Las preguntas de Moria

Sevilla, 13/IX/2020

Moria (isla de Lesbos) está lejos, muy lejos, pero no lo que encierra en su campo de refugiados desaparecido por un pavoroso incendio el pasado martes 8 de septiembre: la pobreza más absoluta, la que molesta al primer mundo. Los datos de la Agencia de la ONU para los refugiados, ACNUR, ofrece datos escalofriantes: “El incendio ha destruido la práctica totalidad del Centro de Identificación y Registro de Moria, en la isla griega de Lesbos. Hay más de 12.000 solicitantes de asilo afectados, 4.000 son niños y otras personas vulnerables. Además, hay 407 menores no acompañados, mujeres embarazadas y personas mayores”. Las imágenes que hemos visto estos días pasados de los niños encabezando las protestas, reprimidas por el ejército griego, son escalofriantes.

Estamos distraídos con muchas cosas, algunas de ellas importantes, como la epidemia del coronavirus. Pero no nos debería llevar al olvido de personas que necesitan ayuda urgente en todos los sentidos. Ahora mismo hacen falta kits de emergencia y refugios para todas las familias que se han quedado sin nada en Moria: “En el momento del incendio, 35 personas del centro de recepción se encontraban en cuarentena por haber dado positivo por COVID-19. ACNUR ha pedido a estas personas que restrinjan sus movimientos y permanezcan cerca del centro mientras se busca una solución con carácter temporal para poder alojarlos. Se necesita ayuda urgentemente. Miles de personas han perdido lo poco que tenían y no tienen un techo en el que cobijarse”.

Desde este blog quiero servir de altavoz para tomar conciencia de lo que pasa en una isla desconocida para muchos, pero con una realidad lacerante. La realidad de Moria nos lleva al terreno de las preguntas importantes de la vida acerca de cómo ayudar a los que sufren todos los días la pobreza severa en su condición de refugiados, sin abandonar la atención urgente a la pobreza extrema que nos compromete también en nuestro propio país como he expuesto en varias ocasiones en este cuaderno digital y que está tan cerca de nuestras conciencias.

No es la primera vez que cito a Lesbos en este blog. Hace cuatro años, cité la proximidad de Sevilla con esa isla tan acogedora para los refugiados que casi nadie quiere atender: “Sobran palabras y falta toma de conciencia para solidarizarnos con lo que ocurre en esta diáspora humana que continúa y que ya ha dejado de ser noticia desgraciadamente. Nos emocionamos con Manuel Blanco [el bombero sevillano que se arriesgó a salvar vidas en aquella ocasión tan cercana a la isla] cuando él se emocionaba contando su experiencia. Fue un ejemplo maravilloso de cómo podemos estar cerca de estas realidades solo con querer hacerlo. Gracias a todos los que seguís prestando este trabajo solidario, imprescindible. Desde Sevilla”.

Es posible que la solución ética esté en ponernos en el lugar de los refugiados e intentar comprender sus vivencias, buscando cada uno su forma de colaborar con este desastre de tan variadas raíces inhumanas. Hoy, me refugio en mi patera vital, sin quilla, que tantas veces cito en este blog y que suele ir a la deriva cuando vamos del corazón a nuestros asuntos personales y sociales, porque nos sentimos solos en un mundo diseñado por el enemigo de la concordia (¡qué palabra tan bonita!) humana. Como he escrito en este cuaderno digital, en una reflexión íntima, Los que vamos en patera, tiene sentido solidario con estas realidades de refugiados, de cualquiera que busca refugio en espacios más amables de la vida, seguir viajando en las pateras éticas que hacen singladuras difíciles y comprometidas con la sociedad que menos tiene, con un cuaderno de derrota (en lenguaje del mar) que lleva a localizar las islas desconocidas que tanto amaba Jose Saramago: si no salimos de nosotros mismos, nunca nos encontraremos. Lo importante es viajar hacia alguna parte, buscándonos a nosotros mismos y, a veces, en compañía de algunas y algunos, los más próximos y cercanos. Al fin y al cabo, tal y como finalizaba su cuento de la isla desconocida, buscando siempre puertas de compromiso más que las de regalos o peticiones sin causa, viajando en pateras de dignidad, aunque vayamos muchas veces a la deriva de la vida.

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de https://es.euronews.com/2020/09/11/los-refugiados-del-campo-de-moria-claman-por-su-libertad

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.