Mayo fue antes Bona Dea, una diosa buena

BONA DEA

Sevilla, 22/V/2020

La cultura nos ayuda a interpretar la historia, aprender de ella y saber, por ejemplo, por qué este mes se llama Mayo. Siguiendo su trazabilidad cronológica, nos podemos retrotraer hasta el calendario ático en el que se denominaba Targelión, porque en este mes se celebraban las Targelias, unas fiestas dedicadas a los dioses Apolo y Artemisa. Posteriormente, según el calendario romano, este mes se denominó Maia o Bona Dea, hija de Fauno y diosa de la fertilidad, la castidad y la salud. Probablemente, deriva de Maia la actual denominación del quinto mes del año según el calendario gregoriano.

Analizando la mitología romana, cuando Hércules regresaba de Iberia con el ganado robado a Gerión, se detuvo al pie de Aventino para beber en una de las fuentes, “pero lo hizo alejado de Carmenta que, con las otras mujeres de Roma, estaba celebrando el ritual en honor a Bona Dea, un rito del que se excluyeron a los hombres” (1). Me ha llamado poderosamente la atención conocer que “Bona Dea era una diosa enigmática y poderosa y, sobre todo, era la diosa de las mujeres y los hombres tenían que respetar su culto, pero no eran admitidos, hecho absolutamente único en la cultura machista romana. El misterio del culto, alimentado por la exclusión de los hombres, también se tiñe de magia para la dimensión suburbana de la frecuentación; el ara de la diosa estaba en una silva en la que había una cueva y un manantial, como en los santuarios oraculares arcaicos, lo que revela el poder de los vaticinios entre las prerrogativas de Bona Dea, que también tenía entre sus denominaciones la de Fatua. Deidad de la fertilidad, de la tierra, de la mujer y diosa saludable y beneficiosa, Bona Dea fue venerada en muchos lugares, tanto públicos como privados; el número y la variedad de sus epíclesis: Agrestis, Hygia, Nutrix, Pagana, Oclata destacan la versatilidad de sus aspectos y la fácil asimilación con las deidades preexistentes del mundo de la curación”.

Es interesante conocer la historia para comprender el alcance de los nombres que se dio a todo lo que nos rodea. Ya he escrito en este cuaderno digital que antes de la palabra existió la experiencia de la vida en el reconocimiento de todo lo que rodeaba a cada persona, visión transcendental del valor de la palabra cuando en relación con la creación del hombre y la mujer vio Dios que era muy bueno lo que había ocurrido frente a las restantes creaciones, los cielos, la tierra, las aguas, los animales y las semillas, que solo eran creaciones buenas: “Nunca tuvo un adverbio, muy, tanta importancia como ahora. Decir muy bella significa que por encima de todo es maravilloso vivir. Este adverbio tuvo siempre mucho valor para los pueblos ribereños del Tigris y Éufrates, en la actual Irak, porque allí nacieron los primeros relatos de la creación y en arameo decir “muy” significaba dar un valor transcendental a lo que sucede y a las cosas cotidianas que pasaban en su entorno, porque para ellos lo primero fue la experiencia vital y después la palabra que explicaba los hechos basados en lo que estaba pasando y seguían contado sus mayores de boca en boca”.

Quiero quedarme hoy con la constatación histórica de cómo nuestros antepasados buscaron siempre amparo ante la enfermedad, acercándose a la diosa Bona Dea, por lo que se comentaba boca a boca en Roma, por ejemplo, en relación con la curación. Han pasado miles de años y seguimos buscando todavía la curación, bajando del pedestal a quien debe proporcionarnos esa curación, la ciencia, la Buena Ciencia, a la que solo pedimos ahora que, como hizo Enrique Morente en su soleá de la ciencia, Presumes que eres la ciencia / Yo no lo comprendo así / Cómo siendo tú la ciencia / No me has comprendido a mí, comprenda -al curarnos con sus resultados- los difíciles momentos que estamos atravesando. Porque Enrique Morente también cantaba hacia atrás, buceando en la historia del ser humano, deseando que la emociones y las pulsiones pudieran comprender “la ciencia” del bien y del mal, de la enfermedad y las pandemias, en un mes de mayo que nos recuerda que una vez, hace ya muchos siglos, se llamó el mes de la Diosa Buena, de la curación.

(1) https://www.romeandart.eu/es/arte-mito-bona-dea.html

NOTA: la imagen de la Bona Dea (fechada aproximadamente en la mitad de siglo III d.C.), se ha recuperado hoy de http://www.bertolamifinearts.com/blog/2016/12/13/il-ritorno-della-bona-dea/ y es muy interesante la transcripción que figura en la inscripción de su base: “Ex visu iussu Bonae Deae/sacr(um)/Callistus Rufinae n(ostrae) actor”, que quiere decir: “Callistus, esclavo dependiente de Rufina, en calidad de abogado o tesorero (¿), ha dedicado esta estatua a la Bona Dea, respondiendo a una petición que le hizo ella misma, que se le apareció en un sueño”. La fecha de la estatua no es la original porque se ha datado sobre la base de la cabeza que figura en la actualidad, al aparecer decapitada y ser sustituida la original probablemente por la de Tranquilina (225-244 d.C.), emperatriz romana, esposa del emperador Gordiano III.

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