Dinero público, tiempo público y espacio público

Sevilla, 26/X/2021

A Blanca, la protagonista de una novela entrañable de Antonio Muñoz Molina, En ausencia de Blanca, no le gustaba pronunciar la palabra “funcionario”, aludiendo a Mario, su marido. Cuando Blanca quería referirse a las personas que más detestaba, las rutinarias, las monótonas, las incapaces de cualquier rasgo de imaginación, decía: “son funcionarios mentales”. Como “ex” de la Administración Pública, me permito escribir hoy sobre una realidad que viví en mi tiempo público, en su conjunción con el dinero público y el espacio público, a lo que personalmente llamaba “tríada capitolina” para reconocer que estas tres realidades deberían ser “sagradas” para cualquier funcionario durante su ejercicio de la función pública, como fueron en Roma el conjunto de “dioses” que normalmente formaban grupos de tres. Lo hago porque detesto esa realidad que narraba Muñoz Molina en la novela citada. Además, lo hago porque en España es urgente atacar un problema estructural en la Administración, para que se aborde de una vez por todas una nueva forma de “administrar públicamente” el país a través de sus sedes centrales y las de las Comunidades Autónomas o en cualquiera de sus manifestaciones posibles, incluido el teletrabajo.

Los padres de la patria fueron muy sabios cuando sólo dedicaron en la Constitución un artículo a la Administración, el 103, que siempre está bajo la dirección del Gobierno correspondiente, que “ejerce la función ejecutiva y la potestad reglamentaria de acuerdo con la Constitución y las leyes”, y que dice lo siguiente: “1. La Administración Pública sirve con objetividad los intereses generales y actúa de acuerdo con los principios de eficacia, jerarquía, descentralización, desconcentración y coordinación, con sometimiento pleno a la ley y al Derecho. 2. Los órganos de la Administración del Estado son creados, regidos y coordinados de acuerdo con la ley. 3. La ley regulará el estatuto de los funcionarios públicos, el acceso a la función pública de acuerdo con los principios de mérito y capacidad, las peculiaridades del ejercicio de su derecho a sindicación, el sistema de incompatibilidades y las garantías para la imparcialidad en el ejercicio de sus funciones”.

Siendo esto así, la regulación actual de los empleados públicos se encuentra desarrollada en el Real Decreto Legislativo 5/2015, de 30 de octubre, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley del Estatuto Básico del Empleado Público, en el que se recogen los doce “fundamentos de actuación de los funcionarios públicos”: a) servicio a los ciudadanos y a los intereses generales; b) Igualdad, mérito y capacidad en el acceso y en la promoción profesional; c) Sometimiento pleno a la ley y al Derecho; d) Igualdad de trato entre mujeres y hombres; e) Objetividad, profesionalidad e imparcialidad en el servicio garantizadas con la inamovilidad en la condición de funcionario de carrera; f) Eficacia en la planificación y gestión de los recursos humanos; g) Desarrollo y cualificación profesional permanente de los empleados públicos; h) Transparencia; i) Evaluación y responsabilidad en la gestión; j) Jerarquía en la atribución, ordenación y desempeño de las funciones y tareas; k) Negociación colectiva y participación, a través de los representantes, en la determinación de las condiciones de empleo y l) Cooperación entre las Administraciones Públicas en la regulación y gestión del empleo público.

No es el momento de reproducir el comentario del texto del citado Real Decreto, pero sí de reforzar la denominada tríada capitolina como muestra de que el respeto al espacio, tiempo y dinero, públicos, pueden ser una muestra palpable para la ciudadanía de una nueva forma de ser funcionario en la Administración Pública. Durante mi etapa de empleado público, crecí también junto a la reiterada referencia a Larra, ¡vuelva usted mañana!, en todos los años de dedicación plena a la función pública: educativa, sanitaria y tributaria, construyendo en contrapartida, en mi trabajo diario, lo que llamaba “segundos de credibilidad pública”. Me ha pesado mucho la baja autoestima, ¿larriana?, que se percibía en el seno de la Administración Pública por una situación vergonzante que muchas veces no coincide con la realidad, porque desde dentro de la misma Administración hay manifestaciones larvadas, latentes y manifiestas (valga la redundancia) de un “¡hasta aquí hemos llegado!” por parte de empleadas y empleados públicos excelentes, que tienen que convivir a diario con otras empleadas y empleados públicos que reproducen hasta la saciedad a Larra (a veces, digitalizado, porque el desorden también se digitaliza) y que hacen polvo la imagen auténtica y verdadera que existe también en la trastienda pública. Y muchas empleadas y empleados públicos piensan que la batalla está perdida, unos por la llamada “politización” de la función pública, olvidando por cierto que la responsabilidad sobre la Administración Pública es siempre del Gobierno correspondiente, como he explicado anteriormente, y otros porque piensan que el actual diseño legislativo de la función pública acusa el paso de los años y que la entrada en tromba de las diferentes Administraciones Públicas de las Comunidades Autónomas, obligan a una difícil convivencia de la legislación sustantiva sobre el particular con las llamadas “peculiaridades” de cada territorio autónomo.

Si estamos de acuerdo en que la Administración está sustentada por el Artículo 103 de la Constitución, debemos reconocer que fue un alarde de inteligencia pública de la sociedad española en 1978, no dedicar más que un artículo al difícil entramado que sustenta la función pública, porque la regulación actual del empleado público en este país establece los principios generales aplicables al conjunto de las relaciones de empleo público, empezando por el de servicio a los ciudadanos y al interés general. La Constitución habla de servicio objetivo a los “intereses generales”, no a los propios del aparato administrativo, a través de cinco principios que deberíamos grabar en letras de oro en la entrada de cada edificio, despacho y oficinas, de base pública: eficacia, jerarquía, descentralización, desconcentración y coordinación, y del sometimiento pleno a la ley y al Derecho. Sabiendo, además, que la tríada capitolina de la Administración obliga a los empleados públicos a respetar sus “fundamentos de actuación” [sic], porque éstos se desarrollan en un espacio público, también privado en alguna ocasión por el teletrabajo pero con entorno digital público, en un tiempo público que se debe respetar de principio a fin porque no es de los “funcionarios” sólo sino, fundamentalmente, de los ciudadanos, a los que hay que atender o en la prestación de servicios a la propia Administración y, finalmente, porque se recibe una remuneración de dinero público que parte de los Presupuestos generales del Estado o de las Comunidades Autónomas correspondientes, en los que la ciudadanía participa a través de los impuestos correspondientes.

Los que defendemos la cultura del deber público, de la ética pública declarada y publicada, hemos acogido siempre con gran satisfacción la regulación general de los deberes básicos de los empleados públicos, fundada en principios éticos y reglas de comportamiento, lo que llega a constituir un auténtico código de conducta, sabiendo que la condición de empleado público no sólo comporta derechos, sino también una especial responsabilidad y obligaciones específicas para con los ciudadanos, la propia Administración y las necesidades del servicio. Lo importante es defender la “cultura” de lo público que por desgracia está en continuo proceso de demolición por intereses espurios. El constructo “cultura de lo público” tendrá que contrarrestar el estado del arte actual de lo que siente la ciudadanía respecto del servicio público, quizá bien valorado en servicios directos, como ha podido ser el de la salud en la pandemia actual, pero muy criticado en otros ámbitos administrativos y de gestión donde interviene mucho la denostada “burocracia” con tintes de Larra, hecho patente, por ejemplo, en la ralentización de la percepción del Ingreso Mínimo Vital de reciente implantación en el país. Los ciudadanos sabemos apreciar siempre a los empleados públicos que respetan el espacio, tiempo y dinero, públicos, una tríada ética capitolina que no se debería olvidar como “fundamento de actuación”, siendo conscientes de que la «credibilidad pública» cuesta mucho ganarla, pero que se pierde desgraciadamente en segundos de espacio, tiempo o dinero, públicos, mal empleados.

NOTA: la imagen es una fotocomposición en la que figura un plano del edificio «Torretriana», una de las sedes de la Administración de la Junta de Andalucía en Sevilla y una imagen que representa el teletrabajo en un nuevo concepto de «espacio público».

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

El Sistema Nacional de Salud ingresa en la Unidad de Cuidados Intensivos

Sevilla, 25/X/2021

Hace bastante tiempo que quiero escribir una reflexión profunda y breve sobre la realidad actual del Sistema Nacional de Salud (SNS) en España, con el que me siento muy identificado desde la perspectiva personal y profesional. A lo largo de la pandemia he escrito en este cuaderno digital, en numerosas ocasiones, sobre el comportamiento impecable del Sistema Nacional de Salud, con reconocimiento expreso a sus profesionales sin dejar a nadie atrás, pero ahora me ha empujado hacerlo de nuevo al conocer los datos que ha aportado la Asociación Empresarial del Seguro (UNESPA), correspondientes al primer semestre de este año, en los que el número de personas con pólizas de asistencia sanitaria creció un 4,4% entre 2019 y 2020, el incremento interanual más abultado desde 2011, superando los 11 millones de personas aseguradas (incluyendo los mutualistas), que suponen ya más del 23% de la población española. Evidentemente, no es el único problema que desenmascara la desestructuración y demolición progresiva de la sanidad pública, sino el síntoma evidente de que algo grave está pasando en su ordenación y organización financiera y administrativa, que la llevan a ingresar urgentemente en la Unidad de Cuidados Intensivos Políticos, Presupuestarios y Organizacionales del Estado, porque esta entrada masiva de la población en la Sanidad Privada es por algo que hay que analizar y atender con urgencia para devolver a la Sanidad Pública su excelente valoración ciudadana hasta hace unos años, coincidentes sin lugar a dudas con la crisis financiera mundial iniciada en 2008 y que dura ya trece largos y duros años, con una descapitalización progresiva y silente de financiación y de profesionales sanitarios verdaderamente alarmante.

Es cierto que el estrés que ha sufrido la Sanidad Pública durante el año y medio de pandemia por la COVID-19, ha sido algo excepcional y mantenido en esta travesía tan difícil, que ha supuesto poner al límite al Sistema y que ha dado muestras de sus fisuras a pesar del trabajo excepcional de sus profesionales, sin dejar a ninguno atrás y que nunca les reconoceremos de forma suficiente, digna y justa. Pero a través de esas fisuras hemos visualizado también problemas estructurales que han llevado a esta Sanidad Pública, enferma de financiación y de falta de profesionales, junto a graves problemas organizativos, a una situación límite que exigiría en estos momentos un Pacto de Estado, en el que se debería partir del reconocimiento de la salud como pilar básico del llamado Estado de Bienestar, como derecho fundamental que es en este país, donde se deberían abordar los problemas sustantivos de presente y futuro, así como las peculiaridades del Estado de Autonomías y de los Sistemas de Salud descentralizados, para finalizar en una legislación de rango sustantivo para todo el país. Este Pacto de Estado debería evitar discriminaciones de todo tipo y salvaguardar exclusivamente el interés sanitario general, basado en el principio de equidad, como precepto constitucional que no se debería olvidar nunca, teniendo siempre en mente la realidad flagrante de la pobreza severa en el país, donde cualquier enfermedad hace siempre especial mella.

Somos muy dados de apabullar con números estos análisis, que aburren a quien se acerca a atisbar soluciones, pero he comenzado estas palabras denunciando que algo grave pasa con la sanidad pública cuando hay esta sangría de personas afiliadas al Sistema Nacional de Salud que se pasan a la Sanidad Privada por múltiples razones, pero fundamentalmente porque los fallos organizativos en las citas médicas tanto de atención primaria, como especializada y listas de espera impresentables para cirugías de todo tipo, han llevado a estas personas a buscar un aseguramiento que en esta etapa coyuntural del coronavirus, les atiendan de forma más razonable para ellos. Probablemente ya no retornarán, porque lo que viene en la Sanidad Pública, si no se abordan estos problemas estructurales que señalo, es verdaderamente lamentable. Véase, si no, los datos del Sistema Nacional de Salud a 31 de diciembre de 2020, en relación con las listas de espera, que son por sí mismos elocuentes: casi un 50% de los pacientes esperaron más de seis meses para tener una cita con el especialista, y el tiempo de espera medio para una operación era de 148 días, casi cinco meses. Las consultas con más demora son, por este orden: traumatología, dermatología y oftalmología. Ahora, además, la realidad de las demoras en la citas en atención primaria son también demostrativas de esta situación tan alarmante para la sociedad en general y, sobre todo, para los más débiles, los nadies, porque nunca tendrán otro soporte de atención a su salud que no sea el público.

Y llegados a este punto, quiero manifestar que en este Pacto de Estado, que debería coordinar el Gobierno Central, tienen cabida todas las fuerzas políticas del arco parlamentario, obviamente, aunque sepamos de antemano que determinadas posiciones no son inocentes y que algunas llevan años desmantelando los servicios públicos de salud en todo el país, de forma artera, camuflada y enrocada en supuestos principios de eficacia y eficiencia organizacional y administrativa que, cuando rascas un poco, no existen. Por tanto, hay que desenmascarar con urgencia la mediocridad sanitaria, que también existe, de muchos dirigentes políticos de este país.

Por otra parte, el hartazgo de los profesionales sanitarios del SNS al que ha llevado la situación tan extrema ahora por la pandemia, pero que ya venía avisando desde más de diez años, es decir, como síntoma de un problema estructural, no coyuntural, es algo que necesita ser abordado en ese Pacto de Estado con urgencia absoluta, para contener la sangría que también se está produciendo con los citados profesionales, dado que los que aún están en el Sistema no reciben una contraprestación económica acorde con su trabajo y conviviendo con agravios comparativos a nivel de Estado entre Servicios de Salud de las diferentes Comunidades. Igualmente, los profesionales que se van y en los que el Sistema Público ha invertido miles de euros en su formación, no son sustituidos de forma adecuada, entre otras cosas porque determinados especialistas no se suplen de forma inmediata. Tampoco las jubilaciones que ya se han dado y las que se avecinan, porque la edad media de los profesionales sanitarios de este país es bastante alta. Estas carencias las sobrellevan como pueden los profesionales que se quedan en el Sistema, con unas cargas de trabajo insoportables para ellos y para la ciudadanía, que se manifiesta sobre todo en la Atención Primaria y en la Especializada, con un sufrimiento agregado en determinadas especialidades que tradicionalmente han sido consideradas como “parientes pobres” del Sistema, como es el caso de la Salud Mental, entre otras. No olvido tampoco las ratios impresentables de profesionales/ciudadanos, con un déficit estructural que sólo espera milagros organizativos para salvar cada día la atención sanitaria en todos los niveles del Sistema, con esfuerzos heroicos ni reconocidos ni pagados como merecen.

Desde este blog escribo estas líneas de denuncia por el silencio cómplice, clamoroso, que se detecta en casi todos los niveles de responsabilidades públicas y privadas, porque hay cauces para establecer un clima de opinión que llegue ante las autoridades pertinentes para que se aborde el citado Pacto de Estado para reforzar el Sistema Nacional de Salud, aunque los silencios son más que evidentes. ¿A qué más hay que esperar? Las Mareas Blancas, por ejemplo, hacen lo que pueden, pero hay que crear un estado de opinión que sea favorable a este abordaje inmediato de soluciones para atender a una sanidad pública enferma, que necesita inmediatamente cuidados intensivos si no queremos que desaparezca a lo largo de los años, porque el deterioro va a más hasta alcanzar situaciones insostenibles, en las que la Sanidad Privada hará su agosto una vez más como gran solucionador, teórico, de todos los problemas actuales denunciados.

Analizar los datos del El seguro de salud en 2020 (2021), publicado por la Asociación Empresarial del Seguro (UNESPA), refrenda que por ejemplo, en Andalucía, la suscripción de pólizas de seguros de salud privada ha crecido seis puntos desde 2009, es decir, ha pasado del 15% de la población asegurada al 21%, ocupando en la actualidad el 8º puesto en la capilaridad del seguro privado de salud en el país. Personalmente, me ha preocupado mucho este dato y debería plantearnos qué es lo que provoca este incremento, como una manifestación más de que la sanidad pública tiene graves problemas estructurales sin resolver. Es sólo un síntoma, pero de momento sabemos que la enfermedad por la que atraviesa el Sistema Nacional de Salud es grave en su diagnóstico actual y que persiste en todo el territorio nacional desde hace tiempo.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Berthe Morisot pintó siempre el mejor blanco de su vida

Berthe Morisot, El espejo psiqué, 1876. Óleo sobre lienzo, 65 x 54 cm. Museo Nacional Thyssen-Bonermisza / Édouard Manet, Berthe Morisot, 1870, Museo de Orsay.

Hace ciento treinta años, después de visitar el país de las maravillas Alicia se metió en un espejo para descubrir el mundo al revés. Si Alicia renaciera en nuestros días, no necesitaría atravesar ningún espejo: le bastaría con asomarse a la ventana. Al fin del milenio, el mundo al revés está a la vista: es el mundo tal cual es, con la izquierda a la derecha, el ombligo en la espalda y la cabeza en los pies.

Eduardo Galeano, en Patas arriba. La escuela del mundo al revés

Sevilla, 21/X/2021

El Museo Thyssen-Bonermisza, el museo de todos, como figura en su cabecera y que se mantiene, efectivamente, gracias al dinero público que aportamos todos los ciudadanos a través de los impuestos directos e indirectos para pagar la permanencia de la exposición permanente en sus salas, proyecta la pintura como una manifestación cultural para todos, que hoy cobra especial interés general, desde mi perspectiva, por la obra de una pintora desconocida para muchas personas, Berthe Morisot (1841-1895), gran representante del impresionismo francés aunque silenciada por sus coetáneos, a la que el Museo dedicará a partir de noviembre una parte de su actividad bajo el formato de taller online y con el título de Cuentos populares y personajes femeninos, aunque sólo podrán acceder a él los llamados “Amigos del Museo”.

En el anuncio de esta actividad, figura un fragmento de una obra de la pintora francesa, Berthe Morisot,El espejo psiqué (1876), que me interesa conocer a fondo por una característica especial de esta artista: la utilización mágica del color blanco en muchas de sus obras. Es curioso constatar que esta obra figura en la actualidad como “no expuesta”, lo que da más valor si cabe a las palabras que dedico hoy a esta obra y a su autora. De acuerdo con la descripción oficial de esta obra por parte del Museo, “El espejo de vestir o La Psyché, como también se denomina, es uno de los lienzos que Berthe Morisot presentó en la Tercera Exposición Impresionista celebrada en 1877 en el piso alquilado por Gustave Caillebotte en el número 6 de la rue Le Peletier. Las numerosas menciones a la obra aparecidas en la prensa son prueba de la buena acogida que obtuvo la pintura. El ilustrador y crítico Bertall escribía: «Melle Morisot es muy admirada por sus fieles, por una escena de una muchacha en bata que coloca su corsé y por un boceto de mujer en tonos grises luminosos igual de elegante»; por su parte, Ballu destacaba «los blancos de su Psyché son de una calidad sorprendente»; y el mismo escritor Émile Zola, en su comentario del Salón, subrayaba «este año, la “Psyché” y “Muchacha en su tocador” son dos verdaderas perlas, en las que los grises y los blancos de las telas interpretan una sinfonía muy delicada». La pintura, ejecutada con una exquisita factura de suaves toques y una intensa luminosidad, nos muestra a una joven vistiéndose pausadamente en la soledad de su habitación frente al espejo de vestir, o psyché, estilo Imperio, que pertenecía a la pintora. La representación del mundo de los sentimientos femeninos fue un asunto tan permanente en la obra de Morisot que su amigo Paul Valéry solía decir que la pintora «vivía su pintura» y «pintaba su vida». […] Casada con Eugène Manet, hermano del pintor, con el que mantuvo una estrecha relación, y una de las fundadoras del grupo impresionista, Berthe Morisot estuvo preocupada de manera especial por el estudio de la luminosidad y el color y compartió el interés de los demás impresionistas por los reflejos de luz, de ahí la aparición de numerosos espejos en sus obras. Ahora bien, como ha señalado Tamar Garb, el tema de la toilette era también un pretexto para explorar un motivo tradicional de la pintura, ya que «se relaciona con el viejo tema de la vanidad, en el que Venus, o alguna otra figura femenina simbólica aparece representada contemplando su propio reflejo». El mismo título en francés — La Psyché— tiene un doble significado pues puede referirse tanto al nombre de la joven amada de Eros como a un tipo de espejo de cuerpo entero como el que aparece en esta pintura”.

Desconozco cómo se va a enfocar el análisis de esta obra en el taller online que citaba al comienzo de este artículo, pero estoy seguro de que destacará el doble sentido del “Psyché”, el espejo ante el que se mira la mujer que representa Morisot, porque esta pieza en los hogares del mundo siempre ofrece posibilidades de elaborar relatos preciosos en torno a la posibilidad de contemplarnos tal y como somos, aunque aquí se utilice la simbología del vestido, como el claro objeto del deseo de la pintora, ofreciendo una imagen que para el discreto de la burguesía parisina era como un insulto a su clase. El surrealismo que los acompañaba casi siempre, aunque encubierto, venía a dar la razón a una expresión muy gráfica, recordando el famoso letrero de las ventanillas de los trenes antiguos: “Prohibido asomarse al interior”, o sí, como estamos haciendo hoy al contemplar esta obra tan enigmática. Por si hay alguna duda, me quedo con el mensaje de Eduardo Galeano en su interpretación del espejo de Alicia en el País de las Maravillas, pero ahora en un mundo al revés: Hace ciento treinta años, después de visitar el país de las maravillas Alicia se metió en un espejo para descubrir el mundo al revés. Si Alicia renaciera en nuestros días, no necesitaría atravesar ningún espejo: le bastaría con asomarse a la ventana. Al fin del milenio, el mundo al revés está a la vista: es el mundo tal cual es, con la izquierda a la derecha, el ombligo en la espalda y la cabeza en los pies. Hoy, asomándonos al Psyché de Berthe Morisot.

Berthe Morisot, La cuna, 1872, Musée d’Orsay

Una cosa más. Quizás sea “La cuna” (1872) la obra que mejor representa el color blanco que con tanto esmero pintó Morisot a lo largo de su vida, en contraste con el negro tan presente en los alrededores de su existencia. La ternura de la imagen de una madre contemplando a su bebé en la cuna, concretamente su hermana Edma observando a su hija Blanca, de la que se atisba su cara a través de la trasparencia blanca del dosel de tul, en una diagonal mágica en la disposición de las manos de la madre y su hija, deja entrever el valor que dio a este color a lo largo de su vida, porque así la interpretaba a diario. Tenía razón su amigo Paul Valéry cuando afirmaba que Berthe Morisot “vivía su pintura” y “pintaba su vida”. Pintaba sus sentimientos en un mundo patriarcal que la silenciaba siempre y sólo a través del color blanco podía expresarlos con una fuerza mucho más fuerte que el viento, porque cuando sólo se pinta un color sin sentimiento, es eso, sólo un color en un mundo que casi siempre resuelve todo con fundidos a negro.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

¿Tiene alma el agua?

Jaume Plensa, El alma del agua

Sevilla, 22/X/2021

Si mi voz muriera en tierra,
llevadla al nivel del mar
y dejadla en la ribera.

Rafael Alberti, primer verso de Si mi voz muriera en tierra, en Marinero en tierra, 1924

No es extraño que hoy escriba sobre el alma del agua, con motivo de la próxima inauguración en Nueva Jersey de una escultura, “Water’s soul” (El alma del agua), de 22 metros de altura, realizada por el artista catalán Jaume Plensa, que llama a la reflexión humana a través del silencio. En este cuaderno digital el agua tiene un sitio muy especial, sobre todo cuando nos situamos en la simbólica amura de babor, que no de estribor (al buen entendedor con pocas palabras basta), de la carabela imaginaria rotulada en blanco con un nombre sugerente, La isla desconocida, que me susurró un día ya lejano José Saramago, en la que viajo a través del papel en blanco o lleno de palabras, con alma también, desde hace ya casi dieciséis años, surcando mares procelosos en busca de islas desconocidas.

La escultura representa una cara de una joven con los ojos cerrados, el pelo recogido en un moño y un dedo llevado a los labios llamando, según explica el propio Plensa, obra de “30 toneladas de fibra de vidrio estructural con resina y polvo de mármol, óxido de calcio que logra «el blanco más puro». Está instalada en un muelle del barrio de Newport, en Jersey City, justo delante de Ellipse, uno de esos rascacielos que han redescubierto el agua como epítome del lujo y que disfrutan, como la escultura ahora, de vistas privilegiadas del oeste de Manhattan. Y fue un encargo de las familias LeFrak y Simon, los promotores que han desarrollado esta comunidad, pero ahora ya es patrimonio ciudadano” (1). En el artículo referenciado, he escuchado atentamente al artista para no reinterpretar su obra y el contenido que le da toda su fuerza y esplendor: “Es una pieza fascinante porque tiene este enigma de esta intimidad”, asegura. “Desde hace muchos años estoy buscando dar intimidad al espacio público, que cada uno que llegue aquí imagine su interior y piense y reflexione sobre este silencio que pide la escultura”. Explica también una “obsesión” que conserva en su persona de secreto, el agua del Mediterráneo. Es esta la razón de que esta escultura esté muy cerca del agua, recordando al pueblo Lenape, el pueblo originario de esta región, con el que dice identificarse. “Ellos creían que todas las cosas tenían alma y yo creo que el agua tiene un alma especial”. Agrega también que “Un río es tal vez la mejor descripción del concepto de agua de los clásicos, que decían que el mismo agua nunca puede ser vista dos veces porque es la idea o la imagen del movimiento perpetuo”, prosigue. “Creo que esto es interesantísimo, sobre todo en una época como la actual, en la que la naturaleza está un poquito tocada porque nos hemos excedido. Sé que hay otras cosas muy importantes en la vida, pero en mis obras intento hablar de preguntas muy profundas y eternas y yo creo que el agua es eterna, es una de las grandes preguntas”. Los tres elementos, la llamada a la reflexión, el espacio público y el agua, se combinan en la intención de Water’s Soul, según relata también Plensa. “En un momento en que hay tal cantidad de información, en que el ruido mediático es tan enorme que nos invade la mente, esta pieza también está pidiendo este silencio personal a todos nosotros para escuchar”, dice. “Y está este sonido poético del agua, esta voz profunda que nos llega de esta cosa que no podemos controlar, que no es nuestra, que nos pertenece a todos. Y yo siempre hablo del agua como un espacio público extraordinario. Nos une de verdad de todos. Ese es el gran vínculo con todas las cosas. Y pedir silencio creo que es fundamental porque es un silencio poético, no es un silencio autoritario”.

He escrito en bastantes ocasiones sobre el agua en este blog, decantándome siempre por su declaración como derecho fundamental en el acceso a la misma:  Agua y cerebroArqueología subacuática… del cerebro y El aquí y ahora del agua, como textos fundamentales. Destaco sobre todo el pronunciamiento de su vinculación con el cerebro y con las decisiones que puede tomar gracias al agua, que lo hace inteligente entre otras funciones. En tal sentido, fue una experiencia maravillosa el que incluyeran en 2008 una referencia mía al respecto en la exposición de motivos que sustentaba el articulado reformatorio de la constitución nacional de Colombia a fin de consagrar el derecho al agua potable como fundamental y otras normas concordantes con tal declaración para ser sometido a la consideración del pueblo colombiano mediante referendo constitucional: “Esta mágica sustancia es vida, simboliza vida. Sin ella no existiríamos y no podríamos estar en comunicación. Podemos afirmar que somos la inteligencia del agua. Como lo expresa el profesor español, José Antonio Cobeña, autor del libro La Inteligencia Digital: “Existe una realidad irrefutable en el ser humano: su cuerpo está compuesto en un 60 por ciento de agua, el cerebro de un 70 por ciento, la sangre en un 80 por ciento y los pulmones en un 90 por ciento. Si se provocara un descenso de tan sólo un 2% de agua en el cuerpo se comenzaría a perder momentáneamente la memoria y de forma general se descompensaría el mecanismo de relojería corporal. Todo lleva a una reflexión muy importante: el agua nos permite ser inteligentes. Y la disponibilidad del líquido elemento en el planeta que habitamos es la siguiente: hay 1.400 millones de kilómetros cúbicos de agua, de los cuales el 97 por ciento es agua salada. Del 3 por ciento restante de agua dulce, tres cuartas partes corresponden a agua congelada en los Polos o a recursos inaccesibles que, por lo tanto, tampoco se pueden beber. Eso nos deja a los humanos cerca de un uno por ciento del total de agua en la Tierra para usar. Es decir, existe una descompensación en la situación y disponibilidad del uno por ciento mágico que permite desarrollar la inteligencia, todos los días”. Finalmente, el texto para la reforma de la Constitución de Colombia fue avalado por 2.039.812 firmas, reconocidas oficialmente por la Registraduría Nacional del Estado Civil, aunque finalmente no prosperó, después de un debate parlamentario en 2010.  Cuesta mucho trabajar en clave de dignidad humana compartida, firme, constante y frecuentando permanentemente el futuro más esperanzador para todos, como dueños del sol, la luz y el agua.

Junto con el agua hay una constante en este cuaderno digital sobre la magia del silencio, al que he elogiado siempre que me acerco a él, leyendo a diario un libro de cabecera, El arte de callar (2), que me ayuda a entenderlo cada día más y de la mejor forma para aplicarlo en mi vida diaria, cuando leo atentamente lo que expresaba en él el abad Joseph Antoine Toussaint Dinouart (1716-1786): “sólo se debe dejar de callar cuando se tiene algo que decir más valioso que el silencio” (Principio 1º, necesario para callar). Tampoco olvido el 14º principio y último: “El silencio es necesario en muchas ocasiones, pero siempre hay que ser sincero; se pueden retener algunos pensamientos, pero no debe disfrazarse ninguno. Hay formas de callar sin cerrar el corazón; de ser discreto, sin ser sombrío y taciturno; de ocultar algunas verdades sin cubrirlas de mentiras”. Como siempre, el maravilloso sentido de la medida debe estar presente en nuestras vidas.

David Foster Wallace pronunció en 2005 un discurso dirigido a la promoción de graduados del Kenyon College en 2005, comenzando con una pequeña parábola: “Van dos peces nadando por el mar y se encuentran con un pez más viejo que viene nadando en dirección contraria. El pez mayor los saluda y les dice, “Buenos días, chicos. ¿Qué tal está el agua?”. Los dos peces jóvenes siguen nadando y al cabo de un rato uno de ellos mira al otro y le pregunta, “¿Qué demonios es el agua?” La respuesta la encontré en un artículo de Álvaro Marcos, que reflexionaba en un artículo publicado en El estado mental, sobre atención y dignidad en un mundo complejo, sobre “peces”, que me lleva de nuevo a prestar atención al agua y a su alma, que la tiene, porque “aprender a pensar y a vivir una vida compasiva (y, por extensión, “digna”) conlleva preservar “el grado de (auto)consciencia suficiente para elegir a qué prestamos atención y decidir cómo construimos significado a partir de la experiencia”, instando a no perder nunca de vista todo aquello que, si bien esencial, de puro ubicuo se torna transparente hasta hacerse invisible, de modo que hace falta recordarse, una y otra vez: “esto es agua, esto es agua”. Porque “la verdadera libertad requiere atención, y consciencia, y disciplina, y ser capaz de preocuparse por otras personas, y de cuidarlas y sacrificarse por ellas de mil maneras casi imperceptibles y muy poco atractivas, cada día”. ¿La alternativa a este esfuerzo?: “la inconsciencia, la configuración por defecto, la ‘carrera de ratas’, la sensación continua y punzante de haber tenido y haber perdido algo infinito” […] “Y es que preguntarse por la importancia de la atención viene a ser como preguntarse por la importancia de la importancia: algo que parece una perogrullada y, por eso mismo –como sucede con todas las aparentes perogrulladas-, un ejercicio extremadamente sano y revelador”.

Hoy he prestado una atención especial al agua, a su alma, que la tiene, que además se convierte ahora en un asunto relevante, nadando -como estamos- en la mediocridad de los olvidos para alimentar el espíritu. Porque hay que recordar que el agua es el secreto de la vida. Porque la Verdad, según Foster Wallace, “Tiene que ver con el verdadero valor de la verdadera educación, que no va de notas ni de obtener títulos y sí simplemente de estar atento, atento a lo que de verdad es muy real y fundamental, a lo que está tan escondido, incluso a la vista de todos, que tenemos que seguir recordándonos una y otra vez: “Esto es el agua, esto es el agua” […] La enseñanza más urgente de la historia de los peces es, simplemente, que los aspectos de la realidad que resultan más obvios, más ubicuos e importantes, a menudo son los más difíciles de ver y de los que más cuesta hablar”, […] “si a la hora de escoger los asuntos sobre los que pensáis, vuestra libertad de elección os parece demasiado evidente como para que merezca la pena perder el tiempo hablando de ello, yo os pediría que pensarais un poco en los peces y el agua y que aparcarais por un momento vuestro escepticismo con respecto al valor de las cosas que parecen muy evidentes”..

Tengo muy claro, al igual que Alberti, que el día que mi palabra se quede sola en la tierra, quiero que la lleven al mar que amo y que la dejen en la ribera, para que ese mar la recoja y la lleve hasta su alma secreta. Hoy, es mi mejor elogio del agua, aprendido de Rafael Alberti, a quien tanto debo:

Si mi voz muriera en tierra,
llevadla al nivel del mar
y dejadla en la ribera
.

Llevadla al nivel del mar
y nombradla capitana
de un blanco bajel de guerra
.

¡Oh mi voz condecorada
con la insignia marinera:
sobre el corazón un ancla,
y sobre el ancla una estrella,
y sobre la estrella el viento,
y sobre el viento una vela!

(1) El alma de Jaume Plensa emerge en las aguas del Hudson (epe.es)

(2) Dinouart, Joseph Antoine (2003). El arte de callar. Madrid: Siruela, p. 53 (4ª ed.).

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de https://media.traveler.es/photos/61703f0f216a21da2b245d26/master/w_1920%2Cc_limit/IMG_9848.jpg

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

El juego del calamar no es inocente

Fotograma de El juego del calamar (Episodio 1)

Sevilla, 21/X/2021

He visto, leído y oído muchas cosas sobre esta serie surcoreana que está suponiendo muchos quebraderos de cabeza para los educadores en general, padres, profesores y familias de este país. Llevo varias semanas informándome a fondo sobre la misma y creo que estoy en condiciones de emitir un juicio bien informado para evaluarla, según aprendí en su día de Carol Weiss, una profesora excelente en evaluación social. Comunicados oficiales de psicólogos, sociólogos y educadores en general alertan de que esta serie no deben verla menores de 16 años, porque su contenido no es inocente, retratando una sociedad de competitividad extrema,  implacable con los perdedores, lanzando un mensaje subliminal de violencia social para los que pierden dinero en todas las vertientes posibles y cómo pueden volver a obtenerlo a costa de la muerte de los demás si es necesario. Todo ello inmerso en un juego, el del calamar, que para los surcoreanos tiene miles de años de antigüedad, pero para los occidentales casi acaba de llegar para quedarse un tiempo entre nosotros que ojalá sea breve.

La sinopsis de la página oficial de Netflix, que distribuye la serie, no refleja realmente su contenido, obligando a visualizarla para saber de qué se trata: “Cientos de jugadores con problemas de dinero aceptan una invitación rarísima para competir en juegos infantiles. Dentro les esperan un tentador premio y desafíos letales”. Son los dos tráileres oficiales los que enseñan de forma velada de qué trata el juego, de los que entresaco las siguientes frases en el primero: “Todos los que estáis aquí estáis viviendo al límite, con deudas que nos podéis saldar. Aquellos que no quieran participar, hacérnoslo saber ahora. El primer juego se llama luz roja, luz verde”, con imágenes de disparos desde el primer momento, con un mensaje desafiante: “Aquellos que ganen los seis juegos, tendrán como premio una gran suma de dinero, 456.000 millones de wones; tu sueño de infancia tiene reglas muy simples, convertido en pesadilla. El jugador que se niegue a jugar será eliminado”. En el segundo, la declaración de intenciones va subiendo de tono, hasta unos límites que se resumen perfectamente en una frase, “todo por el dinero”: “Los que estáis aquí participaréis en seis juegos diferentes durante seis días. Los que estáis aquí estáis viviendo al límite…, […] no se puede matar a alguien así…, os recuerdo que estamos aquí para daros una oportunidad” y ante la pregunta “¿a qué vamos a jugar?”, la voz responde que “nos han hecho jugar a un juego que jugábamos de niños, el siguiente a lo mejor también lo es, tienen reglas muy simples, esto es el infierno y no hay reglas, tenemos que matar a los demás si queremos salir de aquí con el dinero. Y estas manos están manchadas, si me traicionas te mataré, ¿de verdad vais a seguir con esta locura? ¡Y todo por el dinero! Y seamos sinceros, no quieren a un viejo ni a una mujer como compañeros”.

Con lo expuesto anteriormente la serie no oculta su hilo conductor, que cualquier persona puede leer em Wikipedia: “La serie narra la historia de 456 personas que deciden convertirse en jugadores de una serie de misteriosos y enfermizos juegos infantiles de supervivencia mortal para tener la oportunidad de ganar la cantidad máxima de 45 mil millones de wones. Cada persona que muere añade 100 millones de wones al premio, incitando el conflicto entre los jugadores. El juego final, también el que da título a la serie, es el juego del calamar. Es bastante físico y solo termina cuando se logra llegar a un ganador final. El juego se llama así ya que el área en que se juega tiene diferentes formas geométricas (círculo, cuadrado o triángulo) en el suelo, que, en su conjunto, parecen formar un calamar. Si un atacante logra atravesar al defensor y entrar en la cabeza del calamar, se proclama como ganador del juego”.

Hasta aquí creo que lo expuesto refleja bien de qué va esta serie, que la distribuidora oficial alardea de gran impacto mundial, con más de 142 millones de espectadores. El impacto es de tal calibre que Amazon anuncia ya para el próximo Halloween la mercadotecnia completa del juego, que veremos en algún lugar de nuestro barrio: disfraces, máscaras, guantes, monos rojos de los protagonistas, pasamontañas, cinturones tácticos militares, botas de seguridad, chaquetas y chándales con diversas numeraciones de los participantes en el juego, camisetas, zapatillas, pelucas, disfraz de niña del juego luz verde-luz roja y, finalmente, ¡las armas!: rifle y pistola. Además, nos tenemos que amarrar los cinturones éticos porque han anunciado que, probablemente, la serie la van a llevar a un videojuego. Desgraciadamente, éstos, los cinturones éticos, no se venderán en Amazon porque en el Gran Mercado del Mundo, la ética brilla por su ausencia.

Pienso mucho en nuestros hijos y nietos, nativos digitales, ante fenómenos como el narrado anteriormente, porque creo que tendrán más confianza en ellos mismos si participan en la creación del mundo en el que desean vivir, programando y viendo videovidas [sic] (perdón por el neologismo) más que videojuegos donde la violencia y el dinero sean su hilo conductor. Crear y no consumir irracionalmente, esa es la cuestión. Cada 6 de agosto recordamos lo que ocurrió hace 76 años en Hiroshima, donde la bomba atómica “Little boy” (muchachito) fue una metáfora al viento sobre el doble uso de las tecnologías. 140.000 muertos siguen pesando como una losa sobre la historia de hombres y mujeres que trabajan en las tecnologías de vanguardia para que la humanidad entera sepa que la inversión económica que se está haciendo en la actualidad sirve también para fabricar chips que se utilizan lo mismo para la consola Play Station que para los misiles Tomahawk, es decir, en el doble uso. Mientras que la Play Station permite que niños del mundo entero se entrenen a matar, gracias al chip paradójico, no inocente tampoco, ingenieros y militares de los cinco continentes siguen diseñando los misiles más mortíferos, con idéntico chip, en un juego tan peligroso como aquél en el que se forma la conciencia. Por ello deberíamos proteger el uso racional de las tecnologías y destruir los arsenales mortíferos que día a día, en cualquier rincón del planeta, pueden ofrecernos la imagen dibujada por Saramago en su obra “Ensayo sobre la ceguera”: permanecer ciegos, simbólicamente, a un mundo de caos y desorden que promociona juegos [o videojuegos y series] para matar y vivir” (1).

Creo que estamos viviendo en un mundo al revés, como tantas veces he expuesto ya en este cuaderno digital. No quiero hacerle el octubre a esta serie porque no me interesa nada. La tengo incluida en el grupo de cine o televisión que llamo “innecesario”, doloroso, casi cruel para el alma humana, que detesto, porque su mensaje,  además, no es inocente, reproduciendo lo peor de lo peor del capitalismo feroz y activo, así como del precio, que no valor, que sigue teniendo el poderoso caballero don dinero y que en esta serie no tiene límite, porque como símbolo, cada persona que muere o matamos en ella, suma dinero al bote final. Impresentable. Eduardo Galeano, lo explicaba muy bien a través de un cuento, Alicia en el País de las Maravillas (2), de una forma más interesante que los cuentos infantiles en el juego del calamar, por ejemplo en la interpretación que se transmite en el de la niña de luz verde-luz roja: Hace ciento treinta años, después de visitar el país de las maravillas, Alicia se metió en un espejo para descubrir el mundo al revés. Si Alicia renaciera en nuestros días, no necesitaría atravesar ningún espejo: le bastaría con asomarse a la ventana. Al fin del milenio, el mundo al revés está a la vista: es el mundo tal cual es, con la izquierda a la derecha, el ombligo en la espalda y la cabeza en los pies.

(1) Véase en: http://www.joseantoniocobena.com/?p=9

(2) Galeano, Eduardo. Patas arriba. La escuela del mundo al revés, 2008. Madrid: Siglo XXI España.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

En el País Vasco ha vencido el principio esperanza

Barandilla de La Concha (San Sebastián), creada por Mariano Arrieta / JA COBEÑA

¿Cuántas iglesias tiene el cielo?
¿Por qué no ataca el tiburón a las impávidas sirenas?
¿Conversa el humo con las nubes?
¿Es verdad que las esperanzas deben regarse con rocío?

Pablo Neruda, Libro de las preguntas, IV

Sevilla, 20/X/2021

Así se lee en Wikipedia, para quien lo quiera recordar: “En la tarde del jueves 20 de octubre de 2011, tres días después de la celebración de la Conferencia Internacional de Paz de San Sebastián, y apelando a sus conclusiones, ETA anunció «el cese definitivo de su actividad armada» mediante un comunicado publicado en las ediciones digitales de los diarios Gara Berria, difundido igualmente en vídeo y audio en castellano y euskera”. He escrito en varias ocasiones en este cuaderno digital sobre el problema vasco relacionado con ETA y un ejemplo es cuando el 24 de marzo de 2006 se anunció un alto el fuego de la banda terrorista que no vería su auténtico final hasta octubre de 2011, cuando hoy se cumplen exactamente diez años desde ese anuncio final.

En 2006 escribí que “Efectivamente, es tiempo de esperanza. Aprendí de Ernst Bloch y así lo escribí hace muchos años, que el gran valor de la esperanza es el ofrecimiento de ser activos en la búsqueda de lo que deseamos, porque lo que esperamos todavía no ha llegado y, además, nos interesa, nos hace libres. En cualquier nivel, en cualquier proyecto, en cualquier deseo: frente al principio materialista de Marx de que la realidad social determina la conciencia del hombre, Bloch presenta a la conciencia individual de cada persona como determinante de la historia y de su historia, enfrentándose cotidianamente con la insatisfacción humana vivida en necesidad y negación. Por ello, cada persona lucha por alcanzar su plenitud. El hecho es que todavía no la ha alcanzado. Esta “hambre cósmica” se experimenta en el deseo de alcanzar un sentido pleno de la vida. Es como la ilusión que yo tenía cuando era niño y construía los juguetes en mi pensamiento hasta que llegaba el día señalado y lo alcanzaba. Más o menos igual: “La superación del conflicto, aquí y ahora, es posible” (a partir de aquí citaba entrecomilladas y en cursiva palabras literales de los dos comunicados de ETA, anunciado el alto el fuego, en clave real y positiva). Hambre de paz”.

También escribí en aquella ocasión que un escritor del que aprendo permanentemente el lenguaje de la concisión, autor del cuento más breve del mundo, Augusto Monterroso, lo diría así: cuando despertamos, después de entrar en vigor el alto el fuego de ETA, la esperanza todavía estaba allí… En definitiva, algo expresado en el comunicado: “superando el conflicto de largos años y construyendo una paz basada en la justicia”. Aunque hiciera, por esta vez, más largo el cuento, pero basado en una realidad que nos permite creer en que la paz, ahora y siempre, sí es posible.

Eduardo Chillida, Elogio del silencio, 1975 / Basílica de Santa María del Coro, San Sebastián / JA COBEÑA

Diez años después, confirmo aquel deseo: en el País Vasco ha vencido el principio esperanza. En aquella ocasión me despedía con unas palabras de celebración de aquel anuncio de alto el fuego que después se tuvo que validar con el del 2011, porque lo escribí, como hoy, cerca del pueblo vasco y de las víctimas de cualquier terrorismo, a 23 de marzo de 2006, cuando ya solo faltaban tres horas para que se cumpliera la primera parte de un sueño legítimo en beneficio de la humanidad y de los que creen en el “principio esperanza”. Lo que vino después, en 2011, lo confirmó plenamente, porque sólo quise y ahora quiero de nuevo aprovechar este foro para contribuir, con mi ilusión personal y mi creencia en el ser humano como factor determinante, a que la paz sea una realidad constante en Euskadi y en los sentimientos y emociones del pueblo español en general y vasco, en particular. A pesar del sufrimiento de casi 900 víctimas, a lo largo de 43 años de desesperanza real, dura, triste, desgarradora, espantosa, en todos sus términos. A pesar de los que han tenido que incorporar a su vida diaria la rutina de cualquier protección, incluso la más dura: la de sacar fuerzas de flaqueza para seguir viviendo.

Ante las preguntas de Neruda sobre las esperanzas, estoy convencido de que en el País Vasco encontraron para ellas, a partir de 2011, la mejor respuesta: de verdad, hay que regarlas todos los días con el rocío de la dignidad humana.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Howard Gardner y la inteligencia digital, una de las inteligencias múltiples del ser humano

Sevilla, 19/X/2021

Hoy se inaugura en Madrid la cuarta edición del foro Enlighted, una conferencia mundial sobre educación, tecnología e innovación, con el patrocinio de Fundación Telefónica, IE University y South Summit, que reunirá a 150 expertos mundiales en educación y tecnología y donde participarán profesionales de la talla de Vinton Cerf, considerado como uno de los padres de internet; Howard Gardner, profesor de la Universidad de Harvard y autor de la teoría de las inteligencias múltiples, que he estudiado a lo largo de muchos años profesionales; Kiran Bir Sethi, fundadora de Design for Change y The Riverside School en India; Rafael Nadal o Linda Liukas, fundadora de Rails Girls, un movimiento de programación para adolescentes y niñas, que participarán en talleres, conferencias y charlas combinando tanto el formato presencial como el virtual.

De todos los conferenciantes confirmados quiero destacar hoy al Profesor Gardner, que intervendrá el próximo jueves en una “conversación” sobre “La generación de las aplicaciones: Cómo la tecnología está perfilando nuestra juventud”, que estoy convencido será de interés extremo porque abordará un hilo conductor de actualidad plena en el mundo digital: resolver la falta de competencias digitales para recuperar la conexión con los jóvenes y promover un cambio positivo. En conjunto, en este día en el que interviene el profesor Howard Gardner, los ponentes “evaluarán las diferentes maneras en las que la generación de aplicaciones interactúa con los medios digitales, así como lo que podemos hacer para ayudarles a superar la brecha digital, pero también cómo podemos asegurarnos de que la tecnología se convierta en una fuerza de cambio positiva que nos permita desarrollar relaciones sociales significativas y contribuir a la creación de una mejor sociedad en general”.

Hace quince años inicié una incursión científica en el constructo inteligencia digital, que propuse definir como “capacidad de las personas para resolver problemas utilizando los sistemas y tecnologías de la información y comunicación cuando están al servicio de la ciudadanía”. Al pertenecer a la escuela del profesor Howard Gardner, sobre quién construí mi Tesis doctoral en Psicología, quise llevar a cabo en este cuaderno digital un proyecto de divulgación científica sobre el constructo citado con objeto de hacer accesible a muchos usuarios de la red, las posibilidades que nos ofrecen hoy los sistemas y tecnologías de la información para ser más inteligentes. He construido esta teoría científica de la inteligencia digital creadora como agradecimiento a años de lectura y estudio de los ensayos del profesor José Antonio Marina, de quien aprendí muchos fundamentos científicos en su construcción de la teoría de la inteligencia creadora. Como alumno agradecido e estos investigadores citados, quise destacar siempre la aplicación de sus teorías a esta investigación de la inteligencia digital, de raíz popular y entregada al ser humano, en clave de “empoderamiento compartido” (empowerment). Además, he escrito siempre sobre este tipo de inteligencia, una más de las múltiples definidas por Gardner a lo largo de sus investigación, desde una perspectiva positiva, dado que a la negativa ya se le ha dedicado mucho tiempo y esfuerzo desde la psicopatología, investigación necesaria por otra parte. Si además, incorporamos la necesaria habilidad social construida sobre esta inteligencia (digital) se habrá aportado a la sociedad una interpretación para ser en el mundo en un terreno de felicidad lógica.

Este proyecto de creación de la teoría científica sobre la inteligencia digital, tuvo su refrendo en la publicación en mayo de 2007 de mi libro Inteligencia digital. Introducción a la Noosfera digital. En esa publicación desarrollé el constructo de” inteligencia digital” sobre la base de lo aprendido de las inteligencias múltiples de Howard Gardner. En tal sentido partía de la definición propuesta de “Inteligencia”, en sus dos acepciones: 1. capacidad para resolver problemas o para elaborar productos que son de gran valor para un determinado contexto comunitario o cultural. 2. factor determinante de la habilidad social, del arte social de cada ser humano en su relación consigo mismo y con los demás. De ahí, se obtenía la definición de Inteligencia digital, en cinco acepciones, que tantas veces cito en mi cuaderno digital: 1. destreza, habilidad y experiencia práctica de las cosas que se manejan y tratan, con la ayuda de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación, nacida de haberse hecho muy capaz de ella. 2. capacidad que tienen las personas de recibir información, elaborarla y producir respuestas eficaces, a través de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación. 3. capacidad para resolver problemas o para elaborar productos que son de gran valor para un determinado contexto comunitario o cultural, a través de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación. 4. factor determinante de la habilidad social, del arte social de cada ser humano en su relación consigo mismo y con los demás, a través de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación. 5. capacidad y habilidad de las personas para resolver problemas utilizando los sistemas y tecnologías de la información y comunicación cuando están al servicio de la ciudadanía, es decir, cuando ha superado la dialéctica infernal del doble uso.

Howard Gardner, el precursor de las inteligencias múltiples que nos abrió en aquellos momentos las puertas a un nuevo planteamiento de inteligencia digital, de gran impacto social, hizo una manifestación en su presentación de la teoría científica de las inteligencias múltiples en los siguientes términos, a través de sus publicaciones maestras en los años ochenta y noventa del pasado siglo, que no he olvidad: “Es de la máxima importancia que reconozcamos y alimentemos toda la variedad de inteligencias humanas y todas las combinaciones de inteligencias.  Somos tan diferentes entre nosotros, en gran parte, porque todos tenemos diferentes combinaciones de inteligencias.  Si llegamos a reconocer esto, pienso que, como mínimo, tendremos una oportunidad mejor de enfrentarnos adecuadamente a los muchos problemas que se nos presentan en el mundo.  Si podemos movilizar toda la gama de habilidades humanas, no sólo las personas se sentirán más competentes y mejor consigo mismas, sino que incluso es posible que también se sientan más comprometidas y más capaces de colaborar con el resto de la comunidad mundial en la consecución del bien general.  Tal vez, si podemos movilizar todas las inteligencias humanas y aliarlas a un sentido ético, podamos ayudar a incrementar la posibilidad de supervivencia en este planeta, e incluso contribuir a nuestro bienestar”.

Espero expectante su intervención en la Conferencia Enlighted del próximo jueves. Le debo mucho en mi aprendizaje sobre las inteligencias múltiples y su proyección en la inteligencia digital de la ciudadanía y en la inteligencia pública digital de los Gobiernos y de las Administraciones Públicas, que también existen. Le debía, una vez más, palabras de agradecimiento, reconocimiento profesional y respeto magistral.

NOTA: la imagen de Howard Gardner que figura en la fotocomposición de cabecera, se ha recuperado hoy de https://www.howardgardner.com/about

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Amartya Sen, alumno de Tagore y maestro imprescindible

Hay hombres y [mujeres] que luchan un día y son buenos, otros [y otras] luchan un año y son mejores, hay quienes luchan muchos años y son muy buenos, pero están los [hombres y mujeres] que luchan toda la vida, y esos son los imprescindibles.

Adaptado de un texto de Bertolt Brecht en Elogio a los combatientes

Sevilla, 18/X/2021

Una persona que conoció a Tagore es difícil que no transmita su sabiduría humanista a raudales. Es lo que le ocurre a Amartya Sen, premio Nobel de Economía en 1998, un economista y filósofo, sobre todo un intelectual que logró humanizar la economía, algo que sigue pareciendo imposible sabiendo lo importante que es el poderoso caballero Don Dinero y su capilaridad social hasta las últimas consecuencias por su impacto en el ser humano. Acabo de leer un artículo magnífico en el diario El País, Amartya Sen, el niño bengalí que vio el hambre de cerca y acabó humanizando la economía, que hace un recorrido muy interesante de su vida con motivo de la publicación de su ultimo libro  Un hogar en el mundo,  unas memorias inacabadas al tratar sólo de su juventud pero que simbolizan quién es en la actualidad, en las que Tagore está presente desde el título como él mismo reconoce, al estar inspirado en La casa y el mundo, obra que ejerció una gran influencia en Sen, así como por el tiempo en el que asistió a sus clases en Santiniketán, durante diez años, donde Tagore había fundado una escuela experimental.

Me ha interesado su relación con Tagore, que cita el artículo:  “Dos años antes de aquella tragedia [la hambruna bengalí de 1943] había muerto el poeta Rabindranath Tagore, con el que el pequeño Sen tuvo una relación familiar estrecha. Su madre era amiga suya y bailó en varias de las obras dramáticas del escritor, que incluso se inventó un nombre para él: Amartya sale en sánscrito de añadir a Martya (muerte) una “A” que convertía al recién nacido en un enviado “de un lugar donde las personas no mueren”. Tal vez por eso ha pasado el año y medio de la pandemia sin cederle demasiado espacio al miedo. “Tengo un largo historial de enfermedades que incluyen dos cánceres”, recordó en la entrevista. “El primero, con 18 años. Me dijeron: ‘Hay un 15% de posibilidades de que sobrevivas cinco años’. Eso fue hace 70″. El segundo fue en 2018, de próstata”. Igualmente, Sen se refiere a Tagore en la citada entrevista en términos algo más que elogiosos: “Es una pena que en Occidente se le haya reducido a su imagen mística, cuando tiene mucho que decir sobre historia, política, economía y equidad social”.

Lo importante de la anécdota vital anterior es la importancia de que sus teorías no mueran en un interés general y legítimo para la sociedad, porque es una bocanada de aire fresco ante tanta mediocridad galopante política y económica. Creo que así lo ha reconocido el acta del jurado que le ha otorgado el premio Princesa de Asturias de ciencias sociales 2021, que se le entregará el próximo viernes, 22 de octubre, en un acto al que probablemente no podrá asistir por una lesión reciente en la espalda: “Desde una perspectiva cosmopolita e interdisciplinar, las múltiples investigaciones de Sen incluyen aportaciones a las teorías de la elección pública y del desarrollo, la economía del bienestar y otras dirigidas a descubrir las raíces de la pobreza y las hambrunas. Su enfoque de las capacidades de las personas se ha extendido al conjunto de las ciencias sociales. Toda su trayectoria intelectual ha contribuido de manera profunda y efectiva a promover la justicia, la libertad y la democracia. Su continuada y excelente labor ha influido de manera decisiva en los planes de desarrollo y en las políticas de las más relevantes instituciones mundiales. Además, ha fundado una escuela universal comprometida con la defensa de los derechos humanos, que ha hecho del profesor Sen una figura clave del pensamiento actual y un maestro de maestros”.

La sinopsis de Un hogar en el mundo no deja lugar a dudas sobre la calidad de su vida y obra humanista: “Para Amartya Sen, la palabra «hogar» evoca muchos lugares: la ciudad de Daca, en el actual Bangladés, donde creció; el pueblo de Santiniketan, donde fue criado por sus abuelos y sus padres; Calcuta, donde inició sus estudios de Economía y participó activamente en movimientos estudiantiles; y el Trinity College, en Cambridge, al que llegó a los diecinueve años. Sen recrea con brillantez la atmósfera de cada uno de esos lugares. En el centro de su formación estuvo la escuela intelectualmente liberadora en Santiniketan, fundada por Rabindranath Tagore (quien le dio su nombre, Amartya), y las apasionantes conversaciones en el famoso Coffee House de College Street, en Calcuta. Como estudiante universitario en Cambridge, se relacionó con muchas de las principales figuras de la época. En un capítulo memorable, recuerda los «ríos de Bengala» por los que viajó con sus padres entre Daca y sus pueblos ancestrales. Además, transmite con gran maestría la inflamación política que llevó a la hostilidad entre hindúes y musulmanes, así como la resistencia a ella. En 1943, Sen fue testigo de la hambruna de Bengala y de su desastroso resultado. Por supuesto, la relación entre Reino Unido e India es otro tema principal del libro. Cuarenta y cinco años después de que llegara a la que sin duda es una de las mayores fundaciones intelectuales del país británico, Sen se convirtió en Master del Trinity College. Este es un maravilloso libro de personas y lugares, pero también de ideas, las que dieron forma a una visión del mundo justa, amplia y necesaria hoy”.

Recomiendo la lectura de estas memorias de juventud, donde forjó su forma de ser y estar en el mundo que a mí tanto me fascinan de los demás, de los imprescindibles, a los que así calificó Bertolt Brecht en una cita inolvidable: Hay hombres y [mujeres] que luchan un día y son buenos, otros [y otras] luchan un año y son mejores, hay quienes luchan muchos años y son muy buenos, pero están los [hombres y mujeres] que luchan toda la vida, y esos son los imprescindibles (adaptado de un texto de Bertolt Brecht en Elogio a los combatientes, dado que los corchetes son míos en una lectura renovada desde la perspectiva de género en el lenguaje actual). Si a los imprescindibles uno la defensa de los nadies de Galeano desde la ética social, los hijos de nadie, los dueños de nada. / Los nadies: los ningunos, los ninguneados, / corriendo la liebre, muriendo la vida, creo que a Amartya Sen lo podemos encumbrar al Olimpo de las personas a las que tenemos el deber de escuchar atentamente para que el Estado del Bienestar se consolide en beneficio del interés general de la sociedad. Todas las teorías económicas y sociales no son iguales y eso se ha encargado Sen de demostrárnoslo a lo largo de su trayectoria intelectual, un niño bengalí que llegó a interpretarnos la vida de la forma más digna posible, sobre todo para los nadies, los hijos de nadie, los dueños de nada, los que probablemente más son pero menos tienen por culpa de los opulentos vestidos de negro, los más despiadados del mundo.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Bach y su música circular

Bach en Köthen

Sevilla, 17/X/2021

El miércoles próximo la Fundación Juan March ofrecerá una nueva sesión del ciclo dedicado a Johann Sebastian Bach (1685-1750) a lo largo de este mes y con un hilo conductor específico, Bach en Köthen, que ayuda a comprender bien la dialéctica luterano-calvinista a lo largo de su obra y donde se resalta un concepto que estimo como admirable en la obra de cualquier artista, la obra circular, es decir, a la que cualquier artista recurre a lo largo de sus vida utilizando pasajes que ya se han vivido, escrito, pintado, representado, compuesto y así de forma interminable en la acción de cada autor: “Entre 1717 y 1723, Bach permaneció como Kapellmeister al servicio del Príncipe Leopoldo de Anhalt-Köthen, quien, en palabras del propio compositor, amaba y entendía la música. Este contexto favorable le eximía de componer música religiosa de manera regular, al tiempo que le permitió centrarse en el repertorio instrumental de cámara. De estos años datan algunas de las cimas compositivas que dejarían huella indeleble en la historia de la música: las Partitas para violín, las Suites para violonchelo, las Suites inglesas y francesas, el primer volumen de El clave bien temperado y la Fantasía cromática y fuga, además de los Conciertos de Brandeburgo. También en esta ciudad sajona alcanzaría Bach la felicidad emocional al contraer nupcias con su segunda esposa Ana Magdalena el 3 de diciembre de 1721”.

En el concierto del próximo miércoles, Luis Gago, crítico musical y traductor, autor en este caso del excelente programa de mano de este ciclo, afirma en ese sentido circular que en relación con las dos suites de Bach, Johann Sebastian Bach (1685-1750), la Suite francesa nº 6 en Mi mayor BWV 817 (Concierto para dos claves en Do menor BWV 1060) y la Suite francesa nº 5 en Sol mayor BWV 816 (Concierto para dos claves en Do mayor BWV 1061, interpretados por Alexander Melnikov y Olga Pashchenko, “Bach, amén de un creador supremo de nueva música, fue un constante reciclador o adaptador de piezas ya compuestas. Hay casos extremos de metamorfosis, como la “Sinfonía” inicial de la Cantata BWV 29, construida toda ella a partir del “Preludio” de la Partita nº 3 para violín solo, que cumple las veces de célula a cuyo alrededor va creciendo el tejido orquestal. En el ánimo de Bach debían de pesar tanto consideraciones puramente prácticas, o la simple premura de tiempo para terminar una composición a tiempo, como el aprecio que sentía por páginas concretas y que, por tanto, no quería relegar al olvido. Hay que tener siempre muy presente que, en vida del compositor, solo se imprimió una parte ínfima de su producción, por lo que muchas de sus partituras nacían condenadas a interpretaciones casi siempre únicas o coyunturales. Pensemos, por ejemplo, en los Conciertos de Brandeburgo, uno de los frutos señeros de sus años de Köthen”. Esta afirmación la hace, en el caso de la Suite nº 6, cuando se refiere a la Giga: “La ligereza es aplicable incluso a la “Gigue”, en la que Bach no renuncia a la imitación a la octava entre ambas manos, pero sí a las respuestas fugadas y los juegos contrapuntísticos en espejo de muchas de las gigas de las dos colecciones. Años después, Johann Philip Kirnberger citaría esta “Gigue” como un ejemplo de cómo componer el movimiento de una sonata concebido como la variación de una pieza ya existente”.

Me he detenido expresamente en este “detalle” de la “composición circular” de Bach, porque aprecio mucho este fenómeno en todas las artes, tal y como lo he escrito en diversas ocasiones en este blog: “Mirando por el retrovisor de este cuaderno digital, tomo conciencia de que llevo más de quince años escribiendo artículos, con paciencia turca, unos detrás de otros, ya camino de dos mil, a veces copiando lo que ya he dicho, reafirmando mi pensamiento circular que lo envuelve todo. Siempre vuelven a mi inteligencia particular unas palabras del Premio Nobel de Literatura en 2006, Orhan Pamuk, cuando nos explicó qué significaba en su vida un dicho de su tierra con un valor especial: “escribir es como cavar un pozo con una aguja”, expresión fantástica a la que dediqué un artículo con motivo de la celebración del Día Internacional del Libro en el año 2017. En aquella ocasión dediqué aquellas palabras a las personas que desde que abrí por primera vez este cuaderno digital, en diciembre de 2005, se acercan a este cuaderno de inteligencia digital para buscar islas desconocidas, a cuantos sienten el placer de leer libros y palabras unidas en otros formatos, que dan sentido a sus vidas; a quienes descubren el sentido de la existencia a través de autores concretos, a las personas que se sienten acompañadas por libros de cabecera que nunca les abandonan, a quienes confían en que quienes escriben tienen la paciencia turca de cavar pozos con una aguja, porque solo desean transformar la realidad poco a poco para poder soportarla. Hoy, sigue teniendo el mismo valor esta dedicatoria, que reafirmo en todos sus términos. Después de muchos años de oficio vital, creo que comprendí qué significa escribir cuando leí a Pamuk en su memorable discurso en el acto de recepción del premio Nobel: “[…] el secreto del escritor no es la inspiración, pues nunca se sabe de dónde viene, sino la obstinación y la paciencia. Hay una hermosa expresión turca, “cavar un pozo con una aguja”, y a mí me parece que fue inventada pensando en nosotros, los escritores. Para mí, ser un escritor significa observar con atención las heridas que llevamos dentro, sobre todo las heridas secretas de las que no sabemos nada o casi nada, descubrirlas con paciencia, estudiarlas y sacarlas a la luz para luego asumirlas y hacer de ellas una parte consciente de nuestra escritura y nuestra identidad. Ser escritor es hablar de cosas que todos conocen sin saberlo. Descubrir este conocimiento, desarrollarlo y compartirlo, ofrece al lector el placer del asombro en el recorrido de un mundo que le es familiar”.

Con el hilo conductor de transmitir una idea circular en este blog desde su primer día de vida literaria, vuelvo a utilizar aquellas palabras cuando escribo hoy sobre Bach y su “aprovechamiento” continuo de retazos de sus obra escrita en otras composiciones, salvando lo que debo salvar simplemente por la actualización temporal, aspecto de forma que no de fondo, recordando a José Manuel Blecua, ex director de la RAE, cuando dijo en una ocasión que al escribir copiamos siempre de los autores que hemos leído a lo largo de nuestra vida y nos han marcado. En esta ocasión, lo hago copiando de mí mismo, porque estos siguen siendo mis principios y, si no gustan, no tengo otros, separándome por un momento de mi admirado Groucho Marx. En un tiempo en el que se arrojan valores por la ventana desde nuestro vehículo vital, vuelvo a hacer una declaración de principios sobre por qué escribo en este blog, en una etapa de jubilación en la que sigo asumiendo, cada día que pasa, que lo nuestro es pasar, con ardiente impaciencia personal y social, sabiendo que ahora tengo un compromiso intelectual con la sociedad en la que vivo».

Volviendo de mi corazón a mis asuntos de hoy, estimo que la exposición de Luis Gago sobre este ciclo es una mezcla de erudición y reconocimiento explícito de la gran obra de Johann Sebastian Bach, a pesar de la carencia de fuentes documentales sobre este autor. De ahí el interés de la carta que da comienzo al programa, dirigida por Bach a su “Muy Distinguido Señor” y amigo por encima de todo, Georg Erdmann, el 28 de octubre de 1730, desde Leipzig, porque resalta en ella la trazabilidad auténtica de la vida del extraordinario compositor, al que podremos escuchar el próximo miércoles en Fundación Juan March. Es un acontecimiento cultural extraordinario y no olviden, por favor, la lectura de la carta citada. Es una joya bibliográfica para conocer la vida y obra, en síntesis, del gran compositor alemán, autor también de una obra que conservo en mi mente y en corazón, Los conciertos de Brandenburgo, que ya he citado en diversas ocasiones en este cuaderno digital. Escúchenlos también, porque no les defraudarán y porque en ellos también se hizo patente su composición circular en tiempos de Köthen.

NOTA: la fotocomposición de cabecera está realizada sobre dos imágenes tomadas hoy del programa de mano del ciclo Bach en Köthen, organizado por la Fundación Juan March para este mes de octubre de 2021.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

El otoño de Luis Cernuda abre sueños

Sevilla, 16/X/2021

Suelo refugiarme en la poesía en este equinoccio de otoño, tan equitativo entre el día y la noche. Lo vuelvo a afirmar sin ambages: para Cernuda el otoño era un sentimiento que se debe escuchar siempre mucho más fuerte que el viento porque, siguiendo a Alberti, si el otoño no tiene sentimiento es sólo eso, una palabra de cinco letras: Sentimiento, pensamiento. / Que se escuche el corazón más fuertemente que el viento. / Libre y solo el corazón más que el viento. / El verso sin él no es nada. / Sólo verso. Además, había nacido en esta estación. Recuerdo ahora que el año pasado, por estas fechas, se difundió una noticia paradójica sobre el descubrimiento de tres proyectiles de la guerra civil en su casa natal, aquí en Sevilla, en la calle Acetres, en las tareas de limpieza que se estaban llevando a cabo después de muchos años de abandono desde que, finalmente, fue adquirida por el Ayuntamiento de Sevilla, salvándola de la especulación inmobiliaria y del olvido, entregándola a la ciudad para un fin estrictamente cultural y vinculado con el autor. Todo un símbolo. Una casa que siempre la pensó y sintió Cernuda para la paz, nunca para la guerra. En ella vivió hasta 1914, año en que se trasladó la familia a una casa en el Porvenir tras el fallecimiento de su padre y, posteriormente, a la de la calle Aire, última residencia del poeta.

Si vuelvo de nuevo a encontrarme con Luis Cernuda en esta estación es para conocer mejor qué pensaba de ella y a través de ella. En Ocnos, título que encontró en Goethe, como “un personaje mítico que trenza los juncos que han de servir como alimento a su asno”, como símbolo del tiempo que todo lo consume, o del público igualmente inconsciente y destructor”, dedica una reflexión intimista, la tercera, al otoño en su tierra, que la vuelvo a leer de forma pausada con la ilusión y expectativa de la primera vez, porque me aporta otra forma de vivir con encanto esta estación tan mágica y controvertida:

Encanto de tus otoños infantiles, seducción de una época del año que es la tuya, porque en ella has nacido.

La atmósfera del verano, densa hasta entonces, se aligeraba y adquiría una acuidad a través de la cual los sonidos eran casi dolorosos, punzando la carne como la espina de una flor. Caían las primeras lluvias a mediados de septiembre, anunciándolas el trueno y el súbito nublarse del cielo, con un chocar acerado de aguas libres contra prisiones de cristal. La voz de la madre decía: “Que descorran la vela”, y tras aquel quejido agudo (semejante al de las golondrinas cuando revolaban por el cielo azul sobre el patio), que levantaba el toldo al plegarse en los alambres de donde colgaba, la lluvia entraba dentro de casa, moviendo ligera sus pies de plata con rumor rítmico sobre las losas de mármol.

De las hojas mojadas, de la tierra húmeda, brotaba entonces un aroma delicioso, y el agua de la lluvia recogida en el hueco de tu mano tenía el sabor de aquel aroma, siendo tal la sustancia de donde aquél emanaba, oscuro y penetrante, como el de un pétalo ajado de magnolia. Te parecía volver a una dulce costumbre desde lo extraño y distante. Y por la noche, ya en la cama, encogías tu cuerpo, sintiéndolo joven, ligero y puro, en torno de tu alma, fundido con ella, hecho alma también él mismo.

Al igual que el año pasado y el otro y el otro, cuando finalizo su lectura, recupero el sentimiento de otoño que tenía Cernuda, expresado también en otro poema con palabras bellas: Llueve el otoño aún verde como entonces / Sobre los viejos mármoles, / Con aroma vacío, abriendo sueños. / Y el cuerpo se abandona. Me consuela saber que puedo abrir sueños, abandonando todo lo que hoy nos sobra para comprenderlos este otoño, porque el tiempo consume todo lo que ocurre y hay que saber alimentarlo, como sabía hacer Ocnos, el personaje mítico De Goethe que hace muchos años entusiasmó a Cernuda.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.