La Conferencia de Glasgow (COP26) tratará sobre una traición humanitaria en este mundo al revés

COP26 / New York Times

[…] con sus predicadores
sus gases que envenenan
su escuela de chicago
sus dueños de la tierra
con sus trapos de lujo
y su pobre osamenta
sus defensas gastadas
sus gastos de defensa
con su gesta invasora
el norte es el que ordena 
[…]

Mario Benedetti, El Sur también existe

Sevilla, 7/XI/2021

El 31 de octubre se inauguró en Glasgow (Escocia) la Conferencia de las Naciones (Partes, en inglés), conocida a nivel mundial como COP, en su 26ª edición, que se clausurará el 12 de noviembre y a la que asisten en esta ocasión 130 Jefes de Estado, aunque con ausencias clamorosas como las de los presidentes Xi Jinping, de China, Jair Bolsonaro, de Brasil, y Vladimir Putin, de Rusia. Esta Conferencia se configura como un seguimiento de los acuerdos de las 197 naciones que accedieron a la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático en una reunión celebrada en 1992. Fue la primera vez que se abordó “la peligrosa interferencia humana en el sistema climático” y la forma de estabilizar los niveles de las emisiones de gases de efecto invernadero en la atmósfera, aunque la primera COP se llevó a cabo en Berlín en 1995, después de que una masa crítica de naciones ratificara la convención del clima citada. Pero quizás fue la Conferencia de 2015 la que propició formalmente el Acuerdo de París, considerado a nivel mundial como revolucionario, porque por primera vez, los países ricos y pobres accedieron a actuar, aunque fuera a diferentes ritmos, para hacer un frente común ante los efectos palpables del cambio climático.

Un objetivo fundamental de esta Conferencia es limitar el aumento de la temperatura global a menos de 1,5 grados, para volver a una situación que ahora parece como utópica, si lo relacionamos con los niveles previos a la Revolución industrial. El calentamiento global es una realidad palmaria y estamos avisados: si la temperatura sigue subiendo, el calentamiento global se traducirá a olas de calor, escasez de agua, malas cosechas y el colapso de los ecosistemas que dan vida al Universo. La activista Greta Thunberg me lo recordó el lunes pasado, con estas palabras:

La humanidad no está consiguiendo detener la crisis climática. Ahora ya es más que urgente y el planeta está pidiendo ayuda a gritos. En estos momentos, los dirigentes mundiales están reunidos en una cumbre histórica para hablar sobre el clima — pero no vamos a tolerar más promesas sin medidas concretas. Necesitamos unos líderes decididos y visionarios que hagan de una vez por todas lo que haga falta para alejarnos del abismo. Acudiré a las charlas con algunas líderes juveniles inspiradoras como Vanessa Nakate y Dominika Lasota. Nos reuniremos personalmente con decenas de gobiernos — es una oportunidad de oro para transmitir un llamamiento urgente a la acción. Únete a nosotras: suma tu nombre con un solo clic y compártelo”.

Cuando escribo estas palabras, mi firma es la 1.777.079, cerca del objetivo de que antes de que finalice la COP26, Greta Thunberg, junto a Vanessa Nakate y Dominika Lasota, entregarán a las autoridades mundiales mas de dos millones de firmas con un manifiesto claro y contundente. Ella misma afirma en su petición que “Puede parecer increíblemente duro mantener viva la esperanza frente a la inacción. Pero la mía está depositada en las personas — en las millones de voces que están alzándose para salvar nuestro futuro. Mi esperanza está puesta en nuestras marchas, en nuestra determinación férrea a seguir luchando y en nuestras voces trémulas cuando le cantamos las verdades al poder. Mi esperanza radica en la acción y se nutre del amor por la humanidad y nuestro bellísimo planeta. Es la que me mantiene absolutamente convencida de que podemos conseguirlo. Y de que debemos hacerlo. Todos juntos”.

https://secure.avaaz.org/campaign/es/climate_action_now_loc/?cEJVUob

Lo más importante figura en el manifiesto que he firmado solidariamente con las demás personas, cerca de Greta Thumberg, como símbolo claro de lo que las nuevas generaciones piden de forma clara ante los gobiernos del mundo sobre la emergencia climática y que recojo textualmente a continuación:

A los líderes mundiales:

«Traición».


Así es como la juventud de todo el mundo describe el fracaso de nuestros gobiernos en la reducción de las emisiones de carbono. Y no es ninguna sorpresa.

Estamos catastróficamente lejos del objetivo crucial de los 1,5ºC y, aun así, los gobiernos de todo el mundo siguen acelerando la crisis y gastando miles de millones en combustibles fósiles.

Esto no es ningún simulacro. Es una alerta roja para la Tierra. Millones de personas sufrirán mientras nuestro planeta se destruye — un futuro aterrador que podría concretarse, o evitarse, en función de sus decisiones. En sus manos está el poder de decidir.

Como ciudadanas del planeta, les rogamos que afronten la emergencia climática. No el año que viene. Ni el próximo mes. Ahora mismo:

  • No abandonar el objetivo del 1,5 º C y conseguir una reducción inmediata, drástica y sin precedentes de las emisiones anuales.
  • Cortar inmediatamente todas las inversiones, subsidios y proyectos relacionados con los combustibles fósiles, y detener nuevos proyectos de exploración y extracción.
  • Poner fin a la contabilidad del carbono «creativa» publicando las emisiones totales de todos los índices de consumo, las cadenas de producción y distribución, el transporte internacional aéreo o marítimo, y la combustión de la biomasa.
  • Hacer entrega de los 100 mil millones de dólares prometidos a los países más vulnerables, incluyendo fondos adicionales para enfrentar desastres climáticos.
  • Aprobar políticas climáticas para proteger a los trabajadores y a los más vulnerables, y reducir todas las formas de desigualdad

Podemos lograrlo. Todavía estamos a tiempo de evitar las peores consecuencias, si estamos preparados para el cambio. Esto requerirá de un liderazgo fuerte y visionario, y de una gran valentía — pero sepan ustedes que, cuando se pronuncien, contarán con el respaldo de miles de millones de personas.

Sinceramente, 

Greta desde Suecia, junto con Vanessa desde Uganda, Dominika desde Polonia y Mitzi desde Filipinas

FIRMA: https://secure.avaaz.org/campaign/es/climate_action_now_loc/?cEJVUob

Nos está permitido soñar, como tantas veces he manifestado en este blog. Hoy lo hago junto a Greta Thunberg, Vanessa Nakate y Dominika Lasota, soñadoras y portadoras de un mensaje claro y contundente de mujeres valientes, enigmáticas, cargadas de palabras que denuncian el amargo silencio cómplice mundial ante una realidad palmaria como es el calentamiento global, el cambio climático y el efecto invernadero, pero que siguen enfrentándose a los poderes fácticos para obligarlos a cambiar un mundo al revés diseñado por el enemigo, aunque todavía su cambio, no sólo climático, es posible. Todos juntos.

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de ¿Qué es la COP 26? Y otras preguntas sobre la gran cumbre climática de la ONU – The New York Times (nytimes.com)

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Apagón y escasez, dos realidades ya presentes en el mundo al revés

Siempre hacia adelante / DAR YASIN (AP) | 25-11-2011 / El ciclista, en medio de una espesa niebla, mira a cámara mientras no detiene su avance por una de las calles de Srinagar (India)

Sevilla, 6/XI/2021

Por las noches, para no ver, enciendo la luz (escuchado por Mercedes Ramírez)

Eduardo Galeano, en Patas arriba. La escuela del mundo al revés.

Los agoreros mayores del Reino vienen anunciando desde hace unas semanas que estamos muy cerca de un gran apagón mundial y de una escasez de productos galopante, incluidos los básicos de alimentación y de todo tipo. Dicen que los primeros avisos los podremos constatar en el próximo Viernes Negro (Black Friday), en el que faltarán productos electrónicos y de consumo por la escasez de semiconductores que les permitan funcionar, porque hay escasez de sus componentes básicos. Además, la electricidad está por las nubes, nunca mejor dicho, porque no llueve y la producción de este bien básico depende de este líquido elemento también, entre otras fuentes de generación más sofisticadas. En resumen, no salimos de una encrucijada mortal como ha sido la pandemia y ya nos tenemos que enfrentar a otras dos que son un órdago a la responsabilidad humana en relación con el consumo como determinante común, un hábito que se instaló con el capitalismo y que el desarrollo industrial y las ideologías practicadas en política universal no han logrado combatir en su justo sentido, inmersos en una espiral del mundo al revés, que demuestra que algo hay que hacer urgentemente para contener este loco mundo del que cada vez cuesta más bajarse, a pesar de las recomendaciones de Groucho Marx, hace ya muchos años, cuando lo intentó y no pudo hacerlo para desesperación de sus seguidores.

Creo que estas dos realidades que se avecinan, el apagón mundial por zonas geográficas, así como la escasez progresiva de bienes de primera necesidad y de consumo, tienen una raíz única que consiste en la sobreexplotación de la naturaleza y sus recursos puestos al servicio de las personas. Los gobiernos de la Gran Aldea Mundial tienen la obligación de encarar con visión de Estado estas dos realidades y no alentarlas haciendo de coros nada angelicales de los poderosos de esta tierra, que deciden desde un ordenador portátil en el Este y en el Oeste, ya por este orden que hasta ahora no era así, es decir, desde China, Rusia y hasta Estados Unidos, que el mundo sufra por alguna de sus veleidades: cierre a discreción de suministro de gas y elección no inocente de sus rutas de distribución por parte de los países productores, al igual que con las fuentes de energías diversas, entre las que no puede faltar la electricidad y el petróleo, hasta llegar a los semiconductores para controlar la electrónica en general, como dueña silente del mundo al revés, no a demanda del consumidor sino del productor que tiene la sartén por el mango y el mango también.

El primer carril bici fluorescente del mundo, en Nuenen. El cielo estrellado de Van Gogh sobre el asfalto.

En un libro de Eduardo Galeano, Patas arriba. La escuela del mundo al revés, al abordar el autor el problema de la pedagogía de la soledad en la que nos encontramos los que descubrimos la situación real del mundo tal y como se presenta en la actualidad, plantea en el programa de estudios dos cuestiones a cual más importante: lecciones de la sociedad de consumo y curso intensivo de incomunicación. En la primera dice textualmente: “El suplicio de Tántalo atormenta a los pobres. Condenados a la sed y al hambre, están también condenados a contemplar los manjares que la publicidad ofrece. Cuando acerca la boca o estiran la mano, esas maravillas se alejan. Y si alguna atrapan, lanzándose al asalto, van a parar a la cárcel o al cementerio. Manjares de plástico, sueños de plástico. Es de plástico el paraíso que la televisión promete a todos y a pocos otorga. A su servicio estamos. En esta civilización, donde las cosas importan cada vez más y las personas cada vez menos, los fines han sido secuestrados por los medios: las cosas te compran, el automóvil te maneja, la computadora te programa, la TV te ve. Globalización, bobalización Hasta hace algunos años, el hombre que no debía nada a nadie era un virtuoso ejemplo de honestidad y vida laboriosa. Hoy, es un extraterrestre. Quien no debe, no es. Debo, luego existo. Quien no es digno de crédito, no merece nombre ni rostro: la tarjeta de crédito prueba el derecho a la existencia. Deudas: eso tiene quien nada tiene; alguna pata metida en esa trampa ha de tener cualquier persona o país que pertenezca a este mundo. El sistema productivo, convertido en sistema financiero, multiplica a los deudores para multiplicar a los consumidores. Don Carlos Marx, que hace más de un siglo se la vio venir, advirtió que la tendencia a la caída de la tasa de ganancia y la tendencia a la superproducción obligaban al sistema a crecer sin límites, y a extender hasta la locura el poder de los parásitos de la «moderna bancocracia», a la que definió como «una pandilla que no sabe nada de producción ni tiene nada que ver con ella». La explosión del consumo en el mundo actual mete más ruido que todas las guerras y arma más alboroto que todos los carnavales. Como dice un viejo proverbio turco, quien bebe a cuenta, se emborracha el doble. La parranda aturde y nubla la mirada; esta gran borrachera universal parece no tener límites en el tiempo ni en el espacio. Pero la cultura del consumo suena mucho, como el tambor, porque está vacía; y a la hora de la verdad, cuando el estrépito cesa y se acaba la fiesta, el borracho despierta, solo, acompañado por su sombra y por los platos rotos que debe pagar. La expansión de la demanda choca con las fronteras que le impone el mismo sistema que la genera. El sistema necesita mercados cada vez más abiertos y más amplios, como los pulmones necesitan el aire, y a la vez necesita que anden por los suelos, como andan, los precios de las materias primas y de la fuerza humana de trabajo. El sistema habla en nombre de todos, a todos dirige sus imperiosas órdenes de consumo, entre todos difunde la fiebre compradora; pero ni modo: para casi todos, esta aventura empieza y termina en la pantalla del televisor. La mayoría, que se endeuda para tener cosas, termina teniendo nada más que deudas para pagar deudas que generan nuevas deudas, y acaba consumiendo fantasías que a veces materializa delinquiendo”.

Para abrir boca no esta mal y para abrir los ojos de una vez por todas tampoco. Lo que Galeano nos quiere decir ahora ante los dos enemigos públicos que nos presenta el capitalismo actual y tal como lo han estructurado, es que pobres somos todos ante estas realidades, según las categorías que él mismo explicó: “Pobres, lo que se dice pobres, son los que no tienen tiempo para perder el tiempo. Pobres, lo que se dice pobres, son los que no tienen silencio, ni pueden comprarlo. Pobres, lo que se dice pobres, son los que tienen piernas que han olvidado de caminar, como las alas de las gallinas se han olvidado de volar. Pobres, lo que se dice pobres, son los que comen basura y pagan por ella como si fuese comida. Pobres, lo que se dice pobres, son los que tienen el derecho de respirar mierda, como si fuera aire, sin pagar nada por ella. Pobres, lo que se dice pobres, son los que no tienen más libertad que la libertad de elegir entre uno y otro canal de televisión. Pobres, lo que se dice pobres, son los que viven dramas pasionales con las máquinas. Pobres, lo que se dice pobres, son los que son siempre muchos y están siempre solos. Pobres, lo que se dicen pobres, son los que no saben que son pobres”.

Quizás ha llegado el momento de anunciar al mundo mundial que todos somos pobres según los designios de los poderes fácticos del mundo y que la mayor pobreza es la incomunicación que el capitalismo genera a través del dios consumo. Los avisos programados ya para el Black Friday son eso, sólo avisos de que siendo ricos somos pobres, que para ver de día vamos a tener que encender la luz del alma y que para no ver la noche que viene tendremos que encender la mejor luz que dispongamos, sobre todo la que tiene el tiempo dentro. Que el calor humano no se resuelve comprando de forma compulsiva cocinas de gas porque basta el enfado de Argelia para amargarnos la Navidad a poco que nos descuidemos. Es que, como Galeano nos enseña en su escuela del mundo al revés, ¿no tenemos en cuenta todavía que somos los más pobres del mundo, porque no sabemos el gran caleidoscopio de lo pobres que somos? Porque pobres, lo que se dice pobres, son los que son siempre muchos y están siempre solos ante los apagones mundiales de todo y ante la escasez de lo que la naturaleza nos entrega a veces a cambio de nada. La incomunicación total por definición.

Galeano finaliza sus clases sobre lecciones de la sociedad de consumo y curso intensivo de incomunicación, con una reflexión impecable, que leo una y mil veces en esta ardiente impaciencia ante el gran apagón mundial que se avecina y la escasez de todo que nos rodea por las esquinas del consumo: “Los dueños del mundo usan al mundo como si fuera descartable: una mercancía de vida efímera, que se agota como se agotan, a poco de nacer, las imágenes que dispara la ametralladora de la televisión y las modas y los oídos que la publicidad lanza, sin tregua, al mercado. Pero, ¿a qué otro mundo vamos a mudarnos? ¿Estamos todos obligados a creernos el cuento de que Dios ha vendido el planeta a unas cuantas empresas, porque estando de mal humor decidió privatizar el universo? La sociedad de consumo es una trampa cazabobos. Los que tienen la manija simulan ignorarlo, pero cualquiera que tenga ojos en la cara puede ver que la gran mayoría de la gente consume poco, poquito y nada necesariamente, para garantizar la existencia de la poca naturaleza que nos queda. La injusticia social no es un error a corregir, ni un defecto a superar: es una necesidad esencial. No hay naturaleza capaz de alimentar a un shopping center del tamaño del planeta. Los presidentes de los países del sur que prometen el ingreso al Primer Mundo, un acto de magia que nos convertía a todos en prósperos miembros del reino del despilfarro, deberían ser procesados por estafa y por apología del crimen. Por estafa, porque prometen lo imposible. Si todos consumiéramos como consumen los exprimidores del mundo, nos quedaríamos sin mundo. Y por apología del crimen: este modelo de vida que se nos ofrece como un gran orgasmo de la vida, estos delirios del consumo que dicen ser la contraseña de la felicidad, nos están enfermando el alma y nos están dejando sin casa: aquella casa que el mundo quiso ser cuando todavía no era”.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

El Metaverso no será el nuevo Universo que quiere ser

Sevilla, 5/XI/2021

Hace unos días el fundador de Facebook descubrió la pólvora digital: el Metaverso. Todo será una realidad virtual y allí es donde hay que dirigir el dinero de unos pocos que controlan el mundo de otros muchos. Así lo enfocaba un artículo reciente en el diario El País: “El metaverso, la ‘nueva’ frontera de las grandes tecnológicas. Mark Zuckerberg pone bajo los focos el desarrollo de un universo virtual completo en el que se desarrollen los servicios y una economía multimillonaria”. La verdad es que con la que está cayendo, lo peor que nos puede ocurrir es que cada vez nos alejen más del principio de realidad en nuestras vidas, de nuestro Universo, del patio de nuestro universo como ciudadanos, que es muy particular, sabiendo que cuando llueve se moja como el de los demás.  Lo aprendí leyendo una pancarta en una manifestación de los trabajadores del sector automovilístico y de las máquinas de escribir electrónicas en Turín (Italia), en los años setenta del pasado siglo: «los hijos de los ricos siempre están cansados, los hijos de los pobres siempre están locos», para reivindicar otros espacios para la locura humana provocada por universos imposibles. O lo que es lo mismo ahora: los hijos de los que más tienen están cansados del Universo actual, necesitan el Metaverso; los hijos de los pobres y de los nadies de Galeano, no, porque no tendrán acceso a él, el mundo irreal de Zuckerberg y sus muchachos para ser felices y al que pondrán un alto precio. La razón de la razón digital se llama Metaverso virtual, porque sustituirá más pronto que tarde al Universo real. La razón del corazón…, sólo será «cosa de humanos».

Quizás porque pertenezco a una generación que siempre se ha debatido en términos pascalianos, es decir, que comprendimos muy jóvenes que todo en la vida se mueve en torno al cerebro y al corazón, es decir, que siempre hay una dialéctica entre la razón de la razón y la razón del corazón en los universos particulares que conviven con el Universo general, hay que comprender bien ahora que quiere decir Zuckerberg sobre su nuevo mundo, porque este planteamiento es de todo menos inocente. ¿A qué o a quién hay que obedecer? Si además hemos crecido en la cultura deontotónica del deber, el conflicto está servido, aunque aparentemente sea sólo digital, por supuesto (que no lo es).

Tantos años dedicados al examen de la persona de secreto que llevo dentro, tantos exámenes de conciencia que me han encogido el corazón (lo hacían más pequeño, por paradójico que parezca…) exigen ahora que le dé su sitio, una oportunidad en el Universo en el que me ha tocado vivir, con sus aciertos y sus errores. No necesito el Metaverso. Y no hay otra solución que crecer, crecer y crecer para demostrar al mundo que el primer motor inmóvil, es decir, un dios desconocido, aristotélico por más señas, necesita situarse en el corazón de las personas que continuamente están en el umbral de la encrucijada vital. ¿Para qué? Para seguir demostrando al mundo de uno mismo, de los demás y del universo (lo aprendí en alemán hace muchos años: eigenwelt, mitwelt, umwelt), que la razón del corazón hace a las personas más buenas en el sentido pleno de la palabra “bueno” en el Universo real, no ficticio como en el Metaverso, que a cada uno le ha tocado vivir. Más inteligentes también, porque son capaces de resolver sus problemas en el Universo real de cada día.

La Universidad de la Naturaleza, que de universos va la vida, da sus clases en la calle, en un entorno siempre cercano, que deberíamos rescatar antes de acudir al Metaverso enunciado, pensando un momento nada más en lo mal que está distribuida la riqueza del mundo y lo injusta que es esta situación que conocemos todos y sobre la que estamos avisados. Una de ellas, es lo que llamo la inteligencia emergente, que tenemos todos por definición en esencia y potencia, por mucho que al capital le duela. Indudablemente, porque todos los seres humanos, mujeres y hombres, niñas y niños, tenemos el recurso natural principal: la inteligencia emergente como estructura que siempre anda preocupada por organizarse espontáneamente, adaptándose permanentemente mediante retroalimentación positiva a determinadas situaciones propicias o adversas, pero con un fin común, vivir conforme a un plan que permite resolver problemas con un objetivo muy claro: ser felices. Y la ciudad es un patrón excelente para cooperar en esta búsqueda legítima de felicidad. O de infelicidad, por el urbanismo adverso, en la dialéctica vivienda/murienda (perdón por el neologismo). Corren tiempos, además, en los que los especuladores escondidos en fondos buitres de todo tipo, se suben de nuevo a los barcos de los que se tiraron cuando huían miserablemente en desbandada, cuando en los tiempos tan cercanos y actuales de crisis olieron la biomímica [biomímico no es cosechar los recursos de la naturaleza, sino sentarse a sus pies como estudiantes o la práctica de pedir prestados los diseños principales de la naturaleza para crear más productos y procesos sostenibles. porque ya no les salen las cuentas]. Y aquí y ahora, en el escolástico hic et nunc, podemos dar rienda suelta a las tesis de las aceras inteligentes y sociales en las ciudades, las que amaba la gran urbanista americana Jane Jacobs, porque cuando el dinero no corre, la inteligencia vuela. Emergente, por supuesto, porque se demuestra que lo que ocurre en las ciudades nunca nos es ajeno. Existen patrones escritos desde hace millones de años y las ciudades se reinventan permanentemente: “¿por qué ha triunfado el superorganismo de la ciudad sobre otras formas sociales? Como en el caso de otros insectos sociales, hay varios factores, pero uno crucial es que las ciudades, como las colonias de hormigas, poseen una inteligencia emergente: una habilidad para almacenar y recabar información, para reconocer y responder a patrones de conducta humanos. Contribuimos a esa inteligencia emergente, pero para nosotros es casi imposible percibir nuestra contribución porque vivimos en la escala incorrecta” (1). En definitiva, amar el Universo y transformarlo para vivir todos dignamente.

Otra experiencia es la que ha llevado a cabo el fotógrafo brasileño Sebastião Salgado, en su descubrimiento paulatino del escenario auténtico del Génesis, donde se desarrolló el Universo actual y que lucha todos los días por enseñar a conservarlo, que conocí cuando se iniciaba el proyecto en 2005, bajo el título de Génesis, que él mismo explica en profundidad para amar el Universo actual, algo mágico y más profundo que el metaverso: “¿Para qué [lo hago]? Para emular el ojo de Dios, pero ser fiel a Darwin, para dar testimonio de los orígenes de la vida intactos, para certificar que corre el agua, que la luz es ese manantial mágico que penetra como un pincel y muta las infinitas sugerencias en blanco y negro. Para experimentar pegado a la tierra y los caminos aquello que relatan los textos sagrados pero también seguir la estela de la evolución de las especies; para comprobar que los pingüinos se manifiestan; para comparar la huella con escamas de la iguana y el monumental caparazón de las tortugas en Galápagos; para explicar que los indígenas llevan en la piel tatuado el mapa de su comunión con la de los ríos y los bosques; y que los elefantes y los icebergs emulan fortalezas de hielo y piel; y que la geología diseña monumentos y que todavía quedan santuarios naturales a los que aferrarnos”.

Debemos amar el Universo actual porque la naturaleza nos invita todos los días a sentarnos a sus pies, como estudiantes en las aceras de nuestras ciudades, de la Universidad de la Vida, del Universo en el que vivimos, estamos y somos, tan real como la vida misma. Amar el mundo propio, el mundo que compartimos con los demás en la actividad familiar y laboral diaria y el Universo (umwelt) territorial y real en el que cada uno vive. Siempre nos valdrán los diseños prestados de la Naturaleza para que podamos disfrutar de nuevos productos sin tener que recurrir de forma teledirigida a los de la economía de mercado o virtual, no inocente, por supuesto. O al Metaverso de Zuckerberg, tampoco inocente por supuesto.

(1) Johnson, S. (2003). Sistemas emergentes. O qué tienen en común hormigas, neuronas, ciudades y software. Madrid: Turner-Fondo de Cultura Económica, pág. 90.

NOTA; la imagen se ha recuperado hoy de https://es.cointelegraph.com/news/the-metaverse-mark-zuckerberg-s-brave-new-world

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Los Conciertos de Brandeburgo, de J. S. Bach: cuando lo diferente siempre suena mejor al estar unido

Gustav Leonhardt, en el papel de J.S. Bach, en Crónica de Anna Magdalena Bach, 1967

Sevilla, 4/XI/2021

En este año, concretamente el pasado 24 de marzo, se ha cumplido el 300º aniversario de un hecho histórico: la presentación en sociedad de unos conciertos para muchos instrumentos (Six Concerts avec plusieurs instruments, en el original), compuestos por Johann Sebastian Bach en 1721 y que escucho siempre con respeto reverencial, que dedicó de forma no inocente al margrave (marqués) Christian Ludwig de Brandenburg-Schwendt (1677-1734), Su Alteza Real Mi Señor, hermano del Rey de Prusia, conocidos desde su redescubrimiento en 1849, como los Conciertos de Brandenburgo (Brandeburgo, en correcto español). Para mí es una obra sublime del barroco, de la que conservo en mi memoria de hipocampo secreto la interpretación al clave y dirección de los seis conciertos, simultáneamente, por parte de uno de los músicos que mejor comprendieron la música de Bach, Karl Richter, sobre el que he escrito en diversas ocasiones en este cuaderno digital.

Portada de los Six Concerts avec plusieurs instruments, escrita en francés, compuestos por J.S. Bach y dedicados al Margrave (Marqués) de Brandenburg [sic], el 24 de marzo de 1721

Siendo como siempre justo y benéfico, hoy he vuelto a descubrir esta obra en sus múltiples facetas, insondables a veces, por la lectura de dos artículos que recomiendo para comprender bien esta obra inconmensurable de Bach. El primero, el que dedicó Luis Gago, recientemente, en el diario de El País a esta efeméride, con un título sugerente y aleccionador, La audaz y perenne juventud de los Conciertos de Brandeburgo, del que recojo literalmente las primeras frases por su profundo significado: “Casi al final de los espartanos títulos iniciales de la mejor película jamás realizada sobre un compositor clásico, Crónica de Anna Magdalena Bach, empieza a sonar un fragmento del primer movimiento del quinto de los conocidos como Conciertos de Brandeburgo. Sus directores, Jean-Marie Straub y Danièle Huillet, anotan minuciosamente en su guion los compases exactos: 147 a 154. A continuación, en la primera escena, la cámara muestra únicamente, de espaldas, a Gustav Leonhardt, que encarna al compositor alemán y afronta, mientras el resto de los músicos guardan silencio, el extenso “solo senza Stromenti” (”compases 154 a 219″, detalla el guion) de este movimiento, un dechado de virtuosismo. Cuando concluye, el plano se abre y vemos tocar a todos los intérpretes, un grupo de siete músicos con vestuario e instrumentos de época, los nueve últimos compases del movimiento. Entre ellos se encuentra, al violonchelo, el patrón de Bach en aquel momento, el príncipe Leopold de Anhalt-Köthen, al que da vida Nikolaus Harnoncourt”, el gran Harnoncourt, el violonchelista que después pasó a ser un excelente director de orquesta, que siempre miraba al cielo durante los conciertos junto al baile armónico de sus manos, un alemán con alma austriaca que falleció en 2016 y que estudió de forma pormenorizada el contexto histórico, instrumental y musical de Bach y Mozart. Junto al Concentus Musicus Wien, tocó y dirigió obras con instrumentos del siglo XVIII, rescatados para no alterar la esencia de las partituras analizados compás a compás, frase a frase y en la partitura completa.

Atraído por estas palabras de Gago he visto la película completa, más allá de los Conciertos de Brandeburgo, con el objetivo de entrar en la vida y obra más significativa de Bach: “Se rodó en 1967 y se estrenó en Utrecht en 1968: interpretar entonces a Bach con instrumentos similares a los que utilizó el compositor era un acto auténticamente revolucionario. Muchos espectadores de la película no habían visto ni oído nunca a buen seguro nada parecido”. Fue la gran pasión de Harnoncourt a lo largo de su vida y así lo atestigua un libro que recomiendo leer para contextualizar bien su vida y obra consagrada a la música barroca y clásica: “Diálogos sobre Mozart” (1). Lo que verdaderamente me ha entusiasmado es la declaración de Gago sobre Bach en su obra cuando viene a decir que su música nunca fue inocente: “Tampoco puede pasarse por alto, en línea con la tesis de un polémico artículo de Susan McClary sobre el Bach más político aparecido en 1987, que, en el arranque mismo de la película, el servidor (Bach) ostente una clara posición de primacía sobre su patrón (el príncipe), sobre todo teniendo en cuenta que Straub y Huillet, decididos a ofrecer una imagen del genio plenamente desromantizada y a deslizar tras la asepsia aparente de las imágenes y el guion sus posiciones políticas izquierdistas, incidirán más adelante en el incómodo sometimiento del compositor a sus superiores durante su posterior destino profesional en Leipzig, cuyas autoridades municipales jamás cobraron conciencia de la magnitud del talento de su díscolo empleado”.

El segundo artículo al que he hecho referencia con anterioridad, en referencia a la película excelente sobre Bach, Crónica de Anna Magdalena Bach, es la crítica sobre su contenido realizada por Carlos Andrés Torres Herrera en Icónica. Pensamiento fílmico: “En Crónica de Anna Magdalena Bach (Chronik der Anna Magdalena Bach, 1967), una pareja de cineastas nos relata la vida y obra de una pareja de músicos. Danièle Huillet y Jean-Marie Straub muestran a través del cine el trabajo que Anna Magdalena Wilcke y, su esposo, Johann Sebastian Bach hicieron en la música: “Pretendemos mostrar personas atareadas en hacer música; pretendemos mostrar personas que realizan efectivamente un trabajo delante de la cámara, […] Al mostrar a músicos dedicados a su labor, la dupla Huillet- Straub no sólo “muestra” una forma de pensar y hacer música: también revelan su manera de proceder cinematográfica. Traducen a lo fílmico las ideas musicales. Encuentran en lo visual un eco de lo sonoro. Y en ese intercambio de ideas, la fuga adquiere un papel preponderante”. La fuga como una forma de expresar el contrapunto: “El contrapunto es como si una persona cantara una canción, una segunda persona otra muy diferente, y una tercera persona una melodía aún más diferente, todo esto al mismo tiempo. Resulta que todas estas canciones tan distintas entre sí, juntas suenan bien, tienen armonía. Esa fue una de las obsesiones de Bach: hacer que lo diferente suene mejor cuando está unido”. Efectivamente, ese es el gran secreto en la obra de Bach: “Podríamos decir que el primer plano secuencia es una exposición. Primero vemos a un sujeto, Johann Sebastian Bach, interpretando una virtuosa melodía en el clavecín, el Concierto de Brandenburgo no. 5. De pronto, la cámara se aleja y descubrimos que junto a él hay un conjunto de instrumentistas, el contrasujeto. La cámara nos ayuda a oponerlos e identificarlos. Los Conciertos de Brandenburgo son una forma de la fuga que se llama concerto grosso donde un conjunto pequeño de instrumentos se opone a uno grande”.

Las fugas y contrapuntos de Bach a lo largo de su obra significaron mucho en todas y cada una de sus composiciones. En los Seis Conciertos de Brandeburgo igualmente: “Las fugas son una forma de reelaborar lo pasado y lo presente. Nos fuimos y ahora que regresamos todo se vuelve diferente. ¿Por qué? Las cosas cambian o desaparecen, pero tenemos la posibilidad de reinventarlas. “Hacer la revolución es volver a colocar en su sitio cosas muy antiguas pero olvidadas”. Straub-Huillet [los directores de la película] imaginan lo que ya desapareció. No sólo la Historia sino las canciones que ya no existen. Lo único que canta Anna Magdalena Bach en la película es un aria (“Mit Freuden sei die Welt verlassen») de la que sólo se conserva el libreto, pues su música se perdió en algún momento. ¿Cómo, entonces, la puede cantar? Los músicos se dieron a la tarea de reconstruir la música a partir de otras composiciones de Bach. Gran ejercicio de imaginación y reinvención del pasado”.

Vuelvo a escuchar los Conciertos de Brandeburgo, pero en su versión inolvidable del gran maestro Karl Richter. Lo haré también, próximamente, con la edición especial que ha publicado Harmonia Mundi con instrumentos de época, interpretados por la Akademie für Alte Musik Berlin, celebrando la efeméride del tricentenario. Intervienen la violinista Isabelle Faust (con un Steiner) como solista en dos de los conciertos y Antoine Tamestit, como primera viola (con un Stradivari): “La rapidez de sus tempi recuerda a las versiones tenidas en su día (1987) por radicales y transgresoras de Musica Antiqua Köln. Superado aquel enfoque reivindicativo y aquel afán de extirpar de raíz cualquier vestigio de adherencias románticas, no muy alejados de los que alientan también en la película Crónica de Anna Magdalena Bach, su principal virtud es quizá conseguir que estas seis obras nos lleguen exultantemente jóvenes y llenas de vida, la misma que les ha permitido mantenerse tan frescas y audaces como cuando nacieron, al menos oficialmente, rodeadas de incógnitas, hace 300 años”.

Los Conciertos, según la interpretación al clave y dirección de Karl Richter, que se pueden visualizar y sentir en el vídeo que encabeza estas palabras finales, fueron grabados del 1 al 10 de abril de 1970 en el Castillo Nuevo de Schleissheim (Munich). Destaco un momento mágico de Richter, entre otros muchos (más bien diría que a lo largo de todos los conciertos), dirigiendo a la orquesta Bach en posiciones casi imposibles, al simultanear la dirección con la interpretación al clave, moviendo las manos en giros indicadores de melodías preciosas interpretadas por Richter y su orquesta como solo ellos sabían hacer, en un contrapunto permanente. Me refiero, por ejemplo, al primer movimiento del Concierto número 5, Allegro, donde se puede observar la maestría de Richter en el clave. Así comienza la película de Crónica de Ana María Bach. Pasen, vean y escuchen.

(1) Harnoncourt, Nikolaus, Diálogos sobre Mozart. Reflexiones sobre la actualidad de la música, 2016. Barcelona: Acantilado.

Harmonia Mundi, Conciertos de Brandeburgo, Edición del Tricentenario

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.  

La mirada de Ana Torrent escondía una ideología

Detalle de los ojos de Ana Torrent en Cría cuervos

Sevilla, 2/XI/2021

Ayer crucé mi mirada de nuevo con la de Ana Torrent (Madrid, 1966) en la película Cría cuervos, leyendo una entrevista a la actriz por parte de un periodista excelente, Manuel Jabois, en el diario El País. Aquel primer trimestre de 1976, año de su estreno, fue muy especial en mi vida de secreto y la película de Carlos Saura removió la moviola de mi pasado y presente en ese momento, sobre todo porque iniciaba un futuro desconcertante. No la olvido, ni tampoco la mirada inquietante de Ana, con unos ojos negros inmensos y el enigma de sus silencios, incluso en el baile con los compases de la canción de José Luis Perales e interpretada por Jeanette, ¿Por qué te vas?, que también forma parte de la banda sonora de mi vida. La pregunta siempre es inquietante, como la mirada de Ana Torrent, ante lo que queremos, creemos y se marcha de nuestras vidas. De ahí mi agradecimiento hoy, Ana, al cruzar mis ojos con tu mirada de entonces.

Cuarenta y cinco años después, hago un repaso de la intrahistoria de este país y vuelven a resonar aquellos compases, arropados por una letra que tampoco he olvidado: Bajo la penumbra de un farol / se dormirán / todas las cosas que quedaron por decir / se dormirán. Lo hago de nuevo porque la pregunta la tengo asociada a las ideologías, que están desaparecidas del escenario mundial y, obviamente, de nuestro país, situación que ya he tratado en este cuaderno digital en varios momentos de su existencia y que rescato hoy por su pertinencia en los tiempos que corren. Es curioso constatar que sólo unos días antes de que entráramos de lleno el año pasado en el confinamiento de la pandemia, concretamente el 29 de febrero de 2020, escribí una reflexión sobre estas cuestiones, que considero de Estado, bajo el título Ideología para transformar la sociedad: ¿por qué te vas?, que conserva plenamente su actualidad sin cambiar apenas una coma. Juzgue usted, lector o lectora de estas líneas:

Estamos atravesando una crisis importante de ideologías. No son inocentes y cualquiera no sirve para transformar el mundo y hacerlo más habitable, más amable y más confortable para todos. Sé que cuando se habla de esta realidad interior, personal o colectiva, rápidamente se nos tacha de utópicos equivocados de siglo. No lo percibo así, más aún cuando defiendo una ideología de marcado carácter social que ayuda a cambiar ese mundo que no nos gusta, a veces tan próximo que incluso nos asusta.

Navegando en esta patera frágil de la vida, en la que suelo embarcar a diario, suelo recurrir a un recurso barato (no está en el mercado), que es soñar despierto, creando historias imaginables e incluso reales como la vida misma. Vivo rodeado de personas que sueñan con un mundo diferente, porque no les gusta el actual, porque hay que cambiarlo. A mí me gusta ir más allá, es decir, el mundo hay que transformarlo. Pero surge siempre la pregunta incómoda, ¿cómo?, si las eminencias del lugar, cualquier lugar, dicen que eso es imposible, una utopía, un desiderátum, como si ser singular fuera un principio extraterrestre, un ente de razón que no tiene futuro alguno. No me resigno a aceptarlo y por esta razón sigo yendo con frecuencia de mi corazón y sueños a mis asuntos, del timbo al tambo, como decía García Márquez en sus cuentos peregrinos, buscando como Diógenes personas con las que compartir formas diferentes de ser y estar en el mundo, que sean capaces de ilusionarse con alguien o por algo. De soñar creando, porque los ojos, cuando están cerrados, preguntan.

Estas razones anteriores me han recordado una pregunta que hice en un post que escribí en este cuaderno digital en 2015, Ideología, ¿por qué te vas?, que vuelvo a publicar a continuación. Creo que mantiene su vigencia en su fondo y forma. Tenemos derecho a soñar despiertos y las ideologías de izquierda siguen siendo imprescindibles para transformar este mundo que a muchos no nos gusta.

Geraldine Chaplin y Ana Torrent en Cría Cuervos, dirigida por Carlos Saura

Ideología, ¿por qué te vas?

Tengo asociada esta pregunta a la escena de Cría cuervos, excelente película de Carlos Saura, que se estrenó dos meses después de la muerte de Franco, en la que Ana (Ana Torrent) la bailaba con sus hermanas. Es probable que los censores no comprendieran el trasfondo de la película que jugaba con el retrato político de España en esos momentos. La he recordado hoy al conocer la investigación científica que se ha desarrollado por la Universidad de Washington en la que se ha descubierto que los cuervos aprenden cuando a un miembro de su especie no le van bien las cosas: “La presencia del cuervo muerto podía decir a los otros pájaros que un lugar es peligroso y debería visitarse con precaución. Los graznidos ruidosos que emiten los pájaros podrían ser una forma de compartir información con el resto del grupo”.

Me ha parecido una metáfora que se puede aplicar a las personas y sus creencias políticas que se ausentan de nuestras vidas y de nuestros proyectos vitales e ideológicos, donde nadie es imprescindible, aunque a veces sí necesarios, porque los seres humanos pertenecemos a ese club selecto de atención a lo que ocurre alrededor de la muerte y sólo nosotros sabemos qué ocurre cuando desaparecen las ideologías. Deberíamos aprender de esta situación y de sus circunstancias, por qué no están, por qué se fueron o los echaron, por qué les corrompió la política y murieron para la decencia y la dignidad y por qué no dejan pasar a personas más jóvenes, más dignas, que saben cambiar las cosas en este momento en el que hay muchas cosas que cambiar. Así podríamos compartir la información veraz con los miembros de nuestros grupos humanos más queridos, para no volver a pisar caminos que no se deben andar.

Cualquier parecido de esta reflexión política con la realidad actual, no es como en el cine pura coincidencia. Aunque recuerde ahora a Carlos Saura escuchando esta canción de Jeanette como telón de fondo de una situación de España que como a él, en 1975, me agrada cada vez menos. Es la ideología, pero ¿por qué se va?

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

El gran poder de la lectura llega al alma de La Candelaria

ISA LEE 2021: niños de la barriada de La Candelaria protagonizan el acto anual de Iniciativa Sevilla Abierta por la Feria del Libro de Sevilla

Sevilla, 1/XI/2021

Ayer pude tocar el cielo del gran poder de la lectura en el acto organizado en la Feria del Libro 2021, en Sevilla, por la Asociación Iniciativa Sevilla Abierta, ISA LEE, con la participación este año de niños de la barriada de La Candelaria, una de las tres que conforman Los Tres Barrios-Amate, un conglomerado urbanístico donde se da uno de los mayores índices de pobreza severa en la ciudad de Sevilla, sostenida en el tiempo, desde que personalmente los conocí en los años sesenta del siglo pasado. Por esta razón me emocionó el acto de ayer porque pude comprobar el significado que puede llegar a tener esta lectura llevada a cabo en la Feria del Libro de esta ciudad.

El acto tuvo lugar ayer en la Carpa situada en la Plaza Nueva, con un título programático que tenía un sentido especial: “DESCUBRIENDO LA PERI-FERIA. Un viaje de Ida y Vuelta”, que es muy importante contextualizar porque tenía el alma de La Candelaria: “La vuelta a la Feria del Libro, tras el periodo de pandemia, empezó en la segunda semana de marzo del 2020, cuando visitamos la asociación AES Candelaria y comprobamos la vida que fluía allí, con un transitar de mayores y niños, de maestros y de alumnos, de madres y bebés, de diferentes procedencias, con distintos acentos y vestimentas, pero nadie parado ni desatendido, era como el centro de integración de los no integrados. Desde que conocimos la fecha de celebración de la Feria del Libro de Sevilla estamos trabajando para llevar ese hervidero humano de la peri-feria al centro de la ciudad, representado aquí por la Feria del Libro, a través de la literatura, contada por sus propios actores. Hemos seleccionado unos textos literarios que cumplan un efecto saludable (provechoso para un fin, particularmente para el bien del alma), que serán leídos, recitados o cantados; y en algunos casos, elaborados por los niños que acuden a la Asociación Educativa y Social (AES Candelaria), situada en el barrio de La Candelaria, en el sector Tres Barrios-Amate. Estos alumnos provienen de diversos países y territorios, y queremos que participen en el principal encuentro cultural de nuestra ciudad, mostrando la importante e ignota labor que realiza esta asociación, a través del hilo conductor de la literatura. La presidenta de la AES Candelaria, Estrella Pérez, durante la situación de pandemia vivida recientemente, sintió el riesgo de desaparición de este oasis de acogida, generosidad y apoyo que constituye la sede en una zona tan vulnerable como son los barrios periféricos; y, en su carta de auxilio a la sociedad, además de recordar la necesidad de un apoyo económico para su sustentación y continuidad, resaltó sus deseos para con sus alumnos con estas palabras: “Hay que confiar en la vida”, “La vida es un proceso de aprendizaje” y “Los alumnos deben aprender por sí mismos de sus propios descubrimientos”. Hemos querido en este viaje de ida y vuelta, resaltar el proceso educativo que juega esta asociación, acercándonos a sus actores, tanto a los enseñantes voluntarios como a los niños, ciudadanos que necesitan alimentarse de nutrientes y de ideas, porque el hecho de enseñar a nuestros semejantes y de aprender de nuestros semejantes es más importante para el establecimiento de nuestra humanidad que cualquiera de los conocimientos concretos que así se perpetúan o transmiten”.

El programa del acto, que se puede leer completo en la dirección web de la Asociación Iniciativa Sevilla Abierta, cumplió su objetivo, en el que se pudo comprobar que el gran poder de la lectura estaba en el alma de La Candelaria, a través de los niños y niñas del barrio, también de los pedagogos de la Asociación Educativa y Social (AES Candelaria), que leyeron textos de Albert Camus, Eduardo Galeano, Carmen Laforet y Federico García Lorca, a los que acompañé con un texto mío que reproduzco a continuación, del que se leyó un fragmento:

La lectura enseña el arte para vivir

Federico García Lorca junto a su hermana Isabel, con un libro en sus manos (1914)

Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita y ¿dónde están esos libros?
¡Libros! ¡Libros! Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: «amor, amor», y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras.

Federico García Lorca, en la Alocución al pueblo de Fuente Vaqueros, con motivo de la inauguración de la biblioteca pública (septiembre, 1931)

Uno de los placeres más útiles, en el código ético de Nuccio Ordine, es el de la lectura. Así lo confirma también una escritora extraordinaria, Irene Vallejo, en su libro canónico “El infinito en un junco”, que recomiendo leer en un acto de agradecimiento reverencial a la historia de los libros: “Hablemos por un momento de ti, que lees estas líneas. Ahora mismo, con el libro abierto entre las manos, te dedicas a una actividad misteriosa e inquietante, aunque la costumbre te impide asombrarte por lo que haces. Piénsalo bien. Estás en silencio, recorriendo con la vista hileras de letras que tienen sentido para ti y te comunican ideas independientes del mundo que te rodea ahora mismo. Te has retirado, por decirlo así, a una habitación interior donde te hablan personas ausentes, es decir, fantasmas visibles solo para ti (en este caso, mi yo espectral) y donde el tiempo pasa al compás de tu interés o tu aburrimiento. Has creado una realidad paralela parecida a la ilusión cinematográfica, una realidad que depende solo de ti. Tú puedes, en cualquier momento, apartar los ojos de estos párrafos y volver a participar en la acción y el movimiento del mundo exterior. Pero mientras tanto permaneces al margen, donde tú has elegido estar. Hay un aura casi mágica en todo esto”.

Personalmente, considero la lectura como el arte para vivir, para aprender a leer las señales de la vida, porque hablar y escribir es solo cosa de personas. Leer, igual. Es una maravilla constatar que estamos preparados desde la preconcepción y a través del cerebro, para leer, cuando todo está conjuntado para comenzar a unir letras y grabarlas con unas determinadas formas en el cerebro. Agregando, además, sentimientos y emociones, de forma indisoluble, en relación con lo que nuestro cerebro lee. La lectura es un acto de libertad intelectual que se modula a lo largo de la vida, convirtiéndose poco a poco en arte. Desde la escuela infantil y hasta los últimos días de la vida, tenemos millones de posibilidades de leer todo lo que se pone por delante para invitarnos a dar forma a unos caracteres que en sí mismo no son nada sin nuestra intervención personal e intransferible, porque aunque alguna vez leamos algunas palabras junto a alguien, lo que se graba en cada cerebro es irrepetible. Como si fuéramos bibliotecas ambulantes conteniendo siempre lecturas diferentes de textos llenos de palabras sueltas o frases que hemos acumulado en ellas a lo largo de la vida.

La mercadotecnia se ha apropiado del aserto de Gracián, lo bueno si breve dos veces bueno, dando igual la calidad o no de lo breve. La mensajería instantánea, por ejemplo, donde WhatsApp se ha convertido en un claro exponente de la brevedad, así como los tuits, se han apropiado de la lectura por excelencia en los micromundos personales y de redes sociales. En un modo de vivir tan rápido como el actual, la lectura pausada y continua es un estorbo para muchas personas, donde el libro supone además un reto casi inalcanzable para el interés humano de supervivencia diaria.

Nos quedan las palabras… en los libros. En estos momentos tan delicados para la humanidad por los estragos de la pandemia, tenemos la obligación ética de hacer una operación rescate de placeres útiles como el de la lectura, proclamándola como medio de descubrimiento de la palabra articulada en frases preciosas, cuando lo que se lee nos permite comprender la capacidad humana de aprehender la realidad de la palabra escrita o hablada. Maravillosa experiencia que se convierte en arte cuando la cuidamos en el día a día, aunque paradójicamente tengamos que aprender el arte de leer cuando vamos siendo mayores, porque la realidad amarga es que no lo sabemos hacer, ni hay un compromiso de Estado para que España lea: “¿Pero qué queremos decir con “saber leer”? Conocer el alfabeto y las reglas gramaticales básicas de nuestro idioma, y con estas habilidades descifrar un texto, una noticia en un periódico, un cartel publicitario, un manual de instrucciones… Pero existe otra etapa de este aprendizaje, y es ésta la que verdaderamente nos convierte en lectores. Ocurre algunas afortunadas veces, cuando un texto lo permite, y entonces la lectura nos lleva a explorar más profunda y extensamente el texto escrito, revelándonos nuestras propias experiencias esenciales y nuestros temores secretos, puestos en palabras para hacerlos realmente nuestros” (Manguel, Alberto (2015, 18 de abril). Consumidores, no lectores. El País, Babelia, p. 7).

He comprendido muy bien el interés de Irene Vallejo por ilusionarnos con la lectura, retirándome por unos momentos, al preparar estas líneas, “a una habitación interior” donde me han hablado personas ausentes, es decir, fantasmas visibles solo para mi (en este caso, Federico García Lorca, Nuccio Ordine, Irene Vallejo y Alberto Manguel, entre otros autores) y donde el tiempo pasa al compás de mi interés por escribir de la mejor forma posible, porque comprender y compartir lo que leo es bello y la mejor vacuna contra los males del sinvivir de cada día. De ahí mi amor por las bibliotecas, las “clínicas del alma”, donde aprendo cada día el arte de vivir con dignidad, apasionadamente.

Al finalizar el acto, el Zorongo de Federico García Lorca elevó nuestro espíritu lector y solidario con La Candelaria a las alturas del cielo de Federico, con la lectura hecha por una niña del barrio, Paula Bellido, a la que acompañó el baile de Daniela Camacho, otra convecina, que nos dejó cautivados por la forma de expresar el sentimiento de unas palabras que no se olvidan: La luna es un pozo chico, las flores no valen nada, lo que valen son tus brazos, cuando de noche me abrazan. Es verdad que el gran poder de la lectura ha llegado para quedarse en el alma de La Candelaria.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Camila Jaber es cenote, una flor que se convierte en jardín del Océano

YO SOY CENOTE. Vídeo premiado en Create COP26, protagonizado por Camila Jaber y dirigido por Daan Verhoeven

Sevilla, 31/X/2021

En una competición de apnea celebrada en Honduras en 2017, Camila Jaber consiguió el cuarto lugar del campeonato mundial en la categoría de peso constante sin aletas (CNF, por sus siglas en inglés), al descender 56 metros en 2 minutos con 20 segundos, lejos todavía del récord de 102 metros de su coach, William Trubridge. En aquella ocasión recordó una frase de Frida Kahlo, que no olvida: pies, para qué los quiero, si tengo alas para volar, porque lo hacía hacia la profundidad del océano con el impulso de sus brazos y cuerpo. En su breve autobiografía, Camila Jaber se presenta como “apneísta por elección y soñadora de naturaleza. El sentimiento de libertad en el agua, y la conexión que sientes con el mundo marino cuando practicas apnea es incomparable. Participo en proyectos de conservación, en campañas de concientización, estudio Ingeniería en Innovación y Desarrollo con enfoque en Sostenibilidad. Soy una embajadora del empoderamiento de la mujer en mi país y voluntaria en iniciativas que buscan reducir el gran margen de clases sociales. Viajar, explorar y perseguir atardeceres son mis pasatiempos favoritos”.

Si importante fue aquél triunfo de esta estudiante de Ingeniería en Innovación y Desarrollo, en la Universidad de Monterrey (México), más lo ha sido haber ganado cuatro años después el certamen Create COP26, apoyado por una ONG y la Unesco, dentro de la Cumbre Climática de Glasgow, Escocia, que comienza hoy, por su compromiso con la crisis mundial del agua, los problemas de los océanos y de los ecosistemas de agua dulce, creando con sus inmersiones auténticas obras de arte como respuesta simbólica ante la industria del turismo, por ejemplo, para que ésta reconozca su contribución destructiva a esta crisis y al cambio climático. También como aviso constante sobre los vertidos de aguas residuales de su país al océano.

Camila se presenta también de una forma muy atractiva por su origen mexicano, prendada de la cultura maya: “Yo soy cenote, soy flores que se convierten en jardines, soy una montaña subacuática o un bosque. Soy donde se encuentran el río y el mar”, tal y como describe Camila durante poco más de dos minutos la belleza y fragilidad de varios de los miles de cenotes de la península de Yucatán y la Riviera Maya mientras bucea, a través del vídeo que ha obtenido el premio citado en Create COP26, protagonizado por ella y dirigido por Daan Verhoeven, en colaboración con el proyecto Gran Acuífero Maya, que explica de forma excelente qué es un celote: “Entre los mitos más populares de las culturas antiguas están aquellos protagonizados por mujeres mágicas, poderosas y en muchos casos, malignas. Por ejemplo, las sirenas, criaturas acuáticas que encarnan a la mujer fatal de la mitología griega, eran conocidas por seducir a los marineros con sus dulces voces para arrastrarlos a la muerte. En la península de Yucatán, aún puede escucharse hablar de la Xtabay, (mujer – serpiente), relacionada también con el agua, ya que, en algunas leyendas mayas, este personaje surge de los cenotes (cuevas inundadas); su belleza y peculiar aroma son sus principales armas de seducción, y sus víctimas son hombres embriagados y perdidos. En el Estado de México, se habla de la Tlanchana, del náhuatl: atl, agua; tonan, madre; chane, ser o espíritu mágico. Según la leyenda, en la zona lacustre de la entidad existía una mujer con la mitad del cuerpo en forma de serpiente acuática, ataviada con corona y collares, y en la cintura llevaba peces, acociles y ajolotes. Dependiendo de su estado de ánimo hacía permisible o no, la pesca. Su canto, belleza y poder de transformación en una mujer de cuerpo completo, eran sus mejores trucos para seducir a los pescadores y arrastrarlos al fondo de la laguna”.

Contemplar el vídeo premiado, secuencia a secuencia, nos permite tomar conciencia de su compromiso social con el agua y los cenotes del Yucatán, viendo las imágenes, bellas por sí mismas, así como escuchando atentamente el mensaje de Camila:

“Yo soy cenote, soy luz y oscuridad. Mis aguas se adornan con cortinas de rayos de luz y se transforman en magia. Estoy vivo. Yo soy cenote. Soy flores que se convierten en jardines, soy una montaña subacuática o un bosque. Soy colorido y vibrante. Soy donde se encuentran el río con el mar. Contengo tus memorias más queridas y tus sueños más grandes. La naturaleza me ha permitido ser ambos, el principio y el fin. Yo soy Cenote. Soy movimiento y quietud. Soy raíces y árboles. Mis aguas desencadenan ciclos de vida. Mis aguas alimentan el suelo árido sobre mí. Mis aguas nutren desinteresadamente. Soy necesario. Yo soy Cenote. Yo soy Cenote. Soy la fuente de vida para la selva sobre mí. Te causaré asombro y daré inspiración. Mis aguas son sagradas y contienen secretos. Estoy dispuesto a compartirlos, si prestas atención. Yo soy Cenote. Estoy contaminado. Soy parte de un sistema complejo pero vulnerable. Aguas residuales y fertilizantes se filtran por el suelo hasta llegar a mí. Necesito tu ayuda tanto como tu necesitas la mía. Necesito tu ayuda”.

Quizás sea un mensaje expuesto en el proyecto al que dedica gran parte de su tiempo, Gran Acuífero Maya, el que sintetiza bien el significado de su obra recordando sus ancestros mayas: “En pleno Siglo XXI, existen «mujeres mágicas», con habilidades extraordinarias, como aquellas que protagonizan estos mitos antiguos. Sólo que en este caso, son mujeres reales, de carne y hueso y con un mensaje positivo. Como Camila Jaber, quien a base de esfuerzo y disciplina ha desarrollado la capacidad de ir a las entrañas de la Tierra, el mundo acuoso donde todo nace. Y consigo trae un mensaje importante: la conservación de una de las reservas de agua y del patrimonio cultural, más importantes del mundo”. Y, obviamente, alumbran estas palabras lo que Camila quiere decirnos cuando afirma de forma rotunda que ella es “cenote”: “Como embajadora del Proyecto Gran Acuífero Maya (GAM), con su voz y sus movimientos que se funden con el agua misma, Camila personifica un Cenote y nos muestra lo vulnerable que es el acuífero de la península de Yucatán”. Excelente trabajo y mensaje de una mujer imprescindible. Gracias, Camila.

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Las cartas de Mozart son el espejo de su alma musical e inquieta

Sevilla, 29/X/2021

Acudo con frecuencia a compartir con Mozart su música excelente y su azarosa vida para conocerle mejor. En este sentido, la Fundación Juan March dedica a partir de hoy y hasta el 21 de mayo de 2022, un ciclo musical bajo el título Mozart a través de sus cartas, que nos ayudarán a conocer detalles muy importantes de su azarosa vida, porque “La vida de Mozart nos es conocida, en buena medida, a través de su epistolario. Las innumerables cartas escritas por el compositor, por su padre y por otras personas de su entorno describen con detalle sus continuos viajes, sus tribulaciones más íntimas o la génesis de algunas de sus obras. Este ciclo de siete conciertos, articulados en torno a siete lugares e hitos destacados en la biografía mozartiana, presenta algunas de las creaciones más relevantes de su catálogo camerístico en combinación con la lectura de sus cartas, que iluminan el contexto compositivo y vital del compositor salzburgués”.

Además, han preparado un programa de mano excelente, que recomiendo leer íntegramente, página a página, con una introducción magnífica, Hacer público lo que fue privado: las cartas de Mozart, de Alberto Hernández Mateos, que nos da una perspectiva de sumo interés sobre las cartas originales y cruzadas de Mozart y su familia: “El epistolario mozartiano reúne un ingente número de cartas que hace posible profundizar en la vida y el pensamiento del genio de Salzburgo. Pero, si a las cartas escritas o recibidas por el propio Mozart se añaden las de su padre, Leopold, las de su hermana, Nannerl, y las de su esposa, Constanze, se obtiene un conjunto documental que permite reconstruir numerosos aspectos de la vida cotidiana, de la cultura y del modo de pensar que van más allá de las circunstancias personales o familiares de los Mozart y se extienden a cuantos habitaron en la Europa del siglo XVIII”.

El programa también presenta unas palabras del experto musicólogo, Luis Gago, como un acicate para conocer la extensa correspondencia de Mozart, unas doscientas cartas escritas entre 1756 y 1791, que nos ofrecen “una visión privilegiada de la gestación, la cronología y los estrenos de muchas de sus obras, pero su interés va mucho más allá, puesto que constituyen asimismo un testimonio de primera mano de cómo se viajaba por Europa en la segunda mitad del siglo XVIII, de cómo era acogido el compositor en las numerosas ciudades que visitó, de sus relaciones con la realeza y la aristocracia, de sus luchas profesionales para sobrevivir como músico independiente y de las circunstancias que rodearon la interpretación de su música. Su correspondencia es, además, un documento invaluable para trazar un completo perfil psicológico del autor de La flauta mágica, que se autorretrata sin pudor y con una insólita franqueza en sus juicios y en sus confesiones, de ahí que, al margen de su interés musical, aquella posea una trascendencia literaria y autobiográfica excepcional. Las cartas, en fin, arrojan mucha luz –que ha sido interpretada de maneras muy diferentes– sobre la complejísima relación del compositor con su padre, Leopold, una figura crucial en su desarrollo personal y profesional”.

En medio de tanto ruido mundano, la música de Mozart nos puede elevar temporalmente a su cielo. He elegido en estas horas de espera a la inauguración del ciclo, la primera obra que lo abrirá, Sonata en Sol mayor KV 283 (Allegro, Andante y Presto), en este caso interpretada por un joven Daniel Barenboim con su maestría pianística, aunque estaré expectante con la que esta tarde llevará a cabo Alba Ventura, al piano, con las voces en off de Carlos Hipólito, como Mozart y María Adánez, como Anna Maria Mozart, la madre del compositor. El ciclo respeta una cronología en lugares donde Mozart regaló al mundo su forma de interpretar la vida: Mannheim, 1777. Sonatas para piano; Viena, 1791. El Réquiem; Viena, 1781-1783. El triunfo del contrapunto; Viena, 1785. Diálogos con Haydn; París, 1778. Mozart desolado; Viena, 1786-1788. Tríos con piano y Londres, 1764. Junto al Bach inglés. Invito desde este cuaderno digital a seguir de cerca este ciclo de siete conciertos, leer atentamente el programa de mano de forma recurrente para asimilar lo allí expuesto y seguir disfrutando de la música del compositor salzburgués al que tanto admiro y aprecio. ¡Pasen, lean y escuchen!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

La Peri-Feria de Sevilla leerá con alma en la Feria del Libro 2021

ISA LEE 2021: niños de la barriada de La Candelaria protagonizan el acto anual de Iniciativa Sevilla Abierta por la Feria del Libro de Sevilla

Sevilla, 28/X/2021

Ya he manifestado en varias páginas de este cuaderno digital que Sevilla más que una ciudad de librerías es de bares, mucho más en plena pandemia, cuando resalté su importancia al considerarlas un sector esencial para las personas. Quizás sea por estos antecedentes que la celebración de la Feria del Libro este año es un acontecimiento especial preparado siempre con mucho esmero por la Asociación Feria del Libro de Sevilla que, en esta ocasión se presenta con un mensaje muy atractivo, Una vida en cada página, en un contexto tan especial como el actual y cuando ya estamos a plena luz del día después de haber atravesado un túnel muy largo, oscuro y angosto por la pandemia, que tantos daños colaterales ha causado, entre ellos a la cultura en general.

Ante esta situación quiero compartir hoy un acontecimiento especial que se celebrará el próximo domingo 31 de octubre, ISA LEE, a las 18:00 horas, en la Carpa de la Feria del Libro situada en la Plaza Nueva, promovido por la Asociación Iniciativa Sevilla Abierta y con un título programático que tiene un sentido especial: “DESCUBRIENDO LA PERI-FERIA. Un viaje de Ida y Vuelta”. Es muy importante contextualizar este evento porque tiene alma, según lo presenta oficialmente la Asociación ISA: “La vuelta a la Feria del Libro, tras el periodo de pandemia, empezó en la segunda semana de marzo del 2020, cuando visitamos la asociación AES Candelaria y comprobamos la vida que fluía allí, con un transitar de mayores y niños, de maestros y de alumnos, de madres y bebés, de diferentes procedencias, con distintos acentos y vestimentas, pero nadie parado ni desatendido, era como el centro de integración de los no integrados. Desde que conocimos la fecha de celebración de la Feria del Libro de Sevilla estamos trabajando para llevar ese hervidero humano de la peri-feria al centro de la ciudad, representado aquí por la Feria del Libro, a través de la literatura, contada por sus propios actores. Hemos seleccionado unos textos literarios que cumplan un efecto saludable (provechoso para un fin, particularmente para el bien del alma), que serán leídos, recitados o cantados; y en algunos casos, elaborados por los niños que acuden a la Asociación Educativa y Social (AES Candelaria), situada en el barrio de La Candelaria, en el sector Tres Barrios-Amate. Estos alumnos provienen de diversos países y territorios, y queremos que participen en el principal encuentro cultural de nuestra ciudad, mostrando la importante e ignota labor que realiza esta asociación, a través del hilo conductor de la literatura. La presidenta de la AES Candelaria, Estrella Pérez, durante la situación de pandemia vivida recientemente, sintió el riesgo de desaparición de este oasis de acogida, generosidad y apoyo que constituye la sede en una zona tan vulnerable como son los barrios periféricos; y, en su carta de auxilio a la sociedad, además de recordar la necesidad de un apoyo económico para su sustentación y continuidad, resaltó sus deseos para con sus alumnos con estas palabras: “Hay que confiar en la vida”, “La vida es un proceso de aprendizaje” y “Los alumnos deben aprender por sí mismos de sus propios descubrimientos”. Hemos querido en este viaje de ida y vuelta, resaltar el proceso educativo que juega esta asociación, acercándonos a sus actores, tanto a los enseñantes voluntarios como a los niños, ciudadanos que necesitan alimentarse de nutrientes y de ideas, porque el hecho de enseñar a nuestros semejantes y de aprender de nuestros semejantes es más importante para el establecimiento de nuestra humanidad que cualquiera de los conocimientos concretos que así se perpetúan o transmiten”.

El programa completo del acto se puede leer completo en esta dirección web de la Asociación Iniciativa Sevilla Abierta. Es una obligación ética acompañar a los protagonistas de este evento y animo a estar allí el próximo domingo 31 de octubre, a partir de las 18:00 horas, en el que se leerán 4 textos aportados por los socios de ISA y se cantarán 2 Raps elaborados por los alumnos de la AES Candelaria, que representarán el alma de la periferia de Sevilla a través de los libros. Es lo que aprendí hace ya muchos años de Gabriel García Márquez por el mensaje que dedicó a los lectores de Cien Años de Soledad, que según nos contaba en un discurso pronunciado en Cartagena de Indias en 2007: “[…] son hoy una comunidad que si viviera en un mismo pedazo de tierra, sería uno de los veinte países más poblados del mundo. No se trata de una afirmación jactanciosa. Al contrario, quiero apenas mostrar que ahí está una gigantesca cantidad de personas que han demostrado con su hábito de lectura que tienen un alma abierta para ser llenada con mensajes en castellano”.

El domingo, muchas personas de la Peri-Feria de Sevilla, llenarán su alma de palabras escritas para ellos también. Sobre todo para ellos, entre los que se encuentran los nadies, a los que nos enseñó a identificar Eduardo Galeano, los hijos de nadie, los dueños de nada. Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida. Para que Sevilla no los olvide, porque viven junto a nosotros, muy cerca, en la Peri-Feria de la ciudad.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

¿Quién tiene la culpa de que suba el pan?

¿Quién tiene la culpa si la paloma sueña ser águila?
¿Quién tiene la culpa de que la flor se muera de espaldas?
¿Quién tiene la culpa de la indiferencia que cierra los ojos para la decencia y los abre grandes a las apariencias
?

Ni yo ni usted ni el vecino, ni siquiera sus parientes, la culpa de todo esto, la tiene la gente (BIS)

María y Federico, ¿Quién tiene la culpa?

Sevilla, 27/X/2021

Dicho y hecho. Cada vez que sufrimos una crisis social, en este caso la pandemia, sabemos que sube el pan, como una metáfora que también es realidad: cuando hablan…, sube el pan. Además, de forma indiscriminada y otra vez surge la pregunta de siempre: ¿quién tiene la culpa entre los que hablan…? Llevo años recordando esta pregunta, que la tengo catalogada como la del millón de euros, para entendernos, y en este cuaderno digital he recogido bastantes reflexiones al respecto. En este sentido, vuelvo a recoger una reflexión que hice en 2015, sobre un hilo conductor que viene ahora a colación: la culpa de todo “esto”, de los que tanto hablan, de los charlatanes de humo, no la tiene la gente común, sino determinadas personas que controlan el mundo con sólo pulsar una tecla de sus ordenadores financieros. De acuerdo con Groucho Marx, estamos alcanzando con nuestro único esfuerzo las más altas cotas de la miseria, viniendo la humanidad de la nada, pero es muy importante distinguir bien quién tiene la culpa de lo que está sucediendo alrededor de la crisis generalizada o miseria obscena que nos rodea y quiénes son los culpables directos de la misma, porque todos no somos iguales, ni somos partícipes de la misma forma en lo que está ocurriendo. Estamos en un momento muy delicado como para seguir aceptando que la culpa no está identificada, porque no es así.

Las personas de mi generación, que ya han superado con creces los setenta años, hemos crecido con un capítulo de culpas en nuestras espaldas, con nuestro único esfuerzo, según Groucho de nuevo, muy alentado por las tesis creacionistas que alentaron el pecado original como la causa de todos los males actuales, aunque siga defendiendo que el primer problema que desató la culpa en el ser humano no fue la manzana del paraíso sino la soledad humana, cuando el primer hombre y la primera mujer decidieron cambiarse de sitio y comunicarse con los demás, dándonos cuenta que convivir es difícil como lo ha demostrado la democracia, afortunadamente, durante tantos siglos, dando vida diaria a los capítulos de culpa de cada uno y de todos en general: “Adán y Eva… no fueron expulsados. Se mudaron a otro Paraíso. Recuerdo que hace años esta frase formaba parte de una campaña publicitaria de una empresa que vendía productos para el exterior en la aldea global. Rápidamente la he asociado a mi cultura clásica de creencias, en su primera fase de necesidad y no de azar (la persona necesita creer, de acuerdo con Ferrater Mora) y he imaginado -gracias a la inteligencia creadora- una vuelta atrás en la historia del ser humano donde las primeras narraciones bíblicas pudieran imputar la soberbia humana, el pecado, no a una manzana sino a una mudanza. Entonces entenderíamos bien por qué nuestros antepasados decidieron salir a pasear desde África, hace millones de años y darse una vuelta al mundo. Vamos, mudarse de sitio. Y al final de esta microhistoria, un representante de aquellos maravillosos viajeros decide escribir al revés, desde Sevilla, lo aprendido. Lo creído con tanto esfuerzo. Aunque siendo sincero, me entusiasma una parte del relato primero de la creación donde al crear Dios al hombre y a la mujer, la interpretación del traductor de la vida introdujo por primera vez un adverbio “muy” (meod, en hebreo) -no inocente- que marcó la diferencia con los demás seres vivos: y vio Dios que muy bueno. Seguro que ya se habían mudado de Paraíso” (1).

No hace falta ser Einstein para identificar los culpables actuales de lo que está ocurriendo en el mundo abierto que crearon nuestros antepasados hace millones de años y del que ahora estamos saliendo a duras penas a través del túnel del coronavirus. Son los que han organizado la respuesta a la soledad de los viajes humanos mediante cualquier capital, ofreciendo a precio de préstamo los placeres de la vida, alejándonos del esfuerzo y de la educación ante la adversidad, porque al final, dicen, todo se puede comprar con dinero, incluso a plazos que cuestan la misma vida cumplirlos. Es fácil entonces poner nombres y apellidos a los culpables de lo que está ocurriendo con la crisis actual postpandemia y en torno siempre al capital: personas y sociedades mercantiles, bancos y cajas, Gobiernos y Partidos de aquí y allá, de derechas e izquierdas, empresarios sin escrúpulos, proteccionistas de la economía sumergida, expertos en silencios cómplices, porque poderoso caballero es don dinero, porque de todo hay en el Paraíso del Señor, al que se lanzaron desenfrenadamente nuestros primeros padres, según los creacionistas y así les fue, teniendo que salir de él con lo puesto. Los que profesamos fe en la evolución, también nos encontramos con que algunos inician de la misma forma este viaje hacia ninguna parte, empeñados en encontrar siempre El Dorado de nuestras vidas, no respetando para nada lo que dice la ciencia: que desde África se emprendió otro viaje apasionante de creación de la humanidad actual, abandonando aquellos antropoides sus usos y costumbres personales y familiares de toda la vida, donde queremos volver muchas veces desesperadamente, en gritos ecológicos de vida lenta y alternativos a las costumbres tan arraigadas en la sociedad actual de consumo a cualquier precio, de conversión mundial a la mercancía.

Me niego a admitir que todos somos iguales respecto de la culpa original de lo que está ocurriendo. El pan sube, sólo es un ejemplo, porque la economía –poderoso caballero es don dinero– habla constantemente y nos envía mensajes de comportamiento conforme a los patrones de los hombres de negro. Ahora, la culpa la tiene el elevado coste de la energía eléctrica. Mañana…, no sabemos. Tenemos un origen común, sin lugar a duda, una condición humana que compartimos, probablemente complicada y compleja, pero muchas personas, millones, no son culpables de nada, porque a esa señora, la culpa, nunca se la han presentado, ni se han quedado con su cara, no la conocen. Unos pocos, vinculados casi siempre a los fondos de inversión y que caben en un taxi, deciden hoy, en este momento, en un piso de cualquier rascacielos de Manhattan, cómo se reparte hoy la miseria del mundo y la respuesta es pulsar un botón para distribuirla, nada más. Esa acción no está al alcance de cualquiera y la mayoría silenciosa o ruidosa mundial no acaba de entender nunca por qué viniendo de donde venimos, ya sean creacionistas o evolucionistas, estamos alcanzando la más alta cota de la miseria actual. Y lo que es peor, con el solo esfuerzo de algunos que han demostrado hasta la saciedad que no son inocentes. De lo que estoy convencido es de que la culpa de todo esto no la tenemos ni yo, ni usted, ni el vecino, ni siquiera sus parientes, ni la gente común, mucho menos los nadies de Galeano, los hijos de nadie, los dueños de nada. Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida.

(1) Cobeña Fernández, José Antonio (2011). ¿Por qué existe el mal?: http://www.joseantoniocobena.com/?p=2151

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.