El otoño nos recuerda que somos bocas del tiempo

Tiempo que dice

De tiempo somos.
Somos sus pies y sus bocas.
Los pies del tiempo caminan en nuestros pies.
A la corta o a la larga, ya se sabe, los vientos del tiempo borrarán las huellas.
¿Travesía de la nada, pasos de nadie? Las bocas del tiempo cuentan el viaje.

Eduardo Galeano, Bocas del tiempo

Se nos va septiembre, pero el otoño continúa como en una ceremonia de noria sentimental girando sin fin, porque todo fluye y nada permanece aunque la vida repita actos humanos o los que sencillamente reproducen las leyes de la naturaleza. Es lo que nos dejó escrito Eduardo Galeano, en esta galería poética y de escritores que he elegido en este otoño tan especial, para demostrarnos que hemos nacido para volar, para contar nuestros viajes particulares porque somos pies y bocas del tiempo y porque nuestros pensamientos, deseos y sueños también pueden volar si nos deja hacerlo la propia vida. Su mensaje es claro y circular: los años son los que vuelan, porque nosotros permanecemos un tiempo, el de cada uno, porque cada día tiene su afán y cada tiempo su momento, sabiendo como sabemos y nos lo transmitieron los sabios del lugar histórico de cada cual que, vanidad de vanidades, todo es vanidad, porque las grandes preguntas de la vida suelen volar como nosotros o como las mariposas de Galeano en Bocas del tiempo (1):

El vuelo de los años

Cuando llega el otoño, millones y millones de mariposas inician su largo viaje hacia el sur, desde las tierras frías de la América del Norte.

Un río fluye, entonces, a lo largo del cielo: el suave oleaje, olas de alas, va dejando, a su paso, un esplendor de color naranja en las alturas. Las mariposas vuelan sobre montañas y praderas y playas y ciudades y desiertos.

Pesan poco más que el aire. Durante los cuatro mil kilómetros de travesía, unas cuantas caen volteadas por el cansancio, los vientos o las lluvias; pero las muchas que resisten aterrizan, por fin, en los bosques del centro de México.

Allí descubren ese reino jamás visto, que desde lejos las llamaba.

Para volar han nacido: para volar este vuelo. Después, regresan a casa. Y allá en el norte, mueren.

Al año siguiente, cuando llega el otoño, millones y millones de mariposas inician su largo viaje…

Es verdad lo que deja entrever esta lectura del otoño natural y universal, pero Galeano nos inquieta con un contrapunto de la falta de esa libertad, de la que hacen gala las mariposas incluso en el otoño, expresándolo con duras palabras sobre la que no tienen los emigrantes ahora, en estos días, otras bocas del tiempo, en una reflexión también necesaria cuando vemos cómo se impide la libertad de movimiento a los más débiles:

Los emigrantes, ahora

Desde siempre, las mariposas y las golondrinas y los flamencos vuelan huyendo del frío, año tras año, y nadan las ballenas en busca de otra mar y los salmones y las truchas en busca de sus ríos. Ellos viajan miles de leguas, por los libres caminos del aire y del agua. No son libres, en cambio, los caminos del éxodo humano. En inmensas caravanas, marchan los fugitivos de la vida imposible. Viajan desde el sur hacia el norte y desde el sol naciente hacia el poniente. Les han robado su lugar en el mundo. Han sido despojados de sus trabajos y sus tierras. Muchos huyen de las guerras, pero muchos más huyen de los salarios exterminados y de los suelos arrasados. Los náufragos de la globalización peregrinan inventando caminos, queriendo casa, golpeando puertas: las puertas que se abren, mágicamente, al paso del dinero, se cierran en sus narices. Algunos consiguen colarse. Otros son cadáveres que la mar entrega a las orillas prohibidas, o cuerpos sin nombre que yacen bajo tierra en el otro mundo adonde querían llegar. Sebastião Salgado los ha fotografiado, en cuarenta países, durante varios años. De su largo trabajo, quedan trescientas imágenes. Y las trescientas imágenes de esta inmensa desventura humana caben, todas, en un segundo. Suma solamente un segundo toda la luz que ha entrado en la cámara, a lo largo de tantas fotografías: apenas una guiñada en los ojos del sol, no más que un instantito en la memoria del tiempo.

Como está permitido volar en nuestros sueños, no hace mucho tiempo, diseñé la palabra “libertad” con alas auténticas de mariposas, uniendo las imágenes, no las alas disecadas, de las mariposas de la especia Metálica, de la Selva peruana y de las Guayanas, la Satúrnida de Ghana, la Noctuida negra de Venezuela, la Tigre nocturna de Boston, la Marrón de Guatemala, la Papilio de Nueva Guinea y la Apolo de Suiza, conformando con ellas la palabra LIBERTAD (2), porque ordenadas como acrónimo, todas ellas, enumeradas por el orden que he expuesto, nos brindan la oportunidad de leer en sus alas esta palabra mágica, libertad, a la que aspiramos alcanzar cuidando con esmero las quimeras de la dignidad. He unido las dos Metálicas, con la L y la I en sus alas; la Satúrnida, mostrándome una B hermosa; la Noctuida, son la E bien trazada; la Tigre, con una R resplandeciente; la Marrón, dibujando una T de Tierra; la Papilio, mostrando una A de asombro y, finalmente, la Apolo, con una D de decisión para volar siempre en sueños posibles. Me he paseado en ellas por el mundo, volando de norte a sur y de este a oeste, en mi mapamundi imaginario de libertad, mostrándome siempre que es urgente no faltar al respeto de la madre naturaleza, en todas y cada una de sus manifestaciones. Libertad alada, libertad. Naturaleza libre y alada, naturaleza. Alma alada y libre (3), solo alma también en otoño, expresándolo con nuestras bocas del tiempo.

La reflexión más importante, leyendo de nuevo a Galeano, es que el otoño no es igual para todos, porque la libertad de vivirlo no es la misma. Emigrantes y mariposas demuestran que el diseño del mundo en la actualidad, para los más débiles, es solo un boceto de la dignidad humana. Quizá nos ayuden estas palabras a comprender mejor la razón del tiempo y de cada otoño en cada lugar del mundo. También en el nuestro, quizás con el regalo que nos hace a todos la vida por la capacidad humana que tenemos de aprehender bien qué significa el libre camino del aire frío, de la niebla y del agua para poder volar tranquilos, aunque la realidad de cada otoño demuestra que volar por necesidad, no por azar, no es igual para todos. Las bocas del tiempo y de la libertad unida a él no son las mismas para todos. No es lo mismo, no es lo mismo.

NOTA: la imagen de Eduardo Galeano se ha recuperado hoy de https://90minutos.co/a-sus-74-anos-murio-el-escritor-y-periodista-uruguayo-eduardo-galeano/

(1) Galeano, Eduardo (2004). Bocas del tiempo. Madrid: Siglo XXI.

(2) La imagen de estas mariposas es un montaje fotográfico de elaboración propia, sobre el alfabeto alado descubierto por el naturalista y fotógrafo noruego Kjell Sandved.

(3) Satz, Mario (2019). El alfabeto alado. Barcelona: Acantilado-Quaderns Crema.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.