Los sueños jóvenes de África

XIV Festival de Músicas Urbanas en Anoumabo (FEMUA)

Sevilla, 8/VII/2022

Cuando todavía estamos recuperándonos anímicamente de lo sucedido en la frontera de Marruecos con España, en Melilla, donde murieron recientemente varias decenas de jóvenes subsaharianos, en su mayoría, que intentaban cumplir su sueños de vivir en un mundo mejor y más justo, he conocido una experiencia preciosa en Costa de Marfil, un lugar donde también está presente la migración descontrolada, a pesar de que hay un renacimiento de proyectos de jóvenes emprendedores en los que habitan sueños de realización personal, familiar y comunitaria que son la solución real y efectiva al problema de la citada migración hacia teóricos mundos mejores que, como comprueban la mayoría de las veces, no son tan reales ni se cumplen como muchos jóvenes quisieran, incluidas madres muy jóvenes que arriesgan su vida y las de sus hijos a pesar de todo, la mayoría de las veces en manos de mafias imperdonables y de tráfico de personas como en épocas de la esclavitud más feroz.

He conocido hoy algo que me ha emocionado porque creo que en experiencias como las que se narran en el reportaje en El País, Un continente donde los sueños tienen menos de 30 años, en su sección de blogs, en concreto, Planeta Futuro, porque he llegado a una isla desconocida que deseo compartir para su conocimiento, en su sentido más profundo. Además porque llevan razón: África no es un país, sino el continente con más futuro en el mundo. En el marco que ofrece el XIV Festival de Músicas Urbanas en Anoumabo (FEMUA), celebrado en Abril en Abiyán, Costa de Marfil, organizado por los miembros del legendario grupo Magic System y con ayuda de Europa, además de escenarios y música hubo “espacio para reflexionar, discutir y aprender a partir de las inquietudes de la población estudiantil de Costa de Marfil y sus países vecinos sobre el empleo, la probabilidad de conseguirlo o de lanzarse a los negocios. Por decirlo de otra manera, lo que se intenta desentrañar es la posibilidad de revertir los sueños de los jóvenes de África Occidental y cambiar la idea de migrar por la de aportar (incluso triunfar) en la propia sociedad”.

Me ha parecido una experiencia digna de admiración y una respuesta concreta, efectiva y digna al problema de la migración. Experiencias como estas son las que tienen que apoyarse por nuestro país, también, como símbolo de que deseamos erradicar la pobreza severa en África, convencidos de que allí se escribe y se diseña ya el futuro del mundo, aunque en un mundo de ciegos al color de la vida, no se quiera ver. Unas frases del reportaje creo que resumen el contenido fantástico de esta experiencia del FEMUA: “Son cientos los chicos y chicas de liceos de Abiyán que asisten a los foros matinales de este festival. Tienen menos de 18 años y prestan una desusada atención a los consejos de quienes hicieron el camino de emprender y les fue bien. Formulan preguntas y reciben respuestas certeras; por caso, Aziz, un adolescente de 15 años, que aprovecha la ronda de intervenciones del público para saber cómo debe actuar, en la práctica, para conseguir financiar su anhelo de vivir de lo que más le gusta en la vida: crear diseños de marroquinería. A él, Patricia Zoundi le ofrece el contacto de una diseñadora de accesorios de lujo que puede iniciarlo en la economía de escala de su sector. Así, en este espacio, hay intercambios de tarjetas de visita, se ceden contactos, se mencionan productos locales que han podido entrar al mercado con mayúsculas y se entretejen los primeros hilos de las redes”. Es importante resaltar que Patricia Zoundi sabe de lo que habla en este encuentro porque ella es cofundadora de la plataforma de transferencias Quick Cash y de Canaan Land, una compañía de agricultura inclusiva que busca integrar la producción de las pequeñas agricultoras en el mercado.

Una frase de este reportaje lo sintetiza todo en pocas palabras: “Por decirlo de otra manera, lo que se intenta desentrañar es la posibilidad de revertir los sueños de los jóvenes de África Occidental y cambiar la idea de migrar por la de aportar (incluso triunfar) en la propia sociedad”. Excelente hallazgo en mi viaje incansable hacia alguna parte, en patera, en busca de islas desconocidas que aporten valor a la sociedad para transformarla.

El festival FEMUA, fundado y dirigido por Salif Traoré, más conocido en el mundo musical como A’Salfo, líder del grupo Magic System, tiene claro cómo comprender bien los dos problemas principales de Costa de Marfil, el desempleo juvenil, rondando el 30% de la población en edad joven y la migración imposible. En una entrevista anterior, también publicada en El País, decía algo de sumo interés en relación con la edición este año del festival: “Cuando se quiere, se puede”, nos responde, si le preguntamos cuál es el desafío para quienes integran la diáspora europea, porque, “política, deportiva y culturalmente, hay muchas cosas por hacer”. Hay que saber volver para compartir, opina. “Y no hablo de la generosidad de donar dinero, hablo de compartir también la experiencia que uno ha obtenido”. Para A’Salfo, “mucha gente parte a Europa, y allí se quedan, se ‘integran’ (lo pronuncia con algo de sarcasmo) y se vuelven más blancos que los blancos”. El reto es, definitivamente, “regresar a África, ponerse al servicio de sus países e invertir en algo grande y bello por el continente”.

FEMUA nació para ayudar a los habitantes de Costa de Marfil con sus beneficios, fundamentalmente en las áreas de salud y educación. Prueba de ello es que gracias a lo recaudado, “han construido seis escuelas y, este año, se han comprometido a erigir otras tres, además de un centro maternal en el que se pueda parir con garantías sanitarias. Más de 8.000 niños, sobre todo de regiones rurales de Costa de Marfil, pueden ir ahora a escuelas cercanas a su domicilio, porque cuando un estudiante tiene que andar 5 kilómetros para ir al colegio va a dejarlo, o no come bien porque no puede volver a su casa al mediodía”, comenta el director”. Todo eso está bien, pero el desempleo y la migración existen en números desorbitantes, básicamente porque siendo un país muy rico en recursos naturales, la corrupción campea sus anchas. Ante esta realidad lacerante, que es una lacra mundial, Costa de Marfil ha hecho algo imprescindible, aunque nos parezca sorprendente en Europa: ha creado un ministerio de lucha contra la corrupción y un teléfono de denuncia: “Con un poco más de atención, la gangrena ha disminuido un poco”, afirman en la sede del Festival. Desde el 21 de abril de este año cuentan con un Ministerio de Fomento de la Buena Gobernanza y de la Lucha contra la Corrupción. Para no olvidarlo, junto con otro Ministerio de reciente creación, bastante aleccionador: de Reconciliación y Cohesión Nacional, en una ardiente impaciencia por la espera a que vuelvan algún día los jóvenes de Costa de Marfil que tuvieron que emprender un día ya lejano un viaje alguna parte que les permitiera cumplir un sueño joven, como el que correspondía a su edad.

Salif Traoré, fundador y director del FEMUA, conocido en el mundo musical como A’Salfo y líder del grupo Magic System, saltó al mundo en el Campeonato Mundial de Fútbol celebrado en Rusia en 2018, con su archiconocida canción elegida como himno oficial por la FIFA, Siente la magia en el aire, de la que destaco una estrofa: siente la magia en el aire, / vamos, vamos, vamos, / pon las manos en el aire hacia arriba, / vamos, vamos, vamos // No es sólo para las clases altas, / mi amigo sí cumple con los estándares de normalidad / únete a nosotros, nos divertiremos // Venimos de Anoumabo / Venimos del ghetto / para hacer que más asistentes digan / vamos, vamos, vamos.

A’Salfo y su grupo Magic System, nos enseñaron y lo siguen haciendo desde Costa de Marfil, con su canción, Siente la magia en el aire, que otro mundo es posible…, incluso en su propio país: ¡vamos, vamos, vamos!

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Jean-Louis Trintignant cumplió el sueño de los años más bellos de su vida

Jean-Louis Trintignant (1939-2022) / RTVE, Noticias

Sevilla, 29/VI/2022

El pasado 17 de junio falleció el actor francés Jean-Louis Trintignant, al que he dedicado artículos de elogio en este cuaderno digital en los últimos años, fundamentalmente por películas que me impactaron mucho en mi juventud y en la actualidad, como persona mayor, a través de Il sorpasso ( 1962) y Los años más bellos de una vida (2019). El cine es una isla conocida en mi vida, que siempre me lleva a otras por conocer, por su inagotable misión de acompañarme en singladuras continuas, viajando siempre hacia alguna parte diferente, frecuentando el futuro, en una búsqueda permanente de sentido a la vida.

Cuando escribí sobre Il sorpasso, dije que esta palabra había calado popularmente en nuestro país, sobre todo en el ámbito político, desde que Julio Anguita, el líder carismático del Partido Comunista de España y de Izquierda Unida en los años ochenta y noventa, la cooptó del partido comunista italiano. Su acepción más clara es “adelantamiento” y junto a “ferragosto” tuvimos la oportunidad en España de asociarlas siempre a través de una película de culto, Il sorpasso (1962), que en este país se tradujo, creo que de forma equivocada, por La escapada, quitándole la fuerza de la palabra en su país de origen. Esta película, una road movie en estado puro, la dirigió Dino Risi y sus dos protagonistas inolvidables fueron Vittorio Gassman y Jean-Louis Trintignant. Un auténtico «capolavoro», como resumen de la mism a en una bellísima palabra italiana, es decir, una obra maestra. Inolvidable el comentario de Bruno (Gassman) al comienzo de la película y recorriendo Roma con su vehículo en pleno mes de agosto: «Está todo cerrado, Roma parece un cementerio”. Más o menos, el tedio de la vida corriente que ahora nos ha llevado al sorpasso más auténtico y real en la vida de Trintignant.

El hilo conductor de aquella película de mi adolescencia en Madrid, es un exponente de la misma vida, de una huida hacia adelante que muchas veces llevamos a cabo cuando estamos desorientados, situación en la que, por cierto, estamos inmersos desde hace bastante tiempo, intentando salir día a día del túnel actual por el impacto permanente de la guerra de Ucrania y los daños colaterales, económicos sobre todo, de la pandemia. Es verdad que, imitando a Vittorio Gassman, podemos salir una tarde cualquiera de nuestra vida en busca de algo trivial para seguir viviendo y encontrar almas cándidas que nos ofrecen una solución inmediata a nuestra necesidad. Llamada telefónica, WhatsApp, redes sociales, cualquier oportunidad de salir fuera de nosotros una vez y volver a la ansiada normalidad existencial sin mezcla de prudencia alguna. Después, podemos acompañar a los dos protagonistas, Bruno Cortona (Vittorio Gassman) y Roberto Mariani (Jean-Louis Trintignant), ocupando una plaza en su Lancia Aurelia B24 Spider, como testigos de cargo de sus aventuras hacia ninguna parte y hasta el fatal sorpasso, al igual que nos puede ocurrir en la vida ordinaria, porque la huida hacia adelante no suele traer nada bueno. En el fondo, es el escapismo que vimos tantas veces practicar a Anthony Blake, un profesional de esta suerte de magia.

Un diálogo de la película, escogido por mí, resume bien el sentido metafórico del sorpasso italiano: “Parece que estamos en Inglaterra”, dice Bruno (Gassman), a lo que contesta Roberto (Trintignant): “¿por la campiña? “No, es que viajamos siempre por la izquierda…”, responde finalmente Bruno. Los sorpassi permanentes e imposibles de la película, con el trato vejatorio a las personas y vehículos a los que adelantan los protagonistas, son el reflejo de los adelantamientos innecesarios, peligrosos y suicidas de la vida, en una alocada huida hacia adelante. El principio de realidad debe ser aplicado siempre y Bruno, a pesar de su juventud, lo sabe: “Cada uno de nosotros tiene un recuerdo fallido de la infancia. ¿Sabes por qué siempre decimos que fue la época más hermosa? Porque en realidad ya no la recordamos como era”. Una de las razones para la huida del tedio de la vida con adelantamientos (sorpassi) arriesgados y peligrosos en el caminar diario que, al igual que en esta película de Gassman y Trintignant, pueden tener un final muy triste.

Hoy, al recordar de nuevo a Trintignant, quiero compartir con él un momento mágico de la película de Claude Lelouch, Los años más bellos de una vida (2019), rodada cincuenta y dos años después de su antecesora, Un hombre y una mujer (1966), con el trío de ases, Trintignant, Aimée y Lelouch, en el que los protagonistas resumen qué ha pasado en sus vidas e intentan detener el tiempo con una autofoto (selfi), palabra que no existía cuando tenían cincuenta años menos, en el marco tan querido de la playa de Dauville de fondo, donde habían transcurrido momentos para no olvidar hace ya mucho tiempo. Vi en su momento la película que motiva este estreno en España y la recuerdo casi plano a plano. Era muy joven, pero el amor me parecía posible incluso en experiencias extramatrimoniales como la de la película, en una España que helaba el corazón de quienes las vivían, porque no eran confesables. Comprendí bien el hilo conductor de la película, aunque casi no podía comentarla en su lado positivo porque el régimen estaba en todas partes. Es una mujer la que cincuenta años atrás había dicho “Te quiero”, un amor prohibido que asusta al hombre al que va destinado ese escueto mensaje. Era una mujer la que había tomado la iniciativa en un mundo tan cicatero, plagado de prohibiciones y controles del alma.

Cincuenta y dos años después, comprobé cómo ha avanzado el país en libertades. Hoy está integrado el argumento de fondo y todos comprendemos que dos personas mantengan en su persona de secreto el amor de juventud, sobre todo si fue verdadero. Quizá se deba a que Lelouch quiso dejar claro, plano a plano, el hilo conductor de la película resumido en una frase de Víctor Hugo: los mejores años de la vida son aquellos que aún no se han vivido. La película nos transmite realidades muy duras en la vida de las personas mayores: la enfermedad del olvido selectivo o Alzhéimer, la vida en común obligada cuando se vive en una residencia de mayores, la ausencia de movilidad en el sentido pleno de la palabra, las ausencias, las fiestas organizadas para alegrarnos la vida incluso cuando lo que se requiere es silencio interior, la soledad acompañada y sonora, los horizonte lejanos, la moviola de la vida disponible en los momentos que determinadas neuronas lo permiten, el amor alojado en neuronas que no se borran, los flashback que circundan la memoria de hipocampo, las sorpresas de quienes nos quieren de verdad. Escuché aquel año, atentamente, a Claude Lelouch en una entrevista cuando habla de la realidad de la mirada, porque los ojos nunca mienten, porque siempre nos queda la mirada de alguien a quien queremos. Ahora, recuerdo como si fuera ayer los silencios de las miradas de Jean-Louis Trintignant y Anouk Aimée en su reencuentro.

Por todas las razones expuestas echo de menos hoy a Lean-Louis Trintignant. Il sorpasso y Los años más bellos de una vida, me permiten soñar de nuevo, hacer viajes casi imposibles, utilizar la tecnología para perpetuar los reencuentros a través de un selfi (autofoto), porque da igual casi todo, excepto el amor verdadero: la autoridad, las prohibiciones, la cicatería en el amor. Los adelantamientos (sorpassi) éticos. Porque siempre quedará París, recorrida de punta a punta gracias a la cámara de Lelouch en un plano secuencia memorable, que utiliza un corto suyo de ocho minutos (Era una cita) para transmitirnos que el mundo solo tiene interés hacia adelante cuando respetamos el amor de cada presente. Incluso en las tinieblas del Alzhéimer, con una banda sonora de fondo gracias a Francis Lai. Incluso con los semáforos en rojo de la vida, sin necesidad de saltárselos o de entrar en calles con dirección prohibida, como vemos en los primeros planos de Il sorpasso. Sobre todo, si alguien nos espera al final de un largo camino y en una cita inolvidable para ser más felices. ¿O no se trata de eso en la vida?

Gracias, Jean-Louis Trintignant, porque al igual que hiciste tú siendo joven y, después, una persona mayor, aprendí de ti a cumplir los sueños de los años más bellos de mi vida. Lo sigo intentando todos los días porque, en este caso y en ambas películas, cualquier parecido con la realidad no es pura coincidencia.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Podemos ser leedores del baile flamenco

Seises, Festival Grec, Barcelona, 2 de julio de 2022

Israel Galván baila como respira, aunque a veces nos preguntemos si no se le para el corazón en el fondo de un remate

Georges Didi-Huberman, El bailaor de soledades

Sevilla, 28/VI/2022

Hace tan sólo unos meses escribía en este cuaderno digital sobre una realidad preciosa relacionada con el flamenco, la de los escuchaores, algo que resalté al cumplirse este año, en el próximo mes de junio, el centenario del primer Concurso de Cante Jondo, “canto primitivo andaluz”, tal y como rezaba en el cartel promocional del evento, celebrado en Granada en los días 13 y 14 de junio de 1922, organizado por Federico García Lorca y Manuel de Falla, en nombre y representación del Centro Artístico de la ciudad. Con tal motivo quise hacer un pequeño homenaje a una experiencia sentida por el público asistente al mismo, que García Lorca llevó a versos nacidos en su alma de secreto por el placer de convertirnos en “escuchaores” de esa forma de cantar tan arraigada en el dolor del pueblo andaluz. En dicho concurso no podían participar profesionales del cante, solo aficionados, para promocionar esta forma de expresarse el pueblo andaluz desde su base popular. Federico García Lorca hizo la presentación oficial del Concurso el 19 de febrero de 1922 en nombre del Centro Artístico de Granada, al que la prensa conocía también como la “Simpática Sociedad”, en el que figuraban también otros escritores y poetas contemporáneos, mediante una Conferencia que llevaba por título “Importancia histórica y artística del primitivo canto andaluz llamado cante jondo”, cuyas palabras finales no olvido: “A todos los que a través de su vida se han emocionado con la copla lejana que viene por el camino, a todos los que la paloma blanca del amor haya picado en su corazón maduro, a todos los amantes de la tradición engarzada con el porvenir, al que estudia en el libro como al que ara la tierra, les suplico respetuosamente que no dejen morir las apreciables joyas vivas de la raza, el inmenso tesoro milenario que cubre la superficie espiritual de Andalucía y que mediten bajo la noche de Granada la trascendencia patriótica del proyecto que unos artistas españoles presentamos”. Sé que mi deber como andaluz es convertirme en “escuchaor” de lo que Andalucía canta a través de su dolor, de su quejío.

En este contexto y cumpliendo con la misión de este cuaderno digital, descubrir islas desconocidas que nos llenen el alma de paz interior, transformando la sociedad hacia un mundo mejor, deseo compartir hoy, como leedor y escuchaor de lo que Andalucía baila desde la raíz de flamenco, porque podemos hacerlo desde una perspectiva entusiasta del trabajo de cada día, una vida, lo que sabe hacer y transmitir esta tierra. Efectivamente, ha ocurrido al leer una aventura apasionante que está preparando el bailaor Israel Galván, aquí en Sevilla, un espectáculo con un nombre vinculado íntimamente a esta ciudad y a sus creencias religiosas, Seises:La obra que ahora presenta surge de un movimiento de pies que Galván registra, o más bien ‘roba’, de esos diez niños vestidos con mallas, pantalones abombados, chaquetillas y sombreros aplumados, que tres veces al año realizan, en la Catedral de Sevilla, una danza sacra que tiene su origen en el siglo XV: los Seises. La obra, que se estrena este sábado 2 de julio en el Festival Grec, cuenta además con los más de treinta niños que conforman el coro de L’Escolanía de Montserrat” (1).

Convertirnos en leedores de la vida, al ser amantes de la lectura, según lo expresaba Francisco Sobrino en su Diccionario de 1705, nos hace posible comprenderla en su sentido más pleno. He leído que la música que entreteje su espectáculo está centrada en el músico italiano Domenico Scarlatti y en el Padre Soler, junto a un clavecín que acompaña sus pasos, su taconeo blando sobre un colchón, una nueva forma de transmitir lo que se siente al zapatear sin ruidos añadidos, una nueva forma de expresar el flamenco y “escucharlo” y «leerlo» a través de sus silencios: “En la obra comienzo con un calzado de los Seises y cuando me pongo las botas prefiero bailar en un colchón. Además, no quería pisar la música de Scarlatti. Quería que Scarlatti se me metiera dentro del cuerpo y que la música estuviese sin que yo hiciese ruido”, explica sobre esta obra en la que el músico italiano es medular. Scarlatti formó parte de la corte española de Fernando VI, a la que llegaría en 1729, justamente cuando el entonces infante contrajo matrimonio con la portuguesa Bárbara de Braganza en Sevilla. Momento en que el italiano conocería la música popular andaluza. “En aquellos entonces no había flamenco, pero su música está influenciada por la música de aquí, me recuerda mucho al rajeao de una guitarra. Tiene un ritmo y un aire que me recuerdan al flamenco, más incluso que el piano español o el bolero. Es más jondo. Dicen que Scarlatti se inspiró en los gitanos para su música, eso está escrito. Y yo, cuando veo a la Uchi [bailaora gitana, del elenco del espectáculo] bailar su música, cómo la coge ella a través de los movimientos flamencos que vienen de su familia, ves que casa fácil, natural. Y me digo, “ahí está la prueba de que Scarlatti vio a los gitanos”, explica Galván que ha realizado una selección de piezas del italiano donde “se ven esos acentos, ritmos de bulerías, de solea, de tango”, y sobre las que Galván baila como “un muñequito de reloj”. “Luego está la música del Padre Soler que es más hipnótica, pero es que Scarlatti parece un guitarrista de Jerez”, concluye”.

Sigo viviendo con la esperanza de que el dios que corresponda comprenda qué significa hoy ser andaluz o andaluza en Andalucía, más allá de los que nos llevan al diccionario de uso del andaluz corriente como una sola palabra, cuando lo que necesitamos es una definición urgente como personas con luz interior, pero con un enigma de fuego y nieve dentro, escuchaores y escuchaoras, leedores y leedoras, por definición cuando el pueblo canta, baila y clama a través de sus “palos”, como palabras hilvanadas en la melodía del dolor diario. Como Cernuda soñó un día esperando el alba de su tierra que, muchos años después, seguimos esperando para todos, sobre todo para los que menos tienen y no pueden salir a día de hoy de las jaulas de pobreza en que viven. Casi un millón de parados y otro millón de pensionistas en el umbral de pobreza, sin ir más lejos, que están entre los andaluces que llevan la soledad dentro, tal y como lo expresó Cernuda, nuestro paisano, que siempre soñó con el despertar del alba de la libertad y dignidad en Andalucía: “Sombra hecha de luz, / que templando repele, / es fuego con nieve / el andaluz. // Enigma al trasluz, / pues va entre gente solo, / es amor con odio / el andaluz. // Oh hermano mío, tú. / Dios, que te crea, / será quién comprenda / al andaluz. Con las letras de su cante jondo, desgarrado, al que escucho, leo y veo hoy, con atención reverencial, para seguir luchando y viviendo en pleno siglo XXI: no te creas si te dicen que ya no sufre [Andalucía], mi pueblo, porque aunque los pobres reímos y algunas veces cantamos, la procesión va por dentro (Ricardo Cantalapiedra), porque el quejío del flamenco, como escuchaor y leedor, no resbala por mi piel, sino que la modifica para siempre. He comprendido bien que escuchar el dolor actual de esta tierra es un elogio de la caricia o, si quieren, una exaltación de su impacto en mi alma de secreto, para honra de Andalucía y sus gentes, tal y como lo aprendí de las palabras de García Lorca pronunciadas en Granada hace tan solo cien años, en aquel concurso de cante jondo de 1922.

Hoy, como leedor del nuevo espectáculo de Israel Galván, Seises, que se estrenará el próximo sábado en el Festival Grec, sentiré de nuevo las palabras de García Lorca que permanecen vivas, como si no hubieran pasado cien años desde que las pronunciara en un día inolvidable, situándolas en el contexto actual: “A todos los que a través de su vida se han emocionado con la copla lejana que viene por el camino, a todos los que la paloma blanca del amor haya picado en su corazón maduro, a todos los amantes de la tradición engarzada con el porvenir, al que estudia en el libro como al que ara la tierra, les suplico respetuosamente que no dejen morir las apreciables joyas vivas de la raza, el inmenso tesoro milenario que cubre la superficie espiritual de Andalucía y que mediten bajo la noche de Barcelona [Granada, en el original] la trascendencia patriótica del proyecto que unos artistas españoles presentamos”, que Israel Galván y su Compañía presentan. Te lo agradezco, porque como andaluz, nos ayudas a seguir siendo un enigma precioso al trasluz de tu baile. Como leedor empedernido, sé que el filósofo francés Georges Didi-Huberman, dijo de ti en su obra El bailaor de soledades que bailas como respiras, “aunque a veces nos preguntemos si no se te para el corazón en el fondo de un remate”, partiendo de un hecho irrefutable, las soledades del barroco y las soleares del flamenco, porque cuando Israel Galván baila nos ofrece sus propias soledades, como otras tantas paradojas de la vida, de tal forma que su soledad sonora llega a cada una de las nuestras.

(1) El bailaor Israel Galván ensaya entre talleres de chapa y pintura (eldiario.es). Magnífico artículo que considero imprescindible leer como leedores de la vida y su cultura.

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CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

La ilusión puede volver, distinta, pero puede volver

Sevilla, 31/V/2022

Sigo muy de cerca la evolución de la salud mental en este país. En estos días he tenido la oportunidad de conocer con detalle la contribución social de una cantora, Rozalén, a través de una canción, Agarrarte a la vida, que explica en un reportaje reciente en el diario El País y que deberíamos leer y escuchar todos en sus explicaciones rotundas sobre el comportamiento humano ante el suicidio, porque estoy convencido de que como ciudadana cantora escribe y compone esta canción porque debe hacerlo, no sólo porque puede llevarlo a cabo como actividad principal de su vida, tal y como lo definía el cantor argentino de mi juventud Facundo Cabral, porque no es lo mismo poder que deber hacerlo. Creo que sus canciones nunca son inocentes, porque siempre se compromete con la vida de los que sufren y menos tienen. Un botón de muestra también es que siempre actúa acompañada de una profesional del lenguaje de signos para transmitir a personas discapacitadas los mensajes profundos que envuelven sus canciones.

En el caso que nos ocupa hoy, en sus últimas pre-ocupaciones como cantora, está el tema del suicidio, del que no se habla apenas en este país, cuando la realidad terca, que ya expuse en un artículo reciente, Namasté Victoria, es que el suicidio sigue siendo en España la primera causa externa de mortalidad, con cerca de cuatro mil fallecimientos al año, con una media de diez personas al día, lo que demuestra que algo grave está pasando en nuestro mundo más próximo cuando miles de personas se prohíben vivir a pesar de todo. En este contexto, conviene recordar que en el acto de presentación del Plan de Acción 2021-2024 Salud Mental y COVID-19, por parte del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, junto a la ministra de Sanidad, Carolina Darias, el pasado 9 de octubre, celebrado en La Moncloa con motivo del Día Mundial de la Salud Mental, el presidente afirmó que de acuerdo con la OMS “tener salud mental es tener un estado completo de bienestar físico, mental y social, y aquí es cuando te surgen las preguntas. ¿Cuántas personas a nuestro alrededor poseen ese estado de plenitud? ¿Cuántas veces a lo largo de nuestra vida nos sentimos en plenitud? En el día a día, incluso, ¿cuántas veces nos sentimos así y durante cuánto tiempo? Yo creo que ese bienestar está claro que no es fácil de conseguir y, por desgracia, para algunas personas es casi imposible y, sin embargo, es a lo que todos y todas debíamos de aspirar, también desde los poderes públicos, y es a construir una felicidad individual y también una felicidad colectiva”. Agregó también, en el contexto de la pandemia, «Que el 10,8% de la población española haya consumido tranquilizantes, relajantes o pastillas para dormir y el 4,5% haya tomado antidepresivos o estimulantes en los últimos días dice mucho del estado de salud de nuestra sociedad y de sus problemas estructurales» ha destacado. «Tenemos que analizarlos y hacerles frente con toda la responsabilidad y el poder que tiene el Estado, y también con el apoyo de las sociedades científicas. Nuestra responsabilidad es actuar».

Hizo una referencia muy próxima a la realidad vital de Verónica Forqué, cuando citó a la escritora Almudena Sánchez “en un libro publicado recientemente [Fármaco] sobre su depresión, y en el que decía lo siguiente: «es hora de que la fragilidad salga al escenario». Y aquí también habéis hecho referencia a la necesidad de visibilizar esta realidad. Y así es. Yo creo que es importante pasar del silencio al debate y del debate tenemos que pasar a la acción porque lo que es evidente es que no podemos normalizar que tantas personas necesiten pastillas para poder dormir o para poder levantarse y vivir. Tampoco podemos normalizar que el trabajo produzca ansiedad, no podemos normalizar que el sufrimiento se viva en soledad y tampoco que los cuidadores y cuidadoras de las personas que sufren también se sientan solos”.

Creo que junto a lo expresado de forma excelente y muy didáctica por Rozalén, a la que admiro, hace falta un gran debate de Estado sobre la salud mental, en el que se dé prioridad absoluta a la participación ciudadana y profesional vinculada a esta actividad de atención prioritaria de Estado, en todas sus manifestaciones posibles. Las primeras palabras de la escritora Almudena Sánchez traducen de forma espléndida lo que sentimos con la ausencia de Verónica Forqué y la catarata de preguntas que surgieron a raíz de su ausencia ¿voluntaria?, después de haber sufrido una depresión profunda: “El suicidio es un momento de no pensar. Es un acto que se hace con el corazón en agua hirviendo, como las langostas. No eres consciente hasta que ya no estás con los pies en la tierra, porque morirse es no estar. Es no participar. Hablarán de ti y no podrás intervenir. Verás a un niño con los ojos brillantes y no lo podrás abrazar. No puedes nada. Suicidarse es prohibirse”.

Hoy, me acerco de nuevo, en silencio, a la realidad del suicidio en este país, sobre todo de personas jóvenes, algunas muy cerca de nosotros, aunque la mayoría de los por qué en torno a la vida y muerte sigan sin respuesta en nuestro loco mundo de todos los días y a la espera, con la ardiente impaciencia de Neruda de que se atienda la salud mental como una emergencia nacional, de amplio espectro. Creo, firmemente, que “de Estado”. La fragilidad de vivir está muy presente en nuestras vidas, porque vuelvo a recordar el dato que me sobrecoge cada vez que lo escribo: el suicidio sigue siendo en España la primera causa externa de mortalidad, con cerca de cuatro mil fallecimientos al año, con una media de diez personas al día, lo que demuestra que acciones como las de Rozalén, con su compromiso como cantora de la vida, nos permiten pensar en que la ilusión de vivir puede volver en el difícil día a día, agarrándonos a la vida de la mejor forma que sabemos hacerlo, sin olvidar que “en esta orilla / Hay un ejército que lucha con amor / Sin juicios, ni culpas, ni reproches / Llevan por escudo un corazón.

Porque la ilusión puede volver / distinta, pero puede volver, incluso para los familiares y amigos de quienes un día jugaron a ser dios.

Agarrarte a la vida

Sé de los fantasmas que habitan en ti
Del pozo frío y oscuro del que no logras salir
De los cristales atravesando tu garganta gris
Y ya sólo contemplas una forma de dejar de sufrir
Pero también guardo en la memoria
Todos los momentos en los que te vi feliz
El brillo que emanaban tus ojos
Tu inconfundible forma de reír
Pero también sé que, tras la tormenta
Todas las nubes logran desaparecer
Y que tus flores heladas y marchitas
Vuelven nuevamente a florecer
La ilusión puede volver
Distinta, pero puede volver

Lo que daría por agarrarte a la vida
Conduciría a todos tus monstruos hacia el paredón
Lo que daría por agarrarte a la vida
Pero sólo tú, sólo tú puedes jugar a ser dios

Ven junto a este árbol
Cerremos los ojos al sol
Quiero que sientas cerca mis manos
Háblame de tu dolor
Aunque no entienda, me quedo a tu lado
Y apago la voz
A veces, la simple presencia
Es la mayor comprensión
Pero sé bien de esa escalera
Con la que sueñas, que te lleva hacia una luz
Y amarra fuerte a la tierra
Toda esta amarga esclavitud
Acuérdate de que en esta orilla
Hay un ejército que lucha con amor
Sin juicios, ni culpas, ni reproches
Llevan por escudo un corazón
La ilusión puede volver
Distinta, pero puede volver

Lo que daría por agarrarte a la vida
Conduciría a todos tus monstruos hacia el paredón
Lo que daría por agarrarte a la vida
Pero sólo tú, sólo tú puedes jugar a ser dios

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Cita con Saramago, buscando con él una isla, a veces habitada

Liberemos sin apuro la tierra donde ocurren milagros
como el agua, la piedra y la raíz.
Cada uno de nosotros es en este momento la vida.
Que eso nos baste.

José Saramago, En la isla a veces habitada

Sevilla, 27/V/2022

Ayer tuve un encuentro especial con Saramago, en un acto organizado por la Real Academia Sevillana de las Buenas Letras y la Fundación Cajasol, enmarcado en unas Jornadas en torno a su figura, bajo la denominación de Saramago. Las huellas de la literatura, de sus obras, de su vida, como dejaron constancia de ello las cuatro personas que intervinieron en la mesa redonda convocada a tal efecto. Moderó la Mesa, con una introducción excelente, la escritora y directora del Centro Andaluz de las Letras, Eva Díaz, junto a Pilar del Río, viuda del escritor y presidenta de la Fundación José Saramago, Mercedes de Pablos, escritora y periodista, y Juan Pinilla, periodista, escritor y cantor, que cerró el acto con un poema que cantó y sirvió de hilo conductor en el acto, En la isla a veces habitada (1), citado por todos los componentes de la mesa en diferentes variaciones sobre el mismo poema:

En la isla a veces habitada de lo que somos,
hay noches, mañanas y madrugadas
en que no necesitamos morir.
En ese momento sabemos todo lo que fue y será.
El mundo se nos aparece explicado definitivamente
y entra en nosotros una gran serenidad,
y se dicen las palabras que la significan.
Levantamos un puñado de tierra
y la apretamos en las manos. Con dulzura.

Allí está toda la verdad soportable:
el contorno, la voluntad y los límites.
Podemos en ese momento decir que somos libres,
con la paz y con la sonrisa de quien se reconoce
y viajó alrededor del mundo infatigable,
porque mordió el alma hasta sus huesos.
Liberemos sin apuro la tierra donde ocurren milagros
como el agua, la piedra y la raíz.
Cada uno de nosotros es en este momento la vida.
Que eso nos baste.

Pilar del Río, presentó su nuevo libro, La intuición de la isla. Los días de José Saramago en Lanzarote, del que ya hice una referencia expresa en mi artículo del pasado miércoles, Intuición desde la tegala de Saramago, a modo de presentación del libro de Pilar del Río y que ya he empezado a leer apasionadamente. A continuación hizo su presentación Mercedes de Pablos, sobre un libro que recogerá un retrato más íntimo sobre el escritor, fruto de su conocimiento personal a lo largo de los años, y que llevará por título, Saramago, la altura del hombre, de publicación inminente. Finalmente, Juan Pinilla, con un gracejo especial de deslumbramiento por la vida y obra del premio Nobel, desde su niñez rediviva, contó cómo lo descubrió y por qué le dedica páginas especiales de la conjunción del su pensamiento y sentimiento, envueltos en palabras desde el corazón, en su libro publicación próxima, El Nobel de lo imposible.

Afortunadamente, la organización de estas jornadas ha proporcionado la retransmisión directa del encuentro citado y animo a contemplarlo y escucharlo para no contaminar nada de lo que allí ocurrió, con momentos mágicos como el cierre del encuentro con el cantor y miembro de la mesa, Juan Pinilla, que abrochó el acto con el cante de las palabras de Saramago en su precioso poema, que nos conmovió a todos y que supuso una bocanada de aire fresco y esperanza ante la situación maltrecha de este país en su deriva actual hacia mares procelosos de ocaso e indignidad democrática.

(1) Saramago, José, en Provavelmente alegría, 2014, 7ª ed., Lisboa: Fundación José Saramago.

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CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

2.001 artículos, una odisea personal en el espacio digital

Cuando emprendas tu viaje a Ítaca 
pide que el camino sea largo, 
lleno de aventuras, lleno de experiencias. 
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón, 
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta 
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.

Constantino Cavafis, Ítaca

Sevilla, 22/V/2022

Al alcanzar hoy el número de 2.001 artículos (post) publicados en este cuaderno digital desde diciembre de 2005, traigo a mi memoria de hipocampo el objetivo que ya pretendió Stanley Kubrick, en 1968, con su película, 2001: una odisea del espacio, cuando manifestaba que era “una experiencia no verbal: de dos horas y 19 minutos de película, en la que sólo hay un poco menos de 40 minutos de diálogo. Traté de crear una experiencia visual que trascendiera las limitaciones del lenguaje y penetrara directamente en el subconsciente con su carga emotiva y filosófica. Quise que la película fuera una experiencia intensamente subjetiva que alcanzara al espectador a un nivel interno de conciencia como lo hace la música”. Salvando lo que haya que salvar, a lo largo de esta maravillosa experiencia he escrito millones de palabras, leídas a través de casi dos millones de visitas a este blog, desde su inicio el 11 de diciembre de 2005, pretendiendo siempre ser consecuente con su subtítulo, que sigue apareciendo desde su nacimiento, es decir, alcanzar con cada publicación un objetivo como resultado pretendido, al estilo Kubrick: buscar islas desconocidas todavía por descubrir en el sentido de “penetrar directamente en el subconsciente de cada persona, lector o lectora, con su carga emotiva y filosófica” en todos y cada uno de sus contenidos, con objeto de que cada artículo o post, fuera una experiencia intensamente subjetiva que alcanzara al lector a un nivel interno de conciencia como lo hace la música, tantas veces citada y reproducida en textos y contextos diferentes. Lo que puedo asegurar hoy al hacer un alto en este camino digital, es que ha sido un viaje largo, una odisea, en el sentido más clásico del término, en su primera acepción aceptada por el Diccionario de la RAE: viaje largo, en el que abundan las aventuras adversas, mis pre-ocupaciones (así, con guion), porque de todo hay en la viña del Señor de mis mayores, como cantaba mi paisano Antonio Machado, al que nunca he olvidado en esta bitácora o cuaderno de derrota, en lenguaje del mar.

Los que hemos optado por iniciar estos viajes a islas desconocidas, a lo largo de la vida y utilizando sólo la imaginación, sabemos que la recomendación a Ulises del viaje a Ítaca, según Constantino Cavafis, era una extraordinaria guía de viaje: Ten siempre a Ítaca en tu mente. / Llegar allí es tu destino. / Mas no apresures nunca el viaje. / Mejor que dure muchos años / y atracar, viejo ya, en la isla, / enriquecido de cuanto ganaste en el camino / sin esperar a que Ítaca te enriquezca. Después de estos casi diecisiete años de vida del blog, sólo sé que no sabemos lo que nos pasa y a la vuelta de cualquier viaje de norte a sur y de este a oeste en nuestro hemisferio particular e inquietante en esta etapa tan larga, concreta, viajando en “La isla desconocida”, la carabela metafórica de José Saramago en “El cuento de la isla desconocida”, protagonizado por el protagonista del mismo a modo del Ulises que casi todos llevamos dentro, puede que nos ocurra también como al protagonista de un poema de Ángel González, Los ilusos de Ulises, que tampoco olvido: Siempre, después de un viaje, / una mirada terca se aferra a lo que busca, / y es un hueco sombrío, una luz pavorosa / tan sólo lo que tocan los ojos del que vuelve. // Fidelidad, afán inútil. / ¿Quién tuvo la arrogancia de intentarte? / Nadie ha sido capaz / -ni aun los que han muerto- / de destejer la trama / de los días.

Hoy, al publicar el artículo 2.001, pienso que sigue existiendo el misterio de las trama de cada día, difícil de destejer. Yo he buscado entre las páginas de los poemas de Ángel González alguna solución a este dilema existencial y lo único que he encontrado en sus notas de viajero son unas referencias en su primera página de estas notas que también son inquietantes, referidas contextualmente a una visión de su estancia en Washington: Siempre es igual aquí el verano: / sofocante y violento. / Pero, / hace muy pocos años todavía / este paisaje no era así. Era / más limpio y apacible -me cuentan, / más apacible, más sereno. Cambiando lo que haya que cambiar, el misterio sigue estando en destejer la trama de cada día, de cada viaje hacia alguna parte. Algo que he procurado respetar al enfrentarme a la página en blanco en cada publicación en este blog, pretendiendo siempre ser fiel a Ítalo Calvino, para decir algo esencial. Probablemente, habría que editar urgentemente una nueva guía de viajes, la guía Cavafis, para aprender la clave de todo viaje que, en muchas ocasiones, es una mudanza al interior de nosotros mismos. Así lo aprendí hace ya muchos años en un viaje que inicié en la carabela “La isla desconocida”, como he contado anteriormente, porque Saramago la ofreció al mundo a modo de guía para navegantes inquietos, que recomiendo como cita encontrada en la guía de Cavafis, guía imprescindible para personas aventureras que necesitan encontrar islas desconocidas, siguiendo el cuaderno de bitácora del propio Saramago y escuchando la voz protagonista de una mujer admirable que aplica siempre el principio de realidad en su vida: “Si no sales de ti, no llegas a saber quién eres, El filósofo del rey, cuando no tenía nada que hacer, se sentaba junto a mí, para verme zurcir las medias de los pajes, y a veces le daba por filosofar, decía que todo hombre es una isla, yo, como aquello no iba conmigo, visto que soy mujer, no le daba importancia, tú qué crees, Que es necesario salir de la isla para ver la isla, que no nos vemos si no nos salimos de nosotros, Si no salimos de nosotros mismos, quieres decir, No es igual…”. Así empezó la aventura de este blog, el 11 de diciembre de 2005, en una declaración de principios que no he olvidado jamás: “Inicio una etapa nueva en la búsqueda diaria de islas desconocidas. Internet es una oportunidad preciosa para localizar lugares que permitan ser sin necesidad de tener. La metáfora usada por Saramago será una realidad cuando ante el fenómeno de la hoja en blanco, teniendo la oportunidad de decir algo, esto sea diferente y sirva también para los demás. Puerta del Compromiso. Es lo que aprendí hace muchos años de Ítalo Calvino en su obra póstuma «Seis propuestas para el próximo milenio»: «…es un instante crucial, como cuando se empieza a escribir una novela… Es el instante de la elección: se nos ofrece la oportunidad de decirlo todo, de todos los modos posibles; y tenemos que llegar a decir algo, de una manera especial» (Ítalo Calvino, El arte de empezar y el arte de acabar)”.

La guía Cavafis me ofrece hoy claves importantes en sus versos finales para no equivocarme al continuar este viaje apasionante del blog, preparando siempre los avíos en tierra, antes de iniciar una nueva singladura, que no debo olvidar a pesar de este logro milenario: Ítaca te brindó tan hermoso viaje. / Sin ella no habrías emprendido el camino. / Pero no tiene ya nada que darte. / Aunque la halles pobre, Ítaca no te ha engañado. / Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia, / entenderás ya qué significan las Ítacas. Las de hoy, que también existen, las de siempre, abriendo una página de esta guía imaginaria de Cavafis redivivo, que no olvido: Que muchas sean las mañanas de verano / en que llegues -¡con qué placer y alegría!- / a puertos nunca vistos antes.

NOTA: la imagen de cabecera es un fotomontaje que he realizado sobre la portada de El cuento de la isla desconocida de José Saramago, en la versión en tailandés (เรื่องของเกาะที่ไม่รู้จัก), que pude tener en mis manos y hojear durante la visita a la biblioteca del premio Nobel en Tías (Lanzarote), en el mes de agosto de 2010, casi unos días después de su fallecimiento.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

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Aceras con alfombras del jacarandá

Tiempo del jacarandá. Letra del compositor uruguayo Osiris Rodríguez Castillos. Música y Voz del cantor argentino Eduardo Falú

Sevilla, 15/V/2022

Cada año me emociona la belleza de esta ciudad con sus aceras a modo de alfombras del jacarandá. Recurro a mi memoria de hipocampo y recuerdo palabra a palabra lo que tantas veces he escrito ya sobre este regalo de la naturaleza en esta sacrosanta ciudad. Esta mañana, en el amanecer maravilloso de esta ciudad, en la que Stefan Zweig me recuerda todos los días que se puede ser feliz, he caminado a través de alfombras de jacarandá, sorteando sus flores para no hacerles daño. Me acompaña de nuevo, en este día de mayo, Eduardo Falú, que rescata de mi banda sonora de secreto una canción preciosa, Tiempo del Jacarandá, una zamba con profundas raíces argentinas compuesta y cantada por él, con letra de Osiris Rodríguez Castillos. Sevilla se llena de alfombras dos veces al año gracias a las flores del jacarandá, árbol traído desde América a través del Río Grande (Guadalquivir, al-wādi al-kabīr). Estos días hay que pasear con cuidado para no estropear estas obras de arte de la naturaleza en el amanecer precioso de la ciudad, cuando adornan las aceras que tanto amaba la urbanista Jane Jacobs, en una ciudad diseñada por personas que fueron respetuosas a través de su historia con la naturaleza, la sociedad, sus habitantes y… Dios, cuatro creencias necesarias según Ferrater Mora cuando estamos atravesando cualquier encrucijada de la vida.

Por aquí y por allá se llenan las aceras de un manto de flores con tonos violáceos, acampanadas, efímeras, que nos obligan a ser cuidadosos para no estropearlas ni pisarlas, después de que se ofrezcan a millares como un regalo fuera de la dinámica de los mercados, porque todavía no las han convertido en mercancía. Cualquiera puede recogerlas del suelo y preparar un ramillete de libre composición donde lo único que cuenta es la sensibilidad del respeto a un bien entregado por la propia naturaleza, que sabe lo que entrega aunque es probable que ella dude de qué es lo que se recibe.

Jacarandá

Disputa su posición en la ciudad con las buganvillas ante miles de ojos buscadores de otra forma de admirarse y ver como transcurre la cotidianidad de la vida vestida con vistosos colores, porque saben que Antonio Machado recomendó cómo utilizar el campo de la visión personal e intransferible: “El ojo que ves no es ojo porque tú lo veas; es ojo porque te ve”. Con él he paseado esta mañana por aceras-alfombras del jacarandá, buscando el sentido de un acertijo ético que escribió junto a su manera de ver a las otras personas, a la vida: Entre el vivir y el soñar hay una tercera cosa. Adivínala. Y buscando la mejor respuesta la he encontrado también en él: el despertar a nuevas sensaciones en tiempos revueltos, de turbación, donde a diferencia de la recomendación de Ignacio de Loyola, procuro hacer alguna mudanza cuando voy de mi corazón a mis asuntos: “Tras el vivir y el soñar, está lo que más importa: despertar”.

Sorteando un campo de flores, he sabido que ha llegado la hora de mi corazón: la hora de una esperanza y una desesperación, porque vivo en un contexto político muy preocupante. Hoy he salido a pasear de nuevo con Antonio Machado, un gran amigo de Sevilla, aunque fuera su hermano quien mejor la definiría como ciudad que a veces te deja sin palabras. Ella, Sevilla, se vale por sí sola, aunque hoy necesite las alfombras del jacarandá para recordarnos que en nuestro andar de soledad vemos cosas muy claras que no son verdad.

Pienso en la lección cíclica de la naturaleza jacarandosa que siempre llega a punto en sus dos floraciones anuales. Un regalo a cambio de nada, aunque reconociendo hoy que cuando se regala algo se sabe lo que se entrega pero no lo que se recibe. Quizás, en este aquí y ahora, podríamos quedarnos con el fondo de la letra de Osiris Rodríguez y la música de Falú, en una zamba o danza de raíces peruanas y argentinas, cuyo nombre “se refiere al término colonial que se aplicaba a las mestizas descendientes de indio y negra (o viceversa). La danza está diseñada para seducir a las zambas, y de allí su nombre, tanto en el Perú como en la Argentina”, porque podemos ser protagonistas de una nueva aventura cantora en esta ciudad: Portador de una estrella soy / Fuego mío lumbre del solar. / Copla encendida, bicho de luz / Con que alumbro mi andar, / Mi tierra gaucha me la encendió / Ya nadie la ha de apagar. Sin olvidar a Machado porque “Tras el vivir y el soñar, está lo que más importa: despertar”, en aceras del jacarandá.

Arde ya la primera luz
Noche arriba voy con mi cantar,
Donde la estrella tiembla
Y la luna nieva soledad.
La tierra sube en zambas por el
Pulso del jacarandá.


Portador de una estrella soy
Fuego mío lumbre del solar.
Copla encendida, bicho de luz
Con que alumbro mi andar,
Mi tierra gaucha me la encendió
Ya nadie la ha de apagar.

(Estribillo)
Antiguamente trovero andaré
Poblando la soledad
Donde madura el silencio
Y la copla se hace manantial.
Mi canto es tiempo que vuelve a ser
Tiempo del jacarandá.


Sé muy bien que cuando no esté
Una zamba me recordará,
Bajo la cruz del sur seré tierra
Tierra del solar
Y he de subir en zambas por el
Pulso del jacarandá.


Pero aún tengo la pasión
El ardor, el ansia de cantar
Bebo la luz, los besos y el vino
Por los que no están.
Y alzo este grillo loco de amor
Por una estrella fugaz.

Tiempo del JacarandáEduardo Falú, música y voz; letra de Osiris Rodríguez Castillo

Paseando hoy de nuevo por esta ciudad, siento más cerca que nunca las palabras de Stefan Zweig dedicadas a Sevilla: “¿no es una maravilla el hecho de que los hombres y el destino trabajen juntos durante siglos para construir una ciudad, y al final resulte una sonrisa en el rostro de la vida?”. Gracias también al jacarandá y sus alfombras de color violeta, efímeras, porque así es el mes de mayo en las aceras de esta tierra, por un regalo que hace ya muchos siglos vino de América a través de las aguas de un Río Grande, el Guadalquivir, al-wādi al-kabīr de nuestros antepasados, cuyo nombre perdura hasta nuestros días, haciendo cada día más grande la memoria histórica positiva de esta ciudad.

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Antónimos para el ocaso de la democracia / 3. Oripandó

El Caminante, José Mercé, acompañado por Lang Lang, en El Oripandó, con letra de Antonio Orozco.

Sevilla, 8/V/2022

Hoy tomo prestado del diccionario caló un antónimo precioso, Oripandó, el sol al amanecer, frente al ocaso de la democracia, al que ya he dedicado un artículo en este cuaderno digital por la publicación de un disco de ese nombre, una obra musical excelente llevada a cabo por el cantor Antonio Orozco (cantante es el que puede y cantor, el que debe hacerlo, que no es lo mismo, según Facundo Cabral), gestada a lo largo de dos largos años, que narra la vida de otro cantor José Mercé, en un homenaje en el que el sol, el amanecer de cada día, Oripandó en su esencia pura, es el auténtico protagonista en la vida de Mercé, que  canta de forma muy sentida una composición poética de Orozco, El caminante, letra de Antonio Orozco, acompañado al piano por el gran intérprete Lang Lang, que hoy, al convertirme de nuevo en un escuchaor del sentir del canto andaluz, me abre horizontes de grandeza ante el ocaso de la democracia:

Se sueñan, se compran, se riman
Caminos rodados, caminos de espinas
Se vuela, se rompe y se envidia
Con tanta emoción que la vida no es vida

Se habla, se anda y se rifan
Medallas de hombres que no tienen cima
Búsqueda eterna sin firma
Eterno reguero de un ego sin rima

Cuentan que canto sin guía,
Que bebo en la fuente que ya está vacía
Cuentan que cuento y descuento
Los versos que hace ya tiempo decían

[Estribillo] Caminante, no hace frío
Caminante, calma el río
Caminante sin hastío
Caminante, no hay olvido

Ganan los mundos vacíos
Hombres que alumbran a los duendes con hilos
Se juzga, se habla y critica
Con tanta ilusión que de ilusión moriría

Se canta, se copia y se mima
Talento de sabios que nunca leían
Dueños de tanto y de dónde
Del todo y del como
De cuándo y de nada

[Estribillo] Caminante, no hace frío
Caminante, calma el río
Caminante sin hastío
Caminante, no hay olvido

Si anuncio hoy de nuevo este hallazgo de una isla desconocida llamada El Oripandó, es porque los que vivimos en Andalucía respetamos su identidad flamenca y a sus cantoras y cantores. Antonio Orozco y José Mercé lo son de origen y de cuna, aportándonos luz en tiempos de tinieblas y oscuridad democrática. Llevamos la luz con el tiempo dentro, como Juan Ramón Jiménez entendía su pueblo y las personas que vivían en él, aprendiendo cada día a escuchar la vida de nuestro alrededor y llevarla al cante frente al ocaso de la democracia que tanto nos inquieta. No olvido tampoco a Luis Cernuda, que hizo un retrato precioso del andaluz, porque somos un enigma a pesar de la luz interior que el dolor de nuestra historia no olvida, siempre con el tiempo dentro, amor desbordante, pasión en nuestra música que acompaña siempre la alegría y calma el dolor, que compartimos hasta buscar la luz con el tiempo fuera, como escuchaores y escuchaoras de todo lo que se canta con el dolor de esta tierra. Nos tratamos como hermanos en democracia, cuando a veces no sabemos si somos amigos o seres lejanos, aunque lo único que sabemos, en tiempos políticos, es que unos de otros -no inocentes- lejos estamos.

Si anuncio hoy esta palabra, oripandó, como antónimo de ocaso, el de la democracia, al que la estamos llevando por el hastío hacia la política por la corrupción, mediocracia e indignidad que impera, es porque soy un caminante que escucho a mi tierra cómo se canta, se copia y se mima el talento de sabios que nunca leían, en el amanecer de cada día, pero que eran dueños de tanto y dónde, del todo y del cómo, de cuándo y de nada. ¿Saben por qué? Porque eran alumnos de la vida democrática en un mundo al revés, que denunciaban con su quejío, con el dolor permanente de nuestra tierra, que otro mundo es posible y que todos los días amanece la democracia, que no es poco, desde hace siglos, en Andalucía. Para que no se olvide, ni siquiera un momento.

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Carmen Linares y María Pagés, hijas de la luz con el cante y el baile dentro

Carmen Linares y María Pagés, Premio Princesa de Asturias de las Artes 2022

Más el trabajo humano, / con amor hecho, merece la atención de los otros

Luis Cernuda, A sus paisanos, en La desolación de la quimera

Sevilla, 6/V/2022

En el año en el que se celebra el primer centenario del Concurso de Cante Jondo, “canto primitivo andaluz”, tal y como rezaba en el cartel promocional del evento, celebrado en Granada en los días 13 y 14 de junio de 1922, organizado por Federico García Lorca y Manuel de Falla, en nombre y representación del Centro Artístico de la ciudad, dos andaluzas de reconocido prestigio artístico, la cantaora Carmen Linares y la bailaora y coreógrafa María Pagés, recibieron ayer el Premio Princesa de Asturias de las Artes 2022. En el acta del jurado se dice textualmente que “La obra de Carmen Linares y María Pagés es parte de la genealogía del flamenco contemporáneo. Ambas, en sus disciplinas, han ensanchado el cante y el baile desde el respeto por la tradición, apostando por ampliar sus cauces expresivos, impulsando así el carácter universal de un extraordinario patrimonio cultural, popular y sensorial. Con voluntad de permanente exploración, su trabajo dota al flamenco de nuevas herramientas a la vez que amplifica el lenguaje de una manifestación cultural que vive un momento de esplendor y búsqueda de nuevos horizontes. Ambas creadoras despliegan en su trayectoria experiencias que reivindican el flamenco como uno de los géneros musicales más sugerentes de nuestro tiempo y un acontecimiento artístico perenne y único”. También se añade por parte de la Fundación, en la presentación de sus trayectorias artísticas, que “convertidas en dos de las figuras más importantes del flamenco de las últimas décadas, en Carmen Linares y María Pagés converge el espíritu de varias generaciones que, desde el respeto por la tradición y la hondura de las raíces del flamenco, han sabido modernizar y adaptar su esencia al mundo contemporáneo, elevándolo, aún más si cabe, a la categoría de arte universal. Con su labor, ambas han abierto caminos de repercusión no solo artística sino también social y se han convertido en ejemplo de trabajo, talento y dedicación para futuras generaciones”.

En el acto de Granada en 1922, la experiencia sentida por el público asistente al mismo, llevó a Federico García Lorca a escribir palabras muy bellas, nacidas en su alma de secreto por el placer de convertirnos en “escuchaores” de esa forma de cantar tan arraigada en el dolor del pueblo andaluz. Las palabras que siguen lo demuestran de forma fehaciente. En el concurso no podían participar profesionales del cante, solo aficionados, para promocionar esta forma de expresarse el pueblo andaluz desde su base popular. En aquella ocasión, el poeta granadino hizo la presentación oficial del Concurso, el 19 de febrero de 1922, en nombre del Centro Artístico de Granada, al que la prensa conocía también como la “Simpática Sociedad”, en el que figuraban también otros escritores y poetas contemporáneos, mediante una Conferencia que llevaba por título “Importancia histórica y artística del primitivo canto andaluz llamado cante jondo”, cuyas palabras finales no olvido: “A todos los que a través de su vida se han emocionado con la copla lejana que viene por el camino, a todos los que la paloma blanca del amor haya picado en su corazón maduro, a todos los amantes de la tradición engarzada con el porvenir, al que estudia en el libro como al que ara la tierra, les suplico respetuosamente que no dejen morir las apreciables joyas vivas de la raza, el inmenso tesoro milenario que cubre la superficie espiritual de Andalucía y que mediten bajo la noche de Granada la trascendencia patriótica del proyecto que unos artistas españoles presentamos”. Sé que mi deber como andaluz es convertirme en “escuchaor” de lo que Andalucía canta a través de su dolor, de su quejío, que también se expresa en el baile elegante que nos brinda siempre María Pagés, como “veedores” privilegiados de un arte que perdura a lo largo de los siglos.

Carmen Pacheco Rodríguez, Carmen Linares en honor a su lugar de nacimiento en Jaén, cantó en 1994 a Federico García Lorca, en sus Canciones populares antiguas. Es evidente que su forma de interpretar estas canciones tiene un sello especial en la voz y en la figura, así como en su alma de secreto. Por otra parte, en un dúo mágico, ver bailar a María Pagés es ver bailar a Andalucía a través de sus manos y brazos, como alguna vez ha explicado Víctor Ullate sobre esta excelente bailaora.

Lo he expresado en diversas ocasiones en este cuaderno digital: los que vivimos en Andalucía y respetamos su identidad, que llevamos la luz con el tiempo dentro, como Juan Ramón Jiménez entendía su pueblo y las personas que vivían en él, hemos aprendido a escuchar la vida de nuestro alrededor y llevarla al cante y al baile. Luis Cernuda hizo un retrato precioso del andaluz porque somos un enigma a pesar de la luz interior que el dolor de nuestra historia no olvida, siempre con el tiempo dentro, amor desbordante, pasión en nuestra música que acompaña siempre la alegría y calma el dolor, que compartimos hasta buscar la luz con el tiempo fuera, como escuchaores y escuchaoras, veedores y veedoras,  de todo lo que se canta y baila con el dolor de esta tierra. Nos tratamos como hermanos, cuando a veces no sabemos si somos amigos o seres lejanos, aunque lo único que sabemos, en tiempos políticos, es que unos de otros -no inocentes- lejos estamos.

Sigo viviendo con la esperanza de que el dios que corresponda comprenda qué significa hoy ser andaluz o andaluza en Andalucía, más allá de los que nos llevan al diccionario de uso del andaluz corriente como una sola palabra, cuando lo que necesitamos es una definición urgente como personas con luz interior, pero con un enigma de fuego y nieve dentroescuchaores y escuchaoras, veedores y veedoras,  por definición cuando el pueblo canta y clama a través de sus “palos”, como palabras hilvanadas en la melodía del dolor diario, llevándolos a un baile posible para todos. Como Cernuda soñó un día esperando el alba de su tierra que, muchos años después, seguimos esperando para todos, sobre todo para los que menos tienen y no pueden salir a día de hoy de las jaulas de pobreza en que viven. Casi un millón de parados y otro millón de pensionistas en el umbral de pobreza, sin ir más lejos, que están entre los andaluces que llevan la soledad dentro, tal y como lo expresó Cernuda, nuestro paisano, que siempre soñó con el despertar del alba de la libertad y dignidad en Andalucía: “Sombra hecha de luz, / que templando repele, / es fuego con nieve / el andaluz. // Enigma al trasluz, / pues va entre gente solo, / es amor con odio / el andaluz. // Oh hermano mío, tú. / Dios, que te crea, / será quién comprenda / al andaluz. Con las letras de su cante jondo, desgarrado, al que escucho hoy en la voz de Carmen Linares, con atención reverencial para seguir luchando y viviendo en pleno siglo XXI: no te creas si te dicen que ya no sufre [Andalucía], mi pueblo, porque aunque los pobres reímos y algunas veces cantamos, la procesión va por dentro (Ricardo Cantalapiedra), porque el quejío del flamenco, como escuchaor, no resbala por mi piel, sino que la modifica para siempre. He comprendido bien que escuchar el dolor actual de esta tierra, también expresado maravillosamente por María Pagés, es un elogio de la caricia o, si quieren, una exaltación de su impacto en mi alma de secreto, para honra de Andalucía y sus gentes, tal y como lo aprendí de las palabras de García Lorca pronunciadas en Granada hace tan solo cien años. Tal y como lo reconoció ayer la Fundación Princesa de Asturias al otorgar a la cantaora Carmen Linares y a la bailaora y coreógrafa María Pagés, el Premio Princesa de Asturias de las Artes 2022.

Me retiro de nuevo a mi rincón de pensar, acompañado por Federico García Lorca, Carmen Linares y María Pagés, como escuchaor de las canciones populares andaluzas tan queridas para el poeta granadino, así como veedor de María Pagés en su baile mágico, para que personalmente, con sus significantes y significados a través de la cultura, de sus quejíos, siga muy pendiente de Andalucía, sobre todo de la exclusión de los más débiles y la pobreza infantil en nuestra tierra que, ante las elecciones próximas de junio, tiene una oportunidad de constituirse siempre en alborada de la democracia en Andalucía, no en su ocaso.

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de Carmen Linares y María Pagés, Premio Princesa de Asturias de las Artes – Noticias – Área de Comunicación y Prensa – Fundación Princesa de Asturias (fpa.es)

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Palabras para Alejandro

Caetano Veloso, Alexandre, en Livro, 1997

Sevilla, 30/III/2022

Hoy, hace tan sólo unos minutos, ha nacido en el mes del dios Marte, Alejandro, mi segundo nieto, con un nombre de raíz griega, el defensor del hombre, en mi mejor traducción a través de dos palabras que se unen para reforzar el mensaje que lleva dentro, αλέξειν (aléxein, defender, proteger, repeler, infinitivo) y ἀνδρός (andrós, del varón, genitivo). Junto a Adrián, el primero, nacido en 2020, conforman una prolongación de la genealogía del apellido Cobeña, con unas raíces profundas en Andalucía, desde Córdoba la llana, cuando en el siglo XIII, un almorávide natural de Cobeña, Álvaro Colodro, de cuyo nombre quiero acordarme hoy especialmente, se descolgó por la muralla que protegía la Córdoba mora, iniciándose con ese acto la reconquista de la ciudad por el ejército del rey Fernando III. Allí quedó para la posteridad el topónimo Cobeña y las familias de Colodro y sus acompañantes en el asalto se quedaron en la provincia y otros pueblos de Andalucía, por las regalías del rey, hasta nuestros días, pasando el apellido Cobeña de generación en generación hasta el nacimiento hoy de Alejandro, porque salvando lo que haya que salvar, ha nacido en Sevilla “Alejandro de Cobeña”, como se decía entonces. Su segundo apellido, Rodríguez de la Paz, también lleva dentro algo muy importante para su vida: transmitir la paz en su entorno, el equilibrio que siempre hay que buscar en el largo camino vital de cada persona. Al fin y al cabo, siempre recordará que su nombre significa “defensor de las personas, del ser humano”, para llevarlos a la paz, estando cerca de ella.

Si el fenómeno de la hoja en blanco es siempre una aventura hacia lo desconocido, escribir sobre el nacimiento de Alejandro me obliga a recordar una vez más las palabras que escribió Ítalo Calvino en su obra póstuma “Seis propuestas para el próximo milenio”: “…es un instante crucial, como cuando se empieza a escribir una novela… Es el instante de la elección: se nos ofrece la oportunidad de decirlo todo, de todos los modos posibles; y tenemos que llegar a decir algo, de una manera especial” (Ítalo Calvino, El arte de empezar y el arte de acabar). Efectivamente, lo que quiero decir es algo que muestre la fuerza de la palabra ante un acontecimiento de tanta belleza humana, la máxima expresión de la vida. Alejandro, al igual que pasó en 2020 cuando nació su hermano Adrián, viene al mundo en un momento muy difícil, pero con todas las oportunidades de ser feliz. Nace rodeado de afecto y cercanía familiar, en un centro sanitario público, atendido de forma especial por profesionales del Sistema Sanitario Público de Andalucía que ennoblecen mediante su trabajo serio y riguroso, el servicio que prestan a la ciudadanía presidido por la salvaguarda del interés general.

Alejandro, como nombre, tiene un recorrido histórico extraordinario, centrado en la figura del rey de reyes, Alejandro Magno, de cuna macedonia, cuya historia narra de forma especial el cantor brasileño Caetano Veloso, cuando incluyó la canción Alexandre, dedicada a Alejandro Magno, en su álbum Livro, publicado en 1997 y que hoy me gustaría susurrar al oído de Alejandro niño:

Él nació en el mes del león, su madre una bacante
y el rey su padre, un conquistador tan valiente
que el príncipe adolescente pensó que ya no quedaría nada
para, si llegara a ser Rey, conquistar por sí solo.
Pero muy pronto resultó ser un niño extraordinario:
el cuerpo de bronce, los ojos color lluvia y el pelo color sol

Alejandro,
de Olimpia y Felipe el niño nació, pero él aprendió
que su padre fue un rayo que vino del cielo

Eligió su caballo porque parecía indomable.
Y le puso el nombre Bucéfalo al dominarlo
para júbilo, asombro y escándalo de su propio padre
que contrató para su preceptor a un sabio de Estagira
cuya cabeza sostiene aún hoy Occidente.
El nombre Aristóteles – nombre Aristóteles- se repetiría
desde entonces hasta nuestros tiempos y más allá.
Él enseñó al joven Alejandro a sentir la filosofía
para que más que fuerte y valiente llegara a ser sabio también

Alejandro,
de Olimpia y Felipe el niño nació, pero él aprendió
que su padre fue un rayo que vino del cielo

De niño, sorprendió a visitantes importantes.
bienvenidos como embajadores del Imperio Persa,
pues los recibió en ausencia de Felipe con gestos elegantes
de los que el rey, su propio padre, no sería capaz.
Pronto estaría al lado de Felipe en el campo de batalla
y marcaría su nombre en la historia entre los grandes generales

Alejandro,
de Olimpia y Felipe el niño nació, pero él aprendió
que su padre fue un rayo que vino del cielo

Con Hefestión, su querido amigo,
su bien en la paz y la guerra,
corrió en honor a Patroclo
– los dos cuerpos desnudos —
junto a la tumba de Aquiles, el héroe enamorado, el amor.
En la gran batalla de Queronea, Alejandro destruía
la sagrada comisaría de Tebas, llamada invencible.
A los dieciséis años, sólo dieciséis años, así ya exhibía
toda la amplitud de la luz de su genio militar.
Olimpia incitaba al niño dorado a afirmarse
si Felipe dejaba a la familia de la madre de otro hijo de los suyos postularse.

Alejandro,
de Olimpia y Felipe el niño nació, pero él aprendió
que su padre fue un rayo que vino del cielo

Hecho rey a los veinte años
convirtió a Macedonia,
que era un reino periférico, llamado bárbaro,
en el este del helenismo y de los griegos, su futuro, su sol.
El gran Alejandro Magno, Alejandro Magno
conquistó Egipto y Persia,
fundó ciudades, cortó el nudo gordiano, fue grande;
se embriagó de poder, alto y profundo, fundando nuestro mundo,
fue generoso y malvado, magnánimo y cruel;
se casó con una persa, mezclando razas, nos cambió tierra, cielo y mar
murió muy joven, pero antes se impuso del Punjab a Gibraltar.

Alejandro,
de Olimpia y Felipe el niño nació, pero él aprendió
que su padre fue un rayo que vino del cielo

Me encantaría quedarme con palabras como “niño extraordinario, el cuerpo de bronce, los ojos color lluvia y el pelo color sol” para explicárselas una a una a nuestro nieto. Siguiendo el hilo conductor de la canción, me gustaría decirle también al oído que Alejandro tuvo un maestro de vida, el filósofo Aristóteles, del que yo aprendí lo que sé hoy para comprender la vida. Le diré, junto a su hermano, los dos sentados en mis rodillas, como hacían los abuelos en las orillas del Tigris y del Éufrates, hace ya muchos siglos, que el hombre, en el sentido global de la persona humana, es “el único ser capaz de admirarse de todas las cosas” y que ese es el fundamento de la filosofía: ”su propio padre / contrató como su preceptor a un sabio de Estagira / cuya cabeza sostiene aún hoy Occidente. / El nombre Aristóteles se repetiría / Desde entonces hasta nuestros tiempos y más allá / Él enseñó al joven Alejandro a sentir la filosofía / para que más que fuerte y valiente llegara a ser sabio también”. No se puede decir o cantar mejor. Aseguro que le enseñaré a sentir la filosofía para que llegue a entender bien qué significa ser sabio en la vida.

Le diré también que Alejandro Magno cultivó la amistad desde que era muy pequeño, con un amigo muy querido, inseparable, de nombre Hefestión, su bien en la paz y la guerra y le enseñaré que junto a la defensa de las personas, como dice su nombre, debe ser también el defensor del amor. Le contaré que con tan sólo veinte años, el rey Alejandro convirtió a Macedonia, que era un reino periférico, llamado bárbaro, en el este del helenismo y de los griegos, su futuro, su sol. Que fundó muchas ciudades, que deshizo el nudo gordiano y que fue muy grande. Que al casarse con una mujer persa, mezcló razas olvidando la hegemonía griega. Que fue capaz de cambiar la faz de la tierra, del cielo y del mar.

Tengo una cosa más que contarle y creo que fundamental: que siendo rey Alejandro, fundó la maravillosa Biblioteca de Alejandría, la ciudad en Egipto que lleva su nombre hasta nuestros días. Le explicaré con detalle cómo se creó la Biblioteca, que llegó a albergar más de 450.000 papiros, cuidados con esmero por Demetrio de Falero, Calímaco o Apolonio de Rodas y cuyo objetivo era recopilar todas las obras del ingenio humano, de todas las épocas y todos los países que debían ser incluidas en una colección inmortal para la posterioridad. Le diré que los libros serán muy importantes en su vida y que su biblioteca personal y familiar serán siempre su clínica del alma.

Alejandro, mi nieto nacido hoy, junto a su hermano Adrián, unen dos culturas milenarias, la griega y la romana. Adrián, Adriano, sabemos que fue un vecino de Itálica, majestuosa ciudad romana, hace ya muchos años y probablemente encontramos su mejor sentido de vida, su programa, cuando acudo a mi rincón de pensar y escojo un libro precioso, Memorias de Adriano, de Marguerite Yourcenar, muy bien tratado en su traducción por Julio Cortázar, en el que recorro una trayectoria apasionante de un niño de un pueblo cercano a Sevilla, que llegó a ser emperador y que entregó al mundo el espíritu de la libertad para ser diferentes en un mundo a veces diseñado por el enemigo, bellamente expresado en unas palabras llenas de encanto y de alma: “Mínima alma mía, tierna y flotante / huésped y compañera de mi cuerpo / descenderás a esos parajes pálidos, rígidos y desnudos, / donde habrás de renunciar a los juegos de antaño”. De Alejandro, macedonio y griego, rey y faraón también, ya lo hemos contado y cantado casi todo.

Finalizo estas palabras con el estribillo adaptado de la canción de Caetano Veloso, Alexandre, a la que pongo hoy música casi celestial mirando a mi nieto, un niño extraordinario, el cuerpo de bronce, los ojos color lluvia y el pelo color sol:

Alejandro,
de Vanesa y Marcos el niño nació, pero él aprenderá
que sus padres son un rayo de sol que hoy viene del cielo

Creo que he sido fiel a mi compromiso crónico con Ítalo Calvino al escribir estas palabras. Lo que les puedo asegurar es que hoy, ante la oportunidad de decirlo todo, de todos los modos posibles, sólo he intentado decir algo de Alejandro, también de Adrián, de sus padres, de la abuelidad, de una manera especial.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.