Correos merece como institución pública y ante las elecciones generales, el mismo respeto que Mario, el cartero de Neruda

Sevilla, 8/X/2026 – 13:55 h CET (UTC+2)

Si la literatura nos enseña las mejores claves para interpretar la vida diaria, a veces a través de metáforas, sé que el escritor chileno Antonio Skármeta lo expresó de forma maravillosa en una obra, Ardiente paciencia, adaptada más tarde en un guion impecable para una película inolvidable, El cartero (de Pablo Neruda), rodada en una playa especial de una isla de nombre Pozzo Vecchio, conocida desde entonces como Playa del cartero, situada en Procida (Nápoles), donde se rodó una de sus escenas de más intensidad humana, en la que el cartero Mario (Massimo Troisi) y Beatriz (Mariagrazia Cucinotta) se encuentran por primera vez y se enamoran, lo que le presta un efecto halo especial.

Recuerdo también el canto a la vida ante los silencios cómplices en las dictaduras de cualquier origen que hizo Antonio Skármeta en esa película de fuerte carga ideológica, que me impactó mucho en su día y todavía hoy al recordarla. Mario Jiménez, el cartero preferido de Neruda, aporta a la vida su deseo de aprender del maestro lo que le enseña en el terreno de la metáfora, valora el amor con la experiencia de Beatriz y lo que supone poner el nombre de Pablo Neftalí a su hijo, en homenaje a quien le llevaba siempre puntualmente las cartas hasta que se trunca su oficio de entregas por culpa del golpe de estado de Pinochet, cuando rodean la casa del escritor, donde apoyaba su antigua bicicleta. Recurre finalmente a la transmisión oral para contarle a Neruda lo que no le puede entregar en modo texto. Una gran metáfora, que tanto gustaban a Mario, el cartero, que recordé ayer cuando el líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, volvió a la carga para sembrar dudas conspiranoicas muy graves sobre el voto por correo, en las próximas elecciones generales, fundamentalmente por el comportamiento de su personal directivo: “Confío plenamente en los carteros, en los empleados públicos, no confío en los directivos de Correos. Pero no es que no confíe yo, es que no confía la justicia. El expresidente de Correos y la señora Leire están investigados por, entre otras cosas, intentar extorsionar a jueces, fiscales, periodistas y otros ciudadanos». Sorprende, por cierto, que Feijóo ponga en marcha esta máquina de fango, cuando él fue presidente de esta institución desde el 18 de mayo de 2000 hasta el 18 de enero de 2003, y que como empresa pública merece hoy y siempre todo el principio de confianza ciudadana en su larga trayectoria de servicio público, 310 años hasta hoy, transformada en Sociedad Estatal Correos y Telégrafos. Su visión actual es ser “una empresa de referencia en el sector logístico y un instrumento del Estado para prestar Servicios de Interés Económico General, con especial atención a los servicios de proximidad, inclusión social e integración territorial, a través del uso eficiente y sostenible de una red estratégica con capacidad de adaptar sus servicios, en un mundo en constante transformación, a las nuevas necesidades de la ciudadanía mediante soluciones digitales, innovadoras y sostenibles con el fin de mejorar la resiliencia económica y social del país y su compromiso de proteger el medioambiente”.

En este contexto, no olvido que en la campaña electoral de 2023, dijo algo verdaderamente impresentable e insultante para los profesionales de Correos: “Le pido a los carteros que trabajen mañana, tarde y noche, y aunque no tengan los refuerzos suficientes que sepan que custodian algo sagrado”, seguido de un mensaje perturbador: “Les pido, con independencia de sus jefes, que repartan todos los votos”. Bulos históricos, a sabiendas del daño que hacen quienes los transmiten y divulgan a través de medios de comunicación y redes sociales, porque se extienden como una mancha de aceite: «calumnia, que algo queda». Los profesionales de Correos no necesitan estas recomendaciones, ni estas advertencias sobre los directivos de la organización en la que trabajan, cuando menos maliciosas, porque son profesionales de altura, a los que conozco bien por mis años de trabajo en la Administración Pública, donde siempre encontré en ese Organismo un apoyo incondicional a los servicios públicos. Todavía recuerdo el convenio firmado en los años noventa del pasado siglo entre Correos y el Servicio Andaluz de Salud (SAS), para que toda la cartería y paquetería de este Organismo, que utilizaba información sensible que debía estar amparada por la legislación vigente de protección de datos personales, se atendiera corporativamente, con beneficios económicos de ahorros importantes de dinero público, así como de seguridad jurídica en los envíos y recepción de documentos oficiales. Inmediatamente, la Administración de la Junta de Andalucía en su totalidad, suscribió un concierto similar en beneficio del interés general. Puedo asegurar que esta acción pública nunca la he olvidado, llevada a cabo por directivos de ambas instituciones.

De nuevo, ante la inquietud sobre lo que pueda ocurrir el próximo 29 de noviembre, me separo unos segundos de Neruda, cuando pronunció una frase gloriosa al finalizar su discurso en el acto de entrega del Premio Nobel de Literatura en 1971: «En conclusión, debo decir a los hombres de buena voluntad, a los trabajadores, a los poetas, que el entero porvenir fue expresado en esa frase de Rimbaud: sólo con una ardiente paciencia conquistaremos la espléndida ciudad que dará luz, justicia, dignidad a todos los hombres». Hoy, no disfruto de ella en su expresión paciente, sino modulada por el prefijo negativo «im», exactamente como “ardiente im-paciencia”, con el significado que a través de los siglos conocemos: intranquilidad producida por algo que molesta o que no acaba de llegar. Reconozco que estoy instalado en ella, en la impaciencia ardiente, en esta recta final antes del Día de la Democracia, a través del voto, el próximo 29 de noviembre, porque este país se juega el progreso como Estado de Bienestar o el regreso a las cavernas junto a la pérdida masiva de libertades y conquistas sociales.

Reitero alto y claro que los profesionales de Correos, en toda su extensión, no necesitan estas observaciones de Feijóo sobre el personal directivo, porque conocen muy bien su trabajo y saben lo que hacen legalmente día a día. El proceso electoral del voto por correo está sustentado y tutelado por la legislación vigente y aunque ha estado y sigue estando salpicado de la maledicencia actual en relación con manifestaciones impresentables de líderes de la derecha extrema y ultraderecha, que intentan convencer a la ciudadanía de que no vote por correo, estoy convencido de que no interferirán de hecho sobre la continuidad digna de utilización de este recurso democrático habilitado por la legislación electoral vigente.

La metáfora de Skármeta, en su ardiente paciencia, muestra qué papel pueden llegar a jugar los directivos y profesionales de Correos en la vida diaria de los ciudadanos y ciudadanas de este país, dignificando esta profesión. Estas palabras simbolizan su excelente desempeño profesional, que llevarán siempre mi reconocimiento y agradecimiento expreso por su trabajo bien hecho. Estoy convencido de que llegado el caso, ¡ojalá no ocurra!, los trabajadores y personal directivo de esta empresa pública, carteros y carteras de este país para entender esta metáfora, emularían lo que hizo Mario con Pablo Neruda, si no pudieran entregarnos las cartas y los documentos tan esperados, transmitiéndonos de forma oral los mejores mensajes que necesitáramos recibir. Esa es la auténtica metáfora de su valía profesional. ¿Saben por qué? Porque nunca se podrá sustituir el encanto de la espera de mensajes llenos de esperanza, cargados de derechos y deberes, como en este caso la documentación completa para votar, entregados por manos humanas de Correos, un “instrumento del Estado” como ejemplo del mejor servicio público que debemos proteger.

En el día después de las votaciones, a pesar de la mala política de algunos líderes actuales, siempre habrá personas que esperarán sin descanso a su cartero o cartera de siempre o tramitarán documentos ante profesionales de esta empresa pública para recibir palabras que nacen del alma, metáforas, que nunca se podrán empaquetar o ensobrar como si fueran una triste mercancía. Les felicitaremos, de nuevo, por su trabajo bien hecho.

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