Un regalo precioso de Extremadura al presente y futuro de todos

Sevilla, 7/VIII/2021

Me pareció un proyecto precioso que había que analizar a fondo. Extremadura preparó hace meses la campaña de turismo 2020-2021, como un proyecto para frecuentar el presente y el futuro de todos, con un eslogan premonitorio, «Extremadura. Todo lo que imaginas, donde no te lo imaginas», cuya sinopsis oficial conviene recordar por respeto institucional a su mensaje implícito: En tiempos adversos también suceden historias que trascienden la realidad de los momentos difíciles que se viven y que dan lugar a la esperanza. Momentos para la esperanza, para la vida y para el amor. La historia que os presentamos a través de este cortometraje, narra un amor romántico que se une con el amor por una tierra. La situación extraordinaria que se vive en 2020 supone un cambio vital para una pareja que se conoce a través de una videoquedada de amigos y que poco a poco se van enamorando. La historia hace un paralelismo entre este descubrimiento y enamoramiento personal, con el descubrimiento y amor por Extremadura para alguien que no la conocía. Y cómo esa relación se convierte en un cambio vital, que vinculará, al protagonista principal, para siempre con Extremadura. La historia se cuenta desde el futuro [en 2071], con el paso del tiempo se ve que cosas que en un principio pueden suponer un problema (confinamiento, pandemia…), se convierten en un impulso para conocer algo que nunca conoció el protagonista: Extremadura”.

La verdad es que ha sido una idea muy original y convincente a su vez. En estos días de verano de 2021 han vuelto a reponer en televisión esta historia, a través de un anuncio breve sobre el original que encabeza estas líneas. Sobran más comentarios porque verlo es un placer para los sentidos y para almas inquietas en estos tiempos de coronavirus. Dos últimos detalles: la banda sonora se debe a Robe, con una canción, Un suspiro acompasado, con una adaptación al corto que refleja el sentimiento de una persona que ama y no olvida: Se va y a la vida le pierdo el apego. / Y el juicio recupero / Si encuentro un indicio de su paradero / Llega el viento mecido / Porque acaba de estar contigo. / Noto en el aire un suspiro, / Y todo cambia de sentido. También, la aparición fugaz de un fotograma de Buñuel en el laberinto de las tortugas, en los primeros planos, realizado por la productora responsable de este anuncio, The Glow, que nació como un cortometraje de animación, pero durante su producción se decidió hacer un largometraje, convirtiéndose en una película de animación” que fue galardonada como tal con un Premio Goya 2020 . Cuenta la historia de cómo Luis Buñuel rodó su segunda película, el documental Las Hurdes, tierra sin pan. Extremadura ayer, hoy y mañana, pura y dura.

Mi agradecimiento personal, explícito, por esta bella historia, porque nos permite frecuentar el presente y el futuro, algo que amo sobre muchas cosas de mi alrededor de cada día y que deseo compartir con la malla pensante de la humanidad, la Noosfera. Ha sido un regalo con estela y sé lo que he recibido como mensaje principal: lo importante es compartir el tiempo con las personas a las que quieres, aunque sea sólo para decir: ¿has visto ese atardecer? ¿a que es precioso?, porque hay que aprovechar cada momento y exprimirlo, sin dejar ni una gota de experiencia para mañana. Y respirar, y sonreír, y respirar.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

He vuelto a entrar en el Cinema Paradiso

Melodía principal de Cinema Paradiso

Sevilla, 6/VIII/2021

En septiembre de 2019 cambié la imagen de cabecera de este cuaderno digital por un fragmento de la escultura de Canova, Las Tres Gracias, porque siempre me ha impactado su belleza sobre mármol de Carrara, con una expresión de encanto y alegría entre las tres cárites mitológicas griegas, de cuyo nombre quiero acordarme especialmente hoy: EufrósineAglaya y Thalia o lo que es lo mismo: Alegría, Belleza y Abundancia, respectivamente, porque las necesitamos tener presentes en nuestras vidas. Dos años después, que no han sido anónimos, cambio de nuevo la imagen que representa temporalmente el blog, recurriendo a una que ya ha estado presidiendo estas palabras en años anteriores, la sonrisa de asombro de Totó junto al proyeccionista, Alfredo, una pareja que nunca he olvidado en la película de mi vida y como homenaje a una que me ha marcado para siempre: Cinema Paradiso. Entro decidido para contemplar en este mes de agosto las proyecciones mejores de mi existencia.

Mi vida ha sido también una película sin fin, de muchos géneros en uno solo: vivir apasionadamente. Me sentí reflejado en Cinema Paradiso de principio a fin, por el amor al cine, porque siendo muy niño hacía mis propias películas con dibujos animados en papel, impregnándolos en aceite que, una vez secos, los unía y pasaba por rodillos laterales de un escenario, también hecho a mano, para imprimirles movimiento a demanda, iluminados por una bombilla incandescente. Más o menos, observando aquel descubrimiento mágico con la cara de Totó, mi querido protagonista de la película de verdad, que he recogido en la imagen que preside estas líneas. También, porque seguí siempre el consejo de su gran amigo Alfredo cuando decía al niño que amaba tanto el cine, que debía salir de sí mismo para buscar islas desconocidas, las que describía extraordinariamente Jose Saramago en su cuento homónimo, “La isla desconocida”. En aquella escena memorable de la estación, Alfredo, ya ciego por el incendio del cine, le dice en un susurro inolvidable a Totó: “La vida es más difícil… Márchate…, el mundo es tuyo, … no quiero oírte más, solo quiero oír hablar de ti… Hagas lo que hagas, ámalo”. Le ayudó a salir de su zona de confort y nunca he olvidado aquellas escenas ni aquellas palabras. Todo un símbolo: hagas lo que hagas, ámalo.

Tampoco he olvidado, nunca, el Cinema Ideal de mi infancia, un cine de verano situado en la calle Jesús del Gran Poder, aquí en Sevilla, del que solo escuchaba las bandas sonoras de las películas desde el balcón de la casa donde nací, que daba a la calle Becas, en el que, entre barrotes, imaginaba historias preciosas con sólo cuatro años. Pasado el tiempo, he comprendido muy bien el consejo de Alfredo, porque siempre he procurado amar todo lo que he hecho. Ahora, pienso también en los momentos difíciles que he vivido en esta larga vida, quizá por la especial sensibilidad que se ha creado por la pandemia creando anticuerpos para el dolor y la aflicción. Como contrapunto, mi amor al cine me devuelve también a mi Cinema Ideal tan particular, un recuerdo de películas inolvidables de Spielberg, entre las que destaco por su lección histórica nacida en su corazón y en su alma judía, La lista de Schindler. Aunque parezca mentira, no me quiero quedar con el dolor de su argumento de fondo, sino con el tema principal de la banda sonora de la misma, compuesta por John Williams, de la que inserto hoy en este post una interpretación memorable, al violín, de su gran amigo de vida y creencias, Itzhak Perlman, uno de los mejores violinistas de la historia de la música que aún comparte vida con nosotros. Escucharlo y sentirlo al mismo tiempo nos permite comprender que, efectivamente, el hombre, si quiere, no es un lobo para el hombre, porque todo lo humano no nos es ajeno (Terencio), es más, nos pertenece.

Les confieso que hablar de Cinema Paradiso y La lista de Schindler es, en el fondo de estas palabras, un homenaje a su obra musical en el mundo del cine, a través de dos bandas sonoras memorables compuestas por Ennio Morricone y John Williams, respectivamente. El pasado año recibieron el Premio Princesa de Asturias de las Artes y el acta del jurado decía textualmente que “[…] Dotados de una inconfundible personalidad, entre sus obras se encuentran algunas de las composiciones musicales más icónicas del séptimo arte, que ya forman parte del imaginario colectivo. Williams y Morricone muestran un dominio absoluto tanto de la composición como de la narrativa, aunando emoción, tensión y lirismo al servicio de las imágenes cinematográficas. Sus creaciones llegan incluso a transformarlas y trascenderlas, sosteniéndose por sí mismas como magníficas obras sinfónicas que se encuentran entre el repertorio habitual de las grandes orquestas. Todo ello los convierte en dos de los compositores vivos más venerados en todo el mundo”. Morricone falleció el 7 de julio de 2020 y sus obras mantuvieron y expresaron siempre su dignidad personal y profesional. Ahora, estoy seguro que seguirá poniendo música inolvidable a su cielo particular.

Cuando salgo de mi imaginario Cinema Ideal y entro hoy en el auténtico y renovado Cinema Paradiso, no olvido las palabras de Alfredo a Totó, porque nos pueden ayudar en este mes de agosto para salir de la zona de dolor, que no confort, por la pandemia y sus daños colaterales, cada uno con los suyos, de la forma más digna posible: hagamos lo que hagamos, amémoslo porque el viaje de la reconstrucción personal, de nuestras familias, del país, de nuestras ciudades y barrios es ahora tarea de todos, para amarlo sin excepción alguna y sin dejar a nadie atrás.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.