Los irascibles del siglo XXI

Publicación de la fotografía de Los irascibles, en la revista LIFE, el 15 de enero de 1951

Sevilla, 5/X/2020

Conocí a comienzos de este año y a través de la Fundación Juan March, una exposición sobre Los irascibles: pintores contra el museo. Nueva York, 1950, que estuvo programada en principio desde el 6 marzo hasta el 7 de junio de 2020 y que fue cancelada una semana después de la inauguración por la declaración del estado de alarma. La Fundación, atenta a las consecuencias que ha sufrido la cultura en general a consecuencia de la pandemia, ha recuperado la exposición a través de una conferencia que no se pudo llevar a cabo en la programación original, con el título, La exposición explicada,  acerca de la muestra Los irascibles. Pintores contra el museo. Nueva York, 1950 (2020, Fundación Juan March): “Esta circunstancia única –la de un conjunto de obras de unos artistas que protestaron en 1950 precisamente por no ser expuestos, y que medio siglo después lo son, pero no pueden verse– es el punto de partida para un experimento visual que constituye el primer episodio de la nueva serie de ensayos audiovisuales, La cara B”. Tendrá lugar el próximo viernes 16 de octubre a través de los canales Canal March y YouTube.

Me ha llamado la atención este hecho histórico porque resume muy bien la confrontación que siempre se ha dado en todas las artes entre lo conceptualmente clásico y moderno (bohemio, a veces), a través de diferentes representaciones. La fotografía que encabeza estas palabras representa la generación de artistas conocida como Escuela de Nueva York, habiendo sido publicada por la revista LIFE el 15 de enero de 1951, en su página 24 dedicada a ARTE, con un pie muy significativo: Un grupo irascible de artistas avanzados ha liderado la lucha contra una exposición. Era el símbolo de una protesta colectiva, anunciada y escrita, por parte de un grupo de pintores y escultores que representaban el arte moderno y actual de Nueva-York ante el Metropolitan Museum of Art que había convocado para finales del año 1950 un concurso teledirigido por las fuerzas vivas artísticas de Nueva York (American Painting Today, Pintura estadounidense actual), muy lejos de sus planteamientos rompedores en el arte americano del momento.

Si hoy he efectuado una parada en mi rincón artístico personal es para reivindicar la situación crítica que está atravesando la cultura en España, en todas sus manifestaciones posibles, a consecuencia de la pandemia. Es imprescindible que se actúe con visión de presente y futuro par parte del Gobierno correspondiente para proteger los daños colaterales que está sufriendo la CULTURA, con mayúscula, como caudal en el que se manifiestan todos los sentimientos y emociones, conocimientos, habilidades y actitudes de los artistas en general, sin excepción alguna, así como la que están sobrellevando a duras penas  los profesionales que producen estas manifestaciones en todos los estamentos culturales posibles. Es verdad que está sucediendo en unas manifestaciones artísticas más que en otras, pero que malviven con un denominador común: los artistas, en general, no pueden expresarse por la lejanía impuesta del público, por la distancia o ausencia de la ciudadanía a actos culturales de todo tipo por motivos sanitarios, cuando son los auténticos destinatarios, receptores y participantes activos en la cultura general de este país.

Entiendo la actitud irascible como la forma de expresar un “sentimiento de indignación que causa enojo”, atendiendo a la primera acepción del término “ira” en el diccionario de la RAE. Necesitamos, por tanto, reivindicar el papel de los artistas irascibles del siglo XXI, junto a una ciudadanía también irascible, en plena pandemia, contra una ausencia de protección oficial de la cultura en estos duros momentos, entendida como la representación del sentimiento más profundo del ser humano en una forma de ser y estar en el mundo a través del arte, en todas y cada una de sus manifestaciones. También, porque hay alternativas digitales a la cultura tradicional, que se deberían explorar de forma estratégica estatal, utilizando los medios públicos de comunicación, para paliar los daños actuales. Como un ejemplo clarificador de la situación actual de consumo cultural teledirigido y no razonable, es obvio constatar que estamos asistiendo a la explosión de la llamada “cultura del entretenimiento” de determinadas cadenas privadas de televisión, verdaderamente lamentable, donde es público y notorio que se persiguen fines nada claros de atención y servicio a la ciudadanía en sus necesidades culturales, aprovechando la situación de desconcierto que producen los confinamientos forzados y la obligada ausencia de asistencia a los espacios tradicionales.

Es obvio que necesitamos una revolución cultural de “los irascibles del siglo XXI” en estos momentos tan delicados de restricciones por la pandemia. Es muy importante no olvidar a nuestros antepasados, salvando hoy lo que haya que salvar en términos artísticos y el levantamiento de los artistas es hoy una necesidad junto a la ciudadanía responsable y amante de la cultura. No perderé la oportunidad de aprender de lo que protagonizaron los irascibles de Nueva York, gracias al extraordinario trabajo desarrollado por la Fundación Juan March para acercarnos esta realidad tan aleccionadora. Una metáfora excelente en tiempos de coronavirus.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.