La ventana discreta / 1. Dejarse la piel, entregar el alma

DEJARSE LA PIEL

Sevilla, 30/III/2020

Inicio una nueva serie al comienzo de la prórroga del periodo de confinamiento, con un título programático, La ventana discreta, a modo de perspectiva esperanzadora sobre la situación que estamos viviendo en cada “carpe diem” particular. Necesitamos abrir ventanas metafóricas que permitan contemplar la vida de otra forma, porque es una oportunidad única de recuperar diálogo interior con nuestra persona de todos y, sobre todo, con la de secreto.

Durante estos días es probable que nos sintamos a veces solos ante el peligro, en silencio, pero permitiéndonos algo muy importante: reflexionar, reflexionar y reflexionar, pasar a la acción, porque las ventanas de la vida ofrecen siempre oportunidades. Parando un momento. Las ventanas nos invitan a contemplar de forma diferente lo que antes pasaba desapercibido: la ciudad tranquila, la llegada de la primavera, más pájaros, más vida, aunque sintamos muchas veces el vértigo existencial legítimo. Necesitamos fijar la mirada en lo que auténticamente merece la pena, es decir, levantarnos desde nuestra perspectiva ética e iniciar un camino de compromiso personal y social para cambiar ese horizonte cerrado, clásico, que en el tiempo anterior, al que llamamos pasado, no nos ha llevado a veces a ninguna parte.

En estos días de estado de alarma hay una expresión que se repite continuamente, dejarse la piel, referida a la actitud de todas las personas que están dando lo mejor de sí mismas para atender a los pacientes del coronavirus y también, en el fondo y forma de la citada locución, a los cientos de miles de profesionales en todos los ámbitos que podamos imaginar que, más allá de los que prestan servicios esenciales, están atendiendo también las necesidades básicas de 47 millones de personas confinadas en sus casas.

Me ha interesado conocer por qué se utiliza esta expresión en este país y he recurrido a la investigación acerca del origen de la misma, recordando algo que aprendí la primera vez que analicé el extraordinario Diccionario de Autoridades publicado en el siglo XVIII, en el que se explicaba que pretendían recoger “[…] el verdadero sentido de las voces, su naturaleza y calidad, con las frases o modos de hablar, los proverbios o refranes, y otras cosas convenientes al uso de la lengua […]”, cuyos protagonistas son siempre personas. Al final, las locuciones de las que tomamos un ejemplo como el que nos ocupa hoy, dejarse la piel, son el resultado de la forma de expresarse el pueblo llano que en este caso es así porque durante muchos siglos ha permanecido en todos los diccionarios como locución figurada y familiar, cuestión que hoy mantiene todo nuestro reconocimiento y respeto.

La primera vez que se recoge una expresión parecida a “dejarse la piel” en un diccionario es en el año 1788, concretamente en el de Terreros y Pando (p.131, 2), con la siguiente acepción entre otras: “PIEL, se toma también por la vida. V. Así se dice: este ya dio la piel; esto es, ya acabó con la vida” (1). En el diccionario de Domínguez (2), publicado en 1853, aparece el contrario de “dar o entregar la piel” [sic], incluyendo la acepción “guardar la piel”, es decir, no comprometerse en lances serios, de sumo interés para comprender el alcance popular de la expresión en uno u otro sentido.

Pasando por el túnel del tiempo durante varios siglos, en el que la expresión “dejarse la piel, dar la piel o soltar la piel” en lenguaje figurado o familiar equivalen a “morir”, se vuelve a recoger en el Diccionario de Uso del Español (3), de María Moliner, el sentido anteriormente expresado por Terreros y Pando, cuando en la voz “piel” dice textualmente en una de sus acepciones finales lo siguiente: “DEJAR [SE] LA PIEL EN ALGUNA EMPRESA. Morir en ella”, es decir, se mantiene su sentido más profundo por equipararse esta actitud hasta el extremo de “dejarse la vida” en una acción humana en una “empresa”.

Quizá se encuentra la mejor diferenciación en esta expresión en la edición del Tricentenario del Diccionario de la Lengua Española, en su actualización de 2019, al hacer una clara distinción entre “dar y dejar la piel”, expresándolo en las siguientes acepciones: “dar alguien la piel: 1. locución verbal coloquial. Acabar la vida, morir; dejar alguien la piel: 1. dar la piel; 2. Esforzarse al máximo en algo. […] Se deja la piel en su trabajo”.

Efectivamente, es lo que verdaderamente está pasando con los profesionales sanitarios en general y con otros profesionales y servidores públicos en particular que, por atender a las personas infectadas actualmente por el coronavirus, están arriesgando sus vidas hasta extremos insospechados, enfermando gravemente e incluso muriendo por llevar al límite humano su actitud personal y profesional, dejándose la piel en su trabajo, en su quehacer diario. Incluso, lo que es más ejemplar todavía, dando la piel de forma desinteresada con una generosidad extrema, alcanzando cotas heroicas en el mundo actual.

He unido esta expresión analizada anteriormente con una muy próxima, entregar el alma, reconociendo la dificultad para comprender la citada entrega ante una pregunta inquietante, ¿qué es el alma?, sobre la que recientemente descubrí una respuesta a través de la literatura, en un libro precioso escrito por Mario Satz, El alfabeto alado: “Entre el alma humana y las mariposas existe un estrecho parentesco: lo que en una es oscilación y ascenso en las otras es aleteo y color. Aristóteles fue el primero en acuñar la palabra psique para designar ese nexo, y, tras él, poetas y pintores representaron el alma alada, frágil e inasible pero hermosa” (4).

Vuelvo otra vez a mi persona de secreto, para comprender el significado profundo de entregar el alma cuando nos dejamos la piel en acciones transcendentales en nuestra vida, reflexionando sobre la frase que pronunció en una ocasión el escritor Lobo Antunes, en el acto de recepción del Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances, en la Feria Internacional del Libro celebrada en la ciudad de Guadalajara (México) en noviembre de 2008. Nos regaló una idea preciosa aportada por un enfermo esquizofrénico al que atendió tiempo atrás: “Doctor, el mundo ha sido hecho por detrás”, por si detrás de todo esto está el alma humana, alada, que fabrica el cerebro. Porque al igual que manifestó en ese acto: “ésta es la solución para escribir: se escribe hacia atrás, al buscar que las emociones y pulsiones encuentren palabras. “Todos los grandes escribían hacia atrás”. También, porque todos los días escribimos así en las páginas en blanco de nuestras vidas, entusiasmados con nuestras almas aladas. Como las de miles de profesionales de la salud y servidores públicos en general, trabajando hacia atrás, es decir, buscando en sus personas de secreto las mejores razones para atender sin descanso a quienes más lo necesitan en este momento, dejándose la piel en la aplicación efectiva de los conocimientos, sentimientos y emociones, sabiendo que solo encuentran en el alma su suelo firme profesional y humano.

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de https://www.lavanguardia.com/r/GODO/LV/p7/WebSite/2020/03/17/Recortada/img_lteixidor_20200302-115456_imagenes_lv_terceros_foto_hospital_clinic_francisco_avia_13-kmN-U474231982434l5H-992×558@LaVanguardia-Web.jpg

(1) TERREROS Y PANDO, Esteban de, Diccionario castellano con las voces de ciencias y artes y sus correspondientes en las tres lenguas francesa, latina e italiana […]. Tomo tercero (1767). Madrid: Viuda de Ibarra, 1788. Reproducido en NTLLE, a partir del ejemplar de la Biblioteca de la Real Academia Española, O-9.

(2) DOMÍNGUEZ, Ramón Joaquín, Diccionario Nacional o Gran Diccionario Clásico de la Lengua Española (1846-47). Madrid-París: Establecimiento de Mellado, 1853, 5ª edición. 2 vols. Reproducido en NTLLE a partir del ejemplar de la Biblioteca de la Real Academia Española, 3-A-14 y 3-A-15.

(3) MOLINER, María, Diccionario de uso del español. Tomo II, 1994. Madrid: Gredos, p. 739.

(4) http://www.acantilado.es/catalogo/el-alfabeto-alado/

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.