Steve Jobs, el genio visionario que sigue con nosotros

Hasta el infinito… ¡y más allá!, Buzz Lightyear

Sevilla, 10/X/2020

Todos los días, dos veces al menos, me cruzo con Buzz Lightyear, firme y enigmático, como siempre, en su estantería del cuarto de mi hijo Marcos, cuando doy los pasos que me he marcado en mis paseos domésticos en tiempos de coronavirus. Voy y vengo del timbo al tambo diario y allí está el héroe espacial de Toy Story, veinticinco años después de su aparición en este mundo tan peculiar, construido con piezas de Lego que tanto han gustado siempre a nuestro hijo, dándoles vida con sus habilidosos dedos. Toy Story ha estado vinculada siempre a Steve Jobs, siendo parte del equipo de producción que permitió alcanzar el enorme éxito que tuvo en su estreno mundial y que ha logrado que permanezca en la mente de niños y mayores a lo largo del tiempo. Tenía razón Steve Jobs cuando dijo en cierta ocasión que el mundo era mejor gracias a las películas que hacía Pixar y que por muy brillantes que fueran los productos de Apple, todos terminarían en el vertedero, pero que no pasaría así con las películas de Pixar porque vivirían para siempre en la mente de millones de niños y niñas del mundo y en su tránsito a personas adultas y mayores.

Todo lo anterior viene a colación por una lectura que he iniciado en estos días, Creatividad, S.A.(1), un libro escrito por Ed Catmull, Presidente de Pixar Animation y Disney Animation, que supone un incentivo especial en este tiempo de crisis mundial por la pandemia y en el que la creatividad es necesaria en todos los órdenes de la vida. El libro expone el sueño de su autor cuando era niño, consistente en hacer, un día no lejano, la primera película de dibujos animados por ordenador. Dicho y hecho, porque junto a Steve Job y John Lasseter, fundó Pixar en 1986, obteniendo al cabo de pocos años los éxitos que casi todo el mundo conoce y han podido interiorizar en sus vidas. Ahora, veinticinco años después, he sentido con emoción, en los títulos de crédito, la presencia de Steve Jobs como productor ejecutivo de Toy Story junto a Ed Catmull.

El libro está dirigido a directivos de empresas pero, sobre todo, a las personas que deseen trabajar en un entorno que fomente la creatividad y la solución de problemas, es decir, va dirigido a la inteligencia humana en general, porque se centra en la mejor definición de inteligencia que encontré hace ya muchos años en mi vida personal y profesional, entendida como la “capacidad humana de resolver problemas y desarrollar actos felices en la vida diaria y ordinaria”, tal y como lo aprendí de José Antonio Marina en 1992, en su Elogio y refutación del ingenio. Es así porque cuando nos introducimos en los vericuetos de la sociedad justa y feliz, nos damos cuenta de que el conocimiento de las utopías puede mejorar el mundo, sobre todo cuando se alcanza la felicidad personal y política, es decir, como ciudadanos del mundo atendiendo al sentido primigenio de la “polis”, recordando siempre, en mi caso, la frase resumen de la Constitución de 1812 en nuestro país, que decía: “El objeto del gobierno es la felicidad de la Nación”. Identificar las fuerzas destructivas que intentan bloquear permanentemente el gran objetivo de la inteligencia, resolver problemas y ser felices, son los grandes objetivos que se propone al autor contando su experiencia personal y profesional a lo largo de muchos años en Pixar y Disney Animation, teniendo a Toy Story como el hilo conductor de la misma junto a la amistad inseparable con Steve Jobs hasta su fallecimiento y el homenaje final de Pixar a su memoria en un lugar muy querido por él, el edificio al que todos llamaban afectuosamente y con respeto La película de Steve.

Me he dado cuenta, leyendo el libro, que hay un amigo en Ed Catmull que se llama Steve Jobs. Es su mejor homenaje en las últimas páginas, con un título paradigmático: El Steve que nosotros conocimos. Les aseguro que al igual que ocurre con el mensaje tradicional en los títulos de crédito de las películas de mi infancia y juventud, cualquier parecido con la realidad que nos han contado de él, como personaje huraño y tiránico, es sólo una amarga interpretación de su vida, porque Jobs era una persona instalada en la creatividad, calidad e innovación personal y profesional permanente. Su esfuerzo por retratar al auténtico Steve Jobs es un esfuerzo encomiable de una persona que lo mantiene como a un amigo en él, cantando sottovoce la canción de Toy Story, que sigue muy presente en la banda sonora de nuestras vidas: “La montaña rusa se había parado y un buen amigo se había apeado de ella, pero el viaje que habíamos hecho juntos estaba ahí. Y había sido un viaje fabuloso”. Es la última frase del libro.

(1) Catmull, Ed (2016, 3ª ed.). Creatividad, S.A. Cómo llevar la inspiración hasta el infinito y más allá. Barcelona: Penguin Random House.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.