El uso íntimo de las aceras

JANE JACOBS

[…] En Sevilla se puede ser feliz […] ¿No es una maravilla el hecho de que los hombres y el destino trabajen juntos durante siglos para construir una ciudad, y al final resulte una sonrisa en el rostro de la vida?

Stefan Zweig, en De viaje II: Francia, España, Argelia e Italia

Sevilla, 2/V/2020

Hoy está siendo un gran día para la ciudadanía de este país, porque después de 48 días de vivencias difíciles como consecuencia de la declaración del estado de alarma, podemos salir de forma ordenada y pautada a la calle, para pasear por las aceras de las grandes avenidas de la libertad. El confinamiento nos está brindando la oportunidad de redescubrir el barrio en el que vivimos y la importancia de sus tiendas y aceras, su uso íntimo tal y como preconizaba la gran urbanista americana Jane Jacobs en una obra emblemática para la defensa del urbanismo humanista: “Bajo el aparente desorden de la ciudad vieja, en los sitios en que la ciudad vieja funciona bien, hay un orden maravilloso que mantiene la seguridad en la calle y la libertad de la ciudad. Es un orden complejo. Su esencia es un uso íntimo de las aceras acompañado de una sucesión de miradas” (1).

Soy consciente de que Jane Jacobs es una gran desconocida en la actualidad, sobre todo para los planificadores del urbanismo en muchos lugares de España donde estamos confinados. Su mención científica hoy es para mí un contrapunto impresionante ante la especulación actual inmobiliaria y urbana a todos los niveles. Ella luchó hasta su muerte para que se implantara un urbanismo humanista, defendiendo el diseño y la construcción de los barrios en las ciudades que obedeciera siempre a leyes sociales de convivencia y relación entre personas obligatoriamente obligadas a vivir en común y ser miembros de una entidad que ha cambiado el nombre identificador obligado por el nuevo lenguaje de género: la ciudadanía responsable, que es de lo que trata hoy en la primera salida ordenada a sus queridas aceras, su uso íntimo, permitiendo solo, por la distancia social impuesta por prevención, un cruce de miradas incluso en silencio.

El coronavirus nos deja una enseñanza extraordinaria sobre el uso y disfrute de nuestros barrios y de nuestras aceras. Según las investigaciones sobre sistemas sociales emergentes, Jacobs brindó con sus tesis expuestas en “Muerte y vida en las grandes ciudades americanas” la posibilidad de estudiar la complejidad creciente de las ciudades y cómo la creación de los barrios, antes de que estallara el boom inmobiliario, traducía comportamientos sociales de marcado interés. Basta analizar el comportamiento social de cualquier ciudad, la mía propia, Sevilla, para comprender correctamente las tesis de Jacobs en toda su extensión. La gran paradoja actual es que las agrupaciones de viviendas o “muriendas” en sus barrios más pobres, Tres Mil Viviendas, Los Pajaritos, Madre de Dios, Amate, Polígono Norte y otros de cuyo nombre debemos acordarnos, como las llamaba uno de mis maestros de juventud, ya no se desarrollan como fenómeno social de la complejidad social de unos grupos sociales, sino que se han diseñado en gabinetes de estudio, muchas veces de especulación pura y dura, que obedece a otros patrones alejados de las tesis de Jacobs. En los últimos días he recordado la nostalgia de las familias sevillanas que solo vuelven a sus barrios de origen con motivo de las procesiones de Semana Santa, que traduce muy bien el desencanto que podría producir a esta investigadora natural, sin formación académica especializada, observar cómo la especulación y el desorden urbanístico actual nos ha llevado al desmantelamiento de este fenómeno social de la vida en las aceras, habiendo sido durante toda su vida militante una gran defensora a ultranza de esta forma de convivencia.

A partir de hoy podemos recuperar a fondo el mensaje de Jacobs sobre sus queridas aceras que, ahora y en tiempos de coronavirus, son las nuestras. En Sevilla se vive en la calle, en sus aceras, donde transcurre la vida diaria, durante las veinticuatro horas, con la interpretación no conocida de Jacobs. Todavía recuerdo personalmente cómo por las mañanas, en su casa de la calle Tomás de Ybarra, el cantaor “El Pali”, con su forma característica de sentarse en la silla, te saludaba en el quicio de su casa, en una acera muy estrecha, iniciando conversaciones que podían ser futuras letras de sus famosas sevillanas.

Los barrios de Sevilla, de España, han vuelto a recuperar hoy su alegría en sus calles. Solo he querido ofrecer en este momento tan especial un homenaje silencioso a Jane Jacobs, una mujer extraordinaria, que solo quiso poner un grano de arena en su territorio americano para que las personas pudieran crecer con mejor calidad de vida. Aunque ahora, pudiéramos pedirle prestada a El Pali, donde quiera que esté, alguna sevillana que pudiéramos ofrecerle en clave de canto a la posibilidad de ser en la ciudad, en sus aceras de siempre: Ya no pasan cigarreras / por la calle San Fernando / con flores en la cabeza / y los mantones bordaos. / ¡Ay, Sevilla de mi alma! / que lo estás perdiendo todo, / los niños en la plazuela / cuando jugaban al toro. ¿Por qué? Porque la magia de las ciudades y de sus barrios, en todo el país, viene siempre desde abajo, desde su historia pasada y presente, desde las aceras de los encuentros ilusionados de personas que van y vienen alrededor de sus asuntos, aunque de momento, en esta etapa del estado de alarma, sea haciendo un uso íntimo de las aceras acompañado [solo] de una sucesión de miradas.

(1) Jacobs, Jane (1961),  Muerte y vida en las grandes ciudades americanas, Nueva York: Vintage, pág. 50.

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de https://www.theatlantic.com/magazine/archive/2016/11/the-prophecies-of-jane-jacobs/501104/

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