Silencio cómplice mundial sobre Afganistán

Sevilla, 19/VIII/2021

Se ve el cinismo mundial sobre Afganistán a través de los agujeros de nuestras túnicas occidentales, recordando lo que le sucedió un día a Diógenes de Sinope, prototipo de la escuela cínica, cuando “buscaba a un hombre”. Un día estaba en los baños al mismo tiempo que Aristipos de Cirene, el cirenaico. Éste, al salir, cambió su vestidura purpúrea por la túnica desgarrada de Diógenes. Y cuando Diógenes se dio cuenta, se puso rabioso y de ninguna manera quiso ponerse el vestido purpúreo. ¿Por qué? En definitiva, se podría observar la vanidad de Diógenes a través de los agujeros de su túnica, dejaba de ser él al vestirse de púrpura y esto constituía un grave problema de representación, cara a los espectadores. He recordado esta anécdota histórica hoy porque si alguien desea conocer qué ha pasado con Afganistán durante los últimos veinte años, no solamente conocer la noticia de la realidad de lo que estamos viviendo estos días con la llegada al poder de los talibanes, con la conquista última de Kabul, recomiendo la lectura completa de un artículo de opinión, excelente, publicado en elDiario.es por Olga Rodríguez, con un título que simboliza lo que de verdad ha ocurrido en este largo tiempo transcurrido: El cinismo ante Afganistán. El artículo, que no tiene desperdicio, se podría resumir perfectamente en una frase del mismo: “La paz solo llega con inversión en educación y sanidad públicas, con libertad, con democracia, con políticas de igualdad. No con injerencias militares al servicio de intereses ajenos a los de la población, ni con «inversiones» corruptas, ni con bombas, ni con el suministro de armamento. Eso solo perpetúa la violencia”. Cinismo en estado puro.

Otra idea expresada en el citado artículo me ha hecho reflexionar sobre la importancia de conocer la verdad que hay detrás de estos veinte años de ocupación militar en Afganistán, por parte de Estados Unidos y otros Estados del mundo, bajo el eufemismo de «aliados», entre los que se encuentra España. Cuenta la periodista que “En 2004 Abdul, un refugiado afgano alojado en la periferia de Kabul –cuya historia relato en el libro El hombre mojado no teme la lluvia– me decía que «si Estados Unidos gastara menos en esfuerzos militares y más en planes humanitarios, quizá esta población aceptaría mejor a sus tropas». Han transcurrido diecisiete años desde aquella frase premonitoria que he vuelto a leer en el libro citado.

Conociendo la trayectoria profesional de Olga Rodríguez se conoce también la verdad de lo que cuenta en sus experiencias profesionales en Oriente Medio. La sinopsis del libro El hombre mojado no teme la lluvia, a pesar del tiempo transcurrido desde su publicación, refleja una realidad que suena como si hubiera sido publicado hoy mismo: “Decía Lorca que «debajo de las multiplicaciones hay una gota de sangre». En este libro Olga Rodríguez nos muestra la sangre y la vida que fluyen por las calles de Oriente Medio y que rara vez consiguen asomar detrás de los grandes titulares o las estadísticas. Con una sencillez limpia de prejuicios y una humanidad poco habitual, la autora nos acerca a esta conflictiva región a través de sus habitantes, hombres y mujeres aparentemente comunes cuyas vidas conforman sin quererlo la Historia con mayúsculas. Leer este libro es conocer a Yamila y Minal, que fueron torturadas en el Irak ocupado; acercarse a los Elhanan, una familia judía de Jerusalén que perdió a su hija en un atentado suicida; escuchar a Ibrahim, que vio morir a sus amigos en ejecuciones extrajudiciales israelíes y vivió el encierro en la iglesia de la Natividad de Belén; entrar en la tienda de campaña de un refugiado afgano, exiliado en su propio país; o sudar con el esfuerzo de Ka-reem, un sindicalista pluriempleado egipcio que no renuncia a soñar mientras trabaja todas las horas del reloj. En la mejor tradición de lo que una vez fue el periodismo, la posibilidad real de conocer el mundo a través de sus gentes siendo testigo directo de lo que se narra, este libro es imprescindible para entender una región que se ha convertido ya en el centro de la disputa de los grandes conflictos de este joven siglo”.

También, recuerdo ahora el Prólogo, breve pero muy bueno, en el que explica el origen del título del libro, que se debe a una historia que vivió en Iraq sobre un miembro de la resistencia armada, Yaser Alí, que conoció durante su estancia en Iraq y al que le preguntó si quería que figurara su identidad en la misma: “Se quedó pensativo unos segundos y después contestó: “Como dice el refrán iraquí, “el hombre mojado no teme la lluvia”. Ya no tengo nada que perder. No me preocupa que aparezca mi nombre, y si quieres, con fotos”. Enseguida supe que ése sería el título de este libro. En Oriente Medio hay muchos hombres y mujeres “mojados” como Yaser, que sienten que ya no tienen nada que perder. Sus vidas, su forma de pensar y de sentir, sus biografías, son mapas en los que se puede leer la Historia de sus países y comprender el presente de sus sociedades y gobiernos”.

Al leer estas palabras, no se puede describir mejor lo que siento hoy al recordar las imágenes del pasado lunes, cuando veía como caían al vacío personas que se había subido a cualquier parte del exterior del avión militar en el que pretendían huir de los talibanes, iniciando el despegue del aeropuerto de Kabul. Se me estremeció el alma y me comprometí a escribir sobre ellos, como un sencillo acto de solidaridad humana, así como sobre tantos millones de refugiados y futuros habitantes de esa nación que sufrirán las decisiones gubernamentales de los nuevos mandatarios. Las palabras de Olga Rodríguez en el prólogo descrito suenan hoy como una premonición, porque son millones de hombres y mujeres “mojados”, que sienten que ya no tienen nada que perder a partir del triunfo talibán. Sus vidas, su forma de pensar y de sentir, sus biografías, son y serán mapas en los que se puede y podrá leer la Historia de Afganistán y comprender el presente y futuro de sus sociedades y gobiernos.

En 2009 escribí una carta en una revista dominical, en la que decía que la lucha por la libertad en ese país era muy difícil, casi un sueño, al encontrarse muchas personas con el “corazón negro”, en palabras de comerciantes que se asombraban por presenciar las compras imposibles en cualquier calle comercial, donde el miedo hacía estragos a diario por bombas. Esa situación tan oscura obedecía a la negación permanente de la inteligencia humana, al estar instalados en el gobierno unos señores de la guerra analfabetos que eran protegidos, paradójicamente, por algunos gobiernos occidentales, en una visión del mundo al revés que se simbolizaba por urnas electorales transportadas a lomos de asnos, que todavía eran leales. Por otra parte, supe que dos días antes de las elecciones generales en agosto de 2009, a preguntas de un periodista, un niño afgano en Kabul, aguador profesional, vivía con la ilusión de volar muy alto porque quería ser piloto. El problema radicaba en que cuando se le pedía que concretara el sitio al que quería volar, no sabía responder sobre lugares alternativos a su dura proximidad, porque no conocía otra posibilidad que volver a su casa cada día, volando bajo, con unos cuantos afganis que recaudaba, quizá, por la sed de expertos en matar sueños. Era un niño “mojado” que ya no temía la lluvia.

Lo que de verdad no acabo de comprender es la actitud vergonzante de Estados Unidos y sus aliados militares, incluida España, ante una situación que clama justicia y protección internacional, con una salida apresurada que supone un espectáculo de silencios cómplices internacionales en estos momentos, donde quedan abandonadas millones de personas, candidatas a formar parte del mayor campo de refugiados del mundo, así como muerte y destrucción de valores y cultura democrática en Afganistán. Otra frase del artículo lo dice todo: “Washington invadió Afganistán porque quería demostrar que respondía ante los atentados del 11S. Su objetivo no fue mejorar la vida de los afganos o democratizar el país. En veinte años de ocupación lo ha dejado claro. En un mundo idílico podemos creer en los unicornios. Pero en la vida real las invasiones con ejércitos buscan intereses propios que a menudo chocan con los de la población autóctona. Y en medio de todo ello, las mujeres suelen ser un argumento de quita y pon para justificar operaciones militares y estrategias geopolíticas”. Leer este artículo es una misión de solidaridad y respeto a la verdad de la auténtica noticia sobre qué está pasando en Afganistán. Además, lo estamos viendo. Ya no vale disculpa alguna.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

No vamos todos en el mismo barco (II)

Banksy, Todos vamos en el mismo barco, Lowestoft

Sevilla, 18/VIII/2021

1. A veces, falta mar para recoger a todos los que se tiran del barco…
2. A veces, falta barco para recoger a todos los que se tiran a ese mar…

No es la primera vez que abordo este problema existencial. En tiempos de coronavirus, negacionismo, pensamiento único, deserciones políticas, corrupción, noticias falsas, talibanismo ideológico de nuevo cuño extendido como una mancha de aceite, desencanto con casi todo lo que se mueve, justificaciones imposibles, desafección del compromiso social y mala prensa del sector público, es fácil iniciar conversaciones en las que los que piensan de forma diametralmente opuesta a nuestras convicciones suelen rematar la faena dialógica diciendo con sonrisa sarcástica algo que me enerva: al fin y al cabo, da igual lo que estamos discutiendo porque estamos diciendo lo mismo. Por si había alguna duda sobre este aserto tan vano, agregan un estrambote final más impresentable todavía: es que todos vamos en el mismo barco. No, hay que huir como de la peste de las personas que opinan de esta forma con maniobras envolventes, querulantes, para agregarnos al Club de los Tibios e Indignos, que todos los días fletan barcos de desencanto y conformismo, porque no soportan verte en la cola del Club que está siempre enfrente: el de las Personas Dignas, siempre abierto, sobre todo para los que navegan en patera, en mares sociales procelosos y no suelen tirarse al mar cuando la sociedad en general va a la deriva.

Estas palabras las traigo a colación hoy porque se han publicado recientemente unas obras de Banksy, uno de los grafiteros más importantes en la actualidad, de las que quiero destacar hoy una de ellas, pintada en un mural en Nicholas Everitt Park, Lowestoft (Suffolk), en la que aparecen tres niños de pie en un bote y con un gorro de papel, con un mensaje sobre una pared sobre el que he escrito en bastantes ocasiones en este cuaderno digital, aunque con un sentido contrario: «Todos estamos en el mismo barco”. En ese sentido, decía en octubre del año pasado, en plena pandemia, que “Todos no vamos en el mismo barco de la indignidad, del desencanto, de los silencios cómplices, del conformismo feroz, del capitalismo salvaje, de la desafección social, de la desorientación mundial controlada por poderes fácticos en la sombra. Eso no es así ni lo admito con carácter general, porque todos no somos iguales: unos van en magníficos yates y otros, la mayoría, en pateras. Es probable que a estas pateras éticas y llenas de dignidad y esperanza, que tienen suelo firme pero no quilla, como la cascara de una nuez, no suban nunca quienes no están interesados en que el mundo mejore, porque los poderes fácticos que dirigen y protegen la maquinaria de la guerra en cualquier lugar del mundo, el terrorismo de cualquier cuño, así como a los tristemente famosos hombres vestidos de negro, deciden desde hace ya mucho tiempo el funcionamiento y los altibajos del ecosistema económico, financiero y ético mundial, desde un rascacielos en Manhattan, a través de portátiles y teléfonos inteligentes. Ellos viajan en barcos privados, en cruceros del mal, que no surcan nunca estos mares de patera, para ellos procelosos porque las personas que van en ellas no merecen salvamento alguno.

En 2016 escribí un artículo bajo el título En el mismo barco, en el que explicaba que en noviembre de ese año se había estrenado un documental, In the same boat (En el mismo barco), que resumía en su título una idea muy brillante del sociólogo Zygmunt Bauman: “ya estamos todos en el mismo barco, pero lo que nos falta son los remos y los motores que puedan llevar este barco en la dirección correcta”. Se refería al ecosistema social de escala mundial en el que navegamos en estos momentos casi hacia ninguna parte: “En tiempo de crisis siempre se ha dicho que no es conveniente hacer mudanzas, pero no estoy de acuerdo con este aserto ignaciano en situaciones tan dramáticas como las que se están experimentando a nivel mundial, con un impacto importante en este país, aunque se quiera ocultar casi a diario. Estamos viviendo en un mundo con una clamorosa ausencia de valores y, sobre todo, de ética, tal y como lo aprendí de un maestro en el pleno sentido de la palabra, el profesor López Aranguren, cuando la definía como el «suelo firme de la existencia o la razón que justifica todos los actos humanos», que tantas veces he abordado en este blog”.

Dije también que ante el contexto actual mundial, con la crisis ahora de la pandemia sobrevolando nuestras vidas, “estas razones nos obligan a dejar los supuestos puertos seguros y comenzar a navegar para intentar descubrir islas desconocidas que nos permitan nuevas formas de ser y estar en el mundo. Lo contrario es obvio y se ve venir porque navegamos en mares procelosos de corrupción y desencanto, en los que cunde el mal ejemplo de abandonar el barco metafórico de la dignidad, con la tentación de que el mundo se pare para bajarnos o arrojarnos directamente al otro mar de la presunta tranquilidad y seguridad existencial. Se constata a veces, en esa situación, que falta ya mar para acoger a todos los que se tiran a él. Lo que verdaderamente me enerva es contemplar cómo se suelen liquidar estas situaciones tan transcendentales con la consabida frase de que “todos vamos en el mismo barco” y eso no es así ni lo admito con carácter general, porque todos no somos iguales: unos van en magníficos yates y otros, la mayoría, en pateras”.

Me reitero en algo de lo que estoy muy convencido: es probable que a este barco ético y esperanzador no suban nunca quienes no están interesados en que el mundo mejore, porque los poderes fácticos que dirigen y protegen la maquinaria de la guerra en cualquier lugar del mundo, el terrorismo de cualquier cuño, así como los vestidos de negro, deciden desde hace ya mucho tiempo el funcionamiento y los altibajos del ecosistema económico y financiero mundial, desde una torre en Manhattan, a través de portátiles y teléfonos inteligentes. Ellos viajan en barcos privados, en cruceros del mal, que no surcan nunca estos mares, para ellos procelosos. Lo que detesto también es el abandono de la lucha en situaciones difíciles, como las que estamos atravesando ahora, en las que aquellos que estaban a veces con los que deseamos estos cambios urgentes en las políticas mundiales, europeas y nacionales, se arrojan a un mar en el que cada vez hay menos sitio, porque dicen que esto no tiene remedio. Lo paradójico es que cuando se avance en la búsqueda de soluciones surcando mares diferentes que posibiliten otro mundo mejor, falte ya sitio o barco, según se mire, para recoger a los que en tiempos revueltos se tiraron al mar porque nunca quisieron buscar otras alternativas a este mundo que no nos gusta. El resultado es este aforismo personal:

1. A veces, falta mar para recoger a todos los que se tiran del barco…
2. A veces, falta barco para recoger a todos los que se tiran a ese mar…

Si escribo de nuevo estas líneas, interpretando la obra gráfica de Banksy, nunca inocente, escogida hoy para la cabecera de este artículo, es porque ahora más que nunca tiene sentido seguir viajando en las pateras éticas que hacen singladuras difíciles y comprometidas con la sociedad que menos tiene, con un cuaderno de derrota (en lenguaje del mar) que lleva a localizar las islas desconocidas que tanto amaba Jose Saramago: si no salimos de nosotros mismos, nunca nos encontraremos. Lo importante es viajar hacia alguna parte, buscándonos a nosotros mismos y, a veces, en compañía de algunas y algunos, los más próximos y cercanos. Al fin y al cabo, tal y como finalizaba su cuento de la isla desconocida, buscando siempre puertas de compromiso más que las de regalos o peticiones sin causa, viajando en pateras de dignidad, unidos a las personas que sentimos próximas y que saben que con el amor y el sufrimiento se pueden aunar voluntades. Sin olvidar nunca al niño o niña que fuimos y que siempre llevamos dentro, como los de Banksy, en una aventura posible, achicando el agua que nos desborda todos los días y oteando para todos, a través del catalejo ético, un horizonte más digno de la vida.

NOTA: la imagen se ha recuperado de Banksy confirms responsibility for spate of artworks appearing in seaside towns – Bristol Live (bristolpost.co.uk)

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Los pájaros deberán hacer un curso sobre aerogeneradores

Sevilla, 16/VIII/2021

La escuela del mundo al revés sigue abierta las veinticuatro horas del día. Una noticia de hoy lo confirma de forma plena: “El Gobierno de Aragón plantea que los pájaros deben adaptarse y aprender a esquivar aerogeneradores”. La verdad es que parece un chiste de mal gusto pero es una realidad como la vida misma: “La Consejería de Industria contradice a los grupos ecologistas y asegura que “no se constata con carácter general la necesidad de aplicar medidas complementarias por mortalidad de avifauna” en los parques eólicos de la comunidad”. Parece ser que las aves tendrán que adaptarse a esta realidad de los nuevos parques eólicos o les va a ir muy mal. Están advertidos: o aprenden a esquivarlos o eso es lo que hay, morirán sin remisión.

Lo más triste es que está comprobado que en los pasos migratorios, cualquier obstáculo es perjudicial para las aves, que vuelan siguiendo unos patrones fijos desde hace millones de años. Alimoches, buitres leonados, milanos negros, cernícalos, avutardas y más buitres, entre otras especies, en esa zona y en otras de la comunidad, ya saben lo que hay: tienen que matricularse inmediatamente en la escuela del mundo al revés, con una asignatura troncal sobre aerogeneradores. O se adaptan o mueren sin remisión.

Para contextualizar históricamente esta información, he consultado una publicación de la Sociedad Española de Ornitología (SEO) de 2012, Directrices para la evaluación del impacto de los parques eólicos en aves y murciélagos. Versión 3.0 que a pesar del tiempo transcurrido desde su publicación puede ayudar a comprender bien el problema: “Teniendo en cuenta estos parámetros, con la cautela que supone hacer un cálculo en el que las administraciones no proporcionan información oficial, y teniendo en cuenta las estimaciones más conservadoras sobre el porcentaje de superficie muestreada, se estima entre 6 y 18 millones de aves y murciélagos muertos en los 17.780 aerogeneradores instalados en España. Independientemente, si consideramos como más aproximado la horquilla inferior o la superior, se puede afirmar que la cantidad de ejemplares que mueren en parques eólicos es muy grande, y que dependiendo del estado de conservación de cada especie en particular dichas mortalidades pueden ser definitivamente inasumibles”. Los datos se refieren a 2.011, pero salvando lo que haya que salvar y ante el tiempo transcurrido, las cifras serán aún mayores en estos momentos, como se puede ver más adelante en una publicación reciente de Ecologistas en Acción.

Es verdad que la intervención humana en la muerte de aves y murciélagos en España es mayor en otras actividades diferentes a los parques eólicos, pero la referencia hoy en este artículo es a la respuesta tan sorprendente del Gobierno de Aragón. Así se explica en el citado Informe de la SEO: “Con la información disponible, parece que la mortalidad directa producida por colisión con los aerogeneradores es inferior a la ocasionada por otras infraestructuras humanas (Crockford, 1992; Coulson et al., 1995; Gill et al., 1996; Erickson et al., 2001; Kerlinger, 2001; Percival, 2001; Langston y Pullan, 2002; Kingsley y Whittam, 2007). Además, parece que existe una gran variabilidad en la mortalidad detectada entre parques eólicos. No obstante, es complicado aproximarse al impacto real ya que: 1) solo se ha realizado un seguimiento de un porcentaje pequeño de los aerogeneradores, 2) por lo general solo se analiza el impacto a través de las mortalidades detectadas y no sobre las poblaciones, 3) No se suelen utilizar correcciones usando la tasa de detección y de desaparición de los cadáveres, 4) existe una gran falta de transparencia en los seguimientos del impacto por parte de las compañías y las administraciones y 5) en muchas ocasiones la metodología empleada no es la adecuada”. Falta transparencia, en definitiva, sobre la cuestión de fondo.

La situación actual en España es un aviso para navegantes sobre el comportamiento humano en relación con la biodiversidad. Según la organización Ecologistas en Acción, “En los últimos años se han comenzado a instalar en España una generación de grandes aerogeneradores eólicos que superan los 2 MW de potencia unitaria. Se encuentran ya en tramitación proyectos con máquinas de más de 6 MW. Los impactos de los aerogeneradores en la fauna son de sobra conocidos pero, dado lo novedoso de la instalación de este tipo de grandes máquinas en España, y aunque diversos estudios realizados en EE UU y en Europa ya alertaban de la posible mayor incidencia en la mortalidad, hasta ahora no se disponía de datos de la afección real que podrían provocar sobre quirópteros y avifauna”. Han aportado recientemente unos datos esclarecedores: “Los datos del registro del Gobierno de Navarra, facilitados a Ecologistas en Acción en ese territorio, detallan que en el recientemente construido complejo eólico Cavar, que cuenta con 32 aerogeneradores SG132 (mayores de 3 MW), se han producido 89 colisiones de rapaces en los primeros diez meses de funcionamiento, 80 de ellas de buitre leonado. Por otro lado, en los parques eólicos La Nava y Los Cierzos, situados en la provincia de Zaragoza, que suman 10 aerogeneradores de 3 MW instalados, dos organizaciones ambientales, Ansar y Amigos de la Tierra, han detectado en 2020 una siniestralidad registrada de 110 aves y 297 murciélagos”.

Tengo que reconocer que no me han educado de la forma debida cerca de la ornitología, pero sí puedo afirmar que siento un respeto especial hacia un pájaro diminuto, el gorrión, que he conocido bien a lo largo de mi vida. Desde el Parque del Retiro en Madrid, hasta el de María Luisa en Sevilla, es de los pocos pájaros que he distinguido bien en su alegre caminar, saltarín por excelencia y de una nobleza más que encomiable, porque se posa en tu mano con cierto descaro con solo ofrecerle una migaja de pan. Pero hay dos gorriones que me han marcado en mi vida, el de Serrat en su delicada canción Como un gorrión y el de Manuel Rivas en su precioso relato La lengua de las mariposas, a través de Pardal (gorrión, en gallego), un niño con ese nombre que llevo dentro de mi persona de secreto. Hasta que hoy he conocido a través de un fotoensayo de Juan Millás, que los gorriones desaparecen y he sentido como si los gorriones a los que he querido especialmente fueran a desaparecer algún día también de mi vida interior: “Contrariamente a otras aves urbanas que en las plazas nos miran desde el desafecto, el gorrión tiene algo de hombrecillo emplumado que anhela nuestra suerte y forma de vida”.

No lo olvido, aunque tampoco me importaría sentarme junto a él en esta escuela del mundo al revés, porque aprendería mucho de su forma de ser y estar en el mundo y porque me contaría cosas asombrosas: que nació libre como el viento, / que no tiene amo ni patrón / y que se mueve por instinto, porque como gorrión es lo que sabe hacer muy bien. Una cosa más. Siempre me ha asombrado el papel de Papageno, el protagonista de una ópera especial de Mozart, La Flauta Mágica, por su profesión: encantador de pájaros y su simbología tan cercana a la vida, frente a la muerte tan propicia para la Reina de la Noche. Todavía recuerdo de mi viaje a Viena en 2007 la mirada de Papageno en su puerta del teatro sobre el río Viena (mi querido Teatro de barrio), sintiéndose cómplice del movimiento de la Secesión, a escasos metros de su deteriorada figura, cubierto de plumas y con su inseparable jaula para meter/sacar los pájaros encantados (sin saber nunca a qué tipo de pájaros –uccellaci (pajarracos) o uccellini (pajarillos), pasolinianos- se estaba refiriendo en su larga andanza). He recordado a este personaje tan entrañable como si fuera posible invitarle a rescatar hoy en su jaula a los gorriones en peligro de extinción, junto a los alimoches, buitres leonados, milanos negros, cernícalos, avutardas y más buitres que sobrevuelan como pueden el cielo de Aragón, a pesar de los avisos para evitar unos pájaros metálicos enormes de los que ya saben que no tienen alma en su interior.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Negacionismo y mundo al revés

Sevilla, 15/VIII/2021

Hace ciento treinta años, después de visitar el país de las maravillas, Alicia se metió en un espejo para descubrir el mundo al revés. Si Alicia renaciera en nuestros días, no necesitaría atravesar ningún espejo: le bastaría con asomarse a la ventana. Al fin del milenio, el mundo al revés está a la vista: es el mundo tal cual es, con la izquierda a la derecha, el ombligo en la espalda y la cabeza en los pies.

Eduardo Galeano, en Patas arriba. La escuela del mundo al revés

El Diccionario de la lengua española (DLE), en la edición del Tricentenario y en su actualización de 2020, define el “negacionismo” como una “actitud que consiste en la negación de determinadas realidades y hechos históricos o naturales relevantes, especialmente el holocausto”. El lema se incorporó en la vigésimo tercera edición, correspondiente a 2014. Aborda una realidad sin paliativos, que sobrevuela todos los días sobre nuestras vidas y que da pavor: la vinculación con un hecho histórico tan lacerante como el exterminio de los judíos por el nazismo, quizás para que se comprenda bien desde su raíz la intrahistoria de este fenómeno tan en boga en este tiempo de pandemia y desafección política. También se utiliza en este ámbito la palabra “negacionista”, como adjetivo y con el siguiente significado: “Perteneciente o relativo al negacionismo. Partidario del negacionismo”.

A mayor abundamiento en la concreción del lema, el Diccionario panhispánico del español jurídico, lo define como término en el ámbito penal como “Delito de odio que comete quien niegue públicamente un delito de genocidio, de lesa humanidad o contra las personas y bienes protegidos en caso de conflicto armado”. El buscador urgente de dudas (Fundéu RAE), explica como extensión del lema en el DLE, que este lema “normalmente se ha empleado en relación con el Holocausto y puede aplicarse también, como extensión de este sentido, a la negación de otros hechos que no son necesariamente históricos, en particular científicos, como ocurre con el cambio climático”.

Aunque efectivamente el término es de uso relativamente reciente, la realidad que transmite es muy antigua, casi como la vida misma, a través de la dialéctica histórica y científica del creacionismo y del evolucionismo. Sé que nos adentramos en terrenos pantanosos pero conviene que hablemos de ello para no seguir participando de silencios cómplices que no ayudan a nadie. También es conveniente que no se asimile el término “negacionista” con el de “negación” a secas, porque la carga ideológica que lleva ser “negacionista” no es lo mismo que “negar” algo sin más, que tiene sobre todo un sesgo psicológico de amplio espectro, es decir, la negación se trata como mecanismo de defensa del yo. Sabemos que las ideologías no son inocentes y el negacionismo como tal actitud tiene un componente grupal sobre todo, más que el de la mera negación que casi siempre es una actitud individual. En este sentido creo que es importante señalar la distinción que establece el antropólogo Didier Fassin (1) entre “negación”, definida como «la observación empírica de que la realidad y la verdad son negados», y “negacionismo”, que él define como «una posición ideológica a través de la cual el sujeto reacciona sistemáticamente contra la realidad y la verdad».

La dialéctica expuesta coopta un nuevo término, denialismo, a tener en cuenta en este preocupante debate, caracterizado por la negación de la realidad y de la verdad porque se convierten en algo incómodo para la conducta humana. Uno de sus mejores exponentes ha sido Edward Skidelsky, académico de filosofía de Universidad de Exeter, ha sugerido que la palabra denial (negación) “puede tener sus orígenes en el antiguo sentido de deny, relativo a rechazar (como cuando el apóstol Pedro negó a Jesús), cuyo antecedente más reciente proviene del sentido freudiano de negar como un rechazo a aceptar una verdad dolorosa o humillante. Escribió: «Una acusación de “negación” es seria, pues implica ya sea deshonestidad deliberada o autoengaño. La cosa negada es, por inferencia, tan obviamente cierta que el negador debe actuar motivado por la perversidad, malicia o ceguera obstinada». Sugiere que, por la introducción de la etiqueta «negacionista» en áreas profundas de debate histórico o científico, «uno de los grandes logros de la Ilustración -la liberación de la investigación científica e histórica del dogma- es silenciosamente revertida», y que debiese ser motivo de preocupación para las personas de mente liberal (2). ​

En estos días, estamos asistiendo a un espectáculo mundial del negacionismo puro y duro en torno a la pandemia y a la vacunación inherente a ella, así como sobre la realidad inexorable del cambio climático. Es la negación por antonomasia de la realidad científica que además causa graves daños a la Humanidad. Podemos poner muchos ejemplos de la actualidad, pero he escogido una exposición científica divulgativa que me parece aclarar de fondo y forma qué significa en la actualidad el negacionismo que nos asola por tierra, mar y aire. Me refiero a un artículo que publicó Mark Hoofnagle en 2009, doctor en Fisiología por la Universidad de Virginia y experto en denialismo, describiendo el negacionismo como «el empleo de tácticas retóricas para dar la apariencia de argumento o debate legítimo, cuando en realidad no lo hay».​ Es el proceso que funciona usando una o más de las siguientes cinco tácticas con el fin de mantener la apariencia de una controversia auténtica (3): ​

1. Teoría de conspiración. Desestimar la información o la observación sugiriendo que los rivales participan en «una conspiración para esconder la verdad».

2. Falacia de evidencia incompleta. Seleccionar un artículo aislado apoyando su idea, o usar artículos obsoletos, defectuosos o desacreditados para hacer parecer la postura opuesta como si estos apoyaran sus ideas en una investigación débil.

3. Expertos falsos. Pagarle a un experto en el campo, o en otra área, para que dé evidencia de apoyo o credibilidad.

4. Cambiar las reglas. Desestimar la evidencia presentada en respuesta a una afirmación en específico, solicitando continuamente otra pieza de evidencia.

5. Otras falacias lógicas. Usualmente, una o más falsas analogías, tales como argumento ad consequentiam (los prejuicios cognitivos), falacia del hombre de paja (nunca se toca el argumento de fondo), o red herrings (maniobras de distracción).

El debate actual en torno a la pandemia y los actos humanos en torno a ella no se debe plantear como ciencia sí o no, en clave negacionista, porque es erróneo y conduce a ninguna parte. El debate se centra en el poder actual de las tecnologías para intervenir en las personas de forma violenta e intrusiva en lo más preciado que tiene, el cerebro, es decir, la sede del comportamiento humano y su forma de actuar ante la pandemia. También en la salud y en la enfermedad. Creo que hay que hacer un esfuerzo en estos días por romper las barreras del conocimiento humano y dejarse llevar por lo que la ciencia nos demuestra a diario y de forma amable y didáctica a través de investigaciones dignas. Es lo que pensábamos en breves palabras cuando esperábamos como agua del calendario completo, la aparición de la vacuna que controlará definitivamente esta pandemia y, todo ello, gracias a la ciencia y frente a sus detractores.

Hay que descubrir urgentemente a los negacionistas de nuevo cuño, que nos rodean a diario. Conocemos sus tácticas y frente a ellos debemos unirnos para defender la verdad del principio de realidad, apoyándonos en las evidencias científicas, como ocurre por ejemplo con el cambio climático. Son peligrosos porque normalmente son un ejército de mediocres, a los que he descrito ya en múltiples ocasiones en este cuaderno digital. Ya sabemos que no es lo mismo negar una verdad, que cargar esta negación de ideología, porque tendrá un significado muy diferente. No lo olvidemos: “negación”, es “la observación empírica de que la realidad y la verdad son negados», y “negacionismo” es «una posición ideológica a través de la cual el sujeto reacciona sistemáticamente contra la realidad y la verdad». No es lo mismo. El negacionismo es un gran aliado del mundo al revés, al que he dedicado una serie en este cuaderno que busca islas desconocidas de felicidad legítima para todos. Recomiendo su lectura, porque el negacionismo encuentra su verdadero caldo de cultivo en su expresión continua en un mundo al revés que suele estar diseñado por los negacionistas de la Vida.

NOTA: la imagen de cabecera se ha recuperado hoy de Consejos para hablar con negacionistas sin perder la razón (rtve.es)

(1) Didier Fassin, When bodies remember: experiences and politics of AIDS in South Africa, Volume 15 of California Series in Public AnthropologyUniversity of California Press, 2007, p. 115.

(2) Skidelsky, Edward (27 de enero de 2010). «Words that think for us: The tyranny of denial»

(3) Mark Hoofnagle (11 de marzo de 2009). «Climate change deniers: failsafe tips on how to spot them»The Guardian.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

La soledad no deseada debería ser una cuestión de Estado

Sevilla, 14/VIII/2021

El dato es rotundo: el porcentaje de españoles que asegura sentirse solos ha pasado del 11,6% al 18,8% (ver tabla adjunta), según un estudio del Joint Research Centre (JRC) de la Comisión Europea, difundido en julio y que ofrece una descripción general del estado actual de los conocimientos sobre la soledad y el aislamiento social en la UE. El estudio, que lleva por título Soledad en la UE. Perspectivas de encuestas y datos de medios en línea, parte de una realidad contrastada por las investigaciones llevadas a cabo, que “muestran que la soledad y el aislamiento social también tienen repercusiones nocivas en la salud física y mental como consecuencias significativas para la cohesión social y la confianza de la comunidad. Por tanto, tanto la soledad como el aislamiento social son cada vez más reconocidos como problemas críticos de salud pública que merecen atención y deben abordarse con eficacia estrategias de intervención”. Obviamente, la pandemia de COVID-19 “también ha reformado drásticamente la vida y las prácticas sociales de los europeos”. Además, “Las restricciones a la movilidad y las medidas de distanciamiento social adoptadas para contener la propagación del virus han provocado discusiones sobre los efectos secundarios no deseados de tales medidas, particularmente en forma de soledad y aislamiento”.

Tengo que reconocer que una frase del Informe me ha impactado por su contenido cara al futuro: “Algunos temen que el precio de la soledad pueda tener consecuencias mucho después de que el virus retroceda”. Para aplicar el principio de realidad que lo sustenta, presenta los principales resultados de dos análisis empíricos realizados por el CCI (Centro Común de Investigación) utilizando dos fuentes de información complementarias, a saber, encuestas y datos en línea: “El análisis basado en datos de encuestas ofrece una imagen de las tendencias recientes en los niveles de autoinformación de la soledad en toda la UE e identifica las características sociodemográficas y geográficas predominantes asociadas con la soledad antes y durante los primeros meses de la pandemia de COVID-19. Los datos de la encuesta muestran que la pandemia ha magnificado el problema. La proporción de encuestados que se sentían solos con frecuencia se duplicó después del brote de COVID-19. Además, los adultos jóvenes fueron golpeados con mayor severidad. El análisis basado en datos en línea analiza las tendencias en los medios en línea que informan sobre la soledad y el aislamiento social entre enero de 2018 y enero de 2021. El volumen de los artículos sobre estos temas se mide mensualmente y por Estado miembro, y los artículos recopilados se analizan en profundidad para identificar los sentimientos predominantes contenidos en ellos y detectar patrones en las narrativas subyacentes”.

La realidad cruda es que cuando se ha trabajado sobre datos en línea publicados en medios sobre la soledad y el aislamiento social, se observa que se han duplicado durante la pandemia. Las narrativas se referían en gran medida “a las consecuencias para la salud de la soledad. El análisis de catálogos de informes de medios en línea, muestran también tipologías y ejemplos de iniciativas políticas destinadas a combatir la soledad y el aislamiento social. Las iniciativas públicas varían de un Estado miembro a otro. Generalmente, la mayoría de las intervenciones están diseñadas a nivel local y rara vez forman parte de programas más sistemáticos”.

Dubravka Šuica, vicepresidenta de la Comisión Europea para la Democracia y Demografía, manifiesta en el Prólogo del Estudio que cualquier comunidad se define, entre otras cosas, por las conexiones significativas entre sus miembros y que la pandemia “nos recordó la importancia de las conexiones personales positivas, de pertenencia a comunidad. El último año y medio sacó a la luz a muchos individuos y desafíos sociales que existían antes, pero que en su mayoría permanecieron ignorados o desatendidos”. Es donde ha cobrado una fuerza inusual el fenómeno de la soledad y el aislamiento social en nuestras sociedades. Es una responsabilidad de la Unión Europea abordar urgentemente esta situación, sobre todo cuando se constata que “existe evidencia científica de que la soledad afecta la salud física y mental y podría reducir la cohesión social y confianza de la comunidad y, en última instancia, en sus resultados económicos”. Por tanto hay que hacerlo como comunidad, para “mejorar la resiliencia de nuestras sociedades y nuestro desempeño económico. Esta es una responsabilidad de todos nosotros, a nivel local, a nivel nacional y de la UE, para las autoridades, la sociedad en su conjunto y todas y cada una de las personas”. Estas son las razones de fondo para haber solicitado el apoyo del Centro Común de Investigación, cuyo resultado ahora se presenta en este Estudio.

Las principales conclusiones de los trabajos realizados en relación con encuestas, muestran que las medidas de distanciamiento social han sido fundamentales para limitar la expansión del virus, pero también que existe una creciente preocupación por el impacto que la remodelación de la vida social del año pasado podría tener sobre la soledad, en particular para las personas que ya eran más propensas a la soledad en el período prepandémico. En tal sentido se compararon dos encuestas llevadas a cabo sobre este asunto en 2016 y en abril-julio de 2021, respectivamente y los resultados no dejan lugar a dudas sobre el aumento drástico de la prevalencia de la soledad en los primeros meses tras el brote de COVID-19. Mientras que en 2016, el 12% de los ciudadanos de la UE indicó sentirse solo más de la mitad, este dato aumentó al 25% en los primeros meses tras el brote de COVID-19. Otras emociones negativas, como sentirse tenso o desanimado siguió la misma tendencia, mientras que las emociones positivas como sentirse alegre, tranquilo, activo o descansado se movió en la dirección opuesta. También es interesante resaltar que hasta ahora se había centrado el debate público sobre la soledad en la población mayor, considerada como las más vulnerable, fundamentalmente porque el envejecimiento se asocia a otros factores de riesgo de soledad: “Sin embargo, durante los primeros meses de la pandemia, los adultos jóvenes han ha sido, con mucho, los más afectados por las medidas de distanciamiento social. Más específicamente, la proporción de personas de 18 a 25 años indica sentirse solo casi cuatro veces más en los primeros meses de la pandemia (del 9% en 2016 al 35% a principios de 2020). A pesar de todo, este sentimiento de soledad entre los adultos jóvenes es de naturaleza transitoria. Sin embargo, hay que destacar que también es una etapa de la vida asociada a menudo con dejar a la familia, la casa y pasar a una nueva etapa en la vida. En este contexto, el impacto de más de un año de reducción de contactos en persona, podría seguir sintiéndose mucho después de que la pandemia desaparezca.

Sin lugar a dudas, las personas que viven solas experimentaron un aumento en la prevalencia de soledad en 23 puntos porcentuales en comparación con los niveles observados antes de la pandemia. También hay una serie de factores de riesgo cuya importancia no se ha visto agravada por la pandemia, como es el caso de las condiciones económicas favorables (ingresos del hogar), que protegen contra la soledad: esto era igualmente cierto antes y durante la pandemia. De forma contraria, la salud delicada suele estar asociada con la soledad, porque en el período previo a la pandemia, alrededor del 32% de los encuestados, que se encontraban en mal estado de salud también informaron sentirse solos más de la mitad de su tiempo. Esta situación contrasta con el 8% entre personas con buena salud. En los primeros meses de la pandemia, la incidencia de la soledad se elevó al 46% para los encuestados con mala salud y al 20% para los buena salud. Por lo tanto, la brecha en los niveles de soledad por el estado de salud no cambió mucho después de la COVID-19 y esto sugiere que la incidencia de mala salud como un factor de riesgo de soledad se aplica en todas las circunstancias.

En esta primera parte del estudio, se ha observado que las mujeres han tenido la misma probabilidad que los hombres de sentir soledad. Esto no ha cambiado con la implementación de redes sociales durante las medidas de distanciamiento. Del mismo modo, vivir en una ciudad o en una zona rural área no afectó los niveles de soledad antes o durante la pandemia. Por último, en el período previo a la pandemia, la soledad fue más baja en el norte de Europa, con alrededor del 6% de las personas que informaron que se sentían solas más de la mitad de su tiempo. En Europa occidental, meridional y del Este, se muestra una mayor prevalencia de soledad, en un rango que va del 11% al 13%. Sin embargo, siguiendo los datos en relación con la COVID-19, Europa occidental y septentrional experimentaron el porcentaje más acusado en soledad. Esto es un poco sorprendente ya que el norte de Europa mostró datos más suaves que el sur y Europa Oriental. Es curioso constatar que la pandemia podría haber fomentado inicialmente un sentido de pertenencia en varios países, en particular en el sur de Europa por las características de la población, pero todo obedece también a los patrones de conducta macrorregionales y nacionales. De hecho, cuando contamos con estos factores, observamos que, todo lo demás es igual, dentro de cada país, es decir, “cuanto más difícil es el bloqueo por las medidas COVID, más agudo es el sentimiento de soledad. En definitiva, se ha demostrado con estos datos que las conexiones sociales son fundamentales en nuestra vida diaria y que la angustia experimentada en todo el mundo durante los últimos 16 meses es, en parte, impulsada por las limitaciones impuestas a las interacciones sociales.

En la segunda parte del estudio, las principales conclusiones de los trabajos realizados en relación con la metodología observada, los medios en línea, es decir, el análisis de los medios de comunicación de la UE sobre la soledad y el aislamiento social, realizado mediante la búsqueda del índice de artículos recopilados por el sistema Europe Media Monitor, “un Sistema interno del CCI que procesa más de 300.000 artículos al día, en más de 70 idiomas, con una amplia cobertura de fuentes de noticias nacionales y locales de la UE”, cuyo “procesamiento automático etiqueta cada artículo por emociones (ira, miedo, tristeza, disgusto, sorpresa, alegría) y valores de sentimiento (positivo, negativo y neutral)”, se centraron sobre dos descriptores homologados por todos los países y válidos para estas conclusiones: “soledad” y “aislamiento social”.

El análisis cuantitativo reveló que ambos temas cobraron una gran relevancia en el panorama de los medios de comunicación de la UE, especialmente desde el inicio de la pandemia COVID-19 en marzo de 2020, con reportajes sobre el tema de la soledad, registrando una duplicación del volumen en los primeros meses de la pandemia y siguiendo un patrón similar al de la propia pandemia, disminuyendo en los meses de verano de 2020 y aumentando con nuevos picos en el inicio de la segunda ola. Desde el ámbito cuantitativo, también mostró que los volúmenes de informes, sin embargo, varían ampliamente entre los Estados miembros de la UE, al igual que el número y tipos de iniciativas propuestas para abordar el problema.

En relación con el análisis cualitativo hay que decir que las narrativas subyacentes están relacionadas con los efectos negativos que tiene la soledad sobre la salud, tanto emocional como física, y para las consecuencias económicas de la soledad y el aislamiento social, en términos de costes de salud, desempleo y en el largo plazo el impacto en el desarrollo social y personal, especialmente de la Generación Z y las categorías sociales ya vulnerables. Esto fue especialmente visible durante la pandemia para los jóvenes (19-25 años) y mujeres, las categorías más afectadas por las pérdidas de empleo. Las narrativas también se relacionan con las causas subyacentes de soledad, mirando las tendencias individualistas promovidas por las sociedades occidentales, así como la necesidad de nuevos tipos de arquitectura y planificación urbana para disminuir el aislamiento y la soledad.

En general hay numerosas iniciativas que abordan la soledad en Europa, pero se muestra en el estudio que rara vez forman parte de programas sistematizados para alcanzar los mejores resultados.  El estudio detallado sobre 10 países, que se adjunta al estudio,  muestra que existen grandes diferencias entre los Estados miembros en cuanto a si la soledad se percibe como una preocupación pública o personal, dividiéndose las iniciativas para abordarlo, por tanto, entre programas de apoyo comunitario y soluciones individuales centradas en las consecuencias psicológicas de la soledad.

Visto el panorama y aunque este estudio ofrece datos de gran calidad para ser tomados en cuenta, se propugna desde la UE que junto a la lista inicial de iniciativas y medidas en 10 países, ésta podría desarrollarse y completarse por expertos locales, con la creación de una base de datos europea de iniciativas para la atención a la soledad, de tal forma que las medidas políticas a tomar por los diferentes países, podrían utilizarse en el futuro para crear una red europea de soledad en la que las mejores prácticas se compartan y evalúen de forma más sistemática.

Para finalizar, es muy interesante señalar la relación que aporta el estudio sobre once iniciativas, para atender la soledad: cuidar y cambiar el estado de ánimo, sensibilización, creación de conectividad múltiple, ayuda profesional, red de alarmas, actividades grupales, soluciones tecnológicas, espacios de encuentro, proyectos de innovación social, comunidades intergeneracionales y lucha contra la estigmatización. Soluciones en las que nuestro país muestra un avance considerable en iniciativas públicas y privadas, pero todavía lejos de una acción sistematizada, equitativa y distribuida, sobre todo, desde la perspectiva consagrada de atención al interés general por parte del Estado y como marca la Constitución y cuando sabemos por este estudio que el porcentaje de españoles que asegura sentirse solos ha pasado del 11,6% al 18,8%, en tan sólo cinco años.

Una última reflexión. El silencio se confunde muchas veces con la soledad, aunque no es lo mismo. Pasa como en los tiempos que corren, donde en todos los terrenos sociales, políticos, empresariales, universitarios, familiares, nos esforzamos en hablar porque nos aterra la soledad. Mucho más por el aislamiento aprendido durante el confinamiento y la pertinaz distancia social impuesta por la pandemia. Quizás porque cuando el chimpancé dio el salto a la humanización se dio cuenta de que después de tantos años era necesario un primer motor inmóvil (Aristóteles), algunos lo llaman Dios o deidad, que justificara la puesta en marcha de la maquinaria del mundo y que permitiera a las células controladas por el cerebro articular sonidos estructurados de necesidad y deseo consciente para que nos entendiéramos y, después, lo expresáramos con sentimientos y emociones. Lo escribí hace ya muchos años en torno al silencio que necesita todos los días el cerebro. Si algo califica de humanidad a la mujer y al hombre es la capacidad y necesidad de comunicarse, de no estar solos. A pesar de los tiempos que corren que incluso nos impiden mirarnos a la cara para decirnos algo. Sin ruidos, en silencio y, a veces, en soledad no deseada.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.    

Responsabilidad humana, global, sobre el cambio climático

Sevilla, 13/VIII/2021

El pasado lunes se publicó el Sexto Informe del IPCC — Intergovernmental Panel on Climate Change, de casi 4.000 páginas, Cambio climático 2021. Bases de la ciencia física, que se puede resumir por su rotundidad en una frase pronunciada por José Manuel Gutiérrez, director del Instituto de Física de Cantabria (IFCA) y uno de los coordinadores del informe, manifestando que La evidencia de la influencia del ser humano en el clima es ya tan abrumadora que no hay duda científica: “El IPCC usa un lenguaje calibrado que tiene que ver con probabilidades y con la evidencia disponible. Pero la influencia del ser humano en el clima ya no encaja en ninguno de esos umbrales de probabilidad y se considera que es un hecho probado que no tiene incertidumbre. La evidencia es ya tan abrumadora que no hay duda científica. En este informe se emplea tal rotundidad para no seguir con este debate; es un hecho y a partir de ahí vamos a ver cómo afecta y potenciales soluciones”. Canadell [Pep Canadell, director del Global Carbon Project] considera que se trata de “un cambio de paradigma”: “Hemos tirado por la ventana las posibilidades y las probabilidades y se concluye que es un hecho que el calentamiento se debe a la humanidad”.

He entrado en la página oficial de este Panel para conocer de forma objetiva el Informe presentado oficialmente el pasado 9 de agosto en la sede del Panel, en Ginebra, aprobado el viernes 6 de agosto por 195 miembros, que representan a gobiernos del IPCC, del que pretendo ahora sintetizar en unas cuestiones que nos ayuden a reflexionar sobre este enemigo público número 1 para la Humanidad. El documento completo y sujeto todavía a revisión final, de cerca de 4.000 páginas, viene a detallar de forma rotunda las causas del cambio climático en la actualidad con datos objetivos e irrefutables. La síntesis oficial del IPCC para los medios de comunicación destaca que muchos de los cambios observados en el clima no tienen precedentes en miles, si no cientos de miles de años, y algunos de los cambios ya existentes, como el aumento continuo del nivel del mar, serán irreversibles durante cientos de miles de años: “Sin embargo, las reducciones fuertes y sostenidas de las emisiones de dióxido de carbono (CO2) y otros gases de efecto invernadero, limitarían el cambio climático. Si bien los beneficios para la calidad del aire llegarían rápidamente, necesitarían de 20 a 30 años para que las temperaturas globales se estabilicen”.

Sobre el calentamiento global, el Informe “proporciona nuevas estimaciones de las posibilidades de cruzar el nivel de calentamiento global de 1,5 ° C en las próximas décadas, y expone que a menos que haya reducciones inmediatas, rápidas y a gran escala en las emisiones de gases de efecto invernadero, que limiten el calentamiento a cerca de 1,5 ° C o incluso a 2 ° C, éstas estarán ya fuera de su alcance. El informe muestra que las emisiones de gases de efecto invernadero por las actividades humanas, son responsables de aproximadamente 1.1 ° C de calentamiento desde 1850-1900, y se espera que en un promedio estimado durante los próximos 20 años, la temperatura global alcance o supere los 1,5 ° C de calentamiento. Esta evaluación se basa en un conjunto de datos de observación para evaluar el calentamiento histórico, así como el progreso científico que facilita la comprensión de la respuesta del sistema climático a las emisiones de gases de efecto invernadero causadas por el hombre”. Este Informe, que no es más que “una verificación de la realidad”, según ha afirmado la Copresidenta del Grupo de Trabajo I del IPCC, Valérie Masson-Delmotte, permite tener ahora “una imagen mucho más clara del clima pasado, presente y futuro, que es esencial para comprender hacia dónde nos dirigimos, qué se puede hacer y cómo podemos prepararnos» ante un futuro tan preocupante.

Una evidencia científica sin paliativos es que el cambio climático está afectando ya a todas las regiones de la Tierra, de múltiples formas, aunque dependiendo de la intensidad del aumento de 1.5 ° C de calentamiento global, habrá crecientes olas de calor, estaciones cálidas más largas y frío más corto, aunque si se llega a los 2 ° C, los extremos de calor alcanzarían con mayor frecuencia la tolerancia crítica en umbrales para la agricultura y la salud. No sólo ocurrirá esto, sino que el cambio climático está trayendo también múltiples cambios diferentes en diferentes regiones mundiales, que aumentarán con un mayor calentamiento, que afectan a la humedad y sequedad, vientos, nieve y hielo, zonas costeras y océanos. Por ejemplo, el cambio climático está intensificando el ciclo del agua y esto trae lluvias más intensas e inundaciones asociadas, así como sequías más intensas en muchas regiones. Está afectando también a los patrones de lluvia, porque en latitudes altas, es probable que las precipitaciones aumenten, mientras que se prevé que disminuya en gran parte de los subtrópicos. Igualmente, las áreas costeras verán un aumento continuo del nivel del mar durante el siglo XXI, lo que contribuirá a inundaciones costeras más frecuentes y graves en zonas bajas y erosión continua en las costas. Lo que ocurría antes en relación con el nivel del mar, una vez cada 100 años, podrían ocurrir cada año hacia finales de este siglo.

Por primera vez, el Sexto Informe proporciona una evaluación regional más detallada del cambio climático, incluido un enfoque en información útil que pueda informar la evaluación de riesgos y otra toma de decisiones, así como un nuevo marco que ayude a traducir los cambios físicos en el clima (calor, frío, lluvia, sequía, nieve, viento, inundaciones costeras y más) y en lo que significan para la sociedad y sus ecosistemas. Esta información se puede observar ya en el Atlas interactivo que acompaña a este Informe.

Lo que se resalta finalmente en el Informe, con una contundencia absoluta, es la influencia humana en el clima, en su pasado y futuro, en palabras de la copresidenta del Grupo I, Valérie Masson-Delmotte: «Ha quedado claro que durante décadas el clima de la Tierra ha ido cambiando y que el papel de la influencia humana sobre el sistema climático es indiscutible”. Sin embargo, el nuevo Informe también refleja importantes avances en la respuesta científica para justificar esta atribución, que ayude a comprender el papel del cambio climático en la intensificación de fenómenos meteorológicos y climáticos específicos, como olas de calor extremo y lluvias intensas. El informe también muestra que las acciones humanas todavía tienen el potencial de determinar el curso futuro de clima. La evidencia es clara en el sentido de que el dióxido de carbono (CO2) es el principal impulsor del cambio climático, así como de que otros gases de efecto invernadero y contaminantes del aire también afectan el clima. “La estabilización del clima requerirá reducciones fuertes, rápidas y sostenidas por las emisiones de los gases de efecto invernadero, hasta alcanzar emisiones netas de CO2 cero. Limitar otros gases de efecto invernadero y los contaminantes del aire, especialmente el metano, podrían tener beneficios tanto para la salud como para el clima”, ha manifestado también el copresidente del este Grupo I, Panmao Zhai.

En estos días de ola de calor extremo, tenemos que reflexionar sobre qué está pasando con el calentamiento global, el cambio climático y el efecto invernadero, seis palabras que atemorizan al capital y a los mercados que no tienen compasión de la Naturaleza en estado puro, nuestra Casa. Lo he manifestado en ocasiones anteriores al acercarme al cambio climático: nada de lo que ocurre en la Naturaleza es inocente. Está en boca de todos que esta ola de calor que afecta a casi todo el país no es un fenómeno sólo de cualquier verano, sino que algo está pasando en éste y de forma especial, a pesar de que nos lo vengan avisando los sabios del lugar en términos puros y propios de Al Gore, exvicepresidente de los Estados Unidos, cuando en 2006 lanzó al mundo el documental titulado Una verdad incómoda, con un mensaje claro, conciso y contundente: la mayor amenaza a la que se enfrenta la humanidad es el cambio climático. Sonaba todo como algo ajeno y lejano en el tiempo, pero quince años después cobra más fuerza y sentido que nunca. 

He escrito en diversas ocasiones en este cuaderno digital sobre la realidad del cambio climático. Vuelvo a hacerlo hoy como un acto de responsabilidad plena como ciudadano comprometido con la sociedad en la que vivo, asumiendo que, por extensión, la responsabilidad es de todos, unos más y otros menos, con prioridad absoluta la de los Gobiernos, sobre todo. Cuando yo era joven, cantaba una canción de María y Federico, Quién tiene la culpa, que no he olvidado hoy en estas circunstancias y ante preguntas inquietantes sobre qué está pasando en el mundo y en la naturaleza que nos acoge, a la que no amamos lo suficiente: Quién tiene la culpa de que la flor se muera de espaldas. / Quién tiene la culpa de la indiferencia que cierra los ojos para la decencia / y los abre grandes a las apariencias. El estribillo, que se repetía siempre dos veces, nos daba una solución de autodefensa en el desconcierto humano ante preguntas a las que todos, la gente, estamos obligatoriamente obligados a dar respuesta: Ni yo ni usted ni el vecino, ni siquiera sus parientes, la culpa de todo esto, la tiene la gente.


María y Federico, ¿Quién tiene la culpa?

La responsabilidad es de todos, unos más y otros menos, con prioridad absoluta la de los Gobiernos, sobre todo. Pero si todos hacemos el esfuerzo de tomar conciencia de que la naturaleza nos acoge cada día para darnos vida, no la defraudemos con lo poco o mucho que nos corresponde hacer para respetarla y dejarla crecer como sólo ella sabe hacerlo. Javier Ruibal así lo pensaba del niño del Serengueti: Como no cumple ningún castigo, / este niño consentido / se me va a quedar en Babia. / Si no estuvieras siempre en las nubes, / cuidarías, no lo dudes, / de no derramar el agua. Lo digo desde el Sur, que también existe en su responsabilidad junto a la de los habitantes del Norte, recordando siempre a Benedetti: […] con sus predicadores / sus gases que envenenan / su escuela de chicago / sus dueños de la tierra / con sus trapos de lujo / y su pobre osamenta / sus defensas gastadas / sus gastos de defensa / con su gesta invasora / el norte es el que ordena […]. Quizás sea una pregunta del grupo Maná la que mejor nos pueda ayudar ahora a comprender qué significa el cambio climático: ¿Dónde jugarán los niños? Su letra es un manifiesto de denuncia en toda regla: Cuenta mí abuelo / de un cielo muy azul, / En donde voló papalotes [cometas] / que él mismo construyó / El tiempo pasó y / nuestro viejo ya murió / Y hoy me pregunté / después de tanta destrucción. / ¿Dónde diablos jugarán los pobres niños? / ¡Ay ay ay! / ¿en dónde jugarán? Escúchenla.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada. 

¿Qué nos queda de aquellos aplausos?

Sevilla, 11/VIII/2021

Dedicado a todo los profesionales del Sistema Nacional de Salud, por su ejemplo, dedicación y entereza ante situaciones dramáticas derivadas de la pandemia actual, que atienden todos los días, porque saben que ante la enfermedad nada humano les es ajeno. ¡Gracias de nuevo… y siempre!

Ayer se lamentaba una doctora del Hospital del Mar en Barcelona, ante el drama que están viviendo en los últimos tiempos en su centro sanitario por la última ola de la pandemia actual, en los siguientes términos: “Cuando sales de aquí y ves lo que está haciendo la gente me entra tristeza. No están entendiendo nada. La gente no puede actuar como si fuesen inmortales. Decían que de ésta saldremos mejores pero los aplausos duraron eso, dos minutos, y la COVID se queda, tendremos que aprender a vivir con él”. Siento lo mismo que ella ante el espectáculo diario en todo el país, ya da igual, como si esta pandemia no fuera con nosotros y como si aquellos aplausos hubieran caído en el olvido y desprecio más absoluto por parte de miles y miles de personas que, a diario, se saltan las normas impuestas para protegernos todos del virus letal que nos atosiga diariamente.

Lo que verdaderamente clama al cielo es el comportamiento citado y sus repercusión en el personal sanitario, que está obligatoriamente obligado a atender a miles de personas que ingresan en urgencias y cuidados intensivos porque les ha dado la gana de desoír lo que todos hemos escuchado sobre la letalidad del virus que no perdona a casi nadie. Lamentable espectáculo que vemos todos los días y ya no conmueve a casi nadie visto lo visto.

Hace más de un año, en plena pandemia, escribí un artículo en este cuaderno digital que llevaba por título, ¡Hemos aplaudido, quedad en buena hora!, donde contaba varias cosas que recupero ahora por su permanente actualidad, como si fuera necesario recordarlo a modo de punto y seguido, porque en relación con esta pandemia nos queda a todos mucho por hacer. Dije entonces que en una obra de Terencio, El Eunuco (161 a.C.), la frase final es recordada siempre como uno de los orígenes de los aplausos en la cultura occidental, puesta en boca de Fedria: Ya no queda nada por hacer; caminad vosotros por aquí. (A los espectadores: Vosotros quedad en buena hora, ¡y aplaudid! (¡Valete et plaudite!). Quizá sea el momento de intercambiar las palabras y decir: ¡hemos aplaudido, quedad en buena hora vosotros, profesionales que habéis atendido a los pacientes de coronavirus! Además, a diferencia de lo narrado finalmente en la obra de Terencio, nos queda a todos mucho por hacer.

Dos mil años después, el aplauso se fijó y dio esplendor en nuestro país, en el extraordinario Diccionario de Autoridades (RAE A 1726, pág. 341,1), como “contento y complacencia general, manifestada con palabras, júbilos y otras manifestaciones exteriores de saltos y palmadas, aprobando o alabando alguna cosa”, que en el devenir del país (DLE, edición del Tricentenario, última actualización de 2019) ha quedado hoy reconocido como “acción o efecto de aplaudir”, entendido este verbo como “palmotear en señal de aprobación o entusiasmo y celebrar a alguien o algo con palabras u otras demostraciones”, solo en dos escuetas acepciones. Me quedo con el detalle del diccionario de Autoridades, porque simboliza muy bien hoy lo que hemos querido expresar con aplausos de millones de personas, todos los días desde el inicio del estado de alarma, a las 20:00 horas. Hoy, esos aplausos suenan como si hubieran durado tan sólo dos minutos, tal y como lo afirma la doctora del Hospital del Mar en Barcelona, citada anteriormente, que lo resume de una forma muy cruda: “Cuando sales de aquí y ves lo que está haciendo la gente me entra tristeza. No están entendiendo nada. La gente no puede actuar como si fuesen inmortales. Decían que de ésta saldremos mejores pero los aplausos duraron eso, dos minutos, y la COVID se queda, tendremos que aprender a vivir con él”.

El aplauso nació en el teatro y en el gran teatro del mundo lo recuperamos el año pasado como complacencia general, con millones de palmadas, para agradecer a los profesionales sanitarios – sobre todo- su titánico esfuerzo por salvar vidas todos los días, en alta disponibilidad, junto a profesionales de todo tipo que coadyuvaron a esta atención integrada a pacientes afectados por el coronavirus.

Leí en cierta ocasión una frase del comediante, actor, autor y crítico social estadounidense George Carlin: “¿Quién decide cuándo deben cesar los aplausos? Parece una decisión grupal y todo el mundo empieza a decirse a sí mismo, al mismo tiempo, ¡bien, ya es suficiente!”, que me ha llevado ahora a muchas reflexiones. Creo que lo que ocurrió con la concentración de aplausos todos los días y a la misma hora, desde el comienzo del estado de alarma, fue una realidad de contagio social, ascendente y descendente, más potente que el propio coronavirus. Todas las personas que aplaudíamos proyectábamos en las palmadas la solidaridad ante el miedo a lo desconocido, reforzando con los aplausos el comportamiento de quienes han tenido la enorme responsabilidad de actuar con su conocimiento, habilidades y actitudes ante el drama que estábamos viviendo todos. Supimos entonces agradecerlo desde el más puro anonimato. Ahora tomamos conciencia que ante lo que está ocurriendo de falta de responsabilidad clamorosa de miles y miles de personas, jóvenes y de todas las edades, negacionistas y personas que gritan a los cuatro vientos que “tienen derecho a divertirse” importándoles nada lo y los demás,  hemos silenciado los aplausos, sin darnos cuenta de que solo se debe dejar de aplaudir cuando, como en el arte de callar, no se tiene algo que decir más valioso que el silencio del ejemplo y la solidaridad plena con todos, sobre todo con los más vulnerables por la pandemia.

Finalizaba aquellas palabras con una frase premonitoria leyéndola hoy: “Es verdad. La ciencia y los profesionales van venciendo a la pandemia y la función dolorosa está acabando en esta larga, profunda y dolorosa representación diaria en el gran teatro del mundo. Pero estamos avisados de que esta obra puede volver a representarse en cualquier momento. ¡Ojalá que no tengan que decirnos los coregos de turno, a través de las redes sociales, que aplaudamos de nuevo porque lo mucho que teníamos que hacer con nuestra responsabilidad ciudadana, preservando siempre el interés general, ha fallado!”.

Llevamos ya cinco olas, cinco representaciones del coronavirus en este gran teatro del mundo. A diferencia del final de la obra de Terencio, queda mucho por hacer. No lo olvidemos, sobre todo en esta situación actual tan triste y dolorosa para muchos, porque es verdad que ahora estamos en la mejor hora para reafirmarnos como personas inteligentes que sabemos solucionar los problemas de la vida. Pensando ahora en los profesionales que están obligatoriamente obligados a atendernos a pesar de nuestro desafío ético ante la vida, porque al final, siguiendo a Terencio, nada humano no es ajeno. Ese es el gran dilema, que podemos resolver con ética sentida y compartida, que también es un deber de Estado garantizarla a todo los niveles cuando vivimos en democracia, salvaguardando, por encima de todo, el interés general de base constitucional.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada. 

Yiboula Emmanuel Bazie, en el país de los invisibles

Hay hombres y [mujeres] que luchan un día y son buenos, otros [y otras] luchan un año y son mejores, hay quienes luchan muchos años y son muy buenos, pero están los [hombres y mujeres] que luchan toda la vida, y esos son los imprescindibles

Adaptado de un texto de Bertolt Brecht en Elogio a los combatientes

Sevilla, 10/VIII/2021

No necesitan muchos comentarios estas palabras de Brecht. Quizá, solo cambiaría la palabra hombres por personas. En estos momentos de desconcierto existencial necesitamos personas buenas y mejores que ponen su inteligencia al servicio de los demás, cada una donde es, está, trabaja y vive, luchando contra la pobreza severa, la migración que desgarra personas y familias, la mediocridad, la tristeza y la tibieza, denunciando los silencios cómplices y rompiendo moldes a diario. Y debemos admirar y cuidar, sobre todo, a las personas que a través de su compromiso activo al servicio del interés general, se convierten en imprescindibles. Ese debería ser el compromiso en estos duros momentos de la pandemia, devolver visibilidad plena a las personas que nos quieren y respetan de verdad, las que se preocupan de que no falte el sustento diario para el cuerpo y el alma en nuestras vidas.

Llevo días queriendo conocer más a fondo a Yiboula Emmanuel Bazie, nacido en Burkina Faso hace 39 años y en la actualidad brigadista forestal en Lubia (65 h.), localidad perteneciente a la provincia de Soria y con residencia en Quintana Redonda (Soria), población con algo más de 500 habitantes. La razón se justifica de forma sobrada en un país muy dado a no reconocer, como merecen, a personas imprescindibles, porque Yiboula Enmanuel ha sido nombrado Embajador Mundial de Paz de la ONU por la sede de Mauritania. Sé que rivalizar ahora con la noticia del “drama” de la marcha de Messi del Barcelona C.F. no es comparable en audiencia e impacto mediático, pero este país debería tomar nota y apuntarse también a recibir este tipo de noticias, como la de Yiboula Enmanuel Bazie, porque tiene muchos mensajes íntimos y explícitos que necesitamos asumir y reconocer como imprescindibles.

Él ha manifestado que su mejor pacto con la vida es ayudar a los demás, sobre todo a los que menos tienen y con una especial dedicación a la integración digna de los emigrantes, algo que conoce bien desde que llegó a España en 2004, abandonando su querido país por la guerra con Costa de Marfil, así como sus estudios de filología francesa y africana que le habían permitido hablar hasta en seis lenguas. En la actualidad compagina su trabajo como concejal sin remuneración en la pequeña localidad soriana de Tajahuerce, de tan sólo 26 habitantes, con la de brigadista forestal, habiendo asistido también a un curso a distancia sobre Política Pública de Cooperación y Acción Internacional de Gobiernos Locales, en la Universidad Internacional de Andalucía, lo que le ha permitido descubrir que la gente tiene necesidades muy diferentes y todas importantes.

Su trabajo diario está jalonado de tareas humanitarias con emigrantes en pueblos cercanos a los que lleva comida del Banco de Alimentos, así como su palabra y compañía, que no es poco. El nombramiento es un hecho que se debería resaltar en nuestro país por contar con un embajador en la España vaciada: “Bazie sigue sorprendido al hablar de cómo su trabajo solidario, que comenzó en África y continuó en los pequeños pueblos de Soria, ha llegado a la ONU, que lo ha nombrado embajador mundial por la paz. La organización internacional, reconoce felizmente, ha estado siguiendo sus acciones con los colectivos de Burkina Faso durante 15 años y ha seguido observando con interés su buena fe para construir puentes entre continentes. El premio también fue recibido por Josu Gómez, asesor del expresidente estadounidense Barack Obama, y ​​Houria Sehili Maziz, presidenta y fundadora de la Casa de Argelia en España. Entre los tres han fundado el Foro Euro-Africano, un sistema con el que aspiran a seguir creando lazos entre los dos continentes” (1).

Creo que había que traer a las páginas de este cuaderno digital la historia de Yiboula Enmanuel, así como la de los dos compañeros que han recibido la distinción de la ONU, porque son personas, a modo de islas desconocidas, que según Bertolt Brecht son verdaderamente imprescindibles. En el caso de mi paisano, Josu Gómez, porque se cumple un deseo, convertido ahora en realidad, expresado maravillosamente por Luis Cernuda en un poema que nunca olvido y que reflejaba su sentimiento sobre sus paisanos sevillanos desde el exilio: Más el trabajo humano / Con amor hecho, merece la atención de los otros (en La desolación de la quimera). Es la razón íntima y confesable de darles visibilidad hoy, para que no los olvidemos y aprendamos de sus ejemplos en favor de la paz y la solidaridad humana.

(1) The African firefighter from a town in Soria who is a UN Ambassador for Peace – The Limited Times (newsrnd.com)

NOTA: la imagen de la cabecera es una fotocomposición personal en la que figura una fotografía de Yiboula Emmanuel Bazie, recuperada hoy de Un brigadista de Lubia, embajador Mundial de la Paz (elmundo.es)  y una reproducción del nombramiento como embajador mundial de la paz por la oficina de la ONU en Mauritania, junto a Josu Gómez, asesor del expresidente estadounidense Barack Obama, y ​​Houria Sehili Maziz, presidenta y fundadora de la Casa de Argelia en España, recuperada también hoy de NACIONAL / El Sevillano Josu Gómez es nombrado Embajador Mundial de la Paz por la Organización de Naciones Unidas – murcia.com

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada. 

Píndaro clausura hoy la Olimpiada de Tokyo 2020

Equipo Olímpico de Refugiados – Tokyo 2020

¡Seres de un día! ¿Qué es cada uno? ¿Qué no es? Sueño de una sombra, eso es el hombre 

Píndaro, Pítica VIII, 95

Sevilla, 8/VIII/2021

Hoy se clausura la Olimpiada de Tokyo 2020, pero no la Olimpiada de la Vida, que sigue impertérrita en sus avatares diarios, con un denominador común mundial que se llama COVID-19, en su acepción más común para entendernos todos. Esta es la razón de por qué recurro a Píndaro (Beocia, c.a. 518 a.C. – Argos, 438 a.C.), un “periodista” de la época especializado en crónicas olímpicas, a las que daba un toque especial por su formación como poeta y músico, que se transmitían por medio de epinicios, unos cánticos corales en los que se ensalzaban a los ganadores de las diferentes competiciones de las primeras Olimpiadas griegas: “Las composiciones de Píndaro suelen utilizar la victoria deportiva como simple punto de partida para loar el valor personal del atleta: su triunfo refleja la victoria de lo Bello y lo Bueno sobre la mediocridad”. Quizás lo hago por el hartazgo que detecto en la concepción meramente competitiva de la Olimpiada actual, mediatizada por la realidad social de los países que participan en ella, con olvido absoluto de lo que pretendió Pierre de Coubertin con la recuperación del primer espíritu olímpico en Grecia.

Comienzo por lógica por presentar brevemente a nuestro protagonista de hoy. Píndaro fue un poeta lírico griego nacido en Cinoscéfalos, lugar cercano a Tebas (Beocia), en agosto del 518 a. C. Era de familia noble; hijo de Pagondas o Pagónidas y de Cleódice; hermano de Erotión o Eritimo; esposo de Megaclea y padre de Daifanto, Protómaca y Éumetis. Cuenta la leyenda que, como presagio de las futuras aptitudes del niño, una abeja hizo el panal en su boca mientras él dormía. Aprendió a tocar la flauta con su tío Escopelino y fue alumno en Atenas de los músicos Agatocles y Apolodoro. Con tales conocimientos descolló pronto en la composición de odas triunfales para los vencedores en los juegos griegos”. De su ingente obra, sólo se conservan las Odas, con diferentes nombres según el lugar de celebración de los Juegos: Olímpicas, juegos de Olimpo; Píticas, para los vencedores de los juegos de Delfos; Nemeas, de Nemea; e ístmicas, del istmo de Corinto.

Lo que importa destacar hoy es que por encima del ámbito deportivo, Píndaro resaltó siempre los valores humanos de los deportistas. Quizá sea la Oda a Trasideo de Tebas el mejor resumen de su canto a la vida, más allá de los éxitos fugaces de los Juegos: Pitónico y Trasideo triunfaron en las careras de carros de Olimpia y Pito, que de acuerdo con su edad lograron sus triunfos con su esfuerzo porque cuando lo hacen los mediocres, los de “en medio”, es decir, “poseen flor de prosperidad más duradera”, hay que echarse a temblar porque es el destino propio de las tiranías. Píndaro resalta algo muy importante en esta Oda: Dedicado estoy a los logros compartidos: fuera los envidiosos. / Mas cuando uno alcanza la cima / y con pacífica conducta escapa / de la funesta desmesura, puede hacer más bella travesía hasta el límite / de la negra muerte si a su gratísima descendencia / ha proporcionado renombrada gloria, más poderosa que todas las riquezas. Es lo que corresponde resaltar de participantes tales como Yolao, el hijo de Ificles, Cástor, Polideuces, Aristóclides, el hijo de Aristófanes, vencedor en el pancracio, “bello de cuerpo y con una conducta que no desdice de su hermosura”, un héroe en el mar, algo más allá de la Olimpiada.

En esta Oda, que he elegido a modo de discurso simbólico de clausura para hoy en Tokyo, Píndaro quiso que sus palabras se compadecieran de la forma más sublime, a modo de acto de justicia, al elogiar al valeroso, no al más alto, al más rápido o al más fuerte. Le bastaba un ejemplo final apropiado para su época: Del rubio Aquiles, ya de niño, cuando en casa de Fílira / vivía, grandes hazañas eran los juegos: muchas veces / con sus manos lanzaba, veloz como el viento, la jabalina de breve hierro, / en su lucha a leones salvajes la muerte causaba / y a los jabalís aniquilaba; / hasta los pies del Crónida Centauro / llevaba los cuerpos agonizantes, / a los seis años por vez primera y en todo el tiempo postrero…

Como he manifestado anteriormente en este cuaderno digital al comentar la Olimpiada de Tokyo, sería maravilloso que el Comité Olímpico Internacional recuperara el pentatlón de las musas y, también, una nueva visión de la ética del deporte en general, debiéndose operar un giro copernicano en su ordenación y organización a través del Comité Olímpico Internacional (COI). Creo que es urgente su recuperación y contar con muchas más manifestaciones artísticas. Es probable que en esa relación del deporte con el arte o del arte con el deporte, tanto monta monta tanto, se podría recuperar la belleza de la vida ensalzada por Coubertin en su Oda al Deporte, que ahora se podría completar con una nueva Oda al Deporte y al Arte. No faltarían candidatos. Otro gallo cantaría si un día decidiéramos buscar las musas de nuestra vida, sin distinción de género buscador y sin necesidad de Olimpiadas específicas, como si lo pudiéramos considerar como una rutina diaria, participando todos los días de nuestro quehacer cotidiano, sin competitividad alguna. Nos daríamos cuenta de que sólo consiste en estar atentos a lo que nos transmite la vida a través de pequeñas cosas, sobre todo de palabras que suenan como la música, el auténtico secreto de las musas que desean transmitir en todo momento.

Llevamos siglos con una invocación muy bien relatada por John Milton, en El paraíso perdido, cuando pide a las musas algo muy sutil: “Canta, celeste Musa, la primera desobediencia del hombre. Y el fruto de aquel árbol prohibido cuyo funesto manjar trajo la muerte al mundo y todos nuestros males con la pérdida del Edén, hasta que un Hombre, más grande, reconquistó para nosotros la mansión bienaventurada”. Como si no existieran otras Musas que nos indicaran una y mil veces el camino de la belleza y del amor sin tener que recurrir al pecado, al fracaso humano, a perder muchas veces en las diversas carreras de la vida sin alcanzar los sueños soñados. Lo explicó de forma espléndida Píndaro de Tebas hace ya veinticinco siglos, hablando de las Olimpiadas en Delfos: ¡Seres de un día! ¿Qué es cada uno? ¿Qué no es? Sueño de una sombra, eso es el hombre (Pítica VIII, 95).

Hoy Píndaro escribiría su Oda a Tokyo para el acto de clausura, resaltando tres hechos importantes y con nombre propio: la participación del equipo olímpico de refugiados (29 atletas originarios de 11 países, que representan a 82,4 millones de personas que han sido desplazadas por la fuerza en todo el mundo en 2020, según cifras del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (UNHCR), la petición de asilo en Polonia de la corredora bielorrusa Krystsina Tsimanouskaya, presunta represaliada por el régimen de su país de origen y, en tercer lugar, el testimonio de la gimnasta norteamericana Simone Biles, en nombre y representación de la forma en la que se prepara en muchos países del mundo el “alto rendimiento” de los deportistas de élite. Al igual que en la Oda a Trasideo y otros, Píndaro pondría hoy letra y música a sus palabras para cantar la belleza de sus cuerpos y almas, pero sobre todo “su conducta, porque no desdicen para nada su hermosura”.

Cuando Píndaro finalice su discurso,  podremos darnos cuenta de que podemos vivir unidos por las emociones en la Olimpiada de la Vida, sin ser los más altos, rápidos o más fuertes, sólo porque nuestro cerebro trae de fábrica un recurso humano, fantástico, llamado hipocampo, sin necesidad de tener que comprarlo en el gran Mercado del Mundo, porque afortunadamente todavía no está catalogado como mercancía. Además, porque somos inteligentes, aunque a partir de hoy muchos sepamos que cada día tenemos que salir a cabalgar en un curioso equino cerebral, el hipocampo (caballo encorvadocaballito del mar), que juega un papel tan importante en la carrera de la vida humana, para susurrar a este pequeño corcel, en sus oídos, que hay que identificar bien el largo camino hacia Ítaca de la memoria emocional. Cabalgando despacio, porque sabemos que es posible conocerlo bien y saber qué papel tan trascendental juega en la vida de cada una, de cada uno, en la Olimpiada Diaria de la Vida.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Un regalo precioso de Extremadura al presente y futuro de todos

Sevilla, 7/VIII/2021

Me pareció un proyecto precioso que había que analizar a fondo. Extremadura preparó hace meses la campaña de turismo 2020-2021, como un proyecto para frecuentar el presente y el futuro de todos, con un eslogan premonitorio, «Extremadura. Todo lo que imaginas, donde no te lo imaginas», cuya sinopsis oficial conviene recordar por respeto institucional a su mensaje implícito: En tiempos adversos también suceden historias que trascienden la realidad de los momentos difíciles que se viven y que dan lugar a la esperanza. Momentos para la esperanza, para la vida y para el amor. La historia que os presentamos a través de este cortometraje, narra un amor romántico que se une con el amor por una tierra. La situación extraordinaria que se vive en 2020 supone un cambio vital para una pareja que se conoce a través de una videoquedada de amigos y que poco a poco se van enamorando. La historia hace un paralelismo entre este descubrimiento y enamoramiento personal, con el descubrimiento y amor por Extremadura para alguien que no la conocía. Y cómo esa relación se convierte en un cambio vital, que vinculará, al protagonista principal, para siempre con Extremadura. La historia se cuenta desde el futuro [en 2071], con el paso del tiempo se ve que cosas que en un principio pueden suponer un problema (confinamiento, pandemia…), se convierten en un impulso para conocer algo que nunca conoció el protagonista: Extremadura”.

La verdad es que ha sido una idea muy original y convincente a su vez. En estos días de verano de 2021 han vuelto a reponer en televisión esta historia, a través de un anuncio breve sobre el original que encabeza estas líneas. Sobran más comentarios porque verlo es un placer para los sentidos y para almas inquietas en estos tiempos de coronavirus. Dos últimos detalles: la banda sonora se debe a Robe, con una canción, Un suspiro acompasado, con una adaptación al corto que refleja el sentimiento de una persona que ama y no olvida: Se va y a la vida le pierdo el apego. / Y el juicio recupero / Si encuentro un indicio de su paradero / Llega el viento mecido / Porque acaba de estar contigo. / Noto en el aire un suspiro, / Y todo cambia de sentido. También, la aparición fugaz de un fotograma de Buñuel en el laberinto de las tortugas, en los primeros planos, realizado por la productora responsable de este anuncio, The Glow, que nació como un cortometraje de animación, pero durante su producción se decidió hacer un largometraje, convirtiéndose en una película de animación” que fue galardonada como tal con un Premio Goya 2020 . Cuenta la historia de cómo Luis Buñuel rodó su segunda película, el documental Las Hurdes, tierra sin pan. Extremadura ayer, hoy y mañana, pura y dura.

Mi agradecimiento personal, explícito, por esta bella historia, porque nos permite frecuentar el presente y el futuro, algo que amo sobre muchas cosas de mi alrededor de cada día y que deseo compartir con la malla pensante de la humanidad, la Noosfera. Ha sido un regalo con estela y sé lo que he recibido como mensaje principal: lo importante es compartir el tiempo con las personas a las que quieres, aunque sea sólo para decir: ¿has visto ese atardecer? ¿a que es precioso?, porque hay que aprovechar cada momento y exprimirlo, sin dejar ni una gota de experiencia para mañana. Y respirar, y sonreír, y respirar.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

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