La primera pregunta y el último fracaso

Cuando creíamos que teníamos todas las respuestas, de pronto, cambiaron todas las preguntas.

Mario Benedetti

Sevilla, 15/X/2020

Televisión Española ha decidido cancelar el programa de los sábados noche, La primera pregunta (sin el 1 sustituyendo a la “i”, por su lectura imposible), por el fracaso de audiencia en las tres entregas que ha llevado a cabo, iniciada con un share del 5,1 (audiencia media de 609.000 espectadores), continuando con un 4,5% de cuota de pantalla y finalizando, el sábado pasado, con un 4,3% de la audiencia en prime time, es decir, 542.000 espectadores. Hay que cambiar esa pregunta primera y sabemos que quedan muchas por hacer. Lo he sentido, de verdad, por mi respeto al principio de confianza en el sector público, con el que me siento plenamente identificado. Se presentaba el sábado 26 de septiembre, a través del canal internacional de TVE, como “un programa de debate y entretenimiento basado en la actualidad. Este magacín repasará los temas más destacados de la semana de forma entretenida, con analistas, testimonios en primera persona, secciones y humor. El periodista Lluís Guilera será el encargado de dirigir y conducir el espacio. Guilera contará con la colaboración de la periodista y presentadora de radio y televisión María Gómez, la escritora y periodista Pilar Eyre, finalista del Premio Planeta, Pilar de Francisco, cómica de stand up y reputada monologuista y del humorista Carlos Latre”. Una declaración de principios que ya ha rodado por los suelos de San Cugat, clausurando para siempre el plató de emisión y asumiendo con dinero público todo el coste que supone preparar un programa de este corte y envergadura, así como su cancelación definitiva. Quiero salvar de esta debacle a Luis Guilera y a María Gómez porque creo que han desempeñado sus roles con dignidad pública. El problema ha sido el formato y sus contenidos, sin lugar a dudas y al final la difícil relación coste/beneficio público, no sólo expresado en términos cuantitativos económicos, que también, sino sobre todo cualitativos, para no confundir como todo necio y sobre todo en el ente público, valor y precio.

Así ha sucedido, desgraciadamente, pero los que esperamos mucho de una televisión pública, hastiados de lo que se ofrece en diferentes parrillas saturadas de hormigas y hormigueros, salvados, salvadores, casas de otros, islas tentadoras y tertulias políticas y de cotilleo puro y duro hasta la saciedad, junto a apariciones de pleno hartazgo de tertulianos y colaboradores, como fórmula eufemística para demostrar que cualquiera puede sentarse en un plató y decir lo que le viene en gana, sin encomendarse a dios o al diablo, vivimos esta situación de Televisión Española 1 como un fracaso rotundo de programas que deberían ser claramente alternativos a las fórmulas ya tan manoseadas por las diferentes cadenas de la competencia.

Como evaluar es emitir juicios bien informados, me permito como ciudadano que participa en la sociedad en la que vivo, someter a juicio crítico lo que ha pasado con este programa así como plantear alternativas al mismo para no abandonar esta franja tan importante del fin de semana, en la que se debería atender con carácter preferente el interés general del entretenimiento público. Voy a utilizar la fórmula de plantear las citadas alternativas, teniendo en cuenta que desarrollarlas llevará la crítica implícita de lo ocurrido.

Comienzo por un asunto general de escaleta: los contenidos deberían responder a la pre-ocupación [sic] real de los ciudadanos en este tiempo y en este momento. Atendiendo a los recursos públicos, es decir, de la razón pública y no los del corazón, tenemos un baremo de opinión de los ciudadanos de este país, que se elabora cada mes con dinero, en espacios y tiempos públicos, que pueden orientarnos perfectamente por dónde debería conducirse el programa de cada semana. Intentar imitar otros debates ya existentes en las cadenas alternativas, privadas o asociadas, tuneando todo, tanto asistentes, tertulianos, iluminación, mobiliario, platós, disposición de los mismos y de los tiros de cámaras, como formas de conducir el programa, siempre con dos lados enfrentados de principio, con caras conocidas que van rodando de plató en plató a izquierda y derecha del presentador, no sirve para nada. Me refiero en concreto al Barómetro mensual que publica el Centro de Investigaciones Sociológicas, que nos ofrece con carácter científico el estado de opinión de la ciudadanía en referencia a asuntos concretos analizados cada mes. En el caso del último publicado este mes y correspondiente a Septiembre, las diez primeras preguntas están centradas obviamente en la pandemia y hay aspectos extraordinariamente sensibles que marcan diferencias objetivas a la hora de analizar qué piensan realmente los ciudadanos sobre lo que está ocurriendo. Un debate abierto, a varias bandas, con presencia de científicos y profesionales de la información, de la propia cadena pública, así como representantes de la ciudadanía, con el hilo conductor citado, sería de reconocida solvencia. Las corresponsalías del ente público, extraordinariamente extensa en el país, sería una forma de hacer presentes a los ciudadanos en cada programa.

Siguiendo con esta idea, fíjense qué interesante sería seguir abordando las respuestas al cuestionario del CIS en este barómetro concreto, a partir de la pregunta 11, sobre desarrollo sostenible, qué abanico de oportunidades se abre para ser tratadas sucesivamente en otros programas, porque a título de ejemplo, la pregunta 12, “La Agenda Horizonte 2030 es un plan estratégico para favorecer en España el desarrollo sostenible e igualitario. ¿Conoce Ud. o ha oído hablar de ella?”, arroja un resultado muy preocupante y la televisión pública haría un gran servicio en la tarea de divulgación y compromiso con la citada Agenda, atendiendo a los resultados de la pregunta, donde el 70,4% de los encuestados responden que No la conoce o no ha oído hablar de ella. En la siguiente pregunta, una vez leídos a los encuestados los objetivos, los que se eligen en primer lugar y segundo lugar, por el orden descrito, son los siguientes: erradicar la pobreza y acabar con el hambre y la desnutrición, con un 32,0% del total (de personas encuestadas, 2.904), garantizar la salud y el bienestar, el 20,6% y garantizar la educación de calidad para todos/as, el 19,2%. ¿No sería obligado tratar estos asuntos, si se les ha dado una importancia extrema en este país? Para ratificarlo, la siguiente pregunta, la 14, “¿Cuál cree Ud. que es el principal obstáculo para lograr los objetivos de desarrollo sostenible? ¿Y en segundo lugar?”, obtiene los siguientes resultados sobre los 2.904 encuestados: “La falta de voluntad política, 50,3%, la falta de medios para su aplicación, 10,2% y la corrupción política e institucional, con un 43,1%.

Ha sido un ejemplo, que debería complementarse con atención a la cultura, en un despliegue institucional que atendiera sobre todo a la dualidad del desarrollo de la Cultura, con mayúscula, tanto desde la perspectiva pública como privada, atendiendo todos los sectores y sin dejar a nadie atrás. Como un ejemplo vale más que mil palabras, recuerdo ahora que un trabajador público de Televisión Española, Carlos del Amor, Periodista en el área de cultura de sus Servicios Informativos, podría ser consultado para crear parte de ese nuevo magacín para las noches de los sábados, porque ya lo hace muy bien en los cierres del informativo de la noche, admirándome siempre su forma de aprehender la cultura. Gracias a él he descubierto cómo en unos minutos, con la velocidad estratosférica de los espacios de noticias, te deja prendado de un cuadro, de una mirada, de una fotografía, de una escena de película. Conoce muy bien el tempo televisivo. Lo cito ahora también porque recientemente le han otorgado el Premio Espasa 2020 por su obra Emocionarte. La doble vida de los cuadros, un premio literario otorgado desde 1984 por la Editorial Espasa Calpe para la difusión de trabajos periodísticos.

En estos momentos de pandemia, la divulgación de la Cultura debería ser una apuesta pública de extraordinaria importancia, que debería ocupar mucho tiempo en la escaleta de ese hipotético programa que se debería proyectar de nuevo. El movimiento se demuestra andando e iniciativas como la que ha emprendido el Ministerio de Cultura mediante el spot “Ilumina la cultura”, formando parte de la campaña #CulturaSegura, son muy loables, pero se deberían proyectar en espacios televisivos públicos del tipo del que ahora se acaba de cancelar, sin caer en los estereotipos clásicos que ya merodean por las restantes cadenas hasta el hartazgo.

Sobre el formato televisivo, no quiero pronunciarme porque me consta que en la plantilla pública de RTVE hay profesionales muy cualificados que podrán presentar proyectos extraordinariamente atractivos, a pesar de los trágicos recortes sufridos y el éxodo de muchos de ellos por el mal trato recibido por parte de sus directivos. No hay que estar tan preocupados y obsesionados por el share, que también, sino por alcanzar resultados de dígitos éticos en la prestación de servicio público que atienda el mayor interés general y posible de la ciudadanía en su necesidad de conocer bien y debatir lo que le pre-ocupa [sic] y en cuidar el entretenimiento digno y responsable, así como la educación integral que siempre debe estar presente en cada actividad pública y en la cultura individual o colectiva que la sustenta.

Debate, educación y cultura del entretenimiento ético deberían ser los pilares del nuevo programa a presentar a corto plazo por Televisión Española. Un apunte metafórico: no se deberían olvidar de tener presente siempre un niño o una niña en cada formato, aprendiendo de la recomendación de Groucho Marx en Sopa de ganso pronunciada en una reunión memorable de la Cámara de Diputados de Freedonia: “¡Hasta un crío de cuatro años sería capaz de entender esto!… Búsqueme un crío de cuatro años, a mí me parece chino“. Lo digo porque es probable que la asistencia de este niño o de esta niña a la preparación de cada programa y durante el desarrollo del mismo, daría mucha frescura al formato. Es lo que aprendí en mi vida profesional de unas palabras de Nicholas Negroponte, en un libro de consultoría en estrategia digital (1) que me ha acompañado durante muchos años, porque necesitamos a los niños y a las niñas para solucionar problemas complejos de la vida y su forma de presentarlos en sociedad, como puede ser ahora la tarea de preparar un nuevo programa en la televisión pública: “Mi consejo para cualquier directivo no-digital (es decir, la mayoría de los directivos actuales) es que no deben tener en cuenta a su departamento de informática y lo que deben hacer es “contratar a un niño”. Lo decía en 1998 en referencia a que el mundo tecnológico lo iban a dirigir en un futuro no lejano los niños porque influyen en el mercado, marcan tendencias y en última instancia “tenemos que aprender de ellos”. En definitiva es lo que esperamos de un nuevo programa que sustituya a La primera pregunta, que influya en el share público, que marque tendencia en los servicios púbicos de la televisión y porque la presencia de niños y niñas de este país en los espacios públicos está demostrando, al igual que lo están haciendo durante la pandemia, que los necesitamos para que nos expliquen muchas cosas que a nosotros hoy día nos parecen chino.

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de https://www.rtve.es/alacarta/videos/la-primera-pregunta/pr1mera-pregunta-programa-3/5681652/

(1) Downes, Larry y Mui, Chunka (1999). Aplicaciones asesinas. Estrategias digitales para dominar el mercado. Harvard Business School Press: Boston (Massachusetts). El título, que se antoja como imposible, ha intentado respetar el del original en inglés, aunque hubiera sido más correcto el de Desarrollos devastadores. Recomiendo consultar el constructo “aplicación asesina” (killer app) en el mundo digital, para comprender bien su significado exacto.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.