No le toquéis ya más, que así es Cinema Paradiso

Imagen de Cinema Paradiso, en la que figuran Totó (dcha.) y Alfredo (izqda.), el proyeccionista

Melodía principal de Cinema Paradiso

Sevilla, 5/VIII/2022

Ha saltado a los medios de comunicación social de todo el planeta, la noticia de que se está trabajando en la producción y rodaje de una miniserie que ampliará el guion de Cinema Paradiso, a cargo del director de la misma, Giuseppe Tornatore, como guionista también, que constará de seis capítulos y que tiene previsto su estreno en 2023. Inmediatamente, he recordado un breve poema de Juan Ramón Jiménez, que muchas veces se ha escrito mal, cambiando el género de la primera parte del verso (en negrita, correcto): No le toquéis ya más, que así es la rosa (en Piedra y cielo, 1919). Creo que es un error histórico porque el valor de la película persiste en el tiempo, con un reconocimiento continuo tal y como permanece en la mente de todas las personas que amamos el cine. Siguiendo al poeta de Moguer, no hay que tocar la película más, porque ya se hizo antes del estreno, reduciendo el metraje de la misma para contentar al mundo comercial del cine, consiguiendo finalmente que se la reconociera como una auténtica obra de arte, un capolavoro, dicho en un perfecto italiano.

Cinema Paradiso es la rosa que cita Juan Ramón, en su desnudez extrema, para simbolizar el valor de la poesía, tal y como se fijó finalmente en la entrega al mundo para su disfrute. Desconozco las razones de fondo que tiene Tornatore para acometer esta empresa de ampliación de contenidos sobre la película original, habiendo manifestado Marco Belardi, el nuevo productor de la serie, que “Será la misma historia que la película pero de una forma extendida y con varios hilos narrativos diferentes”. Presumo que el mercado cinematográfico está detrás y lo probable es que se esté confundiendo ya el valor y el precio de la película, que probablemente será una oferta más, una mercancía, en las plataformas streaming a nivel mundial, sólo eso.

Treinta y cuatro años después de su estreno, no conocemos todavía los guiones que está preparando Giuseppe Tornatore. Personalmente, creo que hay que seguir el patrón de Juan Ramón Jiménez, pero aplicado a la película: No le toquéis ya más, que así es Cinema Paradiso. En tal sentido, Ricardo Gullón, fiscal, crítico literario, novelista y gran amigo del poeta, decía en un comentario a este poema precioso de Juan Ramón Jiménez que “[…] se desconoce que el propio poeta, comentando sus versos, aclaró que si tal decía, era «después de haber tocado el poema hasta la rosa». Sin duda, quiso expresar con estas palabras su aspiración difícil a la «perfección viva», a la perfección conseguida sin forzar las cosas, arduamente, más sin llegar al punto de frialdad que delata lo yerto, lo agotado y sin vida. En el empeño por conseguir una poesía perfectamente desnuda, Juan Ramón ha ido renunciando tanto al soporte sentimental como al artificio retórico. A propósito de su obras, es sobremanera adecuado el término desnudez: progresivamente fue despojándola de los usuales ropajes, mitificando su concepto, y también identificándose apasionadamente con ella”. Esta reflexión de Gullón se puede aplicar perfectamente a Cinema Paradiso, porque la película, tal y como se conoce actualmente, ha tocado “hasta la rosa”, en su “perfección viva”, en sus mensajes, tantas veces recogidos en este cuaderno digital; sin forzar el guion, tocando la sensibilidad de cada espectador hasta extremos insospechados. Cada vez que veo la película descubro nuevas palabras, nuevos planos que me conmueven y conturban. Es una película desnuda, cuando se la descubre tal y como es la rosa que contiene.

Ante lo expuesto anteriormente, he escogido un artículo, He vuelto a entrar en el Cinema Paradiso, entre los veintidós que he dedicado a Cinema Paradiso y su universo emocionente [sic] a lo largo de la vida de este cuaderno digital, porque dejándolo como está, sin tocarlo, descubro hoy de nuevo que así es su rosa íntima, la del mensaje que entregó al mundo en 1988 su director Giuseppe Tornatore y que supuso tanto para mí, en mi persona de secreto, desde que la vi y sentí por primera vez. Insisto por ello que no lo toquen ya más, que así es Cinema Paradiso.

He vuelto a entrar en el Cinema Paradiso

Sevilla, 6/VIII/2021

En septiembre de 2019 cambié la imagen de cabecera de este cuaderno digital por un fragmento de la escultura de Canova, Las Tres Gracias, porque siempre me ha impactado su belleza sobre mármol de Carrara, con una expresión de encanto y alegría entre las tres cárites mitológicas griegas, de cuyo nombre quiero acordarme especialmente hoy: EufrósineAglaya y Thalia o lo que es lo mismo: Alegría, Belleza y Abundancia, respectivamente, porque las necesitamos tener presentes en nuestras vidas. Dos años después, que no han sido anónimos, cambio de nuevo la imagen que representa temporalmente el blog, recurriendo a una que ya ha estado presidiendo estas palabras en años anteriores, la sonrisa de asombro de Totó junto al proyeccionista, Alfredo, una pareja que nunca he olvidado en la película de mi vida y como homenaje a una que me ha marcado para siempre: Cinema Paradiso. Entro decidido para contemplar en este mes de agosto las proyecciones mejores de mi existencia.

Mi vida ha sido también una película sin fin, de muchos géneros en uno solo: vivir apasionadamente. Me sentí reflejado en Cinema Paradiso de principio a fin, por el amor al cine, porque siendo muy niño hacía mis propias películas con dibujos animados en papel, impregnándolos en aceite que, una vez secos, los unía y pasaba por rodillos laterales de un escenario, también hecho a mano, para imprimirles movimiento a demanda, iluminados por una bombilla incandescente. Más o menos, observando aquel descubrimiento mágico con la cara de Totó, mi querido protagonista de la película de verdad, que he recogido en la imagen que preside estas líneas. También, porque seguí siempre el consejo de su gran amigo Alfredo cuando decía al niño que amaba tanto el cine, que debía salir de sí mismo para buscar islas desconocidas, las que describía extraordinariamente Jose Saramago en su cuento homónimo, “La isla desconocida”. En aquella escena memorable de la estación, Alfredo, ya ciego por el incendio del cine, le dice en un susurro inolvidable a Totó: “La vida es más difícil… Márchate…, el mundo es tuyo, … no quiero oírte más, solo quiero oír hablar de ti… Hagas lo que hagas, ámalo”. Le ayudó a salir de su zona de confort y nunca he olvidado aquellas escenas ni aquellas palabras. Todo un símbolo: hagas lo que hagas, ámalo.

Tampoco he olvidado, nunca, el Cinema Ideal de mi infancia, un cine de verano situado en la calle Jesús del Gran Poder, aquí en Sevilla, del que solo escuchaba las bandas sonoras de las películas desde el balcón de la casa donde nací, que daba a la calle Becas, en el que, entre barrotes, imaginaba historias preciosas con sólo cuatro años. Pasado el tiempo, he comprendido muy bien el consejo de Alfredo, porque siempre he procurado amar todo lo que he hecho. Ahora, pienso también en los momentos difíciles que he vivido en esta larga vida, quizá por la especial sensibilidad que se ha creado por la pandemia creando anticuerpos para el dolor y la aflicción. Como contrapunto, mi amor al cine me devuelve también a mi Cinema Ideal tan particular, un recuerdo de películas inolvidables de Spielberg, entre las que destaco por su lección histórica nacida en su corazón y en su alma judía, La lista de Schindler. Aunque parezca mentira, no me quiero quedar con el dolor de su argumento de fondo, sino con el tema principal de la banda sonora de la misma, compuesta por John Williams, de la que inserto hoy en este post una interpretación memorable, al violín, de su gran amigo de vida y creencias, Itzhak Perlman, uno de los mejores violinistas de la historia de la música que aún comparte vida con nosotros. Escucharlo y sentirlo al mismo tiempo nos permite comprender que, efectivamente, el hombre, si quiere, no es un lobo para el hombre, porque todo lo humano no nos es ajeno (Terencio), es más, nos pertenece.

Les confieso que hablar de Cinema Paradiso y La lista de Schindler es, en el fondo de estas palabras, un homenaje a su obra musical en el mundo del cine, a través de dos bandas sonoras memorables compuestas por Ennio Morricone y John Williams, respectivamente. El pasado año recibieron el Premio Princesa de Asturias de las Artes y el acta del jurado decía textualmente que “[…] Dotados de una inconfundible personalidad, entre sus obras se encuentran algunas de las composiciones musicales más icónicas del séptimo arte, que ya forman parte del imaginario colectivo. Williams y Morricone muestran un dominio absoluto tanto de la composición como de la narrativa, aunando emoción, tensión y lirismo al servicio de las imágenes cinematográficas. Sus creaciones llegan incluso a transformarlas y trascenderlas, sosteniéndose por sí mismas como magníficas obras sinfónicas que se encuentran entre el repertorio habitual de las grandes orquestas. Todo ello los convierte en dos de los compositores vivos más venerados en todo el mundo”. Morricone falleció el 7 de julio de 2020 y sus obras mantuvieron y expresaron siempre su dignidad personal y profesional. Ahora, estoy seguro que seguirá poniendo música inolvidable a su cielo particular.

Cuando salgo de mi imaginario Cinema Ideal y entro hoy en el auténtico y renovado Cinema Paradiso, no olvido las palabras de Alfredo a Totó, porque nos pueden ayudar en este mes de agosto para salir de la zona de dolor, que no confort, por la pandemia y sus daños colaterales, cada uno con los suyos, de la forma más digna posible: hagamos lo que hagamos, amémoslo porque el viaje de la reconstrucción personal, de nuestras familias, del país, de nuestras ciudades y barrios es ahora tarea de todos, para amarlo sin excepción alguna y sin dejar a nadie atrás.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Sí, me preocupa lo que puede llegar a este país

Fotograma del anuncio Prohibido bajar los brazos

Sevilla, 28/VII/2022

Llevo escuchando y viendo determinados mensajes publicitarios en las últimas semanas, no inocentes, junto a imágenes muy cuidadas desde la perspectiva subliminal, que deseo compartir en una reflexión sobre las fronteras actuales de la ética de la comunicación social. He elegido tres muestras de anuncios y una última de cierre. Leer estos guiones y visualizarlos junto a las imágenes que las acompañan, cuestión imprescindible para entender mi mensaje hoy, pueden ayudarnos a comprender que algo no funciona en este país de bares, que no de librerías.

Si vas a darle una vuelta a todo, decide tú la dirección.

Responde con total libertad, ¿dónde te ves en cinco años?, ¿crees en el amor para toda la vida? La pandemia te ha hecho más distante, ¿superhéroe favorito?, ¿cuáles son tus puntos fuertes?, ¿y los débiles?, ¿qué es para ti el éxito?, ¿qué es el arte?, ¿dónde irías si pudieras volar? Defínete en una frase, ¿cómo definirías el color dorado?, ¿estás pensando en dar un giro a tu vida? Si vas a darle a una vuelta a todo, decide tú la dirección. Si fueras un animal, ¿cuál serías? (todo ello acompañado por la canción “Territory“, interpretada por The Blaze).

Aquí, ahora y así.

Mensaje a…: Necesito que me escuches, necesito unas vacaciones, no necesito irme muy lejos de aquí, lo que necesito es irme muy lejos de ti, no necesito tu pesimismo, ni tus dudas, ni tus miedos. Han sido dos años muy duros y ahora necesito tu lado bueno. Ahora necesito estar con la gente que quiero, que me ayude a creer en mí; ahora necesito y comer cosas buenas que me hagan feliz. Inspírame a probar cosas nuevas, necesito un cambio, deja de decirme que vendrán tiempos mejores (suena de fondo una canción, Aquí, ahora y así…, escrita por Rigoberta Bendini e interpretada por Santi Balmes). El tiempo que nos ha tocado vivir es mi vida y ahora sé cómo quiero vivirla (cierra este guion una frase en off: enviar este mensaje a mí mismo).

Prohibido bajar los brazos.

Hoy ha sido un día duro y he estado trabajando como un perro. Hoy ha sido un día duro, debería estar durmiendo como un tronco. Pero cuando llego a casa veo que las cosas que haces harán que me sienta bien. Sabes que trabajo todo el día para ganar dinero con el que comprarte cosas. Y merece la pena sólo por oírte decir que vas a dármelo todo. Es por eso que me encanta llegar a casa, porque cuando te pillo a solas sabes que me siento bien. Cuando estoy en casa todo parece estar bien, cuando estoy en casa sintiendo que me abrazas fuerte. Hoy ha sido un día duro y he estado trabajando como un perro. Hoy ha sido un día duro, debería estar durmiendo como un tronco. Pero cuando llego a casa junto a ti veo que las cosas que haces harán que me sienta bien.

Tengo que declarar ya que estos mensajes los he escogido de tres campañas de compañías cerveceras en este verano: El Águila, Estrella Damm y Estrella Galicia, aunque hay más donde escoger en un despliegue mediático sin precedentes, donde beber es algo bueno, que nos ayuda a alcanzar metas. Inquietantes campañas, inquietantes textos, inquietantes imágenes, que resumen bien lo que la última empresa quiso explicar previamente a sus clientes, según afirmó antes de la campaña Santiago Miguélez, director de Marketing Iberia de Hijos de Rivera, con motivo del lanzamiento de la acción Que hable la cerveza: “Hemos querido que nuestro mensaje llegue primero a nuestros consumidores habituales, a quienes piden una Estrella Galicia en su bar de siempre. Es nuestra forma de mostrarles todo lo que hemos aprendido de ellos: que por muy difíciles que se pongan las cosas, nunca hay que bajar los brazos”. Sobran palabras: ha hablado la cerveza.

Decía al principio que había elegido cuatro muestras. La cuarta es para cerrar esta reflexión de verano, porque ante lo expuesto con técnicas subliminales y directas en muchos casos, no olvidando especialmente el mensaje “que hable la cerveza”, me quedo muy pre-ocupado (con guion) con tanto consumo de alcohol y con el señuelo de los protagonistas de los anuncios que he desarrollado al comienzo de estas líneas: Si vas a darle una vuelta a todo, decide tú la dirección, Aquí, ahora y así y Prohibido bajar los brazos. Me refiero a la campaña de Vodafone, Non ti preoccupare, “no te preocupes” en italiano, que viene a decir que no hay que preocuparse por nada, porque con ellos todo es más fácil y todo está resuelto no sólo en el mundo de la comunicación. La canción de fondo, Arriva, arrriva, de Filipo María Armeni (Z100), un auténtico éxito de los 90, hilo conductor del anuncio, lo deja bien claro: Llega, llega, lo que tiene que llegar,  no te preocupes, no te preocupes // Lo que se supone que tiene que llegar, no llega. Preocúpate entonces, preocúpate.

Obviando la cerveza, que personalmente no quiero que me hable, quiero seguir pre-ocupado (con guion), es decir, ocupado con carácter preferente en seguir luchando por un mundo diferente, transformando día a día aquello que no me gusta, las pequeñas cosas, sabiendo que lo que tiene que llegar, que siempre deseo que sea lo mejor para todos, debe ser un motivo de pre-ocupación a la hora de tomar decisiones bien informadas, en el aquí y ahora de cada uno y sin bajar los brazos ni siquiera un momento. Lo mismo que dicen los anuncios, pero sin gota alguna de alcohol, en un ejemplo claro de ética 0/0. Eso sí, pre-ocupado con el ocaso de la democracia en este país, sumido en una borrachera de ideologías y creencias cada día más evidente.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

La magia de un beso lésbico censura la tradición de Disney

Kiko (i) y Alisha Hawthorne (d), protagonistas de excepción en Lightyear

Sevilla, 12/VII/2022

Un artículo de opinión, mejor, una tribuna, del pasado 25 de junio, Buzz Lightyear: hasta las lesbianas y más allá, podría ser una clase práctica extraordinaria de cómo se ha construido el imperio Disney y sus mentiras en casi un siglo dibujando películas del mundo al revés, porque la felicidad imposible de Disney y su lenguaje ambiguo, no inocente, está fuera de toda duda, a pesar del síndrome de Peter Pan que nos rodea en el mundo del nunca jamás. En estos días de fiestas del arco iris por doquier -por ahora y no se sabe si por mucho tiempo-, hay una auténtica revolución en la calle sobre reivindicaciones en voz muy alta del colectivo LGTBIQA+ (lesbianas, gais, trans, bisexuales, intersexuales, queer, asexuales y otros no cisheteronormativos), que no son una sopa de letras, como se le intenta ridiculizar por las fuerzas vivas de la derecha cavernícola, sino un conjunto de realidades humanas, casi siempre muy dolorosas por la falta de aceptación y de sensibilidad social que manifiesta parte de la sociedad ante otras formas de ser y estar en el mundo.

Se puede escribir mucho y bien sobre la defensa de este colectivo y lo que representan, que es algo extraordinario para convivir humanamente, porque nada de lo que son, dicen y hacen nos debería ser ajeno, como le gustaba decir, hace ya muchos siglos, a Terencio, recordando a Cremes, un personaje curioso que protagoniza una obra suya, El enemigo de sí mismo (165 a.C.), cuando pronunció una frase al comienzo, inolvidable, profunda, que no ha perdido su frescura a pesar de los siglos que han transcurrido desde que se escribió en un texto y contexto muy concretos: Hombre soy; nada humano me es ajeno (Homo sum; humani nihil a me alienum puto). Para no olvidarlo en estas celebraciones masivas y reivindicativas de derechos humanos, cuando al criticar a este colectivo nos convertimos en enemigos de nosotros mismos.

Decía anteriormente que la tribuna citada es una clase magistral por lo que expresa a través del estreno de la película de Disney, Lightyear, de la factoría Disney/Pixar, inseparable por ahora a pesar de las diferentes culturas de origen que ya abordé en un artículo en 2020, Steve Jobs, el genio visionario que sigue con nosotros, reflexionando sobre aspectos que ayudan a comprender la travesía del desierto que han tenido que sufrir los trabajadores cercanos al colectivo LGTBIQA+ dentro de los propios estudios de Pixar, con su cultura grabada a fuego desde su fundación por Steve Jobs, fundamentalmente, porque la película es una denuncia de algo que ya estaba en su ADN de producción y argumentos en Toy Story, hace 27 años, por lo que se convierte en una precuela auténtica aunque silenciada en su argumento de origen: “La primera genialidad del beso lésbico que aparece por primera vez en la historia de Disney en la recién estrenada Lightyear (y que tristemente ha supuesto la censura de la cinta en 14 países de Oriente Próximo y Asia) es que tiene lugar en 1995, es decir, hace 27 años. De modo que consigue que el primer beso homosexual de la factoría Disney Pixar nazca recordando que llega con años de retraso. Porque resulta que se trata de un beso noventero, tan viejuno como el mismísimo siglo XX. ¿Qué cómo puede ser eso? Muy fácil. Porque la cinta arranca con la siguiente premisa: en 1995 Andy (el protagonista de Toy Story) fue al cine a ver Lightyear. Y ésta (que se estrena ahora) es la película que vio entonces”. Han pasado muchos años para que Disney deje de ocultar sus vicios privados a través de públicas virtudes, sobre todo porque su unión con Pixar fue una bocanada de aire fresco para la tradicional forma de entender la vida por parte Disney y cómo se la ha presentado al mundo mágico de los niños y niñas del mundo durante tanto tiempo. Así lo escribí también con ocasión del estreno en España de una película atrevida, Luca, el verano pasado, en la que se detalla una amistad real como la vida misma, porque el guion estaba en el corazón de las vivencias del director, Enrico Casarosa, que acabó proyectándolo en vivencias reales con su amigo Alberto, dejando abierta la puerta del amor homosexual: “Tenía razón Steve Jobs cuando dijo en cierta ocasión que el mundo era mejor gracias a las películas que hacía Pixar y que por muy brillantes que fueran los productos de Apple, todos terminarían en el vertedero, pero que no pasaría así con las películas de Pixar porque vivirían para siempre en la mente de millones de niños y niñas del mundo y en su tránsito a personas adultas y mayores. Este tránsito es el que también se ha querido recoger en Lightyear, que sin ánimo de hacer spoiler lo sintetizo a continuación.

Para empezar, lo que ha causado más conmoción en el mundo es que antes del estreno la propia productora, Disney, se ha visto envuelta en un auténtico escándalo porque sus directivos tuvieron la voluntad manifiesta de eliminar las escenas del llamado beso lésbico, para que el poderoso caballero don dinero no sufriera ante las invectivas de la falsa moral de América, Oriente Próximo y Asia, en las que se ordenó ese corte ético por “escandaloso”. A estas alturas de desarrollo social en el mundo, parece mentira que la noticia no haya sido el poderoso argumento de la película sino una escena cotidiana de amor entre dos personas que se respetan y quieren. Nada más, con independencia de su forma de ser y estar en el mundo. Lo manifiesta de forma impecable el artículo que recomiendo leer una y otra vez: “Otro asunto importante del beso es que además de ser entre dos mujeres sucede entre dos madres y se produce el día en que celebran un cumpleaños de su hijo. No es pues el clásico ósculo made in Disney que culmina el amor romántico entre la pareja protagonistas, sino uno fragmentario, robado a uno de esos instantes de anodina felicidad. Es un beso fugaz, insignificante en la historia de las amantes, dura apenas segundos, no está cargado de ningún significado especial en la historia de amor y nos habla de una manera de construir afectos y sentido distinta a la que impone el tradicional canon heterosexual: una donde los gestos de amor parecen poco importantes y, sin embargo, lo son todo».

Agrego otra reflexión más, que me parece poderosa y ejemplarizante: “Alisha —mujer, lesbiana, negra— no tiene tantos minutos de metraje como Buzz Lightyear —varón, blanco y núcleo del relato— sino que es “solamente” la amiga del protagonista, su confidente e inspiración. Juntos quedan atrapados en un planeta inhabitable por un error que él cometió y a partir de ese momento sus vidas transcurren de manera paralela aunque radicalmente distinta. Casi como la historia del amor lésbico y el heterosexual. Ella se adapta a las circunstancias y empieza a vivir la vida que le ha tocado sin rechazar sus dificultades. Las condiciones no son las mejores, pero Alisha se enamora (de una mujer) y celebra su suerte, juntas tienen un hijo y en el camino ella cuida a todos los que ama, tiene una nieta, lucha, investiga, consigue llenar su vida de sentido y finalmente muere. Él, en cambio, se empeña en “terminar la misión”, en “ser importante”, “salvar el mundo”, “tener éxito”, “ser un héroe”, “hacer las cosas solo” y “llegar el primero”. Buzz, que no conocerá el amor, encarna muchos de los valores tradicionales del amor heteronormativo, empezando por el ansia de protagonismo y sentido de una vida lineal narrada a través de hitos amorosos o curriculares que solo conducen al más profundo e íntimo fracaso”.

Estoy de acuerdo con Nuria Labari, la autora de la tribuna, sobre el resumen final de la película, al considerarla “una obra maestra, llena de acción, de sentido, humor e imaginación. Y su apuesta por la diversidad incluye a una guerrera de más de setenta años, rebelde, gánster e imprescindible para salvar al mundo. Una vieja de la que nadie está hablando por la sencilla razón de que la vejez sigue invisibilizada aunque ocupe el centro de la escena”. Igualmente, porque ”A estas alturas era difícil explicar por qué los humanos queremos seguir yendo hasta el infinito y más allá. Pero hay un momento, al final de la cinta, en que lo entiendes. Cuando el cuerpo de élite para la protección del universo observa emocionado la estatua de bronce a Alisha: mujer, negra, lesbiana y fuente de sentido para la humanidad, pues ella es esa que supo vivir con grandeza una vida pequeña”.

Genial, porque no hacen falta más explicaciones. Creo que he aprendido a interpretar en su justo sentido la magia de un beso lésbico en el mundo al revés de Disney, que aprendí a conocer cuando era un niño, hacía las cosas de niño y me aferraba en algunas ocasiones a Peter Pan, tan niño como yo, porque no quería crecer en un mundo al revés de cartón piedra diseñado por el enemigo.

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Jean-Louis Trintignant cumplió el sueño de los años más bellos de su vida

Jean-Louis Trintignant (1939-2022) / RTVE, Noticias

Sevilla, 29/VI/2022

El pasado 17 de junio falleció el actor francés Jean-Louis Trintignant, al que he dedicado artículos de elogio en este cuaderno digital en los últimos años, fundamentalmente por películas que me impactaron mucho en mi juventud y en la actualidad, como persona mayor, a través de Il sorpasso ( 1962) y Los años más bellos de una vida (2019). El cine es una isla conocida en mi vida, que siempre me lleva a otras por conocer, por su inagotable misión de acompañarme en singladuras continuas, viajando siempre hacia alguna parte diferente, frecuentando el futuro, en una búsqueda permanente de sentido a la vida.

Cuando escribí sobre Il sorpasso, dije que esta palabra había calado popularmente en nuestro país, sobre todo en el ámbito político, desde que Julio Anguita, el líder carismático del Partido Comunista de España y de Izquierda Unida en los años ochenta y noventa, la cooptó del partido comunista italiano. Su acepción más clara es “adelantamiento” y junto a “ferragosto” tuvimos la oportunidad en España de asociarlas siempre a través de una película de culto, Il sorpasso (1962), que en este país se tradujo, creo que de forma equivocada, por La escapada, quitándole la fuerza de la palabra en su país de origen. Esta película, una road movie en estado puro, la dirigió Dino Risi y sus dos protagonistas inolvidables fueron Vittorio Gassman y Jean-Louis Trintignant. Un auténtico «capolavoro», como resumen de la mism a en una bellísima palabra italiana, es decir, una obra maestra. Inolvidable el comentario de Bruno (Gassman) al comienzo de la película y recorriendo Roma con su vehículo en pleno mes de agosto: «Está todo cerrado, Roma parece un cementerio”. Más o menos, el tedio de la vida corriente que ahora nos ha llevado al sorpasso más auténtico y real en la vida de Trintignant.

El hilo conductor de aquella película de mi adolescencia en Madrid, es un exponente de la misma vida, de una huida hacia adelante que muchas veces llevamos a cabo cuando estamos desorientados, situación en la que, por cierto, estamos inmersos desde hace bastante tiempo, intentando salir día a día del túnel actual por el impacto permanente de la guerra de Ucrania y los daños colaterales, económicos sobre todo, de la pandemia. Es verdad que, imitando a Vittorio Gassman, podemos salir una tarde cualquiera de nuestra vida en busca de algo trivial para seguir viviendo y encontrar almas cándidas que nos ofrecen una solución inmediata a nuestra necesidad. Llamada telefónica, WhatsApp, redes sociales, cualquier oportunidad de salir fuera de nosotros una vez y volver a la ansiada normalidad existencial sin mezcla de prudencia alguna. Después, podemos acompañar a los dos protagonistas, Bruno Cortona (Vittorio Gassman) y Roberto Mariani (Jean-Louis Trintignant), ocupando una plaza en su Lancia Aurelia B24 Spider, como testigos de cargo de sus aventuras hacia ninguna parte y hasta el fatal sorpasso, al igual que nos puede ocurrir en la vida ordinaria, porque la huida hacia adelante no suele traer nada bueno. En el fondo, es el escapismo que vimos tantas veces practicar a Anthony Blake, un profesional de esta suerte de magia.

Un diálogo de la película, escogido por mí, resume bien el sentido metafórico del sorpasso italiano: “Parece que estamos en Inglaterra”, dice Bruno (Gassman), a lo que contesta Roberto (Trintignant): “¿por la campiña? “No, es que viajamos siempre por la izquierda…”, responde finalmente Bruno. Los sorpassi permanentes e imposibles de la película, con el trato vejatorio a las personas y vehículos a los que adelantan los protagonistas, son el reflejo de los adelantamientos innecesarios, peligrosos y suicidas de la vida, en una alocada huida hacia adelante. El principio de realidad debe ser aplicado siempre y Bruno, a pesar de su juventud, lo sabe: “Cada uno de nosotros tiene un recuerdo fallido de la infancia. ¿Sabes por qué siempre decimos que fue la época más hermosa? Porque en realidad ya no la recordamos como era”. Una de las razones para la huida del tedio de la vida con adelantamientos (sorpassi) arriesgados y peligrosos en el caminar diario que, al igual que en esta película de Gassman y Trintignant, pueden tener un final muy triste.

Hoy, al recordar de nuevo a Trintignant, quiero compartir con él un momento mágico de la película de Claude Lelouch, Los años más bellos de una vida (2019), rodada cincuenta y dos años después de su antecesora, Un hombre y una mujer (1966), con el trío de ases, Trintignant, Aimée y Lelouch, en el que los protagonistas resumen qué ha pasado en sus vidas e intentan detener el tiempo con una autofoto (selfi), palabra que no existía cuando tenían cincuenta años menos, en el marco tan querido de la playa de Dauville de fondo, donde habían transcurrido momentos para no olvidar hace ya mucho tiempo. Vi en su momento la película que motiva este estreno en España y la recuerdo casi plano a plano. Era muy joven, pero el amor me parecía posible incluso en experiencias extramatrimoniales como la de la película, en una España que helaba el corazón de quienes las vivían, porque no eran confesables. Comprendí bien el hilo conductor de la película, aunque casi no podía comentarla en su lado positivo porque el régimen estaba en todas partes. Es una mujer la que cincuenta años atrás había dicho “Te quiero”, un amor prohibido que asusta al hombre al que va destinado ese escueto mensaje. Era una mujer la que había tomado la iniciativa en un mundo tan cicatero, plagado de prohibiciones y controles del alma.

Cincuenta y dos años después, comprobé cómo ha avanzado el país en libertades. Hoy está integrado el argumento de fondo y todos comprendemos que dos personas mantengan en su persona de secreto el amor de juventud, sobre todo si fue verdadero. Quizá se deba a que Lelouch quiso dejar claro, plano a plano, el hilo conductor de la película resumido en una frase de Víctor Hugo: los mejores años de la vida son aquellos que aún no se han vivido. La película nos transmite realidades muy duras en la vida de las personas mayores: la enfermedad del olvido selectivo o Alzhéimer, la vida en común obligada cuando se vive en una residencia de mayores, la ausencia de movilidad en el sentido pleno de la palabra, las ausencias, las fiestas organizadas para alegrarnos la vida incluso cuando lo que se requiere es silencio interior, la soledad acompañada y sonora, los horizonte lejanos, la moviola de la vida disponible en los momentos que determinadas neuronas lo permiten, el amor alojado en neuronas que no se borran, los flashback que circundan la memoria de hipocampo, las sorpresas de quienes nos quieren de verdad. Escuché aquel año, atentamente, a Claude Lelouch en una entrevista cuando habla de la realidad de la mirada, porque los ojos nunca mienten, porque siempre nos queda la mirada de alguien a quien queremos. Ahora, recuerdo como si fuera ayer los silencios de las miradas de Jean-Louis Trintignant y Anouk Aimée en su reencuentro.

Por todas las razones expuestas echo de menos hoy a Lean-Louis Trintignant. Il sorpasso y Los años más bellos de una vida, me permiten soñar de nuevo, hacer viajes casi imposibles, utilizar la tecnología para perpetuar los reencuentros a través de un selfi (autofoto), porque da igual casi todo, excepto el amor verdadero: la autoridad, las prohibiciones, la cicatería en el amor. Los adelantamientos (sorpassi) éticos. Porque siempre quedará París, recorrida de punta a punta gracias a la cámara de Lelouch en un plano secuencia memorable, que utiliza un corto suyo de ocho minutos (Era una cita) para transmitirnos que el mundo solo tiene interés hacia adelante cuando respetamos el amor de cada presente. Incluso en las tinieblas del Alzhéimer, con una banda sonora de fondo gracias a Francis Lai. Incluso con los semáforos en rojo de la vida, sin necesidad de saltárselos o de entrar en calles con dirección prohibida, como vemos en los primeros planos de Il sorpasso. Sobre todo, si alguien nos espera al final de un largo camino y en una cita inolvidable para ser más felices. ¿O no se trata de eso en la vida?

Gracias, Jean-Louis Trintignant, porque al igual que hiciste tú siendo joven y, después, una persona mayor, aprendí de ti a cumplir los sueños de los años más bellos de mi vida. Lo sigo intentando todos los días porque, en este caso y en ambas películas, cualquier parecido con la realidad no es pura coincidencia.

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Guerras con nombres

Sevilla, 25/VI/2022

Cuando estamos asistiendo a guerras de todo tipo a pesar de que se camuflan con eufemismos imposibles de cosmética guerrera, como está ocurriendo en Ucrania, el cine sale en ayuda de la sociedad civil con películas como la que se ha estrenado esta semana en Filmin, Guerra sin nombre, una película del género documental, de Bertrand Tavernier y Patrick Rotman sobre el trauma de la guerra de Argelia, que cumple ahora 30 años desde que se rodó y presentó en sociedad. Lo he conocido a través de un artículo excelente en el diario El País, “Guerra sin nombre, el documental de Tavernier para saber más de Argelia”, dedicado a este acontecimiento desde el más digno respeto a la memoria histórica de esta guerra, con nombre, que tanto aprecio. Para nosotros, una lección, visto lo visto con lo que ocurrió en la guerra civil española de 1936 y sus consecuencias, en una dura batalla hasta hoy mismo por recuperar la memoria histórica que suele taparse a diario recurriendo a la Transición, en silencios cómplices impresentables.

Tavernier, una vez más, tal y como lo he ido incorporando a la quintaesencia de este cuaderno digital, hace de su cine un auténtico alegato continuo en defensa de los valores éticos y humanos en la sociedad, para que nunca se olviden. En esta película, busca la reparación histórica de Francia ante una guerra con nombre, a pesar de los esfuerzos institucionales para que no se la llame así, porque es “Un monumento antibelicista de primer orden porque sus testigos directos revelan que de la guerra, con sus aventuras, sus misiones, su compañerismo y sus uniformes, solo se sale con los pies por delante o con secuelas irreparables. Según el informe del veterano historiador Benjamin Stora, presentado a Emmanuel Macron en enero de 2021, hubo en torno a medio millón de muertos. Tras 130 años de dominio francés, la guerra de Argelia dejó heridas que aún siguen abiertas”, a pesar de que a muchos no les preocupe cerrarlas nunca, utilizando siempre artificios lingüísticos para no llamar nunca las cosas por su nombre, como maniobra perfecta de la mediocracia en pleno apogeo en el mundo, en Europa, Francia y España, sin ir más lejos.

La película de Tavernier es aparentemente larga, cuatro horas, aunque el tiempo no agota nunca tanto dolor contenido y revelado en planos extraordinarios que cumplen la misión de trasladar exactamente lo que pensaban de ella sus auténticos protagonistas, los reclutas, jóvenes franceses que junto a otras participantes, hasta alcanzar un número aproximado de tres millones de combatientes, lucharon hacia ninguna parte durante los ocho años de la guerra. El entrevistador, Patrick Rotman, pregunta y los jóvenes responden, así como determinados mandos ante sucesos que no tienen justificación alguna, mientras Tavernier hace el resto dejándonos hace treinta años un testimonio transcendental para la posteridad. Lo más importante es, como se afirma en el artículo citado, es que “La película se propone no juzgar y lo consigue dando voz al último eslabón de la cadena de siempre. Aquí no hay espacio para altos funcionarios, políticos o historiadores. Los únicos testimonios que importan son los de quienes estuvieron en primera línea del frente”.

Bertrand Tavernier nos enseñó a lo largo de su carrera cinematográfica algo muy importante, en cada día comienza todo, tal y como lo expresé en un artículo el año pasado, un día después de su fallecimiento. Ahora, con el estreno en España de Guerra sin nombre, podemos volver a experimentar lo que ha expresado varias veces en estas páginas sobre el director francés y su cine de compromiso social activo y militante: “El cine de calidad nunca es inocente, porque es la interpretación de una realidad más próxima de lo que parece. Cuando vemos una película contenemos la respiración. Todos nos enfrentamos a este momento en un cuerpo a cuerpo. Cuando encontramos las mejores historias, un gran corazón late, se alarma, va más despacio, sale de la sala cinematográfica con el deseo de seguir creyendo en un mundo diferente que todavía es posible. Todos los rostros miran en la misma dirección. Este impulso es el que aspiramos a que nos acompañe siempre, porque es el que nos permite descubrir y alimentar cualquier microhistoria saludable. ¿Saben por qué? Porque como decía el autor de la obra sobre la que está basada la película de Tavernier [el guion de Dominique Sampiero], aunque hoy comience todo, en verdad, todo se parece al amor digno que nos conmueve, es decir, que nos perturba, inquieta, altera, que nos provoca situaciones placenteras que consuelan a nuestra persona de secreto con fuerza y eficacia, afectando de lleno los sentimientos y emociones. Al fin y al cabo, porque aspiramos siempre a descubrir nuestra mejor historia”.

Las palabras finales sobre esta película en el diario El País, resumen perfectamente lo que he querido decir hoy a los cuatro vientos de la Noosfera, “Guerra sin nombre es una película fundamental dentro de la relación entre cine y memoria. Una investigación fascinante y la demostración de cómo el documental rompe los límites del periodismo en su búsqueda de la verdad. Cuando se estrenó, en febrero de 1992 en la Berlinale, el tabú y el silencio seguían instalados en la sociedad francesa. Su contribución fue decisiva para deshacer ese nudo y llamar a la guerra de Argelia por su nombre”. ¡Ojalá nos ocurra algo así en esta país para llamar a la Guerra Civil por su nombre! Lo he recordado especialmente al escribir en 2015 sobre otro director de cine, Patricio Guzmán, cuando el cine se convierte en el gran testigo de la memoria histórica y en nuestro país se siente todos los días la nostalgia de la dignidad por el trato que se da a nuestra memoria histórica de una guerra civil con nombre: “Dije en aquél artículo que había leído una crónica de la 65ª edición de la Berlinale, en el diario El País, en la que se recogía una declaración del director de cine chileno Patricio Guzmán, acerca de un documental realizado en 2010, Nostalgia de la luz, que había tenido un recorrido tortuoso para su exhibición en España y en su televisión pública: “Siempre he tenido el sueño de hacer un filme sobre la falta de memoria de España. En especial, sobre el pacto de silencio que Felipe González inventó con el Ejército. Es un escándalo lo que pasó. La falta de memoria de España le ha quitado energía para jugar un rol importante en Europa. Sigue siendo un país secundario, cuando por elementos históricos y culturales debería estar en primera línea de la UE. Pero no sé dónde encontrar el dinero para ese proyecto. Y las televisiones no emiten documentales. Nostalgia de la luz fue cofinanciada por TVE hace cinco años y aún no lo han emitido… ni lo van a hacer”. Aquellas palabras de Patricio Guzmán no me dejaron tranquilo en aquella ocasión. Además, en el contexto de esa Berlinale, había presentado un nuevo documental, El botón de nácar, que seguía completando el homenaje a la historia dolorosa y reciente de Chile, junto a Nostalgia de la luz, porque no quería ocultar lo que había pasado en su país. Tengo un tremendo respeto a la historia y por eso me duele como a él que ahora se quiera olvidar oficialmente la etapa dolorosa de la dictadura hasta que la Transición consolidó la democracia en España. De ahí la importancia del premio de anoche con su película final de la trilogía, La cordillera de los sueños.

Tavernier me ha llevado siempre a sus películas navegando cerca de mi patera existencial que, a modo de islas desconocidas, me ha permitido desembarcar en ellas junto a mi alma de secreto. Hoy, con Guerra sin nombre ha ocurrido lo mismo. Por ello, mi gratitud plena por lo que representa en el cine mundial, porque directores y directoras como él se atreven a rodar las mejores películas de la vida a pesar de nuestro empeño de no querer llamar a determinados sucesos por su nombre. Tengo muy claro en mi ideario particular que las guerras siempre tienen nombres y apellidos, los de sus responsables. Nunca hay que olvidarlo y, menos, borrarlo de nuestra memoria histórica.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Ennio Morricone, el maestro imprescindible

Melodía principal de Cinema Paradiso

Sevilla, 17/V/2022

En esta ocasión y ante la página en blanco, voy a ir de mis asuntos a mi corazón, porque el viernes pasado se estrenó en este país una película especial, Ennio, el maestro, dirigida por Giuseppe Tornatore, el inolvidable director de Cinema Paradiso (1988), gran amigo del músico, que compuso una banda sonora inolvidable para su película emblemática y que forma parte del cine de culto mundial y, con bastante modestia lo digo, de la banda sonora de mi vida y de mi persona de secreto. Morricone había afirmado, más de una vez, que Tornatore era la única persona que podía hacer una película sobre él con todas las garantías de verdad cinematográfica. 

Ennio Morricone jamás pensó que la música sería su destino, aunque la profesión del padre, trompetista, le abrió desde pequeño un camino para saber qué era verdaderamente la música. Como se dice en los títulos de crédito de su tráiler oficial, la historia de su música es la historia de su vida, porque la hemos seguido escuchando durante toda la vida en momentos especiales de cada vida, de cada historia personal. Él pensó en sus primeros pasos como compositor que componer música de cine era una humillación y ese sentimiento de culpa lo venció poco a poco componiendo bandas sonoras inolvidables.

Personalmente, creo que la banda sonora de Cinema Paradiso es la mejor muestra de lo expuesto anteriormente. Recientemente, con motivo del fallecimiento del actor Jacques Perrin, que interpretaba en esta película el papel de Salvatore, de adulto, con el alma de Totó/Salvatore niño en su interior, escribí un artículo en el que lo recordaba con emoción por su papel en los planos finales, con una música envolvente de Morricone que no olvido. Salvatore aprendió que lo que hiciera en la vida tenía que amarlo y Totó/Salvatore lo comprendieron de forma especial cuando descubrieron, cada uno en su tiempo y en su momento, lo que Alfredo le había guardado en aquella caja metálica con un rollo de las escenas que la censura no le permitía proyectar en su amado Cinema Paradiso. Las lágrimas de Salvatore o Jacques Perrin, tanta monta, monta tanto, en las escenas finales de la película, no las he olvidado. Jacques Perrin se fue a su cielo particular en una búsqueda eterna de besos perdidos y acompañado por unos compases mágicos de Ennio Morricone. Fue una ocasión más de recordar el mundo mágico de esa gran película, porque todavía suenan en mi interior las palabras de Alfredo a Totó, Salvatore en la edad juvenil y adulta, en unas  escenas inolvidables, en las que Alfredo le aconseja que salga de sí mismo para buscar islas desconocidas, las que describía extraordinariamente José Saramago en su cuento «La isla desconocida»: “La vida es más difícil… Márchate…, el mundo es tuyo, … no quiero oírte más, solo quiero oír hablar de ti… Hagas lo que hagas, ámalo”. Le ayudó a salir de su zona de confort y nunca he olvidado aquellas escenas ni aquellas palabras. Todo un símbolo.

Al título oficial de la película, Ennio, el maestro, le he agregado a la palabra “maestro” otra: “imprescindible”, que amo en su contenido, explicitado muchas veces en este cuaderno digital, que Bertolt Brecht desarrolló en Elogio a los combatientes: “Hay hombres que luchan un día y son buenos, otros luchan un año y son mejores, hay quienes luchan muchos años y son muy buenos, pero están los que luchan toda la vida, y esos son los imprescindibles. Su contribución a la música, entendida como “compañera en la alegría y medicina para el dolor (musica laetitiae comes, medicina dolorum)”, a lo largo de su larga carrera como compositor, lo atestiguan, formando parte de la banda sonora de las vidas de muchas personas, engrandeciendo sus almas. Nuestras almas.

Gracias, Giuseppe Tornatore. Ennio Morricone, un maestro imprescindible, falleció el 7 de julio de 2020 y sus obras seguirán manteniendo y expresando siempre su dignidad personal y profesional. Ahora, al contemplar esta película de alguien en el que siempre confió sus recuerdos, estoy seguro de que seguirá poniendo música inolvidable a su cielo particular, en beneficio de todos.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Siempre es posible el amanecer de una era en España

Sevilla, 14/V/2022

La Filmoteca Española presentará el próximo 25 de mayo un noticiario sonoro de la Fox Movietone News, que testimonia la alegría del cambio de Estado en España en abril de 1931, El amanecer de una nueva era en España, 1931, una auténtica revolución política en el país que no acabó felizmente. La película apareció en 2006 en Priego de Córdoba (Córdoba), en la casa de Francisco Adame, un amigo del presidente Niceto Alcalá-Zamora, que también era natural de esa localidad. En los tiempos que corren, donde el estado de ánimo de la ciudadanía es de desafección política y hartazgo de determinada política y sus acciones asociadas, es como si llegara viento fresco para “reparar”, valga la expresión, esta situación tan delicada.

Es un noticiario producido y rodado por la Fox Movietone, un estudio de Hollywood «que hablaba por sí mismo», según sus títulos de crédito, que recoge voces e imágenes inéditas de los primeros actos de la II República en 1931, abriendo un camino de noticiarios hablados que llega hasta nuestros días como nuestros actuales “informativos”, con una calidad impecable en la conjunción de imagen y sonido, ahora restaurado para un visionado perfecto. En sus títulos de crédito, a modo de presentación, figura esta dedicatoria: «La organización Fox Movietone News (Noticiario Fox Sonoro), se honra en ofrecer a la joven República Española y a los ilustres hombres que forman su Gobierno Provisional, esta recopilación de los hechos que pudo impresionar, acaecidos con motivo del cambio de Régimen y el histórico día 14 de abril de 1931 y durante los días posteriores a aquella fecha memorable». Hace doce años, así comentaba Francisco Durán, director del Patronato Niceto Alcalá-Zamora, el sorprendente hallazgo en Priego de Córdoba, : “Cuando se produjo el golpe de Estado, Alcalá-Zamora estaba fuera de España. Adame guardó algunos objetos de Alcalá-Zamora a instancias de éste. La película fue uno de ellos. La casa de Adame fue derribada hace tres meses. En la tercera planta y detrás de un armario, estaba la película». El Patronato informó en enero de 2014 del Índice de la película original, con una duración de 21 minutos y 30 segundos, rodada en 35mm., en Nitrato:

  1. Texto introductorio de la Fox sobre la II República.
  2. Los acontecimientos de la Puerta del Sol el 14 de abril, imágenes de la plaza y del balcón con diferentes personajes (del segundo 46” al 1’44”).
  3. Discurso de Niceto Alcalá-Zamora y Torres, presidente del Gobierno provisional (de 1’44” a 2’17”)
  4. Regreso de Ramón Franco del destierro: (2’17” al 2’57”) Hay un desfile de tropas y una breve intervención, en francés, del protagonista.
  5. “Socialistas y republicanos aclaman a sus leaders” (2’57” al 4’46”): Debe ser el acto de homenaje multitudinario a Pablo Iglesias, que se celebró a finales de abril. Imágenes de la concentración en la puerta del cementerio, con una intervención de Indalecio Prieto. Escenas de manifestantes y de un grupo de niños que canta la Internacional.
  6. Celebración en Madrid del 1º de mayo, hasta llegar al Parque real (Retiro) (4’46” al 8’43”) Escenas de la manifestación con Francisco Largo Caballero, Indalecio Prieto y Miguel de Unamuno. Encuentro en la presidencia del Gobierno con Niceto Alcalá-Zamora, que aparece en un balcón junto a otros ministros Fiesta popular con música de organillo.
  7. “Una gran victoria del feminismo en España” (8’43” al 13’23”) Toma de posesión de Victoria Kent como Directora General de Prisiones, con un discurso de Fernando de los Ríos y otro de ella.
  8. “Los bienes de la Corona de España declarados Bienes Nacionales” (13’23” al 17’23”) Entrega de la Casa de Campo al ayuntamiento de Madrid. Himno de Riego y revista de tropas Discursos de Indalecio Prieto y de Pedro Rico, alcalde de Madrid Desfile de banda militar.
  9. “El estado de sitio proclamado en Madrid” (17’23” al 18’38”) Quema de convento del 11 de mayo: tropas que custodian los edificios religiosos.
  10. “La República española amiga de los pueblos libres” (18’38” al 19’36”) Intervención de Salvador de Madariaga, Embajador de España en Washington.
  11. “Nuevo himno republicano” (19’36” hasta el final) Celebración en la plaza de toros Monumental de Madrid de un acto musical donde se presenta la propuesta de un nuevo himno republicano (con letra), compuesto por Dª Adela Anaya y su hermano, D. Francisco Ayala, autor de la letra.

Lo que me conmueve al ver estas imágenes del vídeo que adjunto es la alegría que se percibe en las palabras de Niceto Alcalá-Zamora, el bullicio de la gente arremolinada entorno a un líder y la participación de los niños cantando la Internacional. Es muy importante resaltar estos valores en los momentos actuales de ocaso de la democracia porque, a pesar de todo lo que ha ocurrido desde entonces, es necesario blindarla y preservarla siempre para dotar al país de un estado de convivencia pacífica necesario para todos. Por ello, creo siempre que es posible el amanecer de una nueva era en nuestro país.

Este año ya he escrito sobre algo que vuelvo a manifestar hoy con letras de oro: el cine es también memoria histórica, como este noticiario de la segunda república, en 1931. Lo decía al haber leído una crítica a la película premiada el pasado 12 de febrero con el Goya a la mejor película Iberoamericana, La cordillera de los sueños (2019), dirigida por Patricio Guzmán, a modo de veredicto: para no olvidar que el cine también es memoria histórica. Este blog tiene una seña de identidad muy clara y que he pretendido respetar a lo largo de más de sus dieciséis años de vida en la red de redes: buscar islas desconocidas a través de la inteligencia digital. La película de Guzmán es una isla desconocida para el gran público, sin menospreciar los premios entregados ayer básicamente al cine que se produce en este país. Es la última parte de una trilogía que comenzó con Nostalgia de la luz (2010), seguida de El botón de nácar (2015). Una muestra de esta navegación al desvío, por mi parte, es el artículo que escribí en 2015 sobre estas dos películas, Nostalgia de la dignidad, del que reproduzco pasajes de este reconocimiento personal que hice en su momento al director premiado anoche en la gala de los Goya.

Dije en aquél artículo que había leído una crónica de la 65ª edición de la Berlinale, en el diario El País, en la que se recogía una declaración del director de cine chileno Patricio Guzmán, acerca de un documental realizado en 2010, Nostalgia de la luz, que había tenido un recorrido tortuoso para su exhibición en España y en su televisión pública: “Siempre he tenido el sueño de hacer un filme sobre la falta de memoria de España. En especial, sobre el pacto de silencio que Felipe González inventó con el Ejército. Es un escándalo lo que pasó. La falta de memoria de España le ha quitado energía para jugar un rol importante en Europa. Sigue siendo un país secundario, cuando por elementos históricos y culturales debería estar en primera línea de la UE. Pero no sé dónde encontrar el dinero para ese proyecto. Y las televisiones no emiten documentales. Nostalgia de la luz fue cofinanciada por TVE hace cinco años y aún no lo han emitido… ni lo van a hacer”. Aquellas palabras de Patricio Guzmán no me dejaron tranquilo en aquella ocasión. Además, en el contexto de esa Berlinale, había presentado un nuevo documental, El botón de nácar, que seguía completando el homenaje a la historia dolorosa y reciente de Chile, junto a Nostalgia de la luz, porque no quería ocultar lo que había pasado en su país. Tengo un tremendo respeto a la historia y por eso me duele como a él que ahora se quiera olvidar oficialmente la etapa dolorosa de la dictadura hasta que la Transición consolidó la democracia en España. De ahí la importancia del Goya a Patricio Guzmán por su película final de la trilogía, La cordillera de los sueños.

Es cierto que en España se falta muchas veces al respeto de su memoria histórica. Me indigna que ahora se quieran quitar del imaginario social, histórico y político de nuestro país, las palabras izquierda o derecha, dictadura o represión fascista, cuando todo el mundo sabe qué se quiere decir con ellas. Falta hacer todavía un recorrido objetivo sobre el dolor de la izquierda española durante la dictadura (que tuve que vivir y sufrir), probablemente con la ayuda de Patricio Guzmán, aunque tengamos que utilizar medios de financiación popular como el crowdfunding, tal y como se financió en parte Nostalgia de la luz. En la sinopsis oficial de aquél documental precioso, El botón de nácar, se decía que simbolizaba la dualidad de la distancia “entre el cielo y la tierra, entre la luz del cosmos y los seres humanos y las misteriosas idas y vueltas que se crean entre ellos. En Chile, a tres mil metros de altura, los astrónomos venidos de todo el mundo se reúnen en el desierto de Atacama para observar las estrellas. Aquí, la transparencia del cielo permite ver hasta los confines del universo. Abajo, la sequedad del suelo preserva los restos humanos intactos para siempre: momias, exploradores, aventureros, indígenas, mineros y osamentas de los prisioneros políticos de la dictadura. Mientras los astrónomos buscan la vida extra terrestre, un grupo de mujeres remueve las piedras: busca a sus familiares”. Nada más, dije en aquella ocasión. Se trata también de la nostalgia de la dignidad que todavía algunas personas tenemos. Como la de Valentina, la hija de las estrellas, que “a pesar de ser hija de madre y padre desaparecidos, es el personaje más jubiloso de la película. Tiene una mirada serena que observa más lejos que nosotros. Sus abuelos la criaron y le enseñaron a observar el cielo. Desde que se dedica a la astronomía, ella supo que la materia de las estrellas es la misma materia de sus padres”.

Finalmente, La cordillera de los sueños pone bastantes cosas en su sitio, sobre todo en el pueblo chileno que sufrió la dictadura desde 1973: “En Chile, cuando el sol se levanta ha debido escalar colinas, paredes, cumbres, antes de alcanzar la última piedra de Los Andes. En mi país, la cordillera está en todos lados pero para los chilenos es tierra desconocida. Luego de haber ido al norte por Nostalgia de la luz y al sur por El botón de nácar, he querido filmar de cerca esta inmensa columna vertebral para develar los misterios, reveladores potentes de la historia pasada y reciente de Chile”. En el documental se dice algo que me impresiona escucharlo y leerlo con atención casi reverencial: “Durante todo el tiempo de la dictadura la cordillera ha permanecido en su lugar. Creo que la montaña es un testigo, los adoquines están aquí y están tallados con piedras de la cordillera. Aquí están grabados algunos de los nombres de las víctimas. Si pudiéramos traducir lo que dicen las piedras, hoy tendríamos las respuestas que no tenemos”.

Felicito siempre que puedo a Patricio Guzmán, por su compromiso activo a través del cine! Me alegra y reconforta desde una determinada ideología de izquierda, el reconocimiento que le hizo nuestro país, en febrero, en los premios Goya, porque debemos mucho al pueblo chileno por su acogida a los españoles en el exilio tras la guerra civil y la férrea dictadura que sufrimos años después. Gracias, a través de estas palabras, que aún nos quedan. Aquello fue una misión de amor por su parte, que no olvido en la memoria histórica de nuestro país.

Volviendo finalmente al Noticiario completo de la Fox Movietone News, El amanecer de una nueva era en España, 1931, que se presentará perfectamente restaurado el próximo 25 de mayo en la Filmoteca Española, sigo creyendo firmemente en que siempre es posible el amanecer de una nueva era en nuestro país, a pesar del hartazgo actual con determinadas políticas y políticos, porque todos no son iguales. Escuchar a Niceto Alcalá-Zamora, sentir la alegría que se percibe en sus palabras y en quienes las escuchan, disfrutar de la Casa de Campo como bien público en en el acto oficial de entrega al Ayuntamiento de Madrid de toda su extensión, el breve discurso de Victoria Kent, el bullicio de la gente arremolinada entorno a un líder y la participación de los niños cantando la Internacional, constituyen un documento gráfico y sonoro que no me deja indiferente ante la necesaria consolidación de la democracia en nuestro país, en sus valores de igualdad, fraternidad y libertad para todos. El cine, una vez más, vuelve a demostrar que también es memoria histórica, a la que hay que respetar siempre y no olvidarla jamás aunque sea a través del soñar despierto y hasta que amanezca una nueva era.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

¡Enhorabuena de nuevo, Carla Simón!

Carla Simón

Sevilla, 29/IV/2022

Hoy se estrena en los cines de este país una película extraordinaria, Alcarrás, dirigida por Carla Simón, a quien he dedicado palabras de admiración en este cuaderno digital. Alcarràs se sigue considerando una obra maestra en su fondo y forma y vuelvo a publicar los dos artículos desde su debut con Verano 1993. A partir de hoy, se puede y se debe conocer esta película, porque transmite valores que el cine nos entrega de forma magistral en una obra que retrata también parte de la memoria histórica de este país. Mi enhorabuena de nuevo, Carla.

Sevilla, 17/II/2022

Aquella cara infantil, que figura más abajo, una mezcla de candidez y desafío, no la he olvidado. Pertenece a un plano de la película Verano 1993, dirigida por Carla Simón como opera prima, a la que dediqué en 2017 unas palabras especiales en este cuaderno digital que busca siempre islas desconocidas, como así fue al descubrir esta pequeña gran obra de Carla. Las reproduzco a continuación, porque fue para mí una experiencia maravillosa, como homenaje a Carla Simón y a todas las personas que como ella sufrieron la dureza del SIDA en una España que nos helaba por ello el corazón. Vi la película en el cine comercial y me entusiasmó. En febrero de 2018 volví a citarla en este cuaderno digital con motivo de la entrega de un premio Goya a la mejor dirección novel, como directora de esa preciosa película. Hoy, vuelvo a recuperar su nombre porque ayer le concedieron el Oso de Oro de la Berlinale 2022 por Alcarràs, una película que se aproxima al mundo rural, rodada en catalán y con actores no profesionales. Alcarràs es el segundo largometraje de Simón, que ya ganó el premio a la mejor ópera prima en el Festival de Berlín de 2017 con su obra ya citada, Verano 1993.

En la sinopsis oficial de la película se afirma que «después de ochenta años cultivando la misma tierra, la familia Solé se reúne para realizar juntos su última cosecha. En palabras de su directora: «Se trata de una historia sobre la pertenencia a una tierra, a un lugar. Un drama sobre las perpetuas tensiones generacionales, la superación de antiguas tradiciones y la importancia de la unidad familiar en tiempos de crisis». Carla vuelve a tocar asuntos del alma humana que es difícil trasladar al cine si no tienes una sensibilidad especial más allá de la técnica que se supone en una profesional de sus características. La Berlinale, que ya no premia en función del género, así lo ha reconocido.

Este premio merece la atención de sus compatriotas, en la clave que tantas veces he recordado de mi paisano Luis Cernuda: “el trabajo humano, con amor hecho, merece la atención de los otros”. Lo he repetido hasta la saciedad en este cuaderno digital: debemos reconocer todo lo que a diario se hace bien en este país, porque necesitamos esos refuerzos positivos y más en los tiempos que corren. Con este reconocimiento cinematográfico a Carla Simón, recuerdo las palabras del cardiólogo Valentín Fuster, residente durante muchos años en América, que pronunció en 2013 durante una de sus múltiples visitas a España: “Yo puedo estar hablando todo el rato del desastre que hay en España. Pero igual podemos sacar unos minutos para saber si algo funciona…” o lo que es lo mismo, puedo estar hablando todo el rato de lo que hace mal este país, pero igual podemos sacar unos minutos para saber si algo funciona…, si alguien nos representa con dignidad más allá de nuestras fronteras y alegrarnos por ello, rompiendo los silencios cómplices a los que estamos acostumbrados o a desprestigiar a quien tanto lucha por sus ideales y principios. Y comprobaremos que es verdad, que funcionan muchas cosas que aparentemente son de otro mundo pero que, gracias a una directora excepcional española, contribuimos a dignificar el país por un premio internacional de cine que debería causar la admiración necesaria y justa de todos, sin excepción alguna. Por ello, desde Andalucía, ¡enhorabuena, Carla Simón!

Verano 1952

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Me pasa con los estrenos cinematográficos como con los bestseller, que no les hago mucho caso, quizá porque huyo siempre de las razones del mercado y me dejo guiar más por sentimientos y emociones que por las inexorables leyes de la oferta y la demanda preconizadas por el capital. Me ha pasado recientemente con una película, Verano 1993, una ópera prima de la directora Carla Simón, autobiográfica y que cuenta una historia real de cómo vive el duelo una niña de seis años, por la muerte de los padres afectados por SIDA. Todo lo que he leído y visto en relación con este estreno me ha parecido extraordinario, pero todavía no he visto la película, aunque creo que la siento ya desde los títulos de crédito.

Existe una historia de España, contemporánea con los primeros años de la transición, que todavía no se ha escrito con el rigor que merece y, probablemente, porque no es rentable contarla, en un país descreído y desagradecido con sus propios aciertos y fracasos. Me refiero en concreto a la tragedia que sufrió el país en la década de los ochenta del siglo pasado, por la adicción de muchos jóvenes a las drogas y la aparición sorprendente del fenómeno SIDA. Se cumplió la ley del péndulo de Schopenhauer y cuando creíamos que lo teníamos todo con la libertad por bandera, gracias a la Transición, apareció un fenómeno terrible que sembró de dolor el país afectando, sobre todo, a una generación y a sus familias más directas, que comenzaba a despertar de un pasado terrible.

Todos tenemos un verano especial en nuestras vidas. El mío comenzó en 1952, en Madrid, días antes de cumplir los cinco años, en una España que helaba el corazón de muchos demócratas. Habíamos vivido en casa la guerra y el duelo por la muerte de mi padre en 1947, con secuelas importantes por las heridas en acto de guerra, que había que digerir como Dios le diera a entender a cada uno. Por eso comprendo bien estos personajes de película, al reproducir, salvando lo que haya que salvar, que solo hay un camino para entender lo que humanamente no hay por dónde cogerlo. Se trata exclusivamente de recibir amor, para ir cerrando poco a poco las tres heridas que a veces envuelven nuestra existencia, que describió Miguel Hernández de forma mágica: la del amor, la de la muerte, la de la vida.

Comprendo siempre por qué me atraen estas películas excelentes, incluso antes de verlas, porque como en este caso, su guion es lo más parecido a la vida real, a la vida misma. En el verano 2017, algunos, estamos obligatoriamente obligados a verla, aunque como decía el poeta malagueño Rafael Ballesteros, sigamos sin entender “si se me abre el grifo y sale una bala tras otra bala, si abro la puerta y se nos entra el fusilado y cierro y se me queda fuera el dedo, si unto amor en el labio entreabierto y nada, si miro al muro y todavía distingo los boquetes”. Porque, es verdad, “De este mundo los dos sabemos poco. Y sin embargo, estamos aquí [como Carla] obligatoriamente obligados a entenderlo”.

Sevilla, 29/VII/2017

NOTA: la imagen última es un fotograma de la película “Verano 1993”, que se recuperó el 29/VII/2017de https://www.espinof.com/trailers/verano-1993-cartel-y-trailer-de-la-opera-prima-de-carla-simon

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

En memoria de Jacques Perrin, «Salvatore» en Cinema Paradiso

Jacques Perrin

Melodía principal de Cinema Paradiso

Granada, 22/IV/2022

Es verdad que algo se muere en el alma cuando un actor como Jacques Perrin se va. En mi caso, porque no olvido su papel en Cinema Paradiso, interpretando a Salvatore Di Vita y dirigida por Giuseppe Tornatore o en Los chicos del coro,  dirigida por Christophe Barratier. Todavía suenan en mi interior las palabras de Alfredo a Totó, Salvatore en la edad juvenil y adulta, en unas  escenas inolvidables, en las que Alfredo le aconseja que salga de sí mismo para buscar islas desconocidas, las que describía extraordinariamente José Saramago en su cuento «La isla desconocida»: “La vida es más difícil… Márchate…, el mundo es tuyo, … no quiero oírte más, solo quiero oír hablar de ti… Hagas lo que hagas, ámalo”. Le ayudó a salir de su zona de confort y nunca he olvidado aquellas escenas ni aquellas palabras. Todo un símbolo. Lo he recordado especialmente porque estamos viviendo unos días complejos en nuestro país y la principal tentación es aislarse cada uno en su zona de confort, la que nos da seguridad en tiempos revueltos, que no está en los mapas de supervivencia existencial, porque suele ser personal e intransferible. Es perfectamente comprensible esta actitud, aunque personalmente defiendo que la reconstrucción del país en estos momentos es tarea de todos. En lugar de volver a escuchar ¡que inventen otros!, puede ser peligroso pensar en algo así como ¡que reconstruyan otros!, como si esa acción patriótica, no delegable, no fuera asunto de cada uno, de todos.

Salvatore aprendió que lo que hiciera en la vida tenía que amarlo y Totó/Salvatore/Jacques Perrin lo comprendieron de forma especial cuando descubrieron, cada uno en su tiempo y en su momento, lo que Alfredo le había guardado en aquella caja metálica con un rollo de las escenas que la censura no le permitía proyectar en su amado Cinema Paradiso. Las lágrimas de Salvatore o Jacques Perrin, tanta monta, monta tanto, en las escenas finales de la película, no las he olvidado. Tampoco hoy, cuando he conocido que se ha ido a su cielo particular en una búsqueda eterna de besos perdidos.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Sufriendo bajo la lluvia

Fotograma con la imagen de Jesús de Nazareth, en una procesión del Lunes Santo de 2022, tomado de Lunes Santo en Sevilla – Diario de Sevilla.

Sevilla, 13/IV/2022

Sé que lo que ocurrió el lunes pasado en esta sacrosanta ciudad, día “santo” por más señas, tiene múltiples interpretaciones y lecturas, manifestando desde este momento y a modo de declaración de principios, que las palabras que siguen las escribo con un profundo respeto reverencial a este tipo de manifestaciones religiosas. A pesar del tiempo inclemente, varias procesiones salieron bajo la amenaza de lluvia, lo que finalmente así ocurrió, ofreciendo espectáculos nada edificantes. Contaba una emisora de radio que dedica mucho tiempo a estas procesiones, que una banda de música de miembros muy jóvenes estuvo tocando continuamente durante unos minutos de lluvia hasta que les dijeron que dejaran de hacerlo. Ante la pregunta de por qué lo hacían, dijeron que se temían que si no tocaban ya no los “contratarían” para próximas salidas. Otra anécdota que contó fue a la puerta de la catedral, cuando una hermandad decidió regresar a su templo con la lluvia amenazante y la madre de una nazarena pequeña manifestó a una responsable de tramo que se iba a su casa, a lo que la “tutora procesional” respondió que “tenía que quedarse” a pesar de la que estaba cayendo. La madre, ni corta ni perezosa, le entregó la papeleta de sitio y el cirio, abandonando inmediatamente su fila. La verdad es que el espectáculo continuaba y estaba servido. Figuras de Jesús, María, Apóstoles, caladas hasta los huesos, tronos empapados, mantos de vírgenes chorreando, figuras encapotadas para preservarlas como podían del agua, búsqueda de refugios próximos, costaleros sufriendo lo indecible para aligerar el paso sin chicotá alguna, desbandada general, nazarenos y penitentes calados a pesar de sus túnicas de cierto abrigo, me llevan hoy al terreno de la reflexión sobre si todo eso era necesario, cuando se sabía a ciencia cierta lo que iba a ocurrir. Quizás es que “había que salvar la Semana Santa” como fuera y a cualquier precio.

Creo que el sufrimiento bajo la lluvia estaba servido y que se podía haber evitado. Desde todos los puntos de vista posibles, religiosos y culturales sobre todo, tenía que haber cundido la sensatez y prudencia para no haber propiciado esta situación que no es ejemplar precisamente. Algunas Hermandades han dado muestra de ello y lo sucedido debería meditarse para futuras salidas procesionales con el tiempo adverso. El patrimonio cultural de las cofradías es un bien común y de gran interés artístico que se debe proteger. Esas imágenes y la parafernalia asociada, chorreando agua, sufrirán lo ocurrido sin lugar a duda, y debería conocerse el resultado final de posibles deterioros para tranquilidad de quienes aman la cultura y la tradición de esta ciudad.

Vendría bien volver a hacer una reflexión sobre el ciudadano Jesús, al que ya he dedicado muchas páginas en este cuaderno digital, porque al fin y al cabo se trata de él en el fondo y forma de estas palabras. Estas manifestaciones artísticas están basadas en una tradición histórica sobre la muerte de Jesús de Nazareth, sobre todo, su pasión y muerte. Desde el Domingo de Ramos y hasta el de Resurrección, se condensa en una semana trágica la vida y obra de uno de los personajes imprescindibles de la Humanidad, que me gusta tratar como ciudadano Jesús. Lo dije el domingo pasado, cuando me refería a él, en su ataque continuo de humanidad, recogido así por los cronistas de la época, cuando se cansaba y se dormía, porque estaba hecho polvo, en el cabezal del barco (Mc 8,23). O como Machado decía en su precioso poema La Saeta: ¡No puedo cantar, ni quiero / a ese Jesús del madero, / sino al que anduvo en el mar!. Lo digo con un gran respeto a la fe de mis mayores, porque me impactó mucho verlo correr el lunes pasado hacia un templo que lo acogía por un tiempo, huyendo de la hermana agua, a la que tanto quería, incluso hasta andar sobre ella como si no pasara nada.

En este contexto, siempre recuerdo una película clásica sobre la vida de Jesús de Nazareth, El evangelio según San Mateo (1964), dirigida por Pier Paolo Pasolini (1922-1975), que me sigue emocionando por su mensaje humano y tan cercano a la vida cotidiana de las personas, porque cuando llueve mi alma se moja como las demás. Pasolini hizo con esta película un cine diferente, singular, diverso: “Jesús (interpretado por Enrique Irazoqui) es mostrado continuamente caminando entre el desierto o entre pueblos en ruinas. Su mirada, como la de Pasolini, no evita a los leprosos ni a los cojos, sino que se detiene en ellos; la cámara, por su parte, se complace, por ejemplo, en la mano del mesías que acaricia los rostros marchitos de quienes acuden a él para encontrar salud. El contacto entre dos cuerpos alivia, de ahí la alegría del rostro de la adolescente María (Margherita Caruso) al ver regresar a José, al saber que, sin importar lo que digan los demás, él ha decidido estar con ella” (1). Me emocionó esta película cuando la vi de nuevo en Roma, sabiendo como sabía que aquella ciudad era un peligro para caminantes que hacen camino al andar. Pasolini sigue muy presente en mi pensamiento crítico y acudo frecuentemente a él. Por ejemplo, sé que una obra reciente de Miguel Dalmau Soler, Pasolini. El último profeta, ha ganado el XXXIV Premio Comillas de Historia, Biografía y Memorias 2022, en un año en el que se cumple el centenario del nacimiento del director italiano, edición que servirá para conocerlo en profundidad.

En el fondo, estas palabras son un nuevo homenaje personal al cineasta italiano, del que tanto aprendí a comprender el valor de la vida alternativa, con la pasión dentro, como él la mostró en una obra también excelente, Teorema, tan incomprendida por la autoridad competente, eclesiástica por supuesto, hasta el punto de haberse arrepentido de haberle entregado un premio por ella, en 1968, cuando descubrió cuál era su auténtico mensaje y no la posibilidad de que el Espíritu Santo entrase en cada uno de nosotros, que fue lo que constituyó el móvil del premio. Cuando se descubrió que Pasolini volaba más bajo que el espíritu, la institución se arrepintió y explicó a los cuatro vientos su voto. El anatema estaba servido. En definitiva muy poca gente había entendido el mensaje real de la película: no es necesario invocar a los espíritus para llenarse de amor en vida, cualquier amor. Desgraciadamente, no le salvó nunca su magistral interpretación laica de la vida del ciudadano Jesús de Nazareth, en su forma de leer para el siglo XX el evangelio según San Mateo. Quizás tampoco hoy día, en pleno siglo XXI, en un universo tan descreído y alejado del espíritu del bien humano, a pesar de que seguimos sufriendo mucho con la lluvia fina y pertinaz de la intolerancia y ausencia radical de valores que está cayendo, como símbolo de lo que ocurrió el lunes santo pasado, nunca a gusto de todos. Como la vida misma.

(1) https://cinedivergente.com/el-evangelio-segun-san-mateo/

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.