¿Existen cifras del coronavirus en España, más allá de toda sospecha?

MAS ALLA DE TODA SOSPECHA

Sevilla, 27/III/2020

Como todos los días, me enfrento hoy de nuevo al fenómeno de la hoja en blanco para preparar la publicación de mañana, en la serie que estoy desarrollando en esta quincena especial del estado de alarma. A primera hora, he leído el título y subtítulo que aparecía en la portada digital de El País, Los datos están mal, que me ha llenado de interrogantes sin mezcla de bien alguno. Tengo que decir por adelantado que lo firma Javier Sampedro, al que profeso un gran respeto desde hace ya muchos años, pero hoy me ha desconcertado. ¿Era necesario hoy publicar en primera página, a dos columnas digitales, una pregunta tan inquietante?, ¿se debe dar la opinión que sigue como cebo, Los contagiados por coronavirus no son 56.188. Seguramente están más cerca del medio millón, para agobiarnos ya del todo? y ¿debería cuidarse más el sentido de la oportunidad y de la medida periodística en la situación actual?

Continúa afirmando que “[…] el análisis matemático, si quiere servir de algo, se tiene que alimentar de datos fiables. Y no los tenemos”. Así, directamente en vena, casi sin mediar palabras. También afirma que “las cifras son engañosas” y a continuación da la justificación de estas afirmaciones tan rotundas: “Antonio Durán Guardeño, catedrático de Análisis Matemático de la Universidad de Sevilla, lleva todo el mes trabajando sobre este grave problema de estimación. Según las técnicas estadísticas más adecuadas que ha probado, los contagiados por coronavirus en España no son los 56.188 de las cuentas oficiales. Seguramente están más cerca del medio millón. El fundamento de esta estimación se basa con fuerza en la segregación de datos por edades de los afectados. Los amantes de las matemáticas pueden leer los argumentos en el blog del Instituto de Matemáticas de la Universidad de Sevilla. Espero que también lo hagan los responsables políticos. Aunque creo que algunos ya lo han hecho”.

Para terminar, hace una afirmación que me sobrecoge de plano: “Recordemos que son justo los resultados por franja de edad los que tienen un mayor valor estadístico para calcular el número total de infectados. La Comunidad de Madrid tampoco informa sobre las franjas de edad. Y el Ministerio de Sanidad, por lo tanto, tampoco. Las Administraciones nos están ocultando un dato para el que consideran que no estamos preparados. Nos están tratando como a un público infantil o ignorante. Es una pésima estrategia. Los científicos nos ofrecen la verdad. Escuchémosles”.

Yo creo estar preparado para lo que me echen y reconozco que saber mucho sobre el coronavirus, como casi todos los saberes, no ocupa lugar en mi cerebro. Lo malo es que cada vez me queda menos sitio. Sé que estamos rodeados de noticias falsas o de medias verdades que todas juntas no llegan a transmitir una verdad entera. Con la que está cayendo, corremos todos los días y en cada momento hacia el areópago griego de toda la vida, es decir, las redes sociales, porque su inmediatez nos lleva a leer de todo y, casi siempre, plagado de opiniones que se elevan a la enésima potencia del saber que ya no sé si es verdadero o falso. Al menos, confío en los datos públicos, exclusivamente, porque me va en ello mantener intacto el principio de confianza que tanto aprecio.

Sé que estamos viviendo una huida permanente de la prensa escrita, también de determinada prensa digital, impresentable, digámoslo sin paños calientes, porque el desorden ético periodístico también se puede digitalizar. Todo está intervenido porque la democracia también lo está, como lo exponía recientemente en este cuaderno digital. Por supuesto, vigilada.

Con el artículo de opinión de Javier Sampedro en la mano y en mi mente, busco contrastar hoy más que nunca las fuentes oficiales. No me queda otra desde mi perspectiva ética porque si no vamos a desconfiar de todo lo que se mueve y podemos entrar en un pánico colectivo innecesario e imprudente de resultados insospechados hoy en día. Sigo creyendo a esta altura del drama del coronavirus que mi Gobierno no me engaña. ¿Soy optimista? No, no, un pesimista bien informado, dando la vuelta al haiku 123 de Benedetti que tanto me ha preocupado siempre.

Para acabar con este disgusto matutino, quiero seguir haciéndome varias preguntas: ¿Por qué busco la noticia escrita con verdad ética? Porque busco la verdad de lo que ocurre en el mundo próximo y lejano, con objetividad plena y con independencia de los poderes fácticos, que son muchos. Algo tengo claro a estas alturas de la película: ya no basta con leer un solo periódico, porque al igual que detesto el pensamiento único considero necesario leer varios y, probablemente, de la diversidad que nos ofrece el mundo digital, que no solo atómico, puede salir la luz de lo que verdaderamente ocurrió, contrastando (comprobando la exactitud o autenticidad de algo, según la RAE) varias fuentes, varios ríos atravesados por quienes pretenden contarnos como lo hicieron por diferentes sitios. Porque la verdad no pertenece a nadie, sino a lo que verdaderamente pasó y ya nos advirtió Heráclito de Éfeso que nadie se baña dos veces en el mismo río. Lo que allí ocurrió solo lo conoceré porque me lo cuentan profesionales con palabras e imágenes, que también están contaminadas en muchas ocasiones, aunque valgan más que mil palabras. Es lo que tiene ser humanos y es verdad que cuando crecemos en la ética de la justificación como justicia, comprendemos mejor que nunca que todo lo humano no nos es ajeno. La pandemia del coronavirus y su impacto mundial y en este país, tampoco. Ni siquiera el periodismo, ni un buen periódico hecho por profesionales que, en el menor o mayor descuido, se ajustan como ajustamiento de los poderes fácticos, ocultos, manifiestos y sin escrúpulo alguno para tratar la verdad a medias, a cualquier precio y desprecio. Aunque, afortunadamente, todos los periodistas no son iguales. Ni los (buenos) periódicos, cronistas, opinadores mayores del reino…, tampoco. En definitiva, es una cuestión de ética periodística y lectora que, por cierto, nunca son inocentes.

Busco respuestas también en maestros del periodismo escrito, hablado y contado de forma correcta. Gabriel García Márquez, publicó hace muchos años un artículo aleccionador para comprender bien el periodismo, “el mejor oficio del mundo”, del que entresaco estas sabias palabras: “[…] Pero en su expansión se llevaron de calle hasta el nombre humilde que tuvo el oficio desde sus orígenes en el siglo XV, y ahora no se llama periodismo sino Ciencias de la Comunicación o Comunicación Social. El resultado, en general, no es alentador. Los muchachos que salen ilusionados de las academias, con la vida por delante, parecen desvinculados de la realidad y de sus problemas vitales, y prima un afán de protagonismo sobre la vocación y las aptitudes congénitas. Y en especial sobre las dos condiciones más importantes: la creatividad y la práctica”. Los poderes fácticos, acaban después con la ética periodística que se podría resumir como la solería que cada profesional pone a lo largo de su vida como suelo firme de su forma de interpretar lo que ocurre y entregarlo a los demás. Ya lo sintetizó espléndidamente Eugenio Scalfari, el fundador de La Repubblica de Roma, en una frase ante estudiantes españoles en la Escuela de EL PAÍS, en 2014: “Periodista es gente que le dice a la gente lo que le pasa a la gente”. Nada más.

De lo que estoy seguro hoy es que lo que nos pasa es que queremos saber qué está pasando de verdad y por lo menos, hoy, en este aquí y en este ahora, sigo creyendo en mi Gobierno, en las cifras oficiales, por que sé que no me engaña y que me trata como persona adulta y sabia, no como ignorante molesto, aquellos de los que hablaba también con frecuencia Hans Magnus Enszerberger al referirse a los críticos e incrédulos digitales, que también existen.

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de http://a53.idata.over-blog.com/460×600/1/21/63/43/2011-Catorce/medios-de-comunicacion1.jpg

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.