Encuentros humanos en la tercera fase

Sevilla, 8/VI/2020

La nueva normalidad va también por tipos o barrios, según se mire. Hoy ha comenzado la Tercera Fase del Plan para la transición hacia una nueva normalidad, en la que se flexibilizan al máximo los encuentros humanos, familiares, profesionales y de ocio, viniéndonos rápidamente a la memoria la película de Spielberg Encuentros en la tercera fase, que en Latinoamérica se presentó en sociedad como Encuentros cercanos del tercer tipo, que es su título verdadero, porque obedece a la clasificación que en Ufología se da a este tipo (tercero) de observaciones de Objetos Volantes No Identificados (OVNI), según la escala de Hynek: “Es la observación de un OVNI junto a entidades biológicas, llamadas originalmente seres animados […] El escogió a propósito esa denominación relativamente vaga, evitando términos alternativos como “extraterrestres” o “alienígenas” (aliens) y así no dar ninguna opinión personal no fundamentada acerca del origen o naturaleza de aquellos seres”. La película tiene múltiples interpretaciones directamente proporcionales al respeto que nos merezcan o no los fenómenos extraterrestres, pero en el imaginario de los más antiguos del lugar siguen estando vivas las imágenes del inquieto electricista de Indiana, Roy Merary, su pareja, Ronnie y los investigadores oficiales.

Cualquier parecido con la realidad actual sí es pura coincidencia de nomenclátor, pero este recurso fácil por el título en español nos ayuda a quedarnos con un hilo conductor de la película: la frase musical que se emplea en la misma para la comunicación con los extraterrestres, porque Spielberg pensó que “estaría bien que los extraterrestres y los humanos se entendieran con lo que nos toca más adentro: la pasión por la música”. Si algo hemos aprendido durante el confinamiento obligado por el estado de alarma es que la música ha sido el gran nexo de comunicación entre todas las personas confinadas. Escuchar “Resistiré”, casi como himno oficial de estos días tristes, no solo en España sino en muchos países afectados por la pandemia, pasando por versiones múltiples de su música y letra, hasta llegar a videoclips protagonizados por grandes intérpretes españoles de máxima actualidad, nos han demostrado el valor de la música que ya Spielberg entendía como una forma extraordinaria de alcanzar una comunicación comprensible en los encuentros cercanos del tercer tipo, sobre todo porque había posibilidad de comunicación con seres animados (sic). Algo evidente y constatable con lo que ha ocurrido con la música y determinadas canciones durante la pandemia, donde los habitantes de este planeta nos hemos comunicado a través de partituras que nos hacían más solidarios y copartícipes de un canto coral sobre la necesaria salida del confinamiento mundial.

A diferencia de lo que deseaba diferenciar bien Spielberg en su película, dejando atrás los otros dos tipos de encuentros, básicamente con cosas extrañas, platillos, luces, calor, interferencias de señales, entre otras, ha llegado la hora de establecer las normas para los encuentros humanos en varias dimensiones. Estos encuentros, previstos legalmente por la tercera fase del plan de transición hacia la nueva normalidad, serán una gran prueba para comprobar si todos los habitantes de este país podemos recibir la denominación de seres humanos o meramente animados, porque la responsabilidad personal de las medidas sanitarias que tendremos que respetar durante mucho tiempo, será la mejor frontera para garantizar que los encuentros ufológicos en el tercer tipo, son superados por los de esta tercera fase oficial de la desescalada. Spielberg podría hacer una nueva película que nos sorprendería a todos, porque entre nosotros existen muchos más seres solo animados de los que pensamos, viéndose la irresponsabilidad en determinados sectores de la población como si la pandemia no fuera un asunto de la inteligencia y corresponsabilidad de todos y cada uno, incluso habiendo cantado todos juntos “Resistiré” a los cuatro vientos.

La frase musical de Spielberg en su película, Re-mi-do-do-sol, en la que invirtió bastante tiempo el compositor John Williams, para convertirla en el tema principal de la misma, podríamos sustituirla hoy por la partitura completa de una primavera consagrada, que es lo que ocurrirá cuando el próximo día 21 de junio finalice, con casi total seguridad, el actual estado de alarma y entre, esplendorosa, la estación de verano. Es lo que manifestó recientemente el director de orquesta alicantino Josep Vincent, porque la música ha ofrecido acompañamiento en esta fase actual y lo ofrecerá con total seguridad en la salida del estado de alarma: “La música es un puente capaz de hacernos recuperar la ilusión […] la experiencia con la música es una experiencia personal e intransferible, cada uno tendría su propia banda sonora, pero algunas nos lleva a recordar, cualquier adagio, el de Barber, serviría para una transición como esta”.

Me pareció una interpretación muy inteligente de Josep Vincent sobre los diversos tiempos musicales que se adaptan a los tiempos humanos (a modo de una nueva versión de Williams y Spielberg sobre el momento actual, cada uno en lo suyo), en la que llegó a proponer la escucha de La consagración de la primavera, de Stravinski en el momento que podamos celebrar el triunfo final sobre la pandemia. Es una proposición que como empeño mío y de muchos que se afanan, como cantaba Pablo Milanés, servirá de fondo a estos encuentros humanos en la tercera fase que, afortunadamente, se multiplican hoy en beneficio de todos.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.