Los Conciertos de Brandeburgo, de J. S. Bach: cuando lo diferente siempre suena mejor al estar unido

Gustav Leonhardt, en el papel de J.S. Bach, en Crónica de Anna Magdalena Bach, 1967

Sevilla, 4/XI/2021

En este año, concretamente el pasado 24 de marzo, se ha cumplido el 300º aniversario de un hecho histórico: la presentación en sociedad de unos conciertos para muchos instrumentos (Six Concerts avec plusieurs instruments, en el original), compuestos por Johann Sebastian Bach en 1721 y que escucho siempre con respeto reverencial, que dedicó de forma no inocente al margrave (marqués) Christian Ludwig de Brandenburg-Schwendt (1677-1734), Su Alteza Real Mi Señor, hermano del Rey de Prusia, conocidos desde su redescubrimiento en 1849, como los Conciertos de Brandenburgo (Brandeburgo, en correcto español). Para mí es una obra sublime del barroco, de la que conservo en mi memoria de hipocampo secreto la interpretación al clave y dirección de los seis conciertos, simultáneamente, por parte de uno de los músicos que mejor comprendieron la música de Bach, Karl Richter, sobre el que he escrito en diversas ocasiones en este cuaderno digital.

Portada de los Six Concerts avec plusieurs instruments, escrita en francés, compuestos por J.S. Bach y dedicados al Margrave (Marqués) de Brandenburg [sic], el 24 de marzo de 1721

Siendo como siempre justo y benéfico, hoy he vuelto a descubrir esta obra en sus múltiples facetas, insondables a veces, por la lectura de dos artículos que recomiendo para comprender bien esta obra inconmensurable de Bach. El primero, el que dedicó Luis Gago, recientemente, en el diario de El País a esta efeméride, con un título sugerente y aleccionador, La audaz y perenne juventud de los Conciertos de Brandeburgo, del que recojo literalmente las primeras frases por su profundo significado: “Casi al final de los espartanos títulos iniciales de la mejor película jamás realizada sobre un compositor clásico, Crónica de Anna Magdalena Bach, empieza a sonar un fragmento del primer movimiento del quinto de los conocidos como Conciertos de Brandeburgo. Sus directores, Jean-Marie Straub y Danièle Huillet, anotan minuciosamente en su guion los compases exactos: 147 a 154. A continuación, en la primera escena, la cámara muestra únicamente, de espaldas, a Gustav Leonhardt, que encarna al compositor alemán y afronta, mientras el resto de los músicos guardan silencio, el extenso “solo senza Stromenti” (”compases 154 a 219″, detalla el guion) de este movimiento, un dechado de virtuosismo. Cuando concluye, el plano se abre y vemos tocar a todos los intérpretes, un grupo de siete músicos con vestuario e instrumentos de época, los nueve últimos compases del movimiento. Entre ellos se encuentra, al violonchelo, el patrón de Bach en aquel momento, el príncipe Leopold de Anhalt-Köthen, al que da vida Nikolaus Harnoncourt”, el gran Harnoncourt, el violonchelista que después pasó a ser un excelente director de orquesta, que siempre miraba al cielo durante los conciertos junto al baile armónico de sus manos, un alemán con alma austriaca que falleció en 2016 y que estudió de forma pormenorizada el contexto histórico, instrumental y musical de Bach y Mozart. Junto al Concentus Musicus Wien, tocó y dirigió obras con instrumentos del siglo XVIII, rescatados para no alterar la esencia de las partituras analizados compás a compás, frase a frase y en la partitura completa.

Atraído por estas palabras de Gago he visto la película completa, más allá de los Conciertos de Brandeburgo, con el objetivo de entrar en la vida y obra más significativa de Bach: “Se rodó en 1967 y se estrenó en Utrecht en 1968: interpretar entonces a Bach con instrumentos similares a los que utilizó el compositor era un acto auténticamente revolucionario. Muchos espectadores de la película no habían visto ni oído nunca a buen seguro nada parecido”. Fue la gran pasión de Harnoncourt a lo largo de su vida y así lo atestigua un libro que recomiendo leer para contextualizar bien su vida y obra consagrada a la música barroca y clásica: “Diálogos sobre Mozart” (1). Lo que verdaderamente me ha entusiasmado es la declaración de Gago sobre Bach en su obra cuando viene a decir que su música nunca fue inocente: “Tampoco puede pasarse por alto, en línea con la tesis de un polémico artículo de Susan McClary sobre el Bach más político aparecido en 1987, que, en el arranque mismo de la película, el servidor (Bach) ostente una clara posición de primacía sobre su patrón (el príncipe), sobre todo teniendo en cuenta que Straub y Huillet, decididos a ofrecer una imagen del genio plenamente desromantizada y a deslizar tras la asepsia aparente de las imágenes y el guion sus posiciones políticas izquierdistas, incidirán más adelante en el incómodo sometimiento del compositor a sus superiores durante su posterior destino profesional en Leipzig, cuyas autoridades municipales jamás cobraron conciencia de la magnitud del talento de su díscolo empleado”.

El segundo artículo al que he hecho referencia con anterioridad, en referencia a la película excelente sobre Bach, Crónica de Anna Magdalena Bach, es la crítica sobre su contenido realizada por Carlos Andrés Torres Herrera en Icónica. Pensamiento fílmico: “En Crónica de Anna Magdalena Bach (Chronik der Anna Magdalena Bach, 1967), una pareja de cineastas nos relata la vida y obra de una pareja de músicos. Danièle Huillet y Jean-Marie Straub muestran a través del cine el trabajo que Anna Magdalena Wilcke y, su esposo, Johann Sebastian Bach hicieron en la música: “Pretendemos mostrar personas atareadas en hacer música; pretendemos mostrar personas que realizan efectivamente un trabajo delante de la cámara, […] Al mostrar a músicos dedicados a su labor, la dupla Huillet- Straub no sólo “muestra” una forma de pensar y hacer música: también revelan su manera de proceder cinematográfica. Traducen a lo fílmico las ideas musicales. Encuentran en lo visual un eco de lo sonoro. Y en ese intercambio de ideas, la fuga adquiere un papel preponderante”. La fuga como una forma de expresar el contrapunto: “El contrapunto es como si una persona cantara una canción, una segunda persona otra muy diferente, y una tercera persona una melodía aún más diferente, todo esto al mismo tiempo. Resulta que todas estas canciones tan distintas entre sí, juntas suenan bien, tienen armonía. Esa fue una de las obsesiones de Bach: hacer que lo diferente suene mejor cuando está unido”. Efectivamente, ese es el gran secreto en la obra de Bach: “Podríamos decir que el primer plano secuencia es una exposición. Primero vemos a un sujeto, Johann Sebastian Bach, interpretando una virtuosa melodía en el clavecín, el Concierto de Brandenburgo no. 5. De pronto, la cámara se aleja y descubrimos que junto a él hay un conjunto de instrumentistas, el contrasujeto. La cámara nos ayuda a oponerlos e identificarlos. Los Conciertos de Brandenburgo son una forma de la fuga que se llama concerto grosso donde un conjunto pequeño de instrumentos se opone a uno grande”.

Las fugas y contrapuntos de Bach a lo largo de su obra significaron mucho en todas y cada una de sus composiciones. En los Seis Conciertos de Brandeburgo igualmente: “Las fugas son una forma de reelaborar lo pasado y lo presente. Nos fuimos y ahora que regresamos todo se vuelve diferente. ¿Por qué? Las cosas cambian o desaparecen, pero tenemos la posibilidad de reinventarlas. “Hacer la revolución es volver a colocar en su sitio cosas muy antiguas pero olvidadas”. Straub-Huillet [los directores de la película] imaginan lo que ya desapareció. No sólo la Historia sino las canciones que ya no existen. Lo único que canta Anna Magdalena Bach en la película es un aria (“Mit Freuden sei die Welt verlassen») de la que sólo se conserva el libreto, pues su música se perdió en algún momento. ¿Cómo, entonces, la puede cantar? Los músicos se dieron a la tarea de reconstruir la música a partir de otras composiciones de Bach. Gran ejercicio de imaginación y reinvención del pasado”.

Vuelvo a escuchar los Conciertos de Brandeburgo, pero en su versión inolvidable del gran maestro Karl Richter. Lo haré también, próximamente, con la edición especial que ha publicado Harmonia Mundi con instrumentos de época, interpretados por la Akademie für Alte Musik Berlin, celebrando la efeméride del tricentenario. Intervienen la violinista Isabelle Faust (con un Steiner) como solista en dos de los conciertos y Antoine Tamestit, como primera viola (con un Stradivari): “La rapidez de sus tempi recuerda a las versiones tenidas en su día (1987) por radicales y transgresoras de Musica Antiqua Köln. Superado aquel enfoque reivindicativo y aquel afán de extirpar de raíz cualquier vestigio de adherencias románticas, no muy alejados de los que alientan también en la película Crónica de Anna Magdalena Bach, su principal virtud es quizá conseguir que estas seis obras nos lleguen exultantemente jóvenes y llenas de vida, la misma que les ha permitido mantenerse tan frescas y audaces como cuando nacieron, al menos oficialmente, rodeadas de incógnitas, hace 300 años”.

Los Conciertos, según la interpretación al clave y dirección de Karl Richter, que se pueden visualizar y sentir en el vídeo que encabeza estas palabras finales, fueron grabados del 1 al 10 de abril de 1970 en el Castillo Nuevo de Schleissheim (Munich). Destaco un momento mágico de Richter, entre otros muchos (más bien diría que a lo largo de todos los conciertos), dirigiendo a la orquesta Bach en posiciones casi imposibles, al simultanear la dirección con la interpretación al clave, moviendo las manos en giros indicadores de melodías preciosas interpretadas por Richter y su orquesta como solo ellos sabían hacer, en un contrapunto permanente. Me refiero, por ejemplo, al primer movimiento del Concierto número 5, Allegro, donde se puede observar la maestría de Richter en el clave. Así comienza la película de Crónica de Ana María Bach. Pasen, vean y escuchen.

(1) Harnoncourt, Nikolaus, Diálogos sobre Mozart. Reflexiones sobre la actualidad de la música, 2016. Barcelona: Acantilado.

Harmonia Mundi, Conciertos de Brandeburgo, Edición del Tricentenario

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.  

La mirada de Ana Torrent escondía una ideología

Detalle de los ojos de Ana Torrent en Cría cuervos

Sevilla, 2/XI/2021

Ayer crucé mi mirada de nuevo con la de Ana Torrent (Madrid, 1966) en la película Cría cuervos, leyendo una entrevista a la actriz por parte de un periodista excelente, Manuel Jabois, en el diario El País. Aquel primer trimestre de 1976, año de su estreno, fue muy especial en mi vida de secreto y la película de Carlos Saura removió la moviola de mi pasado y presente en ese momento, sobre todo porque iniciaba un futuro desconcertante. No la olvido, ni tampoco la mirada inquietante de Ana, con unos ojos negros inmensos y el enigma de sus silencios, incluso en el baile con los compases de la canción de José Luis Perales e interpretada por Jeanette, ¿Por qué te vas?, que también forma parte de la banda sonora de mi vida. La pregunta siempre es inquietante, como la mirada de Ana Torrent, ante lo que queremos, creemos y se marcha de nuestras vidas. De ahí mi agradecimiento hoy, Ana, al cruzar mis ojos con tu mirada de entonces.

Cuarenta y cinco años después, hago un repaso de la intrahistoria de este país y vuelven a resonar aquellos compases, arropados por una letra que tampoco he olvidado: Bajo la penumbra de un farol / se dormirán / todas las cosas que quedaron por decir / se dormirán. Lo hago de nuevo porque la pregunta la tengo asociada a las ideologías, que están desaparecidas del escenario mundial y, obviamente, de nuestro país, situación que ya he tratado en este cuaderno digital en varios momentos de su existencia y que rescato hoy por su pertinencia en los tiempos que corren. Es curioso constatar que sólo unos días antes de que entráramos de lleno el año pasado en el confinamiento de la pandemia, concretamente el 29 de febrero de 2020, escribí una reflexión sobre estas cuestiones, que considero de Estado, bajo el título Ideología para transformar la sociedad: ¿por qué te vas?, que conserva plenamente su actualidad sin cambiar apenas una coma. Juzgue usted, lector o lectora de estas líneas:

Estamos atravesando una crisis importante de ideologías. No son inocentes y cualquiera no sirve para transformar el mundo y hacerlo más habitable, más amable y más confortable para todos. Sé que cuando se habla de esta realidad interior, personal o colectiva, rápidamente se nos tacha de utópicos equivocados de siglo. No lo percibo así, más aún cuando defiendo una ideología de marcado carácter social que ayuda a cambiar ese mundo que no nos gusta, a veces tan próximo que incluso nos asusta.

Navegando en esta patera frágil de la vida, en la que suelo embarcar a diario, suelo recurrir a un recurso barato (no está en el mercado), que es soñar despierto, creando historias imaginables e incluso reales como la vida misma. Vivo rodeado de personas que sueñan con un mundo diferente, porque no les gusta el actual, porque hay que cambiarlo. A mí me gusta ir más allá, es decir, el mundo hay que transformarlo. Pero surge siempre la pregunta incómoda, ¿cómo?, si las eminencias del lugar, cualquier lugar, dicen que eso es imposible, una utopía, un desiderátum, como si ser singular fuera un principio extraterrestre, un ente de razón que no tiene futuro alguno. No me resigno a aceptarlo y por esta razón sigo yendo con frecuencia de mi corazón y sueños a mis asuntos, del timbo al tambo, como decía García Márquez en sus cuentos peregrinos, buscando como Diógenes personas con las que compartir formas diferentes de ser y estar en el mundo, que sean capaces de ilusionarse con alguien o por algo. De soñar creando, porque los ojos, cuando están cerrados, preguntan.

Estas razones anteriores me han recordado una pregunta que hice en un post que escribí en este cuaderno digital en 2015, Ideología, ¿por qué te vas?, que vuelvo a publicar a continuación. Creo que mantiene su vigencia en su fondo y forma. Tenemos derecho a soñar despiertos y las ideologías de izquierda siguen siendo imprescindibles para transformar este mundo que a muchos no nos gusta.

Geraldine Chaplin y Ana Torrent en Cría Cuervos, dirigida por Carlos Saura

Ideología, ¿por qué te vas?

Tengo asociada esta pregunta a la escena de Cría cuervos, excelente película de Carlos Saura, que se estrenó dos meses después de la muerte de Franco, en la que Ana (Ana Torrent) la bailaba con sus hermanas. Es probable que los censores no comprendieran el trasfondo de la película que jugaba con el retrato político de España en esos momentos. La he recordado hoy al conocer la investigación científica que se ha desarrollado por la Universidad de Washington en la que se ha descubierto que los cuervos aprenden cuando a un miembro de su especie no le van bien las cosas: “La presencia del cuervo muerto podía decir a los otros pájaros que un lugar es peligroso y debería visitarse con precaución. Los graznidos ruidosos que emiten los pájaros podrían ser una forma de compartir información con el resto del grupo”.

Me ha parecido una metáfora que se puede aplicar a las personas y sus creencias políticas que se ausentan de nuestras vidas y de nuestros proyectos vitales e ideológicos, donde nadie es imprescindible, aunque a veces sí necesarios, porque los seres humanos pertenecemos a ese club selecto de atención a lo que ocurre alrededor de la muerte y sólo nosotros sabemos qué ocurre cuando desaparecen las ideologías. Deberíamos aprender de esta situación y de sus circunstancias, por qué no están, por qué se fueron o los echaron, por qué les corrompió la política y murieron para la decencia y la dignidad y por qué no dejan pasar a personas más jóvenes, más dignas, que saben cambiar las cosas en este momento en el que hay muchas cosas que cambiar. Así podríamos compartir la información veraz con los miembros de nuestros grupos humanos más queridos, para no volver a pisar caminos que no se deben andar.

Cualquier parecido de esta reflexión política con la realidad actual, no es como en el cine pura coincidencia. Aunque recuerde ahora a Carlos Saura escuchando esta canción de Jeanette como telón de fondo de una situación de España que como a él, en 1975, me agrada cada vez menos. Es la ideología, pero ¿por qué se va?

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

El gran poder de la lectura llega al alma de La Candelaria

ISA LEE 2021: niños de la barriada de La Candelaria protagonizan el acto anual de Iniciativa Sevilla Abierta por la Feria del Libro de Sevilla

Sevilla, 1/XI/2021

Ayer pude tocar el cielo del gran poder de la lectura en el acto organizado en la Feria del Libro 2021, en Sevilla, por la Asociación Iniciativa Sevilla Abierta, ISA LEE, con la participación este año de niños de la barriada de La Candelaria, una de las tres que conforman Los Tres Barrios-Amate, un conglomerado urbanístico donde se da uno de los mayores índices de pobreza severa en la ciudad de Sevilla, sostenida en el tiempo, desde que personalmente los conocí en los años sesenta del siglo pasado. Por esta razón me emocionó el acto de ayer porque pude comprobar el significado que puede llegar a tener esta lectura llevada a cabo en la Feria del Libro de esta ciudad.

El acto tuvo lugar ayer en la Carpa situada en la Plaza Nueva, con un título programático que tenía un sentido especial: “DESCUBRIENDO LA PERI-FERIA. Un viaje de Ida y Vuelta”, que es muy importante contextualizar porque tenía el alma de La Candelaria: “La vuelta a la Feria del Libro, tras el periodo de pandemia, empezó en la segunda semana de marzo del 2020, cuando visitamos la asociación AES Candelaria y comprobamos la vida que fluía allí, con un transitar de mayores y niños, de maestros y de alumnos, de madres y bebés, de diferentes procedencias, con distintos acentos y vestimentas, pero nadie parado ni desatendido, era como el centro de integración de los no integrados. Desde que conocimos la fecha de celebración de la Feria del Libro de Sevilla estamos trabajando para llevar ese hervidero humano de la peri-feria al centro de la ciudad, representado aquí por la Feria del Libro, a través de la literatura, contada por sus propios actores. Hemos seleccionado unos textos literarios que cumplan un efecto saludable (provechoso para un fin, particularmente para el bien del alma), que serán leídos, recitados o cantados; y en algunos casos, elaborados por los niños que acuden a la Asociación Educativa y Social (AES Candelaria), situada en el barrio de La Candelaria, en el sector Tres Barrios-Amate. Estos alumnos provienen de diversos países y territorios, y queremos que participen en el principal encuentro cultural de nuestra ciudad, mostrando la importante e ignota labor que realiza esta asociación, a través del hilo conductor de la literatura. La presidenta de la AES Candelaria, Estrella Pérez, durante la situación de pandemia vivida recientemente, sintió el riesgo de desaparición de este oasis de acogida, generosidad y apoyo que constituye la sede en una zona tan vulnerable como son los barrios periféricos; y, en su carta de auxilio a la sociedad, además de recordar la necesidad de un apoyo económico para su sustentación y continuidad, resaltó sus deseos para con sus alumnos con estas palabras: “Hay que confiar en la vida”, “La vida es un proceso de aprendizaje” y “Los alumnos deben aprender por sí mismos de sus propios descubrimientos”. Hemos querido en este viaje de ida y vuelta, resaltar el proceso educativo que juega esta asociación, acercándonos a sus actores, tanto a los enseñantes voluntarios como a los niños, ciudadanos que necesitan alimentarse de nutrientes y de ideas, porque el hecho de enseñar a nuestros semejantes y de aprender de nuestros semejantes es más importante para el establecimiento de nuestra humanidad que cualquiera de los conocimientos concretos que así se perpetúan o transmiten”.

El programa del acto, que se puede leer completo en la dirección web de la Asociación Iniciativa Sevilla Abierta, cumplió su objetivo, en el que se pudo comprobar que el gran poder de la lectura estaba en el alma de La Candelaria, a través de los niños y niñas del barrio, también de los pedagogos de la Asociación Educativa y Social (AES Candelaria), que leyeron textos de Albert Camus, Eduardo Galeano, Carmen Laforet y Federico García Lorca, a los que acompañé con un texto mío que reproduzco a continuación, del que se leyó un fragmento:

La lectura enseña el arte para vivir

Federico García Lorca junto a su hermana Isabel, con un libro en sus manos (1914)

Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita y ¿dónde están esos libros?
¡Libros! ¡Libros! Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: «amor, amor», y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras.

Federico García Lorca, en la Alocución al pueblo de Fuente Vaqueros, con motivo de la inauguración de la biblioteca pública (septiembre, 1931)

Uno de los placeres más útiles, en el código ético de Nuccio Ordine, es el de la lectura. Así lo confirma también una escritora extraordinaria, Irene Vallejo, en su libro canónico “El infinito en un junco”, que recomiendo leer en un acto de agradecimiento reverencial a la historia de los libros: “Hablemos por un momento de ti, que lees estas líneas. Ahora mismo, con el libro abierto entre las manos, te dedicas a una actividad misteriosa e inquietante, aunque la costumbre te impide asombrarte por lo que haces. Piénsalo bien. Estás en silencio, recorriendo con la vista hileras de letras que tienen sentido para ti y te comunican ideas independientes del mundo que te rodea ahora mismo. Te has retirado, por decirlo así, a una habitación interior donde te hablan personas ausentes, es decir, fantasmas visibles solo para ti (en este caso, mi yo espectral) y donde el tiempo pasa al compás de tu interés o tu aburrimiento. Has creado una realidad paralela parecida a la ilusión cinematográfica, una realidad que depende solo de ti. Tú puedes, en cualquier momento, apartar los ojos de estos párrafos y volver a participar en la acción y el movimiento del mundo exterior. Pero mientras tanto permaneces al margen, donde tú has elegido estar. Hay un aura casi mágica en todo esto”.

Personalmente, considero la lectura como el arte para vivir, para aprender a leer las señales de la vida, porque hablar y escribir es solo cosa de personas. Leer, igual. Es una maravilla constatar que estamos preparados desde la preconcepción y a través del cerebro, para leer, cuando todo está conjuntado para comenzar a unir letras y grabarlas con unas determinadas formas en el cerebro. Agregando, además, sentimientos y emociones, de forma indisoluble, en relación con lo que nuestro cerebro lee. La lectura es un acto de libertad intelectual que se modula a lo largo de la vida, convirtiéndose poco a poco en arte. Desde la escuela infantil y hasta los últimos días de la vida, tenemos millones de posibilidades de leer todo lo que se pone por delante para invitarnos a dar forma a unos caracteres que en sí mismo no son nada sin nuestra intervención personal e intransferible, porque aunque alguna vez leamos algunas palabras junto a alguien, lo que se graba en cada cerebro es irrepetible. Como si fuéramos bibliotecas ambulantes conteniendo siempre lecturas diferentes de textos llenos de palabras sueltas o frases que hemos acumulado en ellas a lo largo de la vida.

La mercadotecnia se ha apropiado del aserto de Gracián, lo bueno si breve dos veces bueno, dando igual la calidad o no de lo breve. La mensajería instantánea, por ejemplo, donde WhatsApp se ha convertido en un claro exponente de la brevedad, así como los tuits, se han apropiado de la lectura por excelencia en los micromundos personales y de redes sociales. En un modo de vivir tan rápido como el actual, la lectura pausada y continua es un estorbo para muchas personas, donde el libro supone además un reto casi inalcanzable para el interés humano de supervivencia diaria.

Nos quedan las palabras… en los libros. En estos momentos tan delicados para la humanidad por los estragos de la pandemia, tenemos la obligación ética de hacer una operación rescate de placeres útiles como el de la lectura, proclamándola como medio de descubrimiento de la palabra articulada en frases preciosas, cuando lo que se lee nos permite comprender la capacidad humana de aprehender la realidad de la palabra escrita o hablada. Maravillosa experiencia que se convierte en arte cuando la cuidamos en el día a día, aunque paradójicamente tengamos que aprender el arte de leer cuando vamos siendo mayores, porque la realidad amarga es que no lo sabemos hacer, ni hay un compromiso de Estado para que España lea: “¿Pero qué queremos decir con “saber leer”? Conocer el alfabeto y las reglas gramaticales básicas de nuestro idioma, y con estas habilidades descifrar un texto, una noticia en un periódico, un cartel publicitario, un manual de instrucciones… Pero existe otra etapa de este aprendizaje, y es ésta la que verdaderamente nos convierte en lectores. Ocurre algunas afortunadas veces, cuando un texto lo permite, y entonces la lectura nos lleva a explorar más profunda y extensamente el texto escrito, revelándonos nuestras propias experiencias esenciales y nuestros temores secretos, puestos en palabras para hacerlos realmente nuestros” (Manguel, Alberto (2015, 18 de abril). Consumidores, no lectores. El País, Babelia, p. 7).

He comprendido muy bien el interés de Irene Vallejo por ilusionarnos con la lectura, retirándome por unos momentos, al preparar estas líneas, “a una habitación interior” donde me han hablado personas ausentes, es decir, fantasmas visibles solo para mi (en este caso, Federico García Lorca, Nuccio Ordine, Irene Vallejo y Alberto Manguel, entre otros autores) y donde el tiempo pasa al compás de mi interés por escribir de la mejor forma posible, porque comprender y compartir lo que leo es bello y la mejor vacuna contra los males del sinvivir de cada día. De ahí mi amor por las bibliotecas, las “clínicas del alma”, donde aprendo cada día el arte de vivir con dignidad, apasionadamente.

Al finalizar el acto, el Zorongo de Federico García Lorca elevó nuestro espíritu lector y solidario con La Candelaria a las alturas del cielo de Federico, con la lectura hecha por una niña del barrio, Paula Bellido, a la que acompañó el baile de Daniela Camacho, otra convecina, que nos dejó cautivados por la forma de expresar el sentimiento de unas palabras que no se olvidan: La luna es un pozo chico, las flores no valen nada, lo que valen son tus brazos, cuando de noche me abrazan. Es verdad que el gran poder de la lectura ha llegado para quedarse en el alma de La Candelaria.

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Camila Jaber es cenote, una flor que se convierte en jardín del Océano

YO SOY CENOTE. Vídeo premiado en Create COP26, protagonizado por Camila Jaber y dirigido por Daan Verhoeven

Sevilla, 31/X/2021

En una competición de apnea celebrada en Honduras en 2017, Camila Jaber consiguió el cuarto lugar del campeonato mundial en la categoría de peso constante sin aletas (CNF, por sus siglas en inglés), al descender 56 metros en 2 minutos con 20 segundos, lejos todavía del récord de 102 metros de su coach, William Trubridge. En aquella ocasión recordó una frase de Frida Kahlo, que no olvida: pies, para qué los quiero, si tengo alas para volar, porque lo hacía hacia la profundidad del océano con el impulso de sus brazos y cuerpo. En su breve autobiografía, Camila Jaber se presenta como “apneísta por elección y soñadora de naturaleza. El sentimiento de libertad en el agua, y la conexión que sientes con el mundo marino cuando practicas apnea es incomparable. Participo en proyectos de conservación, en campañas de concientización, estudio Ingeniería en Innovación y Desarrollo con enfoque en Sostenibilidad. Soy una embajadora del empoderamiento de la mujer en mi país y voluntaria en iniciativas que buscan reducir el gran margen de clases sociales. Viajar, explorar y perseguir atardeceres son mis pasatiempos favoritos”.

Si importante fue aquél triunfo de esta estudiante de Ingeniería en Innovación y Desarrollo, en la Universidad de Monterrey (México), más lo ha sido haber ganado cuatro años después el certamen Create COP26, apoyado por una ONG y la Unesco, dentro de la Cumbre Climática de Glasgow, Escocia, que comienza hoy, por su compromiso con la crisis mundial del agua, los problemas de los océanos y de los ecosistemas de agua dulce, creando con sus inmersiones auténticas obras de arte como respuesta simbólica ante la industria del turismo, por ejemplo, para que ésta reconozca su contribución destructiva a esta crisis y al cambio climático. También como aviso constante sobre los vertidos de aguas residuales de su país al océano.

Camila se presenta también de una forma muy atractiva por su origen mexicano, prendada de la cultura maya: “Yo soy cenote, soy flores que se convierten en jardines, soy una montaña subacuática o un bosque. Soy donde se encuentran el río y el mar”, tal y como describe Camila durante poco más de dos minutos la belleza y fragilidad de varios de los miles de cenotes de la península de Yucatán y la Riviera Maya mientras bucea, a través del vídeo que ha obtenido el premio citado en Create COP26, protagonizado por ella y dirigido por Daan Verhoeven, en colaboración con el proyecto Gran Acuífero Maya, que explica de forma excelente qué es un celote: “Entre los mitos más populares de las culturas antiguas están aquellos protagonizados por mujeres mágicas, poderosas y en muchos casos, malignas. Por ejemplo, las sirenas, criaturas acuáticas que encarnan a la mujer fatal de la mitología griega, eran conocidas por seducir a los marineros con sus dulces voces para arrastrarlos a la muerte. En la península de Yucatán, aún puede escucharse hablar de la Xtabay, (mujer – serpiente), relacionada también con el agua, ya que, en algunas leyendas mayas, este personaje surge de los cenotes (cuevas inundadas); su belleza y peculiar aroma son sus principales armas de seducción, y sus víctimas son hombres embriagados y perdidos. En el Estado de México, se habla de la Tlanchana, del náhuatl: atl, agua; tonan, madre; chane, ser o espíritu mágico. Según la leyenda, en la zona lacustre de la entidad existía una mujer con la mitad del cuerpo en forma de serpiente acuática, ataviada con corona y collares, y en la cintura llevaba peces, acociles y ajolotes. Dependiendo de su estado de ánimo hacía permisible o no, la pesca. Su canto, belleza y poder de transformación en una mujer de cuerpo completo, eran sus mejores trucos para seducir a los pescadores y arrastrarlos al fondo de la laguna”.

Contemplar el vídeo premiado, secuencia a secuencia, nos permite tomar conciencia de su compromiso social con el agua y los cenotes del Yucatán, viendo las imágenes, bellas por sí mismas, así como escuchando atentamente el mensaje de Camila:

“Yo soy cenote, soy luz y oscuridad. Mis aguas se adornan con cortinas de rayos de luz y se transforman en magia. Estoy vivo. Yo soy cenote. Soy flores que se convierten en jardines, soy una montaña subacuática o un bosque. Soy colorido y vibrante. Soy donde se encuentran el río con el mar. Contengo tus memorias más queridas y tus sueños más grandes. La naturaleza me ha permitido ser ambos, el principio y el fin. Yo soy Cenote. Soy movimiento y quietud. Soy raíces y árboles. Mis aguas desencadenan ciclos de vida. Mis aguas alimentan el suelo árido sobre mí. Mis aguas nutren desinteresadamente. Soy necesario. Yo soy Cenote. Yo soy Cenote. Soy la fuente de vida para la selva sobre mí. Te causaré asombro y daré inspiración. Mis aguas son sagradas y contienen secretos. Estoy dispuesto a compartirlos, si prestas atención. Yo soy Cenote. Estoy contaminado. Soy parte de un sistema complejo pero vulnerable. Aguas residuales y fertilizantes se filtran por el suelo hasta llegar a mí. Necesito tu ayuda tanto como tu necesitas la mía. Necesito tu ayuda”.

Quizás sea un mensaje expuesto en el proyecto al que dedica gran parte de su tiempo, Gran Acuífero Maya, el que sintetiza bien el significado de su obra recordando sus ancestros mayas: “En pleno Siglo XXI, existen «mujeres mágicas», con habilidades extraordinarias, como aquellas que protagonizan estos mitos antiguos. Sólo que en este caso, son mujeres reales, de carne y hueso y con un mensaje positivo. Como Camila Jaber, quien a base de esfuerzo y disciplina ha desarrollado la capacidad de ir a las entrañas de la Tierra, el mundo acuoso donde todo nace. Y consigo trae un mensaje importante: la conservación de una de las reservas de agua y del patrimonio cultural, más importantes del mundo”. Y, obviamente, alumbran estas palabras lo que Camila quiere decirnos cuando afirma de forma rotunda que ella es “cenote”: “Como embajadora del Proyecto Gran Acuífero Maya (GAM), con su voz y sus movimientos que se funden con el agua misma, Camila personifica un Cenote y nos muestra lo vulnerable que es el acuífero de la península de Yucatán”. Excelente trabajo y mensaje de una mujer imprescindible. Gracias, Camila.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Las cartas de Mozart son el espejo de su alma musical e inquieta

Sevilla, 29/X/2021

Acudo con frecuencia a compartir con Mozart su música excelente y su azarosa vida para conocerle mejor. En este sentido, la Fundación Juan March dedica a partir de hoy y hasta el 21 de mayo de 2022, un ciclo musical bajo el título Mozart a través de sus cartas, que nos ayudarán a conocer detalles muy importantes de su azarosa vida, porque “La vida de Mozart nos es conocida, en buena medida, a través de su epistolario. Las innumerables cartas escritas por el compositor, por su padre y por otras personas de su entorno describen con detalle sus continuos viajes, sus tribulaciones más íntimas o la génesis de algunas de sus obras. Este ciclo de siete conciertos, articulados en torno a siete lugares e hitos destacados en la biografía mozartiana, presenta algunas de las creaciones más relevantes de su catálogo camerístico en combinación con la lectura de sus cartas, que iluminan el contexto compositivo y vital del compositor salzburgués”.

Además, han preparado un programa de mano excelente, que recomiendo leer íntegramente, página a página, con una introducción magnífica, Hacer público lo que fue privado: las cartas de Mozart, de Alberto Hernández Mateos, que nos da una perspectiva de sumo interés sobre las cartas originales y cruzadas de Mozart y su familia: “El epistolario mozartiano reúne un ingente número de cartas que hace posible profundizar en la vida y el pensamiento del genio de Salzburgo. Pero, si a las cartas escritas o recibidas por el propio Mozart se añaden las de su padre, Leopold, las de su hermana, Nannerl, y las de su esposa, Constanze, se obtiene un conjunto documental que permite reconstruir numerosos aspectos de la vida cotidiana, de la cultura y del modo de pensar que van más allá de las circunstancias personales o familiares de los Mozart y se extienden a cuantos habitaron en la Europa del siglo XVIII”.

El programa también presenta unas palabras del experto musicólogo, Luis Gago, como un acicate para conocer la extensa correspondencia de Mozart, unas doscientas cartas escritas entre 1756 y 1791, que nos ofrecen “una visión privilegiada de la gestación, la cronología y los estrenos de muchas de sus obras, pero su interés va mucho más allá, puesto que constituyen asimismo un testimonio de primera mano de cómo se viajaba por Europa en la segunda mitad del siglo XVIII, de cómo era acogido el compositor en las numerosas ciudades que visitó, de sus relaciones con la realeza y la aristocracia, de sus luchas profesionales para sobrevivir como músico independiente y de las circunstancias que rodearon la interpretación de su música. Su correspondencia es, además, un documento invaluable para trazar un completo perfil psicológico del autor de La flauta mágica, que se autorretrata sin pudor y con una insólita franqueza en sus juicios y en sus confesiones, de ahí que, al margen de su interés musical, aquella posea una trascendencia literaria y autobiográfica excepcional. Las cartas, en fin, arrojan mucha luz –que ha sido interpretada de maneras muy diferentes– sobre la complejísima relación del compositor con su padre, Leopold, una figura crucial en su desarrollo personal y profesional”.

En medio de tanto ruido mundano, la música de Mozart nos puede elevar temporalmente a su cielo. He elegido en estas horas de espera a la inauguración del ciclo, la primera obra que lo abrirá, Sonata en Sol mayor KV 283 (Allegro, Andante y Presto), en este caso interpretada por un joven Daniel Barenboim con su maestría pianística, aunque estaré expectante con la que esta tarde llevará a cabo Alba Ventura, al piano, con las voces en off de Carlos Hipólito, como Mozart y María Adánez, como Anna Maria Mozart, la madre del compositor. El ciclo respeta una cronología en lugares donde Mozart regaló al mundo su forma de interpretar la vida: Mannheim, 1777. Sonatas para piano; Viena, 1791. El Réquiem; Viena, 1781-1783. El triunfo del contrapunto; Viena, 1785. Diálogos con Haydn; París, 1778. Mozart desolado; Viena, 1786-1788. Tríos con piano y Londres, 1764. Junto al Bach inglés. Invito desde este cuaderno digital a seguir de cerca este ciclo de siete conciertos, leer atentamente el programa de mano de forma recurrente para asimilar lo allí expuesto y seguir disfrutando de la música del compositor salzburgués al que tanto admiro y aprecio. ¡Pasen, lean y escuchen!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

La Peri-Feria de Sevilla leerá con alma en la Feria del Libro 2021

ISA LEE 2021: niños de la barriada de La Candelaria protagonizan el acto anual de Iniciativa Sevilla Abierta por la Feria del Libro de Sevilla

Sevilla, 28/X/2021

Ya he manifestado en varias páginas de este cuaderno digital que Sevilla más que una ciudad de librerías es de bares, mucho más en plena pandemia, cuando resalté su importancia al considerarlas un sector esencial para las personas. Quizás sea por estos antecedentes que la celebración de la Feria del Libro este año es un acontecimiento especial preparado siempre con mucho esmero por la Asociación Feria del Libro de Sevilla que, en esta ocasión se presenta con un mensaje muy atractivo, Una vida en cada página, en un contexto tan especial como el actual y cuando ya estamos a plena luz del día después de haber atravesado un túnel muy largo, oscuro y angosto por la pandemia, que tantos daños colaterales ha causado, entre ellos a la cultura en general.

Ante esta situación quiero compartir hoy un acontecimiento especial que se celebrará el próximo domingo 31 de octubre, ISA LEE, a las 18:00 horas, en la Carpa de la Feria del Libro situada en la Plaza Nueva, promovido por la Asociación Iniciativa Sevilla Abierta y con un título programático que tiene un sentido especial: “DESCUBRIENDO LA PERI-FERIA. Un viaje de Ida y Vuelta”. Es muy importante contextualizar este evento porque tiene alma, según lo presenta oficialmente la Asociación ISA: “La vuelta a la Feria del Libro, tras el periodo de pandemia, empezó en la segunda semana de marzo del 2020, cuando visitamos la asociación AES Candelaria y comprobamos la vida que fluía allí, con un transitar de mayores y niños, de maestros y de alumnos, de madres y bebés, de diferentes procedencias, con distintos acentos y vestimentas, pero nadie parado ni desatendido, era como el centro de integración de los no integrados. Desde que conocimos la fecha de celebración de la Feria del Libro de Sevilla estamos trabajando para llevar ese hervidero humano de la peri-feria al centro de la ciudad, representado aquí por la Feria del Libro, a través de la literatura, contada por sus propios actores. Hemos seleccionado unos textos literarios que cumplan un efecto saludable (provechoso para un fin, particularmente para el bien del alma), que serán leídos, recitados o cantados; y en algunos casos, elaborados por los niños que acuden a la Asociación Educativa y Social (AES Candelaria), situada en el barrio de La Candelaria, en el sector Tres Barrios-Amate. Estos alumnos provienen de diversos países y territorios, y queremos que participen en el principal encuentro cultural de nuestra ciudad, mostrando la importante e ignota labor que realiza esta asociación, a través del hilo conductor de la literatura. La presidenta de la AES Candelaria, Estrella Pérez, durante la situación de pandemia vivida recientemente, sintió el riesgo de desaparición de este oasis de acogida, generosidad y apoyo que constituye la sede en una zona tan vulnerable como son los barrios periféricos; y, en su carta de auxilio a la sociedad, además de recordar la necesidad de un apoyo económico para su sustentación y continuidad, resaltó sus deseos para con sus alumnos con estas palabras: “Hay que confiar en la vida”, “La vida es un proceso de aprendizaje” y “Los alumnos deben aprender por sí mismos de sus propios descubrimientos”. Hemos querido en este viaje de ida y vuelta, resaltar el proceso educativo que juega esta asociación, acercándonos a sus actores, tanto a los enseñantes voluntarios como a los niños, ciudadanos que necesitan alimentarse de nutrientes y de ideas, porque el hecho de enseñar a nuestros semejantes y de aprender de nuestros semejantes es más importante para el establecimiento de nuestra humanidad que cualquiera de los conocimientos concretos que así se perpetúan o transmiten”.

El programa completo del acto se puede leer completo en esta dirección web de la Asociación Iniciativa Sevilla Abierta. Es una obligación ética acompañar a los protagonistas de este evento y animo a estar allí el próximo domingo 31 de octubre, a partir de las 18:00 horas, en el que se leerán 4 textos aportados por los socios de ISA y se cantarán 2 Raps elaborados por los alumnos de la AES Candelaria, que representarán el alma de la periferia de Sevilla a través de los libros. Es lo que aprendí hace ya muchos años de Gabriel García Márquez por el mensaje que dedicó a los lectores de Cien Años de Soledad, que según nos contaba en un discurso pronunciado en Cartagena de Indias en 2007: “[…] son hoy una comunidad que si viviera en un mismo pedazo de tierra, sería uno de los veinte países más poblados del mundo. No se trata de una afirmación jactanciosa. Al contrario, quiero apenas mostrar que ahí está una gigantesca cantidad de personas que han demostrado con su hábito de lectura que tienen un alma abierta para ser llenada con mensajes en castellano”.

El domingo, muchas personas de la Peri-Feria de Sevilla, llenarán su alma de palabras escritas para ellos también. Sobre todo para ellos, entre los que se encuentran los nadies, a los que nos enseñó a identificar Eduardo Galeano, los hijos de nadie, los dueños de nada. Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida. Para que Sevilla no los olvide, porque viven junto a nosotros, muy cerca, en la Peri-Feria de la ciudad.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

¿Quién tiene la culpa de que suba el pan?

¿Quién tiene la culpa si la paloma sueña ser águila?
¿Quién tiene la culpa de que la flor se muera de espaldas?
¿Quién tiene la culpa de la indiferencia que cierra los ojos para la decencia y los abre grandes a las apariencias
?

Ni yo ni usted ni el vecino, ni siquiera sus parientes, la culpa de todo esto, la tiene la gente (BIS)

María y Federico, ¿Quién tiene la culpa?

Sevilla, 27/X/2021

Dicho y hecho. Cada vez que sufrimos una crisis social, en este caso la pandemia, sabemos que sube el pan, como una metáfora que también es realidad: cuando hablan…, sube el pan. Además, de forma indiscriminada y otra vez surge la pregunta de siempre: ¿quién tiene la culpa entre los que hablan…? Llevo años recordando esta pregunta, que la tengo catalogada como la del millón de euros, para entendernos, y en este cuaderno digital he recogido bastantes reflexiones al respecto. En este sentido, vuelvo a recoger una reflexión que hice en 2015, sobre un hilo conductor que viene ahora a colación: la culpa de todo “esto”, de los que tanto hablan, de los charlatanes de humo, no la tiene la gente común, sino determinadas personas que controlan el mundo con sólo pulsar una tecla de sus ordenadores financieros. De acuerdo con Groucho Marx, estamos alcanzando con nuestro único esfuerzo las más altas cotas de la miseria, viniendo la humanidad de la nada, pero es muy importante distinguir bien quién tiene la culpa de lo que está sucediendo alrededor de la crisis generalizada o miseria obscena que nos rodea y quiénes son los culpables directos de la misma, porque todos no somos iguales, ni somos partícipes de la misma forma en lo que está ocurriendo. Estamos en un momento muy delicado como para seguir aceptando que la culpa no está identificada, porque no es así.

Las personas de mi generación, que ya han superado con creces los setenta años, hemos crecido con un capítulo de culpas en nuestras espaldas, con nuestro único esfuerzo, según Groucho de nuevo, muy alentado por las tesis creacionistas que alentaron el pecado original como la causa de todos los males actuales, aunque siga defendiendo que el primer problema que desató la culpa en el ser humano no fue la manzana del paraíso sino la soledad humana, cuando el primer hombre y la primera mujer decidieron cambiarse de sitio y comunicarse con los demás, dándonos cuenta que convivir es difícil como lo ha demostrado la democracia, afortunadamente, durante tantos siglos, dando vida diaria a los capítulos de culpa de cada uno y de todos en general: “Adán y Eva… no fueron expulsados. Se mudaron a otro Paraíso. Recuerdo que hace años esta frase formaba parte de una campaña publicitaria de una empresa que vendía productos para el exterior en la aldea global. Rápidamente la he asociado a mi cultura clásica de creencias, en su primera fase de necesidad y no de azar (la persona necesita creer, de acuerdo con Ferrater Mora) y he imaginado -gracias a la inteligencia creadora- una vuelta atrás en la historia del ser humano donde las primeras narraciones bíblicas pudieran imputar la soberbia humana, el pecado, no a una manzana sino a una mudanza. Entonces entenderíamos bien por qué nuestros antepasados decidieron salir a pasear desde África, hace millones de años y darse una vuelta al mundo. Vamos, mudarse de sitio. Y al final de esta microhistoria, un representante de aquellos maravillosos viajeros decide escribir al revés, desde Sevilla, lo aprendido. Lo creído con tanto esfuerzo. Aunque siendo sincero, me entusiasma una parte del relato primero de la creación donde al crear Dios al hombre y a la mujer, la interpretación del traductor de la vida introdujo por primera vez un adverbio “muy” (meod, en hebreo) -no inocente- que marcó la diferencia con los demás seres vivos: y vio Dios que muy bueno. Seguro que ya se habían mudado de Paraíso” (1).

No hace falta ser Einstein para identificar los culpables actuales de lo que está ocurriendo en el mundo abierto que crearon nuestros antepasados hace millones de años y del que ahora estamos saliendo a duras penas a través del túnel del coronavirus. Son los que han organizado la respuesta a la soledad de los viajes humanos mediante cualquier capital, ofreciendo a precio de préstamo los placeres de la vida, alejándonos del esfuerzo y de la educación ante la adversidad, porque al final, dicen, todo se puede comprar con dinero, incluso a plazos que cuestan la misma vida cumplirlos. Es fácil entonces poner nombres y apellidos a los culpables de lo que está ocurriendo con la crisis actual postpandemia y en torno siempre al capital: personas y sociedades mercantiles, bancos y cajas, Gobiernos y Partidos de aquí y allá, de derechas e izquierdas, empresarios sin escrúpulos, proteccionistas de la economía sumergida, expertos en silencios cómplices, porque poderoso caballero es don dinero, porque de todo hay en el Paraíso del Señor, al que se lanzaron desenfrenadamente nuestros primeros padres, según los creacionistas y así les fue, teniendo que salir de él con lo puesto. Los que profesamos fe en la evolución, también nos encontramos con que algunos inician de la misma forma este viaje hacia ninguna parte, empeñados en encontrar siempre El Dorado de nuestras vidas, no respetando para nada lo que dice la ciencia: que desde África se emprendió otro viaje apasionante de creación de la humanidad actual, abandonando aquellos antropoides sus usos y costumbres personales y familiares de toda la vida, donde queremos volver muchas veces desesperadamente, en gritos ecológicos de vida lenta y alternativos a las costumbres tan arraigadas en la sociedad actual de consumo a cualquier precio, de conversión mundial a la mercancía.

Me niego a admitir que todos somos iguales respecto de la culpa original de lo que está ocurriendo. El pan sube, sólo es un ejemplo, porque la economía –poderoso caballero es don dinero– habla constantemente y nos envía mensajes de comportamiento conforme a los patrones de los hombres de negro. Ahora, la culpa la tiene el elevado coste de la energía eléctrica. Mañana…, no sabemos. Tenemos un origen común, sin lugar a duda, una condición humana que compartimos, probablemente complicada y compleja, pero muchas personas, millones, no son culpables de nada, porque a esa señora, la culpa, nunca se la han presentado, ni se han quedado con su cara, no la conocen. Unos pocos, vinculados casi siempre a los fondos de inversión y que caben en un taxi, deciden hoy, en este momento, en un piso de cualquier rascacielos de Manhattan, cómo se reparte hoy la miseria del mundo y la respuesta es pulsar un botón para distribuirla, nada más. Esa acción no está al alcance de cualquiera y la mayoría silenciosa o ruidosa mundial no acaba de entender nunca por qué viniendo de donde venimos, ya sean creacionistas o evolucionistas, estamos alcanzando la más alta cota de la miseria actual. Y lo que es peor, con el solo esfuerzo de algunos que han demostrado hasta la saciedad que no son inocentes. De lo que estoy convencido es de que la culpa de todo esto no la tenemos ni yo, ni usted, ni el vecino, ni siquiera sus parientes, ni la gente común, mucho menos los nadies de Galeano, los hijos de nadie, los dueños de nada. Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida.

(1) Cobeña Fernández, José Antonio (2011). ¿Por qué existe el mal?: http://www.joseantoniocobena.com/?p=2151

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Dinero público, tiempo público y espacio público

Sevilla, 26/X/2021

A Blanca, la protagonista de una novela entrañable de Antonio Muñoz Molina, En ausencia de Blanca, no le gustaba pronunciar la palabra “funcionario”, aludiendo a Mario, su marido. Cuando Blanca quería referirse a las personas que más detestaba, las rutinarias, las monótonas, las incapaces de cualquier rasgo de imaginación, decía: “son funcionarios mentales”. Como “ex” de la Administración Pública, me permito escribir hoy sobre una realidad que viví en mi tiempo público, en su conjunción con el dinero público y el espacio público, a lo que personalmente llamaba “tríada capitolina” para reconocer que estas tres realidades deberían ser “sagradas” para cualquier funcionario durante su ejercicio de la función pública, como fueron en Roma el conjunto de “dioses” que normalmente formaban grupos de tres. Lo hago porque detesto esa realidad que narraba Muñoz Molina en la novela citada. Además, lo hago porque en España es urgente atacar un problema estructural en la Administración, para que se aborde de una vez por todas una nueva forma de “administrar públicamente” el país a través de sus sedes centrales y las de las Comunidades Autónomas o en cualquiera de sus manifestaciones posibles, incluido el teletrabajo.

Los padres de la patria fueron muy sabios cuando sólo dedicaron en la Constitución un artículo a la Administración, el 103, que siempre está bajo la dirección del Gobierno correspondiente, que “ejerce la función ejecutiva y la potestad reglamentaria de acuerdo con la Constitución y las leyes”, y que dice lo siguiente: “1. La Administración Pública sirve con objetividad los intereses generales y actúa de acuerdo con los principios de eficacia, jerarquía, descentralización, desconcentración y coordinación, con sometimiento pleno a la ley y al Derecho. 2. Los órganos de la Administración del Estado son creados, regidos y coordinados de acuerdo con la ley. 3. La ley regulará el estatuto de los funcionarios públicos, el acceso a la función pública de acuerdo con los principios de mérito y capacidad, las peculiaridades del ejercicio de su derecho a sindicación, el sistema de incompatibilidades y las garantías para la imparcialidad en el ejercicio de sus funciones”.

Siendo esto así, la regulación actual de los empleados públicos se encuentra desarrollada en el Real Decreto Legislativo 5/2015, de 30 de octubre, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley del Estatuto Básico del Empleado Público, en el que se recogen los doce “fundamentos de actuación de los funcionarios públicos”: a) servicio a los ciudadanos y a los intereses generales; b) Igualdad, mérito y capacidad en el acceso y en la promoción profesional; c) Sometimiento pleno a la ley y al Derecho; d) Igualdad de trato entre mujeres y hombres; e) Objetividad, profesionalidad e imparcialidad en el servicio garantizadas con la inamovilidad en la condición de funcionario de carrera; f) Eficacia en la planificación y gestión de los recursos humanos; g) Desarrollo y cualificación profesional permanente de los empleados públicos; h) Transparencia; i) Evaluación y responsabilidad en la gestión; j) Jerarquía en la atribución, ordenación y desempeño de las funciones y tareas; k) Negociación colectiva y participación, a través de los representantes, en la determinación de las condiciones de empleo y l) Cooperación entre las Administraciones Públicas en la regulación y gestión del empleo público.

No es el momento de reproducir el comentario del texto del citado Real Decreto, pero sí de reforzar la denominada tríada capitolina como muestra de que el respeto al espacio, tiempo y dinero, públicos, pueden ser una muestra palpable para la ciudadanía de una nueva forma de ser funcionario en la Administración Pública. Durante mi etapa de empleado público, crecí también junto a la reiterada referencia a Larra, ¡vuelva usted mañana!, en todos los años de dedicación plena a la función pública: educativa, sanitaria y tributaria, construyendo en contrapartida, en mi trabajo diario, lo que llamaba “segundos de credibilidad pública”. Me ha pesado mucho la baja autoestima, ¿larriana?, que se percibía en el seno de la Administración Pública por una situación vergonzante que muchas veces no coincide con la realidad, porque desde dentro de la misma Administración hay manifestaciones larvadas, latentes y manifiestas (valga la redundancia) de un “¡hasta aquí hemos llegado!” por parte de empleadas y empleados públicos excelentes, que tienen que convivir a diario con otras empleadas y empleados públicos que reproducen hasta la saciedad a Larra (a veces, digitalizado, porque el desorden también se digitaliza) y que hacen polvo la imagen auténtica y verdadera que existe también en la trastienda pública. Y muchas empleadas y empleados públicos piensan que la batalla está perdida, unos por la llamada “politización” de la función pública, olvidando por cierto que la responsabilidad sobre la Administración Pública es siempre del Gobierno correspondiente, como he explicado anteriormente, y otros porque piensan que el actual diseño legislativo de la función pública acusa el paso de los años y que la entrada en tromba de las diferentes Administraciones Públicas de las Comunidades Autónomas, obligan a una difícil convivencia de la legislación sustantiva sobre el particular con las llamadas “peculiaridades” de cada territorio autónomo.

Si estamos de acuerdo en que la Administración está sustentada por el Artículo 103 de la Constitución, debemos reconocer que fue un alarde de inteligencia pública de la sociedad española en 1978, no dedicar más que un artículo al difícil entramado que sustenta la función pública, porque la regulación actual del empleado público en este país establece los principios generales aplicables al conjunto de las relaciones de empleo público, empezando por el de servicio a los ciudadanos y al interés general. La Constitución habla de servicio objetivo a los “intereses generales”, no a los propios del aparato administrativo, a través de cinco principios que deberíamos grabar en letras de oro en la entrada de cada edificio, despacho y oficinas, de base pública: eficacia, jerarquía, descentralización, desconcentración y coordinación, y del sometimiento pleno a la ley y al Derecho. Sabiendo, además, que la tríada capitolina de la Administración obliga a los empleados públicos a respetar sus “fundamentos de actuación” [sic], porque éstos se desarrollan en un espacio público, también privado en alguna ocasión por el teletrabajo pero con entorno digital público, en un tiempo público que se debe respetar de principio a fin porque no es de los “funcionarios” sólo sino, fundamentalmente, de los ciudadanos, a los que hay que atender o en la prestación de servicios a la propia Administración y, finalmente, porque se recibe una remuneración de dinero público que parte de los Presupuestos generales del Estado o de las Comunidades Autónomas correspondientes, en los que la ciudadanía participa a través de los impuestos correspondientes.

Los que defendemos la cultura del deber público, de la ética pública declarada y publicada, hemos acogido siempre con gran satisfacción la regulación general de los deberes básicos de los empleados públicos, fundada en principios éticos y reglas de comportamiento, lo que llega a constituir un auténtico código de conducta, sabiendo que la condición de empleado público no sólo comporta derechos, sino también una especial responsabilidad y obligaciones específicas para con los ciudadanos, la propia Administración y las necesidades del servicio. Lo importante es defender la “cultura” de lo público que por desgracia está en continuo proceso de demolición por intereses espurios. El constructo “cultura de lo público” tendrá que contrarrestar el estado del arte actual de lo que siente la ciudadanía respecto del servicio público, quizá bien valorado en servicios directos, como ha podido ser el de la salud en la pandemia actual, pero muy criticado en otros ámbitos administrativos y de gestión donde interviene mucho la denostada “burocracia” con tintes de Larra, hecho patente, por ejemplo, en la ralentización de la percepción del Ingreso Mínimo Vital de reciente implantación en el país. Los ciudadanos sabemos apreciar siempre a los empleados públicos que respetan el espacio, tiempo y dinero, públicos, una tríada ética capitolina que no se debería olvidar como “fundamento de actuación”, siendo conscientes de que la «credibilidad pública» cuesta mucho ganarla, pero que se pierde desgraciadamente en segundos de espacio, tiempo o dinero, públicos, mal empleados.

NOTA: la imagen es una fotocomposición en la que figura un plano del edificio «Torretriana», una de las sedes de la Administración de la Junta de Andalucía en Sevilla y una imagen que representa el teletrabajo en un nuevo concepto de «espacio público».

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El Sistema Nacional de Salud ingresa en la Unidad de Cuidados Intensivos

Sevilla, 25/X/2021

Hace bastante tiempo que quiero escribir una reflexión profunda y breve sobre la realidad actual del Sistema Nacional de Salud (SNS) en España, con el que me siento muy identificado desde la perspectiva personal y profesional. A lo largo de la pandemia he escrito en este cuaderno digital, en numerosas ocasiones, sobre el comportamiento impecable del Sistema Nacional de Salud, con reconocimiento expreso a sus profesionales sin dejar a nadie atrás, pero ahora me ha empujado hacerlo de nuevo al conocer los datos que ha aportado la Asociación Empresarial del Seguro (UNESPA), correspondientes al primer semestre de este año, en los que el número de personas con pólizas de asistencia sanitaria creció un 4,4% entre 2019 y 2020, el incremento interanual más abultado desde 2011, superando los 11 millones de personas aseguradas (incluyendo los mutualistas), que suponen ya más del 23% de la población española. Evidentemente, no es el único problema que desenmascara la desestructuración y demolición progresiva de la sanidad pública, sino el síntoma evidente de que algo grave está pasando en su ordenación y organización financiera y administrativa, que la llevan a ingresar urgentemente en la Unidad de Cuidados Intensivos Políticos, Presupuestarios y Organizacionales del Estado, porque esta entrada masiva de la población en la Sanidad Privada es por algo que hay que analizar y atender con urgencia para devolver a la Sanidad Pública su excelente valoración ciudadana hasta hace unos años, coincidentes sin lugar a dudas con la crisis financiera mundial iniciada en 2008 y que dura ya trece largos y duros años, con una descapitalización progresiva y silente de financiación y de profesionales sanitarios verdaderamente alarmante.

Es cierto que el estrés que ha sufrido la Sanidad Pública durante el año y medio de pandemia por la COVID-19, ha sido algo excepcional y mantenido en esta travesía tan difícil, que ha supuesto poner al límite al Sistema y que ha dado muestras de sus fisuras a pesar del trabajo excepcional de sus profesionales, sin dejar a ninguno atrás y que nunca les reconoceremos de forma suficiente, digna y justa. Pero a través de esas fisuras hemos visualizado también problemas estructurales que han llevado a esta Sanidad Pública, enferma de financiación y de falta de profesionales, junto a graves problemas organizativos, a una situación límite que exigiría en estos momentos un Pacto de Estado, en el que se debería partir del reconocimiento de la salud como pilar básico del llamado Estado de Bienestar, como derecho fundamental que es en este país, donde se deberían abordar los problemas sustantivos de presente y futuro, así como las peculiaridades del Estado de Autonomías y de los Sistemas de Salud descentralizados, para finalizar en una legislación de rango sustantivo para todo el país. Este Pacto de Estado debería evitar discriminaciones de todo tipo y salvaguardar exclusivamente el interés sanitario general, basado en el principio de equidad, como precepto constitucional que no se debería olvidar nunca, teniendo siempre en mente la realidad flagrante de la pobreza severa en el país, donde cualquier enfermedad hace siempre especial mella.

Somos muy dados de apabullar con números estos análisis, que aburren a quien se acerca a atisbar soluciones, pero he comenzado estas palabras denunciando que algo grave pasa con la sanidad pública cuando hay esta sangría de personas afiliadas al Sistema Nacional de Salud que se pasan a la Sanidad Privada por múltiples razones, pero fundamentalmente porque los fallos organizativos en las citas médicas tanto de atención primaria, como especializada y listas de espera impresentables para cirugías de todo tipo, han llevado a estas personas a buscar un aseguramiento que en esta etapa coyuntural del coronavirus, les atiendan de forma más razonable para ellos. Probablemente ya no retornarán, porque lo que viene en la Sanidad Pública, si no se abordan estos problemas estructurales que señalo, es verdaderamente lamentable. Véase, si no, los datos del Sistema Nacional de Salud a 31 de diciembre de 2020, en relación con las listas de espera, que son por sí mismos elocuentes: casi un 50% de los pacientes esperaron más de seis meses para tener una cita con el especialista, y el tiempo de espera medio para una operación era de 148 días, casi cinco meses. Las consultas con más demora son, por este orden: traumatología, dermatología y oftalmología. Ahora, además, la realidad de las demoras en la citas en atención primaria son también demostrativas de esta situación tan alarmante para la sociedad en general y, sobre todo, para los más débiles, los nadies, porque nunca tendrán otro soporte de atención a su salud que no sea el público.

Y llegados a este punto, quiero manifestar que en este Pacto de Estado, que debería coordinar el Gobierno Central, tienen cabida todas las fuerzas políticas del arco parlamentario, obviamente, aunque sepamos de antemano que determinadas posiciones no son inocentes y que algunas llevan años desmantelando los servicios públicos de salud en todo el país, de forma artera, camuflada y enrocada en supuestos principios de eficacia y eficiencia organizacional y administrativa que, cuando rascas un poco, no existen. Por tanto, hay que desenmascarar con urgencia la mediocridad sanitaria, que también existe, de muchos dirigentes políticos de este país.

Por otra parte, el hartazgo de los profesionales sanitarios del SNS al que ha llevado la situación tan extrema ahora por la pandemia, pero que ya venía avisando desde más de diez años, es decir, como síntoma de un problema estructural, no coyuntural, es algo que necesita ser abordado en ese Pacto de Estado con urgencia absoluta, para contener la sangría que también se está produciendo con los citados profesionales, dado que los que aún están en el Sistema no reciben una contraprestación económica acorde con su trabajo y conviviendo con agravios comparativos a nivel de Estado entre Servicios de Salud de las diferentes Comunidades. Igualmente, los profesionales que se van y en los que el Sistema Público ha invertido miles de euros en su formación, no son sustituidos de forma adecuada, entre otras cosas porque determinados especialistas no se suplen de forma inmediata. Tampoco las jubilaciones que ya se han dado y las que se avecinan, porque la edad media de los profesionales sanitarios de este país es bastante alta. Estas carencias las sobrellevan como pueden los profesionales que se quedan en el Sistema, con unas cargas de trabajo insoportables para ellos y para la ciudadanía, que se manifiesta sobre todo en la Atención Primaria y en la Especializada, con un sufrimiento agregado en determinadas especialidades que tradicionalmente han sido consideradas como “parientes pobres” del Sistema, como es el caso de la Salud Mental, entre otras. No olvido tampoco las ratios impresentables de profesionales/ciudadanos, con un déficit estructural que sólo espera milagros organizativos para salvar cada día la atención sanitaria en todos los niveles del Sistema, con esfuerzos heroicos ni reconocidos ni pagados como merecen.

Desde este blog escribo estas líneas de denuncia por el silencio cómplice, clamoroso, que se detecta en casi todos los niveles de responsabilidades públicas y privadas, porque hay cauces para establecer un clima de opinión que llegue ante las autoridades pertinentes para que se aborde el citado Pacto de Estado para reforzar el Sistema Nacional de Salud, aunque los silencios son más que evidentes. ¿A qué más hay que esperar? Las Mareas Blancas, por ejemplo, hacen lo que pueden, pero hay que crear un estado de opinión que sea favorable a este abordaje inmediato de soluciones para atender a una sanidad pública enferma, que necesita inmediatamente cuidados intensivos si no queremos que desaparezca a lo largo de los años, porque el deterioro va a más hasta alcanzar situaciones insostenibles, en las que la Sanidad Privada hará su agosto una vez más como gran solucionador, teórico, de todos los problemas actuales denunciados.

Analizar los datos del El seguro de salud en 2020 (2021), publicado por la Asociación Empresarial del Seguro (UNESPA), refrenda que por ejemplo, en Andalucía, la suscripción de pólizas de seguros de salud privada ha crecido seis puntos desde 2009, es decir, ha pasado del 15% de la población asegurada al 21%, ocupando en la actualidad el 8º puesto en la capilaridad del seguro privado de salud en el país. Personalmente, me ha preocupado mucho este dato y debería plantearnos qué es lo que provoca este incremento, como una manifestación más de que la sanidad pública tiene graves problemas estructurales sin resolver. Es sólo un síntoma, pero de momento sabemos que la enfermedad por la que atraviesa el Sistema Nacional de Salud es grave en su diagnóstico actual y que persiste en todo el territorio nacional desde hace tiempo.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Berthe Morisot pintó siempre el mejor blanco de su vida

Berthe Morisot, El espejo psiqué, 1876. Óleo sobre lienzo, 65 x 54 cm. Museo Nacional Thyssen-Bonermisza / Édouard Manet, Berthe Morisot, 1870, Museo de Orsay.

Hace ciento treinta años, después de visitar el país de las maravillas Alicia se metió en un espejo para descubrir el mundo al revés. Si Alicia renaciera en nuestros días, no necesitaría atravesar ningún espejo: le bastaría con asomarse a la ventana. Al fin del milenio, el mundo al revés está a la vista: es el mundo tal cual es, con la izquierda a la derecha, el ombligo en la espalda y la cabeza en los pies.

Eduardo Galeano, en Patas arriba. La escuela del mundo al revés

Sevilla, 21/X/2021

El Museo Thyssen-Bonermisza, el museo de todos, como figura en su cabecera y que se mantiene, efectivamente, gracias al dinero público que aportamos todos los ciudadanos a través de los impuestos directos e indirectos para pagar la permanencia de la exposición permanente en sus salas, proyecta la pintura como una manifestación cultural para todos, que hoy cobra especial interés general, desde mi perspectiva, por la obra de una pintora desconocida para muchas personas, Berthe Morisot (1841-1895), gran representante del impresionismo francés aunque silenciada por sus coetáneos, a la que el Museo dedicará a partir de noviembre una parte de su actividad bajo el formato de taller online y con el título de Cuentos populares y personajes femeninos, aunque sólo podrán acceder a él los llamados “Amigos del Museo”.

En el anuncio de esta actividad, figura un fragmento de una obra de la pintora francesa, Berthe Morisot,El espejo psiqué (1876), que me interesa conocer a fondo por una característica especial de esta artista: la utilización mágica del color blanco en muchas de sus obras. Es curioso constatar que esta obra figura en la actualidad como “no expuesta”, lo que da más valor si cabe a las palabras que dedico hoy a esta obra y a su autora. De acuerdo con la descripción oficial de esta obra por parte del Museo, “El espejo de vestir o La Psyché, como también se denomina, es uno de los lienzos que Berthe Morisot presentó en la Tercera Exposición Impresionista celebrada en 1877 en el piso alquilado por Gustave Caillebotte en el número 6 de la rue Le Peletier. Las numerosas menciones a la obra aparecidas en la prensa son prueba de la buena acogida que obtuvo la pintura. El ilustrador y crítico Bertall escribía: «Melle Morisot es muy admirada por sus fieles, por una escena de una muchacha en bata que coloca su corsé y por un boceto de mujer en tonos grises luminosos igual de elegante»; por su parte, Ballu destacaba «los blancos de su Psyché son de una calidad sorprendente»; y el mismo escritor Émile Zola, en su comentario del Salón, subrayaba «este año, la “Psyché” y “Muchacha en su tocador” son dos verdaderas perlas, en las que los grises y los blancos de las telas interpretan una sinfonía muy delicada». La pintura, ejecutada con una exquisita factura de suaves toques y una intensa luminosidad, nos muestra a una joven vistiéndose pausadamente en la soledad de su habitación frente al espejo de vestir, o psyché, estilo Imperio, que pertenecía a la pintora. La representación del mundo de los sentimientos femeninos fue un asunto tan permanente en la obra de Morisot que su amigo Paul Valéry solía decir que la pintora «vivía su pintura» y «pintaba su vida». […] Casada con Eugène Manet, hermano del pintor, con el que mantuvo una estrecha relación, y una de las fundadoras del grupo impresionista, Berthe Morisot estuvo preocupada de manera especial por el estudio de la luminosidad y el color y compartió el interés de los demás impresionistas por los reflejos de luz, de ahí la aparición de numerosos espejos en sus obras. Ahora bien, como ha señalado Tamar Garb, el tema de la toilette era también un pretexto para explorar un motivo tradicional de la pintura, ya que «se relaciona con el viejo tema de la vanidad, en el que Venus, o alguna otra figura femenina simbólica aparece representada contemplando su propio reflejo». El mismo título en francés — La Psyché— tiene un doble significado pues puede referirse tanto al nombre de la joven amada de Eros como a un tipo de espejo de cuerpo entero como el que aparece en esta pintura”.

Desconozco cómo se va a enfocar el análisis de esta obra en el taller online que citaba al comienzo de este artículo, pero estoy seguro de que destacará el doble sentido del “Psyché”, el espejo ante el que se mira la mujer que representa Morisot, porque esta pieza en los hogares del mundo siempre ofrece posibilidades de elaborar relatos preciosos en torno a la posibilidad de contemplarnos tal y como somos, aunque aquí se utilice la simbología del vestido, como el claro objeto del deseo de la pintora, ofreciendo una imagen que para el discreto de la burguesía parisina era como un insulto a su clase. El surrealismo que los acompañaba casi siempre, aunque encubierto, venía a dar la razón a una expresión muy gráfica, recordando el famoso letrero de las ventanillas de los trenes antiguos: “Prohibido asomarse al interior”, o sí, como estamos haciendo hoy al contemplar esta obra tan enigmática. Por si hay alguna duda, me quedo con el mensaje de Eduardo Galeano en su interpretación del espejo de Alicia en el País de las Maravillas, pero ahora en un mundo al revés: Hace ciento treinta años, después de visitar el país de las maravillas Alicia se metió en un espejo para descubrir el mundo al revés. Si Alicia renaciera en nuestros días, no necesitaría atravesar ningún espejo: le bastaría con asomarse a la ventana. Al fin del milenio, el mundo al revés está a la vista: es el mundo tal cual es, con la izquierda a la derecha, el ombligo en la espalda y la cabeza en los pies. Hoy, asomándonos al Psyché de Berthe Morisot.

Berthe Morisot, La cuna, 1872, Musée d’Orsay

Una cosa más. Quizás sea “La cuna” (1872) la obra que mejor representa el color blanco que con tanto esmero pintó Morisot a lo largo de su vida, en contraste con el negro tan presente en los alrededores de su existencia. La ternura de la imagen de una madre contemplando a su bebé en la cuna, concretamente su hermana Edma observando a su hija Blanca, de la que se atisba su cara a través de la trasparencia blanca del dosel de tul, en una diagonal mágica en la disposición de las manos de la madre y su hija, deja entrever el valor que dio a este color a lo largo de su vida, porque así la interpretaba a diario. Tenía razón su amigo Paul Valéry cuando afirmaba que Berthe Morisot “vivía su pintura” y “pintaba su vida”. Pintaba sus sentimientos en un mundo patriarcal que la silenciaba siempre y sólo a través del color blanco podía expresarlos con una fuerza mucho más fuerte que el viento, porque cuando sólo se pinta un color sin sentimiento, es eso, sólo un color en un mundo que casi siempre resuelve todo con fundidos a negro.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.