Las Variaciones Goldberg de Bach según Lang Lang

Aria, Variaciones Goldberg, Lang Lang

Sevilla, 6/IX/2020

Frecuento la última versión de las Variaciones Goldberg o Aria con variaciones diversas para clave con dos teclados (BWV 988), una obra esplendorosa de Bach, compuesta por treinta movimientos y un Aria, interpretadas por Glen Gould, en una edición remasterizada del original grabado en 1955, porque sigue siendo para mí una ejecución magistral sobre piano en una búsqueda del sonido desconocido para asimilarlo al doble “manual” (teclado) del clave, instrumento para el que fueron compuestas originalmente. Toda la obra es un “pasacalles”, una música festiva y popular propia de músicos ambulantes a los que Bach hace un homenaje en esta composición. Lang Lang, un pianista con sentimiento en cada ejecución, ha reconocido en una entrevista reciente la importancia de Gould en su vida, reconociendo la huella que ha dejado en su vida la famosa grabación de la Variaciones Goldberg de 1981: “La escuché cuando tenía 10 años y me mostró otra forma de entender la música de Bach, con esa tremenda variedad de caracteres, articulaciones y contrastes. Nunca pensé que pudiera tocarse de una forma tan multidimensional y dramática”. 

Es muy interesante la intrahistoria de esta obra monumental de Bach compuesta en 1741, para comprender mejor la belleza de su expresión musical, un encargo del conde Hermann Carl von Keyserlingk, embajador de Rusia ante la Corte de Sajonia, que tenía a su servicio al músico Johann Gottlieb Goldberg, uno de los alumnos más aventajados del maestro alemán. Keyserlingk sufría de insomnio y parece ser que le encarga a Bach escribir estas piezas para clave a modo de somnífero, aunque se cree que es una historia espuria. Escuchando la obra podemos llegar a entender que para Bach no suponía nada especial en su forma de componer la petición efectuada por Keyserlingk, aunque le pagara un centenar de luises de oro, sobre todo el Aria que abre las variaciones, con su contrapunto y el bajo “ostinato”, presente en toda su obra y como aviso para navegantes musicales, quizás la más conocida pero que siempre nos sorprende en su breve ejecución, con las posiciones imposibles de Glenn Gould en su famosa silla. Ahora, con el sentimiento expresivo de Lang Lang.

En estos días nos llega la versión de Lang Lang, presentada concretamente el pasado viernes 4 de septiembre en Pekín y llevada a cabo por la excelente editora musical Deutsche Grammophon, en una grabación realizada en la icónica iglesia de Santo Tomás, en Leipzig, donde Bach fue director del coro desde 1723 hasta su muerte en 1750. Desde que era un niño, las Variaciones Goldberg han sido una obstinación en su vida, en el sentido pleno de la palabra obstinación tan querida por Herman Hesse, dar pleno sentido a la vida. Ha reconocido que en una etapa de su niñez y adolescencia dedicó siete años a preparar las treinta variaciones y el aria de principio y fin, reconociendo que la variación 25, a la que la clavecinista y pianista Wanda Landowska llamó la “perla negra” de las Variaciones Goldberg, fue la que más trabajo le costó interpretar según su forma de comprender la música de Bach.

Su autobiografía, Un viaje de miles de kilómetros, “es sobre todo un relato del crecimiento personal de un niño que alcanza sus sueños y objetivos profesionales gracias al tesón y el amor a la música; es también un relato de conciliación de dos visiones distintas del mundo contemporáneo: Oriente y Occidente. Lang Lang nos ofrece además un recorrido privilegiado por la trastienda de la música clásica profesional donde los ídolos infantiles del joven –los maestros Christoph Eschenbach, Daniel Baremboim, Isaac Stern y Leon Fleisher, entre otros-, con generosidad ejercen el papel de mentores, ofreciéndole valiosos consejos para la vida y el arte”.

Lo más importante en Lang Lang es su obstinación por interpretar de la mejor forma posible a cada compositor. Ha sido su obsesión personal e intransferible en su difícil niñez y juventud y así se comprende cómo ha sido capaz de superar la tendinitis en su mano izquierda, producida por el tiempo dedicado a interpretar de la forma más completa posible el Concierto para la mano izquierda de Ravel, que le obligó a abandonar en 2016 los conciertos programados durante dos años hasta su reaparición a finales de 2018. Obstinación, una palabra que resume su vida entendida como obediencia a una sola ley que lleva al “propio sentido” de la vida. Una actitud que sigo aprendiendo hoy, acompañada por esta obra magistral de Bach interpretada por él “de forma multidimensional y dramática” y que me permite, en este tiempo tan difícil, soñar despierto.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.