Almudena Grandes olvidó el olvido y lo recordó todo

Si se callan…, el cantor, el compositor, el escritor, el soñador, el bloguero, el político digno, el artista o el ciudadano anónimo, no conformes con las injusticias que pasan en nuestro mundo cotidiano al revés, se calla la vida y la palabra.

Sevilla, 28/XI/2021

Ayer finalizó Almudena Grandes un viaje apasionante en su vida personal y literaria: nos entregó a lo largo de los años retazos de una historia de España que heló el corazón de millones de personas durante la dictadura franquista, que amaban la democracia en todas y cada una de sus manifestaciones. Con su testimonio de vida y obra como escritora, nos ha llevado a comprender mejor lo que pasó en este país durante los últimos ochenta y cinco años, tan plagados de olvidos cómplices que tanto daño han hecho y hacen a su memoria histórica. Almudena Grandes supo reflejar esta dialéctica de vida en su monumental obra El corazón helado (2007). No conozco a fondo su obra literaria, porque el ámbito de la ficción no ha sido el que he frecuentado en mi vida, fundamentalmente porque nací en un contexto histórico muy difícil en el que siempre había que aplicar el principio de realidad, lo que se traducía en absorber la vida a través del ensayo y de la tradición cíclica de los clásicos, unido todo ello a la cultura católica, apostólica y romana que se practicaba en mi familia de Madrid, cuando era niño y pensaba y actuaba como niño.

En este día después de la ausencia de Almudena Grandes, que ya habita en su cielo particular, no quiero entrar en la senda de los panegíricos, a los que somos tan dados en este país, siempre después de las ausencias de los afectados, muy pocas veces de reconocimientos en vida. Por esta razón voy a centrarme en torno a la figura de Almudena Grandes como practicante de olvidar el olvido y recordarnos lo que verdaderamente sucedió en este país con sus aportaciones literarias y de compromiso personal activo y consecuente, muy importantes para la memoria histórica de los que no olvidan, siendo un claro exponente sus episodios nacionales, iniciados en 2010.

En este contexto, he recordado que este verano asistí a una clase imaginaria muy especial en el Curso que había convocado la Escuela del Mundo al Revés, basada en la teoría expuesta en este sentido por Eduardo Galeano, dedicada a un fenómeno muy preocupante en este país: el olvido cómplice. Como cada día, uno de los alumnos del Curso expuso un asunto que al final interesó a todos los matriculados en ese periodo estival, la memoria democrática en España, que finalmente se escogió como el más indicado para analizarlo y buscar después su correlato en el texto de Galeano. Era una noticia reciente, que había desatado desencuentros entre las dos o más Españas, entre las que hay una especializada en helar el corazón. De ahí su interés.

Es importante señalar que el pasado 20 de julio, el Consejo de Ministros de este país aprobó el Proyecto de Ley de Memoria Democrática, que se remitió inmediatamente a las Cortes para su debate y que se publicó en el Boletín Oficial de las Cortes Generales el 30 de agosto de este año. El texto consta de 65 artículos, agrupados en 5 títulos, estructurados en torno al protagonismo y la reparación integral de las víctimas de la Guerra Civil y la Dictadura, así como a las políticas de verdad, justicia, reparación y garantías de no repetición. Según fuentes oficiales, “Con esta Ley se pretende cerrar una deuda de la democracia española con su pasado y fomentar un discurso común basado en la defensa de la paz, el pluralismo y se amplían los derechos humanos y libertades constitucionales”. El objeto de esta Ley es “la recuperación, salvaguarda y difusión de la Memoria Democrática con el fin de fomentar la cohesión y solidaridad entre las distintas generaciones en torno a los principios, valores y libertades constitucionales, así como el reconocimiento de los que padecieron persecución o violencia por razones políticas, ideológicas, de conciencia o creencia religiosa, de orientación e identidad sexual, durante el período comprendido entre el golpe de Estado de 1936, la Guerra Civil y la Dictadura franquista hasta la promulgación de la Constitución Española de 1978. Se trata de promover su reparación moral y recuperar su memoria e incluye el repudio y condena del golpe de Estado del 18 de julio de 1936 y la posterior Dictadura franquista”.

Todos acordamos que era necesario abordar este debate en el Curso y compartir los diferentes puntos de vista, cuestión que suscitó un gran interés y consideración personal y grupal sobre un asunto muy controvertido en los últimos tiempos. Llegó el momento de encontrar la relación de lo expuesto anteriormente con alguna referencia en este sentido en el libro de Galeano. Dicho y hecho, porque después de un buen rato de silencio (no cómplice), una voz leyó un texto que nos pareció perfecto, porque no hay nada mejor que olvidar el olvido, recuperar de la mejor forma posible la memoria de un país, de su pasado: “Olvidar el olvido: don Ramón Gómez de la Serna contó de alguien que tenía tan mala memoria que un día se olvidó de que tenía mala memoria y se acordó de todo. Recordar el pasado, para liberarnos de sus maldiciones: no para atar los pies del tiempo presente, sino para que el presente camine libre de trampas. Hasta hace algunos siglos, se decía recordar para decir despertar, y todavía la palabra se usa en este sentido en algunos campos de América latina. La memoria despierta es contradictoria, como nosotros; nunca está quieta, y con nosotros cambia. No nació para ancla. Tiene, más bien, vocación de catapulta. Quiere ser puerto de partida, no de llegada. Ella no reniega de la nostalgia: pero prefiere la esperanza, su peligro, su intemperie. Creyeron los griegos que la memoria es hermana del tiempo y de la mar, y no se equivocaron”. Excelente reflexión.

Pedí intervenir un momento, porque sólo quería recordar al resto de los alumnos y a la tutora de la clase que, recientemente,  había escrito en este cuaderno digital sobre una pregunta de Neruda, inquietante, dedicada al olvido, ¿Y qué importancia tengo yo en el tribunal del olvido?, sobre todo porque vivo en un país muy dado a propagar con silencios cómplices el delicado pasado que ha llenado páginas tristes de su historia; que no reconoce en vida a los grandes protagonistas del progreso de este país y que no tolera en muchas ocasiones los éxitos de los demás, sea quien sea, condenando al ostracismo a todos los que hablan de cambio y transformación de nuestra sociedad caduca. Siendo esto así, no digamos el triste papel que para estos silenciadores juegan los anónimos en este país, cuando miles de ellos son los que sacan a diario a flote a esta sociedad maltrecha. Los tribunales del olvido en este país abundan por doquier y creo que habría que organizar una operación para descubrirlos y desenmascararlos con urgencia porque hacen mucho daño a todo y a todos. Es una ocasión para reivindicarnos como personas dignas ante esos tribunales del olvido.

Cuando finalmente se apruebe y entre en vigor en España la Ley de Memoria Democrática, quizá podamos dar la razón a Gómez de la Serna porque ese día, este país, que ha tenido durante muchos años tan mala memoria democrática, se olvidará de que había tenido mala memoria y se acordará finalmente de todo, quitando la razón a los negacionistas de nuevo cuño. Tenía razón Galeano al proclamar en su escuela del mundo al revés que “la memoria despierta es contradictoria, como nosotros; nunca está quieta, y con nosotros cambia. No nació para ancla. Tiene, más bien, vocación de catapulta. Quiere ser puerto de partida, no de llegada. Ella no reniega de la nostalgia: pero prefiere la esperanza, su peligro, su intemperie. Creyeron los griegos que la memoria es hermana del tiempo y de la mar, y no se equivocaron”.

Creo que Almudena Grandes suscribiría estas palabras y, probablemente, podría ser el guion de su próxima novela. Ella sabía de lo que se estaba hablando en esa clase de un curso de verano, en una escuela del mundo al revés, porque si se callan…, el cantor, el compositor, el escritor, el soñador, el bloguero, el político digno, el artista o el ciudadano anónimo, no conformes con las injusticias que pasan en nuestro mundo cotidiano al revés, se calla la vida y la palabra.

Gracias, Almudena Grandes, por tu ejemplo, por tu memoria despierta, por tus palabras, que afortunadamente nos quedan. No las olvido en el día después de tu ausencia.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

El derecho a existir de los niños «nadies» del mundo

www.educo.org

Sevilla, 27/XI/2021

El poeta Antonio Gamoneda, en su discurso de entrega del Premio de Literatura en lengua castellana Miguel de Cervantes de 2006, nos regaló unas palabras preciosas que no olvido: «[…] el individuo y, por tanto, el poeta, se realiza en la colectividad. Por esta indefectible circunstancia, toda poesía, aun siendo «irremediablemente subjetiva» (nos lo dice Sartre), es también siempre, en su significación última, poesía social. Puede o no llevar consigo convicciones ideológicas. Ante los poderes injustos, en los poetas de origen acomodado podrá darse la ideología solidaria; en los que se reconocen en la pobreza, será una manifestación de su vida desafortunada. Dicho más brevemente: hablar desde el interior de la pobreza no es lo mismo que solidarizarse con la pobreza». O cuando publicó La pobreza, autobiografía de un poeta nacido en ella, para comprender esta cultura, que también existe: “No es invisible pero está invisibilizada. No es lo mismo conocer la pobreza objetivamente, como un sociólogo o un antropólogo, que vivirla desde dentro. No es igual el pobre que el que se solidariza con el pobre. No digo que sea mejor ni peor, digo que es distinto. Por eso digo también que las hambres históricas modifican para siempre el pensamiento de los hambrientos”. O de las personas sin identidad alguna, los nadies.

En este contexto de ideología solidaria, quiero aproximarme hoy a la realidad de los niños y niñas en Benín, en concreto la de Abidemi, un niño de 12 años que “sin que apenas hayan despuntado los primeros rayos del alba, acude al mercado de Dantokpa, en Cotonou. No hay tiempo que perder, es hora de portear aquello que haga falta, y de vender objetos encontrados entre la basura. Abidemi quiere estar en la escuela como muchos otros niños de su edad, pero su situación de extrema pobreza no se lo permite. Los niños del mercado, como él, están sin escolarizar. No tienen documentación legal por lo que están privados de educación formal y asistencia sanitaria. Abidemi tampoco podrá nunca conducir un camión que le ayude a transportar el género que hoy porta su pequeño cuerpo de niño. No tendrá carné de conducir. Tampoco pasaporte. A ojos de la sociedad, Abidemi «no existe. Como Abidemi, cientos de niños y niñas malviven en el mercado. Es hora de que sean dueños de su propia vida y vuelen. ¿Les ayudamos a existir? Para que niños como Abidemi disfruten de un futuro mejor, han de ser reconocidos legalmente”.

Esta historia, real como la vida misma, es un ejemplo de la existencia de los niños y niñas nadies a los que tantas veces he citado gracias a la descripción que hizo de ellos Eduardo Galeano, que no olvido: los hijos de nadie, los dueños de nada. / Los nadies: los ningunos, los ninguneados, / corriendo la liebre, muriendo la vida. Lo que verdaderamente me ha impactado es que la mayoría de estos niños de Benín, que representan hoy a los niños nadies del mundo, pueden encontrar una solución a su dura existencia gracias al esfuerzo de Organizaciones No Gubernamentales como EDUCO, a través del programa “Regalos Solidarios”, en los que figura uno que considero transcendental: el Registro Oficial, “trámites para obtener el registro de identidad. Para darles el derecho a existir y que sean reconocidos. Así podrán tener acceso a ayudas, como poder estudiar”, que “cuesta” al mal llamado primer mundo 8 euros por niño o niña, como registro oficial único.

La solidaridad humana se puede manifestar con acciones como la expuesta. Para que no se olvide y para que estos niños y niñas de Benín, como representación de millones de niños sin identidad, dejen de ser nadies, siendo conscientes de que hablar desde el interior de la pobreza no es lo mismo que solidarizarse con ella.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada. 

El realismo mágico tiene siempre el encanto dentro

Sevilla, 26/XI/2021

Gabriel García Márquez fue un maestro en mostrar el realismo mágico de su país, de la vida, siempre con su encanto dentro. Mi querido Gabo, me recuerda siempre una obligación ética al escribir palabras que se entregan a los demás, como me ocurre ahora cuando me enfrento a la página en blanco, navegando en los mares procelosos de la turbación ignaciana. Hoy, cuando retomo -no sin dificultades anímicas y cierto desencanto existencial- esta bendita y sacrosanta ob-ligación [sic, con guion], resuenan sus palabras del prólogo de Doce cuentos peregrinos con una fuerza especial: “Aquí está, listo para ser llevado a la mesa después de tanto andar del timbo al tambo peleando para sobrevivir a las perversidades de la incertidumbre”. Es verdad. Aquí están listas las palabras de hoy, para ser llevadas a tu mesa, cuando voy permanentemente de mi corazón a mis asuntos, del timbo al tambo particular, personal e intransferible. Cerebro y corazón, básicamente el cerebro, para los que nos acercamos con tanto respeto a él, que nos recuerda permanentemente su papel estelar en la vida, porque diversas estructuras cerebrales hacen posible la historia jamás contada, de vivir de forma controlada para no ir del timbo al tambo. A ser posible, a los asuntos importantes para la búsqueda de la felicidad y su encanto. Y estos días que pasan, pero que en algunas y algunos se quedan, estamos viviendo momentos trascendentales para cada persona, para la sociedad, para la ciudadanía, para las familias, para las amigas y amigos a los que queremos, para las compañeras y compañeros de trabajo, con los que estamos obligatoriamente obligados a vivir, estar y, lo más difícil, ser.

La verdad es que somos peregrinos en un camino hacia alguna parte, aunque a veces vayamos del timbo al tambo, como desorientados, para comprender lo que solo se puede alcanzar en una disciplina de silencio y de encuentro con nosotros mismos, para responder a situaciones, preguntas y fracasos humanos y sociales que no alcanzamos a entender nunca. Lleva razón Gabriel García Márquez en su prólogo: el que lea estas palabras (por qué no este cuento) sabrá qué hacer con ellas. Como me pasa a mí al escribirlas. Porque la perspectiva del tiempo es lo que permite poner cada cosa en su sitio y hacer, de vez en cuando, una parada en la posada más querida. Como peregrinos de la felicidad. Del encanto de la vida, cuando un conjunto de cualidades hacen que una cosa o una persona sea sumamente atractiva o agradable.

Mirabel, protagonista de Encanto

En este contexto, traigo a colación hoy la última película de Walt Disney Animation Studios, con un tirulo paradigmático, Encanto, un musical en toda regla que se estrena hoy en nuestro país y que “nos narra la historia de una familia extraordinaria, los Madrigal, que vive oculta en las montañas de Colombia en una casa mágica, en un pueblo vibrante de un maravilloso y hechizado lugar llamado Encanto. La magia de Encanto ha bendecido a todos los niños y niñas de la familia con un don único, desde superfuerza hasta poderes curativos. A todos menos a Mirabel. Pero cuando descubre que la magia que rodea Encanto está en peligro, Mirabel decide que ella, la única Madrigal normal y corriente, quizá sea la última esperanza de su extraordinaria familia. La película contiene nuevas canciones compuestas por el ganador de los premios Emmy®, GRAMMY® y Tony®, Lin-Manuel Miranda («Hamilton», «Vaiana»), está dirigida por Byron Howard («Zootrópolis», «Enredados») y Jared Bush (codirector de «Zootrópolis»), codirigida por Charise Castro Smith y producida por Clark Spencer y Yvett Merino”.

La historia que cuenta tiene también su encanto, en un cierto paralelismo con los Buendía, la familia que asentó García Márquez en Macondo. Todo nace en una humilde vela que otorga unos poderes especiales y protección asociada a la joven Alma, que pasan a las nuevas generaciones.  Protección y poderes que se transmitirían a las nuevas generaciones, con algo diferencial: cuando cada miembro de la familia Madrigal cumple 5 años, una ceremonia a la que asisten los vecinos del pueblo revela el don le ha sido concedido: mover objetos de gran peso, cambiar de apariencia física, sanar con la comida o escuchar cualquier sonido por lejos que se produzca, capacidades que les ayudar y proteger a sus vecinos. Todos menos Mirabel, una adolescente inquieta y siempre sonriente que ve cómo todos son diferentes… y nadie es capaz de entenderla en ciertos momentos (2). A esto hay que añadir que la casa en la que viven los madrigal también tiene poderes mágicos: “Algunas de sus puertas llevan a lugares mágicos y ella misma tiene capacidad para moverse y ayudar a sus inquilinos. Aunque todo cambiará cuando Mirabel descubra en una visión que tanto la casa como la vela que confiere poderes están a punto de ser destruida, la primera, y apagada la segunda. Algo en lo que no cree Alma, ahora una anciana venerable que cuida de su prole”.

Con esta carta de presentación es obvio recordar al gran Gabo, que con su realismo mágico nos llevó en volandas por la vida, con su encanto a través de palabras trenzadas en frases que elevan el sentimiento de ser humanos: “Desde la aparición de la vida visible en la Tierra debieron transcurrir 380 millones de años para que una mariposa aprendiera a volar, otros 180 millones de años para fabricar una rosa sin otro compromiso que el de ser hermosa, y cuatro eras geológicas para que los seres humanos a diferencia del bisabuelo pitecántropo, fueran capaces de cantar mejor que los pájaros y de morirse de amor” (2). ¡Qué belleza de palabras! Lo demostró también en el mensaje que dedicó a los lectores de Cien Años de Soledad, que según nos contaba en un discurso pronunciado en Cartagena de Indias en 2007: “[…] son hoy una comunidad que si viviera en un mismo pedazo de tierra, sería uno de los veinte países más poblados del mundo. No se trata de una afirmación jactanciosa. Al contrario, quiero apenas mostrar que ahí está una gigantesca cantidad de personas que han demostrado con su hábito de lectura que tienen un alma abierta para ser llenada con mensajes en castellano”. O con bellas historias e imágenes de encanto en Colombia, como pretende transmitir la película que se estrena hoy. En definitiva, un homenaje implícito a sus palabras rodeadas siempre de realismo mágico.

En un mundo en el que sobrevivimos rodeados por los enemigos del alma humana, es maravilloso que la historia nos recuerde que existen la belleza, el encanto y la alegría, a modo de Tres Gracias, que podemos comprender mejor al contemplar el grupo escultórico inolvidable esculpido por Antonio Canova, que representa estas tres realidades. Hoy, yendo del timbo al tambo de mi vida, como he escrito anteriormente, recordando siempre a Gabriel García Márquez en sus cuentos peregrinos, que me recuerdan que todavía es posible descubrir el realismo mágico de la vida, con su encanto dentro.

(1) Encanto, la película musical de Disney que va a sorprender (antes de las Navidades) a toda la familia | Cine (elmundo.es)

(2) En El cataclismo de Damocles. Conferencia de Ixtapa. México, 1986. Extracto del discurso que Gabriel García Márquez pronunció el 6 de agosto de 1986, en el aniversario 41º de la bomba de Hiroshima.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada. 

“Todo vale” es un principio que caracteriza a los mediocres

Sevilla, 25/XI/2021

Estamos asistiendo a un espectáculo continuo en los medios de comunicación social, a un programa subliminal del “todo vale”, no inocente, como reflejo de lo que está pasando en la sociedad, caiga quien caiga o cueste lo que cueste incluso en términos éticos. Ya no estamos para muchas contemplaciones filosóficas del tipo que formularon sobre esta frase hace ya algunos años, Paul Feyerabend o Karl Popper, por elegir algunos exponentes claros de esta teoría, incluso si me perdonan esta elección, en la afirmación inconmensurable de Groucho Marx cuando afirmaba que “Estos son mis principios: si no le gustan tengo otros”.

Un ejemplo claro lo tenemos en determinadas televisiones de este país, donde el problema del “todo vale” radica en que hemos elevado al santoral digital, una palabra inglesa, el rating o audiencia, donde sumar y aumentar dígitos es el Santo Grial de los medios de comunicación y, sobre todo, de las televisiones por lo que significa en ingresos por publicidad, caiga quien caiga y cueste lo que cueste en términos éticos. Recuerdo en este sentido que José Saramago pronunció una conferencia el 10 de julio de 2006, en Potes (Cantabria), en el marco de un seminario sobre “El júbilo del aprendizaje: Beatos y bibliófilos en la pedagogía de la imagen”, organizado por la Universidad Internacional Menéndez y Pelayo, en la que expresó su concepción del mundo de la imagen en la sociedad actual, donde ahora se vive “una especie de culto a la imagen como un valor en sí mismo” y donde la televisión hace una utilización “totalmente gratuita” de esas imágenes, “echando a la cara” de quien mira la pantalla una tras otra sin otro resultado que el aturdimiento.  En ese acto, Saramago comentó que ahora existe una “santa venerada en los altares de todo el mundo”, que es la “santa audiencia (rating)”, en cuyo nombre se cometen muchos crímenes contra la razón honesta y verdadera, la sensibilidad y el buen gusto, con el aplauso además de las propias víctimas, porque “el sistema ha convertido a las víctimas en cómplices y eso pasa todos los días”, subrayó Saramago, quien considera que los ciudadanos deberían exigir que se les respetase, sobre todo a los medios y también el poder político correspondiente, utilizando el medio por excelencia, la palabra. El problema se radicaliza cuando se funden palabra e imagen con el mismo sentido espurio, cuando cabe la posibilidad ética de que imagen y palabra se conviertan en aliados en el territorio del conocimiento, que también es una palabra pero que según él “está diciendo algo”. Salvando lo que haya que salvar, estas palabras se pueden aplicar a casi todo lo que se mueve en este mundo al revés.

¿Saben quienes son las grandes protagonistas del “todo vale” en el plató del gran teatro del mundo? Las personas mediocres que están muy cerca de cada uno de nosotros y que difunden este principio como si fuera el bálsamo de Fierabrás para tiempos modernos, porque se erigen en detentadores de esta falacia engañosa del todo vale, neutralizando y destruyendo mediante silencios cómplices a posibles competidores de la dignidad ética. La mediocridad centrada en el discurso de la ignorancia elevada a categoría suprema y omnisciente me sigue preocupando mucho y cada día que pasa y vemos lo que nos rodea, más todavía por la situación actual del país y la mediocridad que nos invade en todos los ámbitos posibles, aquí, allá, acullá. He reflexionado en diferentes ocasiones en este cuaderno digital sobre esta lacra social, porque constato que estamos instalados en el reino de la mediocridad. Por esta razón, no hay tiempo que perder y hay que desenmascarar a los mediocres con urgencia vital, dondequiera que estén, porque viven en un carnaval perpetuo. Este país no logra sacar distancia a esta lacra que nos pesa desde hace bastantes años porque ahora, en el país de los tuertos desconcertados, el mediocre es el rey del “todo vale”. Es una plaga que se extiende como las de Egipto casi sin darnos cuenta. Los encontramos por doquier, en cualquier sitio: en la política, en las artes, en los medios de comunicación social, en la educación, en los mercados, en las religiones y en las tertulias que proliferan por todas partes en el reino de la opinión. Los mediocres suelen meter la mano en todos los platos de las mesas atómicas y virtuales, en las que a veces nos sentamos, con total desvergüenza. Son personas de “calidad media, de poco mérito, tirando a malo”, como dice el Diccionario de la Real Academia Española. También, tóxicos o tosigosos, que suelen complicar la vida a los demás por su propia incompetencia.

Lo repito hoy hasta la saciedad: mediocridad de mediocridades, (casi) todo es mediocridad. Casi todo es de calidad media, tirando a malo, como nos enseña nuestro Diccionario de la Lengua, pero está de moda. Lo digo una y mil veces: los mediocres están haciendo de cada día su día, su mes, su año, de forma silenciosa. Al igual que Diógenes de Sínope, tendremos que coger una linterna ética y gritar a los cuatro vientos ¡buscamos personas dignas y honestas, no mediocres! Es probable que los mediocres salgan huyendo porque no soportan dignidad alguna que les puede hacer sombra, si es que alguna vez tuvieron cuerpo presente de altura de miras, que no es el caso. Ni de los que los eligen para puestos claves en la sociedad. ¿Qué quiere decir esto? Que entre tibios, mediocres y tristes anda el juego mundial de dirigir la vida a todos los niveles, nuestro país incluido, con especial afectación en determinados partidos que nos representan. Cuando los mediocres se instalan en nuestras vidas, en nuestra política o en nuestro trabajo diario, hay que salir corriendo porque no hay nada peor que una persona mediocre con poder equivocado, además triste y tibia, sin dignidad alguna. Se erigen en reyes del “todo vale”, porque así tienen gregarios que nunca discuten nada. Pero es necesario estar orientados y correr hacia alguna parte, hacia la dignidad en todas y cada una de sus posibles manifestaciones. Es la mejor forma de luchar contra la lacra social de la mediocridad y sus indignos representantes, porque intentan invadirnos por tierra, mar y aire, sin compasión alguna. Cada vez tenemos menos tiempo para descubrirlos, aunar voluntades para ocupar su sitio y, de forma celular, boca a boca, recuperar tejido crítico social para crear nuevos liderazgos en nuestro país, tan dañado en la actualidad y que tanto los necesita.

Me rebelo contra este tipo de manipulaciones torticeras bajo el subterfugio del “todo vale”. Me pasa igual cuando se utilizan de forma espuria canciones emblemáticas para una parte de la sociedad que lucha todos los días por la democracia y al final acaba adulterándose todo por el famoso “todo vale” para garantizar la “santa audiencia”. Así lo escribí en 2019 en relación con dos canciones que forman parte de la banda sonora de las democracias mundiales: Bella Ciao y El pueblo unido, jamás será vencido. Mi generación puso mucho empeño en cambiar las cosas para que cambiaran de verdad y pudiéramos vivir en democracia. Muchos decidimos comprometernos en la búsqueda de futuro marcado por el bienestar común, propiciado por la aprobación de la Constitución en 1978 y por las llamadas políticas de izquierdas a partir de 1982, con la entrada triunfal del partido socialista en el Gobierno de nuestro país. En la banda sonora de cualquier persona de izquierda suenan estas canciones de una forma especial. Si escribo hoy estas líneas es debido a la utilización torticera actual de estas canciones o de la imagen de líderes intelectuales, sus letras y su música. Por una parte, por el mercado puro y duro, que las incluye como banda sonora de películas o música para escuchar a cualquier precio o, por otra, por partidos políticos que entonan estribillos tergiversados del tipo “la derecha unida jamás será vencida”, descontextualizándolas de su auténtico sentido primigenio.

Fundamentalmente, porque todo no vale y porque tengo unos principios que, si no gustan, lo siento: no tengo otros. A los reyes y a las reinas del “todo vale”, mediocres por definición, los definió de forma magistral Jorge Wagensberg, en un aforismo que no olvido, pero que reconozco que me da miedo: “lo mediocre es peor que lo bueno, pero también es peor que lo malo, porque la mediocridad no es un grado que pueda mejorar o empeorar, es una actitud. Todo mediocre cree haber descubierto lo que es poder: poder es poder hacer sufrir”: a los demás, a un país, a la audiencia, a la familia, a los compañeros y compañeras del trabajo, a cualquiera que se acerca a sus vidas del “todo vale”.

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de https://blogs.elespectador.com/actualidad/bike-the-way/semaforos-en-bicicleta-parar-o-seguir

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El alma vacía, en un mundo vacío y hueco

Albert György, Melancolía, 2012

Sevilla, 24/XI/2021

… nos están enfermando el alma y nos están dejando sin casa: aquella casa que el mundo quiso ser cuando todavía no era

Eduardo Galeano, en Patras arriba. La escuela del mundo al revés

En los primeros días de la creación, supe hace ya muchos años que la tierra estaba “hueca y vacía”. La verdad es que pasaron casi desapercibidas en mi vida estas dos realidades, pero en este tiempo de controversia permanente, son dos palabras que vuelven a tener una importancia transcendental. En aquél relato mágico del Génesis, la deidad correspondiente solucionó el problema de la oquedad y el vacío creando lo que le pareció “muy bueno”, el ser humano, a diferencia de los cielos y tierra, por ejemplo, que sólo eran creaciones “buenas”. Ese adverbio puso al ser humano en un sitio especial y así lo han contado durante miles de años los abuelos a sus nietos, en las orillas del Tigris y el Éufrates, desde que la escritura nos lo recuerda en relatos que ya tienen más de 2.700 años.

Ha pasado mucho tiempo, pero estamos acudiendo a una realidad acuciante en nuestro país e incluso mucho más allá, en nuestras almas y personas de secreto: la tierra vuelve a quedarse en muchos territorios hueca y, sobre todo, vacía. También, el centro de muchas ciudades importantes, porque la gentrificación está haciendo de las suyas y ya no tenemos a mano una deidad que vuelva a recordarnos que lo mejor que le pasó a este loco mundo hace millones de años fue la creación del ser humano, a pesar de sus equivocaciones, de su deseo de competir con quien lo había creado, de su voracidad por comer la manzana de la discordia. En el resto de la ciudad, se constata que hay muchos cerebros vacíos, inteligencias desaprovechadas y almas vacías. Mucha mediocridad, en definitiva, que se caracteriza por despreciar el alma humana en su justo sentido.

Nunca se había hablado tanto de la España vacía, aunque creo que el problema es mucho más serio que el puramente territorial, al que nos referimos con este término al abordar la despoblación que sufre el país en las últimas décadas. Si lo pensamos bien, muchas aulas de escuelas de este país se han cerrado este año porque también están vacías, dado el descenso inquietante de la natalidad. Muchos cines echan el cierre porque no acude casi nadie a salas que fueron un hervidero de gente hace unos años. Las aceras del centro de las ciudades, fuera del horario comercial, también están vacías, cuando según la urbanista americana Jane Jacobs: “Bajo el aparente desorden de la ciudad vieja, en los sitios en que la ciudad vieja funciona bien, hay un orden maravilloso que mantiene la seguridad en la calle y la libertad de la ciudad. Es un orden complejo. Su esencia es un uso íntimo de las aceras acompañado de una sucesión de miradas” (1). El teletrabajo vacía las empresas, las iglesias también viven esta experiencia, bastándome recordar aquellas palabras de Alberti en Roma, peligro para caminantes, con preguntas inquietantes al Dios creador: Entro, Señor, en tus iglesias… / Dime, si tienes voz, ¿por qué siempre vacías? / Te lo pregunto por si no sabías / que ya a muy pocos tu pasión redime.

Recientemente, visité el Museo Nacional Reina Sofía, prácticamente vacío, en una visita fugaz a Picasso a través de su obra magna, Guernica, ante la que me detuve escudriñando cada centímetro de una pintura que considero prodigiosa, por su simbolismo y por lo que supone reflexionar sobre ella, en vivo y en directo, después de su azaroso viaje por el mundo. En la ida y vuelta por las salas del surrealismo, bastante huecas y vacías, hice la parada obligada ante esta sorprendente manifestación de dolor y rabia por lo acontecido no sólo en Guernica, sino en todo el país, aunque la frágil memoria histórica que nos embarga lo olvide a pasos agigantados, provocando en mi alma un duro vacío difícil de explicar.

Salvando lo que haya que salvar, lo que quiero demostrar es que lo más preocupante de la España vacía, junto a la realidad de la despoblación en el mundo rural, es el vacío de valores para comprenderla, porque aunque vivamos en el primer mundo de las ciudades, no somos conscientes de que nuestra vida se despuebla, se vacía, porque la convivencia es cada día más difícil porque la que acusa el vacío es el alma humana que se consuela a duras penas con su soledad. En las clases finales de Eduardo Galeano en su escuela del mundo al revés, aborda unas lecciones de la sociedad de consumo y un curso intensivo de incomunicación, con una reflexión impecable, que leo una y mil veces en esta ardiente impaciencia ante el gran apagón mundial que se avecina y la escasez de todo que nos rodea por las esquinas del consumo, simbolizado en las estanterías vacías, es decir la manifestación palpable de que la tierra se queda poco a poco “hueca y vacía”, sin que se aviste un dios que vuelva a recordarnos que lo mejor que tiene el mundo son las personas que lo pueblan: “Los dueños del mundo usan al mundo como si fuera descartable: una mercancía de vida efímera, que se agota como se agotan, a poco de nacer, las imágenes que dispara la ametralladora de la televisión y las modas y los oídos que la publicidad lanza, sin tregua, al mercado. Pero, ¿a qué otro mundo vamos a mudarnos? ¿Estamos todos obligados a creernos el cuento de que Dios ha vendido el planeta a unas cuantas empresas, porque estando de mal humor decidió privatizar el universo? La sociedad de consumo es una trampa cazabobos. Los que tienen la manija simulan ignorarlo, pero cualquiera que tenga ojos en la cara puede ver que la gran mayoría de la gente consume poco, poquito y nada necesariamente, para garantizar la existencia de la poca naturaleza que nos queda. La injusticia social no es un error a corregir, ni un defecto a superar: es una necesidad esencial. No hay naturaleza capaz de alimentar a un shopping center del tamaño del planeta. Los presidentes de los países del sur que prometen el ingreso al Primer Mundo, un acto de magia que nos convertía a todos en prósperos miembros del reino del despilfarro, deberían ser procesados por estafa y por apología del crimen. Por estafa, porque prometen lo imposible. Si todos consumiéramos como consumen los exprimidores del mundo, nos quedaríamos sin mundo. Y por apología del crimen: este modelo de vida que se nos ofrece como un gran orgasmo de la vida, estos delirios del consumo que dicen ser la contraseña de la felicidad, nos están enfermando el alma y nos están dejando sin casa: aquella casa que el mundo quiso ser cuando todavía no era”.

Galeano lo confirma: este loco mundo está enfermando nuestra alma y nos están dejando sin casa, con un sentimiento permanente de oquedad y vacío. Además, está transformación existencial me lleva a escribir estas palabras con lo poco que me queda de esa alma vacía. Quizá, al escribir hoy estas palabras especiales, para decir algo especial, he copiado una experiencia contada una vez por el escritor portugués António Lobo Antúnes, sobre una idea preciosa aportada por un enfermo esquizofrénico al que atendió tiempo atrás: “Doctor, el mundo ha sido hecho por detrás”, como si detrás de todo está el alma humana que fabrica el cerebro. Porque según Lobo Antúnes “ésta es la solución para escribir: se escribe hacia atrás, al buscar que las emociones y pulsiones encuentren palabras. “Todos los grandes escribían hacia atrás”. También, porque todos los días, los pequeños, escribimos así en las páginas en blanco de nuestras vidas, como cavando un pozo del alma con una aguja, intentando salir como podemos del vacío y oquedad que nos rodea.

(1) Jacobs, Jane (1961),  Muerte y vida en las grandes ciudades americanas, Nueva York: Vintage, pág. 50.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada. 

Cecilia de Roma, un símbolo para Johann Sebastian Bach y Karl Richter

Sevilla, 22/XI/2021, festividad de Santa Cecilia y Día Internacional de la Música

Hoy, festividad de Santa Cecilia (Cecilia de Roma), se celebra el Día Internacional de la Música. Más de una vez me he referido en este blog a un compositor, Juan Sebastián Bach y a un intérprete del mismo, Karl Richter, que escucho y veo con bastante frecuencia, porque representan ambos la esencia de la música y su forma de expresarla. Como he recordado recientemente en estas páginas, en este año, concretamente el pasado 24 de marzo, se ha cumplido el 300º aniversario de un hecho histórico: la presentación en sociedad de unos conciertos para muchos instrumentos (Six Concerts avec plusieurs instruments, en el original), compuestos por Johann Sebastian Bach en 1721 y que escucho siempre con respeto reverencial, que dedicó de forma no inocente al margrave (marqués) Christian Ludwig de Brandenburg-Schwendt (1677-1734), Su Alteza Real Mi Señor, hermano del Rey de Prusia, conocidos desde su redescubrimiento en 1849, como los Conciertos de Brandenburgo (Brandeburgo, en correcto español). Para mí es una obra sublime del barroco, de la que conservo en mi memoria de hipocampo secreto la interpretación al clave y dirección de los seis conciertos, simultáneamente, por parte de uno de los músicos que mejor comprendieron la música de Bach, Karl Richter, sobre el que he escrito en diversas ocasiones en este cuaderno digital.

Es verdad que estos Conciertos engrandecen la música y hoy puede ser un gran día para volver a escucharlos y sentirlos en su justa medida. Creo que sobran palabras. Una hora, treinta y ocho minutos, cincuenta y dos segundos, te sumergen en una experiencia musical inolvidable. Los conciertos, que se pueden visualizar y sentir en el vídeo que encabeza estas palabras, fueron grabados del 1 al 10 de abril de 1970 en el Castillo Nuevo de Schleissheim (Munich), bajo la dirección de Karl Richter, probablemente uno de los mejores intérpretes de Bach que han existido. Destaco un momento mágico de Richter, entre otros muchos (más bien diría que a lo largo de todos los conciertos), dirigiendo a la orquesta Bach en posiciones casi imposibles, al simultanear la dirección con la interpretación al clave, moviendo las manos en giros indicadores de melodías preciosas interpretadas por Richter y su orquesta como solo ellos sabían hacer. Me refiero, por ejemplo, al primer movimiento completo del Concierto número 5, Allegro, donde se puede observar la maestría de Richter en el clave. Pasen, vean y escuchen.

Concierto de Brandenburgo N.º 1 en Fa mayor BWV 1046

Guía práctica

[00:28~] 1º. Allegro

[04:23~] 2º. Andante (en re menor)

[08:12~] 3º. Allegro

[12:53~] 4º. Menuetto; Trío I (2 oboes y fagot);
Menuetto Polacca (violines y violas); Menuetto Trío II (2 cornos y 3 oboes); Menuetto.

Concierto de Brandenburgo N.º 2 en Fa mayor BWV 1047

[20:50~] 1º. Allegro

[26:00~] 2º. Andante (en re menor)

[29:44~] 3º. Allegro assai

Concierto de Brandenburgo N.º 3 en Sol mayor BWV 1048

[32:35~] 1º. Allegro

[38:38~] 2º. Adagio

[39:41~] 3º. Allegro

Concierto de Brandenburgo N.º 4 en Sol mayor BWV 1049

[45:06~] 1º. Allegro

[52:44~] 2º. Andante (en mi menor)

[56:44~] 3º. Presto

Concierto de Brandenburgo N.º 5 en Re mayor BWV 1050

[1:01:48~] 1º. Allegro

[1:11:44~] 2º. Affettuoso (en si
menor)

[1:16:38~] 3º. Allegro

Concierto de Brandenburgo N.º 6 en Si♭ mayor BWV 1051

[1:22:00~] 1º. Moderato

[1:28:22~] 2º. Adagio ma non tanto
(en Mi♭ mayor)

[1:33:07~] 3º. Allegro

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada. 

El Génesis liberado, una maravillosa historia laica para comprender la vida

El libro del Génesis liberado / Javier Alonso

Sevilla, 21/XI/2021

Hablar del libro del Génesis es hablar del origen de la vida. Hoy lo traigo a colación por la publicación reciente de un libro que dará mucho que hablar, El libro del Génesis liberado, publicado por Blackie Books, que se presenta en sociedad como “…  la gran novela sepultada en la Biblia.  Con una nueva traducción laica y directa del hebreo de Javier Alonso, narra una historia inquietante y contundente: el Big Bang de la humanidad. Una saga desmesurada y psicodélica, saturada de crímenes y virtudes, por fin liberada de prejuicios de género y de raza”. Se puede decir más alto pero no más claro, es decir, el Génesis es una historia capitalizada por las religiones desde hace más de 2.700 años, que se reproduce ahora desde una perspectiva laica y se descubre también como una gran ficción que intenta explicar el origen del mundo, desde sus raíces hebreas, pero sin mezcla de interés no inocente para las diversas creencias que en el mundo han sido, siguen y seguirán siendo a pesar del paso de los siglos.

A lo largo de casi dieciséis años de vida de este blog, el Génesis ha tenido una presencia constante en sus páginas, sobre todo, por la referencia permanente a las primeras palabras del libro que ha contado a la humanidad durante muchos siglos cómo se creó el mundo, hasta que Darwin lo puso en crisis por su lectura evolucionista del origen de las especies. Decía Jesús Ruiz Mantilla en 2014 que el fotógrafo brasileño Sebastião Salgado, con su proyecto Génesis, de gran carga ideológica no inocente, por supuesto, había salido a buscar en 2005 el paraíso terrenal y fotografiarlo durante ocho años: “¿Para qué? Para emular el ojo de Dios pero ser fiel a Darwin, para dar testimonio de los orígenes de la vida intactos, para certificar que corre el agua, que la luz es ese manantial mágico que penetra como un pincel y muta las infinitas sugerencias en blanco y negro que Salgado nos muestra del mundo. Para experimentar pegado a la tierra y los caminos aquello que relatan los textos sagrados pero también seguir la estela de la evolución de las especies; para comprobar que los pingüinos se manifiestan; para comparar la huella con escamas de la iguana y el monumental caparazón de las tortugas en Galápagos; para explicar que los indígenas llevan en la piel tatuado el mapa de su comunión con la de los ríos y los bosques; y que los elefantes y los icebergs emulan fortalezas de hielo y piel; y que la geología diseña monumentos y que todavía quedan santuarios naturales a los que aferrarnos”.

En 2005, por ejemplo, publiqué una carta, El Génesis de Salgado, en una revista dominical de amplia difusión en el país, en la que decía que “Existe un versículo en el Génesis que ha marcado la existencia humana: el 1, 31. El narrador que recogió la tradición oral de la creación agregó un adverbio hebreo no inocente: muy (meod). Mientras que en el relato de la creación, las sucesivas creaciones eran “solo” buenas, los cielos, la tierra, las aguas, los animales, las semillas, cuando se creó al hombre y a la mujer el texto hebreo recoge literalmente: “y vio Dios que muy bueno”. La lectura del “viaje a las raíces del ser humano”, texto de Sebastião Salgado publicado en el Magazine de 5/VI/2005, me ha recordado este gran matiz, mucho más al fijar el objetivo principal de su proyecto “Génesis”: “volver a conectarnos con cómo era el mundo antes de que la humanidad lo dejase prácticamente irreconocible”. Sebastião Salgado ha iniciado una obra encomiable. Aun así, le pediría que hiciera un esfuerzo a sus 61 años por encontrar y fotografiar algún lugar o momento de la humanidad que siguiera engrandeciendo la lectura del Génesis. Aunque sólo fuera para creer, en el desconcierto actual, que el ser humano es lo mejor que le ha podido ocurrir al mundo en siete días mágicos: algo muy bueno”.

Teilhard de Chardin, que estudió el origen del ser humano a lo largo de su vida como paleontólogo y que ilumina permanentemente este blog con su mensaje de que “El mundo sólo tiene interés hacia adelante”, preconizaba hace muchos años algo que no he olvidado al hacer, como hoy, maniobras de aproximación científica al Génesis o lo que es lo mismo, a la necesidad de acercarnos permanentemente a la ciencia también, no sólo a las religiones, porque de lo que se trata siempre es de respetar la perentoriedad del descubrimiento de la primera razón de la vida, de su primer vestigio, para entender la evolución de la humanidad: “todo se debe profundizar y todo se debe intentar”, porque debemos frecuentar el futuro y su progreso implícito. Esta es la razón de por qué el progreso actual, en una interpretación tan novedosa como la que podemos encontrar en la publicación citada, es maravilloso desde esta perspectiva. Todavía se enriquece más esta perspectiva cuando miramos hacia ese futuro tan indeterminado hoy, tan frágil, debiéndonos aferrar a las directrices de la evolución humana. Teilhard nos llevaba a través de su investigación a descubrir que la ciencia es el motor imprescindible y necesario para el progreso de la humanidad. Una muestra última evidente ha sido la vacunación contra la COVID-19.

Cuando en mis años jóvenes leía en 1966 que “un día, mediante el perfeccionamiento de las síntesis albuminoideas acaso el ser humano consiga producir vida”, vivía aquello como una profecía ilusoria que después se ha ido fraguando en el conocimiento profundo de los procesos vitales. La genómica está facilitando la lectura y comprensión del libro de instrucciones que cada ser humano lleva grabado en su existencia concreta. Y estamos cerca de descubrirnos tal y como somos, tal y como nos proyectamos para ser en la preconcepción y posiblemente se podrán enderezar las existencias torcidas por una programación genética “defectuosa”, que hoy denominamos enfermedad, locura, discapacidad u otras etiquetas sociales que nacen como metáforas del dolor. Teilhard lo intuyó en sus investigaciones: el ser humano llegará a tener un gran dominio sobre la vida psíquica, sobre el cerebro, sobre su razón de ser como es. Pero esta misma capacidad se proyecta a veces en inventar cosas peligrosas. Teilhard conocía la guerra, el frente en su sentido más primigenio, y la capacidad del ser humano para destruir en una contradicción sin límites. Actualidad pura.

La segunda dirección del progreso está en la investigación sobre la propia existencia del ser humano. Es la clave del Universo. Hoy se sabe que desde hace “sólo” tres mil seiscientos millones de años hay vida en la Tierra y que también es posible que hubiera vida antes en otros planetas, sobre todo en el planeta rojo, Marte. También existe consenso sobre la datación de nuestros antepasados más próximos, en unos 30.000 años, bajo la figura de hombre de Cromagnon. Y la debilidad de Teilhard estriba en su antropocentrismo terráqueo como meta de la evolución, algo que se discute hoy ampliamente. Por ello es apasionante conocer cómo comenzó la vida y saber en un futuro próximo si ya hubo vida en otros planetas al margen o antes que en el planeta que actualmente habitamos. Descifrar al ser humano es probablemente el “código de vida” que puede dar parte de la solución, porque la vida ya estaba antes. Incluso los creacionistas más radicales y las revelaciones cosmogónicas más arraigadas aceptan el principio antecedente de la vida: los cielos, el suelo o tierra, la haz de las aguas, etcétera, fueron antes que el ser humano (berechit bará elohim at achamayim uet aarest, en perfecto hebreo, en las primeras palabras del Génesis: “en el principio (alfa) creó Dios los cielos y la tierra”, tal y como lo decían los pueblos ribereños del Tigris y Éufrates, en el actual Iraq, en la transmisión oral de abuelos a nietos). Llegar al Omega de la vida, era harina de otro costal existencial.

La tercera dirección era propicia en el terreno en el que se desenvolvía Teilhard: la unión entre ciencia y religión. No se debe sacar de contexto su realidad católica (era sacerdote jesuita) y la explosión de la Iglesia jerárquica contemporánea (años de posguerra mundial), porque traducía el sentir de la época: después de tres siglos de lucha entre ciencia y fe, ninguna de las dos ha dejado a la otra fuera de combate. La ciencia sigue sin tener todas las claves de la existencia. Se sabe cada día más, pero el factor sorpresa es continuo. Y genera un discurso muy denso en todas sus publicaciones científicas, donde siempre hay un homenaje a la dialéctica ciencia-religión, encrucijada que estudié contemporáneamente hace cuarenta años y que era terreno propicio para deserciones o abrazos teologales. La verdad es que el punto omega sigue construyéndose. Esa era la gran aportación de la creencia en el ser humano. Algunos científicos trabajan sobre el punto alfa, el origen de la vida, y así lo he entendido estando muy cerca del profesor Juan Pérez Mercader. Solo queda que este siglo del cerebro, al igual que el anterior fue el siglo del corazón, nos depare descubrimientos importantes sobre las claves de la inteligencia. Nos aproximará a la referencia de omega como fin simbólico de la existencia humana. Entenderemos por qué nos preocupa saber el origen y final de nuestras vidas. El Génesis y el Apocalipsis.

Lo que le quedó siempre muy claro a Teilhard, interpretando la creación en el Génesis o el principio Alfa de la Vida, es que “el pasado me revela la construcción del futuro”, palabras escritas en uno de sus viajes científicos a bordo del “Cathay”, en 1935. Al final, es lo que de verdad nos interesa encontrar en el libro que se acaba de publicar sobre el Génesis: una interpretación laica de un relato precioso contado muchas veces y a lo largo de la historia con intereses ocultos, pero que sigue animándonos todavía a conocer, por ejemplo, qué significaba para Aristóteles su teoría “del primer motor inmóvil” que permitió poner en marcha la vida humana, algo verdaderamente apasionante, a la que pertenezco y que no me es ajena en cada momento singular que sigo viviendo, interesado siempre en comprender la belleza intrínseca del origen de la vida.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

La Romanza de Salvador Bacarisse: música de fondo para un nuevo 20 de noviembre en libertad (III)

Sevilla, 20/XI/2021

Si se callan…, el cantor, el compositor, el escritor, el soñador, el bloguero, el político digno, el artista o el ciudadano anónimo, no conformes con las injusticias que pasan en nuestro mundo cotidiano, se calla la vida y la palabra. Hoy es un día muy especial para nuestro país, que no olvido: el 46º aniversario del fallecimiento de Franco, el dictador de este país que tuvo helado el corazón, durante muchos años, en una de sus dos Españas. Como conocí bien lo ocurrido, vuelvo a publicar hoy las palabras que escribí hace tres años en este cuaderno digital, como pequeño homenaje a la memoria histórica de hombres y mujeres de este país que entregaron su vida durante la dictadura por la ansiada libertad para todos. Para que no se olvide y para lo que sirva, compartiéndolo en el club digital de las personas dignas, libres y buenas, en el buen sentido de la palabra «buenas», como lo aprendí en mis años jóvenes de Antonio Machado, un hombre bueno y ejemplo de lo que significa hoy día la dignidad del exilio interior, que también existe.



La Romanza de Salvador Bacarisse: música de fondo para un 20 de noviembre en libertad

Una romanza es una composición de aire tierno y sencillo, un aria que solo quiere transmitir sentimientos. Estos días estoy experimentando una emoción especial tocando en fase de aprendizaje la Romanza de Salvador Bacarisse, el segundo movimiento de su preciosa obra Concertino en La menor. Mis profesoras de piano y violín han hecho los arreglos necesarios porque la versión original de 1952 es para guitarra y orquesta. Creo que les ha quedado preciosa.

Navegando por la memoria, entre lo que somos, tenemos y hemos perdido, he recordado al pintor Joe Brainard porque encontró una fórmula maravillosa para navegar por ella, los Me acuerdo…”. Así es y hoy me he acordado de la persona que ha colgado en Youtube el vídeo de la cabecera de este post, cuando decía que “Con este vídeo, hago un pequeño y humilde homenaje a Bacarisse y a los que fueron víctimas de sus propios días, sobre todo, a los que tras perder la guerra, por si fuera poco, tuvieron que marcharse. Murieron, perdieron y se marcharon, la gran mayoría lo hizo para siempre, y nunca han tenido el reconocimiento que también ellos merecen. Jamás olvidemos la historia, y aprendamos siempre de ella. Es por eso que, sin demonizar ni buscar culpables, sólo emito un reflejo más de esa época que, espero, al menos nos haya servido para aprender y no volver a cometer los mismos errores nunca más. Sé que este es un tema no superado en España y tenemos que buscar todos los medios para que así sea. Han pasado más de ochenta años y no veo que haya habido un perdón de verdad. Sólo tratando esta época sin rencores podremos avanzar como sociedad, y este país podrá ser algo mucho mejor. Hay que encontrar algún nexo de unión, porque, aunque siempre existan divergencias políticas, la herida de la Guerra Civil española nunca se cierra porque nunca nadie parece querer curarla, sobre todo los que tan malamente nos gobiernan hoy día”.

Cuando toco de forma incipiente la Romanza en sus dos versiones, para piano y violín, con fallos lógicos por mi parte en su ejecución y en este momento de aprendizaje, siento estas palabras como si fueran la letra de esta composición que representa el dolor de la España que ha tenido helado el corazón durante muchos años. No me importa repetir los compases una y otra vez porque es una forma de comprender mejor qué quiso transmitir el autor en ellos. Ya la recordé el año pasado en este cuaderno digital, cuando dediqué unas palabras especiales a Ataúlfo Argenta, gran amigo de Bacarisse: “Buscando esta verdad de Ataúlfo Argenta, he seguido de cerca a Fernando Argenta en mi vida nómada, escuchándolo siempre con enorme respeto en la radio del coche, en viajes siempre hacia alguna parte. El mismo que él tenía hacia su padre cuando nos presentaba el Concertino para guitarra y orquesta en La menor, de Salvador Bacarisse (sobre todo su Romanza), nada apreciado por el Régimen franquista por su deriva republicana y que dirigió en un concierto memorable en París el día de su estreno [15-X-1953, París (Théátre des Champs-Élysées), interpretado por Narciso Yepes (guitarra) y L’Orchestre National, en un concierto publico organizado por la Radio Televisión Francesa)], del que guardo un recuerdo entrañable en mi memoria de hipocampo, de secreto. Escuchen esta versión de la Romanza con la pasión de Ataúlfo Argenta en su dirección musical.

Recientemente, he localizado un tesoro musical: la obra compilada de Salvador Bacarisse en la Fundación Juan March, con un prólogo emocionante de su único hijo, Salvador Bacarisse Cuadrado: “Yo me fui a vivir a Inglaterra pero mis padres siguieron en París, en el pisito del 7 de la rue Cassette que ocuparon más de treinta años. Cuando murió mi madre en 1976, trece años después que mi padre, yo quité el piso de la rue Cassette, y me llevé a Escocia todos los papeles y libros de mi padre. Desde aquel día permanecieron a salvo, y yo creía olvidados, hasta la fecha memorable en que llamó a la puerta de mi casa Emilio Casares, quien venía a pedirme autógrafos y otros materiales para una exposición de «La música en la Generación del 27» que estaba organizando y que tuvo lugar en Granada en julio de 1986. Esa exposición y el magnífico catálogo que publicó el Ministerio de Cultura fue el primer reconocimiento de aquellos músicos olvidados durante el franquismo, entre los que figuraba mi padre. En Granada, durante la exposición y hablando con Rodolfo Halffter, que había venido de Méjico, y con otros, decidí hacer lo que en realidad ya sabía que tenía que hacer: mandar los manuscritos de Salvador Bacarisse a su tierra, a España. Por muy hijo de francés, emigrado a España, que fuera mi padre, nunca se sintió sino español. Vivió treinta años en París, desarraigado y triste lejos de su querido Madrid”. Me ha permitido conocer su obra a través de esta publicación extraordinaria, que está al alcance de quien desee conocer de cerca a este gran compositor olvidado durante la dictadura franquista. Ha sido un hallazgo que me permitirá conocer a fondo a Bacarisse, en su vida y en su obra. En la Fundación está el legado completo del compositor, llevado a cabo por su hijo en 1987, que incluía todas las partituras que obraban en su poder.

Cuando comienzo hoy mi ensayo de violín, he sentido la necesidad de compartir este sentimiento de respeto y agradecimiento a un autor muy desconocido en su país, pero que tuvo el reconocimiento mundial fuera de él alternando su labor de composición y de dirección de orquesta con el trabajo que desarrolló en el exilio en París, en la Radiodifusión-Televisión Francesa, como productor de programas en español para Hispanoamérica.

No lo olvido…, en un día próximo de infeliz memoria. Para lo que sirva, compartiéndolo en el club de las personas dignas y libres de este país.

Sevilla, 17/XI/2018

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Ética vendo y para mí no tengo

Sevilla, 19/XI/2021

En el refranero español, tenemos a veces remedio y consuelo para nuestras preocupaciones diarias. He recordado hoy uno en concreto, consejos vendo y para mí no tengo, muy vinculado a una actitud que aprecio sobre otras muchas por su impecable necesidad: la ejemplaridad ética. Muchas veces me he referido a la ética como “el suelo firme de nuestra existencia o la razón que justifica todos los actos humanos”, tal y como lo aprendí del profesor López-Aranguren, porque confiamos en lo que dicen los demás, como señuelos de un camino a seguir, aunque nunca sea verdad lo que muchos voceros de la ética esconden. Lo que ocurre es que caemos inmediatamente en la desafección ante todo lo que se mueve y en el desengaño más cruel, porque comprobamos que el refrán que citaba anteriormente es una verdad como un templo: ética vendo y para mí no tengo.

Recuerdo en tal sentido unas palabras de Eduardo Galeano referidas a la supuesta ejemplaridad ética de determinados políticos, líderes sociales, sindicales y empresariales, porque todos no son iguales, que figuran en El mundo al revés y que no han perdido vigencia alguna: “No se necesita ser un experto politólogo para advertir que, por regla general, los discursos sólo cobran su verdadero sentido cuando se los lee al revés. Pocas excepciones tiene la regla: en el llano, los políticos prometen cambios y en el gobierno cambian, pero cambian… de opinión. Algunos quedan redondos, de tanto dar vueltas; produce tortícolis verlos girar, de izquierda a derecha, con tanta velocidad. ¡La educación y la salud, primero!, claman, como clama el capitán del barco: ¡Las mujeres y los niños, primero!, y la educación y la salud son las primeras en ahogarse. Los discursos elogian al trabajo, mientras los hechos maldicen a los trabajadores. Los políticos que juran, mano al pecho, que la soberanía nacional no tiene precio, suelen ser los que después la regalan; y los que anuncian que correrán a los ladrones, suelen ser los que después roban hasta las herraduras de los caballos al galope” (1). Añado personalmente: si alguna vez dijeran la verdad, mentirían.

Es verdad. No todos vamos en el mismo barco de la ejemplaridad ética y de la dignidad humana, ni somos iguales, en mi caso como mero ciudadano anónimo que hace política a diario cumpliendo con los deberes ciudadanos de este país, en un marco de dignidad humana o, en sentido contrario, los que ocupan puestos definidos en el complejo conglomerado político actual, que olvidan la dignidad de su representación a través de unos votos, advirtiendo por mi parte también, de nuevo, con claridad palmaria y como aviso para navegantes dudosos, que “todos no son ni somos iguales”. Ha llegado el momento de decir ¡basta!, para iniciar nuevas singladuras éticas, aunque sea a mar abierto, para compartir ilusiones y construir un mundo mejor y ético para todos. A pesar de la que está cayendo, no perdamos esta oportunidad que nos regala la vida por el mero hecho de vivir con salud en estos momentos tan difíciles y complejos. Aunque viajemos en la fragilidad de una patera, como en la cáscara de una nuez, sin quilla, justo al lado de sofisticados barcos o yates gobernados por capitanes intrépidos que “claman, como clama el capitán del barco: ¡Las mujeres y los niños, primero!» (para salvar las apariencias), sabiendo que es el último que debe abandonar el barco, pero permitiendo que la dignidad y la ética política, al igual que “la educación y la salud”, por ejemplo, sean las primeras en ahogarse.

Desde la antigüedad se conoce el refrán citado y vinculado al alcaraván, por la costumbre que se le atribuye a este ave “cuando aparece un peligro, pues el alcaraván permanece quieto mientras lanza agudos gritos para alertar a las demás aves de la presencia de un cazador o de un ave de rapiña. Sin embargo, a él le dan caza” (2). Creo que nuestra obligación ética es no seguir participando de silencios cómplices y denunciar y destapar a los que dan clases a diario de ejemplaridad ética, cuando la realidad es que sólo esconden vicios privados a través de sus supuestas «públicas virtudes». Desde luego, no son tan inocentes, ejemplares y solidarios como el alcaraván del refrán antiguo.

¿Qué significa, entonces, ser ejemplar? Llama la atención que en este país no se introdujo la palabra “ejemplar” hasta el siglo XVIII, como adjetivo, con una sola palabra para definirla: edificativo, donde ser edificativo quiere decir que una persona “conmueve y excita al seguimiento de una virtud” (3). Es verdad que en el lenguaje ordinario que pudieron recogerla “las autoridades académicas” del siglo XVIII, no lo hicieron en este afamado siglo y sí en un diccionario de la lengua española usual, no de autoridad en el siglo XIX, lo que nos lleva a deducir que no era algo que preocupara de verdad a la población en general, menos a las monarquías y a los poderes absolutos de los gobiernos de esta época. Aparece por primera vez, como adjetivo, en el diccionario de la lengua castellana editado en Madrid por la Real Academia Española, (5ª edición), por la Imprenta Real, en 1817. Se definía como “lo que da buen ejemplo y, como tal, es digno de proponerse por dechado para la imitación a otros” (imitazione dignus, ad virtutem provocans). También sorprende que el lema “ejemplaridad”, adjetivo que recogía “la calidad de ejemplar”,  no apareciera hasta la edición del diccionario de la Real Academia publicado en 1925. Estas disquisiciones sólo pretender contextualizar un hecho claro: los adjetivos “ejemplar” y “ejemplaridad” no pertenecían al lenguaje común de este país y su clamorosa ausencia en el argot académico traducía algo muy claro: estas palabras no se suponían de los reyes y gobernantes, a diferencia del valor de los soldados que eran casi siempre ejemplares para los demás. Al buen entendedor con pocas palabras basta, siguiendo con la didáctica de los refranes.

Entre “edificativo” y “lo que da buen ejemplo y, como tal, es digno de proponerse por dechado para la imitación a otros”, anda la cosa de lo ejemplar y la ejemplaridad asociada a la ética. Así de sencillo y así de complejo a la vez, aunque de lo que sí estamos convencidos es que lo que ha pasado en la historia en reiteradas ocasiones, con muchas Coronas y Gobiernos, es que todo el mundo sabía identificar qué personajes Reales o de la Alta Política iban desnudos -de ahí el cuento de Andersen- ante los ojos pasmados de todos los que habían escuchado que el emperador llevaba un traje nuevo en su desfile ético por el mundo (el que quiera entender que entienda, otra vez), también por este país y a lo largo de los siglos. Los silencios cómplices y los miedos reverenciales hicieron el resto, a lo largo de la historia, porque ya se sabía desde antiguo que “del Rey, abajo, ninguno”.

Me retiro un momento a mi rincón de pensar y vuelvo a leer unas reflexiones sobre la ejemplaridad pública, escritas por el filósofo Javier Gomá, sabiendo que es un desiderátum de cualquier persona “la propuesta de perfección”, para sí mismos y a la hora de analizar la de los demás, porque “[…] la perfección no existe en nuestro mundo imperfecto en el modo que existe una cosa o una persona. Su modo de ser es ideal y su residencia habitual está domiciliada en la conciencia de los ciudadanos, desde donde sugiere orientaciones, ilumina la experiencia individual y moviliza el deseo” (palabras escritas por el autor en el décimo aniversario de la publicación de “Ejemplaridad pública” (2009-2019)». Es lo que me anima a seguir poniendo baldosas en la solería ética de mi vida, que me permita cuidar la razón que justifique todos mis actos humanos, tanto en mi persona de todos como en la de secreto, que también existe.

(1) Eduardo Galeano (1998). Patas arriba. La escuela del mundo al revés. Madrid: Siglo XXI Editores de España.

(2) https://cvc.cervantes.es/lengua/refranero/ficha.aspx?Par=58377&Lng=0

(3) Diccionario castellano con las voces de ciencias y artes y sus correspondientes en las tres lenguas francesa, latina e italiana […], tomo segundo (1767), de Esteban de Terreros y Pando, publicado en Madrid por la Viuda de Ibarra, en 1787.

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de http://koffi1948.blogspot.com/2012/09/los-voceros-oficiales.html

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

El Principito… andaluz

Sombra hecha de luz, / que templando repele, / es fuego con nieve / el andaluz.
Enigma al trasluz, / pues va entre gente solo, / es amor con odio / el andaluz.
Oh, hermano mío, tú. / Dios, que te crea, / será quién comprenda / al andaluz
.

Luis Cernuda, El andaluz, en Como quien espera el alba, 1947

Sevilla, 18/XI/2021

Como nada humano me es ajeno, en este caso voy a abordar un proyecto nacido en Andalucía, que me ayudará a comprender, obviamente, que nada andaluz tampoco me es ajeno y así lo he podido comprobar al transcribir al andaluz, el título de mi blog: Er mundo çólo tiene interêh açia adelante. Se trata de EPA (Er Prinçipito Andalûh), un proyecto de “un colectivo informal de estudiosas, aficionadas y amantes de la lengua andaluza en general reunidas en un homónimo grupo de facebook que se forma en Mayo de 2017. Toma su nombre de la famosa traducción de Huan Porras (Juan Porras) que tanto revuelo levantó en su momento. Al calor de la reacción tan negativa que se levantó contra el Andalûh desde la meseta, una serie de lingüistas, traductoras, conocedoras de la historia de las lenguas y hablantas particulares andaluzas se reunieron en dicho grupo para tratar el asunto. Allí se hizo una propuesta ortográfica inicial y a partir de ahí se han ido proponiendo, debatiendo colectivamente y haciendo, o no, los cambios correspondientes. En Febrero de 2018 publicaron la primera propuesta avanzada para una ortografía integradora del andalûh en sus distintas variantes. Desde entonces y apoyados por otros colectivos en red como Glorious Andalusian Emirate Memes, Andalusian Shitposting entre muchas otras, ha empezado a recibir una creciente atención de las escribientes andaluzas”.

Hacen una declaración de principios que conviene conocer para evitar confusiones:

  • Es una propuesta ortográfica, NO una propuesta gramatical.
  • LA PROPUESTA EPA NO ES LA PROPUESTA DE Huan Porras en la que se tradujo Er Prinzipito. La propuesta de Huan y el trabajo de la ZEA, fueron las principales inspiraciones de la EPA para comenzar el desarrollo de su ortografía andaluza. Supuso una invitación a ver posible el sueño andalûh de conseguir aunar nuestra lengua en una ortografía robusta, reconocible e inclusiva.
  • La propuesta EPA no está asociada a ninguna variante en particular, es una propuesta inclusiva que recoge de modo equilibrado todas las variantes de nuestra modalidad lingüística.
  • Sobre la supuesta “dificultad” de aprender andalûh escrito. Hay gente que aduce que la propuesta es “difícil de entender” y que no “se adivina” qué pone. Una ortografía no se “adivina”, hay que estudiarla igual que en cualquier otro idioma o lengua. Partiendo del conocimiento escrito del castellano, solo hay que estudiar un número reducido y simple de reglas y su aprendizaje es rápido e intuitivo.

También explican para quién está destinado este esfuerzo ortográfico:

  • La necesidad de escribir andaluz no es nueva, lo han hecho muchas autoras antes. Pasaba lo mismo que sigue pasando, que todas las que escribían (escribíamos) en andaluz por necesidad o por comodidad lo hacíamos a nuestra bola…fuese un wassa o un poema o una letrilla, un post en una red social o un texto de teatro.
  • Todas esas hablantes andaluzas que quieran aprender a escribir andalûh para poder comunicarnos por escrito de una manera estándar, más clara, unívoca, completa, coherente y eficaz tenemos ante nosotras nuestra primera gran oportunidad histórica.

Recuerdo perfectamente el debate que suscitó en las fredes sociales la publicación del cuento El Principito, de Antoine de Saint-Exupéry, que presentó en Sevilla el Sindicato Andaluz de trabajadores (SAT), el 9 de mayo de 2017. Aquello fue una revolución mediática por su origen “sindical” que conmovía los cimientos de la “toda Sevilla” y por la novedad de comenzar a traducirse al “andaluz” un cuento de tan larga historia: “Os invitamos a la presentación del libro clásico de «Er Prinzipito» en su traducción al andaluz por el antropólogo Huan Porrah. Entendiendo que será una oportunidad única para poder disfrutar de la filosofía que emana el libro a través de nuestro idioma andaluz. Ô imbitamô a la presentasión der libro klásiko de «Er Prinzipito» en su tradusión a l’andalú po e l’antropólogo Huan Porrah. Arremetiendo ke será una oportuniá unika pa poé difrutá de la filosofía ke mana er libro a trabé de nuettro idioma andalú”.

En un artículo muy interesante de la página web Yorokobu, que nos permite comprender bien el proyecto, se aborda el futuro del mismo con ilusión y buen hacer: “Entre los proyectos futuros en los que está trabajando AndaluGeeks está una aplicación para la elaboración colectiva de un mapa de toponimia y gentilicios de Andalucía. «Queremos usar esta aplicación como un banco de pruebas para futuros proyectos donde sean los propios hablantes y escribientes quienes puedan aportar términos y voces para recoger en nuestro vocabulario y gramática», explican. «Conseguiríamos, también, una versión actualizada y digital del conocidísimo ALEA (Atlas Lingüístico y Etnográfico de Andalucía), que está ya un poco antiguo y pide una renovación»”. Recuerdo en este sentido los trabajos de recuperación que el Consejo Superior de Investigaciones Científicas está haciendo del Atlas Lingüístico de la Península Ibérica (ALPI), una obra ciclópea dirigida por Tomás Navarro Tomás, Catedrático en la Universidad de Columbia, que murió en el exilio, en Estados Unidos y que explicó en su momento y en breves palabras el objeto del mismos: “En 1914 quedaron ya definidas las líneas generales del proyectado atlas. En primer lugar, no se limitaría a la parte de España de lengua castellana, sino que abarcaría toda la unidad lingüística románica de la Península y se titularía Atlas Lingüístico de la Península Ibérica (ALPI). Su objeto sería recoger el material necesario para ofrecer una representación de la lengua popular hablada en pueblos menores y antiguos por personas iletradas o de escasa cultura, entre los cuarenta y los sesenta años de edad”. En 2019 publiqué en este cuaderno digital un artículo, El dialecto valverdeño, movido por una curiosidad especial en el momento de localizar esta aventura apasionante frustrada por la Guerra Civil. Una primera consulta a fondo de la situación actual del Atlas, gracias a los trabajos que viene desarrollando en relación con este proyecto y sin descanso el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, me llevó a la consulta del  único tomo publicado hasta ahora en su página web, Fonética I, y cuya primera edición data de 1962.

Creo que todo lo que se trabaje en torno al habla andaluza es digno de reconocimiento humano y no nos debe ser ajeno. He consultado mi biblioteca (mi clínica del alma) y he leído en castellano la primera frase de El Principito, “Cuando yo tenía seis años vi en un libro sobre la selva virgen que se titulaba «Historias vividas», una magnífica lámina” o lo que no es lo mismo ortográficamente en su transcripción al andaluz, aunque sí en su mensaje implícito: «Una beh, kuando yo tenía zeih z’añiyoh, bi un dibuho mahnífiko en un libro a tento’e la zerba bihen ke ze yamaba ‘Histoires Vécues (Ihtoriah bibíah)'». He sentido algo especial intentando no olvidar el niño andaluz que fui, aunque crecí en Castilla y esta forma de hablar sí era muy ajena a mi formar de comprender la vida. Quizás sea esta la razón de que me apasione descubrirla en su esencia cuando ya voy bastante ligero de equipaje. De lo que estoy seguro es de que voy a seguir muy de cerca este proyecto, que agradezco, reconozco y comparto con la malla pensante de la humanidad, la Noosfera, definida magistralmente así por Pierre Teilhard de Chardin en los primeros años del siglo pasado y recuperada en 2001 en un libro recopilatorio de artículos de Tom Wolfe, El periodismo canalla y otros artículos. Estoy convencido de que tiene una actualidad y frescura sorprendentes: “Con la evolución del hombre –escribió-, se ha impuesto una nueva ley de la naturaleza: la convergencia”. Gracias a la tecnología, la especie del Homo sapiens, “hasta ahora desperdigada”, empezaba a unirse en un único “sistema nervioso de la humanidad”, una “membrana viva”, una “estupenda máquina pensante”, una conciencia unificada capaz de cubrir la Tierra como una “piel pensante”, o una “noosfera”, por usar el neologismo favorito de Teilhard.

Siguiendo al pie de la letra el habla de Cernuda, me gustaría pensar hoy, cuando escribo estas líneas, que el habla de los andaluces es un enigma al trasluz, porque Dios, que los crea, será quién comprenda la forma de hablar el andaluz.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.