Benedetti y Serrat: gracias desde el Sur, que todavía resiste

Te quiero como para leerte cada noche, como mi libro favorito quiero leerte, línea tras línea, letra por letra, espacio por espacio… Te quiero como se quiere a ciertos amores, a la antigua, con el alma y sin mirar atrás.

Mario Benedetti, Te quiero sin mirar atrás

Sevilla, 10/IX/2020

Hoy se publica una antología poética de Mario Benedetti seleccionada y prologada por Joan Manuel Serrat. Es verdad que cada persona selecciona en su vida la lectura que más ama, a veces por devoción y no sólo por admiración. En el caso de Benedetti, porque muchas personas lo tenemos incorporado a nuestro imaginario de juventud gracias al trabajo que compartieron ambos en la preparación del disco El sur también existe (1985), que nos puso la obra del poeta al alcance de nuestra forma de pensar y ser en el Sur, geográficamente tan extenso como cada uno quiera instalarse en el rincón no sólo de pensar sino también de vivir sureño.

El próximo 14 de septiembre se celebrará el centenario del nacimiento de Benedetti en Paso de los Toros (Uruguay), un motivo fundamental para celebrar esta fecha en un eterno cumpledías como a él le gustaba llamar este tipo de celebraciones, poeta cercano al compromiso activo y que tantas veces he citado en hojas de este cuaderno digital, concretamente en 57 ocasiones a lo largo de quince años. Hago un repaso rápido y veo cuál ha sido el hilo conductor que recurre a su obra, para comprender mejor el mundo que me rodea. He tratado de su maravillosa defensa de la alegría, Defender la alegría como una trinchera / defenderla del caos y de las pesadillas / de la ajada miseria y de los miserables / de las ausencias breves y las definitivas, de la soledad que sentimos cuando creíamos tener muchas respuestas a la vida y de pronto nos cambian las preguntas, de la conciencia de clase como sureños, porque el Sur también existe (e incluso resiste), … pero aquí abajo abajo / cerca de las raíces / es donde la memoria / ningún recuerdo omite / y hay quienes se desmueren / y hay quienes se desviven / y así entre todos logran / lo que era un imposible / que todo el mundo sepa / que el sur también existe. También, sobre una canción de juventud cantada por Luis Pastor con letra del poeta uruguayo: Con tu puedo y con mi quiero / vamos juntos compañero / compañero te desvela / la misma suerte que a mí / prometiste y prometí / encender esta candela / con tu puedo y con mi quiero / vamos juntos compañero.

Audio de Mario Benedetti recitando Vamos juntos

Vamos juntos (Letras de emergencia, 1969-1973, Versos para cantar)

Benedetti me ha ayudado también en este cuaderno a comprender mejor el Buzón de tiempo: decía Cicerón que en algún momento hay que decir las cosas tal y como son, a pesar de que se demuestre siempre que cuando las personas están ausentes se puede escribir mejor, porque las cartas no se ruborizan, las personas sí. Es uno de los tres epígrafes de su libro, Buzón de tiempo: En el buzón del tiempo hay alegrías / que nadie va a exigir / que nadie nunca reclamará / y acabarán marchitas añorando el sabor de la intemperie / y sin embargo del buzón del tiempo / saldrán de pronto cartas volanderas / dispuestas a afincarse en algún sueño / donde aguarden los sustos del azar. Me ha acompañado en mi rincón de tocar el piano, el clave y el violín, un homenaje a las señales que nos da el paso de los años en nuestras manos: En las manos te traigo / viejas señales / son mis manos de ahora / no las de antes / doy lo que puedo / y no tengo vergüenza / del sentimiento. Me vanaglorio de haber entendido con Benedetti qué significa el pesimismo en la vida, tal y como lo aprendí del haiku 123, precioso, escrito en 1999: Un pesimista / Es sólo un optimista / Bien informado. He pedido a veces perdón por mi tristeza, retirándome durante horas a leer sus haikus para aprender con uno de ellos (199), que hace unos años me asustaba el otoño porque…, cosas de la vida, equivocado de siglo para algunos, ya soy invierno.

Aprendí en Testigo de uno mismo un soneto del pensamiento, precioso, que leyéndolo de nuevo me ha pre-ocupado (así, con guion), sobre todo por la segunda estrofa: sin pensar uno ahorra desalientos / porque no espera nada en cada espera / si uno no piensa no se desespera / ni pregunta por dónde van los vientos. Cuando preguntamos a nuestro alrededor ¿cómo va la cosa? lo habitual es que te respondan siempre ¿no lo ves? ¡fatal! Y la cosa es un constructo universal que tiene nombres y apellidos de casi todo lo que se mueve. De ahí al conformismo más activo solo hay un paso. No hay pensamiento, aliento, espera, ni preguntas para saber por dónde va la cosa de los vientos del Sur, que también existe y… resiste. Gracias, Benedetti. Alcancé a entender su sensibilidad en un poema dedicado a las últimas golondrinas, dirigiéndose directamente a Gustavo Adolfo Bécquer, evocando el cansancio de tanto alarde migratorio, de tanto y tanto cruce sobre el mar, y retórica, y pretextos, y alcores: Sabes / gustavo Adolfo / en cualquier año de éstos / ya no van a volver / las golondrinas / ni aún las pertinaces / las del balcón / las tuyas // es lógico / están hartas / de tanto y tanto alarde / migratorio / de tanto y tanto cruce / sobre el mar y retórica / y pretextos / y alcores.

También aprendí de Benedetti a medir bien las pausas, a tener siempre sentido de la medida, flor que no suele adornar nuestras relaciones de todo tipo, porque él supo poner hermosura a la vertiente más triste de la vida y nos ofreció una forma de entender las necesarias pausas en el caminar diario personal, familiar, profesional y social: De vez en cuando hay que hacer una pausa / contemplarse a sí mismo / sin la fruición cotidiana / examinar el pasado / rubro por rubro / etapa por etapa / baldosa por baldosa / y no llorarse las mentiras / sino cantarse las verdades. También, a querer siempre sin mirar atrás: Te quiero como para leerte cada noche, como mi libro favorito quiero leerte, línea tras línea, letra por letra, espacio por espacio. Llegado ya a una cierta edad, aprendí de él a hacer balance de mi vida, en su poema Balanceos, en A título de inventario: en el sillón tranquilo de balance / en la reminiscente mecedora / qué más puedo emprender que sopesarme / llenar a plenitud los dos platillos / de la vieja balanza sin que sobren / los esplendores ni las cortedades / para evaluar añicos y bosquejos / y sopesar pesar balancearme / en el sillón tranquilo de balance.

Los matices revolucionarios en la intrahistoria de Benedetti también los he tenido en cuenta leyendo Revolución y participación en su obra Terremoto y después: “La imaginación popular corre junto con los hechos, casi podemos decir que los hechos mismos son imaginativos, porque los hechos, mucho más que las palabras, son los que van abriendo caminos nuevos; los hechos empecinados y tenaces, fueron siempre y son ahora, la vanguardia de una transformación profunda. Las palabras vienen siempre detrás para explicarnos; incluso para explicar por qué se olvidaron de anunciarlos”. Impecable. En roman paladino, hechos son amores en vida y no buenas razones. Avanzando en el arduo camino de la vida, pienso mucho en el después, en su Después, tal y como lo explicó espléndidamente en un poema inédito publicado dos años después de su fallecimiento, El Después, formando parte de un conjunto de poemas seleccionados por el autor en los últimos años de su vida: “El Después nos espera / con las brasas y los brazos abiertos / ah pero mientras tanto / vemos pasar con su cadencia/ la muerte meridiana de los otros / los más queridos y los no queridos”.

Finalmente, quiero destacar un poema que me acompaña durante estos últimos años de persona mayor y jubilada, Como siempre, porque señala aspectos que transcienden los cumpleaños, los aniversarios, como ahora es el caso. He destacado sobre todo, el significante y significado de una palabra acuñada por él, cumpledías, en su texto y contexto del poema, devolviendo a Benedetti el profundo sentido de sus versos: Aunque hoy cumplas / trescientos treinta y seis meses / la matusalénica edad no se te nota cuando / en el instante en que vencen los crueles / entrás a averiguar la alegría del mundo / y mucho menos todavía se te nota / cuando volás gaviotamente sobre las fobias / o desarbolás los nudosos rencores / buena edad para cambiar estatutos y horóscopos. Es verdad, porque esta matusalénica edad no se me nota cuando en el instante en que vencen los crueles entro a averiguar la alegría del mundo, volando gaviotamente sobre las fobias, desarbolando los nudosos rencores. He alcanzado una buena edad para cambiar estatutos y horóscopos, dejando que mi manantial mane amor sin miseria. Soy consciente de que los que me desean cada año un feliz cumpleaños es a veces injusto, porque he tenido la suerte de disfrutar de felices cumpledías, no olvidando tampoco que aunque nada me ha sido fácil en mi vida, eso mismo me ayuda siempre a afirmar mi bienaventuranza diaria. Para mí no es novedad que mucha gente de este mundo me aprecie, pero sé distinguir muy bien quien me quiere de veras, aunque mi corazón sabe quién me quiere un poquito más que el mundo. Gracias, Benedetti.  

Me despido hoy en este cumpledías tan especial. Con ese marco poético tan relevante para nuestro país, Serrat ha escrito en el prólogo de esta Antología tan personal, palabras que resuenan con fuerza en estos tiempos difíciles: “No es fácil escoger lo más representativo entre la extensa obra de Benedetti, pero confío en que en esta antología estén representados todos los Benedettis que Mario cargaba en su mochila -el oficinista rutinario, el montevideano de clase media, el periodista comprometido, el viajero curioso, el militante de la patria doméstica, el exiliado y el desexiliado, y también el intelectual parcial, el luchador político y, por supuesto, el poeta minucioso y trabajador que nunca dejó de ser-, con la esperanza de que esta selección pueda resultarle tan útil al lector familiarizado con el mundo literario del poeta uruguayo como a aquel que llegue por primera vez a sus versos. Mario Benedetti ha sido uno de los escritores más fecundos y populares de América Latina. Un hombre de aspecto frágil y sencillo, de gesto y voz mesurada, que acercó a la gente su palabra despojada de solemnidad. Escribió, a contramano de las modas imperantes y de la crítica, historias que son las peripecias del hombre medio. Visitó todos los géneros literarios: la novela, el relato, el teatro, pero fue la poesía su género predilecto, el que marcó más intensamente su vocación y el más abundante y popular de toda su obra. Probablemente Benedetti sea el poeta más leído en nuestro idioma y, con toda seguridad, el más cantado”. Palabra de Serrat y gracias a los dos porque me enseñasteis a comprender que el Sur también existe y resiste.

Luis Pastor, Vamos juntos

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de https://estaticos.elperiodico.com/resources/jpg/9/8/1545077757589.jpg

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

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