¿Conoces a tus vecinos?

Sí, ¿Y cuántos años debe existir una montaña antes de ser tragada por el mar?
Sí, ¿Y cuántos años pueden existir algunas personas antes de que se les permita ser libres?
Sí, ¿Y cuántas veces debe un hombre girar su cabeza y hacer como que no ha visto nada?

La respuesta, amigo mío, está flotando en el viento
La respuesta, está flotando en el viento

Bob Dylan, Flotando en el viento (Blowin´in the wind)

Sevilla, 15/VI/2020

Inquietantes preguntas. El confinamiento obligado por el estado de alarma nos ha ofrecido la oportunidad de conocer más a fondo a un colectivo declarado en peligro de extinción: los vecinos. El momento mágico y puntual de los aplausos nos ha permitido ver a personas que viven al lado y que en la mayor parte de los casos ni sabíamos de su existencia. Algo bueno nos está dejando esta amarga experiencia, aunque la respuesta a la pregunta sobre si hemos conocido a nuestros vecinos con ocasión de la pandemia creo que todavía está flotando en el viento, como respondería de forma inteligente Bob Dylan.

Recuerdo que cuando era pequeño y vivía en tierras de Castilla, había un programa en Radio Madrid que se llamaba de forma respetuosa “Conozca usted a sus vecinos”, porque el tuteo era una falta de respeto hacia la audiencia, más aún si se trataba de no alterar el discreto encanto de la burguesía: “El artista en ciernes cantaba desde su casa por teléfono (desde su casa o desde algún local comercial donde se lo permitieran ya que no abundaban los teléfonos particulares), mientras que desde la emisora un pianista hacía el acompañamiento sin que ambos lograran ponerse demasiado de acuerdo en la mayoría de los casos. Cada día había un vencedor y el sábado se reunía a los cinco triunfadores de la semana en el estudio de Radio Madrid donde se enfrentaban, desde sus propios estilos, impulsados por los elogios de Ferman, el presentador. Al triunfador se le premiaba con cien pesetas y un lote de productos Cola Cao” (1). Era un programa de entretenimiento blanco y, al mismo, tiempo, se descubrían artistas por un día (también se podía ser reina, solo reina), muy del estilo de aquella época, aunque es justo reconocer también que de allí saltó a la fama Rocío Dúrcal, por ejemplo. El programa homónimo en Radio Sevilla tuvo un gran impacto y se cita en cualquier historia de la radio como un ejemplo de la España cañí que permitió, justo es decirlo, el estrellato de cantantes de tanta solera como Rocío Jurado, por ejemplo, premiada en aquella ocasión con escaso dinero y una pieza de tela.

Es justo citar que en 1932, durante la II República, Radio Barcelona brindaba a muchos artistas amateur la posibilidad de ser reconocidos en el espacio El micrófono para todos (2). ¡Qué oportunidad perdida! Más tarde, con motivo de la guerra civil, el micrófono solo sería para unos cuantos y, poco a poco, solo para cantar, porque opinar en las ondas era harina de otro costal. La realidad es que de vecinos se trataba poco sino solo una forma de distraer a la audiencia, básicamente femenina, en un horario imposible para cualquier persona trabajadora porque se emitía a media mañana y la vecindad en su sentido más profundo no estaba por ningún sitio, más allá de reconocer que un día podría llegar a ser cantante de fama la hija de una portera en una casa señorial de Madrid.

Esta carta de presentación a modo de escaleta solo quería poner el contrapunto en la reivindicación necesaria y urgente del esfuerzo que hace la sociedad en nuestros días por rescatar el sentido profundo de la realidad vecinal en nuestro país, con una larga historia desde el tratamiento medieval de agrupación de personas que viven en un mismo hogar, tan extendido en los siglos XIV a XVIII, del que siempre se ha sacado una media de cuatro personas por “vecino”, hasta la realidad que vivimos en nuestros días “encerrados habitualmente en nuestras cosas”, no solo por la pandemia, sin conocer para nada al vecino de la puerta de al lado. También, es justo y necesario recordar con especial afecto, respeto y agradecimiento el esfuerzo que se hizo durante la dictadura por parte de movimientos y líderes sociales por crear tejido social a través de las Asociaciones de Vecinos tan en decadencia en los últimos años. La dualidad vecino-propietario también tiene su aquél, porque las presencias en las Juntas obligadas por Ley suelen vivirse más como castigo divino que como forma de aunar esfuerzos y voluntades para alcanzar un bien común. Al fin y al cabo, un barrio lo forma en su esencia la inteligencia de sus vecinos y vecinas, siendo la agregación de barrios lo que conforma, finalmente, las ciudades.

La realidad es que durante el confinamiento el nexo común como vecinos han sido los aplausos, cuando salíamos a ventanas, terrazas y balcones para aplaudir puntualmente a las 8 de la tarde, como reconocimiento al esfuerzo de los servicios públicos, fundamentalmente al personal sanitario en todas sus escalas, por la atención que prestaban a diario a miles de pacientes infectados por el coronavirus 19. Al vernos, hemos comprobado que detrás de los aplausos había muchas personas que hemos identificado como vecinos por primera vez y hemos tomado conciencia de lo importante que es la solidaridad en momentos difíciles. No sé si ha servido para crear una nueva forma de relacionarnos y pasar de hablar solo del tiempo “que hace” cuando viajamos en el ascensor de cada día a preguntarnos cómo estamos y quienes somos, con nombres y apellidos. Creo, sinceramente, que la respuesta no debería estar flotando en el viento, aunque hoy no nos llevemos premio alguno, dinero, piezas de tela o un lote de productos, siempre perecederos, facilitado por los patrocinadores de un nuevo concurso que se atrevieran a bautizarlo con la pregunta del principio, eso sí, más íntima: ¿conoces a tus vecinos?

(1) https://idus.us.es/bitstream/handle/11441/60241/153.pdf?sequence=1&isAllowed=y; http://blogs.mayormente.com/me-viene-a-la-memoria/conozca-a-sus-vecinos/

(2) https://idus.us.es/bitstream/handle/11441/60241/153.pdf?sequence=1&isAllowed=y

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.