El cerebro es bello

Todo hombre puede ser, si se lo propone, escultor de su propio cerebro

Santiago Ramón y Cajal (1852-1934)

Lo ha manifestado recientemente el neurocientífico Javier de Felipe, en la presentación de su nuevo libro El jardín de la Neurología. Sobre lo Bello, el Arte y el Cerebro: “No solamente el cerebro humano es bello, sino que el cerebro de todas las especies contiene una belleza intrínseca que es alucinante, es como ir a un museo” (1). En este blog lo he expresado también con este enfoque artístico en los artículos dedicados a explicar la estructura del cerebro, como sede central de la inteligencia, porque este cuaderno de inteligencia digital tiene un hilo conductor claro: aproximarnos al conocimiento del cerebro, divulgar sus estructuras y la raíz de muchos comportamientos humanos, por complejos que sean. Sin lugar a dudas, gracias a este siglo esperanzador, al que he llamado “el siglo del cerebro”, que ya presentaba como tal en 2006 en un post dedicado a esta realidad tan próxima, acabaremos descubriéndolo en su sentido más profundo: “Por eso insisto en que este siglo va a ser muy importante para la historia de la humanidad. La inteligencia se va a abrir paso en un mundo hostil que, por ahora, no le interesa mucho descubrir la magia del cerebro, porque dejaría al descubierto la gran mentira de los desajustes sociales, de la indecencia de la pobreza sublime que, por mucho que lo neguemos, la tenemos más cerca de lo que parece. Pobreza mental, sin ir más lejos”.

El cerebro, siendo bello, aloja la inteligencia, que también es bella porque nos permite interpretar la vida y resolver problemas del día a día, cobrando vida especial cuando tiene alma. Guido Orefici, tanto monta-monta tanto, el protagonista de La vida es bella, explicaba bien cómo podíamos ser inteligentes al soñar en proyectos: poniendo (creando) una librería, leyendo a Schopenhauer por su canto a la voluntad como motor de la vida y sabiendo distinguir el norte del sur. También, porque cuidaba de forma impecable la amistad con su amigo Ferruccio, tapicero y poeta. Hasta el último momento.

De Felipe insiste en destacar la calidad intrínseca del cerebro: “El arte y la ciencia van de la mano. El cerebro en sí mismo es tan bello que muchas veces, de forma metafórica, se podría decir que el pintor pinta su interior” […] y compara extasiado el cielo del cuadro La noche estrellada, la obra maestra de Vincent Van Gogh, con las placas que se observan en el cerebro de los pacientes con alzhéimer”.

EL CEREBRO ES BELLO

Para completar este retablo artístico de emociones y sentimientos, se comprende bien por qué el cerebro es bello, fundamentalmente porque contiene la inteligencia con alma que esculpe día a día la vida de cada persona: “Creo que estamos ante una situación excepcional para descubrir día a día cómo funciona el cerebro, el nuestro y el de las personas más próximas a nosotros, para que un día no muy lejano podamos comprender cómo hemos montado poco a poco el suelo firme (la ética) de nuestra vida, la raíz de la que brotan todos los actos humanos y los justifica. En el cerebro, ya sin lugar a duda alguna, porque como dice Dick Swaab, el alma es solo un malentendido.

Y lo dice una persona como yo, que intenta todos los días poner el alma en su sitio, no sobrenatural por supuesto, sobre todo cuando escribo: “Me he enamorado de mis libros y estoy viviendo esos momentos en los que mi alma está pendiente de todo, para que no falte nada a las personas que quieres y, a las desconocidas que van a captar esos sentimientos y emociones que adornan siempre la inteligencia conectiva que escribe, que se expresa desde dentro de cada autor, siendo Internet un medio poderoso y lleno de recursos para difundir este momento mágico, dando la razón a San Agustín cuando escribía en un perfecto latín un constructo que me ha acompañado siempre: bonum est diffusivum sui (el bien, se difunde a sí mismo). O lo que es lo mismo: la buena literatura, escrita con alma, se difunde a sí misma. Todavía más, con la ayuda de las tecnologías y sistemas de información, porque se construye y difunde con la inteligencia digital, cada día más al alcance de muchas personas que saben qué es escribir con el alma de la pasión” (2).

Con el alma de la inteligencia, sin lugar a dudas, que hace cada día más bello el cerebro de cada persona, sin que existan dos iguales en belleza interior, estando fuera del mercado del arte para que no se conviertan, afortunadamente y por ahora, en mercancía.

Sevilla, 30/XI/2015

(1) Ansede, Manuel (2015, 26 de noviembre). Un museo con 86.000 millones de obras de arte. El País.com.

(2) Escribir con el alma: https://joseantoniocobena.com/2014/03/26/escribir-con-el-alma/.

 

 

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