Cuando los loros maleducados son noticia

Sevilla, 3/X/2020

En primero de periodismo se enseña que un ejemplo claro de cuándo la información se convierte en noticia es, por ejemplo, en la relación persona/perro, porque nunca será una noticia -en su sentido estricto- que un perro ha mordido a una persona, sino que una persona ha mordido a un perro. Ahora ha pasado algo curioso, noticiable, en la relación loro/persona, porque ha saltado al mundo la noticia de que cinco loros grises africanos, conocidos también como “yacos”, han tenido que ser retirados de la visita al zoológico Friskney, en Lincolnshire, porque a modo de “pandilla” o “manada” se dedicaban a insultar gravemente a las personas que se acercaban a ellos. Es llamativa la noticia porque, probablemente, son ellos los que llevan siglos sufriendo las vejaciones de muchas personas, enseñándoles por ejemplo palabras soeces, pero nunca se ha escuchado la noticia de que determinadas personas han sido expulsadas de un zoológico por enseñar palabras malsonantes a los loros grises, una especie que tiene unas habilidades especiales para aprender y repetir palabras humanas.

La verdad es que lo sucedido en este zoológico, más allá del riguroso estudio que propiciarán para los etólogos del lugar, es una metáfora de lo que sucede en la vida ordinaria en un mundo al revés, como el de Mafalda y en el que habitamos en estos momentos tan delicados para la humanidad. Por ejemplo, en las declaraciones públicas de determinados dirigentes políticos y sobre todo, en el Congreso de los Diputados de este país, donde los insultos proliferan y nunca pasa nada, aunque creo que sí sucede algo muy grave y sobre lo que no se profundiza nunca: la desafección política de la ciudadanía que es lo más desgarrador que puede ocurrir en democracia. ¡Total, para qué darle importancia, si sólo son insultos de nada, que pueden ser borrados de las actas si así se aprueba!, cuando creo que son insultos de mucho, porque significa la mala educación y la vejación del otro, nada ejemplarizante, de los padres y madres de la patria. Con un agravante sobre los loros grises del parque Friskney, que no pueden ser retirados de la vista del público porque allí siguen, sentados en sus escaños como si no hubiera pasado nada. Y los que acabamos excluyéndonos en nuestras casas para no volver a visitar el Congreso, somos nosotros, las personas y no los que insultan por doquier como deporte nacional, con un recuerdo especial para los niños y niñas que sufren el acoso escolar con todo tipo de insultos encubiertos por el silencio cómplice de todos.

No es de extrañar que el insulto sea otro pecado capital más de los españoles a tener en cuenta, mucho más cuando sabemos que nunca pasa nada y que podemos hacerlo en cualquier lugar y situación: familias, colegios, calles, reuniones de amigos, trabajo, deporte, etc., etc. Es deporte nacional y cuanto más grave sea el insulto más reconocimiento se tiene de los demás, sobre todo cuando se actúa en manada. Creo que no habría sitio suficiente en España si tuviéramos que hacer como con los loros grises de Lincolnshire, confinar a los que insultan y dicen palabras soeces y malsonantes, sobre todo en las redes sociales encubiertos por la cobardía del anonimato. Nos quedaríamos solos los que creemos que es una característica de nuestro país que deberíamos desterrar para siempre, aunque al igual que en la noticia de los loros grises, los verdaderos culpables son los cuidadores que quizá los han adiestrado a decirlos durante la cuarentena de acogida y les han reído las gracias de insultar o, en relación con nuestro país, los que consideran que insultar es una forma normal y progre de relacionarnos en casa, escuelas, trabajos o en el ocio diurno y nocturno de todo tipo. Creo que en determinadas ocasiones Hobbes tenía razón cuando decía que el hombre es un lobo para el hombre, homo homini lupus. En muchas ocasiones es así y si no que lo desmientan las noticias a diario de los informativos del lugar. Aunque todavía, que se sepa, no haya mordido nunca un hombre a un lobo.

Por último, algo me ha llamado la atención en esta noticia: a los cuidadores del zoo les ha preocupado que estos loros grises actúen así cuando están juntos, en manada y que probablemente habrá que separarlos cuando regresen a sus zonas visitables, creo yo que para que sientan vergüenza ajena por su comportamiento soez y maleducado y los manden a callar sus compañeros de jaula. Será un experimento a tener en cuenta. Ya veremos sus resultados y creo que nos los podrán contar los psicólogos y etólogos que como Irene Maxine Pepperberg, profesora-adjunta de psicología en la Universidad de Brandeis y profesora-lectora en la Universidad de Harvard, han trabajado durante décadas para conocer el comportamiento de estos loros: “En junio de 1977, un joven loro gris africano (Psittacus erithacus) de 13 meses llegó a la Universidad de Purdue, en West Lafayette (Indiana). El yaco había sido escogido de un aviario de las cercanías de Chicago no por sus cualidades, sino completamente al azar. Nada más llegar al laboratorio recibió el nombre de Alex (1976-2007), cuyas iniciales se corresponden con «Animal Learning EXperiment». Estaba a punto de comenzar una de las más apasionantes experiencias ocurridas en el ámbito de la ciencia que se dedica al estudio de la inteligencia animal. Veinticinco años después, podemos decir que los loros grises africanos han entrado por fin en los debates y teorías de psicólogos cognitivos, neurólogos y etólogos como nunca había ocurrido antes, y aunque lo han hecho de manera algo polémica, pocos expertos en cognición animal dudan ahora que hay que tomarse en serio la inteligencia de los papagayos. Esto se lo debemos fundamentalmente a la tenacidad, el empeño y la perseverancia de la persona que encargó en su día aquel yaco de Chicago para someterlo a un largo programa de investigación: Irene Maxine Pepperberg. Por supuesto, también se lo debemos a Alex” (1).

Los experimentos llevados a cabo con esta especie demuestran que si se les educan bien, son animales muy inteligentes, cercanos a las personas, sensibles, respetuosos y buenos compañeros de viaje a lo largo de su vida que, en algunos casos, superan los sesenta años. Para no olvidarlos, porque en laboratorio han demostrado que comparten con los humanos muchas más habilidades cognitivas que pronunciar palabras para insultar. Esa debería ser la gran noticia.

NOTA: la imagen ha sido recuperada hoy de https://www.iucnredlist.org/species/22724813/129879439

(1) https://es.wikipedia.org/wiki/Irene_Pepperberg

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.