Aforismos

NORAY
Noray en Puerto Calero (Lanzarote). Foto del autor

Aprecio mucho el aforismo, que ya en el siglo XVIII se definía por primera vez en el Diccionario de Autoridades, como “Sentencia breve y doctrinal, que en pocas palabras explica y comprehende la esencia de las cosas” (RAE A 1726, pág. 338,1). Y vuelven a estar de moda, quizá porque la velocidad que se imprime a la vida diaria, necesita de estos “pretextos para textos fuera de contexto”, como lo ha definido recientemente Jorge Wagensberg en un artículo de opinión, extraordinario, que ha publicado en el suplemento Babelia, de El País (1).

Esta definición, en términos de ciencia, lo fundamenta en tres argumentos: la objetividad, la inteligibilidad y la dialéctica. Objetividad, porque el sujeto de conocimiento debe distorsionar lo menos posible al objeto de conocimiento. Mediante la inteligibilidad, porque hay que despejar a la esencia de todos sus matices, alcanzando la mínima expresión de lo máximo compartido. Ejemplo: Vivir envejece. Y, por último, la dialéctica, como tensión continua entre sujeto y objeto: La realidad es inteligible porque no hay bosques con más árboles que ramas (2).

Cuando estamos ante momentos cruciales de compromiso activo o, por ejemplo, cuando estábamos en fechas próximas a las elecciones del 25M, tuve una sensación extraña en mi vida profesional, que traduje en un aforismo personal y transferible:

Falta mar para recoger a todos los que se tiran del barco…

Era objetivo, porque asistí a deserciones de todo tipo ante lo que podía pasar el 25 de marzo de 2012. Era inteligible, porque muchas personas que se mantenían en el puente de mando personal, político y profesional, sabían que era cierto solo con mirar a su alrededor. Y la dialéctica era obvia: barco y mar, porque en determinados momentos se controlan por la tensión económica, política o social, correspondiente. Era verdad, desgraciadamente, que cada uno estaba al final en su sitio, porque lo que defiendo desde hace años es que no todos decimos lo mismo, ni vamos en el mismo barco. Ni hacemos la misma singladura. Ni navegamos con la misma empresa armadora. Unos en cruceros, otros, en pateras, sin quilla, pero navegando siempre hacia alguna parte, buscando islas desconocidas, que se encuentran.

Y pasadas esas fechas críticas, nació un nuevo aforismo, como corolario del anterior e indisolublemente unido a él:

Falta barco para recoger a todos los que se tiraron a ese mar…

Aunque en esta ocasión, el pretexto haya sido un texto dentro de contexto.

Sevilla, 14/V/2012

(1) Wagensberg, Jorge (2012, 12 de mayo), Pretexto para un texto fuera de contexto, en Babelia (El País)
(2) Wagensberg, J. (2012). Más arboles que ramas. Barcelona: Tusquets.

La soledad digital

SHERRY THURKLE

Necesitamos parar en seco nuestras vidas, relacionarnos, hablar, dormir y soñar. El reloj biológico así viene determinado con cada carnet genético, aunque hayamos perdido el respeto a las palabras que elaboramos en el cerebro. Y la dependencia que prolifera respecto de las tecnologías viene a manifestar con extraordinaria velocidad existencial que hay que desconectar en determinados momentos de los aparatos electrónicos que tenemos a mano para no comenzar una carrera desenfrenada hacia la dependencia… digital, hacia el silencio interior más absoluto y que aterra a algunas personas.

Así lo afirma en una entrevista reciente la psicóloga Sherry Turkle, profesora en el MIT y conocida como “ciberdiva”, en una intervención que se ha hecho ya famosa en la Conferencia TED, celebrada en California, el pasado mes de febrero, cuando aconsejaba que nuestra relación cada vez más íntima con teléfonos inteligentes, ordenadores y tabletas tiene que cambiar: “De lo contrario, estamos perdidos. Cada vez esperamos más de la tecnología y menos de los humanos. Nos sentimos solos, pero nos asusta la intimidad. Estamos conectados constantemente. Nos da la sensación de estar en compañía sin tener que someternos a las exigencias de la amistad, pero lo cierto es que pese a nuestro miedo a estar solos, sobre todo alimentamos relaciones que podemos controlar, las digitales. Pero aún estamos a tiempo de cambiar esa convivencia con la tecnología. Tenemos que volver a aprender el valor de la soledad” (1).

Hay que señalar que esta profesora ha sabido estar atenta a la revolución del uso del móvil, que ha ido mucho más allá de lo que se podía esperar en los años 90, cuando se convirtió en una defensora a ultranza de los beneficios de la era digital. Pero alerta de que la realidad de hoy es muy diferente: “Esos teléfonos que tenemos en nuestros bolsillos cambian nuestras mentes y nuestros corazones porque nos ofrecen tres fantasías muy gratificantes: podemos tener atención constante, siempre va a haber un foro en el que ser escuchado y nunca tendremos que estar solos. Las dos primeras necesidades se satisfacen a través de las redes sociales, pero la tercera es la que nos está llevando a situaciones emocionales de graves consecuencias”.

Y se ha demostrado científicamente que la soledad es necesaria en la vida diaria, es decir, necesitamos estar desconectados. También de los medios electrónicos de uso inmediato, como se describió anteriormente. Y la razón de esta necesidad se ha escrito, por ejemplo, en el laboratorio del Profesor Josep Call, experto español en estudios comparados entre los simios y los seres humanos, tal y como lo describí en un post, Los ultrasociales, publicado en 2006.

Asimismo, desde 2005 he publicado en este blog más de 400 post acerca de la inteligencia digital, entendida como la capacidad de resolver problemas con la ayuda de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación, a través de cinco acepciones de aplicación inmediata en la vida de cada persona que utiliza los medios digitales de amplio espectro. Y esta realidad incuestionable avala el papel extraordinario que juega hoy la electrónica en nuestras vidas. Pero tengo que reconocer que hace años me sorprendió mucho un análisis antropológico que puede justificar bien por qué tenemos que reconocer la identidad genética con el protagonista de una historia que tiene mucho que ver con la idea conductora de este post. Me refiero a los chimpancés, porque “por mucho que nos empeñemos, no les gusta conversar. Pasa como en los tiempos que corren, donde en todos los terrenos sociales, políticos, empresariales, universitarios, familiares, nos esforzamos en hablar porque nos aterra la soledad. Quizá porque cuando el chimpancé dio el salto a la humanización se dio cuenta de que después de tantos años era necesario un primer motor inmóvil (Aristóteles), algunos lo llaman Dios ó deidad, que justificara la puesta en marcha de la maquinaria del mundo y que permitiera a las células controladas por el cerebro articular sonidos estructurados de necesidad y deseo consciente para que nos entendiéramos. La experiencia de Atlanta refuerza una tesis emocionante. Si algo califica de humanidad a la mujer y al hombre es la capacidad de comunicarse. A pesar de los tiempos que corren que incluso nos impiden mirarnos a la cara para decirnos algo”.

El artículo de El País, citado anteriormente, termina con una reflexión muy importante: «Pinker, un acerado defensor de las posibilidades de la web para generar conocimiento, plantea que la solución no es tanto lamentarse de la tecnología como dominar sus aspectos negativos mediante la educación y el autocontrol, igual que sucede con el resto de tentaciones. Pero para no dejar lugar a la duda, Pinker avisa: “Si lo que usted busca es profundidad intelectual, no recurra a un Powerpoint o a Google”.

Creo que una vez más podremos controlar esta situación y no caer en el pesimismo digital. Estoy convencido que el uso racional de las tecnologías de la información y comunicación es una asignatura a incluir en el programa curricular de la vida, en la formación necesaria de educación para ser cada día mejores ciudadanos digitales. Aunque la necesidad de comunicarnos de hoy, tan accesible por tantos medios, que sin lugar a dudas pueden facilitar también la pre-programación que traemos para hablar, nos permita sentir y percibir de forma activa que todavía queda la palabra…, a pesar de que el hueso hioides se sustituya en bastantes ocasiones por los pulgares de ambas manos o el índice que se desplaza en el teléfono inteligente o en la tableta nuestra de cada día.

Sevilla, 1/V/2012

(1) Andreu, Jerónimo (2012, 28 de abril), “Por favor, ¿podrían #dejarmedesconectar?”, El País

La inteligencia es bella (II)

Es una historia muy corta: un vuelo. Una pareja de bailarines franceses, Benjamín Millepied (el responsable de la coreografía de la película Cisne Negro y Virgine Caussin, interpretan una coreografía, El vuelo, sobre un espejo de 400 metros cuadrados instalado sobre la arena del desierto en Marruecos, nacida a partir de un beso, que constituye la metáfora del vuelo de un avión. Un spot de Air France que me acerca a Mozart, porque la música de fondo es su maravilloso Adagio del Concierto para piano, número 23 (K. 488).

El 20 de marzo de 2011 recordé en este cuaderno de bitácora que cualquier momento de la vida puede ser bello, en la clave que siempre vuelvo a leer en mi memoria de hipocampo, “recordando mensajes que aprendí del guión de la película interpretada por Benigni, La vida es bella, leído por mí en bastantes ocasiones. Me ayudó a comprender también que la inteligencia es bella, cuando ayuda a resolver problemas del día a día. Guido Orefice o Roberto Benigni, tanto monta-monta tanto, el protagonista, explicaba bien cómo podíamos ser inteligentes al soñar en proyectos: poniendo (creando) una librería, leyendo a Schopenhauer por su canto a la voluntad como motor de la vida y sabiendo distinguir el norte del sur. También, porque cuidaba de forma impecable la amistad con su amigo Ferruccio, tapicero y poeta. Hasta el último momento”.

Hoy, dando una vuelta de tuerca real al slogan de la Compañía Air France, «Hacemos del cielo el mejor lugar de la tierra», que la promociona con esta sencilla historia, me gustaría “hacer de la tierra el mejor lugar del cielo”. Nada más.

Sevilla, 25/IV/2012, día de un joven atrevido, Marcos, que decidió escribir también una maravillosa historia dedicada a una persona que le pareció íntegra, de nombre Jesús de Nazareth. Día muy importante para nuestro hijo Marcos, que conoce bien la estela del regalo auténtico, que es vivir con inteligencia, y que sueña con volar en un mundo personal y colectivo muy diferente. También, día de Jose Afonso que puso música al inicio de la Revolución de los Claveles hace hoy 38 años, con una canción estremecedora: Grándola vila morena… Sin lugar a dudas, la inteligencia es maravillosamente bella, cuando se desarrollan a través de ella los derechos y deberes que corresponden a cada ser humano, alejándose de las mercancías… Por ejemplo, un beso, un vuelo, un adagio, una breve historia que aviva el sentimiento, alejándote del mercado, de la prima de riesgo.

El cableado de la inteligencia

tractografia
Imagen de un cerebro humano, mediante tractografía, que muestra la curvatura en dos dimensiones de fibras neuronales paralelas que se cruzan formando un ángulo recto (Martinos Center for Biomedical Imaging, Massachusetts General Hospital, MGH-UCLA Human Connectome Project)

Se ha publicado recientemente en el diario El País un artículo de divulgación científica, de lectura fascinante, Una nueva tecnología permite trazar el mapa de las conexiones neuronales, en el que se afirma que “Tanto se ha hablado de la enorme complejidad del cerebro, y resulta que, al menos en cuanto a la arquitectura de sus conexiones, es “elegantemente simple”, dicen unos científicos que han logrado hacer un mapa de altísima resolución del cableado neuronal. Y esa estructura no es una maraña de fibras, como muchos pensaban. “Hemos descubierto que el cerebro está hecho de fibras paralelas y perpendiculares que se cruzan entre sí de forma ordenada”, afirma Van J. Wedeen, del Hospital General de Massachusetts (EE UU): “El hecho de encontrar una organización simple en el lóbulo frontal de los animales superiores ha sido completamente inesperado, no creo que nadie sospechase que el cerebro tendría este tipo de patrón geométrico omnipresente”, añade. El avance, dicen los científicos, es importante para poder trazar el atlas de las conexiones cerebrales, para conocer su desarrollo y perfilar mejor las teorías sobre cómo funciona este órgano y cómo ha evolucionado”.

El Dr. Van J. Vedeen, experto del Hospital General de Massachusetts (EEUU), trabaja desde hace años en la obtención de imágenes en 3D y en colores de las fibras nerviosas del cerebro humano, basada en la resonancia magnética y las técnicas de difusión (DSI, sus siglas en inglés), también conocidas como tractografía, explicando en qué consiste la técnica: «Nos basamos en la difusión del agua y el patrón que ésta sigue. Es nuestro trazador para conocer las características de las fibras cerebrales», y su objetivo es «ver la verdadera anatomía del cerebro y no sólo su superficie» (1). En este Centro de referencia, han llevado a cabo experiencias con escáneres utilizando ratas, ratones, gatos, macacos y también humanos. «Hemos detectado que los roedores presentan un desarrollo muy importante de las áreas relacionadas con la memoria y el olfato. Algo similar ocurre con los gatos, pero en las localizaciones asociadas con el movimiento». La tractografía se realiza mediante un escáner de resonancia magnética, denominado de imagen por difusión espectral, que revela en el cerebro la orientación de todas las fibras que cruzan por un punto concreto en una vía neuronal. El escáner detecta el movimiento del agua dentro de las fibras para localizarlas y, como puede ver la orientación de múltiples fibras individuales que se entrecruzan en un punto, permite desvelar la estructura de tejido al aplicar a los datos su nuevo sistema de análisis.

Se sabe que la inteligencia se aloja en “400 pequeños órganos neuronales, cada uno conectado con otros cinco o seis». Por tanto, todas estas conexiones dentro de un órgano de tamaño relativamente reducido no pueden sino entrecruzarse. «En una misma área puedes encontrarte con 10 estructuras que ocupan el mismo nivel».

La parte más delicada de la investigación es su proyección en cerebros humanos, porque trabajar con un cerebro de un mono recién fallecido permite escanearlo durante las 48 horas siguientes de su fallecimiento pero no así con cerebros humanos, porque su densidad todavía no la soportan los escáneres actuales, situación que en los próximos años se resolverá sin lugar a dudas, brindando la posibilidad científica de investigar las enfermedades mentales sobre las que todavía se sabe muy poco: esquizofrenia o esclerosis múltiple, por ejemplo. La tractografía permitirá “conocer cómo se desarrolla la mente con la edad; identificar las diferencias entre una persona zurda o diestra; establecer el daño provocado por un trauma cerebral; o, trazar las zonas afectadas por un tumor y ayudar en la cirugía”. Así lo corrobora Van J. Wedeen: «Nos encontramos ante un nivel de detalle estructural que nunca se había pensado. Lo principal es que nos permite detectar las ´huellas dactilares´ de las distintas formas cerebrales y visualizar su bella y característica geometría. Cada conexión es un órgano con una estructura que expresa su función». Experiencias relacionadas con esta investigación se pueden visualizar en la revista de tecnología del MIT, technologie review, habiéndose obtenido sorprendentes imágenes del cerebro al descubierto.

El artículo de El País continua explicando con detalle el estado del arte actual: “El cerebro, está hecho de dos tipos de tejido: la materia gris de células nerviosas con funciones específicas, y la materia blanca hecha de largas fibras interconectadas o cables. Las trayectorias y las formas de estos cables, dónde y cómo se cruzan y conectan en sus recorridos se ha considerado siempre un asunto complejo y difícil de abordar. Pero estos investigadores muestran que el cableado cerebral está organizado geométricamente y es sorprendentemente simple. Todas las fibras forman un único tejido o rejilla tridimensional, como una tela formada por múltiples hilos y doblada. Esta estructura, además, no es exclusiva del cerebro humano, ya que los investigadores han observado el mismo patrón en sus experimentos con cuatro especies diferentes de primates no humanos, además de personas voluntarias”.

Más adelante se aborda un problema complejo, la evolución del cerebro: “La antigua idea de una maraña de miles de interconexiones del cableado cerebral no tiene sentido desde el punto de vista de la evolución. ¿Cómo podría la selección natural guiar cada uno de esos cables hacía una configuración más eficiente, más ventajosa? “La misma simplicidad de esta estructura de tejido es la razón por la que puede acomodar los cambios al azar, graduales, de la evolución”, explica Wedeen. “Para una estructura simple es más fácil el cambio y la adaptación. Esto tiene sentido desde el punto de vista da evolución y del desarrollo”, concluye”.

Las reflexiones anteriores me han sugerido traer a colación el contenido de un artículo reciente de Antonio Muñoz Molina, Ese chispazo, publicado en el suplemento Babelia, del diario El País, porque es indudable que el cableado de la inteligencia facilita reacciones memorables del cerebro, proyectadas mediante la inteligencia, por medio de chispazos inolvidables e inexplicables en muchas ocasiones: “Desde los griegos la inspiración inventiva se asoció a lo sobrenatural: en la etimología de la palabra entusiasmo está la idea de la posesión por un dios. Una de las maravillas de vivir en estos tiempos es la posibilidad de asistir a la confluencia entre la poesía y el conocimiento científico. Escáneres e imágenes magnéticas están favoreciendo una precisión cada vez mayor en el estudio de los procesos cerebrales, al mismo tiempo que la biología molecular permite conocer el sustento físico de la imaginación y la memoria. Jonah Lehrer, un divulgador de éxito especializado en la neurociencia, acaba de publicar Imagine: How Creativity Works, un libro sobre los descubrimientos en ese campo que parecía el más escurridizo y misterioso de todos: de dónde viene lo que parece surgido instantáneamente de la nada; lo intuido, lo medio soñado, lo que se escribe o se toca en un estado como de sonambulismo, la ocurrencia de un poema o de una melodía y también la de una de esas modestas invenciones que en seguida se vuelven obvias pero en las que nunca había pensado nadie: la cinta adhesiva, por ejemplo, el post-it, la canción Like a Rolling Stone de Bob Dylan, la mopa desechable, un poema de Auden, el eslogan I Love New York con el corazón rojo en el centro, el velcro, los primeros dramas históricos de Shakespeare; tantas de las cosas que implican el que según Lehrer es el más importante de nuestros talentos: la capacidad de imaginar lo que nunca antes ha existido”.

Cada vez vamos sabiendo más del porqué de estas situaciones, pero la verdad es que sabemos todavía muy poco del cableado del cerebro y, lógicamente, de la inteligencia. Todo un reto.

Sevilla, 22/IV/2012

(1) http://www.ibercampus.es/articulos.asp?idarticulo=8051

GOBIERNO ELECTRÓNICO, ABIERTO, EN ANDALUCÍA

ELIGIENDO

Estamos viviendo momentos transcendentales para Andalucía. Ha llegado la ocasión de colaborar una vez más en su construcción a través de lo más preciado que dispone el ser humano, la inteligencia expresada a través de la palabra, que todavía nos queda. Presento hoy una nueva publicación para uso libre en la Noosfera, Gobierno Electrónico, abierto, en Andalucía, con la recopilación de artículos (post) que he escrito en los dos últimos años sobre una realidad que es incuestionable en nuestra sociedad andaluza: el cuidado y atención personal de la inteligencia digital privada y pública, con la ayuda de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación, siendo una necesidad perentoria crear teoría y masa crítica sobre la necesidad de que se atienda en una proyección concreta: la relación con la Administración Pública y viceversa, con la determinación de un Gobierno Electrónico, abierto, que salvaguarde el interés público digital.

He contemplado tres grandes capítulos en esta publicación en la Red: la inteligencia pública digital, la realidad de una nueva Administración simbolizada en la Andalucía Pública 2.0 y, por último, una aplicación tangible, la necesidad de adaptar proyectos europeos en esta Comunidad, mediante la visión de la Agenda Digital de Europa, en Andalucía.

Hago una defensa a ultranza de la capacidad del recurso no agotado en nuestra Comunidad: la inteligencia, porque el cerebro no acepta la destrucción de la inteligencia, de la razón, dado que es su componente esencial, como tantas veces he demostrado en mi blog, El mundo sólo tiene interés hacia adelante. Si la inteligencia es la capacidad que tiene todo ser humano para resolver problemas, es cierto que necesita ideología centrada en la inteligencia social, porque es evidente que ésta no es ni puede ser algo que flota por encima del desarrollo social, algo neutral o imparcial, sino que refleja lo que está pasando en el mundo por la temida crisis y como se reacciona ante ella.

Asimismo, expresan estas páginas la necesidad de frecuentar el futuro, utilizando el tesoro más extendido en el mundo, la inteligencia personal e intransferible, tal y como lo he manifestado en mi cuaderno de bitácora desde 2005: “He estudiado durante muchos años la proximidad real al concepto [la inteligencia] y hoy, más que nunca, comprendo que la mejor definición sería aquella que asume la realidad social de cada uno: ser inteligente es ser capaz de resolver problemas en la relación consigo mismo y con los otros. Desde la perspectiva actual no hay nada más ultramoderno e inteligente, en la clave de José Antonio Marina: explicar, embellecer y transformar la realidad a través de la inteligencia creadora. Siempre que nos demos cuenta que también es importante e inteligente frecuentar el futuro, tal y como recomendaba el Dr. Cardoso al Sr. Pereira en “Sostiene Pereira”: “… deje ya de frecuentar el pasado, frecuente el futuro. ¡Qué expresión más hermosa!, dijo Pereira”.

Estas páginas permiten esa acción, frecuentar el futuro, aunque cuando perdamos en alguna ocasión el principio de realidad, sintamos nostalgia de la vida pasada, pero –por qué no decirlo- también de la futura…, porque es nuestra.

Sevilla, 8/IV/2012

NOTA: recuerda que puedes bajarte el libro, si lo consideras de interés personal y público, pulsando aquí.

Frecuentar el futuro

ANTONIO TABUCCHI
Antonio Tabucchi

Palabras de homenaje a Antonio Tabucchi, unos días después de haberse cumplido una realidad inexorable: no ha podido añadir un solo día más a su existencia, como decía el Eclesiastés. Un día ya lejano me ayudó a seguir navegando en la búsqueda incesante de la Isla Desconocida, leyendo una obra cumbre de su literatura de compromiso activo, Sostiene Pereira, porque aprendí, de nuevo, que el mundo sólo tiene interés hacia adelante, es decir, frecuentando el futuro.

Sigo trabajando en el conocimiento del tesoro más extendido en el mundo, la inteligencia personal e intransferible, tal y como lo he manifestado en este cuaderno de bitácora desde 2005: “He estudiado durante muchos años la proximidad real al concepto [la inteligencia] y hoy, más que nunca, comprendo que la mejor definición sería aquella que asume la realidad social de cada uno: ser inteligente es ser capaz de resolver problemas en la relación consigo mismo y con los otros. Desde la perspectiva actual no hay nada más ultramoderno e inteligente, en la clave de José Antonio Marina: explicar, embellecer y transformar la realidad a través de la inteligencia creadora. Siempre que nos demos cuenta que también es importante e inteligente frecuentar el futuro, tal y como recomendaba el Dr. Cardoso al Sr. Pereira en “Sostiene Pereira”: “… deje ya de frecuentar el pasado, frecuente el futuro. ¡Qué expresión más hermosa!, dijo Pereira”.

Y cuando perdió de vista al Dr. Cardoso al salir de su querido Café Orquídea, sintió nostalgia. De la vida pasada, pero también de la futura. Hasta el pasado 25 de marzo, cuando se enfrentó por última vez a su yo hegemónico, poniendo orden en su confederación de almas, como le decía aquél sorprendente doctor, en la Clínica Talasoterápica de Parede.

Sevilla, 29/III/2012

El cerebro necesita ideología, cada día

LEHMAN BROTHERS

Escribí en 1977 un artículo en El Correo de Andalucía (1), Necesidad de crisis, necesidad de religación, en el que resaltaba una reflexión del filósofo Ferrater Mora, que recupero hoy en un periodo de crisis de ideologías, que tanto hace sufrir a personas con compromiso activo: “hay cinco estadios fundamentales que nos pueden llevar a considerar la crisis de todos en la actualidad: la Revolución americana, la Revolución francesa, la Revolución industrial-inglesa, el nacionalismo y la expansión colonial. Todos fueron animados, alentados y experimentados por algunos hombres, por ideologías que pretendían justificar los numerosos porqués de aquellos momentos. Y tuvieron sus consecuencias intelectuales”. Hoy vivimos un sexto estadio, bautizado como crisis mundial, una gran recesión, que también puede englobarse en el análisis anterior: está alentada por el poderoso caballero don dinero, que en todo ve una situación de descalificación continua de los países endeudados hasta límites insufribles, creciendo la miseria colectiva como bola de nieve.

Ante esta situación continuaba razonando la situación en el citado artículo: “A este propósito, me parece muy interesante el análisis que Lukács hace de la destrucción de la razón, es decir, el irracionalismo desde Schelling hasta Hitler. Es una filosofía de la historia muy aguda y crítica, centrada en un argumento harto expresivo: «no hay ninguna ideología inocente: la actitud favorable o contraria a la razón decide, al mismo tiempo, en cuanto a la esencia de una filosofía como tal filosofía en cuanto a la misión que está llamada a cumplir en el desarrollo social. Entre otras razones, porque la razón misma no es ni puede ser algo que flota por encima del desarrollo social, algo neutral o imparcial, sino que refleja siempre el carácter racional (o irracional) concreto de una situación social, de una tendencia del desarrollo, dándole claridad conceptual y; por tanto, impulsándola o entorpeciéndola»” (2).

El cerebro no acepta la destrucción de la inteligencia, de la razón, porque es su componente esencial, como tantas veces he demostrado en este blog. Si la inteligencia es la capacidad que tiene todo ser humano para resolver problemas, es cierto que necesita ideología centrada en la inteligencia social, porque es evidente que ésta no es ni puede ser algo que flota por encima del desarrollo social, algo neutral o imparcial, sino que refleja lo que está pasando en el mundo por la temida crisis y como se reacciona ante ella. El cerebro necesita claridad conceptual, ideología, para comprender lo que ocurre y ahí está la clave de la no inocencia. Mientras unos, muchos, entorpecen el conocimiento de la verdadera dimensión social de lo que ocurre, otros desean introducir cordura en la comprensión y vías de salida a la misma. Es decir, la ideología que está detrás de la crisis, no es inocente y el cerebro necesita ordenar ideas fundamentales para llegar a caracterizar el pensamiento y proyectarlo en su realidad social. Así lo ha fijado, limpiado y dado esplendor a través del lema ideología, el Diccionario de la Lengua Española, en su segunda acepción. Por algo será. Y los Gobiernos lo saben, es decir, tampoco son inocentes y no vale cualquier respuesta a las ideas fundamentales, porque todos no son ni somos iguales. Afortunadamente.

Sevilla, 18/III/2012

(1) Cobeña Fernández, J.A. (1977). Necesidad de crisis y necesidad de religación. El Correo de Andalucía, 12/VII/1977, pág. 3
(2) Lukács, G. (1976). El asalto a la razón. Barcelona: Grijalbo, pág. 4 s

El cerebro necesita poesía, cada día…

JUAN COBOS

Escribo este post como homenaje expreso a un amigo del alma, Juan Cobos Wilkins, quizá ahora tan tarde, pero al que he profesado siempre respeto y admiración. El me entregó lo mejor de él en años muy conflictivos en una ciudad diseñada por el enemigo, Huelva, comprometiéndonos con su progreso, cada uno en lo que mejor sabía hacer. Con un prólogo precioso a mi libro, Teatro de barrio, lo mejor de sus páginas. Hoy, a través de este blog, simbolizo que el mundo de la memoria sólo tiene interés cuando va hacia adelante, aunque su especialidad sea ir hacia atrás. Paradojas de la vida, aunque seguro que los dos sabríamos escribir un nuevo guión para Errol Flynn, siempre como miembros de un séptimo de caballería muy particular, sabiendo que los indios sioux de cualquier Caballo Loco de hoy están siempre en el desfiladero y que al final del mismo nos espera Olivia de Havilland, cada uno en su reinterpretación personal, que en mi caso, sé muy bien quién es. Porque la respeto, quiero y admiro. Viviendo los dos con las botas puestas.

Amor y poesía, cada día. Así iniciaba muchas jornadas de trabajo en la Casa-Museo Zenobia-Juan Ramón, en Moguer, en 1978, con el permiso amable de Pepito, el guía por afecto a una causa no perdida, una persona extraordinaria que me hizo muy fácil vivir en tiempos revueltos, porque leía en tonos rojos esta frase que rodeaba el arco de la escalera de acceso a la planta alta de aquél entrañable Museo. Lo he recordado estos días al leer un libro de poesía, Para qué la poesía, de Juan Cobos Wilkins, al que sabe que aprecio desde que nos conocimos en 1982, en Huelva, con el agradecimiento expreso por todo lo que aprendí de él y sigo conservando en mi memoria de hipocampo.

El libro es un homenaje sentido del olvido, la incapacidad de comunicación y la metáfora como salvación, con el que ha conseguido el XVI Premio de Poesía Ciudad de Torrevieja. Lo compré de inmediato porque siempre tengo una deuda con Juan, al que debo mucho en mi aprendizaje de personas de secreto y porque su nombre me trae a la memoria de hipocampo momentos inolvidables de diálogo compartido, en soledad y acompañados por personas a las que queremos. Quizá sea su explicación de contexto en la visita que hicimos a Peña de Hierro, en Nerva, el 31 de diciembre de 1982, la experiencia que más huella me ha dejado en mi cerebro de secreto.

Y qué curioso es que aunque por caminos distintos, los dos hemos trabajado sobre la memoria, hasta encontrarnos de nuevo. Por su parte, porque toda su obra es un canto permanente a su excelente memoria, devolviéndonos permanentemente su experiencia sentida a través de las palabras en prosa o poesía. Con la excelencia que él lo hace siempre. Por la mía, porque desde 2005, fecha en la que comencé a escribir en este cuaderno de derrota, en términos próximos al mar, la estructura del cerebro que aloja a la memoria y allí reside durante toda la vida o hasta que el zaratán del Alzheimer la destruye, es decir, el hipocampo, mejor, el caballo encorvado, ha sido una constante de compromiso activo en el blog, porque siempre me ha preocupado desentrañar el conocimiento de la misma, porque recordar y predecir, aunque sea a través de metáforas, como le gusta explicar a Juan, es imprescindible para la salud mental: “He comenzado a leer un libro sorprendente, Me acuerdo (1), que simboliza una actividad cerebral de importancia transcendental en la vida de las personas. Recordar o no recordar, esa es la cuestión. He llegado a esta lectura por dos razones fundamentales: la localización del libro a través de un artículo de Guillermo Altares, Cuando un recuerdo es algo que tenemos (2), y mi permanente actitud de investigación sobre las estructuras cerebrales que nos permiten recordar a través de la memoria. Una aventura apasionante”.
Dice Altares que “Esa mezcla, lo que tenemos, lo que hemos perdido, es lo que nos convierte en nosotros y el pintor Joe Brainard (1942-1994) encontró una fórmula maravillosa para navegar por la memoria, los Me acuerdo…”. Efectivamente, la memoria es lo que más nos pertenece, lo verdaderamente personal e intransferible en el cerebro de cada persona, lo irrepetible en el otro. Es lo que nos permite convertirnos permanentemente en nosotros mismos. Solo basta un pequeño ejercicio de parada “técnica” vital, detenernos unos minutos en el acontecer diario y comenzar a pensar bajo la estructura recomendada por Brainard: me acuerdo de…, y así hasta que el bienestar o malestar nos permita disfrutar del recuerdo o comenzar un sufrimiento posiblemente innecesario. Porque de todo hay en la memoria -¿viña?- de cada una, de cada uno”.

He explicado la estructura del hipocampo, en un post, El caballo encorvado: “Y aparece así la estructura básica de la memoria a largo plazo, la razón de la razón (que no del corazón) en términos pascalianos. La información que entra por los sentidos llega al hipocampo dejando siempre una “huella” de lo que se ha “visto” o “sentido”. También puede llegar a la amígdala, para evaluar emocionalmente la “escena” o “reacción sensorial” a grabar. Y comienza la carrera interna del hipocampo como caballo disciplinado o desbocado, en función de los márgenes que dejen los neurotransmisores y las hormonas correspondientes: “cuando el nivel emocional es elevado, las señales límbicas, vía septum, (la pared delgada que separa dos tejidos) alcanzan el hipocampo induciendo la síntesis de nuevas proteínas y de ese modo consolidar el trazo de memoria. De ese modo la huella débil y efímera se convierte en una memoria más robusta y duradera” [3]. Y se avanza en esta investigación con afirmaciones rotundas que dejan entrever el papel primordial del hipocampo en esta tarea de grabación histórica: “el hipocampo recibe de la corteza grandes volúmenes de información multimodal, la asocia, la retiene durante el procesamiento, la amplifica, probablemente la compara con la ya existente y contribuye a su consolidación en la corteza cerebral. El hipocampo y la amígdala participan simultáneamente, tanto en los estados iniciales de la formación de la memoria, como en la recuperación”.

Juan Cobos Wilkins, describe muy bien qué significa perder esta maravillosa realidad cerebral, en su primer poema: MATER, del que reproduzco los versos introductorios:

Ya sé que no te acuerdas, madre, no te acuerdas.

Bajo el cabello blanco, una goma de borrar –no como aquellas
de infancia que olían a vainilla- hecha de niebla
y humo todo lo difumina, lo desvanece todo. Y sólo deja
tras de sí un hojaldre de escarcha, tan frágiles
esquirlas de cristal que la luz de mis ojos
las rompe si las toca.
Ya sé que no te acuerdas, madre,
pero yo soy tu hijo.
Tu hijo soy, y como tú a mí cuando era niño, ahora te digo yo:
[eso es azul,
se llama cielo.

Y continúa el libro con referencias a la vida, de muchas formas posibles: desvivir, revivir, convivir: conmorir con todo eso, lo de siempre, sobrevivir y vivir: eso invisible que le sucede a otros. Después, preguntas que preparan la respuesta de para qué la poesía, para justificar por qué el cerebro necesita poesía. La mejor respuesta, la final: para sanar, para vivir…

Sevilla, 11/III/2012

(1) Brainard, Joe (2009). Me acuerdo. Madrid: Sexto piso.
(2) Altares, Guillermo (2009, 28 de marzo), Cuando un recuerdo es algo que tenemos, El País (Babelia), p. 8.
(3) Almaguer Melian, W., Bergado Rosado, J. y Cruz Aguado, Reyniel (2005). Plasticidad sináptica duradera (LTP): un punto de partida para entender los procesos de aprendizaje y memoria. Revista Cubana de Informática Médica, 1 (5).

La crónica de una publicación digital anunciada

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Gabriel García Márquez

El próximo martes, 6 de marzo de 2012, se publicará como primicia mundial la edición en formato electrónico de la obra cumbre de Gabriel García Márquez, Cien años de soledad, en la editorial leer-e, el mismo día en que cumple 85 años. Unas palabras de su editora en España, Carmen Balcells, reflejan muy bien el potencial de la Noosfera como malla pensante que acoge siempre la inteligencia digital y su proyección en el ciberespacio: “Mi relación con él [García Márquez] ha sido una experiencia tan enriquecedora que ya no recuerdo ni cuándo empezó o si todavía seguimos anclados en esa nube del sueño; más ahora, cuando todos hablan del mundo cibernético y de esa nube infinita donde se pueden alojar todas las historias y los libros”.

Es una noticia maravillosa para los que trabajamos día a día en divulgar los grandes principios de la inteligencia digital, cuando además nos bajamos a diario de la nube del sueño para constatar que vivir en Internet es una realidad irreversible y que compartir conocimiento digital, por el módico precio de 5,99 euros, nos permite llevar en nuestros teléfonos móviles o tabletas digitales una obra considerada por Vargas Llosa como “… una novela total, en la línea de esas creaciones demencialmente ambiciosas que compiten con la realidad real de igual a igual, enfrentándole una imagen de una vitalidad, vastedad y complejidad cualitativamente equivalentes. Esta totalidad se manifiesta ante todo en la naturaleza plural de la novela, que es, simultáneamente, cosas que se creían antinómicas: tradicional y moderna, localista y universal, imaginaria y realista. Otra expresión de esa totalidad es su accesibilidad ilimitada, su facultad de estar al alcance, con premios distintos pero abundantes para cada cual, del lector inteligente y del imbécil, del refinado que paladea la prosa, contempla la arquitectura y descifra los símbolos de una ficción y del impaciente que solo atiende a la anécdota cruda.“

Ahora, de la inteligencia digital de personas que todavía tienen la capacidad de admirarse de todas las cosas, como le gustaba comentar a Aristóteles en momentos de confidencia humana, con objeto de recibir información desde un libro electrónico de Gabriel García Márquez, elaborarla y producir respuestas eficaces, a través de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación. Aunque caminemos a veces como él, del timbo al tambo existencial.

Sevilla, 4/III/2012

Intelectuales Digitales

ALAIN MINC

Estoy leyendo artículos y libros, en los últimos meses, en los que hay un denominador común que traduce una honda preocupación social: ¿Dónde están los intelectuales en este difícil momento histórico de crisis mundial económica y, sobre todo, de valores? Y siempre se recurre a la figura de Diógenes de Sínope, aquél vanidoso que gritó a los cuatro vientos “¡busco un hombre!» y que sufrió mucho cuando Aristipos de Cirene, el cirenaico, que se bañaba un día con él, se puso su túnica llena de agujeros, negándose el “buscador de hombres” a ponerse la de su amigo, porque era de púrpura y cuando lo viera cualquier persona pensaría mal de él. Como alguna vez he comentado a personas queridas, la anécdota es una ironía de la vida. Al menos, nos sirve para damos cuenta de que la empresa de «buscar una persona» exige en principio, autenticidad de vida personal «para que no se nos note la farsa a través de los agujeros de los hechos», porque todas las personas, sin excepción alguna, llevamos rasgos intelectuales en el cerebro.

Ya escribí en 2006 un post Encontrar una persona que se iniciaba con esta famosa expresión de búsqueda. ¿Quién se atrevería hoy a gritar por las calles y plazas: «¡Busco un intelectual!»?: “Nos tomarían por locos…, pero cuando las personas hablamos en serio, afloran los secretos y las locuras individuales y colectivas. Todo encuentro humano -filo cortante de la existencia- afrontado con honradez y coraje de vivir, puede gritar al mundo que cualquier persona puede y debe buscar a otra persona. No hay «yo» sin «tú». Hablar así en y de la habitación interior de cada uno, supone una sintonía de principios, proyectos y necesidades. Quizá también de intercomunicación de «crisis» personales, al ponerse en tela de juicio el sentido existencial del ser humano. Es una forma de abandonar el camerino ambulante y la representación subsiguiente en el gran teatro del mundo, para dedicarse a pensar, forjar ideales, luchar y transformar. No se trata, por otra parte, de buscar «gente, mundo o pueblo», sino una persona concreta, quizá cercana, quizá andaluza, quizá hermana, que quiera compartir la construcción diaria de una casa humana, con numerosas «habitaciones interiores». Podríamos entender «casa humana» como el país, la provincia, la ciudad, la fábrica y la familia que sentimos todos los días”.

También he escrito en este cuaderno sobre el compromiso intelectual: “Un intelectual es concebido como un ser alejado de la realidad que se suele pasar muchas horas en cualquier laboratorio de la vida y de vez en cuando se asoma a la ventana del mundo para gritar ¡Eureka! a los cuatro vientos, palabra que no suele afectar a muchos porque nace del egoísmo de la idolatría científica. Por eso hay que rescatar la auténtica figura de las personas inteligentes que ponen al servicio de la humanidad lejana y, sobre todo, próxima su conocimiento compartido, su capacidad para resolver problemas de todos los días, los que verdaderamente preocupan en el quehacer y quesentir diario. Cada intelectual, hemos quedado en “cada persona”, que toma conciencia de su capacidad para responder a las preguntas de la vida, desde cualquier órbita, sobre todo de interés social, tiene un compromiso escrito en su libro de instrucciones: no olvidar los orígenes descubiertos para revalorizar continuamente la capacidad de preocuparse por los demás, sobre todo los más desfavorecidos desde cualquier ámbito que se quiera analizar, porque hay mucho tajo que dignificar. Si esa militancia es independiente, otra cuestión a debatir, es solo un problema más a resolver pero no el primero. No equivoquemos los términos, en lenguaje partidista. Porque así nos luce el pelo sobre la corteza cerebral, sede de la inteligencia, nuestro domicilio de la libertad personal, de la que afortunadamente podemos presumir todos. Todavía no es mercancía clasificada, aunque todo se andará porque ya está en el mercado mundial. Al tiempo”.

¿Se buscan personas intelectuales? Probablemente siga siendo una tarea multisecular, porque desde Diógenes hasta nuestros días han pasado ya muchos siglos y la pregunta es todavía más correosa hoy: ¿dónde están los intelectuales que tanta falta nos hacen? Porque dinero no hay, pero cerebros y su proyección mediante la inteligencia humana es un bien millonario en números, tantos como personas poblamos el planeta tierra hoy, en el momento en que escribo este post: 6,996,843,831 personas, a las 14:04 UTC. Parece que la respuesta de cómo ser un perfecto intelectual hoy no está en el viento, tal y como leía ayer en un artículo muy revelador al efecto, que llevaba por título “El arte de la persuasión”: “La pasión por la conversación, la inteligencia y la reflexión. Tres cualidades que definen al intelectual, un pensador que trata de influir sobre el corazón del poder o la realidad exterior, alguien capaz de ejercer el derecho de injerencia, cambiar la historia o encarnar un momento en la vida de un país. La definición en sí misma parece una reliquia del pasado. Como si la especie hubiera sido devorada por ese universo hambriento de Internet. Alain Minc (París, 1949), autor de Una historia política de los intelectuales (Duomo Perímetro), compara a la raza de los pensadores con “la diversidad de los quesos, la variedad de los paisajes o la pasión por las revoluciones, una especialidad muy francesa”.

Pero el problema radica en que hay una realidad virulenta llamada Internet, que destroza todos los patrones al uso, tal y como lo trata este autor, declarando a Voltaire como el primer intelectual de la época, aunque personalmente tengo una debilidad extrema por Mozart, que no me importaría en señalarle como el auténtico intelectual de referencia del siglo XVIII: con el Rey o contra él, por no decir lo mismo respecto de lo Papas. Y cada uno hoy que lo aplique como mejor pueda, a tenor de su desarrollo intelectual, a tenor de lo expuesto en su libro por Minc. Y si es a través de la inteligencia digital, mejor, por supuesto, como lo vengo exponiendo a lo largo de seis años en este blog.

La presente y futura persona “intelectual” ya no es lo que era, que diría Groucho Marx y, ¿por qué no?, Minc: “Ya no existe la figura del intelectual magistral a la antigua usanza. Sartre es el último de ellos. Bourdieu intentó reinventar el papel, pero no ha conseguido más que ser un pálido imitador. Bernard-Henri Lévy se cree un Malraux contemporáneo y él llega a mezclar la reflexión y la acción con el caso de Libia como punto culminante. Pero su magisterio no puede compararse con el de Sartre y Malraux; no por un fallo suyo sino porque la sociedad ha cambiado. ¡Todas las autoridades están debilitadas: la política, la religiosa y también la intelectual!”. Gracias a Internet.

En la entrevista mantenida con el autor, según se refleja en el artículo, mediante correo electrónico para mayor “inri”, se recoge esta respuesta:”La irrupción de Internet lo cambia todo. Su tesis es que ya no existe monopolio de la información, “no más jerarquías, no más circuitos privilegiados. En el reino del buzz [mecanismo de red social] todo el mundo se mete en los asuntos de los demás”, porque “—Ya no existe la vanguardia de la sociedad. Internet crea un gran baño democrático que anula todas las jerarquías, incluyendo a los intelectuales. El sistema de poder intelectual —libros, críticas, debates mediáticos— está atacado por la Red. Nada está dado de antemano. Dicho esto, este inmenso espacio tiene un mayor inconveniente: desvalora al experto y al erudito. En la Red, todo vale: la opinión emotiva tanto como el razonamiento deductivo. ¿Cómo se recrearán nuevas legitimidades? Nadie lo sabe”. Y avanza la entrevista en unos términos clarificadores: “El futuro, vaticina Minc, será de los e-intelectuales. Esa nueva especie emergerá de este inmenso guirigay, pero es imposible definirlo hoy. “En todo caso, no será el pensador magistral que reflexionará como un clásico internetizado”.

Personalmente, vuelvo a reflexionar con Manuel Castells (La Galaxia Internet) una idea transcendental: los intelectuales podremos encontrarlos a través de Internet, de la red, de la Noosfera, de la malla pensante digital, aunque el principal temor de la gente, es el miedo más antiguo de la humanidad: el miedo a los monstruos tecnológicos o humanos que podamos engendrar, demostrándose hasta la saciedad que vivimos una gran con contradicción: la que existe entre nuestro hiperdesarrollo tecnológico y nuestro infradesarrollo institucional y social, por la ausencia de la fuerza que transmiten las personas intelectuales. ¿Alternativa? Existen malas noticias para los que sólo quieren vivir su vida: si no nos relacionamos con las redes, las redes si se relacionan con nosotros, hacen historia y las escriben. Mientras queramos seguir viviendo en sociedad, en este tiempo y en este lugar, tenemos que tratar con la sociedad red. Porque vivimos en la galaxia Internet, la nueva galaxia de los intelectuales. Solo queda identificarlos.

Sevilla, 26/II/2012

NOTA: Cuando voy a publicar este post, ya han nacido en el mundo que vivimos 34.793 personas más, siendo las 18:01 UTC, desde la hora (14:04) en que cité el dato recogido en el texto, con posibilidades de llegar a ser intelectuales digitales en un futuro que no conocemos, si la vida les ofrece esta oportunidad.