Inteligencia digital

Hace tiempo que deseaba iniciar una incursión científica por este constructo: inteligencia digital. El subtítulo de este diario en Internet “cuaderno de inteligencia digital” no es inocente. Después de diez años de trabajo incansable por este devenir de la investigación en sistemas y tecnologías de la información y comunicación, deseo iniciar una Categoría (ver columna izquierda), utilizando conceptos de esta Weblog, en un campo apasionante: la inteligencia digital, que se podría definir como “capacidad de las personas para resolver problemas utilizando los sistemas y tecnologías de la información y comunicación cuando están al servicio de la ciudadanía”. Al pertenecer a la escuela del profesor Howard Gardner, sobre quién construí mi Tesis doctoral en Psicología, deseo bajar a la plaza de la sociedad (utilizo la traducción del giro italiano “scendere in piazza”), para intentar divulgar y hacer accesible a muchos usuarios de la red, las posibilidades que nos ofrecen hoy los sistemas y tecnologías de la información para ser más inteligentes. Me gustaría construir esta teoría científica de la inteligencia digital creadora como agradecimiento a años de lectura del profesor José Antonio Marina de quien aprendí muchos fundamentos científicos en su construcción de la teoría de la inteligencia creadora.

Como alumno agradecido e estos investigadores citados, quiero destacar la aplicación de sus teorías a esta investigación de raíz popular y entregada al ser humano, en clave de “empoderamiento compartido” (empowerment). Además, voy a escribir en visión positiva, dado que a la negativa ya se la dedicado mucho tiempo y esfuerzo desde la psicopatología, investigación necesaria por otra parte. Si además, incorporamos la necesaria habilidad social construida sobre esta inteligencia (digital) se habrá aportado a la sociedad una interpretación para ser en el mundo en un terreno de felicidad lógica.

Tal y como escribí sobre mi Tesis Doctoral, “Un modelo conceptual de las habilidades sociales desde el marco de la Psicología de la salud”, es posible la elaboración de una teoría científica de las habilidades sociales, también digitales, fuera del marco de la psicopatología, en el que siempre ha estado inmersa en menor o mayor medida, es decir, es posible elaborar una teoría de la inteligencia social digital, como una nueva aportación a la psicología de la salud positiva, una vez desmedicalizado el constructo habilidad social y clarificada su independencia de términos fronterizos tales como asertividad y competencia, como más representativos. La breve historia de las habilidades sociales nace en un marco estrictamente conductual, de terapia conductista, de salud negativa por la conducta anormal, donde el paciente debe desaprender las respuestas de mala adaptación y aprender las de buena adaptación psíquica.

He investigado acerca de la realidad actual y mundial respecto de la teoría y práctica de las habilidades sociales, en el marco de la bifurcación histórica de los caminos científicos en su origen, entiéndase mundo americano y anglosajón, y su proyección actual en clave de salud positiva desde un punto de vista estrictamente psicosocial, más en concreto, de psicología de la salud, en la nueva conceptualización de la inteligencia social basada en la teoría de las inteligencias múltiples. He analizado la verdadera historia de la crisis del concepto de competencia social y los avances científicos de la llamada habilidad social, también digital, pura y práctica. Desde la historiografía social y conceptual de la crisis social de la competencia en un marco geográfico determinado, se han analizado las alternativas actuales a la crisis, explorando la influencia social. He estudiado también los perfiles psicosociológicos de la incompetencia social, vinculándose los procesos competentes con las ideologías actualmente vigentes.

En el ámbito de la habilidad social, desde un punto de vista analítico puro, he investigado las teorías, escuelas e ideologías subyacentes en el llamado enfoque de las habilidades sociales, para concluir en su desmitización y desmitologización. Al analizar la habilidad social práctica, en el marco de la psicosociología de la salud aplicada, abordo la teoría y praxis del entrenamiento en habilidades sociales y su proyección en clave de salud positiva. Asimismo, he avanzado en el estudio del estado del arte de las inteligencias múltiples en su relación con las habilidades sociales, finalizando con el tratamiento del nuevo modelo de la creación inteligente de las habilidades sociales y digitales, sobre la base de la teoría de la inteligencia digital creadora.

Las consecuencias más evidentes que se han obtenido de la aceptación de las hipótesis de la investigación han sido las siguientes:

1.-Se han determinado las bases conceptuales, claras y concisas del nuevo modelo conceptual de las habilidades sociales y de la inteligencia social y digital.
2.-Se ha formulado el paradigma básico de la investigación, que permite continuar la secuencia lógica de futuros trabajos científicos.
3.-Se ha determinado la frontera con los términos que, en el enfoque de las habilidades sociales, tradicionalmente se han prestado a confusión por su indeterminación.
4.-Se han desmedicalizado los términos, para sacarlos del terreno de la psicopatología, en el que tradicionalmente se han desenvuelto y se han desarrollado en el campo estricto de la psicología social de la salud positiva.

A partir de esta incursión en el blog, iré entregando en la dinámica de diario digital, los documentos, reflexiones, artículos, trabajos científicos, artículos, informes, etc. que estén expresamente vinculados con la inteligencia social y digital y su proyección en habilidades sociales y digitales (sociodigitales).

Howard Gardner, el precursor de las inteligencias múltiples que nos abre hoy las puertas a un nuevo planteamiento de inteligencia digital, de gran impacto social, hizo una manifestación en su presentación de la teoría científica de las inteligencias múltiples en los siguientes términos: “Es de la máxima importancia que reconozcamos y alimentemos toda la variedad de inteligencias humanas y todas las combinaciones de inteligencias.  Somos tan diferentes entre nosotros, en gran parte, porque todos tenemos diferentes combinaciones de inteligencias.  Si llegamos a reconocer esto, pienso que, como mínimo, tendremos una oportunidad mejor de enfrentarnos adecuadamente a los muchos problemas que se nos presentan en el mundo.  Si podemos movilizar toda la gama de habilidades humanas, no sólo las personas se sentirán más competentes y mejor consigo mismas, sino que incluso es posible que también se sientan más comprometidas y más capaces de colaborar con el resto de la comunidad mundial en la consecución del bien general.  Tal vez, si podemos movilizar todas las inteligencias humanas y aliarlas a un sentido ético, podamos ayudar a incrementar la posibilidad de supervivencia en este planeta, e incluso contribuir a nuestro bienestar”.

Hasta mañana. Lo vamos a “pasar” muy bien estudiando e investigando nuestras capacidades de ser más inteligentes con la ayuda de la “informática”, para entendernos. Ya verás.

Sevilla, 20/III/2006

Nota 1: en los próximos días voy a poner a disposición de esta categoría, un diccionario digital para hacer más accesibles todos los términos. Además, si te parece interesante la idea, podemos construirlo entre todos, dado que va a ser un diccionario que se irá especializando en inteligencia digital.

Nota 2: una aplicación práctica de inteligencia digital desde la Administración Pública al servicio de los ciudadanos, es la Resolución de la Consejería de Economía y Hacienda de 2 de marzo de 2006, que se publicó en el Boletín Oficial de la Junta de Andalucía, el pasado 15 de Marzo: http://www.juntadeandalucia.es/economiayhacienda/servicios/normativa/instrucciones/2006/res_02-03-06.pdf. Es importante que se lea con detalle la Introducción, porque recoge especial sensibilidad respecto del “empoderamiento” al que hago alusión más arriba, es decir, se transfiere poder a los ciudadanos para poder cumplir con la obligación de colaboración en el pago de las tasas que permiten mejorar los servicios públicos, utilizando los avances informáticos aunque no se tengan cerca. Ya sabemos que un 69,7% de la población andaluza no tiene Internet (EGM). Aunque sé que al lado de una persona mayor (sin limitar el término…) siempre hay un hijo, nieto o sobrino que lo conoce. Esa es la esperanza de la equidad digital.

Personas en Papúa

En la Revista dominical “Magazine” de hoy, se ha publicado una carta de las que suelo enviar habitualmente como compromiso digital con la prensa periódica. Han cambiado el título en la publicación, “Hombres en Papúa”, pero prefiero conservar el original en coherencia con mi compromiso actual, en el proyecto personal “Género y vida”, con una proyección del mismo: la utilización del lenguaje no sexista en mi vida ordinaria. Ya lo comentaba el pasado 11 de febrero, con motivo de la operación rescate de un artículo que escribí en 1977 (http://www.joseantoniocobena.com/?p=36): “En mi compromiso diario por la lucha de género y vida en la sociedad, he cambiado algunas alusiones al hombre (en cursiva) que hoy se comprenden mejor referidas al ser humano como persona en el mundo. ¿Por qué? Sinceramente, porque el orden del género, en este caso, si podía alterar el producto… Además, estoy seguro de que Diógenes no se enfadaría conmigo”.

He entrado en los «refugios de la biodiversidad y la vida», reportaje del Magazine de 5/III/2006 y he recordado que el 8 de febrero de 2006, corría por el mundo la noticia del descubrimiento de nuevas especies en las Montañas de Foja, una remota selva de Papúa-Nueva Guinea (Indonesia). Ante esta insólita experiencia, pensé que también podríamos encontrar seres humanos con nuevas capacidades para enseñarnos que una nueva especie de «persona en el mundo» es posible. Siempre recuerdo a este propósito, una simpática anécdota. Diógenes de Sínope, aquel filósofo que también «buscó un hombre», prototipo de la escuela cínica y que aspiraba a ser todo un hombre, estaba un día en los baños al mismo tiempo que Aristipos de Cirene, el cirenaico. Éste, al salir, cambió su vestidura purpúrea por la túnica desgarrada de Diógenes. Y cuando Diógenes se dio cuenta, se puso rabioso y de ninguna manera quiso ponerse el vestido purpúreo. ¿Por qué? En definitiva se podría observar la vanidad de Diógenes a través de los agujeros de su túnica, dejaba de ser él al vestirse de púrpura y esto constituía un grave problema de representación, cara a los espectadores.

¿No ha ocurrido igual al constatar el equipo descubridor de Foja que el mundo nos desborda continuamente?. A través de los agujeros negros de las comunicaciones, se descubre también, a veces, la vanidad de las personas que maltratan el planeta.

Publicado en “Magazine”, el 19/III/2006

Género y vida

Los ultrasociales

Desde el miércoles estoy buscando razones de ser a esta afirmación del primatólogo Josep Call, experto español en estudios comparados entre los simios y los seres humanos: “Los chimpancés son muy sociales, pero los humanos se distinguen de otros primates en que son ultrasociales”. Sin embargo, también había manifestado en la misma conferencia pronunciada en Barcelona, el 14 de marzo, que cuando se realizó una prueba de conversación hace unos años en el Centro de Investigación del Lenguaje de Atlanta (EE UU) con un simio que se comunicaba a través de un ordenador, el resultado fue decepcionante: “Se vio que a los chimpancés no les interesa para nada conversar y sólo usan el modo imperativo, para pedir zumo o comida”.

La verdad es que de nuevo salta a la opinión pública la eterna dialéctica del creacionismo y el evolucionismo. Siempre me ha interesado sobremanera el estudio del ser humano. Soy antropólogo por vocación, aunque también ha sobrevolado sobre mi cabeza la eterna duda –más bien afirmación- del rabino jasidista Bunam de Przysucha: pensaba escribir un libro cuyo título seria «Adán», que habría de tratar del hombre entero. Pero luego reflexioné y decidí no escribirlo. Estas experiencias del profesor Call me han llenado la vida de nuevo, me han pre-ocupado (el guión no es inocente) con nuevos interrogantes y me ponen sobre la mesa las eternas preguntas sobre la primera maravilla del mundo: el cerebro humano. Los humanoides, que son legión, siguen sorprendiéndonos con reacciones de comprensión inmediatamente anteriores al “salto” del lenguaje. La mano abierta, con la palma hacia arriba, es un gesto de hambre, necesidad de comer algo, en el mundo de los primates. Pero la cognición voluntaria, es decir, la decisión de cómo voy a pedir de comer es una superestructura del conocimiento que solo corresponde a la especie humana. Es más, la construcción mental de qué va a ocurrir con la comida, la decisión de comer solo o acompañado, poner la mesa, rodear de encanto personal con objetos y palabras el acto de comer es lo que nos sigue volviendo locos a los que nos gusta investigar su por qué.

Agradezco a Josep Call que siga trabajando en el Instituto Max Planck de Antropología de la Evolución de Leipzig. Está demostrando a través del lenguaje cómo desde España y desde Cataluña, su país natal, un ser humano puede volver a su territorio natural a contarnos cómo a los chimpancés, por mucho que nos empeñemos, no les gusta conversar. Pasa como en los tiempos que corren, donde en todos los terrenos sociales, políticos, empresariales, universitarios, familiares, nos esforzamos en hablar porque nos aterra la soledad. Quizá porque cuando el chimpancé dio el salto a la humanización se dio cuenta de que después de tantos años era necesario un primer motor inmóvil (Aristóteles), algunos lo llaman Dios ó deidad, que justificara la puesta en marcha de la maquinaria del mundo y que permitiera a las células controladas por el cerebro articular sonidos estructurados de necesidad y deseo consciente para que nos entendiéramos. La experiencia de Atlanta refuerza una tesis emocionante. Si algo califica de humanidad a la mujer y al hombre es la capacidad de comunicarse. A pesar de los tiempos que corren que incluso nos impiden mirarnos a la cara para decirnos algo.

Mientras, voy a leer de nuevo un libro de mi mesilla de noche que recomiendo: “El arte de callar”, del abate Dinouart (Editorial Siruela). Se llamaba exactamente José Antonio Toussaint Dinouart (¡qué casualidad!). Quizá entienda mejor ahora al chimpancé de Atlanta que a los que, a menudo, me tiran de la lengua porque no respetan a las personas. Como se dice en Andalucía: “tú ya sabes…”. Claro, es que no son ultrasociales.

Nota: El título original del libro es “El arte de callar, principalmente en materia de religión” (1771). Inteligente aclaración del editor.

Sevilla, 18/III/2006

Las preguntas de Atocha

En diciembre de 2004 escribí unas palabras que surgieron de la impotencia de los sentimientos personales que se solidarizaban con Pilar Manjón (Presidenta de la Asociación 11-M Afectados de Terrorismo) en el Congreso de los Diputados: http://www.joseantoniocobena.com/?p=13. Hoy vuelvo a leer con desazón sus nuevas alusiones al olvido, en paralelismo histórico “con los de la colza”. Como ya estamos saturados de bellas palabras, quiero traer a la actualidad de hoy, aniversario del traído y llevado 11 M, mi reflexión de presencia activa sobre las preguntas de Atocha aún sin resolver. De todas formas, con la esperanza de que la sociedad recupere el valor del respeto al otro, cualquiera que sea. ¿Sabes por qué?. Porque muchos pueblos de la historia anterior al 11M han creído siempre que cuando Dios creó a la mujer y al hombre, al ser humano en definitiva (dice textualmente el relato bíblico de la creación: “machihembrados los creó”), vio que era “muy bueno” lo que había hecho. Todo lo demás, los cielos y la tierra, el mar, los animales, las plantas, era solo “bueno”. Magnífica respuesta para seguir confiando en las personas que tenemos al lado. A pesar de Atocha.

Sevilla, 11/III/2006

La sillita

Como pequeño homenaje a la mujer, en su día internacional.

Muchas mañanas los veo avanzar por la acera de La Cartuja, para pararse en el semáforo rutinario. No los conozco. No sé quiénes son. Haga frío o calor, llueva o ventee, siempre están allí. Esperan que el hombrecillo verde les deje pasar. Y cruzan. Muchos días ocurre lo mismo. Más de una vez me he distraído siguiéndoles con la mirada hasta perderlos en el horizonte de la esquina. Muy joven ella. Muy pequeño él. Madre e hijo, siempre en la sillita, a las siete y cuarto de la mañana, despiertos, puntuales a la cita del semáforo, acuden a su misión posible.

Cada vez que los veo me pregunto muchas cosas. ¿A qué guardería irá esa mujer madre, muy joven, a estas horas? ¿Estará su alojamiento en el mismo trabajo? La veo eternamente sola. Siempre ella. Nadie más. Se vuelca con cariño sobre el niño, lo arropa, le sonríe, le dice cosas que seguro entiende bien, en un lenguaje gestual que derrama ternura. Más preguntas. ¿A qué hora habrá tenido que levantarse para acudir a esa cita del semáforo, sin desmayo?. Pienso en millones de mujeres que todos los días despiertan el día, preparan a sus hijas e hijos, ordenan la comida, dejan recogida la casa y caminan hacia la guardería, la escuela infantil, la casa de los abuelos, de los amigos íntimos que comprenden el trajín. Otras, posiblemente pasean, solas.

Cuando regreso sobre las tres y cuarto de la tarde, miro siempre hacia la esquina donde desaparecen por la mañana. Y no los veo nunca volver. Lo único que vuelve son las preguntas. Tendrán que comenzar la faena del mediodía, de la tarde, de la noche. Seguir. En silencio. Y vuelta a empezar.

Mañana, a las siete y cuarto de la mañana, seguiré sin entender por qué esta madre tan joven ha despertado tan temprano en los semáforos de la vida. Seguro que estará allí. Estoy tentado a bajarme un día y preguntarle muchas cosas. Para aprender. Sobre todo, que me explique cómo puede estar siempre tan sonriente y empujar la sillita –como hace cada día- con la ilusión de ofrecer a su hijo lo mejor a la vuelta de la esquina. Quizá, por eso los pierdo y no vuelven a mediodía…

Sevilla, 8/III/2006

Género y vida

Mario Kogan

Verás. Quiero presentarte a Mario Kogan, una persona muy interesante que me enseñó un día cercano a confiar en el trabajo en equipo y encontrar sentido al trabajo diario, para salir de la rutina e ilusionarme con ser existiendo. Vengo escuchando últimamente muchas frases sobre las crisis existenciales que nos agotan en la vida ordinaria. Amigas y amigos, compañeras y compañeros en el trabajo y en la salida de las tardes del fin de semana, que no de la cabalgata radiofónica de mi niñez rediviva, que quieren compartir una realidad alarmante: no saben cómo ser felices en el día a día, agotados por la carrera desenfrenada para tener más: dinero, segundas y terceras residencias, automóviles todo terreno (no para la vida), viajes a ninguna parte, cenas sin deseo que finalicen a la hora acostumbrada, porque después ¿qué?, llamadas de desahogo, ¡anda, vente para acá y hablamos un rato!, televisión nocturna desconcertante donde los únicos que disfrutan, con seguridad, son las empresas anunciadas en las pausas del desasosiego (solo van a ser 58 segundos, dicen…), etcétera.

Ante este panorama incomparable que nos rodea, encontré el martes, en mi cuaderno de espiral con etiqueta de fábrica “Guerrero” (?), de Unipapel, las notas que tomé en el encuentro personal con Kogan en octubre de 2003. Me pareció sorprendente. Lo asimilé a la aventura de vivir, un estímulo para lo cotidiano, salvando los grandes principios que nos comunicó. En definitiva, era una forma de experimentar la levedad del ser, unida al deseo de acometer la gran empresa de vivir. Entre las notas tomadas a lápiz, mientras Mario narraba su aventura en la embarcación “Le Refren II”, en la travesía Lanzarote-Santa Lucía (país del mar Caribe), me fijé en las siguientes, que te ofrezco como visión a compartir: 

– En la vida es importante contar con un proyecto: personal, familiar y laboral, donde siempre van a tener su sitio los principios de planificación y cooperación.
– Hay que convencerse de que cada uno en sí mismo no puede ser un navegante solitario. – Hay que cambiar y darse cuenta que debemos valorar lo que nos rodea y hacerlo desde una perspectiva positiva: por ejemplo, descubrir si mis compañeros son eficaces, están motivados, sabiendo que la relación humana “es el filo cortante de la existencia” (Paul Tillich) y que siempre me voy a desenvolver entre las actividades de proceso vital y de relación.
– El trabajo en equipo y la vida familiar y laboral conlleva, por definición, tareas repartidas, es decir, hay que asumir que tenemos que desempeñar roles muy claros, a través de una serie de principios inalienables:
+ En todo grupo debe existir alguien que ejerza el papel de coordinador: padre, madre, directivo ó responsable. Entrenador, en definitiva, para vivir.
+ Hay que asumir la diferencia clara de tareas, responsabilidades y plazos para ejecutarlas (¿vivirlas?).
+ Se debe planificar la existencia: hay que saber siempre dónde se quiere ir. Si no es así, corremos el peligro de perdernos.
+ Se debe medir (valorar) lo que hacemos. Es una buena reflexión no cometer el error del necio: confundir valor y precio. La obsesión por lo que cuesta todo se diluye cuando entendemos que la felicidad no tiene precio, pero ¡cuesta tanto conseguirla!.
+ Al vivir instalados en la incertidumbre continua, debemos aprender a ser gestores de riesgos, en sentido positivo, es decir, a saber adelantarnos a los riesgos antecedentes (porque sabemos que ocurrirán, no nos engañemos), antes que estar apagando fuegos continuamente, en una actitud entregada a los riesgos consecuentes, en el a posteriori existencial que tanto nos consume (por lo del fuego…). Hay que distinguir esta actitud de la de la gestión del sobresalto, tan común cuando no existe planificación.
+ Siempre hay que estar atentos a la creatividad.
+ Hay que abrochar esta forma de ser en el mundo potenciando en nuestro entorno la cooperación frente a la competencia.

Cuando comenzamos a navegar en la vida con esta actitud, se descubren muchas cosas. Por ejemplo, la necesidad del trabajo en equipo (hasta en la familia) y que siempre podemos y debemos corregir el rumbo elegido (no pasa nada por asumir errores). Hay que descubrir también una realidad irrefutable: la experiencia es maestra de la vida y se tiene que asumir que van a surgir inconvenientes en todo lo que hacemos. Finalmente, es interesante saber que podemos iniciar varios viajes a alguna parte. La experiencia dice que puede hacerse.

Te invito a que elijas hoy un rumbo, tres acciones concretas y tres tripulantes para iniciar una navegación que te entusiasme. Después analiza lo ocurrido. Seguro que te alegrará saber que existen muchos compañeros de viaje, anónimos, que permiten que el mundo sea más feliz para algunos. Si te gusta la experiencia, sabes que debes dar las gracias a Mario Kogan. Te lo presentaba al comienzo de este artículo y para conocerlo mejor puedes entrar en una página web que te servirá para centrar bien lo que te he comentado (www.colawhaler.com). ¿Has visto, que interesante?. Gracias.

Una última recomendación. Saramago publicó hace unos años un cuento que tiene que ver bastante con cuestiones de navegación en la vida. Su título es “El cuento de la isla desconocida”. Es una auténtica joya, sobre todo para los que una vez leído eligen llamar y entrar en el palacio del “rey” por la puerta de las peticiones y salir acompañado por la de las decisiones, como te propongo. Navegar, después, depende de la carta náutica que elijas en la vida y del cuaderno de bitácora que escriba cada uno. Te aseguro que es una experiencia de fábula y que no estás sola ó solo para iniciar esta aventura.

Sevilla, 7/III/2006

Mujer y revolución social

Estoy de acuerdo con el Ministro Caldera: estamos iniciando una revolución social. Me sorprendió mucho la salida en tromba de la patronal, el viernes, cuando sentenció el anteproyecto de ley de igualdad “como un rejón de muerte para el diálogo social”. Una vez más se hacen patentes los vicios privados y las públicas virtudes, unidas al discreto encanto de la burguesía. Estoy convencido de que hay que ordenar y organizar la igualdad de género, con esta secuencia. Con estos pasos y otros, pero “ordenando”, con rango de disposiciones legales, la voluntad de un pueblo expresado en la mayoría de las urnas. No se puede autoorganizar una sociedad que primero no haya establecido, ordenado, las reglas del juego en el terreno de igualdad.

Cuando ya bajamos a la realidad pedestre del día a día, vemos que si no es así, la igualdad tardará muchos años en implantarse. Ejemplos diarios de la sociedad actual “organizada” lo avalan sin compasión: ¿quién asiste a los Consejos escolares?: las mujeres; ¿quién acude a las Juntas de propietarios?: normalmente, las mujeres (dicen los clásicos “en representación” del propietario, del “dueño”, como si la igualdad ante la propiedad no fuese de idéntica raíz. ¿Quién sigue medio llenando las iglesias?: las mujeres. ¿Quién representa las chirigotas?: los hombres. ¿quiénes se “apuntan” a los programas socioculturales de los barrios?: normalmente, las mujeres. ¿Y donde dejamos la representación machista, por antonomasia, en el deporte en general, fútbol, sobre todos? ¿Quiénes trabajan en el servicio doméstico, como empleados y empleadas de hogar?. Normalmente, también, las mujeres. Hoy he escuchado en televisión el dramatismo de una mujer rumana, qué preguntaba a una abogada, ¡menos mal!, qué tenía que hacer para reclamar por un despido cuando la realidad era que cobraba tres euros la hora, con trabajo continuado de cuarenta horas a la semana y sin seguridad social.

¿Quiénes presiden las empresas más importantes del país y como están conformados sus Consejos de Administración?. ¿Y la Administración?. También se podría ordenar el principio de igualdad en los puestos de libre designación y regular el principio de igualdad de género en determinados puestos. Sería un ejemplo muy didáctico. Con este espectáculo diario, es obligado pensar que necesitamos ordenar la igualdad. Personalmente, crecí con una cartilla de Urbanidad que me decía cosas como las siguientes y además, si me las sabía de “memoria”, podía figurar en el Cuadro de Honor del Colegio, solo por honrar la buena educación:

“Cuéntase que en los años de la Reconquista se presentó un condesito de sólo quince años a su señora madre la condesa, que era viuda, y le dijo: Señora y madre mía, yo sé que en el palacio del príncipe don Juan se ha hablado mal de vuestra persona y se ha manchado vuestra honra. Yo iré ante el príncipe y de palabra y por obra vengaré vuestro honor. –No hagas tal, replicó la madre. Más me deshonrará, el que puedan decir con verdad que no he sabido educarte y que siendo tan joven faltes a quien has de respetar y perdonar.”

Mi Colegio era mixto, rara avis en la España franquista y en el Madrid de los Austrias, pero los únicos que normalmente íbamos a las actividades premiadas éramos niños, varones. Yo veía cómo Conchita Goyanes, compañera mía, nunca alcanzaba la posibilidad de ir al Circo Price o al Hipódromo de la Zarzuela. Mucho menos al frontón Jai Alai (Fiesta Alegre, en euskera), porque aquello era de hombres. Es decir, la sociedad estaba ordenada y organizada así. Sin metáforas.

Por eso defiendo la ordenación urgente de la igualdad. Es un imperativo categórico en una sociedad que se resiste a admitirlo, por todos los estereotipos que hemos ido alimentando, de forma no inocente, a lo largo de la historia. Ha llegado el momento de mirarnos cara a cara y gritar a los cuatro vientos que con tu quiero y mi puedo, en el marco legal de un Estado de igualdad de género, podemos hoy ir, ser y estar juntos las compañeras y compañeros de aquella canción de la transición, que cantábamos los que queríamos ya a las mujeres por lo que eran en el día a día de las ilusiones compartidas. A pesar de la Cartilla Moderna de Urbanidad, de la editorial F.D.T., de Barcelona, que estaba “ordenada” en la educación infantil y que en la contraportada decía: “las cartillas modernas de F.D.T. son delicia de los niños”. Sin comentarios. Así hemos crecido, dándole curiosamente gracias a Dios porque nos hubiera recogido a tiempo.

Sevilla, 5/III/2006

Género y vida

Pepe, el maestro

Me enteré hace unos días que Pepe, el maestro preferido de mi hijo, ha muerto. ¡Cuántas veces he recordado a Pepe, como a él le gustaba que le llamasen todos, con su cuerpo enjuto, unido a un cigarro interminable y hablando de su compromiso con los niños, en primer lugar, y con la sociedad en general! La última vez que hablé con él, me contó con la ilusión de un adolescente su interés por volver a dar clase en las zonas más deprimidas de Sevilla. Volver donde había encontrado la razón de ser como maestro, frente a la experiencia del discreto encanto de la burguesía y de la rivalidad manifiesta ante los licenciados y licenciadas del Instituto al que llevó, por primera vez, a sus alumnos de 12 años de la mano, que provenían del colegio público de la zona, entre los que se encontraba mi hijo, animándoles a encontrarse con una realidad social difícil, pero con el encanto de los que saben discernir en cada alumno la persona de secreto que lleva dentro y su necesaria inserción en el barrio de la vida. Aunque la procesión iba por dentro.

Pepe era un modelo a seguir por sus alumnos. Era respetado porque respetaba. Era querido porque quería. Sus alumnos sabían distinguir perfectamente a su querido profesor frente a otros que solo cumplían el expediente como empleados públicos. Sin más. Pepe no era como los demás. En su moto de toda la vida dejaba escapar sonidos de arranque hacia el infinito mundo de la ilusión compartida y respetada. Y ellos lo veían y lo tocaban.

Me encantaba escuchar historias de Pepe, contadas por mi hijo y sus compañeros y amigos. De Pepe y Antonio, su inseparable compañero de aventuras docentes. Que si ha dicho que la libertad es importante, que si había pedido que todos se repetaran en sus diferencias sociales, al estudiar en un colegio público con proximidad a zonas deprimidas de la ciudad. Que si era necesario escribir en una revista del Colegio para fomentar la opinión compartida. Que si el cine y las visitas culturales, así como las excursiones, los hacían mas responsables. Siempre insistían en que los conocía muy bien. Yo sabía que los hacía también felices y libres.

Por eso me ha dolido tanto la ausencia de Pepe. Habiendo sido compañero virtual en este viaje a alguna parte, en la fase en que nuestro hijo se asomaba a la dureza de la vida, subidos los dos a un tren del que saqué billete hace muchos años, creo que desde que era muy pequeño, siento que se bajara en una estación de la vida porque ya no era imprescindible aunque sí necesario para nosotros. Cuando me despedí aquella mañana, cerca del espacio físico que había compartido con mi hijo, quise reiterarle el agradecimiento por ser una persona buena que seguía ilusionado con ofrecer su trabajo y tiempo libre a los más desheredados de la sociedad. También porque mi hijo había aprendido a ser bueno con él, en clases que no están en los manuales al uso.

Ha muerto un maestro necesario para la vida. No era imprescindible, es más, casi nadie se ha dado cuenta de su ausencia y no le ofrecerán homenajes y panegíricos, porque además no le gustaban. Pero en el día de Andalucía, creo que merece que le declaremos, desde la ética pública, hijo predilecto de una tierra que quizá solo supo agradecerle que fuera “su” maestro, en silencio sonoro, por el esfuerzo y trabajo diario y anónimo con las niñas y niños en un Polígono de San Pablo que no está en los cielos…

Sevilla, 28/II/2006

¡Bienvenido, Mr. Anderson!

Sigo dando vueltas en mi cabeza a la experiencia de ayer, con el compromiso de Dominique Lapierre en India. Me impactó mucho la experiencia que contó de Bhopal, tristemente recordada después de casi veintidós años de muertes y heridas por la fuga del pesticida isocianato de metilo. Contaba Dominique que estaba impresionado por la manifestación reciente de mujeres, en su largo camino hacia Nueva Delhi, para reivindicar agua potable tantos años después de aquél domingo, 2 de diciembre de 1984, porque los acuíferos siguen contaminados.

En homenaje a todas las mujeres del mundo que alzan su voz para ser escuchadas en legítima defensa personal y familiar, incorporo hoy un artículo que escribí y publiqué en Huelva, sobre esa triste realidad, en el periódico “La Noticia”, el 10 de diciembre de 1984. Suena cercano y próximo en el tiempo. Desgraciadamente. Si quieres conocer algún detalle más, puedes consultar la siguiente dirección en Internet: http://www.foroidea.com/asfixia-bhopal.html. Seguir “interesados” en la realidad de Bhopal no debería ser solo cosa de algunos. Ayer me lo recordaron y así te lo transmito.

Dentro de unos días todo volverá a su normalidad habitual, si es que en la India algún día es normal, dentro de tanta hambre y miseria como la circunda por todas partes. La ciudad de Bhopal, segundo gran aviso al mundo de las paradojas del desarrollo tecnológico actual, intentará reconstruir la vida en su sentido más estricto. Hombres, mujeres y niños tendrán que recuperar las ganas de vivir después de ser testigos de una tragedia servida en color por las grandes cadenas de televisión del mundo. Todos hemos podido comprobar en directo cómo se fabrica la muerte y las deformidades a pocos metros de casa. Para consuelo de la humanidad en general, parece ser que las madres gestantes van a vivir la incertidumbre de sus futuros hijos, a los que al menos se les garantiza la conservación de un único sentido: el gusto. Tremenda contradicción en una población atacada precisamente por el hambre y el desconcierto de seguir viviendo.

La insensibilidad humana alcanza límites preocupantes. Ya pueda hundirse el mundo de al lado, que mientras no afecte mis propios intereses humanos no voy a entrar en auténtica crisis de solidaridad.

Todo quedará en una cuenta corriente y en la clásica ropa usada, lavada y planchada «pret-á-porter en clase pobre» para «ayudar» a un pueblo «que se debate entre la vida y la muerte». Desgraciadamente y con el más puro sentido sarcástico del humor americano, «podemos construir la tecnología, podemos calcular los riesgos (sic), pero no podemos predecir la reacción de la gente, ya sea por falta de educación o por incompetencia. Siempre existe el imprescindible factor humano». Esta frase de taco de almanaque la ha pronunciado Marcel Lafollette, técnico del Instituto Tecnológico de Massachussets y de la Universidad de Harvard. Según su interpretación, el factor humano tiene la culpa de todo. Verdaderamente, de vergüenza. ¿A qué ciudadano de Sanjuanico o Bhopal se le ha pedido parecer u opinión sobre la instalación de fábricas mortíferas a su alrededor físico? A nadie. ¿Qué técnico de estas fábricas tiene la patente de corso para no errar? Ninguno. Luego la conclusión es obvia: se tendrá que discutir la «necesidad» de mantener este tipo de fábricas o a lo sumo, enclavarlas en lugares de máxima seguridad mundial, si es que queda algún sitio seguro en el planeta. Pero echar la culpa al sufrido y nunca bien ponderado factor humano parece demasiado. Siempre se aprende perdiendo, pero pérdidas de esta envergadura no justifican ni tan siquiera al refrán.

Y sociológicamente nos sorprenden los dos lugares donde se han producido los dos grandes desastres en el espacio de días: ciudades y extrarradios de macro-micrópolis donde se concentra normalmente la pobreza. Sanjuanico y Bhopal se entienden a sí mismas por ser lugares donde la fuerza del desarrollo se mide por el autoritarismo de sus chimeneas y grandes depósitos. Una tímida valla metálica y letreros tipo de «toxic» con llama y calavera incluidas, «avisan» del peligro de la empresa. Creo que es una auténtica burla hacia la población colindante, donde entre otras miserias no tienen ni siquiera acceso a la escuela para aprender los avisos en inglés. Posiblemente, ni recursos económicos para comprar los «plásticos” cuyos componentes fundamentales se fabrican a cuatro pasos de sus casas. Es decir, gozan de la proximidad de «olores», «contaminación» y nubes tóxicas como justo castigo a construir los barracones donde malviven a escasos metros del césped de las grandes fábricas. Si vivieran en el centro de la ciudad no habrían sufrido sus consecuencias. Si además sus reivindicaciones ciudadanas se pierden en la selva de las justificaciones institucionales y tecnológicas, no hace falta más comentarios, como en los buenos chistes: el desastre está servido. Al igual que en las antiguas campañas de Navidad, habría que decir: «ponga  unos cuantos muertos en sus pantallas de televisión», mientras se nos caen restos del polvorón clásico.

Huelva tiene mucho que pensar con estos avisos estratégicos. Estos desgraciados simulacros deben llevamos a formar grupos humanos, solidarios «a priori», para divulgar y conocer a fondo qué es lo que tenemos a un kilómetro en línea recta. Para ejercer la denuncia, para defender el derecho a la vida aunque ya hayamos nacido. Para respirar tranquilos y cuidar sigilosamente el olfato, maltrecho por ese «cierto olor a podrido” que nos rodea en la madrugada.

A los treinta y dos años del éxito de Bardem con su película «Bienvenido Mr. Marshall», le podríamos pedir de nuevo un rodaje de reposición en nuestra ciudad. Sería el momento de vivir la experiencia de aquel inocente pueblo y alcalde a su cabeza, trocando aquella desilusión en vítores y aplausos para un desmontaje de lo existente, negando todos los cartones del bingo de las multinacionales de la muerte, en una demostración de fuerza ante tanto sinsentido. Es más o menos lo que tendría que haber pedido y vivido la población de Bhopal, cuando un alto directivo de la Union Carbide, propietaria de la planta de isocianato de metilo, decidió construir una factoría en su territorio.

Mr. Anderson se «quedó» allí, un director de típica factura americana, un «modelo» para la sociedad actual. Muchos hemos pensado estos días con auténtica añoranza el mensaje de Bardem: ojalá hubieran tenido la posibilidad de haber pintado en su pancarta: «¡Bienvenido, Mr. Anderson!». La caravana de Union Carbide pasaría de largo, dejando una estela de alegría en los habitantes de Bhopal o Huelva, pues desde la parábola del miedo es lo mismo…

LA NOTICIA, Lunes, 10 de Diciembre de 1984

Género y vida

Cincuenta rupias

Lo escuché sobrecogido. Esta mañana, en un espacio televisivo de entrevistas, del que me considero televidente de primera fila, he escuchado a Dominique Lapierre contando pasajes de su última publicación “Érase una vez la URSS” y el motivo de fondo de la misma: destinar el cincuenta por ciento de los derechos de autor de esta obra así como de todas sus publicaciones a las obras de solidaridad que está llevando a cabo en las orillas del delta del Ganges, en la India. Escuelas, hospitales, centros de acogida, barcos-hospital, todo por responder a una máxima que aprendió de aquellas personas: todo lo que no se da, se pierde.

Ha comentado como el que no quiere la cosa, que tienen que pagar a las mafias de estas orillas, cincuenta rupias (el equivalente a un euro), por rescatar a las niñas y niños y llevarlos a la escuela. Un euro, una niña, un euro, un niño. Vive con la ilusión de hacerlos libres, que aprendan inglés e informática (así), para ser alguien en ese universo perdido de miseria, distribuido en cien islas donde se vive con un euro diario. En definitiva, tienen que pagar para hacer feliz a una niña ó a un niño, pagar por enseñar, pagar por devolver dignidad humana a un millón de personas abandonadas a su suerte.

He aprendido mucho y he podido vislumbrar que el humanismo digital ayuda a definir mejor la inteligencia digital. Ha insistido mucho en la importancia de la informática, de los ordenadores, para hacer libres a las niñas y niños indios. Precisamente en un país que es reconocido en la comunidad mundial como una potencia informática, pero donde todavía se producen estas brechas, yo diría abismos, simas, fallas, digitales.

Hoy, gracias a una revolución digital como es la de la televisión he podido aprender de los demás, de personas concretas que se hacen grandes en la medida que aprovechan la potencialidad de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación para hacer más hermosa la vida propia y la de los demás.

A partir de este momento voy a comprender mejor a Sukanya, nuestra ahijada en Anantapur (India). La flor que nos pintó expresamente hace sólo unos días nos anima a seguir siendo para los demás. Desde aquí, nuestro agradecimiento familiar a Vicente Ferrer y a su Fundación (http://www.fundacionvicenteferrer.org), por ayudarnos a comprender la tragedia del valor y precio de la educación digital, totalmente confundidos en la economía mundial: un euro, de los que sirven a la Fundación de Dominique Lapierre para llevar la libertad de ser a un millón de personas que viajan a ninguna parte, aunque haya que comprarla a un determinado precio.

Teresa de Calcuta lo vislumbró hace ya muchos años en el entorno de su compromiso diario:

«La vida es una oportunidad. ¡Aprovéchala! La vida es belleza. ¡Admírala! La vida es beatitud. ¡Saboréala! La vida es un sueño. ¡Hazlo realidad! La vida es un reto. ¡Afróntalo! La vida es un deber. ¡Cúmplelo! La vida es un juego. ¡Juégalo! La vida es preciosa. ¡Cuídala! La vida es riqueza. ¡Consérvala! La vida es amor. ¡Gózala! La vida es un misterio. ¡Desvélalo! La vida es promesa. ¡Cúmplela! La vida es tristeza. ¡Supérala! La vida es un himno. ¡Cántalo! La vida es un combate. ¡Acéptalo! La vida es una tragedia. ¡Domínala! La vida es una aventura. ¡Disfrútala! La vida es felicidad. ¡Merécela! La vida es la vida. ¡Defiéndela!».

Sevilla, 26/II/2006

Género y vida