El sueño de poner una librería

FERIA DEL LIBRO 2017

Raúl Guridi, Leer es ver más allá de las páginasCartel de la Feria del Libro. Sevilla 2017

No olvido los tres sueños de Guido Orefici, el protagonista de La vida es bella: distinguir el norte del sur (que también existe); leer a Schopenhauer, por su canto a la voluntad como motor de la dialéctica pendular de la vida y, en tercer lugar, poner una librería. De todo hizo un arte para vivir, para enseñar a leer las señales de la vida, porque hablar es solo cosa de personas. Leer, igual de bello. Pero primero hay que “poner”, después “abrir”, porque creo que hay que poner cada cosa en su sitio. Me gusta mucho el lema “poner”, cuando se refiere a un negocio tan peculiar como es una librería. Poner, según la 13ª acepción de la RAE, es: “Establecer, instalar. Puso un negocio”, ponerse en ello, dedicarse plenamente a algo, mientras que “abrir”, según la 15ª acepción de la RAE significa: “Dar principio a las tareas, ejercicios o negocios propios de instituciones o establecimientos políticos, administrativos, científicos, literarios, artísticos, comerciales o industriales. Abrir las Cortes, la Universidad, un teatro, un café”. Luego primero se pone, después se abre. No es lo mismo.

Se acerca la Feria del Libro en Sevilla, que está puesta desde el 18 al 28 de este mes en la Plaza Nueva. Tiene un lema precioso: Leer es ver más allá de las páginas. Siento siempre algo especial cuando se acercan estos días porque perteneciendo al mundo digital, siento cierta debilidad por los libros atómicos. Tengo que reconocer que me marcó mucho en mi infancia la librería “Lino” en la calle Narváez, en Madrid. Lino te atendía de forma correcta, educada, sin descomponer su figura de librero/papelero al alternar dos negocios en uno: vendía libros y objetos de papelería, sobre todo, escolar. Tuvo visión de futuro cuando lo “puso”, como intuyendo lo que venía después. Siendo niño recuerdo sus consejos recorriendo el pasillo estrecho detrás del mostrador, rodeado de estanterías de madera inundadas del olor profundo de las gomas Milán. Sobre todo, el olor inigualable a papel, que no tiene parangón. Salía siempre de allí cono chiquillo con zapatos/libros/cuadernos nuevos. No he olvidado nunca a Lino, siempre impecable y con sus gafas redondas de sabio despistado.

Es una oportunidad para acercarme de nuevo a los libros, sabiendo de antemano que nada es inocente en este negocio. Lo que sí tengo claro es que, gracias a libreros a libreras, seguimos ilusionados en conocer bien a autores que nos devuelven muchas veces la razón de existir o ser, aunque la dialéctica que viven las librerías con la competencia del mundo digital abre una nueva forma de adquirir este conocimiento. Lo leía recientemente en la revista “Mercurio”, de este mes (191, 2017), en una entrevista a Lola Larumbe, propietaria de una librería también muy querida para mí, la Alberti, como se la conoce coloquialmente en Madrid. Ante la pregunta de cómo se puede convencer al lector para que acuda más a las librerías y menos a esas plataformas de Internet que sirven tan eficazmente, Lola responde: “Es una cuestión de principios. Si no vivimos con unos principios, apaga y vámonos. Nuestra actitud ha de ser activa y combativa. Si no quieres subempleos, sueldos mínimos, contratos basura, no puedes engordar ese sistema. Como nuestro poder político es muy pequeño, hay que consumir responsablemente, es casi la única arma”.

Un gran debate está en medio de esta situación, aunque siempre creo que hay elementos de convergencia muy claros. La librería que es atendida por profesionales del libro, te ofrece un asesoramiento personal e intransferible, en espacios de diálogo responsable que no encuentras en Internet, donde lo probable es que la orientación de compra sea por opiniones de servicio, pero difícilmente de contenidos. Es lo que Lino hacía muy bien cuando yo era un niño, porque hablaba con él (como librero) como niño, pensaba como niño, razonaba con él como niño. Ahora, que he dejado las cosas de niño, busco siempre profesionales en este sector, en una ciudad como Sevilla que es más de bares que de librerías. La próxima Feria del Libro, será una ocasión formidable para coger la linterna de Diógenes y buscar libreros y libreras para una nueva forma de descubrir la vida pasada, presente y futura a través de algunos libros. Los que nunca se olvidan, porque hubo siempre una persona detrás que, como Lino, te habló de su quintaesencia, no de los fárragos en los que los sume el mercado. Sencillamente, porque siempre te ayudan a comprender que leer consiste en ver más allá de las páginas de un libro…

Sevilla, 16/V/2017