “El asunto nuclear está en localizar dónde está el fundamento de la economía democrática, que no está sólo en que el Estado acuda en ayuda de la sociedad, pero con ribetes de acero: “la recuperación económica desde el gran motor de la inversión pública y de las ayudas a las empresas, no ha de ser un ejercicio sin retorno: y en éste, el devengo de impuestos forma parte de la ecuación. Los gobiernos no pueden ser solo prestamistas de última instancia –una expresión muy adecuada de otro gran historiador económico, Charles Kindlerberger–, sino inversores en primera instancia, tal y como apuntan los últimos trabajos de Mariana Mazzucato. Y, como tales, exigir las contrapartidas perentorias que compensen el enorme esfuerzo de toda la sociedad. Los impuestos, como primera estación de salida”. Pero el retorno de las empresas “ayudadas” por el Estado, deben llevarse a cabo para devolver de múltiples formas estos beneficios obtenidos, con nuevas fórmulas de economía democrática y de participación real y efectiva de los trabajadores incluso en sus Consejos de Administración.

Me reafirmo en algo esencial: tengo un trabajo ciclópeo de compromiso intelectual y social por delante, dado que la actual crisis del Sistema Nacional de Salud, no me es ajena, como nada que sea humano, porque persigo el interés general y no el de unos pocos. Dice Joaquín Estefanía en un artículo muy interesante publicado esta semana, Estado de bienestar: historia y crisis de una idea revolucionaria, con una entradilla definitoria, La idea de proteger al ciudadano desde la cuna hasta la tumba está en apuros. Una de las causas es la crisis presupuestaria de los Estados, con una población envejecida sostenida por menos trabajadores en peores condiciones, que “No hay elemento más reconocido de la sociedad del bienestar que el Sistema Nacional de Salud británico; fue la joya de la corona y la envidia de todos los países, y hoy está en las ruinas. En Francia se lucha calle a calle por el futuro de las pensiones, con las mayores movilizaciones populares en décadas. En todos los países se discute si la educación realmente existente sigue siendo el ascensor social que se construyó hace décadas o, en vez de propiciar la igualdad de oportunidades, genera un “monopolio de oportunidades” para los más ricos. No hay dinero para universalizar los cuidados a los más dependientes. Por último, el teletrabajo y otras modalidades contemporáneas de empleo sirven para desocializar el mercado laboral: cada vez más gente se encuentra fuera de los convenios colectivos, y tiembla el derecho del trabajo. En suma, el Estado de bienestar, aquella revolución callada que explotó a partir de la segunda posguerra mundial liderada por el laborista Clement Attlee, que debía proteger al ciudadano “desde la cuna hasta la tumba” por el solo mero hecho de serlo, está en dificultades”.

Ante lo expuesto anteriormente, surge la gran pregunta: ¿la crisis sanitaria pública actual es sólo una crisis de financiación económica o de modelo de diseño y gestión? Creo que las dos, pero sobre todo de creencia en el Estado de bienestar, con el mejor modelo estratégico de salud, que se adapte a las circunstancias sociosanitarias actuales, que cambian obviamente con el paso de los años, porque si hay ideología de defensa de las garantías públicas, desde la cuna hasta la tumba, suele haber dinero para su financiación, a través de la economía democrática. Lo que no es presentable es confiar sólo en la financiación para garantizar el sostenimiento de cualquier Sistema Nacional de Salud, incluso el que no está orientado a la ciudadanía en general, sin exclusión alguna, que es por donde empezábamos a escribir estas líneas, fundamentalmente porque hay modelos no inocentes, en el que el capital y los fondos de inversión hacen su permanente agosto descapitalizando los recursos públicos ya existentes de forma gradual, hasta hacerlos insostenibles como justificación de que la sanidad privada es la única salida que existe. Por tanto, las ideologías que sustentan la democracia son las garantes de la economía democrática y participativa de la sociedad en el Estado de bienestar, no al revés, desde el capitalismo puro y duro, sin democracia y sin participación social alguna.

Vuelvo a leer a Eduardo Galeano, en sus principios adoptados por la escuela del mundo al revés, aunque creo que el socialismo participativo y la economía democrática, estuvieron siempre muy presentes en su vida y obras dejadas para la posteridad. Como decía Pablo Milanés en su preciosa canción Proposiciones, sólo Propongo compartir lo que es mi empeño / Y el empeño de muchos que se afanan / Propongo, en fin tu entrega apasionada / Cual si fuera a cumplir mi último sueño. Galeano, refiriéndose a la participación ciudadana en América latina, perfectamente extrapolable al mundo en general decía que “En América latina, son una peligrosa especie en expansión: las organizaciones de los sin tierra y los sin techo, los sin trabajo, los sin; los grupos que trabajan por los derechos humanos; los pañuelos blancos de las madres y las abuelas enemigas de la impunidad del poder; los movimientos que agrupan a los vecinos de los barrios; los frentes ciudadanos que pelean por precios justos y productos sanos; los que luchan contra la discriminación racial y sexual, contra el machismo y contra la explotación de los niños; los ecologistas; los pacifistas; los promotores de salud y los educadores populares; los que desencadenan la creación colectiva y los que rescatan la memoria colectiva; las cooperativas que practican la agricultura orgánica; las radios y las televisiones comunitarias; y muchas otras voces de la participación popular, que no son ruedas auxiliares de los partidos, ni capillas sometidas a ningún Vaticano. Con frecuencia, estas energías de la sociedad civil sufren el acoso del poder, que a veces las combate a bala. Algunos militantes caen, acribillados, en el camino. Que los dioses y los diablos los tengan en la gloria: son los árboles que dan frutos los que sufren las pedradas”.

La economía participativa no es sólo asunto de partidos o de sus ruedas auxiliares (al buen entendedor con pocas palabras basta), ni de capillas sometidas a las creencias religiosas con el Vaticano como garantía. Los que militan en la vida para transformar el mundo son los imprescindibles de Bertolt Brecht, porque los árboles que dan frutos suelen ser los que reciben más pedradas: “La historia oficial, memoria mutilada, es una larga ceremonia de autoelogio de los mandones que en el mundo son. Sus reflectores, que iluminan las cumbres, dejan la base en la oscuridad. Los invisibles de siempre integran, a lo sumo, la escenografía de la historia, como los extras de Hollywood. Pero son ellos, los actores de la historia real, los negados, mentidos, escondidos protagonistas de la realidad pasada y presente, quienes encarnan el espléndido abanico de otra realidad posible”. En ellos cobra una especial relevancia tanto el socialismo participativo como la economía democrática, porque cuando se unen podemos ser y estar en el mundo andando y transformando el nuevo orden mundial. También los modelos más beneficiosos en el campo de la salud pública, por ejemplo, para ser diseñada de la mejor forma posible en nuestro mundo actual, con soluciones inteligentes no exentas de ideología que defienda los intereses de todos, pero sobre todo de los más débiles, para que no haya exclusión alguna, porque el Estado de bienestar garantiza la atención pública desde la cuna hasta la tumba. Seremos mejor atendidos por el Sistema de Salud correspondiente, porque seremos andando, a pesar de las contradicciones y dudas en la búsqueda del mejor modelo de Sanidad Pública, tal y como nos lo indicaba el carismático educador brasileño Paulo Freire y no a cualquier precio, sino sólo al de la dignidad y solidaridad humanas que sólo propicia el Estado de bienestar.

José Antonio Cobeña Fernández

Ex secretario general del Servicio Andaluz de Salud (2000-2004)

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de Odisha: People advised to use umbrella for social distancing | Sambad English

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad

Me disgusta cuando calla la democracia, cuando parece que está ausente

Víctor Jara: Me gustas cuando callas (1972), del libro de Pablo Neruda Veinte poemas de amor y una canción desesperada, Poema 15, publicado en 1924.

Sevilla, 17/II/2023

Asistimos diariamente a un goteo malayo para horadar la democracia en sus bases más beneficiosas para la humanidad. En nuestro país, asistimos a un escándalo tras otro al ver cómo se trata la democracia, su ocaso, que tantas veces he denunciado en este cuaderno digital, a pesar de que en los últimos años y gracias a la coalición del gobierno actual, se han dado pasos de gigante en beneficios sociales que, aparentemente, muy poca gente aprecia, bajo el mantra de que “todos los políticos son iguales”, es decir, lo peor de lo peor, cuando está suficientemente demostrado que no es así, por mucho que se empeñen en confirmarlo la derecha y la ultraderecha de este país. Ahí están los logros en salud pública con la atención a la pandemia del COVID-19, ya olvidada, la reforma laboral, el salario mínimo interprofesional, el ingreso mínimo vital, los avances incontestables en el ajuste social y económico de las pensiones, las leyes que dan más felicidad a colectivos sociales tradicionalmente marginados bajo las siglas LGTBI y derivados, la libertad sexual, la ley de la eutanasia, la de memoria democrática y tantas otros logros sociales que la memoria frágil de este país olvida y trata como si no se hubiera hecho nada. ¡Qué injusto!

En 2019 escribí una reflexión sobre esta alarmante situación, bajo el título Me disgusta la democracia cuando calla, porque el clima era parecido, donde decía algo que rescato hoy para tranquilizar mi alma de secreto, en la búsqueda de un mundo diferente para vivir con dignidad humana, tratando de que me remueva la conciencia y no deje de luchar y trabajar para transformar el mundo en el que vivimos, en la medida de mis posibilidades. Dije entonces algo que tiene ahora plena actualidad: “estamos viviendo momentos transcendentales en este país, en el que parece que la democracia calla, aunque cuando lo hace… me disgusta, recordando los contrarios del poema precioso de Pablo Neruda, Me gustas cuando callas. Salvando lo que haya que salvar, cada estrofa se podría asimilar al amor profundo, la creencia en la vida democrática y el disgusto por su silencio. Tengo la sensación de que hay un silencio aterrador, desesperado, cómplice, a la hora de defender la democracia, controlada por el poder del dinero, que siempre ha sido y es un poderoso caballero”. Hace unos días lo ejemplificaba con lo que está sucediendo en Andalucía con su Sistema Sanitario Público, que se vende poco a poco al mejor postor y que al paso que va dejará de ser “la joya de la corona” para convertirse en “bisutería fina”, porque se esquilmará en sus bases, quedando sólo para atender a los nadies, desde la perspectiva benefactora de lo más ricos, es decir, los de siempre y los allegados de última hora, ante el deterioro galopante del servicio público de salud, haciendo “su correspondiente año”, que no sólo “su agosto” las multinacionales de los seguros privados, para ricos y sobre todo para pobres, que también existen bajo la denominación de seguros low cost, que sólo el inglés los salva cuando lees la letra pequeña de las exclusiones que contienen.

Asistimos incólumes a las bravatas de la derecha ultramontana y la educada, que también existe, ante todo lo que en democracia se mueve en favor del interés general, al dolor de los migrantes que caminan hacia ninguna parte, al paro estructural, al deterioro controlado de los servicios públicos en general, a la abstención clamorosa en los procesos de elecciones, como ha ocurrido últimamente en las elecciones de Andalucía, sin ir más lejos, con un gran triunfo del Partido Abstencionista; a la fragmentación territorial y política de este país que lo hace cada vez más ingobernable y con avisos para navegantes de la derecha cerril que, a la memoria histórica hacia las personas que murieron de mala forma en la guerra civil, la reduce a “gasto en desenterrar huesos”. Y la democracia calla, no va a las urnas para acabar con esta ignominia general.

La estrofa final del poema de Neruda me vuelve a inspirar su contrario aplicándolo a la democracia, un amor verdadero a la dignidad humana: Me [disgustas] cuando callas porque estás como ausente. / Distante y dolorosa como si hubieras muerto. / Una palabra entonces, una sonrisa, bastan. / Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.

Vuelvo a recordar algo en lo que creo profundamente: sólo recupero la alegría de vivir en un día cualquiera como hoy cuando, gracias a seres humanos, a millones de seres anónimos que se esfuerzan diariamente en nuestro país y en el mundo por hacer la vida más amable y digna a los demás, constato que podemos sacar a la democracia de su silencio, de su ausencia, de su distancia, de su desencanto, de su dolor, porque creo entonces que otro mundo es posible. Y comienzo a estar alegre, alegre de que no sea cierto su silencio.

NOTA: en el vídeo, Víctor Jara interpreta el Poema 15 del libro de Pablo Neruda Veinte poemas de amor y una canción desesperada, publicado en 1924. Esta canción pertenece al disco sencillo Venían del desierto, en su cara B, publicado en 1972 y que pertenecía al álbum El derecho de vivir en paz lanzado el año anterior.

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UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Vicente Aleixandre vuelve a Ibiza desde Sevilla

Sevilla, 16/II/2023

No es una distopía al uso, sino una historia breve, real como la vida misma, que deseo compartir con la Noosfera. En un viaje reciente que he efectuado a Ibiza, siguiendo la estela del que hicieron Rafael Alberti y María Teresa León a esa isla en 1936 y donde vivieron de forma compleja los primeros días de la guerra civil, tuve un encuentro mágico con mi paisano Vicente Aleixandre, poeta al que admiro y al que he dedicado varias páginas en este cuaderno digital. Fue en un mercadillo hippie, muy conocido en la isla, en el que encontré una obra suya preciosa, Historia del corazón (1), editada en 1977, que conocía bien, porque en ella figura un poema, Mano entregada, al que dediqué un artículo en este cuaderno en 2015, Elogio de la mano, como pequeño homenaje a su obra y por una razón del corazón, como su historia: me apasiona la contemplación de la mano humana.

Al abrir el libro, antes de comprarlo, descubrí que pertenecía al fondo de la “Casa de Cultura y Biblioteca Pública de Ibiza”, con páginas selladas y con el registro y signaturas oficiales de la citada Biblioteca. No me lo pensé dos veces y lo compré por una módica cantidad comparándola con el valor inmenso de lo que significaba para mí, no confundiendo la relación valor y precio que aprendí hace ya muchos años de otro paisano nuestro, Antonio Machado, con una finalidad clara: devolverlo a su legítima “dueña”, una Biblioteca Pública a la que le pertenece y, simbólicamente, a la ciudadanía de Ibiza, concretamente a la Biblioteca Pública Insular, con una denominación actual diferente a la de los registros y sellos que figuran en el libro, para que los niños y niñas, jóvenes y personas mayores, en Ibiza, puedan leer a este autor extraordinario a través de una obra simbólica y de una calidad excepcional, que vuelve a esa tierra preciosa desde la ciudad en que nació y para tener un sitio en sus estanterías de uso público.

Vicente Aleixandre vuelve a su casa, a Ibiza, a su Biblioteca Pública, lugar de donde no debía haber salido. Lo devuelvo, es más, lo entrego con la mano entregada que aprendí a comprenderla leyendo sus versos en un poema que vuelvo a reproducir hoy, completo:

Pero otro día toco tu mano. Mano tibia.
Tu delicada mano silente. A veces cierro
mis ojos y toco leve tu mano, leve toque
que comprueba su forma, que tienta
su estructura, sintiendo bajo la piel alada el duro
hueso
insobornable, el triste hueso adonde no llega nunca
el amor. Oh carne dulce, que sí se empapa del amor
hermoso.

Es por la piel secreta, secretamente abierta, invisiblemente entreabierta,
por donde el calor tibio propaga su voz, su afán
dulce;
por donde mi voz penetra hasta tus venas tibias,
para rodar por ellas en tu escondida sangre,
como otra sangre que sonara oscura, que dulcemente oscura te besara
por dentro, recorriendo despacio como sonido puro
ese cuerpo, que ahora resuena mío, mío poblado
de mis voces profundas,
oh resonado cuerpo de mi amor, oh poseído cuerpo,
oh cuerpo sólo sonido de mi voz poseyéndole.

Por eso, cuando acaricio tu mano, sé que sólo el
hueso rehúsa
mi amor -el nunca incandescente hueso del hombre-.
Y que una zona triste de tu ser se rehúsa,
mientras tu carne entera llega un instante lúcido
en que total flamea, por virtud de ese lento contacto de tu mano,
de tu porosa mano suavísima que gime,
tu delicada mano silente, por donde entro
despacio, despacísimo, secretamente en tu vida,
hasta tus venas hondas totales donde bogo,
donde te pueblo y canto completo entre tu carne.

Como dije en mi artículo de 2015, en homenaje a Aleixandre, sabemos ya que nuestras manos tienen una historia de más de tres millones de años, tal y como lo describió la revista Science ese año, en su artículo precioso (2). Es una de las maravillas de la naturaleza humana que junto al habla supone una evolución transcendental para las personas de hoy. Es una experiencia gratificante mirar con delicada atención nuestras manos y reparar en lo que nos aportan día a día, tanto en la vida diaria que las necesitan para atender múltiples necesidades, como para expresar de forma maravillosa los sentimientos y emociones en momentos vitales siguiendo instrucciones de determinadas estructuras del cerebro. Hoy, es lo que he sentido al envolver con mis manos el libro de Aleixandre y depositarlo en Correos para que vuelva a Ibiza, a una Biblioteca Pública, un lugar en el que creo que volverá a estar a disposición de quien lo quiera leer y comprender qué significa una historia preciosa del corazón. Nada más.

(1) Aleixandre, Vicente, Historia del corazón, 1977 (3ª ed.), Madrid: Espasa-Calpe.

(2) Skinner, M.M., Stephens, N.B., Tsegai, Z.J., Foote, A.C., Nguyen, N.H., Gross, T., Pahr, D.H., Hublin, J.J. y Kivell, T.L. (2015). Human-like hand use in Australopithecus africanusScience, 23, Vol. 347 no. 6220, pp. 395-399.

NOTA: en la fotocomposición de la imagen, realizada por el autor de este artículo, se ha utilizado una imagen de Vicente Aleixandre recuperada de la página web: La esclarecedora biografía de Vicente Aleixandre, escrita por Emilio Calderón (mundiario.com).

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Es una realidad la venta controlada del Sistema Sanitario Público de Andalucía, la joya de la corona

Detalle del acto final de la manifestación de Sevilla, en la Plaza de la Encarnación (Las Setas), en defensa de la Sanidad Pública – 26/XI/2022 / JA COBEÑA

Sevilla, 14/II/2023

La noticia ha saltado a los medios de comunicación social y creo que no es inocente: “El Gobierno andaluz prepara una norma para derivar a pacientes de la atención primaria pública a hospitales privados”, algo que supone minar los cimientos del Sistema Sanitario Público de Andalucía (en adelante, SSPA), al ser esta prestación la que da sentido a una organización sanitaria modélica en este ámbito de responsabilidad de la Administración Pública en esta Comunidad, como se ha “vendido” durante muchos años, la joya de la corona, porque era verdad, porque esta derivación “primaria”, que figura de forma expresa en el texto del proyecto de la Orden citada, por la que se actualiza y desarrolla el sistema de presupuestación y tarifación de convenios y conciertos que suscriba el Servicio Andaluz de Salud para la prestación de asistencia sanitaria en centros sanitarios, desplaza de forma lesiva la acción de salud más importante en la atención sanitaria a un ámbito privado, cuando el Sistema no lo debería hacer nunca.

Si a esta realidad, se le une lo expuesto en su Disposición adicional segunda, referida a la aplicación de lo dispuesto en el artículo 312 f) de la Ley 9/2017, de 8 de noviembre, de Contratos del Sector Público, es decir, la “ocupación” posible de los hospitales Públicos, por parte de profesionales del ámbito privado, la acción de dinamitar el SSPA estaría declarada ya oficialmente y sin complejo alguno: “Excepcionalmente, conforme a lo dispuesto en el artículo 312 f) de la Ley 9/2017, de 8 de noviembre, de Contratos del Sector Público, que dispone que con carácter general, la prestación de los servicios que conlleven prestaciones directas a favor de la ciudadanía se efectuará en dependencias o instalaciones diferenciadas de las de la propia Administración contratante y, si ello no fuera posible, se harán constar las razones objetivas que lo motivan. A tal efecto, la Consejería con competencias en materia de salud podrá determinar las tarifas para la realización de procedimientos quirúrgicos y diagnósticos en instalaciones propias de la Administración, haciendo constar las razones objetivas que lo motivan”. Es lo mismo que lo que se dice en el Anexo I sobre las consultas médicas de atención primaria, que figuran a continuación a título de ejemplo preocupante, “Estas tarifas máximas se corresponde con consultas realizadas en las instalaciones de las empresas adjudicatarias, caso de no realizarse la prestación del servicio en dichas instalaciones la tarifa máxima se verá reducida al 35%”, porque dicho en román paladino, estas tarifas serán más baratas si se utilizan centros públicos del Sistema, donde se trasladen los profesionales de los centros privados concertados para desarrollar estas prestaciones.

Detalle en el Anexo I del proyecto de proyecto de Orden por la que se actualiza y desarrolla el sistema de presupuestación y tarifación de convenios y conciertos que suscriba el Servicio Andaluz de Salud para la prestación de asistencia sanitaria en centros sanitarios

Para ser lo más objetivo posible, porque tengo que reconocer que me ha conmovido y conturbado esta situación, he consultado los datos oficiales al respecto, que se pueden leer detenidamente en la web oficial de la Consejería de Salud y Consumo, actualmente, aunque considero imprescindible hacer las siguientes puntualizaciones a tenor de lo expuesto:

  1. La tramitación actual de Orden citada, por la que se actualiza y desarrolla el sistema de presupuestación y tarifación de convenios y conciertos que suscriba el Servicio Andaluz de Salud para la prestación de asistencia sanitaria en centros sanitarios, data en sus comienzos administrativos del mes de febrero de 2022, como se puede comprobar en los pies de firma digitalizada de los diferentes documentos que en la actualidad están expuestos, hasta un total de quince, aunque el que figura en primer lugar, es el Acuerdo de apertura del trámite de audiencia, información pública e informes, fechado el 13 de julio de 2022, que es la fecha a la que se alude en las noticias que han saltado a los medios respecto de esta actividad legislativa de la Consejería de Salud y Consumo. Cumple ahora un año de la intencionalidad clara del Gobierno actual en relación con el nuevo enfoque privatizador, más aún del que ya existía, de la actividad concertada, aunque ahora se da un paso más y bastante preocupante.
  2. Los documentos expuestos y, sobre todo, la Memoria justificativa, son un ejemplo de simplificación del fondo y forma del texto legal hasta unos límites insufribles, porque la declaración de motivos del texto de la Memoria no desarrolla las dos actividades “novedosas” expuestas anteriormente, que son de un calado excepcional. Se despacha en un folio y medio y creo que es un ejemplo de lenguaje críptico, que esconde la auténtica intencionalidad de la norma: dar unos pasos de gigante en la privatización de la sanidad denominada hasta ahora “pública”, “okupándola” de verdad de una vez por todas.
  3. Me llama poderosamente la atención que los Informes de no impacto de menores y familias, sobre este proyecto de Orden, se despachen también como que estos colectivos no están afectados por la misma, ya que la disposición sólo “pretende regular y actualizar el sistema de tarificación de la actividad realizada por las empresas contratadas por el Servicio Andaluz de Salud”, cuando la realidad es bien distinta en los dos ámbitos tratados anteriormente. No sólo es el dinero que cueste atender a los posibles afectados, sino lo que supone desviar la atención a recibir por profesionales privados en centros públicos o, en el caso de la atención primaria, el desplazamiento de esta tipología de atención en centros privados, deshilvanados de la estrategia global y pública de atención primaria en Andalucía, que ha sido siempre extraordinaria hasta que llegaron las etapas de recortes de contratación de profesionales y dotaciones económicas, necesarias para esta importantísima prestación sanitaria, como puerta de entrada al Sistema y garante de un atención primordial para las personas, planificada y organizada con medios públicos.
  4. Tampoco me agrada ver en las tablas de tarifas, recogidas en el texto de la Orden citada, la prestación a la salud mental de enfermos agudos o crónicos, la pariente pobre del SSPA, que también se deriva a medios privados, sin que se acabe de tratar definitivamente en una estrategia pública de carácter urgente y sin más dilación por parte del SSPA.   

Como conclusión, creo que lo que se deduce de una lectura pormenorizada del texto de la Orden citada, es que se confunde el valor de la sanidad pública con el precio público que hay que pagar por ella. Es verdad que desde hace muchos años el poder de la concertación con empresa privadas por parte del SSPA ha sido una realidad, lacerante en muchos casos, pero ahora se van a dar unos pasos más que son muy preocupantes: el asalto al interior de los centros por parte de la economía de mercado, donde todo se va a convertir en pura mercancía, aunque se hable de “rebajas” al utilizarse edificios públicos y lo que aparece como el gran golpe al Sistema Sanitario Público de Andalucía, al abrirse una grieta con la prestación de Atención Primaria con medios privados y concertados. Creo sinceramente que se ha puesto precio ya al derribo del estado de bienestar en su manifestación más gráfica, la atención universal de la salud de la ciudadanía, en sus primeros pasos, los que permiten que el sistema sanitario de carácter público pueda funcionar mejor cuando la atención primaria está garantizada con profesionales estrictamente públicos, con dinero público, en tiempos públicos y en edificios también públicos.

¿Qué podemos hacer? Como ciudadanos, informarnos bien, a fondo, de lo que está pasando, para emitir juicios bien informados, compartir esta información y demostrar con datos que la situación es muy preocupante. Si nos preocupa de verdad y no sólo de boquilla la sanidad pública, hay que actuar ya, empezando por desenmascarar estas actuaciones encubiertas del Gobierno andaluz que, poco a poco, van demoliendo el estado del bienestar.  En segundo lugar, aunar esfuerzos y voluntades para divulgar lo que está pasando, cada uno a nivel celular, boca a boca, para compartir acciones que se puedan programar para contener esta avalancha de derribos del sector público con voladuras controladas. Después, actuar con el arma más poderosa, el voto en las elecciones, porque todos los partidos no son iguales ni sus políticas tampoco. Lo expresé con datos el pasado mes de diciembre en este cuaderno digital, en un artículo que he vuelto a consultar hoy para reforzar mi compromiso intelectual actual con esta situación tan preocupante, La Atención Primaria en España, necesita Atención Pública Urgente, sobre todo en Andalucía, porque contra hechos no valen argumentos, mucho más después de haber estudiado a fondo el trabajo científico que ha desarrollado la Fundación CIVIO, a la que tanto admiro, en relación con la presión de trabajo que sufre en la actualidad la Atención Primaria en nuestro país y, en concreto, en mi Comunidad Autónoma, Andalucía, considerando que era un deber ético como ciudadano de base divulgar estos datos en la medida que puedo hacerlo con todas las garantías de trasladar la información tal y como la ha elaborado la Fundación: “En 2022, la carga de trabajo en medicina de familia se ha mantenido o incluso ha empeorado en todas las comunidades que han proporcionado datos a Civio, salvo en Castilla-La Mancha. Entre las diez áreas sanitarias más saturadas se encuentran dos de la Comunidad Valenciana, cinco de Andalucía y tres de la Región de Murcia, que rondan una media de 40 consultas atendidas al día. Aunque la Comunidad de Madrid no ha ofrecido sus datos desagregados al nivel que solicitamos, dieciséis centros de salud, la mayoría en el sur de la región, han superado los 40 pacientes diarios de media. Cataluña, Galicia, Asturias y Cantabria no han querido dar sus cifras actuales de presión asistencial”.

Hace un año escribí en este blog un artículo, El Sistema Nacional de Salud ingresa en la Unidad de Cuidados Intensivos, en el que dije algo que ratifico de nuevo en la situación expuesta hoy en torno al proyecto de Orden tratado: “Desde este blog escribo estas líneas de denuncia por el silencio cómplice, clamoroso, que se detecta en casi todos los niveles de responsabilidades públicas y privadas, porque hay cauces para establecer un clima de opinión que llegue ante las autoridades pertinentes para que se aborde el citado Pacto de Estado para reforzar el Sistema Nacional de Salud, aunque los silencios son más que evidentes. ¿A qué más hay que esperar? Las Mareas Blancas, por ejemplo, hacen lo que pueden, así como muchos colectivos de personas pre-ocupadas (con guion) por la situación actual tan alarmante, pero hay que crear un estado de opinión que sea favorable a este abordaje inmediato de soluciones para atender a una sanidad pública enferma, que necesita inmediatamente cuidados intensivos si no queremos que desaparezca a lo largo de los años, porque el deterioro va a más hasta alcanzar situaciones insostenibles, en las que la Sanidad Privada hará su agosto una vez más como gran solucionador, teórico, de todos los problemas actuales denunciados.

Antonio Machado tenía razón cuando decía en su proverbio LXVIII (Proverbios y cantares), que todo necio confunde valor y precio, o lo que es lo mismo a tenor de lo que está sucediendo hoy en nuestro Sistema Sanitario Público de Andalucía y en otros Sistemas del país, porque se confunde continuamente, de forma no inocente, el valor de la sanidad pública con el precio público que hay que pagar por ella. Y no es lo mismo.

José Antonio Cobeña Fernández

Ex secretario general del Servicio Andaluz de Salud, 2000-2004

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

La mirada cinematográfica de Carlos Saura nunca fue inocente

Detalle de los ojos de Ana Torrent en Cría cuervos

Santa Eulalia del Río (Ibiza), 10/II/2023

Acabo de recibir una noticia que me sobrecoge en mi persona de secreto: ha fallecido Carlos Saura, uno de mis directores de cine preferidos, con el que crecí en democracia. Le debo algo importante en mis años jóvenes, recordando también a Cliff Richard, al abrirme los ojos ante una realidad de España que me helaba el corazón. Sus primeras películas me permitieron comprender que otra España era posible si se avanzaba en democracia. Tengo claro hoy, más que nunca, que su mirada cinematográfica escondía una ideología, no inocente, que me aportó razones de la razón y del corazón para luchar por las libertades, en un país que las necesitaba para que las personas pudiéramos ser y estar de otra forma en la vida de cada uno y de todos.

Tampoco olvido mi etapa de profesor, en la que me preocupaba de mostrar el cine de Saura a mis alumnos, cuidando el ciclo completo de amor a su cine de compromiso social cuando, por ejemplo, alquilaba La caza, en 16 milímetros, una obra emblemática suya, para actuar como proyeccionista, cuando era necesario, y moderador del casi siempre encendido debate posterior.

Vuelvo a publicar una reflexión que figura ya en este cuaderno digital, sobre las ideologías, que Saura reflejó muy bien en una película de culto, Cría cuervos, que no olvido. Es una forma muy sencilla de agradecerle todo lo que aprendí de su cine en tiempos revueltos de este país. Sólo eso.

La mirada de Ana Torrent escondía una ideología

Ayer crucé mi mirada de nuevo con la de Ana Torrent (Madrid, 1966) en la película Cría cuervos, leyendo una entrevista a la actriz por parte de un periodista excelente, Manuel Jabois, en el diario El País. Aquel primer trimestre de 1976, año de su estreno, fue muy especial en mi vida de secreto y la película de Carlos Saura removió la moviola de mi pasado y presente en ese momento, sobre todo porque iniciaba un futuro desconcertante. No la olvido, ni tampoco la mirada inquietante de Ana, con unos ojos negros inmensos y el enigma de sus silencios, incluso en el baile con los compases de la canción de José Luis Perales e interpretada por Jeanette, ¿Por qué te vas?, que también forma parte de la banda sonora de mi vida. La pregunta siempre es inquietante, como la mirada de Ana Torrent, ante lo que queremos, creemos y se marcha de nuestras vidas. De ahí mi agradecimiento hoy, Ana, al cruzar mis ojos con tu mirada de entonces.

Cuarenta y cinco años después, hago un repaso de la intrahistoria de este país y vuelven a resonar aquellos compases, arropados por una letra que tampoco he olvidado: Bajo la penumbra de un farol / se dormirán / todas las cosas que quedaron por decir / se dormirán. Lo hago de nuevo porque la pregunta la tengo asociada a las ideologías, que están desaparecidas del escenario mundial y, obviamente, de nuestro país, situación que ya he tratado en este cuaderno digital en varios momentos de su existencia y que rescato hoy por su pertinencia en los tiempos que corren. Es curioso constatar que sólo unos días antes de que entráramos de lleno el año pasado en el confinamiento de la pandemia, concretamente el 29 de febrero de 2020, escribí una reflexión sobre estas cuestiones, que considero de Estado, bajo el título Ideología para transformar la sociedad: ¿por qué te vas?, que conserva plenamente su actualidad sin cambiar apenas una coma. Juzgue usted, lector o lectora de estas líneas:

Estamos atravesando una crisis importante de ideologías. No son inocentes y cualquiera no sirve para transformar el mundo y hacerlo más habitable, más amable y más confortable para todos. Sé que cuando se habla de esta realidad interior, personal o colectiva, rápidamente se nos tacha de utópicos equivocados de siglo. No lo percibo así, más aún cuando defiendo una ideología de marcado carácter social que ayuda a cambiar ese mundo que no nos gusta, a veces tan próximo que incluso nos asusta.

Navegando en esta patera frágil de la vida, en la que suelo embarcar a diario, suelo recurrir a un recurso barato (no está en el mercado), que es soñar despierto, creando historias imaginables e incluso reales como la vida misma. Vivo rodeado de personas que sueñan con un mundo diferente, porque no les gusta el actual, porque hay que cambiarlo. A mí me gusta ir más allá, es decir, el mundo hay que transformarlo. Pero surge siempre la pregunta incómoda, ¿cómo?, si las eminencias del lugar, cualquier lugar, dicen que eso es imposible, una utopía, un desiderátum, como si ser singular fuera un principio extraterrestre, un ente de razón que no tiene futuro alguno. No me resigno a aceptarlo y por esta razón sigo yendo con frecuencia de mi corazón y sueños a mis asuntos, del timbo al tambo, como decía García Márquez en sus cuentos peregrinos, buscando como Diógenes personas con las que compartir formas diferentes de ser y estar en el mundo, que sean capaces de ilusionarse con alguien o por algo. De soñar creando, porque los ojos, cuando están cerrados, preguntan.

Estas razones anteriores me han recordado una pregunta que hice en un post que escribí en este cuaderno digital en 2015, Ideología, ¿por qué te vas?, que vuelvo a publicar a continuación. Creo que mantiene su vigencia en su fondo y forma. Tenemos derecho a soñar despiertos y las ideologías de izquierda siguen siendo imprescindibles para transformar este mundo que a muchos no nos gusta. 

Geraldine Chaplin y Ana Torrent en Cría Cuervos, dirigida por Carlos Saura

Ideología, ¿por qué te vas?

Tengo asociada esta pregunta a la escena de Cría cuervos, excelente película de Carlos Saura, que se estrenó dos meses después de la muerte de Franco, en la que Ana (Ana Torrent) la bailaba con sus hermanas. Es probable que los censores no comprendieran el trasfondo de la película que jugaba con el retrato político de España en esos momentos. La he recordado hoy al conocer la investigación científica que se ha desarrollado por la Universidad de Washington en la que se ha descubierto que los cuervos aprenden cuando a un miembro de su especie no le van bien las cosas: “La presencia del cuervo muerto podía decir a los otros pájaros que un lugar es peligroso y debería visitarse con precaución. Los graznidos ruidosos que emiten los pájaros podrían ser una forma de compartir información con el resto del grupo”.

Me ha parecido una metáfora que se puede aplicar a las personas y sus creencias políticas que se ausentan de nuestras vidas y de nuestros proyectos vitales e ideológicos, donde nadie es imprescindible, aunque a veces sí necesarios, porque los seres humanos pertenecemos a ese club selecto de atención a lo que ocurre alrededor de la muerte y sólo nosotros sabemos qué ocurre cuando desaparecen las ideologías. Deberíamos aprender de esta situación y de sus circunstancias, por qué no están, por qué se fueron o los echaron, por qué les corrompió la política y murieron para la decencia y la dignidad y por qué no dejan pasar a personas más jóvenes, más dignas, que saben cambiar las cosas en este momento en el que hay muchas cosas que cambiar. Así podríamos compartir la información veraz con los miembros de nuestros grupos humanos más queridos, para no volver a pisar caminos que no se deben andar.

Cualquier parecido de esta reflexión política con la realidad actual, no es como en el cine pura coincidencia. Aunque recuerde ahora a Carlos Saura escuchando esta canción de Jeanette como telón de fondo de una situación de España que como a él, en 1975, me agrada cada vez menos. Es la ideología, pero ¿por qué se va?

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Sigo caminando en belleza para que todo en belleza acabe

Que en belleza camine.
Que haya belleza delante de mí
y belleza detrás
y debajo
y encima
y que todo a mi alrededor sea belleza
a lo largo de un camino de belleza
que en belleza acabe.

Eduardo Galeano, Quise, quiero, quisiera, del «Canto de la noche», del pueblo navajo, en El cazador de historias.

Sevilla, 6/II/2023

En 2021 escribí el artículo que reproduzco a continuación, «Camino en belleza para que todo en belleza acabe», como homenaje a las palabras que nos conducen a crear belleza, porque la vida así es, bella, cuando adoptamos una postura de asunción del principio de realidad y dedicamos la inteligencia a su fin fundamental: solucionar problemas que enturbian esa belleza diaria que la vida contiene. Ayer me sorprendieron las numerosas entradas en este blog, rescatando aquellas palabras de Galeano en su libro «El cazador de historias», que hoy vuelvo a reproducir, porque estamos necesitados de recordar estancias breves en islas desconocidas y bellas, que nos aportan tanto.

Para respetar la esencia de aquellas palabras, las he dejado intactas, aunque el hilo conductor del texto, en su contexto, era fijar una ruta no inocente ante la llamada «nueva normalidad», saliendo del túnel de la pandemia, de la que ya nos acordamos muy poco, así como de lo aprendido en la misma. Lo que pretendo es aportar esperanza en los términos expuestos por Galeano en su obra, sobre todo cuando dice que «las palabras viajan sin apuros, como las almitas peregrinas que vagan por el mundo y como algunas estrellas fugaces que a veces se dejan caer, muy lentamente,  en los cielos del sur», de España y Andalucía, en este caso.

Frecuentando este cielo del sur, he recordado ahora que también tenemos el deber de aportar belleza en la vida, algo que nos enseñó un poeta andaluz del siglo XVIII, Dionisio Solís, cordobés por más señas, que se formó en esta ciudad, Sevilla, dejándonos un ejemplo precioso sobre «decir bellezas», escribirlas también, tal y como lo recoge mi preciado Diccionario de Autoridades, algo de lo que estamos también muy necesitados, porque quien busca belleza la encuentra y quien la recibe, la entrega. Es a través de una seguiriya, Al retrato de una dama, cuando lo dice todo a los escuchaores del Sur: Al retrato de Anarda, / todos atiendan, / que aunque yerre las coplas / diré bellezas. Decirlas es «hablar oportunamente, con gracia y donaire sobre alguna materia, o discurrir con erudición y primor: como se suele decir de un gran Orador o de un hombre discreto y docto, que ocasionan deleite en los que los oyen discurrir y hablar».

Momentos como los que estamos viviendo en este país, nos alejan de la belleza, encanto y alegría, una secuencia existencial necesaria, dañada continuamente por la política contaminada de algunos partidos, que nos asola sin compasión alguna. En estos tiempos de turbación general, una mudanza metafórica que me permito, escapando de la recomendación de San Ignacio, es visitar por Internet el Hermitage y contemplar allí Las Tres Gracias de Canova, en su primera versión, que representan la belleza, el encanto y la alegría, porque existen a pesar de todo. Un escultor lo representó de forma maravillosa y cada uno de nosotros, al esculpir nuestra propia vida, podemos dar forma a nuestra forma de ser y estar en el mundo aprendiendo de este modelo y de la secuencia existencial que nos transmite. No hay que olvidar que la vida es bella, que tiene su encanto, aunque reconozco que «somos tristeza / por eso la alegría / es una hazaña» (Mario Benedetti, Rincón de Haikus, 132).

Camino en belleza para que todo en belleza acabe

Hoy, como casi todos los días cuando me pongo a escribir sobre la página en blanco, he tomado conciencia de algo que aprendí de Eduardo Galeano leyendo su precioso libro, El cazador de historias: “Camino y en mis adentros las palabras caminan también, en busca de otras palabras, para contar las historias que ellas quieren contar. Las palabras viajan sin apuros, como las almitas peregrinas que vagan por el mundo y como algunas estrellas fugaces que a veces se dejan caer, muy lentamente,  en los cielos del sur. Las palabras caminan latiendo. Y en esos días, por pura casualidad, me entero de que en lengua turca caminar y corazón tienen la misma raíz (yürümek, yürek) (1).

En la serie que dediqué este verano a Eduardo Galeano, bajo el epígrafe “El buscador de historias”, comencé esa andadura con unas palabras dedicadas a los caminantes del mundo, en las que decía que él había escrito ese libro a modo de testamento espiritual, porque “a través de innumerables historias nos entrega su alma convertida en palabras recogidas en cuatro capítulos de su vida, «Molinos de tiempo», «Los cuentos cuentan», «Prontuario» y «Quise, quiero, quisiera», que agrupan palabras sentidas y sintientes para él y para todos, en un ejemplo de su generosidad literaria y de compromiso activo a través de la palabra. El último, «Quise, quiero, quisiera», corresponde al poema navajo [que da título a estas palabras] y que escogió personalmente para abrochar su obra, con tres tiempos verbales que encierran en sí mismos toda su vida y que he elegido para abrir el largo caminar de estas líneas”.

Caminar y buscar se funden en un abrazo de la vida que me acompaña todos los días para seguir caminando el mundo en el que vivo, estoy y soy. Siento como mías las palabras de Galeano, porque en cada camino y búsqueda diaria del sentido de la vida, las palabras caminan también en mis adentros, “en busca de otras palabras, para contar las historias que ellas quieren contar”, como me ocurre ahora mismo al teclearlas y dejarlas con su vida adentro. Sé que ellas viajan sin apuros, porque caminan latiendo, sobre todo cuando ya sé que en nuestros antepasados turcos, caminar y corazón tienen la misma raíz (yürümek, yürek).

En la orilla que me encuentro en la actualidad, en la singladura que inicié hace unos días para seguir buscando islas desconocidas de esperanza, en un mundo terco que se encarga a diario de arrebatárnosla, considero que Galeano me acompaña para hacer este camino o singladura, tanto monta monta tanto, cuando pasado el ecuador de esta pandemia nos acercamos a una isla especial que suele inspirar también mi alma de secreto y, a veces, la de todos: el principio esperanza, que se inspira en el camino de la belleza que puede presentarse en la vida de cada uno cuando nos lo proponemos: Que en belleza camine. / Que haya belleza delante de mí / y belleza detrás / y debajo / y encima / y que todo a mi alrededor sea belleza / a lo largo de un camino de belleza / que en belleza acabe. Él lo cuenta de una forma especial al detallarnos la historia de la tribu Pawnee, junto al río Platte, en el relato Las Estrellas (2), del que he escogido sus palabras finales, porque representan lo que me ha sucedido a lo largo de la vida, fundamentalmente porque soy un caminante del mundo que late a través de la palabra, que nos queda y… además, es bella:

A orillas del río Platte, los indios pawnees cuentan el origen.
Jamás de los jamases se cruzaban los caminos de la estrella del atardecer y la estrella del amanecer.
Y quisieron conocerse.
La luna, amable, las acompañó en el camino del encuentro, pero en pleno viaje las arrojó al abismo, y durante varias noches se rio a carcajadas de ese chiste.
Las estrellas no se desalentaron. El deseo les dio fuerzas para trepar desde el fondo del precipicio hasta el alto cielo.
Y allá arriba se abrazaron con tanta fuerza que ya no se sabía quién era quién.
Y de ese abracísimo brotamos nosotros, los caminantes del mundo
.

(1) Galeano, Eduardo, El cazador de historias, 2016. Barcelona: Siglo XXI España.

(2) Galeano, Eduardo, Ibidem, p. 20.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Nuestro cerebro se podrá jaquear

Sevilla, 3/II/2023

Es una evidencia científica comprobable que el cerebro se puede hackear (utilizaré de aquí en adelante la acepción en español jaquear, porque así lo recoge ya el Diccionario de la lengua española de la RAE), definiendo la palabra como “Introducirse de forma no autorizada en un sistema informático” que, aplicado a la cuestión que trato hoy, se podría entender como “Introducirse de forma no autorizada en el cerebro humano”. El asunto es de importancia trascendental y muestra de ello es que se ha celebrado recientemente, en Santiago de Chile, un encuentro denominado Congreso Futuro, Sin límite real, en el que ha participado la doctora Divya Chander, experta en neurociencia, en el Bloque 22, con la denominación de “Cómo lo hacemos. Desatar los límites”, alertando sobre el desarrollo de las interfaces cerebro-máquina (BCI), “porque están modificando lo que significa actualmente ser humano. “Estamos redirigiendo la especie humana. Todo lo que nos implantamos cambia el cerebro”, sostiene la presidenta de Neurociencia de la Singularity University, la universidad de Silicon Valley”, según recoge una entrevista muy interesante publicada en el diario El País. Ante la pregunta de si somos jaqueables, algo que afirma rotundamente la doctora Chander, responde lo siguiente: “Sí, hay dos formas en que podemos ser hackeados. Una es a través de un aparato electrónico de uso personal, como tu teléfono o computadora. Puedes tener información que deseas proteger y que alguien encuentre la manera de acceder y tomar esos datos o escuchar algo que no quieres. Si tienes un dispositivo implantable, como puede ser una interfaz cerebro-máquina o un desfibrilador cardíaco, la señal puede ser secuestrada, al igual como se puede hurguetear en tu móvil. Es como un tipo muy básico de piratería electrónica digital. La otra forma realmente interesante es intervenir el circuito neuronal y cambiarlo o mover patrones de aprendizaje y memoria. Eso es aún más extraño y aterrador, pero no digo que estemos en ese punto de Matrix”.

Después de narrar experiencias actuales para mostrar los avances científicos en estas interfaces cerebro-máquina, la doctora Chander responde a una cuestión esencial, ¿Qué cree usted que va a pasar? Con una visión a la que denomina “distópica”: “Creo que estos movimientos pro interfaces cerebro-máquina, mejora cognitiva, miembros biónicos, etc. van a hacer uso de estas tecnologías. Ellos estarán en un extremo. Luego, en el medio, habrá personas que no sabrán cómo se sienten al respecto, pero que encontrarán genial que se usen para sanar a pacientes. Y en el otro extremo estará el grupo que diga ‘Vine a la tierra de esta manera. Así me hizo Dios. No me toques. Esto es moralmente incorrecto’ ¿Qué va a pasar? Un grupo lo va a hacer y se volverá increíblemente poderoso. Van a mejorar cognitiva y físicamente. Y el grupo del otro extremo se va a quedar rezagado. Y habrá guerras y terrorismo entre los dos polos y unos tratarán de subyugar a otros”.

He abordado los problemas expuestos anteriormente a lo largo de muchos años en este cuaderno digital, básicamente desde una postura de defensa de la ética digital, que existe, pero respetando como paso previo inexcusable la existencia de una ética cerebral. Así lo expuse con carácter divulgativo en mi libro Origen y futuro de la ética cerebral, publicado en 2014, donde en su prólogo afirmaba lo siguiente: “Siempre hay razones de la razón, mucho más que del corazón, para reflexionar sobre el fundamento de las razones éticas que justifican las decisiones humanas, sobre todo en una época histórica en la que los llamados “valores” están en entredicho o simplemente arrinconados por la sociedad que nos ha tocado vivir. También, porque todas las religiones, sin excepción alguna, están pasando una factura a la historia en plena crisis de sus fundamentalismos, que intentaban e intentan justificar la razón última de todas las cosas, de todos los actos humanos. Y cuando se habla de valores hay que acudir irremediablemente a la razón de esos actos humanos, la que los justifica, en una búsqueda que tenga sentido. No hacemos nada porque nos da la gana o porque hemos nacido así, sino porque siempre hay una causa, consciente o inconsciente, que nos lleva a actuar de una determinada forma o de otra, desde la perspectiva ética de cada uno. Tradicionalmente, se ha analizado esta situación como un auténtico problema ético y esa es la palabra, ética, la que intento desentrañar en los artículos que bajo el formato de post, se incluyen en este libro, previamente seleccionados de mi blog www.joseantoniocobena.com, que a lo largo de ocho años he escrito yendo del timbo al tambo, en una frase preferida y muy querida por Gabriel García Márquez. No he querido escribir un tratado de ética, pero sí ensayar una reflexión compartida de la razón y del corazón, que siempre coexisten, para abordar una tesis que me acompaña en mi persona de secreto desde hace ya muchos años. Se trata, nada más y nada menos, de intentar descubrir que los actos humanos nacen siempre de la solería que hemos ido instalando a lo largo de la vida en nuestro cerebro, es decir, el suelo firme que hemos construido en la vida diaria, que justifica todos los actos humanos, en frase muy feliz del Profesor López Aranguren, que aprendí hace también muchos años, pero que nunca logré comprender bien hasta que descubrí qué es el cerebro y qué papel juega en nuestras vidas y en su proyección ética. Esta es la razón de ser de este libro, entregar a la Noosfera, a la malla pensante de la humanidad, es decir, a aquellas personas que lo quieran leer con pre-ocupación [sic] e interés social, unas reflexiones que demuestran que el cerebro es la base donde residen todos los actos humanos, el lugar donde se forja la historia de cada uno, su intrahistoria, en una estructura cerebral que se llama hipocampo, por ejemplo, y entre muchas otras como podrán comprobar, que trabajan incansablemente con independencia de lo que queramos hacer y entender cada día. Espero que les sea útil. Cada capítulo engloba una serie de reflexiones, con formato de artículo y con base científica en su mayor parte, para que no se convierta en un libro de autoayuda al uso, sino de conocimiento de lo más preciado que tenemos como seres humanos: la inteligencia que se desarrolla a lo largo de la vida en nuestro cerebro, que es único e irrepetible y que nos juega siempre buenas y malas pasadas, a través de unas estructuras cerebrales que condicionan la amplitud de nuestro suelo firme en la vida, lo que llamaba anteriormente «solería” de nuestra vida, o lamas de parqué en términos más modernos, puestas una a una a lo largo de nuestra existencia, dependiendo de cada experiencia construida en el cerebro individual y conectivo, que es la razón que nos lleva a ser más o menos felices. Además, con proyección específica en el mundo real en el que vivimos, en la inteligencia digital. Al fin y al cabo, es lo que pretende el cerebro siempre: devolver en su trabajo incansable, porque nunca deja de funcionar, ni de noche ni de día, es más, durante la noche sobre todo, la razón lógica del funcionamiento de las neuronas, un trabajo maravilloso y que espero que este libro ayude a conocerlas bien, para justificar nuestro origen y futuro humano, el comportamiento de género, la influencia diaria y constante en la inteligencia y en el compromiso para que el mundo propio y el de los demás merezca la pena vivirlo, compartirlo y habitarlo”.

No sé si he aclarado bien mi posición en relación con los jaqueos del cerebro, una estructura tan compleja y maravillosa que ofrece una identidad única a cada persona, a lo largo de su vida, su suelo firme, su ética para actuar en busca de la gran misión de la inteligencia humana: resolver los problemas del día a día, ayudados, eso sí, por la inteligencia digital, la que usa de forma racional las tecnologías de la información y comunicación para estar informados, no permitiendo intrusiones salvajes aunque lleven apellidos científicos y éticos; también, para ser más libres y emitir juicios bien informados.

Encuentros como Congreso Futuro, Sin límite real, celebrado el pasado mes de enero en Chile, son fundamentales para el debate científico y humano sobre nuestro presente y futuro. En cualquier caso, estamos avisados, entre otros científicos, por la doctora Divya Chander. Es lo que hoy, siguiendo a Ítalo Calvino, quería dejar claro cuando me he enfrentado a la pantalla en blanco de mi ordenador: compartir con la malla pensante de la humanidad, la Noosfera, algo esencial, que el cerebro no se debería jaquear, amparado por legislación digital específica y con alcance universal, como derecho humano, aunque estoy convencido de que en un día no muy lejano será posible hacerlo.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

La música vence a la guerra

La Orquesta Sinfónica de Kiev, dirigida por Luigi Gaggero, en la 35ª Cumbre de la OTAN en Madrid, celebrada el 29 de junio de 2022

Sevilla, 2/II/2023

Conocí la situación que atraviesa en la actualidad la Orquesta Sinfónica de Kiev, durante la Cumbre de la OTAN en Madrid, en el pasado mes de junio de 2022, en la que interpretaron, en un escenario artístico por excelencia, el Museo del Prado, la Sinfonía número uno, de Maksym Berezovsky (1770-1772), un compositor desconocido en nuestro acervo musical pero que fue discípulo del mismo maestro que tuvo Mozart, el padre Martini. Hoy he leído una reflexión magnífica de Jesús Ruíz Mantilla, El sonido de la esperanza, a quien sigo de cerca en el diario El País desde hace ya muchos años, para aprender de su maestría literaria, en la que afirma lo siguiente: “varios de los músicos acabaron llorando. Aparte del efecto que pudieran tener sobre ellos Goya, Velázquez, Murillo, Rubens, El Bosco o Tiziano, sintieron que toda la pesadilla que habían experimentado desde que en febrero Rusia invadió Ucrania revertía su sentido en un fin. Su propia lucha, su frente de instrumentos en vez de armas”. Fue una ocasión para descubrir, una vez más a lo largo de los siglos, que la música vence a la guerra. Hay que tener en cuenta algo importante que ha manifestado el responsable artístico de la orquesta: “Aunque los hombres no pueden abandonar el territorio, el Ministerio de Cultura ha entendido que el papel simbólico que juega la orquesta resulta fundamental. Es mejor que los músicos empuñen instrumentos en vez de armas y lo han comprendido perfectamente”.

En los próximos días, 9 a 11 de febrero, la Orquesta va a participar en el 39 Festival Internacional de Música de Canarias, en el que interpretarán obras que representan la identidad cultural de su país, según se puede leer en el programa oficial del evento. Han programado, junto con la obra anteriormente citada, la Sinfonía número uno, de Maksym Berezovsky, la presentación del Concierto para arpa y orquesta de Reinhold Glière, compuesto en 1938 por quien fuera maestro de Prokófiev y como tercera y última obra la Sinfonía número tres de Borís Liatoshinski (Yitomir, 1895-Kiev, 1968), que da sentido a su razón de ser y estar en el mundo en este momento por el título que el compositor dio a su obra: La paz vence a la guerra, de la que se conoce también algo que persigue a Ucrania desde hace tiempo, la sombra de Stalin porque obligó al compositor a cambiar el final de su Sinfonía, aunque la que van a interpretar en Canarias es la original, para dejar cada obra en su sitio. Es un pequeño detalle, pero muy significativo en relación con el momento actual que están viviendo estos músicos y sus familias y amigos.

El director actual de la orquesta, Luigi Gaggero, ha manifestado algo sobrecogedor: “Las circunstancias, con toda lógica, podrían llevar a pensar que tienen la cabeza en otro sitio. Todos los días reciben malas noticias por parte de sus familias y amigos, viven una pesadilla lejos de sus hogares; sin embargo, el grado de concentración en cada ensayo me resulta asombroso. Una auténtica lección, lo dan todo y llevan la música a su sentido más profundo, no el del simple entretenimiento, como muchas veces vemos en Occidente, sino al de aquel que nos hace ahondar en los secretos de la vida y la muerte”.

En la sinopsis oficial de la orquesta que ofrece la organización del Festival, se dice algo que resulta conmovedor en estos momentos de invasión de Ucrania: “Otra parte del trabajo de la Orquesta Sinfónica de Kiev son los proyectos para niños y jóvenes, que incluyen eventos interactivos, ensayos generales de libre acceso, espectáculos sinfónicos con animación audiovisual de arena. Además, el equipo de la orquesta involucra a los estudiantes para que se unan al ensemble, por lo que la Orquesta Sinfónica de Kiev se conoce como una orquesta «joven».

Cuando estamos asistiendo a un dolor mundial que se amplifica por días a través de las imágenes que recibimos a diario de la invasión de Ucrania, de los que huyen de guerras y luchas encarnizadas sin sentido alguno en otros lugares del mundo, he recordado los testimonios de músicos que están cerca de la alegría y del compromiso social activo, como era el caso de Mozart, al que tanto debo, o el de esta Orquesta Sinfónica de Kiev, pero también del dolor, como demostró el pianista salzburgués a lo largo de sus treinta y cinco años de vida, estrenando su ópera magna, La flauta mágica, en un teatro de barrio y no en los auspiciados por la Corte o la Iglesia, con quienes se enfrentó por su falta de sintonía con la vida real del pueblo austriaco o lo que sienten a diario estos músicos ucranianos al recordar a sus familias en un país devastado por la invasión. Abro imaginariamente mi clave y busco la inscripción pintada por Vermeer: Musica laetitiae comes, medicina dolorum, comprendiendo mejor que nunca que la música es compañera en la alegría, pero también medicina para el dolor. Ahora, escuchando a la Orquesta Sinfónica de Kiev, creyendo que la música puede vencer a la guerra. Compruébenlo en la segunda obra interpretada por la orquesta en el Museo del Prado, en el vídeo oficial que encabeza estas palabras, la Melodía en La menor de Myroslav Skoryk’s, a partir del minuto 9 y 14 segundos. Han pasado días desde que la interpretaron en aquél lugar mágico del Prado y no la olvido.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

¿De quién nos valemos en la tristura?

Llegó con tres heridas:
la del amor,
la de la muerte,
la de la vida.

Con tres heridas viene:
la de la vida,
la del amor,
la de la muerte.

Con tres heridas yo:
la de la vida,
la de la muerte,
la del amor.

Miguel Hernández, Cancionero y romancero de ausencias (1938-1941)

Sevilla, 1/II/2023

Es verdad que vuelve la tristura a nuestras vidas, a pesar de que la palabra tristura es una voz antigua, denominación que conocí por primera vez leyendo a Garcilaso de la Vega, en su segunda canción, vinculada al sentimiento que genera el desamor, que él expresaba con bellas palabras:

Mas ¿qué haré, señora,
en tanta desventura?
¿A dónde iré si a vos no voy con ella?
¿De quién podré yo ahora
valerme en mi tristura
si en vos no halla abrigo mi querella?

Tristura, tristor, tristeza, pesar, tormento, melancolía incluso, pena o aflicción son lo mismo, porque el dolor que produce aprehender personas, situaciones o cosas que nos afectan, contrarias a nuestros deseos, es desde siglos algo que hace sufrir al ser humano y da igual lo antiguo que sea estar triste. En mi singladura de hoy, temprana, he descubierto esta palabra porque da nombre a una compañía de teatro, La tristura, fundada por la filóloga, poeta y creadora escénica Violeta Gil, que me ha llamado poderosamente la atención, porque hacía muchos años que no escuchaba esta denominación de ese sentimiento tan real y próximo en nuestras vidas, aunque hoy leamos en la última edición del Diccionario de la Lengua Española (RAE) que tristura es igual a tristeza, es decir, la cualidad de triste, un adjetivo vinculado casi siempre a la melancolía: afligido, apesadumbrado, de carácter o genio melancólico, que denota pesadumbre o melancolía, que ocasiona pesadumbre o melancolía y pasado o hecho con pesadumbre o melancolía, entre otras acepciones.

Volviendo al origen de localización de la tristura, me ha interesado mucho la primera novela publicada por Violeta Gil, Llego con tres heridas (Caballo de Troya, 2022), porque conoce bien qué significa la tristura, su tristura, una situación sentimental y emocional a ratos, que arrastra desde que conoció que su padre se suicidó cuando ella tenía tan sólo nueve meses, convirtiendo la escritura en su hogar secreto, fundamentalmente porque “construye un espacio de intimidad mientras dibuja la historia reciente de España” y a mí eso me pre-ocupa a diario. La crítica de este libro en Babelia me parece magnífica y recomiendo su atenta lectura: “Llego con tres heridas es un libro con un claro aire de época, sobre todo en el enfoque de sus temas, pero hablar de la España vaciada, de literatura de duelo o de terapia relacional se quedan cortos frente a la solvencia de Violeta Gil para construir un espacio de intimidad leve y abstracto. Y es indudable su apariencia de “primer libro”, pero también por sus virtudes: el sosiego para contar cuestiones que han requerido una decantación, “por fin me doy cuenta de que estoy aquí, en lugar de mirando las cosas con distancia”. Una gracia que vuelve esta escritura invulnerable a tendencias, y ambiciosa y fluida: a veces coquetea con el verso, con el diálogo ficticio o se concentra en un presente narrativo marcadamente visual. Es ahí donde de Violeta Gil (como su padre en las cartas y notas que la autora transcribe) encuentra un hogar flexible y duradero. No en Cheles, ni en Hoyuelos. Ni en una pareja ni en una familia ni en una utópica repoblación de pueblos abandonados. Tampoco en el padre ausente. Sino en el puro pulso narrativo, incómodo e inacabado (maravillosamente impersonal) de la propia escritura”.

Me ayuda a priori para comprender su obra algo que dice sin ambages: “Quizá todo esto sea una despedida amistosa de mi padre, una forma de dejarle para poder seguir. Seguro que él lo comprendería. Es la única manera de hacer la vida. José, espero que lo entiendas. Tengo que despedirme de ti. Tengo que reconocer que de alguna manera me he protegido todos estos años a través de esa figura que es y no eres tú. De esa idea de lo que debía ser yo como hija tuya. Y ahora me toca avanzar. Me toca seguir sin ti. Como cuando en la película se ve al fantasma despedirse, como cuando el espíritu sale del cuerpo, como cuando la sombra de Peter Pan se le despega de los talones. No pasa nada. Vamos a estar bien. Ya verás”. La sinopsis oficial me ha aproximado también a la razón de ser del título, donde en mi imaginario actual y en el de la persona de secreto conviven Miguel Hernández, Serrat o Joan Báez: “Este libro nace de tres heridas, como en el poema de Miguel Hernández: la de la vida, la de la muerte, la del amor; Violeta Gil parte de ellas para dar forma a una historia íntima y emocionante. Con esta novela asistimos a un emocionante ejercicio de creación en el que la autora se transparenta de manera valiente, poniendo voz, cuerpo y alma al servicio de su destino, retomando caminos olvidados, conversaciones con familiares, documentos reales o, a falta de ellos, inventados. Pocas veces los libros se sienten tan necesarios y se confían de forma tan admirable a su propia razón de ser”.

Busco salir a menudo de la tristura, sentimiento muy vinculado a la melancolía por páginas complicadas en la vida diaria, tantas veces analizada en este cuaderno digital, apeándola de sus principios patológicos, que estudié en su momento bien e incluso escribí algún artículo sobre su realidad clínica y existencial. Violeta Gil aporta una visión tripartita que es muy común en nuestras vidas: las heridas del amor, de la muerte y de la vida. Sigo leyendo su cancionero y romancero de ausencias (1938-1941), en el que logro comprender bien lo que significa dignificar la vida cada día, llenos de sentimiento y pensamiento, donde el sentimiento se debe escuchar siempre mucho más fuerte que el viento (Alberti, dixit). Porque todos los días convivimos con heridas de vida, muerte y amor…, en ese orden, con tristura, porque así lo exige la dignidad de la existencia. La que vivió Miguel Hernández, por ejemplo, en días terribles de ausencias, a la que hoy agrego la pregunta del contexto anterior, auspiciada por Garcilaso de la Vega: ¿De quién podré yo ahora valerme en mi tristura, si no hallo en el mundo que me rodea abrigo para mi querella existencial? Esa es la cuestión.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!