
Sé lo que te he dado; no sé lo que has recibido
Antonio Porchia (1885-1968), en Voces.
Sevilla, 16/X/2026 – 16:30 h CET (UTC+2)
Ante el fenómeno de la hoja o pantalla en blanco, con el que me encuentro cada día que escribo en este blog, utilizando a veces mi escritura circular, recuerdo siempre esta frase del poeta ítalo-argentino Antonio Porchia, que me parece extraordinaria y llena de sentido en un momento crucial para los que apreciamos el arte de escribir. Puedo decir todo o nada en lo que doy, pero existe para mí el compromiso ético de decir siempre algo especial, tal y como lo aprendí hace ya muchos años de mi admirado escritor Ítalo Calvino, en palabras encontradas en su obra póstuma “Seis propuestas para el próximo milenio” (1): “…es un instante crucial, como cuando se empieza a escribir una novela… Es el instante de la elección: se nos ofrece la oportunidad de decirlo todo, de todos los modos posibles; y tenemos que llegar a decir algo, de una manera especial” (Ítalo Calvino, El arte de empezar y el arte de acabar)
En definitiva, se trata de respetar el arte de empezar y acabar un artículo, un post, sobre todo porque deseo transmitir a los demás la magia que rodea siempre a las palabras escritas con alma.
Suponiendo que digo algo especial cada día, siempre queda el escenario desconocido de cómo se reciben estas palabras que todavía me quedan, siguiendo de cerca lo que aprendí hace ya muchos años en un poema de Blas de Otero (En el principio, 1955):
Si he perdido la vida, el tiempo, todo
lo que tiré, como un anillo, al agua,
si he perdido la voz en la maleza,
me queda la palabra.
Lo que entrego lo conozco bien, lo he vivido casi siempre y, sobre todo, lo he sentido como especial. Lo que desconozco es qué significan para quien lo lee y lo interioriza o simplemente pasa de puntillas sobre ellas.
La duda de Porchia es hoy la mía, pero tengo clara una razón para seguir escribiendo y entregando palabras especiales a los demás. Verán. Escribir en este cuaderno de inteligencia digital para buscar islas desconocidas, me transforma y renueva continuamente el alma, porque podemos escribir la historia mejor y jamás contada, pero, si le falta alma, no es nada (2): “Y eso el lector lo nota. Intuye que a esa perfección le falta algo”. Se llama corazón, alma, un texto en el cual se nota si el autor se ha enamorado de su libro más allá de las ideas que quiere contar”. Y me reafirmo en lo que ya he expresado en los últimos años sobre escribir con el alma, tal y como lo estoy haciendo ahora. La verdad es lo afirmado por Manguel me ha pasado a mí. Me he enamorado de mis libros y estoy viviendo esos momentos en los que mi alma está pendiente de todo, para que no falte nada a las personas que quiero y a las desconocidas que van a captar esos sentimientos y emociones que adornan siempre la inteligencia conectiva que escribe, que se expresa desde dentro de cada autor, siendo Internet un medio poderoso y lleno de recursos para difundir este momento mágico, dando la razón a San Agustín cuando escribía en un perfecto latín un constructo que me ha acompañado siempre: bonum est diffusivum sui (el bien, se difunde a sí mismo). O lo que es lo mismo: la buena literatura, escrita con alma, se difunde a sí misma.
Miro muchas veces hacia atrás, como aprendí en una ocasión de una experiencia contada por el escritor portugués António Lobo Antúnes, sobre una idea preciosa aportada por un enfermo esquizofrénico al que había atendido tiempo atrás: “Doctor, el mundo ha sido hecho por detrás”, como si detrás de todo estuviera el alma humana que fabrica el cerebro. Porque según Lobo Antúnes “ésta es la solución para escribir: se escribe hacia atrás, al buscar que las emociones y pulsiones encuentren palabras. “Todos los grandes escribían hacia atrás”. También, porque todos los días, los pequeños, escribimos así en las páginas en blanco de nuestras vidas…, aunque nunca lleguemos a saber lo que los demás han entendido sobre aquello que se entrega mediante algo maravilloso que nos queda: la palabra.
(1). Cobeña Fernández, J. A. (2014). ¿Por qué escribo?
(2) http://www.joseantoniocobena.com/?p=3776
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CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
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