Los Idus del PSOE, según Borrell

IDUS DE OCTUBRE

He leído con prisa existencial el libro que acaba de publicar Josep Borrell, Los Idus de Octubre (1), a quien admiro desde hace muchos años, porque estoy muy pre-ocupado [sic] por lo que pasa en este país y en mi Comunidad Autónoma, Andalucía. Me considero una persona con visión de Estado, de espíritu y obra constitucionalista, porque todo lo que es humano no me es ajeno, a pesar de mis debilidades digitales, que haberlas, haylas. No voy a desvelar aquí el hilo conductor del libro en su fondo y forma, pero sí quiero compartir con la Noosfera más cercana mis impresiones de la lectura del mismo.

Para empezar, admiro la forma didáctica de Borrell para explicar hasta el misterio del Espíritu Santo si se lo propusiera, que ya es decir. Es la primera vez que he comprendido bien el mes de octubre de 2016, mes horribilis donde los haya, que me supuso una fractura en mi persona de secreto y en la de todos en relación con la prensa escrita, concretamente con mi lejanía del periódico El País, por la forma tan chapucera de inclinar la balanza de forma descarada, por la posición que tomó en el conflicto del partido socialista, donde el director no se cortó ni un pelo a la hora de insultar a Pedro Sánchez: “un insensato sin escrúpulos que no duda en destruir el partido”. Ancho y pancho se quedó en su editorial de 1 de octubre de 2016, con esta máxima de almanaque.

Pero lo que verdaderamente me ha gustado de la lectura del libro ha sido el hilo conductor en el abordaje de la crisis histórica de la socialdemocracia que va más allá de las guerras intestinas del partido socialista. Con la maestría que le caracteriza, la Introducción es más larga de lo habitual, pero imprescindible para comprender la quintaesencia del libro. Abordar de forma directa, didáctica repito, asuntos tan cruciales como la realidad política mundial, la socialización de la política, la falta de verdad en el seno del partido socialista en España, las razones de por qué hay que escribir sobre esta situación, que despacha en una frase rotunda: porque obliga a pensar, atreviéndose a decirlo en alta voz a un país que le gusta más la opinión que la teoría crítica (Gustavo Bueno, dixit); las mentiras de la operación Frankenstein, que la explica con detalles casi escabrosos, la necesaria integración de ideas, personas e instituciones [sic], finalizando estas palabras introductorias con el abordaje de la madre de todas las batallas: la crisis mundial de la socialdemocracia más allá de nuestra fronteras también, porque España no es el ombligo del mundo, así como la toma de posición es ante la obligada transformación del mundo que habitamos, en el que la socialdemocracia tendrá que integrar junto a lo económico y social, los recursos naturales que por si no nos hemos dado cuenta todavía se agotan, haciendo que el mundo sufra mucho por esta amenaza silente pero que está ahí.

El capítulo dedicado al relato de la crisis también es muy clarificador por razón de texto y contexto. Es bueno que alguien alce la voz en el seno del partido socialista para decir que el emperador (llámese así hoy al presidente Zapatero), no estuvo a la altura de las circunstancias en los albores de la traída y llevada crisis, es decir, no llevaba puesto ningún traje que representara la auténtica socialdemocracia y acabó alineándose con las exigencias del mercado. Esto es así, por mucho que nos quieran vender otra moto política y ahí está para demostrarlo el cénit del desencanto expresado de forma esplendorosa por el movimiento 15M. Ayuda a comprenderlo bien el relato cronológico de la crisis del PSOE, muy sintético, pero sumamente clarificador.

Mención aparte tiene la contextualización de la crisis narrada anteriormente, que tiene también sus razones de texto y contexto en la cercana Europa y su correlato en España. Dedica un capítulo completo al análisis técnico de lo que le ocurrió al único y primer secretario general del partido, “condicionado y cuestionado” hasta la saciedad en las entrañas directivas del partido, que fue elegido por el voto directo de sus militantes, con un título que no tiene desperdicio y del que no adelanto nada para no caer en los cebos tan típicos de la televisión rosa (o azul, según se mire).

Con la socarronería que caracteriza a Borrell se detiene a explicar en el capítulo 4, una expresión de la sabiduría popular: “nunca digas nunca jamás porque nunca siempre pasa, ni digas hasta siempre porque siempre nunca llega”. Efectivamente, Borrell dice al respecto que “Los “nunca jamás” abundan demasiado, devalúan el valor de los compromisos electorales y desacreditan el ejercicio de la actividad política. Será “nunca” salvo que las circunstancias digan otra cosa. Entonces más vale no decir “nunca”; porque al final los ciudadanos acaban creyendo que, una vez elegidos, los “políticos” hacen los que les da la gana con sus votos”. Comprendo mejor que nunca, aunque comprendamos ahora mejor que nunca algo que experimentó en su propia carne el gran político canadiense Michael Ignatieff, en su frustrada carrera hacia la presidencia de su nación: “Nada te va a causar más problemas en la política que decir la verdad”.

En el capítulo siguiente he leído con curiosidad política de un ciudadano de a pie, lo ocurrido en la semana trágica de autos y que da sentido pleno al título del libro, sin olvidar en ningún momento una frase que pronunció él y que sintetizaba bien lo ocurrido: “Si eso hubiera sido un golpe de Estado, lo habría organizado un sargento chusquero”. Al buen entendedor con pocas palabras basta. La verdad es que me ha entristecido conocer con detalle todo lo ocurrido en esa semana de autos y concretamente el desarrollo esperpéntico del Comité Federal de 1 de octubre, con situaciones surrealistas y poco aleccionadoras para el común de los normales.

Donde me he detenido a leer con interés pleno este libro ha sido en el apartado que dedica a la cuestión catalana y la plurinacionalidad del Estado. Tengo que reconocer que no es fácil comprender bien el alcance del problema actual en Cataluña y creo sinceramente que estas páginas me han ayudado a trazar una línea delgada roja con las meras opiniones que todos los días se ofrecen al mejor postor. Es necesario abordar el problema urgentemente, pero con visión de Estado, donde hay un hilo conductor de imprescindible análisis y consenso: la reforma constitucional en el abordaje de la ordenación y organización de los territorios que componen el mosaico de la nación española. Es muy interesante su lectura y sin que sea obviamente palabra de Dios, sí es una forma de aproximarse con rigor al problema, porque ofrece garantías democráticas y sin mezcla de interés partidista alguno. Ponernos de acuerdo en qué entendemos por “nación” se convierte así en un asunto de Estado y la revisión constitucional al respecto es el auténtico camino para resolver la situación actual en la que nos encontramos.

Estoy de acuerdo con Borrell cuando al finalizar el libro se enfrenta a la famosa pregunta que ha traspasado los siglos: ¿qué hacer? En este caso, con la socialdemocracia en la situación actual. Plantea cinco retos siguiendo la doctrina de Alain Bergounioux, en La revue socialiste: construcción de nuevos compromisos para regular los conflictos sociales, la sostenibilidad del desarrollo y su integración en todas las políticas sociales, las políticas socialdemócratas no pueden ser eficaces sin una dimensión europea, resolver el problema de las identidades nacionales y, en quinto lugar, adaptar la organización de los partidos socialistas a la innegable y puesta en cuestión de las democracias representativas.

Para terminar este breve análisis, desde la perspectiva de un ciudadano que milita política y exclusivamente en el compromiso social diario que acoge el Club de las Personas Dignas, he comprendido bien las dificultades para resolver un conflicto ad hominem en el que se situó el partido socialista obrero español desde comienzos de 2016, en un trilema [sic] del que no era posible escapar salvo que se pidiera ayuda a Antony Blake, uno de los mejores escapistas de España: liderar la hipotética formación de un Gobierno alternativo al del PP, dejarle gobernar en minoría o provocar las terceras elecciones. Se resolvió en los IDUS de octubre: la abstención para facilitar el Gobierno de Rajoy, porque… el No era finalmente un Sí.

Y concluye con un aserto impecable: hace falta aplicar el principio de realidad ante la situación actual de la socialdemocracia, pero hay que ser audaces ante un futuro desconocido, con dos grandes vectores de transformación: la digitalización económica y social, que comparto plenamente por oficio y beneficio, así como la lucha contra el cambio climático que según los de siempre parece solo capricho de Al Gore y sus secuaces. Si no se abordan con urgencia, las desigualdades seguirán creciendo y los pescadores de ríos revueltos seguirán haciendo su año completo sin compasión alguna. Incluidos los que están cerca de idus de octubre de 2016 y sus consecuencias, que analiza didácticamente Borrell.

Es bueno leer libros como este, porque ayudan a comprender qué pasa en España, sobre todo porque no sabemos lo que nos pasa, tal y como expresaba de forma muy lúcida José Ortega y Gasset en Esquema de las crisis, que luego formó parte de su curso En torno a Galileo, de 1933: “No sabemos lo que nos pasa, y esto es precisamente lo que nos pasa, no saber lo que nos pasa”. Para que no lo olvidemos, ni siquiera un momento.

Sevilla, 15/V/2017

(1) Borrell Fontelles, Josep (2017). Los idus de octubre. Madrid: LOS LIBROS DE LA CATARATA.